CAPÍTULO 6 TRAS LAS HUELLAS DE UN FANTASMA
Bueno aquí les traigo el capítulo 6 de esta emocionante historia recuerden que esta historia NO ME PERTENECE le PERTENECE a FANCLERE yo solo la estoy adaptando a un Elsanna
Les agradezco a las personas que siguen la historia y dejan su comentario eso hace que siga adaptando la historia
Sin más que decir los personajes de Frozen y la historia no me pertenecen le pertenecen los personajes a Disney y la historia a FANCLERE
Despertó sintiendo que acababa de acostarse, le dolía la espalda y apenas había dormido dos horas seguidas. Las pesadillas la mantuvieron despierta y no le permitieron descansar como era debido. Como pudo se metió en la ducha para aclarar sus ideas, hizo café para un regimiento y lo metió en un termo pues tenía la leve impresión de que lo iba a necesitar durante el día.
Salió de casa sin probar bocado pues tenía el estómago cerrado, demasiadas cosas en las que pensar, demasiada información que procesar y un caso que resolver. Encontrar a Elsa era la clave para resolver ese asunto, su testimonio era crucial por lo que atraparla era prioritario para ella, a pesar de que no sabía cómo reaccionaría al tenerla delante, solo de imaginarlo sentía escalofríos.
Todos los recuerdos de su infancia y juventud junto a la platinada se mezclaban con esa sensación de ahogo que sentía al saber que Elsa trabajaba para la mafia, todo cuanto creía conocerla había sido un error, no la conocía en absoluto. La Elsa que ella recordaba era una persona llena de sueños y metas, llena de vida y sin ningún tipo de maldad, no era la dama de negro.
Llegó a su oficina más pronto de lo normal, enfrascada en sus propios pensamientos, organizando mentalmente su día pues sabía que tenía mucho que hacer, papeles que rellenar y fotos que divulgar pues estaba tras las huellas de un fantasma, huidizo y difícil de atrapar, un fantasma de su pasado que había vuelto para atormentarla.
Al entrar en su despacho, se encontró con sus subordinadas, las mismas que le habían conseguido la foto de Elsa. Ambas muchachas acababan de entrar en anti vicios y trabajaban para ella proporcionándole prácticamente siempre excelentes resultados. Hacían buen equipo, mientras Merida era alocada y vivaracha, Rapunzel era racional y sabía ponerla en su sitio muchas veces, ambas eran extremadamente inteligentes y le habían cogido un cariño especial a la cobriza, por lo que trabajaban duro para mantener sus altas expectativas.
Sin darse cuenta de que Anna había entrado en el despacho, Rapunzel siguió reprendiendo a Merida por la cantidad de bollería industria que había desayunado, asegurándole que si seguía así, pronto no pasaría por la puerta. Merida le estaba haciendo un puchero, típico de una niña de tres años, por lo que su compañera se echó a reír, olvidando por un momento los donuts y mirándola con ternura. Odiándose por romper ese momento, Anna carraspeó haciendo que ambas se levantaran de un salto y la pusieran al corriente de la situación, mientras se sentaba en su mesa y apartaba los papeles que debía rellenar con menos urgencia.
Las fotos ya habían sido distribuidas por todas las comisarías, todos los agentes de policía de la ciudad habían visto el rostro de Elsa. Habían colocado a varios agentes de paisano cerca de la casa donde Ghiaccio se encontraba con ella, donde sacaron las fotos, por si volvía a aparecer por ahí, en resumen todo el cuerpo de policía de Corona y de los alrededores la estaba buscando, acabaría apareciendo de eso estaba segura.
Tras conocer como estaba la situación, Anna les ordenó que se marcharan a trabajar, por lo que se quedó sola en el despacho mientras las vio desaparecer, aun discutiendo sobre si era o no era conveniente comer tantos donuts.
Desde su despacho las miraba con una sonrisa, algún día tendrían que darse cuenta de sus verdaderos sentimientos, tendrían que ver cómo estaban hechas la una para la otra, hacían una pareja envidiable.
Se puso a trabajar en el acto, revisando todo cuanto tenía de Ghiaccio pero cuanto más ahondaba en los asuntos del mafioso, más acorralada se sentía, era un callejón sin salida, cada vez más preguntas y menos respuestas. Era como perseguir el humo.
Tras varios días siguiendo la misma rutina, levantarse e ir a trabajar en un caso sin salida, Merida entró en su despacho muy agitada y, antes de poder preguntarle, empezó a hablar entusiasmada.
-"La tenemos Jefa, Rapunzel encontró una pista sólida, al parecer vendió restos de una moto en un desguace, el chatarrero la ha reconocido por la fotografía"
-¿Por qué demonios iba a querer vender restos de una moto? ¿Tenéis lo que vendió?
-"Sí, son piezas de una Harley Davidson, no hay en ellas nada sospechoso. Lo más sorprendente de todo es que el chatarrero nos ha contado que no iba sola, un hombre la acompañaba y no era Ghiaccio"
-¿Sabes quién es ese hombre?
-"No vas a creerlo jefa…"
-¿Quién era? ¿Con quién se mueve la dama de negro?
-"Era Hans Southern Islands, La dama de negro vendió su moto por piezas en compañía del mayor enemigo de Ghiaccio, no tiene sentido"
-Eso solo quiere decir que ahora juega en el bando contrario, sigue siendo primordial que demos con ella
-"Investigué a Southem Islands, es mucho más descuidado que Ghiaccio, le ciega su vanidad y su deseo de ser el número uno, sabemos dónde está la dama de negro lo que no sabemos es cómo llegar a ella"
-¿Dónde está?
-"En un piso a nombre de Southem Islands, en el centro de la ciudad"
-Si tú has dado con ese piso los hombres de Ghiaccio tarde o temprano también lo harán, no quiero perder a mi testigo a manos de la mafia, vigilar el lugar y en cuanto ponga un pie fuera detenerla, no dejéis que Ghiaccio llegue hasta ella.
Merida se marchó, llamando a Rapunzel en el acto y notificándole su nueva misión, vigilar de paisanas el lugar donde se ocultaba la dama de negro, protegerla de Ghiaccio y detenerla en cuanto pisara la calle, mientras Anna analizaba ese giro en los acontecimientos, intentando entrar de alguna manera en la mente de Elsa y entender a qué estaba jugando.
Elsa:
Vivir recluida en ese apartamento era tedioso y aburrido, más necesario para seguir con vida tras su traición. Sabía que Ghiaccio había puesto precio a su cabeza, ese era un mal menor necesario para que su plan saliera a la perfección.
Había llegado a odiar a Southern Islands con toda su alma pues era mucho peor de tratar que Kristoff, pero no dejaba que se le notara, ante Hans se ponía la mejor de sus máscaras, haciéndole creer que era especial para ella e inflando su orgullo de macho cuando en realidad solo sentía por él repulsión.
Se pasaba el día entero mirando por ese ventanal, contemplando las calles de la ciudad, atestadas de vida, deseando ser una de esas personas que deambulan sin rumbo y sin tiempo a pararse a pensar que alguien desde las alturas la está observando.
Hacía días que había notado la presencia del FBI, vigilando el edificio. No le extrañaba pues Southern Islands no era más que fachada, en realidad era un inútil que había llegado donde estaba por ser hijo de quién era, seguramente tendría a todo anti vicios pisándole los talones.
La platinada se entretenía viendo aquellas dos agentes vigilar sin descansar, a veces las veía discutir, otras las veía reír juntas con complicidad. Estaba segura que de estar más cerca podría ver en sus miradas un afecto profundo, ella conocía bien esos sentimientos, amar en silencio, en las sombras… Automáticamente sus recuerdos le llevaron a cierta mirada aguamarina y sonrió, estaba cerca de poder volver a sus brazos. Pero todo cambió una mañana, todo se precipitó y Elsa no pudo controlarlo, una mañana vio llegar desde la ventana un coche que conocía demasiado bien, los hombres de Ghiaccio la habían encontrado. Temió por la vida de las dos agentes que estaban postradas en su puerta y las buscó con la mirada, parecían estar discutiendo, de pronto su mirada Azul hielo se ensombreció mientras se le detenía el aliento en la garganta y sentía como la invadía el pánico, junto a las dos agentes pudo distinguir a alguien que jamás olvidaría, Anna, su Anna.
Con prisa se puso las botas y cogió las llaves de la moto, en su mente una sola idea, alejar a los hombres de Ghiaccio de ahí, mantenerlos lejos de Anna.
Anna:
Cansada de que pasaran los días sin noticias de Elsa, pensó en ir a supervisar a sus agentes, revisar si todo iba bien en su vigilancia.
Condujo sin prisas hacia el lugar donde Merida le había indicado y las vio, sentadas en un banco discutiendo, justo en frente del edificio donde Elsa se escondía. Pensar que podía tenerla tan cerca le dio escalofríos más se mantuvo imperturbable. Cuando se acercó a Merida y a Rapunzel, pudo escuchar retazos de su conversación y no pudo evitar sonreír con ganas.
-"¿En serio no has probado la pizza de pollo Punzi?"
-"No me parece un dato relevante del caso esta conversación"
-"No me puedo creer que no hayas probado la pizza de pollo"
-"Ni yo que a ti te guste tanto, en serio Merida ¿Solo piensas en comida?"
-"Tengo que hacerte una pizza de pollo"
-"¿Me estás pidiendo una cita?"
-"No… bueno sí… no… no sé, cenar pizza no es una cita"
Anna carraspeó, haciéndose notar antes de que el rostro de Merida alcanzara toda la gama de color rojo que existía en una paleta de colores. En seguida la pusieron al día pues no había pasado gran cosa, Elsa no salía y solo Hans Southern Islands entraba, nadie más.
De pronto pasó ante ellas una moto a gran velocidad, mucho más de la permitida. El motociclista iba completamente de negro y la miró durante unos instantes. Unos segundos que a Anna le bastaron para saber que Elsa conducía esa moto.
Rápidamente ordenó a Merida y a Rapunzel que entraran en el coche y arrancó, poniendo la sirena y siguiendo esa moto, ante la mirada estupefacta de sus compañeras.
Aceleró mientras solo podía pensar en que atraparía a Elsa y de una vez por todas tendría las respuestas a todas las incógnitas que la estaban torturando.
