Buenas noches chicos aquí les traigo el capitulo 4 de este hermoso fanfiction titulado el peso de una promesa escrito por FANCLERE la cual me dio permiso para adaptar su historia a una versión Elsanna

Los personajes de Frozen y la historia no me pertenecen, los personajes le pertenecen a Disney y la historia a FANCLERE

CAPÍTULO 4 UNA NOCHE SIN ESTRELLAS

Elsa:

Se había dormido casi a las tres de la mañana, estaba segura de que la estaban siguiendo pero no le importaba, estaba cerca de lograr uno de sus objetivos, estaba más cerca de Anna.

Se levantó y, a pesar de su cansancio, su rostro se mostraba fresco y bello, sin signos de malestar o de sueño. Su vestuario, negro por entero, el mismo que le había dado su apodo entre los miembros de la mafia, le recordaba el luto, el dolor que sentía al no haber vuelto al orfanato como prometió, no pudo hacerlo y tenía sus motivos, Anna tenía que comprenderlos y después la perdonaría.

Cogió su moto y se perdió entre las calles de Corona, prefería ese vehículo por encima de cualquier cosa ya que le permitía volar sobre el asfalto, meterse por rincones inaccesibles para los lujosos coches que Ghiaccio solía comprar y sobre todo, la volvía anónima ante todo el mundo. El casco oscuro ocultaba su rostro, los guantes ocultaban sus manos y, al hacerse una con la moto, por mucho que se acercase a un enemigo o a la policía jamás podrían identificarla.

El pantalón negro y ceñido, la cazadora de cuero también negra y botas altas era el atuendo que había elegido para ese día, a simple vista no llevaba nada encima pero en una de sus botas tenía escondido su revólver, esa noche seguramente tendría que usarlo.

Pronto llegó a su destino, un almacén aparentemente abandonado que Ghiaccio, con un nombre falso, tenía alquilado para guardar la mercancía. Los hombres de Kristoff, al verla, la dejaron pasar en el acto, dentro del recinto estaba todo preparado para pesar, separar y distribuir por el país toda la cocaína que esa noche entraría en Corona ante su atenta mirada.

Certificó que todo estaba en orden y se marchó, dando indicaciones precisas de cómo proceder una vez apareciese esa noche con el cargamento y se marchó. Condujo durante horas sin rumbo fijo, ordenando sus planes, sus ideas, intentando dejar atrás el miedo pues sabía que esa noche iba a cambiarlo todo.

Finalmente llegó a su refugio, una pequeña casa en medio de la nada, rodeada de bosque, muy cerca del pueblo donde solían veranear de niñas con el orfanato. Esa pequeña casa de madera la había construido hacía años con sus propias manos y era lo más parecido a un hogar que tenía.

Entró en la casa y cogió una cerveza, tomándola casi de un trago mientras se tiraba sobre una cama improvisada y cogía un teléfono de prepago que había comprado hacía unos días y aún no había usado y lo encendió.

Llamó a un número que conocía de memoria mientras bebía de esa lata y esperó… Tono tras tono hasta que, al otro lado de la línea, sonó una voz claramente conocida por ella, ya que sonrió cínicamente al oírla.

-¿Quién es? ¿Cómo ha conseguido mi número?

-"Hans, ¿Me recuerdas?"

-¿Elsa?

-"Exactamente. Esta noche, a las nueve, bajo el puente"

-Si Ghiaccio se entera estás muerta

-"No, tú cuidarás de mí, lo sé, te harás rico con esto"

-Cuidaré de ti solo por tener el placer de quitarle a Ghiaccio su juguete favorito

-"No llegues tarde"

Colgó antes de que su interlocutor pudiese contestar y se estiró en la cama con los ojos azules mirando al techo, iba a jugarse la vida esa noche pero era necesario, ya era hora de darle a Ghiaccio el golpe maestro y deshacerse de él.

Cómoda sobre esa cama cayó dormida y por primera vez en días pudo descansar, se sentía segura en su cabaña del bosque. Tras unas horas de sueño reparador se despertó y, mirando la hora, se dio cuenta de que no tenía mucho tiempo para perder así que se levantó, cogió su arma y la volvió a esconder en la bota y subió a la moto sin demora, poniendo rumbo al punto de encuentro.

Era una noche sin estrellas, oscura, solo el leve brillo de las farolas iluminaba ese lugar. Al llegar, Elsa encontró a los hombres de Ghiaccio y los saludó con un gesto de cabeza. El silencio era la clave para ese tipo de operación, no podían permitirse ningún fallo.

Cerca de las nueve recibieron el cargamento, y los hombres de Ghiaccio lo cargaron en la camioneta, cuando terminaron de cargarlo, Elsa sacó su pistola con el silenciador y terminó con ellos sin inmutarse, disparos certeros que no se vieron venir. Acababa de traicionar a Kristoff Ghiaccio y le acababa de costar muchos millones en mercancía.

A las nueve, puntual, se presentó Hans Southern Islands, el hombre con el que había quedado por teléfono. Él y sus hombres cargaron el cargamento a su propio camión, bajo la atenta vista de Elsa que sonreía cínica. Hans se acercó a ella y encendió un cigarrillo, invitando a Elsa a fumar con él.

-La dama negra traicionando a Ghiaccio y entregando su mercancía a la competencia ¿Cómo te sientes?

-"Me siento formidable, Ghiaccio lo merecía"

-Vamos Elsa, no puedes volver a casa ni a ninguna parte que Ghiaccio conozca, a partir de mañana le pondrá precio a tu cabeza

-"Confío que no dejarás que me hagan daño Southern Islands"

-Supones bien, nunca dejaría que te hagan daño

Los ojos oscuros de Hans se clavaron en los suyos y Elsa pudo ver en ellos pasión y deseo, su belleza nuevamente le servía como arma, sabía que con una mirada, con unas simples palabras podría tener a Southern Islands comiendo de su mano y eso era exactamente lo que necesitaba, tenerlo a sus pies.

Subió en su moto y siguió a la furgoneta hasta el almacén donde otros de sus hombres les estaban esperando para pesar y distribuir la cocaína. Hans le dio a Elsa indicaciones de cómo llegar a un piso franco que tenía preparado para ocultarla.

Volvió a salir bajo ese manto oscuro sin estrellas, sabía que a partir de ese momento debía huir, la tranquilidad con la que había vivido los últimos años se había terminado, había traicionado al hombre que la protegía y se estaba metiendo en la boca del lobo, pactando con un hombre peor que el, el demonio como Hans Southern Islands, pero su alma estaba tranquila y serena. Llevaba encima la fotografía de su Anna y estuviera donde estuviera siempre pensaba en su Cobriza, aunque esta no lo supiera, Elsa había seguido sus pasos, sabía a qué se dedicaba, la había seguido en alguna ocasión sin ser vista, aunque era una tortura ya que tenerla tan cerca sin poder darse a ver, sin poder darse a conocer, sentirla tan lejos, le dolía demasiado y antes de volver a ella necesitaba terminar lo que había empezado.

Esa noche durmió sin sueños, descansando y liberándose de las tensiones acumuladas durante esos días, durmió pensando en los ojos azulverdoso de Anna sin saber que por mucho que ella lo evitara el destino ya había jugado sus cartas y que se encontrarían mucho antes de lo previsto.