Muy buenas a todos, ante todo quisiera aclarar solamente un punto:
Se que dije que haría capítulos mas cortos, y bueno, esta vez no exageré (No mucho) como la vez anterior, es difícil evitar escribir bastante por como se está desarrollando hasta ahora esta trama. Les aviso que los capítulos venideros van a llegar por partes al igual que este, aunque creo que no les va a ser relevante para ustedes. De nuevo les pido paciencia, actualizaré lo mas rápido que pueda.
Nuevamente les agradezco a los que me siguen y por sus reviews, aunque sean pocos los que se atreven a dejarme alguno. Aun así, los usuarios casuales que vienen aquí solamente a leer y a pasar un buen rato, también les agradezco por su tiempo.
Sin saber exactamente qué hacer, las dos ponis consternadas solo se les ocurren devolverse al hospital para informarle al doctor lo que acaba de ocurrir, y se precipitan allá a toda velocidad, tratando lo posible de contener el llanto, aunque no evita que un par de lágrimas se asomen por sus ojos y que rueden con rebeldía. Al llegar, irrumpen la puerta principal con una coz y galopan hasta la recepción gritando.
— ¡Doctor Steel! ¡Doctor Steel!
El personal médico que se hallaba en aquella sala, ven a las ponis con cierto aire de extrañeza, era evidente que nadie más que solo ellas, se enteraron del asunto previo. Uno de los enfermeros en la sala le contestó secamente a la enfermera.
— El doctor Steel se encuentra en su oficina…
Sin emitir palabra alguna de agradecimiento, ambas retoman su galope en la dirección indicada por el enfermero, y enseguida llegan a la puerta de la oficina del doctor, irrumpiéndola al igual que la primera y claman con un grito desesperado.
— ¡Doctor!
El mencionado doctor se sobresalta por dicho grito, levantándose de su silla giratoria bruscamente y dejando caer de su escritorio algunos pergaminos y algunos formularios e informes que tenía cerca.
— ¿¡Que sucede!? — Interpela espetando
— ¡Doctor! ¡Los jóvenes! — Exclama con llanto la pony enfermera
— ¡Se lo llevaron! ¡Han sido raptados! — Termina la oración la pony prístina con la misma expresión de llanto
— ¡Doctor, Tenemos que hacer algo para ayudarlos! ¡Tenemos que actuar, pero ya! — Concluye acercándose a él y viéndolo directo a los ojos
El semblante del doctor no refleja conmoción alguna por la noticia, solo esboza un mínimo gesto y volviendo a su asiento, murmura en un tono muy sobrio.
— Así que se lo llevaron… ¡Hmm! No pensé que lo harían tan pronto y menos, cerca de este establecimiento
— ¿¡Qué!? — Exclama consternada la pony enfermera y luego inquiere — ¿Q-Qué estás diciendo?
— ¿No comprendo? — Gimotea la otra pony muy confundida
— Señoritas…— Las llama sin perder su sobriedad — No tienen por qué asustarse, los jóvenes están bien, solo están siendo escoltados…
— ¿¡Escoltados!? — Exclaman ambas al unísono
— Así como lo oyeron… apenas ellos se recuperaron y fueron dados de alta a horas del atardecer, le informé todo al capitán para que viniese junto con sus tropas y lo recogiesen cuando los vean…
— Pe-pero aún sigo sin comprender… ¿Por qué? — Gimotean la pony cristalina
— ¡Sí doctor! ¿¡Por qué hiciste tal barbaridad!?
— ¡Tontas! — Les riñe al oír el comentario, su enojo ante las afligidas ponis ya se estaba acentuando y les pregunta con la expresión ceñida — ¿Acaso se los tengo que recordar? ¿Ya olvidaron que esas criaturas están bajo una estricta vigilancia sin interrupción impuesta por el capitán? ¿Ya olvidaron también que ustedes dos eran las únicas que podían interactuar con ellos?
— Claro que sabemos todo eso… ¡Pero aun así!... ¡No es justo! ¡Los chicos no son malos! ¡No son criminales! ¡Ellos no hicieron nada perverso! ¡No merecen ese trato!
— Enfermera…— Murmura ahora en voz más calmada para tranquilizarla — Créame que lo sé, pero para todos, es lo mejor…
— ¿¡Lo mejor!? ¿¡A ti te parece que, llevárselos así de esa forma es lo mejor!?
— Enfermera, entienda… tú eres una de las únicas de por aquí que los conoces en persona. No se puede decir lo mismo de los demás — Se levanta de su asiento y se acerca a ellas para explicarles — Dejarlos vagar solos por ahí, podría conmocionar a la población de Equestria de una forma que no te puedes imaginar… y eso podría ser peligroso
Ambas se quedan pesando la nueva perspectiva dada, pero sin dejar su aflicción, le reclaman.
— Pero… ellos tienen derecho a ser libres
— Lamento oír eso señorita Crimson, pero ellos son totalmente desconocidos para todos, ya perdieron su libertad apenas ingresaron a estas tierras
— Pe-pero…
— ¡Ya basta!, Esta es la realidad de las cosas. Quieran o no, ellos ya tienen dueño que es el capitán, y no hay nada que se pueda hacer para impedirlo… así las cosas tienen que ser
Sin más remedio, las dos ponis salen destrozadas de la oficina y solo pueden dirigirse a la sala de espera y quedarse allí para deglutir lo ocurrido.
— Redheart…— Gime su compañera aun afligida por la noticia escupida — ¿Qué vamos a hacer?
— No lo sé Crimson, no sé me ocurre nada — De inmediato la abraza con firmeza para descargar toda su tristeza, al igual que ella también hace lo mismo
Se desahogan durante unos cuantos minutos y eso las ayuda a mitigar un poco la desdicha, pero luego cortan el abrazo y se miran a los ojos, quizás para poder decirse sin enunciar una palabra, que lamentarse no les traerá a los muchachos de vuelta. Limpiándose las lágrimas con la parte posterior de sus cascos, la pony enfermera consuela a la pony cristalina diciéndole.
— Solo somos tú y yo ahora… tranquila, lo resolveremos
— ¿Podemos hacerlo? — Gimotea
— Tenemos que ayudarlos de alguna forma. Si lo que dijo el doctor es verdad, entonces ellos pueden correr peligro de ser exiliados o exterminados por órdenes de las princesas, si ven en ellos, ser amenazas
— Tienes razón Redheart, ahora dependen únicamente de nosotras… ¿Pero por dónde empezamos?
— Mmm… tal vez debamos empezar por el castillo, quizás allá es por donde se dirigieron los guardias, y apuesto que allá los tienen custodiados
— Tiene mucha lógica — Se levanta de su asiento y exclama mientras avanza — ¡Vayamos hacia ese castillo!
— ¡Espera Crimson! ¡No puedo! — La detiene agarrándolo de su pata delantera derecha — Al menos no en estos momentos. Todavía faltan tres horas para que acabe mi turno, no puedo abandonar mi puesto de trabajo así nada mas
— ¡Ow! — La mira con una expresión desasosiega y vuelve a exclamar — Entonces yo iré a averiguar en donde lo tienen…
— ¡Pero Crimson! ¡No puedes ir tu sola! ¡Puede ser riesgoso!
— Entiendo los riesgos, pero el no saber en dónde se encuentran o el no indagar lo que va a sucederles me está matando, tengo que ir
La pony enfermera suelta un angustioso suspiro hacia abajo y luego la abraza de nuevo y le susurra al oído.
— De acuerdo, trata de averiguar todo lo que puedas... y cuídate mucho
— Lo haré, gracias Redheart
La pony prístina se precipita hacia la puerta de salida del hospital con una expresión más sobria y decidida, y luego sin titubear ni detenerse, galopa entre las pintorescas avenidas y calles de la capital en dirección a su destino, tardando alrededor de unos veinte minutos en llegar al ancho puente que separa el castillo y de la ciudad en general. Al cruzar el puente y deambular vehemente por el gran patio en donde se halla diferentes esculturas de unicornio, decoraciones florales y fuentes varias, se percata que en el lugar no hay un solo guardia que este rondando. Extrañada, avanza hasta llegar a la gran puerta real, y se confunde aún más al notar que solamente hay dos guardias unicornios con armaduras, de pelaje gris y melenas y colas plateadas que custodian dicha entrada… Algo no le cuadraba bien a la pequeña pony. Es inusual para ella ver que no hay vigilancia en un lugar en el que lo requiere, y aún más si se sabe de la existencia de aquellos jóvenes humanos.
En un breve instante, la pony rápidamente intuyó una explicación lógica: El ejército real de turno aún no había llegado al castillo después de apresar a los jóvenes, cosa que le pareció aún más extraño, ya que ya deberían haber llegado mucho antes… a menos, que el castillo no fuese su destino final y que en realidad el ejército se dirige hacia un lugar desconocido.
Apesadumbrada, se devuelve con la cola entre las patas por donde vino, con la mente hecha un enredo y sin tener un plan B para seguir en el sitio… ahora la posibilidad de encontrarlos es nula, y no tiene la menor idea de donde se lo habrán llevado. Preguntándose para sus adentros de manera mortificada, si no están en el castillo de las princesas soberanas… ¿En dónde estarán?
…
Más allá en el oscuro y estrellado firmamento, el capitán de la guardia real de la noche junto con su ejército de pegasos nocturnos, sobrevuelan a gran velocidad por sobre el cielo parcialmente nublado. Lidera el estandarte de sus tropas y cruzan a través del ocaso con una coordinación y precisión, que no tienen nada que envidiarle con cierta tropa de pegasos acróbatas residentes de Cloudsdale, a la vez que llevan consigo el vagón de guerra blindado ubicado justo en el centro de dicha formación para garantizar la seguridad del mismo.
Durante el trayecto y de manera constante, la carroza blindada junto con los cuatro corpulentos pegasos que tiran de ella, es constante y fuertemente sacudido seguido del ruido de los golpes contra el duro acero y apagados pero estruendosos alaridos, como es evidente, los jóvenes prisioneros intentaban escapar pero el esfuerzo es en vano. El joven de cabellera castaña, que actuó precipitadamente por la dosis de adrenalina inyectada rápidamente se detiene. El golpe que le propinó el oscuro pegaso durante su arresto aún le continuaba afectando, pero el otro joven no cesaba de golpear a todos lados con fuertes patadas y con tal precisión, pese a que el vagón carecía de iluminación alguna.
Narración de Daniel:
Es ridículo… aun con toda la fuerza del mundo, no pude ni siquiera abollar la puerta… de hecho, ni siquiera sé lo que estoy pateando, mi mente está en blanco y no veo nada, absolutamente nada. Solo, lo único que me percato es que oigo los golpes que Alan le está dando a la cubierta de acero alrededor, mientras oigo también que jadea de la desesperación y la rabia. Lo oigo gritar otra vez y vuelve a patear hacia otro extremo.
— ¡Basta Alan! — Vocifero titubeante para que se detenga, pero aparentemente hace caso omiso — ¡Detente! ¡Nuestros esfuerzos son inútiles!... ¡No saldremos de aquí!
Realiza otros dos intentos más hasta que se detiene. Oigo como se tira de rodillas y se queda jadeando por el agotamiento, pero segundos más tarde, me sobresalto al oír otro ruidoso y metálico golpe y esta vez es contra el suelo. Alan masculla.
—…Maldito… maldito doctor Steel…
— ¿Pero… qué dices Alan?
— Daniel — Se dirije a mi con frustración al acercarse y sentir sus jadeos — Te tengo algo que decir. Por algún motivo, sabía que esto iba a pasar
— ¿No te entiendo? ¿Cómo así que sabias sobre esto?
— Veras, el doctor Steel me dijo que todos los malditos ponis que habitan esta tierra, nos conocen… conocen nuestra historia
— ¿Y qué pasa con eso? ¿Cuál es el problema?
— ¿Aun no comprendes idiota? ¡Saben lo que hicimos en esa ciudad de cristal! ¡Y con eso me refiero al asesinar a esa maldita bestia!
Al oírlo vociferar esas palabras sobre mi oído, me quedo mudo y temblando aun sin entender lo que me quiere decir.
— ¿Ahora entiendes? — Reitera inquiriendo — No nos ven como héroes, según dijo el doctor y las otras dos ponis… nos ven como criminales
— Entonces… eso significa…— Balbuceo por la revelación
— Sí… no fue nada más que una vil mentira. Todo este tiempo nos mantuvieron en vigilia constante con todos sus jodidos reglamentos y protocolos, ¿Y por qué será que lo hicieron? — Me pregunta retóricamente y continúo oyéndolo —…Y lo peor de esta mierda, es que ya tenía sospecha de esta trampa desde el principio, pero me dejé endulzar los oídos torpemente gracias a ese doctor y a todos los involucrados que lograron persuadirme…
— ¿Eso incluye a nuestras amigas Crimson y Redheart? — Pregunto con cierto grado de inquietud
— Quizás esté equivocado…— Me responde en un tono más bajo — Pero lo más probable es que ellas traicionaron nuestra confianza al contarles acerca de nosotros. Ojala quisiera creer con todo mi corazón, lo opuesto
Del miedo y la frustración, me arrastro y me recuesto en una esquina de la vagoneta y tomo de mis cabellos con las trémulas manos y los paso por atrás, queriendo aclarar mis ideas.
— Eso no es cierto — Niego reiteradamente con la cabeza — Crimson y Redheart son unas ponis muy bondadosas, nos ayudaron en nuestros momentos más duros y nos brindaron su amistad y confianza… dudo mucho que ellas nos hicieran esto
Oigo como se arrastra hacia donde estoy y me reprende en voz muy autoritaria.
— ¡Despierta huevón! ¡Sal de esa estupidez obtusa! Si en verdad fueran buenas ¿Entonces por qué estamos acá? Si fuesen buenas ¿No crees que nos advertirían sobre esto?
— Tal vez… tal vez ellas no lo sabían. Tú estabas ahí, hasta trataron de defendernos de esos guardias…— Respondo haciendo un intento de alivianar mi impresión
Siento por unos breves instante como apoya su mano por sobre mi hombro derecho y continúa hablándome con más calma.
— Entienda de una vez que todo fue una maldita mentira. Todos esos halagos, esas palabras escupidas en nuestras caras, las promesas de estar a nuestro lado y encontrar a los demás… todo fue una dolorosa ilusión. Apuesto que hasta fingieron ser abordadas por los guardias para que nos tragáramos el cuento completito
— No socio, aún sigo sin poder creerte — Continúo negando con la cabeza — Tengo en claro el modo en que nos apoyaron, en sus palabras y al recordar esos ojos… Alan, quizás este mal, pero puedo asegurarte que ellas fueron sinceras en todo este tiempo
Retira su mano de mi hombro y al sentarse a mi lado, lanza un suspiro y murmura en un tono de ironía.
— A veces olvido que tu obstinación es realmente fastidiosa… pero tendré que apoyarte esta vez. Sin embargo, algo es seguro amigo. De ahora en más, ya no podemos confiar en nadie…
Pasan quizás, unas cuatro o cinco horas y todavía no sabemos a dónde carajos nos llevan estos uniformados ponis. Y al permanecer todo ese tiempo encerrado dentro de esta vagoneta metálica y oscura, mi visión se adaptó a dicha oscuridad, ahora logro percibir la muy débil luz nocturna que se filtra por las imperfecciones de las esquinas del contenedor y también entre las rejillas de la ventilación y por las esquinas de la puerta. Mis oídos se embotaron por el supuesto ruido del viaje desde hace un buen rato, obvio, no lo oigo como su fuera un recorrido normal de carretera, sino que más bien lo oigo como un suave silbido.
— ¡Maldita sea! ¡Me estoy hartando! ¿Quisiera saber a dónde mierda nos llevan estos malditos ponis? — Inquiero con un aire de impaciencia, recostando mi cabeza contra el contenedor y mirando la negra silueta de mi compañero
— No me preguntes eso, yo no tengo todas las respuestas…— Bufa — Lo sabremos cuando lleguemos. Aunque me puedo imaginar un lugar desolado, por el tiempo que llevamos aquí
— ¿Tú crees? ¿Y al llegar, que podremos hacer?
Vuelve a suspirar del aburrimiento y me contesta.
— Estando encadenados, no podemos hacer mucho así que, veremos…
Transcurre quizás, una media hora más hasta que siento de pronto, un vacío en el estómago. Eso es, estamos descendiendo a una velocidad vertiginosa y luego de unos instantes, siento el aterrizaje y la frenada muy brusca, sacudiéndonos y golpeándonos con el interior del contenedor de paso. Luego, al oír varios pasos que se arriman por la puerta, un aura de color aguamarina envuelve dicha puerta, su luz se intensifica cada vez más y se esparce como un pequeño estallido hasta desaparecer. Oigo la puerta abrirse con su particular y chirriante sonido metálico y lo primero que veo en horas, es a unos cuatro pegasos con armadura que entran y nos sacan junto con mi amigo por la fuerza, jalando de las largas cadenas que están unidas a nuestros grilletes, y nos arrastran hasta tirarnos en medio de un escarpado suelo arenoso, rodeado de una multitud de unicornios y pegasos fuertemente armados con lanzas y espadas. Solos nos quedamos allí en el suelo mirando a nuestro alrededor con sumo recelo… en especial a ese pegaso que me golpeó, que sobresale entre la multitud abriéndose paso entre sus tropas y se detiene enfrente de nosotros… pero, ¿Qué mierda me pasa?... esa penetrante mirada… me siento reducido …
(Música de fondo: Channeling the Power of Souls into a New God – Burzum)
— Mis queridos "Invitados", les doy la bienvenida a Everlost
— ¿Everlost? — Inquiere Alan
— Así es, contemplen su nueva estadía
El uniformado pegaso negro se aparta de nuestra vista al igual que el resto de las tropas, separándose en dos filas y ahí pudimos contemplar lo que nos quiere mostrar… quedo atónito y aterrado al contemplar bajo la débil luz de la luna, una enorme, escarpada y árida montaña de un tono gris opaco, cuyo helado viento se cierna y corta la ladera. La base de la misma está rodeada por cercados recubiertos con alambre de púas y custodiados por numerosos búnkeres y trincheras iluminadas. Pero lo principal, un escabroso camino que se serpentea sobre los riscos y laderas que conduce hasta la cima y lo que se encuentra en ella… Una enorme, pétrea y muy desgastada torre de aspecto medieval, que parece como si se fuera a desmoronarse en cualquier momento por una pequeña brisa.
— Así que Everlost ¡Uhm!… linda torre — Murmura Alan con sarcasmo y alzando los hombros
— Me alegra que te guste — Le responde con el mismo tono sarcástico y con media sonrisa — Porque se van a quedar allá hasta nuevo aviso
Se da medio giro, avanza un par de pasos dirigiéndose a un grupo numeroso de unicornios con armadura que vigilan la entrada de la montaña y sentencia con voz alta.
— Escuadrón uno, llévense a estas "criaturas" a la torre…
Acatando la orden y llevándose sus cascos derechos delanteros a sus frentes en signo de obediencia, los guardias unicornios proceden a procesarnos a la torre, obligándonos a levantarnos y empujándonos directo al sitio… Sin saber lo que nos harían en ese lugar, por un segundo caí presa del pánico y quise reaccionar en contra para poder huir, en especial de ese pegaso, pero antes de siquiera hacer algo Alan vocifera al susodicho con su mirada fustigadora y sin reflejar temor alguno.
— Capitán…— Logra llamar su atención, y luego procede a hablar en voz más serena — Antes de que nos metan presos y lograr cumplir con tu deber, concédame aunque sea, una petición, o por lo menos que me contestes una pregunta
Se da medio giro y se le acerca a paso firme hasta verlo directo con una expresión muy ceñida.
— ¿Qué te conceda una petición? ¿Me vez cara de hada madrina o qué? ¿Crees que tienes derechos para tener ese tipo de descaro conmigo? — Se bufa, escupiéndole justo en su rostro con suma altanería
— Al parecer creo que no, ya que ni siquiera se realizó el debido proceso para que se lleve a cabo un arresto, y tú, como capitán que eres, lo debe saber más que nadie, ¿O me equivoco? — Le responde con el mismo tono altanero y el pegaso se limita a mirarlo con desprecio, se aclara la garganta y continúa — Capitán, quiero ver la orden de arresto de inmediato, ya que esto es considerado un secuestro si no posee ese registro
— Alan, ¿Qué haces?…— Musito con sorpresa al dirigirse con mucha soberbia
Con enfado, le pisa las cadenas con mucho enfado, obligándolo a quedar a gatas, después le toma del rostro con su casco y le gruñe apretándole el mentón.
— No te pases de listo conmigo, un animal tan feo como tú no está en condiciones de exigir… yo no te tengo que mostrar nada para comprobar la veracidad de mis órdenes
Alan de pronto ríe con gran sarcasmo, mosqueando aún más al pegaso y sorprendiéndome por su arrogancia. Luego le contesta poco después de tranquilizarse.
— ¡Jejeje! Es curioso oír que tú te refieras a nosotros como animales, a la vez también, irónico ya que, en donde vengo, ustedes no son más que bestias de corral que no hacen otra cosa más que ser la burla y entretención principal de circos para nuestros hijos, y también vendemos sus culos a cualquier publicidad de marketing ¡Jajajaja!
— ¡Alan! — Exclamo con el azare
Entre la risotada, el pegaso gruñe una vez más y lo manda a callar con un fuerte golpe que hace mella en la mejilla izquierda, arrojándolo al suelo y seguido de una pisoteada en la cabeza.
— ¡Basta! ¡Déjelo ya! — Le ruego al pegaso, al no tolerar ver a mi compañero ser humillado en el suelo. Pero me vuelve a aterrar con su mordaz mirada, vuelve a ignorarme y se dirige otra vez a Alan, lo vuelve a pisar y le replica
— Me harté de tus burlas asqueroso primate sin pelo… otra ocurrencia como esa y juro que acabaré con tu miserable vida — Lo amenaza restregándole el pisotón hasta el hartazgo, dejándolo tirado e inmóvil. Se da media vuelta y dictamina a sus tropas su orden.
— ¡Guardias! Apártenlos de mi vista, ahora…
— ¡Jeje! ¿Te gusta maltratar a los débiles, no? — Interpela con media sonrisa y escupiendo hacia un costado un poco de sangre, mientras que esos unicornios nos levantan de las cadenas con sus extraños poderes de telequinesis — ¿Te encanta estar en la posición en donde te refugias? Aprovechándote de tus presas indefensas y encadenadas, porque sabes que no pueden hacer nada para defender ni siquiera lo que queda de dignidad ¿No es así?, por alguna razón entiendo lo que haces...
El pegaso gesticula una notable expresión de enfado, frunciendo el ceño, pero Alan continua contestándole con altivez, devolviéndole simbólicamente el pisotón, en este caso, hacia su orgullo. Y yo solo me quedo como espectador.
— Pensé que un verdadero capitán era alguien honorable, valeroso y que es símbolo pleno de humildad y respeto, aun con sus adversarios… ¿Y que eres tú exactamente?
— Cállate…— Masculla, mostrando su rabia, apenas conteniéndose
— Alan, no más — Le murmuro para que se calle
— Con gusto, te responderé lo que eres tú…— Retoma ignorando mi advertencia y ahora en voz más alta — Eres lo opuesto a lo que es siquiera, un vulgar soldado... la imagen típica de alguien soberbio, que aprovecha cualquier ventaja para pisotear, escupir y humillar a las victimas, y sobre todo, escudándose torpemente de cualquier cargo o posición… tal como lo haría un completo cobarde…
— ¡Que te calles! — Vuelve a mascullar, dándose otra vez media vuelta y fustigándolo con la mirada
— Basta Alan, no lo provoques más — Le advierto en voz alta para que no se meta en más problemas
— Espera, todavía no termino — Me contesta con un murmullo, y reitera con el pegaso — Capitán, tú me recuerdas a cierto unicornio que tenía esa misma personalidad y el mismo carácter, y ahora lo compruebo viéndote directamente ya que me das esa misma impresión. ¿De casualidad te suena el nombre... el rey Sombra?... ¡Enserio! Juro que eres igualito a ti
— ¡SUFICIENTE!…
Eso último que dijo, colmó su tolerancia. Lo veo desplegar sus alas de un movimiento, se alza en vuelo a toda velocidad hacia mi compañero, lo taclea en base de que sus tropas todavía lo retenían de sus cadenas con sus poderes, y ya en el suelo le gruñe.
— Te advertí que te mataría si abrías tu sucia boca
— Adelante, mátame si quieres ¿¡Quién te lo impide!?— Manifiesta entre los forcejeos y con una sonrisa abierta y áspera.
Sin poder hacer algo para defenderlo, solo me quedo en la posición en donde me tiene sometido… tal vez mereciéndose que lo golpeen por seguir de bocón. Pero antes de presenciar tal golpiza, una voz logra frenarlo.
— ¡Capitán! ¡Recuerde nuestra misión, señor!
La voz que provino de uno de los unicornios con armadura, hizo que él se quedara inmóvil y mudo, quizás sopesando esas palabras. En un momento improviso, se aparta de mi compañero y retrocede un par de metros, luego sentencia con un murmullo.
— Guardias, enciérrelos a la torre antes de que arrepienta…
— ¡Si capitán! — Acatan la sentencia y usando sus poderes gracias a sus cuernos, una serie de auras rodean las cadenas y los grilletes y somos arrastrados directo a la entrada de ese lugar
— Capitán…— Alan vuelve a abrir la boca con un grito, volviéndolo a provocar — Antes de despedirnos, solo recuerde estas palabras y espero que lo tome como algo premonitorio y no como una amenaza… Algo me dice que tú arrogancia y altivez te va a caer encima como una enorme piedra, y te pesará un día, o noche como esta… grábate eso en tu cabeza
Vuelve a gesticular un gesto de enfado, pero simplemente abre sus alas y despega vuelo, desapareciendo entre las nubes a toda velocidad. Al llegar a la puerta de entrada de la montaña, más unicornios con armadura aparecen desde los búnkeres y al analizarnos, uno de ellos trae desde esas guaridas, una enorme jaula de acero. Con esos tales poderes manando de sus cuernos, nos envuelven en una gran aura y nos arrojan dentro de la jaula, e inmediatamente unos dos pegasos uniformados se colocan los yugos con cadenas, lo atan a dicha jaula y tiran de ella, dirigiéndose enseguida a la torre de la cima, mientras que otros dos pegasos armados con lanzas, nos escoltan desde la parte de atrás.
— Alan — Le murmuro apenas partimos el recorrido — ¿Eres imbécil o qué? ¿Enserio querías que ese pegaso te matara?
Se gira a verme, esbozando media sonrisa y luego me responde con un murmullo.
— Marica, relájate, no me iba a pasar nada sin importar lo que dijera. Él está bajo las ordenes de una de esas susodichas princesas, así que él no puede actuar más allá de lo que le ordenaron… Además nunca que vi las agallas de hacer lo que manifestó, eso es algo que, por lo menos tenía el rey unicornio y no ese pobre pirobo
— ¡Ahh! Como dice ese refrán, "Perro que ladra no muerde"
— Exacto
— Pero aun no entiendo ¿Por qué insistías en provocarlo?
— Viejo, solo quise jugar un poco con su orgullo ¿Esta bien? No es nada del otro mundo. Tú, al igual que yo, conocemos ese tipo de personas con el ego agrandado, y sabes también que la mejor forma de lidiar con ello, es simplemente atacar dicho ego, ya que también reside en su debilidad…
Nos quedamos en silencio por un minuto, pero se queda viéndome con expresión despectiva. Simplemente le pregunto.
— ¿Ahora por qué me miras así?
— ¿Sabes? Ese pegaso no fue el único que logró decepcionarme…— Me contesta en voz baja y sin dejar de mirarme con el ceño fruncido
— ¿¡Ahh!? ¿Cómo así?
— Te preguntaré algo y no te lo tomes a pecho, ¿Por qué eres tan maricón?
— ¿¡Que!? ¿Ahora por qué me insultas idiota? — Inquiero estando ya molesto
— ¡No es un insulto! — Exclama con laconia — Lo que demostraste hace unos momentos, fue… como decírtelo… cobardía
— ¿Cobardía?
— Así es maricón, fuiste un completo cobarde, pusilánime, carente de coraje, se te achicaron en el momento en que no debías mostrar ningún indicio de debilidad… eres de lo más patético que he visto
— Pero, socio, déjame explicarte — Balbuceo
— Nada de peros — Espeta haciéndome callar — ¿Dónde está el agresivo prepotente y a veces cáustico Daniel que conozco, Ehh? ¿Dime?
Quedo mudo ante la interrogación, sinceramente no sé qué responder.
— Si no me vas a contestar, entonces yo lo haré por ti… Ese Daniel no está conmigo hoy. Solo veo a mi lado, un sujeto de personalidad ambigua, sumiso, amedrentado y temblando de miedo ante un equino con alas que no le llega ni al ombligo en estatura, y para colmo lo defiende, dejando solo a su disque compañero…
— Yo… ¿En verdad hice eso?
— Fue evidente que si — Me toca el hombro y me mira con pesadumbre — ¿Qué te pasó? Tú no eres de los que se intimidan fácilmente. Ni siquiera te comportaste así con el rey unicornio, que te aseguro, fue mucho más temible que ese pseudo-capitán imbécil
— N-no, no tenía idea socio, yo…
— Tranquilo huevón, te perdono — Me palmea la espalda con jovialidad y esboza media sonrisa — Por suerte para ti, tengo mucha experiencia lidiando con las decepciones, pero a cambio, quisiera saber una cosa… ¿Qué mierda te hizo ese pirobo? Aparte de vapulearnos cerca de la entrada del hospital
— Bueno, solo me golpeó en el mentón, no recuerdo ahora qué clase de golpe fue ese pero, aunque no fue un golpe fuerte, logró paralizar hasta mis pensamientos…
— Mmm… puedo entenderte. ¿Te acuerdas de nuestra primera pelea en el gimnasio? ¿Y el propósito en la cual se dio?
— Ahh si, recuerdo aquella vez… me diste en el mentón y me tiraste a la lona
— Exacto, el upper de derecha que recibiste no fue un golpe fuerte porque literalmente ya estaba derrotado. Menos mal que te gané y gracias a ello, te uniste a la banda
— ¡Jejeje! Ahora que lo pienso, fue un golpe de suerte, en condiciones normales te hubiera noqueado — Acoto y me froto el mentón, recordando aquella vez — Después de esa derrota, me empeciné a buscar una explicación lógica de ese tipo de golpe, así que investigue durante días hasta que encontré la respuesta… si un puñetazo va directo a la mandíbula con una precisión y fuerza exacta, es capaz de destruirte física y mentalmente. No importa si apenas logra rozar la punta de la barbilla, el efecto surte de inmediato. Lo que leí fue que después de recibir un golpe de ese tipo, el cerebro se sacude de un lado a otro por unos minutos, provocando parálisis corporal y al mismo tiempo te inyecta un terror indescriptible
— Umm, ahora veo el por qué te hallabas con miedo, y creo que te juzgué un poco mal… si hubiese sido yo el que hubiese recibido tal golpe, me pasaría exactamente lo mismo. Ese pegaso es más rudo de lo que pensé — Dice en voz baja y luego con una leve sonrisa, coloca su mano derecha en mi hombro mientras dice — Ya no me debes la disculpa, ahora entiendo tu perspectiva
— No hay cuidado socio — Le respondo ahora con más tranquilidad — Ahora todo tiene más sentido, pero ¿Cómo se me pudo olvidar algo tan elemental como eso? Y lo peor ¿Cómo no pude suprimirlo?
— No lo sé, talvez porque eres un idiota…— Se mofa pero de todas formas reímos juntos, cosa que provocamos los enojos de los pegasos que tiran de la jaula y de los que nos escoltan
— ¡Silencio! ¡Cállense de una vez! — Nos reprende uno de ellos, cosa que no nos importó e hicimos caso omiso, y gracias a que mi compañero me despertó de ese lapsus, tomé la iniciativa para contestarle
— ¡Ohh lo siento! ¿Te fastidiamos nuestro ruido? ¿Quieres que nos callemos? — Le pregunto con cierto toque de sarcasmo — ¡Que lastima! No todo se puede obtener lo que uno quiere
Se mosquea el pegaso con mi comentario, y eso que apenas voy empezando.
— Es un poco hipócrita de su parte que nos hagan callar, si ni siquiera se nos concedió el derecho a permanecer callados… pero si quieres quejarse como putas, no es mi problema
Nos reíamos con fuerza mientras veíamos sus expresiones, y en una breve pausa, reitero con las burlas.
— ¡Está bien, está bien! Quizas no fue una brillante idea al maltratarnos… tal vez si hablan con el capitán y nos otorgan por lo menos nuestros derechos como prisioneros, nos comportaremos hasta que nos encierre, como el derecho a una llamada por ejemplo… ¡Ahh! ¡Espera! No pueden hacerlo ¡Jejeje! ¿Y les digo por qué? Porque apuesto que son tan retardados que ni siquiera han llegado a la invención de un malparido teléfono
Los cuatro pegasos claramente ofendidos, usan el revez de sus lanzas y atravesando la jaula, nos golpean con ellas como reacción para que nos callásemos, obviamente se les notaba su enfado al burlarnos de ellos, pero pese a eso no dejamos de reír. Entre las risotadas, Alan coloca su mano en mi hombro y con media sonrisa murmura.
— Ese es el Daniel que conozco
…
Técnicamente fuimos arrastraron por unos diez minutos hasta que los pegasos se detienen al pie de la torre, al llegar a la puerta de entrada, como es de esperarse, nos sacaron forzosamente de la jaula tirando de las cadenas que nos atan y al hacernos un chequeo rápido, uno de ellos saca un manojo de llaves para abrir la puerta y luego nos jalan de nuevo de las cadenas obligándonos a entrar.
Antes de avanzar, dos de los cuatro uniformados escoltas descuelgan de las paredes laterales un par de antorchas, colocan un poco de resina que casualmente traen consigo, la enciende usando un par de piedras y las portan en sus bocas fácilmente gracias a que tienen en ellas, una especie de asa oxidada ubicada en la base y colocada en posición horizontal. Mientras que esos dos van Iluminando el sendero del pasillo, los otros dos nos gritan que avancemos y nos empujan usando un par de coces, al comienzo nos tiran al suelo, pero nos levantamos rápido y sin protestar avanzamos a un ritmo moderadamente lento para observar con detalle el lugar.
El pasillo hecho de piedra ladrillada es estrecho y corto, que solo nos conducen a la primera sala y al apenas llegar, veo una sala que aparentemente está casi vacía, pero al adentrarnos en ella, la luz de las antorchas revelan que hay algo más… una serie de calabozos y jaulas metálicas que cuelgan de los altos techos, todas ellas tienen un aspecto desagradable, los barrotes y paredes están húmedos y cubiertos de lama, baba, moco u otro tipo de asquerosidad junto con algunos gusanos y moscas que se arrastran y revolotea en algunos montículos malolientes que no logro percibir que es, ubicados dentro de dichos calabozos; veo también algunos charcos de variadas mezclas, colores y espesores que despiden un hedor a sangre seca, agua estancada y secreciones que nos aturde de golpe, llegando a las arcadas justo al pasar junto a ellas.
Sin detenernos llegamos a un gran arco ubicado el otro extremo de la sala, y en él revela escaleras en espiral, como es de esperarse nos fuerzan a subir un largo trecho hasta la siguiente sala en el próximo nivel de la torre… la luz de las antorchas revelan una sala similar, salvo que es más húmeda, el techo es bajo y esta vez, la luz revela lo que hay dentro de algunos calabozos mientras avanzábamos. Lo que antes pensé que eran algunos montículos, en realidad son esqueletos, algunos de ellos de variada morfología ya que no capto con exactitud a que especie pertenecen, aparte de reconocer algunas calaveras de distintos ponis, unicornios y pegasos. Más allá de la sala, más escaleras en espiral que debíamos subir y después de recorrerlas al final la luz se hace más tenue, pero revela con claridad el trayecto de la sala hasta el fondo, ósea, un largo y ancho pasillo, pero en vez de calabozos embarrotados, solo hay hileras de puertas metálicas remachadas y oxidadas, con pequeños visores en la parte superior y compartimientos en la base… Los dos pegasos que nos escoltan detrás de nosotros, nos empujan con más fuerza mientras ríen maliciosamente, percibiendo que este sería el final del camino y al avanzar oíamos detrás de las puertas algunos clamores y gemidos débiles de unos pocos moribundos residentes.
Nos conducen hasta detenernos al final del camino, justo en el rincón izquierdo de la sala, en donde los dos pegasos que iban adelante se ubican en ella en la última puerta, cuelgan las antorchas a los lados y al mismo tiempo, uno de ellos saca un manojo de llaves y procede a abrir la reforzada puerta.
— ¿Y qué? ¿Nos encerraran para siempre? — Inquiero con expresión ceñida al ver la oscuridad de la celda
— Tal vez…— Me responde uno de ellos con tono serio — Estarán aquí hasta nueva orden por el capitán…
Procede a meternos en esa horrible celda y solo podíamos ver con recelo, como uno de ellos se nos aproxima sacando dos pares de llaves, y ya estando frente a frente, los introduce en cada uno de los cerrojos de los grilletes, da un par de giros y estos se abren y caen pesadamente junto con las largas cadenas atadas consigo. Después de desatarnos, los otros dos que nos escoltaban en nuestras espaldas se colocan a nuestro lado, empiezan a aletear hasta estar a nuestras altura y nos sujeta con firmeza de los brazos, conduciéndonos dentro de la celda y nos empuja una vez más, haciéndonos caer de bruces… lo último que oigo son las risas de esos equinos, y a la par, el chirrido de la puerta al cerrarse, el ruidoso portazo y los candados y las trancas asegurarse, confinándonos indefinidamente en este horrible hoyo.
—…Daniel ¿Estas bien? — Me pregunta en un murmullo, mientras que empiezo a incorporarme hasta quedar de rodillas y sacudo levemente el polvo de mi buzo
— Estoy bien…— Le contesto a la silueta negra incorporándose, pese a estar en una oscuridad casi absoluta — Marica, esto está muy oscuro
— ¡Hmm! Estoy de acuerdo, tal como en ese vagón aquí no se ve un carajo, pero por lo menos puedo distinguirte un poco
— ¡Uggh! ¿Y que es esa peste? — Pregunto al concentrarme en el hedor, o la mezcla de ellos dentro del sitio, y tapándome la nariz de inmediato
— ¡Mmm! Parece como si se hubieran muerto unos cuantos… tal como en las otras celdas, ¿No sé si alcanzaste a ver alguno pudriéndose dentro de ellas?
— Espero que no nos encontremos con algún cadáver por aquí… no sé qué haría si así pasara
— ¿Y qué pasa si es verdad lo que mencionaste? ¿Un muerto te asusta huevón?
— No es que me asuste idiota, simplemente es tétrico toparse o tocar uno
— ¡Jeje! Tranquilo, no te va a hacer daño… solo lo pondremos en un rincón o en el caso más extremo, lo podriamos tirar pedazo por pedazo en esa ventanita — La silueta negra arrodillada apunta con el dedo, la pequeña ventana con barrotes ubicada en la parte de arriba de la pared frontal de la celda
— ¡Uggh! Eso es asqueroso huevón
— Lo sé, pero es mejor que tenerlo al lado todo el tiempo ¿No crees?… ahora, lo que vamos a hacer es ubicarnos y si en verdad hay un cadáver, hay que hallarlo
— ¿¡Que!? — Me enervo al oírlo — No voy a hacer eso ni loco. Si quieres hazlo tu solo
— Daniel, si no colaboras, te juro que te hecho el muerto encima cuando lo encuentre
— No te atreverías — Murmuro con cierto nerviosismo
— No me retes entonces… ahora ubiquémonos
Sin chances de opción, me coloco en posición a gatas y me arrastro muy lentamente hacia adelante, sin saber exactamente que estoy haciendo o que estoy buscando. Intento palpar a todas direcciones con precaución sin encontrar nada todavía, me ladeo un poco a mi izquierda y justo a ese lado palpo una pared un poco babosa, del puro asco retiro mi mano y me limpio con el buzo.
— ¿Encontraste algo? — Le pregunto con un poco de impaciencia
— Por ahora, nada — Me responde en el otro lado de la celda — Pero hay algo que no cuadra aquí y eso es un poco extraño…
— ¿Qué es lo que no cuadra?
— ¡Shhh! — Me hace callar de golpe, formándose un poco de tensión por unos segundos, quedándonos ambos inmóviles — ¿Oyes eso?
— Oír qué — Inquiero un tanto confuso
— Pon atención…
Otra vez nos quedamos mudos, tratando de captar lo que Alan está oyendo… intento ahogar el ruido del viento de afuera y después de varias tentativas, logro percibir un sonido muy suave y a la vez extraño.
— Logro captar algo así como débiles susurros, pero no sé exactamente — Le informo en un susurro
—…Mmm… no estoy muy seguro, pero creo que más bien son… jadeos — Me contesta susurrando
— ¿Jadeos?
— Si, pon más atención y fíjate…
Me concentro un poco más en esos "Jadeos" y me enervo al captar con detalle unas muy débiles y lentas inhalaciones y exhalaciones.
— Marica…— Susurra — Creo que no estamos solos en esta celda
— ¡Carajo! ¿Y ahora qué?
— Conservemos la calma y pensemos…— Otra vez, el silencio se hace notar y después de ese breve momento, oigo un suspiro por parte de él y se queja musitando — Si tan solo mi celular encendiera, podríamos ver quien está ahí…
— El celular…— Musito mientras froto mi barbilla, y de inmediato me sobresalto — ¡Mierda! ¡Soy tan estúpido!
— ¿¡Hmm!?
— Como no se me pasó por la mente antes…— Divago un poco al respecto, y por la ansiedad, tanteo mis bolsillos y los reviso
— ¿Qué te pasa ahora? — Me pregunta susurrando
— Espera…
Por fortuna, esos equinos enanos no confiscaron las cosas que llevo consigo, así que meto mi mano en el bolsillo derecho del jean y saco mi celular, un Samsung i5500 e intento encenderlo, teniendo fe de que funcione… De pronto me emociono al ver que la pantalla se enciende, iluminando mi rostro por la luz blanca del principio y mostrando en la pantalla poco después el usual logo al encenderse, con su particular musiquita de inicio.
— ¡No puedo creerlo! ¡Marica! ¡Tu celular encendió! — Exclama Alan con suma alegría, y al enfocar la luz de la pantalla en su dirección, noto en él, una enorme sonrisa que se aproxima a mi lado derecho
— Si, por poco y olvido que lo había apagado poco después del accidente con la furgoneta para que no se me descargara, ¡Y mira! Todavía tiene mucha carga — Comento apuntando con el dedo índice en la parte superior izquierda de la pantalla la barrita de carga
— Excelente, ahora podemos orientarnos por completo… pero primero, apunta hacia allá para salir de dudas — Exclama señalando en la dirección en donde proviene los débiles sonidos
— Mmmm… no lo sé, no tengo idea de que cosa hay allá, ¿Y si ataca si lo apunto?
— ¡Hmm! Préstemelo entonces — Me rapa el celular de un movimiento y veo que empieza a chequear un poco las configuraciones, ajustando el brillo para intensificarlo
Al ponerlo en la intensidad de luz máxima, comienza a apuntar azarosamente en toda dirección, dando a conocer el tamaño moderado y similar profundidad de la celda y luego enfoca en la dirección deseada desde el suelo, llegando con lentitud al extremo de la celda, en donde Alan al parecer capta rápidamente lo que es y se asombra bastante a tal punto que casi deja caer mi celular, desenfocando la vista dada.
— ¿Qué pasa? — Le pregunto al notar con la luz del celular, como se lleva la mano derecha alrededor de su cabeza y con una expresión muy absorta
—…Dios…— Musita con titubeo, y al parecer al borde del llanto
— Dime ¿Qué es lo que viste socio?
— Míralo por ti mismo…— Me responde titubeante, devolviéndome el celular de antemano y sin dejar de mirar el suelo con ojos casi vidriosos y pesados
Ajusto de nuevo la pantalla para tener más luz y apunto en dirección a la cosa que Alan vio. A pesar de los nervios y el sentir un suspenso similar a la de cualquier película de terror, veo con claridad esa cosa, o más bien cosas… aparentemente son dos figuras similares acurrucadas en el rincón extremo derecho. Ya sea porque la luz del celular no es suficiente o por el estado tan desaliñado que llevan tanto en sus cabellos como en casi todo el cuerpo, no logro distinguir muy bien que son o quiénes son, pero igualmente veo que están durmiendo a pesar de todo el ruido que se generó cuando entramos y también noto que están abrazados.
—…Se ven algo… extraños, ¿No crees?…— Le comento lo que vi, pero solo se lleva ambas manos a la cabeza y luego dice con voz apagada
—… ¿Todavía no lo pillas? Vuelve a verlos y esta vez, concéntrate…
Con algo de extrañeza, vuelvo a enfocar la luz del celular hacia esas cosas extrañas y esta vez entrecierro los ojos para fijarme con más claridad lo que Alan quiere que vea.
— Fíjate bien en los detalles — Agrega mientras apunta con el dedo índice — Observa los perfiles, el cabello, la ropa que llevan… solo ignore la suciedad y el mal olor y dime, ¿Puedes reconocerlos?
Me concentro en esos detalles dados y en un segundo, casi suelto el celular por la enorme impresión y me quedo mudo al respecto… al ignorar la apariencia bastante desaliñada… la ropa desgarrada que traen consigo, el reconocible tono de su tez, pese a lo grisácea que está… su inconfundible perfil…
— ¿Ya te diste cuenta? — Murmura en un tono quebradizo —… Son ellos…
No puedo creer lo que veo… no sé qué pensar de todo esto… ahora el ambiente nefasto de esta celda se llenó de una mezcla de sentimientos apenas los veíamos arrinconados, esos sentimientos encontrados que, por lo menos a mí, me estremecieron.
— ¡Viviana! ¡Johan! — Exclamo en voz alta y chillona, levantándome totalmente conmovido para acercarme a ellos con rapidez
— ¡Detente! — Me detiene Alan agarrándome del buzo con tal fuerza que me hace volver a caer sentado — No hagas nada todavía…
— ¿Pero qué dices? No ves que necesitan ayuda con urgencia…— Exclamo alarmado, pero me interrumpe
— Solo cállate y enfócalos otra vez…
Con la frustración de antemano, y de no poder acercarme porque mi idiota compañero no quiere que lo haga, nuevamente vuelvo a enfocar la luz del celular en ellos, más específicamente en sus inexpresivos rostros casi cubiertos con su cabello notoriamente grasoso y grumoso por la suciedad, sin saber ahora que es lo que quiere que vea.
—…No tengo idea de cuánto tiempo llevan aquí, pero por algún motivo, ellos están bien...
— ¿Eres imbécil? ¿Piensas que ellos están bien en ese estado tan lamentable? — Le reclamo dándole un ligero golpe en su hombro
—…Observa bien, están muy abrazados y lo más importante es que están juntos, soportando esta funesta situación — Agrega susurrando con una sorprendente serenidad
— Entonces huevón, ¿Qué quieres que hagamos?
No me responde de inmediato, solo se queda viéndolos con ojos compasivos como si conociera su situación, y me contesta en un murmuro.
— Por ahora, es mejor que los dejemos así como están, hay que dejarlos dormir…
— ¿Seguro?
— Fresco, mañana temprano les daremos la sorpresa. Pero ahora, será mejor que descansemos… tuvimos un día realmente pesado
Sin nada más que agregar, se da media vuelta y se dirige a una de las esquinas de la celda. Enfoco la luz del celular hacia él, y observo como inspecciona con delicadeza ese fragmento de espacio antes de sentarse y acurrucarse en él… no sé cómo mierda lo hace, pero estar encerrado en una celda no parece afectar su estado de ánimo… o es que acaso estará meditando otra cosa.
— Alan…— Lo llamo — ¿Se te ocurre algo para poder escapar de este hoyo?
Alza su mirada apenas le pregunto, y al verme con ojos muy profundos, me responde con un murmullo.
— Todo a su tiempo… mañana entre los cuatro hablaremos de esto, ahora ve a descansar, ya es muy tarde
— Está bien, pero aun así…— Musito y volteo a ver a mi amiga, y verla tiritar levemente y sin cesar, me inquieta mucho, y eso que lleva encima parte de la chaqueta de piel color beige oscuro — Viviana…
Murmuro su nombre varias veces sin darme cuenta, y pese a la inquietud que no me deja en paz, me retiro y me ubico en la otra esquina y me siento en ella, preparándome para soportar la helada y temible noche, y aun así, no la dejo de mirar con pesadumbre. Para sacarme de esta sensación desasosiega y por lo menos poder dormir, me distraigo un poco con el celular, jugando a los Angry Birds hasta estar más relajado. Veo la hora, que marca la 1:47 am, lo apago y me dispongo a descansar.
— ¿Te preocupas por ella? — Me despierta de repente con esa pregunta, por supuesto levanto la mirada con un poco de ansiedad, enciendo de nuevo el celular y enfocando la luz hacia él, le respondo
— Si, y no sabes cuanto
— Bien — Esboza una leve sonrisa y me responde — Entonces permítame alivianarte un poco…
De pronto se levanta aferrándose de las paredes, y luego veo que empieza a quitarse el buzo.
— ¿Qué haces? — Inquiero con un poco de confusión
Me ignora, y al quitarse el buzo dejando su torso vendado al desnudo, se aproxima lentamente hacia ella y le coloca la prenda encima de sus hombros.
— Sé que es inútil hacer eso pero, por lo menos quiero que veas que estoy igualmente preocupado, y que quiero preservar su bienestar
— ¿Estás seguro de hacer esto? La noche va a ser muy dura.
— Lo sé, pero no necesito tu lastima — Me contesta con voz apagada, sin dejar de mirar a Viviana, y veo antes de alejarse como acentúa su leve sonrisa y le aparta un poco su cabello para acariciarle varias veces su mejilla derecha con la parte externa del dedo índice — Estaré bien, solo preocúpate en dormir un poco para mañana
Se retira a su esquina y acurrucándose, se acomoda lo más posible, abrazándose a sí mismo para soportar el frío.
— ¡Mmm! Si tú lo dices socio…
…
Me despierto irritado, apenas abro los ojos, los rayos de luz que atraviesan la pequeña ventana con barrotes me dan directo. Amanezco con mucho frío, con cansancio, con una torticolis y también con mucho dolor de espalda y en especial las nalgas, sin duda alguna fue una de las noches más asquerosamente incomodas que he tenido que pasar, apenas si pude dormir. Antes de levantarme y estirar mis adormecidas piernas, entrelazo mis dedos y llevo mis brazos hacia arriba para estirar mi torso, tronando mi cadera de paso, luego saco mi celular del bolsillo derecho del jean y lo enciendo para ver la hora… Son las 7:05 am, todavía es muy temprano. Como quisiera dormir otro rato más, pero en estas circunstancias y la poca higiene más el hedor a basurero de esta asquerosa celda, no creo poder hacerlo…
— ¿Dormiste cómodo? — Me interrumpe Alan preguntando con cierta sobriedad
— Para nada socio…— Le contesto con voz apagada, y apago el celular poco después
Volteo la mirada a mi izquierda mientras tanto, y veo que todavía sigue acurrucado, cruzado de brazos y temblando levemente, aterido por tener el torso y brazos al descubierto toda la noche.
— ¡Wow! Creo que por tu parte, no hace falta preguntar como amaneciste — Comento al ver en su mirada perdida, unas ojeras muy oscuras
— Ni lo menciones, no pude pegar el ojo en toda la noche
— Se te nota, te ves horrible — Vuelvo a comentar, levantándome de esa esquina para espirar mis piernas
— ¡Hmm! Gracias por el cumplido, tú también te ves guapo — Me responde con un poco de sarcasmo, y veo que también se levanta de su esquina, pero empieza a examinar en interior de la celda, tocando una de las paredes — ¿Sabes? Anoche mientras dormías, escuché a través de la puerta, algunos comentarios de esos malditos ponis
— ¿Ahh si? ¿Y que dijeron?
— Fueron comentarios despectivos y horribles sobre nosotros. Más tarde te lo explico
Por plena curiosidad, sigo la dirección en donde va esa profunda y apagada mirada, contemplando es aspecto sucio y depresivo de este hoyo, y la poca luz que llega evidencia su estado, además de volver a conmoverme al observar con detalle a Johan y a Viviana en sus estados mas lamentables, tanto que no entiendo como no me estoy quebrando en estos momentos. Alan me ve soportando esto y me dice.
— Llegó la hora, despertemos a "La bravucona" y a "Ojitos lindos" — Rio al oír los apodos impuestos, cosa que agradezco un poco de humor en estos momentos
— De acuerdo pero… ¿Sabes algo? Se me acaba de ocurrir una buenísima idea
— ¿Mmm? Una idea…
— Si, ¡Por qué no lo sorprenderlos! — Exclamo un tanto entusiasmado
— ¡Hmm! No es un mal concepto, ¿Se te ocurre algo?
— Claro, es simple. Primero hay que ser discretos y luego…
Le susurro la pequeña idea en su oído derecho, y al oírlo asiente positivamente con la cabeza, accediendo a ella sin objetar. La idea es sencilla, solo nos ubicamos en nuestras respectivas esquinas y buscando algunas piedrecillas sueltas, se las tiramos en la cabeza para que despierten… el objetivo es que queden confundidos cuando lo hagan y que se pregunten al respecto, para luego darles la sorpresa.
Lo llevamos a cabo, ubicándonos justo en nuestros puestos, y entonces busco a mi alrededor algunas piedras. Solo encuentro un par de ellas, más bien encontré un par de pedazos de loza suelta, perteneciente al suelo o quizás al techo del calabozo, y preparándome al igual que mi compañero, empiezo a tirárselas a Johan. El primer tiro solo llega a rozar su mejilla sin reacción aparente, intentándolo de nuevo con el siguiente, le doy justo en la sien, esta vez reacciona con el pequeño golpe, haciendo un gesto de incomodidad y soltando un pequeño y molesto gemido.
Es el turno de Alan ya que no me quedan más loza al alcance, le lanza deliberadamente un par directo en la cabeza de Johan, y este al fin reacciona de manera que se pudo despertar, abriendo lentamente los ojos y se frota los susodichos con la mano izquierda, luego ve a Viviana que duerme a su lado y un poco a su alrededor con una mirada muy deprimida y se lleva la mano izquierda de nuevo hacia su rostro, limpiando algunas lágrimas que se asomaron y corrieron por sus mejillas. Gimotea con la cabeza agachada y con voz usualmente quebradiza.
—…Es inútil… ya no soporto esto, por qué todavía no logro morir aquí…
Esas palabras me impactaron, Alan también se sorprende… no puedo creer lo que acabo de oír, mencionando esa frase tan vacía de esperanza y tan llena de depresión, algo les debió pasar en todo el tiempo que permanecieron aquí como para, mencionar tal frase… Calmándose después de unos minutos, vuelve a ver a Viviana y entonces sus ojos se abren como platos al percatarse del buzo color café oscuro que Alan le puso encima la noche anterior. Con una expresión confusa, la sacude suavemente agarrándolo del hombro derecho para despertarla. Se despierta esbozando un gesto de tristeza y al igual que Johan, abre lentamente sus ojos y al verlo de inmediato, agacha la cabeza y gimotea en silencio.
—…Viviana…— Musita Johan
—…— No responde por estar ensimismada en su notoria depresión
—…Dime, ¿Desde cuando tienes esto? — Inquiere agarrando el buzo y mostrándoselo justo al frente
En ese momento ella abre más sus ojos y estando muy confusa, responde con voz muy débil.
—… ¿Qué es esto?… Yo, n-no, no recuerdo…
— ¡Hey! — Exclama Alan desde su lugar con voz alta, dándoles la sorpresa — Pasé frío toda la puta noche para que tengan ese buzo. Por lo menos quiero oír las gracias…
Absortos por oír ese tono de voz, voltean rápidamente la mirada en esa dirección y se quedan petrificados al verlo con todo y torso vendado y esbozando una gran sonrisa. Rápidamente se dan cuenta también de mi humilde presencia, y se me quedan viendo con rostros de extrema impresión, esa impresión que tenia mezclas de alegría extrema y excitación junto con el justificado temor e incertidumbre. Aun sin emitir palabra alguna por la sorpresa, simplemente los saludo.
— Muchachos, cuanto tiempo sin verlos…
