Bueno aquí les traigo este nuevo capitulo de esta emocionante historia el peso de una promesa recuerden que esta historia no me pertenece le pertenece a la autora FANCLERE yo solo la adapto a un Elsanna

Los personajes de Frozen y la historia no me pertenece los personajes son de Disney la historia le pertenece a Fanclere

CAPÍTULO 3 DOLOROSO DESCUBRIMIENTO

Elsa:

Sus zapatos de tacón resonaban en ese suelo de mármol mientras su melena bailaba al son de sus pasos. Recorría ese pasillo como llevaba haciendo ya demasiadas veces, un camino que conocía de memoria en dirección a ese lujoso piso del centro de Corona donde solía reunirse con Ghiaccio.

Su mente estaba en blanco, no pensaba en nada más que en lo hermosas que encontraba las baldosas de ese lugar, no es que le faltara dinero, es más le sobraba capital ya que se había hecho de oro organizando todo el tráfico de estupefacientes que entraba en el país, simplemente no quería pensar cuántas vidas humanas habían pagado con su sangre cada una de esas baldosas.

Llegó finalmente a la entrada del ático y llamó al timbre. Un mayordomo le abrió la puerta y la condijo al salón, donde le esperaba Kristoff con una copa de vino en las manos. Sus miradas se cruzaron y Elsa levantó su máscara, sonriendo se acercó a él mientras se levantaba del sillón. Su porte era atrapante, su mirada café oscura y su exquisito gusto al vestir le daba un toque interesante, más ella conocía lo que había en su interior, un alma oscura, un asesino con las manos manchadas de sangre.

Ese hombre la agarró por la cintura, con un gesto claramente posesivo y besó sus labios con dureza. Hacía ya tiempo que se venía dando esa situación, él llamaba y ella acudía, sabiendo que no era la única de sus amantes pero sí su favorita, sabiendo que al meterse en su cama ganó privilegios dentro de la organización, ganó su protección y carta blanca para actuar como le viniera en gana.

Cuando separó por fin sus labios, Elsa no pudo evitar comparar sus besos con el dulce e inocente beso de dos niñas que se despedían en las puertas de un orfanato. Anna siempre estaba en su mente, Anna era el motivo por el cual no se había vuelto loca hacía tiempo.

La melodiosa voz con acento italiano de Ghiaccio la sacó de sus sueños con dicha cobriza, devolviéndola a la realidad.

-¿Dónde estabas? Llevo un rato esperándote

-"Vine dando un rodeo, ya sabes que soy precavida y creo que me están siguiendo"

-Nadie te sigue, nadie te conoce mi dama negra, eres como un fantasma

-"No importa si tardé, estoy aquí para ti"

Él la soltó y sirvió dos copas más, tendiéndole una a Elsa, está la recibió con gusto y dio un trago, degustando ese delicioso elixir.

-¿Estás lista para mañana?

-"Estoy preparada, el cargamento entrará en Corona sin problemas"

-Lo sé, eres la mejor y sé que puedo confiar en ti

Tras degustar el vino, el sin demora se la llevó al dormitorio para tomarla como suya, su posesión favorita, su chica favorita. Elsa ya estaba acostumbrada a esas situaciones, llevaba demasiado tiempo haciéndole creer que era especial en su vida, fingiendo pasión al besarlo y abrazarlo, fingiendo su placer y aumentando el ego de ese hombre que la tomaba como su propiedad.

Siempre supo que había otras como ellas, quizás mujeres que lo amaban de verdad, ella solo usaba su belleza para conseguir un objetivo y no pensaba darse por vencida.

Una vez agotado, no soltó su agarre y ella se apoyó en su pecho fingiendo comodidad y paz, más quería marcharse cuanto antes e hizo el amago de levantarse, él la retuvo entre sus brazos sin dejar que se moviera.

-¿A dónde vas? ¿No te quedas?

-"¿Y tu mujer? ¿No te echará de menos?"

-Cree que estoy en Italia por negocios, esta noche quería quedarme contigo, si te hubiese conocido unos años antes Elsa, no me habría casado

-"Me quedo un rato, pero luego me marcho, mañana tengo un día largo y sé que contigo no voy a descansar"

Volvió a acurrucarse en su pecho, siempre fingiendo, siempre mintiendo, siempre con la imagen de los ojos azulverdosos de una niña cobriza que aún se le aparecía en sus sueños.

Anna:

No podía apartar los ojos de esa fotografía, no cabía duda de que era Elsa. Si la foto no estuviese en blanco y negro podría ver claramente el intenso azul de sus ojos, el tono blanco de su piel. Se quedó en shock unos instantes, su piel palideció mientras mil incógnitas se sumaban a las que ya tenía en la mente. ¿Qué te ha pasado Elsa? ¿Por qué estás metida en este mundo?

Merida miraba a su jefa preocupada, pues llevaba demasiado tiempo mirando esa foto sin mostrar reacción, por lo que empezó a llamarla, sacándola del limbo en el que se había perdido su mente.

-"Jefa, ¿Dónde te has ido?"

-¿Disculpa?

-"No parecías estar en la tierra"

-Es solo que me resulta familiar, pero creo que no la conozco. ¿Dices que es su chica? Ghiaccio está casado ¿En qué te basas para decir que es su chica?

-"Bueno, debe ser su amante ya que entró en su apartamento perfectamente arreglada y cuando salió, muchas horas después, no le quedaba maquillaje e intentaba arreglar sus cabellos, supuse que era su chica"

-Quiero esta foto en todas las comisarías, quiero que todos los agentes de Corona y de los alrededores tengan su cara, la quiero encerrada cuanto antes

Merida se puso enseguida a trabajar mientras Anna salió de su puesto, con la excusa de que tenía cosas que hacer y vagó sin rumbo hasta llegar al parque, se sentó en un banco mirando hacia el lago mientras intentaba serenar el volcán que era su interior.

Había encontrado a Elsa, pero no como ella esperaba. El destino las había convertido en enemigas, traficante y policía más lo que más le dolía era que su Elsa, la mujer de la que llevaba demasiados años enamorada, era seguramente la otra de un mafioso corrupto y asesino. Los labios que una vez la besaron marcándola y robándole sus sentimientos, le pertenecían a otro, Elsa le pertenecía a otro hombre y eso la estaba devorando.

Mirando al lago no pudo frenar las lágrimas que le caían por sus mejillas, mientras sacaba su cartera y de esta, la única fotografía que conservaba del orfanato, en ese pequeño trozo de papel estaba ellas, cobriza y platinada sonriendo como si fueran las dueñas del mundo. Con un nudo en el estómago volvió a esconderla pues sabía que por mucho dolor que le causase, jamás podría deshacerse de esa fotografía.

Elsa:

Salió de casa de Ghiaccio con prisa, su visita había durado más de lo que tenía previsto y, como siempre que se entregaba a él, se sintió sucia y vacía. Colocándose un casco de motorista que ocultaba su rostro por completo, se subió a su Harley y se marchó, volando sobre el asfalto, como si la velocidad pudiese borrar todas las caricias que ese hombre había regado por su cuerpo.

Llegó a su apartamento, era pequeño y sencillo a pesar de que tenía mucho capital, no le gustaba vivir con lujos. Se dio un largo baño, degustando una copa de coñac, el líquido abrasaba su garganta y le recordaba que estaba viva, le recordaba que tenía una meta por la que luchar y por la que daría la vida.

Una vez vestida, se dirigió a su caja fuerte, un lugar donde guardaba su más preciado tesoro, aquel que llevaba once años acompañándole e incitándola a seguir adelante cuando creía que se hundía.

Tras poner la combinación, sacó de dentro de la caja una pequeña fotografía, desde ella los ojos azulesverdoso de Anna, de una niña brillante y llena de sueños, un pequeño trozo de papel que le devolvía toda la fuerza que su trabajo le quitaba.

Una dulce sonrisa se dibujó en su rostro al contemplar la fotografía y en la soledad de su apartamento susurró una nueva promesa al viento.

-"Pronto, Anna, pronto volveremos a encontrarnos"