CAPÍTULO 5 PESADILLAS
Hello chicos he vuelto con otro capítulo de este hermoso fanfiction recuerden que este fanfiction no me pertenece le pertenece a FLANCLERE yo solamente lo adapte a Elsanna
Los personajes de Frozen y la historia no me pertencen los personajes son propiedad de Disney y la historia de la autora FLANCLERE
Anna:
Tras el día más largo y duro de su vida, deambuló por las calles de Corona sin ganas de llegar a casa, sin ganas de llegar a un apartamento vacío donde los recuerdos atormentarían su alma. Intentaba ser fuerte y afrontar la nueva situación pero la realidad era que descubrir que Elsa trabajaba para Ghiaccio la había trastornado. Su Elsa era una delincuente, pertenecía a la mafia, traficaba con drogas y a saber con qué más y, no contentándose con destrozar su vida junto a esas compañías, era la amante del magnate de las drogas más peligroso de la zona.
Dolía en exceso pensar que aquella niña que le regaló tantos momentos magníficos en su infancia, que la protegió y la cuidó durante toda su juventud, ahora fuese una asesina, una traficante, una mujer de mala vida.
Se perdió en un bar, copa tras copa, intentó borrar la imagen de sus labios robándole aquel beso que había marcado su existencia. Los labios de Elsa ya no serían jamás los mismos, no después de habérselos regalado a él. Intentaba entender el por qué, comprender qué pasaba por la mente de la platinada, cuando empezó a frecuentar a esa gente, cómo se metió en el mundo de las drogas cuando estas mismas le habían arrebatado la oportunidad de crecer junto a una familia estructurada, no era capaz de comprenderlo.
¿Estaría enamorada de Ghiaccio? Eso explicaría porque se había dejado atrapar por ese mundo de corrupción y delincuencia, mas esa idea le revolvió las tripas mientras no pudo retener más tiempo las lágrimas que empezaron a caer por sus mejillas, dejando un fino hilo negro durante su recorrido.
Finalmente el sentido común pudo contra su dolor y, antes de que el alcohol la dejara incapacitada, decidió marcharse a casa pues debía descansar, al día siguiente empezaría la auténtica operación contra Ghiaccio y al día siguiente todas las comisarías se pondrían en marcha buscando a Elsa, no se le iba a escapar.
Entró en su apartamento sin fijar la vista en ninguna parte, directa a su dormitorio y, sin apenas desvestirse, se tiró sobre el colchón, estallando en un llanto liberador que sacaba de ella toda la carga emocional que había acumulado durante todo el día. Finalmente, agotada por el llanto, cayó dormida sin saber que en la otra punta de la ciudad, Elsa acababa de traicionar a Ghiaccio y se había unido a su competencia, sin saber que la platinada estaba a punto de iniciar una guerra entre mafias.
Elsa:
Llegó al piso que Southern Islands le había preparado para ocultarla de Kristoff, era lujoso, no tanto como el de Ghiaccio pero tenía unas vistas de la ciudad envidiables. Eran pasadas las dos de la mañana pues no quisieron dejar cabos sueltos. Lo primero que hicieron fue desguazar su Harley, y esparcir sus piezas por todos los talleres y desguaces de la ciudad, ya que toda la banda de Ghiaccio conocía perfectamente el vehículo en el que Elsa se movía y necesitaban hacerlo desaparecer. Southern Islands la llevaba en su deportivo ya que esta se había quedado sin transporte, más al llegar a su destino, encontró que su nuevo "Jefe" había tenido la consideración de proporcionarle una moto nueva, sabiendo que la platinada adoraba dichos vehículos. Le dio las gracias con una sonrisa, al verla en ese parquin subterráneo, al parecer Hans conocía sus gustos, estaba segura de que llevaba acechándola durante un tiempo, obsesionado por arrebatarle a Ghiaccio su chica preferida.
Entraron en el apartamento y como siempre, Elsa no daba muestras de cansancio alguno mientras Hans no parecía querer marcharse, le enseñó dónde estaba el minibar y sirvió dos copas, mientras la platinada encendía con parsimonia un cigarro y sus ojos azules se perdían más allá del ventanal, imaginando a Anna durmiendo sola en su pequeño apartamento, soñando con que llegara el momento en que las dos pudieran compartir sus vidas.
Southern Islands se acercó a ella por la espalda y le tendió la copa, obligándola a volver al presente y a la realidad. Su máscara imperturbable y sus fingidas sonrisas que lograban quitar el aliento estaban haciendo un buen trabajo con ese hombre, estaba completamente convencida de que lo tenía a sus pies.
-Ha sido una noche larga y no pareces cansada, eres dura dama de negro
-"Llámame Elsa, dama de negro es como me llamaban los peones de Ghiaccio"
-Ghiaccio nunca te mereció
-"Por eso mismo me ha perdido, supongo que tú sabrás valorar lo que ganas"
Entendiendo esa frase de Elsa como una invitación, Hans Southern Islands la besó con furia, sintiéndose el hombre más poderoso de la tierra ya que acababa de robarle su posesión más preciada a su más antiguo enemigo. Elsa sonreía internamente, todo salía según lo previsto, todo iba tomando forma y su plan se estaba llevando a la perfección, pronto habría concluido, pronto todo estaría atado y sería libre de ir a buscar a su cobriza.
Horas más tarde, Southern Islands roncaba tumbado a su lado en la cama mientras sus ojos azules estaban puestos en un punto indefinido, recordando muchos años atrás, cuando otro cuerpo distinto descansaba a su lado, el cuerpecito de una niña pequeña que buscaba su abrazo en medio de sus pesadillas. Una sonrisa dibujó su rostro y cerró los ojos buscando conciliar el sueño, recordando los ojos azulverdosos de su Anna cargados de sueño y medio, buscándola en medio de la noche, buscando su cariño, no tardó en quedarse dormida.
Anna:
Cerca de las tres de la mañana despertó de golpe, con un grito ahogado y el sudor bajando por su frente. Hacía años que no tenía pesadillas pero esa noche la habían golpeado con fuerza.
Se levantó de la cama y fue a buscar un vaso de agua, intentando calmar su ansiedad, mientras las imágenes de su mal sueño le asaltaban inconexas y provocándole escalofríos. Había sido un sueño oscuro, los ojos de Elsa se podían vislumbrar en las sombras, sus ojos color azules vacíos, muertos, un disparo y sangre. Había visto en sueños morir a Elsa y la congoja se había apoderado de todo su ser.
Inconscientemente viajó hacia un pasado donde también la asolaban las pesadillas, un pasado donde no tenía que afrontarlas sola.
Veinte años atrás:
Elsa dormía tranquila en su cama, siempre le había costado dormir pues su curiosidad infinita la mantenía en vela hasta altas horas de la noche pero ese día había logrado conciliar el sueño a tiempo. De pronto un pequeño empujón la despertó y la asustó más al darse cuenta de quién era la que reclamaba su atención se relajó en el acto.
-"Anna es tarde, si Herga te ve aquí nos van a regañar"
-Pedadilla
-"¿Has tenido una pesadilla?"
-Di
-"Ven aquí, pero solo esta noche"
La pequeña de dos añitos se acurrucó junto a la platinada de seis, Elsa sintió como temblaba, debió haber tenido un sueño horrible. La abrazó con fuerza y susurró palabras de consuelo para tranquilizarla.
-Esa cuento
-"¿Un cuento? ¿Ahora?"
-Di, Esa
-"Está bien pero luego te duermes"
-Con Esa
-"Sí, conmigo. Había una vez una princesa que no se podía dormir, había tenido un sueño muy feo. La princesa se marchó de su habitación y recorrió los pasillos de su castillo, buscando a quién poder contarle su sueño. En su visita nocturna por el castillo se encontró con un perrito, pero quería dormir y no pudo despertarlo, luego se encontró un gatito que se fue corriendo para comerse un ratón.
La pequeña princesa se puso a llorar porque no encontraba nadie que escuchara su sueño, cuando una estrella que la estaba mirando, se acercó para saber qué la ponía tan triste.
Dime princesa, dijo la estrella, ¿Qué te hace llorar? La princesa respondió, tuve una pesadilla y nadie me quiere escuchar.
Aquí estoy yo princesa, puedes contármela a mí, y la princesa en ese momento se echó a reír pues hablando con la estrella se olvidó de qué tenía miedo, se olvidó de su pesadilla"
La pequeña platinada sonrió al ver que su Anna se había dormido en sus brazos, se acurrucó como pudo para no despertarla y poco a poco se durmió, feliz por ser ella esa estrella que calmaba las pesadillas de la cobriza.
Actualidad:
Anna abrió los ojos, mientras una lágrima rebelde asomaba por su mejilla. Tenía recuerdos difusos de su infancia pero uno de los más nítidos era correr a los brazos de Elsa cuando algo la asustaba, la platinada siempre fue su heroína y ahora ese mito había quedado destruido, ahora que había perdido la esperanza de recuperarla algún día habían vuelto las pesadillas.
