Narración de Alan:

Es estremecedor y memorable este momento, el decrepito y melancólico ambiente se impregna de fuertes y cálidas emociones. Los sentimientos encontrados al vernos sin duda apaciguan nuestro ya maltratado espíritu, llenándola de esperanza y felicidad… sin sonar cursi, claro…

Es comprensible que continúen en shock después de nuestro saludo, con sus semblantes claramente boquiabiertos y los ojos como platos. Daniel y yo simplemente nos cruzamos de brazos y esbozamos una gran sonrisa, esperando sus reacciones… sin embargo, continúan petrificados.

— ¿Qué pasa chicos? Hace tiempo que no nos vemos, ¿Y no van a decir algo?

Como queriendo comprobar que somos reales, Johan deja caer al suelo de la impresión, la prenda que le puse a Viviana encima. Se incorpora con lentitud y con torpeza y a su vez sujetándose de su costado izquierdo con la mano derecha, avanza un par de pasos al frente gesticulando dolor mientras lo hace. Percatándome luego, que su labio inferior comienza a temblar, hace el intento de proferir unas palabras estirando y señalando con su otra mano hacia nosotros.

—…Ustedes… muchachos…

— ¿Te encuentras bien socio? Te noto un poco descuidado — Acota Daniel en una tonalidad alegre y llevándose sus manos a la cintura

(Música de fondo: Sorgens Kammer – Dimmu Borgir)

En ese emotivo momento, sus ojos se encendieron y su rostro se ilumina y esbozando de modo titubeante una gran sonrisa, exclama en un solo grito.

— ¡PARCEROS!

Se precipita hacia nosotros con una felicidad casi indescriptible y llegando con energía e ignorando el momentáneo dolor, nos da un fuerte abrazo, agitando a la vez y con fervor nuestras melenas.

— Parceros en verdad son ustedes, están muy cambiados, casi no los distinguía por sus barbas… Ha pasado mucho tiempo…

— Lo sé — Le contesta Daniel devolviéndole el abrazo y dándole varias palmadas en la espalda — Ya empezaba a extrañar tu fea cara

— ¡Jajaja! ¿Todavía sigues con la envidia? Veo que no vas a cambiar… ¡Supéralo hombre! — Le devuelve la broma y reímos juntos. Luego me dirige la mirada y exclama— ¿Y tú qué? ¿Pensé que ya habías estirado la pata?

— ¡Jeje! ¿Te sorprende? Pues no deberías hacerlo — Bufo con él por un rato, colocando una mano encima de su hombro — Por ningún motivo, no podía dejarte solo y mucho menos con una dama. Aunque ya te haya crecido la barba y el bigote, todavía eres un culicagado

— ¡Hmm! ¡Mira quién habla! ¡El que hace maricadas! Veo que sigues siendo el mismo engreído de siempre ¡Jejeje!

Después de esa hilarante bienvenida, cortamos el pequeño abrazo. Daniel da un cuarto de giro y se fija ahora en Viviana, que todavía se halla de rodillas en el suelo y viéndonos con enorme impresión; Supongo que todavía no se lo cree, aún no dirigiere el hecho de que estemos aquí.

— ¡Viviana! — Exclama Daniel en voz alta y se aproxima a ella, tirándose de rodillas y dándole un fuerte abrazo — Viviana, por fin te encontramos, nunca me imaginé que estuvieras aquí

—…— Aun con la impresión, no le devuelve el saludo

— ¿Qué pasa Vivi? ¡Soy yo, Daniel! ¿Aún no me reconoces?

De repente, unas lágrimas se asoman por parte de ella y de inmediato le correspondiéndole el abrazo, derramando un par de estas encima de su hombro izquierdo. Le contesta con voz muy temblorosa.

—…Daniel, estás acá…

Por algún motivo, al verlos, sonrío con franqueza y también me enternezco al oír nuevamente su angelical voz. Daniel corta el abrazo para responderle mirándola fijamente.

— Así es, esos malditos ponis nos secuestraron y nos metieron aquí en este hoyo, pero volviendo a verte, creo que fue lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo — Con delicadeza, le aparta un poco su cabello del rostro para mirarla a los ojos — Ya no sufras más, veras que saldremos de aquí ni bien Alan se le ocurra alguna idea. Ya lo conoces, él es un puto genio a la hora de improvisar

— ¿¡Alan!?

Exclama conmocionada al mencionar mi nombre y tanto Johan como yo, nos acercamos a ellos ubicándonos al lado de Daniel, al mismo tiempo ella me observa conmovida y antes de que diga algo, me pongo en cuclillas y tomo sus frías manos, saludándola con voz alegremente serena.

— No quiero aparentar ser un disco rayado pero, como dijo Daniel. Finalmente te encontramos… es un gusto volver a verte

— Alan… tú…

— ¿Qué tienes? Te veo asustada…

Dándose a entender que esto en verdad está sucediendo, entrecierra fuertemente sus ojos y hace un gesto apretando levemente sus labios, tratando de ser fuerte y no quebrarse, pero un par de nuevas lágrimas se le escurren entre sus parpados. Agacha rápidamente la cabeza para que no la vea llorar y al hacerlo, los mechones vuelven a cubrir su rostro.

—…No tienes idea… del infierno que tuvimos que pasar…

Esa frase que acabo de oír me hizo pensar un poco, ya que la veo en ese estado… tal frase mencionada con esa aflicción, me hace volver a la memoria esa pesadilla y a la par, está empezando a dolerme las cicatrices de mi abdomen… no sé tú, pero creo que ignoras lo que también pasé…

— Desde el día en que nos metieron acá… soportamos los días calurosos, las noches heladas, la espantosa comida y estar pudriéndonos entre nuestra propia asquerosidad… es horrible. ¿Pero sabes? A pesar de todo esto y en medio de toda esta oscuridad, no he dejado de pensar en ustedes dos ni por un segundo…— Se suelta de mis manos para poder limpiarse algunas lágrimas que corren en sus mejillas y la nariz para proceder —…Lo siento, lo siento mucho…

— ¿Qué lo sientes? No entiendo ¿De qué estás hablando? — Interpelo un tanto confundido.

—… ¿Sabes… sabes lo más horrible de toda esta pesadilla? — Niego con la cabeza con incredulidad, prestando más atención a lo que va a decir, así que se suena fuerte la nariz y continúa — Lo más horrible fue… fue aguantar las burlas, los abusos y los ultrajes de esos malditos pegasos, que vienen acá solo para disfrutar nuestro sufrimiento. Algunos de ellos manifestaron que… que ustedes no sobrevivirían en el hospital, que no había esperanzas para nosotros y que nos quedaríamos aquí hasta pudrirnos… traté… créeme que traté de ignorarlos con todas mis fuerzas, pero los días pasaron y esas repugnantes palabras fueron cada vez más duras y abrumadoras, retumbándose dolorosamente en mi mente cada segundo que… que caí presa del tormento y al final, terminé por creerles

— Ohh, vaya — Exclamo con un murmullo, viendo con algo de impotencia como trata de aguantar ese daño acumulado.

Con la mejor de mis intenciones, llevo mi mano derecha detrás de su cabeza para arrullarla y así apaciguarla, pero tan pronto ella ve lo que pretendo hacer, aparta mi mano con una palmada exclamando.

— ¡No me toques!…

— ¿Hmm? — Me sorprendo ante tal reacción

— Por favor, te ruego que no me toques. Soy una vergüenza para ti, estoy… estoy totalmente asquerosa y apesto, apesto horrible… y tú, tú estás inmaculado en comparación. Creo que haz de sentir asco viéndome ahora, y no te culparía si es así

Me enervo al oírla, a tal grado de lograr irritarme. Mientras ella se mortifica a si misma infravalorándose, volteo vehemente la mirada y analizo con sobriedad a Johan que también anda decaído, talvez sintiéndose aludido ante los comentarios, razón que me hizo enojar cada vez más. Ya harto, me incorporo con leve brusquedad y retrocedo un par de cortos pasos queriendo alejarme de esa agobiante aura de negatividad y por mera casualidad, piso el buzo color café que Johan dejo caer momentos previos, así que lo levanto y lo sacudo varias veces para quitar el polvo y la mugre que tiene adherido. Me aproximo hacia ella otra vez y le coloco el buzo en sus hombros, por su puesto, ella arquea ambas cejas y se sorprende al realizar ese pequeño gesto y aprovechando la ocasión, me pongo de nuevo en cuclillas, le sujeto con delicadeza su mentón para alzar su mirada y al verla directamente, declaré.

— En estos momentos, me importa una mierda como luzcas, eso es lo de menos para mí y para todos. Pero necesito que me escuches muy bien: No quiero volver a oírte decir eso jamás. Tú, eres una luchadora y una gran mujer que sabe sobrellevar las peores dificultades sin importar los sacrificios — La suelto de su mentón para tender mi mano encima de su mejilla derecha y la rozo varias veces con el pulgar para continuar — Te conozco muy bien. Tú podrás ser muchas cosas, pero nunca una vergüenza, es más, quiero verte alardear como siempre de lo extraordinaria que eres, ya que por lo menos para mí, eres mi más grande orgullo

— ¿¡Ahh!? — Exclama aturdida y alza más su confundida mirada. Esbozo media sonrisa y retomo

— Sé lo que hiciste para salvarme. Hasta ahora nunca creí que tú pudieras hacer semejante locura a costa de tu vida, y solo porque yo continuara existiendo una vez más… Te juro que nadie, absolutamente nadie ha hecho tanto por mí, la verdad, no pensé que te importara tanto por mi bienestar

Acentúa una leve sonrisa como respuesta ante mis palabras, y también aparta con delicadeza mi mano con la que le he estado sujetando, solo para colocarla encima de su regazo mientras va acariciándola con sus dos pulgares. Agachando su cabeza y sonriendo muy sutilmente me pregunta con voz quebradiza.

— Alan, ¿No recuerdas esa noche en ese palacio de cristal? — Enmudezco brevemente al recordar aquel casi fatídico momento — Mientras estabas en el suelo y agonizando a mi lado, te había dicho con toda mi alma lo importante que eres en mi vida… no soporté verte hecho un desastre y cuando cerraste los ojos y dejaste de respirar, sentí un horrendo sabor amargo y sentí también, que parte de mí acababa de morir… fue, el peor día que he vivido…

— Wow… — Solo exclamo azorado, sinceramente no me esperaba eso. Agacho la cabeza al igual que ella y le contesto — No sé qué decir frente a eso, siendo franco, no estuve lo bastante lucido. Lo poco que recuerdo sobre lo que pasó en esa oscura noche, es muy borroso… lamento no tener la alusión de lo que me dijiste

— Descuida, conociéndote sabía que lo olvidarías, porque no importa cuánto tiempo pase o cuanto puedas cambiar, siempre serás para mí, un tonto olvidadizo — Ríe suavemente y yo también rio con suavidad junto a ella. Después de ese pequeño momento, observo como se limpia algunas lágrimas que rodaron a su mentón con la manga de mi buzo y estando en esa misma posición, vuelve a lamentarse ahora con voz muy apagada — ¿Pero te confieso algo? Te agradezco mucho por esas cosas tan bonitas que dijiste para sentirme mejor, ¡Enserio! Aun así, no me siento digna de merecer tu compasión

— ¿Y ahora por qué dices eso? — Inquiero

— En esa noche también, tú me hiciste prometer que… que mantuviera la frente en alto y que siempre sonriera no importa lo que sucediera. Quise cumplir lo que me dijiste y afrontar esa responsabilidad por mí y por Johan para salir adelante lo más que pudiera… lo siento, realmente me siento muy mal, el tratar de soportar todo este martirio durante semanas, realmente no pude hacerlo… Durante mucho tiempo, siempre quise dar la imagen de chica ruda, de alguien que es arriesgada, atrevida, segura de sí misma y la que afronta las cosas con confianza. Pero a la hora de la verdad, frente a todas esas cosas, solo me hacen ver pequeña, que me hacen ver que todavía me asusto por todo… y en realidad me siento así…

Aprieta con fuerza sus dos puños y al verla entre sus mechones, hace un fuerte gesto apretando sus labios y cerrando bien sus ojos, gimoteando varias veces y haciendo un enorme esfuerzo por contenerse. Levanto la mirada y me doy cuenta de que no solamente ella está en ese estado, los demás también se encuentran cabizbajos y saboreando la penosa lastima después de oírla. En ese instante, Daniel se arrima a su lado derecho y al ponerse en cuclillas, le tiende una mano hacia su hombro y la conforta.

— Basta Viviana, no siguas dañándote así. Tú eres fuerte, muy fuerte…

— ¡Ahh! — Exclama levantando la mirada

— Es verdad…— Añade Johan, aproximándose a su lado izquierdo y arrodillándose, sujeta una de sus manos — Eres más fuerte que ninguno, y te confieso que gracias a tu compañía y tu voluntad, es que he podido tolerar este infierno por mucho tiempo…

— Viviana…— Finalizo acercándome un poco más hacia al frente, rodeándola con nuestra presencia — Tuviste que cargar con mucha responsabilidad encima durante todo este tiempo, y eso es muy difícil de soportar. Créanos que compartimos tu dolor… yo en especial, ya que en varias ocasiones tuve que sobrellevar todos tus problemas y preocupaciones, además de lidiar con la culpa de no cuidarlos, y en un punto mi fortaleza humana no lo soportó y me desmoroné… pero un día, cierta enfermera que tiene un buen corazón me dijo que dejara a un lado todo lo malo en el pasado y que afrontemos el ahora con mejor expectativa, y ya que estamos todos reunidos, todo va a mejorar…

—… ¿D-De veras? — Inquiere con un gimoteo y sonándose la nariz

Afirmo con la cabeza y con una sonrisa, a la vez que lentamente, tomo con delicadeza su mano derecha mientras me le acerco a su oído y le susurro una petición.

— Desahógate…

— ¿¡Cómo!?

— Viviana, tienes que desahogarte para superar este trago amargo, deja que tus lagrimas limpien tu dolor. Solo así vas a liberar esa pesada carga que has estado llevando sobre tus hombros…

Nos cruzamos las miradas mezcladas con calidez, compasión y una pizca de desasosiego. Pero rápidamente entiende lo que tiene que hacer e inhalando y exhalando titubeantemente un par de veces, estalla en un profundo llanto, recostándose sobre mi pecho y agarrando a la vez y con fuerza el brazo derecho de Daniel, atrayéndolo consigo.

— Chicos…— Nos menciona entre sollozos — Lo lamento, en verdad lo lamento muchísimo… solamente es que… es que los eché mucho de menos…

— Descuida Vivi… Nosotros también te estuvimos extrañando y no tienes idea de cuánto sufrimos al no tenerte a nuestro lado — Lo disculpa Daniel abrazándola por su costado

— No tienes por qué lamentarte, lo que sientes es simplemente consecuencia de nuestra negligencia — Agrego con voz baja, aprovechando la ocasión para disculparme — Perdónanos por causarte tanto dolor. Te juramos que seremos más fuertes para que no tengas que preocuparte nunca más

—…Chicos…

Pasa una larga hora desahogándose, y entre grandes sollozos que anegaron la celda y nuestros oídos, se arranca por fin de su interior todo ese sentimiento que dañaba su corazón y su gran y joven espíritu, inclusive recibimos esas malas vibras en un punto que logró contagiar ese llanto por unos minutos. Ahora se halla totalmente cambiada, feliz, relajada y desprendiendo un aura muy liberadora. Contagiándome de esa sensación, solo me indica una cosa… Al fin estamos juntos de nuevo… Los muchachos también se sumergen en dicha aura, sintiéndose más alegres y con una nueva motivación marcada en sus mentes. Sin duda, nuestros lazos se han fortalecido y nada ni nadie puede romperlos, ni siquiera esta pestilente prisión y sus malditos guardias.

Los rayos del sol que se filtran por la angosta ventana con barrotes, se intensifican, y al ver a mi compañera que todavía se encuentra aferrada a mí, la percibo agotada por el llanto. Pese a la suciedad que la rodea, acaricio lenta, delicada y constantemente su cabello para brindarle el cariño que ahora necesita, pero antes de dejarla descansar por todo este cambio brusco de emociones, esbozo media sonrisa y murmuro.

— Viviana

— ¿Hmm? — Exclama levantando la mirada y viéndome desde su posición

— Tengo algo que decirte…

Con una leve sonrisa, se incorpora de torso para verme de frente y con una pizca de azare, se acomoda el pelo hacia atrás y claro, sin perder su expresión. Ahora al verla claramente con esos ojos hinchados y la nariz roja, no sé cómo, pero solo agacho un poco la cabeza y sonrió con ella también.

— Dime, que quieres decirme — Me responde con voz baja y sonándose suavemente su nariz

— Viviana, por la locura que hiciste para salvarme… gracias. Te estoy en deuda

— No tienes por qué hacer eso, tuve que hacer lo que debía hacer… no podía perderte de esa forma. Tenía que salvarte de algún modo, y para cuando se me presento esa maravillosa oportunidad, no lo pensé dos veces. No me importaba si moría en el proceso…

— Y es por eso que te agradezco enormemente, y te quiero decir ahora, que te tengo en mucha más estima que antes, más que ningún otro en el mundo — Con el afecto que siento ahora, la tomo de ambas manos y continúo — Cuando salgamos de aquí y estemos lejos de estos malditos ponis, pídeme lo que tú quieras, y yo te lo concederé

— ¿Cómo?

— Como lo oíste, quiero concederte lo que tú más anhelas, no importa si es algo absurdo o si es difícil de encontrar o cumplir, te lo puedo jurar, haré que se te vuelva realidad

Enmudece por un segundo y entrelazando tímidamente sus dedos con los míos, me contesta con una pregunta.

— ¿Enserio juras que cumplirás?

Afirmo con la cabeza, contestándole con honestidad.

— Si es así, entonces, ¡Quiero pedirte algo ahora mismo!

— ¿Ahora? — Inquiero un poco sorprendido, a lo que ella afirma con levedad la cabeza

— Alan, lo que quiero pedirte no es nada material, lo que quiero en verdad es… es que no me vuelvas a abandonar

Arqueo ambas cejas oyendo tal petición, claramente sé lo afligida que todavía está y bueno, puedo entenderla.

— ¿Eso es lo que en verdad quieres? — Le pregunto en voz baja para confirmar

— Si…— Afirma con el mismo tono de voz. Soltándose de mis manos y acercándose un poco más, se recuesta levemente sobre mi hombro derecho y procede ahora nuevamente con voz parcialmente quebradiza mientras coloca su mano derecha por sobre mi pecho y acariciándome un par de veces —…Ya te mencioné lo realmente devastador que fue cuando me dejaste. Realmente odié el hecho que tener razón cuando, al ignorar mis suplicas y advertencias, era realmente peligroso que permanecieras en aquella situación y también odié verte sufrir cuando te lastimaban mientras peleabas, arriesgándote por todos. Pero más que odio, fue una dolorosa tristeza lo que padecía… no sé si vuelva a soportarla si me dejas otra vez…

Al oírla, me di cuenta de otra cosa. Una sensación oculta se ha estado compartiendo entre los dos desde el momento que nos separamos la noche del infortunio en la ciudad de cristal: Soledad… pero a diferencia de la típica soledad en la que cuya presencia me acostumbré desde hace muchos años. Lo que sentimos en realidad fue una profunda y negra tribulación que logró desolar nuestras esperanzas…

— Mi niña…— Murmuro con cierta nostalgia, levantando su mirada sujetándola con la mano derecha suavemente debajo de su mentón y observando también, como un par de lágrimas empiezan a brotar. Me veo en la necedad de limpiarlas antes de que rodaran por sus mejillas, secándolas lentamente con ambos pulgares, y sonriéndome al hacerlo, finalizo con un largo beso en la frente. El débil y apagado sonido de dicho beso al culminar hace eco y le susurro — Así será entonces, jamás volverá a ocurrir algo así ya que ahora en más, estaremos unidos no importa la distancia o las circunstancias ¿Y te digo el por qué?

— Po-por favor, dímelo…

— Eso es porque ahora tu sangre, fluye con ardor y pasión entre mis venas, símbolizando el sello absoluto de nuestra unión

— ¡Ohh! Alan…— Exclama conmovida y ruborizada ante la vibrantes palabras, y al abrazarme fuertemente después de oírme, me da a entender lo agradecida que ahora está al permanecer a su lado.

Minutos luego de declararle todo lo que tenía guardado, al fin duerme plácidamente encima de mi torso, y durante ese breve momento y recostado de media espalda en la pared, le estuve arrullando para ayudarla a descansar, justo cuando me disponía a dormir también debido a que permanecí la noche en vigilia, volteo levemente la cabeza a mi izquierda y veo que Johan y Daniel nos miran un tanto aliviados pero también abrumados.

— ¿Y ustedes qué? — Inquiero

— Hmm… No nada, solo que, al verlos así de juntos, me hace pensar…— Se excusa Daniel con un poco de ironía en sus palabras —… ¡Jeje! Odio admitir esto pero, a veces me das un poco de envidia

— ¿Ah sí? — Inquiero arqueando una ceja — ¿Y de qué modo?

— Bueno, tú siempre sabes que decir sobre este tipo de cosas, y lo haces sin tapujos y con decoro… creo que en ciertos aspectos, tu elocuencia, y la forma tan sutil y correcta de tratar a las personas es perfecta; al mismo tiempo también me he dado cuenta, de que tu lengua es tan afilada que tienes la capacidad de destruir a cualquiera y conservando la elegancia… a veces desearía tener esa jodida labia que tu posees

— ¡Jejeje! Si quieres hablar como yo, pues entonces la solución es simple. Deja de ser un idiota y aprende a expresarte de modo correcto y educado, y la mejor forma de hacerlo es enriquecer tu lengua. Y que mejor manera de hacerlo que abrazar la literatura, créeme, en tu caso te hace mucha falta…

— Sabiendo cómo eres, creo que te hace falta más que solo eso, a veces tu carisma deja mucho que desear ¡Jeje!— Bromea Johan con él, riendo con sumo sarcasmo, por supuesto Daniel solo esboza un gesto ceñido y se cruza de brazos — ¡Jajaja! Pero fuera de chiste, Daniel dio una buena observación; es curiosa la forma en el que te dirigiste y le hablaste a Viviana, de un modo tal que… ¡Jejeje! Si no los conociera, diría que forman una bonita pareja

Analizo por un momento lo último que dijo… Ahora que me doy cuenta, mi comportamiento con ella fue un poco raro, más allá del profundo regocijo que sentía en ese instante y pensando con más detenimiento, Viviana casi nunca me habló de manera tan nostálgica y cariñosa. Entiendo que justificadamente se deba a que me estuvo extrañando junto con Daniel, pero eso no explica el por qué no se dirigió a mi compañero de la misma forma… ¡Hmm! Quien sabe, a lo mejor eso tenga alguna explicación razonable…

— ¿Tú crees que nos volvimos así de empalagosos? — Interpelo dirigiéndome a Johan

— Solo fue una opinión parce, no estoy diciendo que en verdad lo sean… ¿O sí?

— Pues, francamente tengo mis dudas. Viviana es una gran compañera, muy agradable pero también bastante ruda, casi siempre tiene una actitud dominante y controladora para con nosotros, pero eso no impide verla como una verdadera amiga… mmm, pero lo que hizo por mí, redefinió todo ese concepto y ahora la veo con otros ojos… no lo sé, talvez, lo que siento ahora por ella quizás… quizás sea algo más que solo una amistad

Ambos quedan boquiabiertos ante mi contestación, comprensible por el modo tan incoherente en el que me estoy comportando, o eso es lo que creen.

— ¿Cómo así Alan? No me digas que… ¿Lo estas confesando?

— ¡Wow! Entonces quieres decir que…— Añade Daniel sin dejar de mostrar su expresión perpleja — ¿Que te gusta en verdad?

— ¡Muchachos, no se confundan! — Murmuro con un toque satírico y burlesco — No me refiero a eso que ustedes están malpensando, cuando dije que la considero más que una amiga, véanlo de esta otra forma, simplemente la veo como si formara parte de una familia, algo así como la hermana menor que nunca tuve. Una cariñosa hermanita que por extraño que suene, siempre quise tener

— ¡Ahh ya veo! — Exclama ambos al unísono luego de aclararles el malentendido. Johan agrega — Ya se me hacía muy pero muy raro que tú, el frio y misántropo Alan, se haya enamorado de alguien al que, valga la redundancia, repudias por su naturaleza humana

— ¡Jejeje! Hasta me sorprendería a mí mismo si eso llegara a ocurrir — Le respondo riendo suavemente

— ¡Pero qué te pasa!…— Exclama Daniel añadiendo la conversación — Sin importar si tienes o no esa "Condición", no entiendo que tiene de malo si te gusta alguien. Enamorarse de una chica tan linda como lo es Viviana es muy común, ya sabes, eres humano al igual que todos nosotros, y hasta tú sabes que no puedes evitar tus instintos

— Sí, y es por eso que reafirmo mi filosofía…— Me dirijo a los dos con el mismo semblante y me aclaro la garganta —… ¿Quieren saber algo? Ya que les voy a ser totalmente sincero: Viviana es alguien que con su gran carisma y fortaleza, ha sabido cómo ganar con creces un lugar importante en mi pequeño corazón y a la vez, sé que ese esfuerzo y sentimientos son mutuos. Tanto la aprecio, que no pienso arruinar esta relación con algo tan superfluo y estúpido como lo es un enamoramiento.

Hago una corta pausa antes de proceder.

— Muchachos, no quiero sonar cruel o aparentar ser sabio pero, "El amor"… ese gran sentimiento que todo el mundo gira alrededor, ya le perdí el respeto desde hace años… no sé si me comprenden, pero apuesto que hasta ustedes ocultan la cruda realidad de las cosas. El enamoramiento tan sólo es una simple ilusión. Un eufemismo que cubre nuestros instintos más primitivos, egoístas y sucios; y cuya finalidad consiste en atar esa brecha que nos permite saciarla

Confundidos por lo que dije, traté de darle otro enfoque para que pudieran entenderme.

— En otras palabras, si Viviana fuera una sucia perra como la gran mayoría de las mujeres que conozco, aceptaría el hecho de emparejarme, pero únicamente con el propósito de fornicarla hasta satisfacer mis estúpidas necesidades fisiológicas y la desecharía al final tal cual condón usado… pero como ya saben, ella es única y maravillosa, por eso lo que siento por ella abarca por lejos, más allá que sólo el sobreevaluado amor de por sí y cada segundo que paso junto a ella, me siento como si estuviera en mi hogar, no importa en donde esté

— ¡Wow! De acuerdo, ya entendimos lo que nos quisiste decir, pero socio… no tenías que ser tan explícito, explicando ese aspecto — Aclara Daniel aturdido

— Mmm… Es interesante tu planteamiento y a la vez es muy oscura tu forma de pensar, pero por todo lo que dijiste, me surge una duda — Irrumpe Johan queriendo preguntar — Ya que nos aclaraste lo que sientes por Viviana, ¿No te has puesto a ver la otra cara de la moneda, o sea, lo que ella siente ahora por ti? Solo mira lo feliz que está a tu lado, no había visto esa sonrisa desde hace mucho tiempo y solo tú se la sacaste. No lo sé, pero es un indicio de que… bueno, ya sabes…

Enmudezco por unos segundos, meditando nuevamente lo que pasó hace un rato. Sonrió con falsedad y le contesto en un tono grave.

— También estuve pensando esa posibilidad, y al sopesarlo, esa situación es algo a lo que temo. Muchachos, quiero confesarles algo más: Si ella estuviera enamorada de mí, el lazo que nos ata podría romperse ya que me sería imposible corresponderle ese maldito sentimiento que ella merecería, y créeme que terminaría por lastimarla, razón que me da bastante miedo si se torna una realidad… pero eso es ridículo, ella me conoce muy bien y sabe que soy totalmente incompatible con las relaciones amorosas, por eso dudo que en verdad lo esté. Confió en ella plenamente por eso

— Entiendo…

...

La charla se culminó de modo abrupto cuando nos estremeció el agudo sonido metálico de la puerta siendo golpeada tres veces seguidas, dirigimos nuestra atención hacia la susodicha puerta y enseguida vimos que la pequeña compuerta ubicada en la base de la misma se abre. Y en ella introducen un enorme cuenco metálico, lleno hasta al tope con una sustancia aparentemente extraña y desconocida.

— Ohh no, otra vez esa bazofia — Exclama Johan con un claro desanimo

— ¿Hmm? ¿Y ahora qué te pasa? ¿Qué se supone que sea esa cosa? — Inquiero sin dejar de mirar el cuenco, al mismo tiempo Daniel sin agregar nada, se aproxima a gatas hacia dicho objeto

— ¡Qué asco! ¿Qué es esta mierda? — Inquiere con expresión desagradada, mientras palpa la sustancia con el dedo índice una y otra vez— ¿Es… moco o algo por el estilo?

— Eso es… nuestro desayuno — Nos responde un poco entrecortado y sin abandonar su desaliento

— ¿¡Qué!?

Exclamando con extrañeza y con un claro signo de repugnancia marcada en su rostro, Daniel agarra un poco de esa pasta viscosa con la mano y al ver que parte de este comienza a escurrir entre sus dedos, lo lleva hacia su nariz para olisquearlo.

—…Que raro, no huele tan mal como yo pensé, de hecho, tiene un olor muy dulce — Comenta aún más extrañado, razón que se atreve a saborearlo para confirmar, llevando la pasta hacia su boca y precavidamente lo lame tres veces. Su reacción fue de asco total, escupiendo rápidamente lo probado hacia un lado y tirando la pasta que tenía en la mano hacia una esquina — ¡Puajj! ¡Es… espantoso!... ¡Ugggh! ¡Que puta mierda! ¡Todavía no se me quita el sabor! ¡Qué asco!

Sin querer, se me escapa una pequeña carcajada debido a su reacción. Y con enfado me lanza su ceñida mirada y me interroga.

— ¿De qué te ríes idiota? — Inquiere mientras se limpia la comisura de su boca un poco de su saliva que le quedó al escupir

— ¡Jajaja! Disculpa… pero es que debiste prestar atención a lo que había dicho Viviana hace un rato, sobre lo de la "Espantosa comida"

— Pensé que exageraba… pero no te estarás riendo cuando lo pruebes

— Mmm… no gracias ¡Jeje!

— ¿Con que no quieres, ehh?... Que marica tan cobarde eres

— ¿Cómo? ¿Me estás llamando cobarde?

— ¿Y que si es así huevón? Si no te gusta, te reto a que saborees esta mierda entonces — Exclama retándome y con un ligero empujón con el pie, arrastra el cuenco hasta estar a mi alcance

Asumiendo el reto, me atrevo a probar la viscosa pasta para averiguar qué tan mal sabe. Incorporándome levemente de torso para acomodarme y sin despertar a Viviana, Introduzco el dedo índice derecho en la sustancia y retiro una pequeña muestra, la llevo hacia mi nariz y la olisqueo un par de veces… Daniel no mentía, tiene un dulce aroma, es un poco rara esta mezcla… con una breve degustación, chupo la punta del dedo para probarlo.

— ¡Ohh… Dios mío sacro santísimo! — Exclamo con extrema repulsión a la sustancia, que de inmediato me supo a… varias mezclas de pasto, tierra, mierda y no sé qué otras cosas más tendrá… inevitablemente me atacan varias arcadas con tan solo pensar en dicho sabor, y para evitar el vómito, me giro bruscamente hacia un lado para aguantarlo. Entre varios tosidos y arcadas, logré contenerme, pero el movimiento brusco que hice al ladearme, provoqué que mi compañera se despertara de su no tan profundo sueño.

— Alan…— Me llama incorporándose de torso, quedándose solamente de rodillas y mirándome con un aire innecesario de preocupación al verme aguantar el malestar

— Viviana — Volteo a verla con la pesadez del momento — Que pena contigo, te desperté

— Ahh si… pero descuida. ¿Te pasa algo?

— No es nada, no me pasa nada, solo, vuelve a descansar por favor — Le respondo con la respiración un tanto agitada

— Descuida, ya no lo necesito

— ¿Segura?

— ¡Ajá! De todas formas, el hedor de esa espantosa mierda me estuvo fastidiando desde entonces — Afirma señalando el cuenco

— ¿Cómo? — Interpelo extrañado y arrimo el cuenco hacia ella — ¿Te despertó el aroma de esta cosa?

— ¡Uggh! ¡Aleja eso de mí! ¡No soporto tener esa cosa nauseabunda cerca! ¡El olor ya empieza a darme asco!

— De acuerdo — Accedo a su petición, alejando el cuenco lo más alejado de nosotros

Tras hacerle el pequeño favor, le hecho una rápida mirada al susodicho, y tras la curiosidad, meto la mano derecha entera y agarro una pequeña porción de mezcla, luego de observar su consistencia pegajosa, dirijo la mirada hacia los dos y pregunto tras tirar la porción en el suelo.

— ¿Supongo que esto es lo que han estado comiendo durante el tiempo que estuvimos ausentes?

Me compadezco por su situación cuando ellos afirmaron penosamente con la cabeza. Simplemente no logro imaginar lo duro que tuvieron que pasar al tener que consumir esta cosa… solo se forma la incomodidad de tener que verlos avergonzados, razón que no quise decir nada para agregar. Nos conformamos con dejar el mensaje usando nuestra expresión, que el pasado quedó atrás.

— ¡Huevón! — Exclama Daniel acercándose — Olvidemos este incomodo momento y dime. Ya que ahora estamos reunidos, ¿Se te ha ocurrido algún brillante plan para salir de aquí?

Vaya, es verdad, por un segundo olvidé el motivo de esta reunión... Aun sin responderle, me incorporo con un poco de torpeza, retiro el buzo color café que estuvo en el suelo, ya que al despertar a Viviana se volvió a caer de sus hombros, y me lo pongo mientras exploro cada rincón y cada pared de este infecto lugar, que a pesar de llevar no menos de nueve o diez horas encerrado, está mermando de a poco mi sanidad mental.

Tanteo y pateo unas cuantas veces las paredes para poder encontrar alguna falla o debilitamiento en las mismas sin éxito aparente, después le echo un ojo a las cerraduras de la puerta metálica oxidada que nos aprisiona, revisando sus complejos mecanismos, luego me doy vuelta y me precipito hacia la ventana y con un pequeño salto, me aferro a los barrotes de la misma para indagar que tan firmes están y aprovechando la ocasión, le doy un gran vistazo a la enorme panorámica árida e intimidante de la estepa que rodea la enorme torre. Analizando todo lo que pude alcanzar a ver, la enorme seguridad que contiene y los numerosos soldados que lo vigilan, me devuelvo hacia mis compañeros y sentándome junto a ellos y sin mostrar ninguna emoción, contesto en un tono seco y directo.

— Muchachos… no tengo nada

— ¿No tienes nada? — Preguntan todos al unísono

— Eso dije, no tengo nada

— ¿Y qué quieres decir con eso? — Inquiere Daniel

— Creo que ya está claro ¿No?... no tengo un plan. Ni una pequeña idea se me ocurre en estos momentos — Respondo con mi usual tono sereno, y apoyándome a un lado y con la mano derecha, mi cabeza, observando sus reacciones

— ¡Perfecto! — Exclama Johan con sarcasmo, incorporándose — ¿Y ahora qué?

— Cálmate viejo — Lo trato de tranquilizar, sin cambiar mi tono — Elaborar un plan es bastante complicado, más si se trata de un plan de fuga como este… Solo dame tiempo para maquinar algo convincente

Maldita sea, como odio tener que mentirle, o a lo bien, ocultarle toda la información. Solo espero que con esta pequeña calumnia, pueda ganar algo de tiempo para que se me ocurra una solución a esta dificultad … Ciertamente, con todo lo que vi a mi alrededor, incluido la enorme consistencia de las paredes de material similar al granito, las complicadas cerraduras de la puerta y más que nada, permanecer en una enorme torre que está fuertemente sitiada con enormes cercos, búnkeres y trincheras, con una numerosa cantidad de uniformados pegasos parlantes haciendo guardia las veinticuatro horas, ha logrado mermar enormemente mi autoestima. No se puede escapar de este lugar, es completamente imposible, aunque elabore un complicado plan digno de leyenda, no podría llegar lejos. No tengo a la mano ningún recurso, más que solo mi ropa, un celular muerto y un pedazo de pergamino… y dudo que los demás tengan algo que sea relevante; Tampoco tengo ningún aliado que me ayude, de hecho, viéndolo desde otra perspectiva, no tengo a nadie con quien contar. No se le puede depositar ni un gramo de confianza en estas criaturas equinas, ya que me demostraron que tienen la despreciable habilidad de traicionar… y yo que pensé, que el rey Sombra era el único equino con tendencias y comportamientos humanos… oficialmente, empiezo a repudiarlos.

En fin, no quiero destrozar las esperanzas de mis compañeros con tan solo abrir mi boca y decir la verdad, prácticamente dependen de mí para salir adelante, pero en este caso, odio estar en esta posición… ¿Por qué tengo que ser yo, el que haga todo el maldito trabajo? ¿Acaso no pueden pensar o hacer algo por sí mismos, o qué? Me cansé, esto me enferma…

— Muchachos ayúdenme, no pienso hacer esto solo, necesito de su apoyo por lo menos — Les exclamé para poder preguntarles — Díganme ¿Han intentado escapar por sus propios medios?

— Mmm… bueno — Balbucea Viviana, metiéndose una mano en el bolsillo de su ya desgastada chaqueta y hurga en ella — Hicimos un intento, tratamos de escapar forzando las cerraduras con esto

Saca de su bolsillo y mostrándomelas en frente, un par de desgastados y torcidos ganchos para el cabello, evidencia que fortalece su veracidad, se nota que han sido usadas muchas veces. Ese par de ganchos… podrían serme útiles en esta ocasión, ahora empiezo a desarrollar un plan.

Cuando iba a agarrar los ganchos, veo a mi costado derecho y con el rabillo del ojo, que Daniel se precipita hacia nosotros y en un movimiento de codo, se los quita de las manos de mi compañera antes que yo, y con un rostro iluminado, se retira y se aproxima a la puerta.

— ¡Daniel! ¿Qué haces? — Inquiero un poco irritado

— ¿Qué crees que hago huevón? Pues voy a abrir esta malparida puerta con estos ganchos…— Me contesta con un tono altanero, rápida y vehemente introduce los dos ganchos en dos de las cuatro cerraduras que contiene, y los mueve una y otra vez, tratando de destrabar el mecanismo

— ¡Idiota! ¿¡Acaso no oíste lo que acaba de decir Viviana!? — Interpelo espetando y haciendo énfasis a su distraído comportamiento — ¡Ellos ya lo intentaron y no pudieron!

Con expresión sobria y levemente ceñida, me levanto y me acerco detrás de él sin que aparentemente se dé cuenta, lo agarro de su hombro y lo empujo al costado derecho, apartándolo de la puerta.

— ¿¡Que te pasa!? Terminarás por quebrar los ganchos, no aparentes lo que no sabes hacer imbécil — Le riño mientras retiro los torcidos ganchos incrustados en las cerraduras

— ¡Oye! Al menos estoy intentando hace algo… ¿Y tú que haces aparte de estar sentado y sacar preguntas obvias y estúpidas? — Me reta inquiriéndome y devolviéndome el empujón

— ¡Ahh, con que te sientes competente hablándome así! — Exclamo con aire sardónico y al acercarme a él, lo miro fijamente de frente — Bien señor idóneo, dime: En el hipotético caso de que logres abrir la puerta, cosa que dudo, ¿Qué harás después, ehh? ¿Salir campante de la torre como si nada? No te has puesto a pensar que la puerta de salida estará igualmente bloqueada y además custodiada por guardias, ¿Cómo carajos los vas a evadir?

— Escucha, ya tenía idea de eso…— Hace un intento de replicarme, pero lo corto, añadiendo a la riña

—… No creo que haga falta decirte que allá afuera, ¡También está resguardada por más guardias equinos! Eso sin mencionar que no tenemos ni puta idea de donde estamos, o hacia donde podemos dirigirnos... Dime genio, ¿Aun crees que puedes salir bien parado siguiendo tu precario propósito?

Al no tener respuesta por su parte, finalizo dándole un calvazo hacia su nuca. Al oírlo quejarse por el golpe, me retiro hacia mi puesto y acoto en voz alta mientras me voy sentando con las piernas cruzadas.

— Piensa antes de actuar… idiota

Con sumo enfado, Daniel se me acerca dando un par de pasos firmes y me dirige la palabra, interrogándome en voz alta y autoritaria.

— ¿Tú crees que no tengo idea de nada? Por supuesto que soy consciente de las cosas y de mí alrededor, y ese es el motivo por lo que estuve tratando hacer. No permitiré que me trates como si yo fuera un maldito egoísta arrogante, como cierta persona que estoy mirando con disimulo — Exclama con su usual sarcasmo, mirándome con agudeza y juzgando dicha mirada, no le veo nada de sutileza — Yo analizo y actuó pensando en ustedes, y estando siempre unidos, podremos enfrentar a esas adversidades… lo hicimos antes con ese rey unicornio, y podremos hacerlo de nuevo. En especial teniéndote a ti socio, aunque odie admitirlo eres un jodido estratega. Siempre se te ocurren ideas geniales y por lo que se, te han funcionado de maravilla…

— ¿Y tú crees que esas ideas vienen de la nada? — Le devuelvo la palabra, inquiriendo — Te lo repito, no es tan sencillo como tú piensas, las ideas se me ocurren dependiendo de las circunstancias que nos puedan favorecer y del entorno en la cual nos pueda beneficiar. Obviamente estuviste conmigo cuando nos obligaron hacer a pie el recorrido a través de la torre hasta llegar acá y por simple lógica, tú viste lo que hay alrededor, así que te lo voy a decir claramente: En nuestras actuales circunstancias, este entorno no nos va a dejar ningún margen de maniobra. Es estrecho, es oscuro al anochecer y si las cosas se complican, estaríamos en seria desventaja numérica

— ¡Vaya! Viéndolo de esta otra manera… pues…

Me levanto con levedad para volverlo a mirar frente a frente, y apoyando mi mano por sobre su hombro, lo interrumpo con un tono más suave.

— Mira, no quiero pelear contigo, así que dejemos las cosas en claro… No es mala tu idea si de actuar como una sola unidad te refieres, y tienes razón cuando dijiste que hemos salido victoriosos antes, pero ahora quiero que pongas atención: Para salir de aquí se requiere más que nada, de mucha paciencia, y esa es la clave principal. También debemos poner mucha atención a cualquier detalle y posible información que podamos obtener de estos soldados, y cuando tengamos todo eso, será el momento propicio para actuar

— Respaldo tu opinión Alan — Me interrumpe Johan, apoyando mi moción, y levantándose con dificultad, se acerca a nosotros, sin mirarnos directamente ya que sus largos mechones le cubren medio rostro — Hace tiempo cometimos un error similar al intentar escapar…

— ¿Un error similar? ¿Cómo así? ¡Cuéntanos! — Agrega Daniel un poco curioso, sentándose de piernas cruzadas para poder oír la historia, Yo hago exactamente lo mismo, sentándome junto con Viviana para acompañarla

— Bien compañeros, es un poco largo lo que nos sucedió, así que lo resumiré…

Inicia Johan a relatar, sentándose al igual que nosotros, pero con notoria dificultad, aferrándose de su costado izquierdo constantemente, cosa que me dio algo de extrañeza… algo tuvo que haberle sucedido, este marica se lesionó y trata de fingir que no le pasa nada… como si fuéramos idiotas como para no darnos cuenta.

— Durante los primeros días que estuvimos reunidos desde que nos metieron acá, Intentamos idear una ruta de escape con el verdadero propósito de encontrarlos y así huir lo más lejos que podamos, pero esos días fueron difíciles de soportar. Sobre todo las noches en que esos pegasos se acercan detrás de la puerta y vienen a maldecirnos de las formas más horribles y repugnantes…

— Coincido — Lo interrumpo brevemente, respaldando su historia — Por lo general, tengo la piel muy dura con respecto a las agresiones verbales, casi nadie es capaz de ofenderme de ningún modo. Pero cuando estuve despierto la noche anterior, tuve la oportunidad de oírlos… quedé estupefacto con lo que nos dijeron, y me dio tanta rabia cuando hablaron cosas horribles acerca de Viviana…

— ¡Ahh sí! Tú dijiste que los había escuchado — Agrega Daniel exclamando — ¿Puedo saber qué es lo que dijeron?

— Lo lamento, no puedes oírlos — Le niego rotundamente, y le explico con un tono un tanto fuerte — Es mejor que no lo sepas, apenas yo sí puedo tolerarlos… aun no puedo creer lo que estas perras nos dicen…

Por un momento me estremezco de la ira por tener que volver a repasar esas palabras una y otra vez dentro de mi cabeza, pero por lo menos me pude controlar, apretando con fuerza mis dientes y los puños. Observo a mi lado como mi compañera, totalmente rezagada, se acomoda recogiendo sus dos piernas y se abraza para sí misma, talvez torturándose con esas sucias palabras. Por un lado quise reconfortarla, ya que percibí que se iba entristeciendo de nuevo y no soporto verlas así, pero vi entonces que ya no era necesaria una intervención de mi parte porque en su rostro, noté entre sus mechones que la cubren una profunda sobriedad, una mirada fríamente consiente, bastante inquietante hasta para mí y puedo concluir una cosa.

Veo que no estás asustada, solo sientes rabia, sientes rabia por aquellos que te perturban… otra vez, compartimos el mismo sentimiento…

— Prosiguiendo — Retoma nuevamente Johan con su relato y se aclara la voz antes de continuar — Gracias a que nos apoyábamos el uno al otro, logramos ignorarlos y pudimos estar concentrados hasta aquella noche en el que decidimos llevar a cabo nuestra fuga. Dimos el primer paso: Destrabar los cuatro mecanismos de la cerradura para abrir la puerta, inicialmente teníamos a la mano cuatro ganchos pero en el proceso se quebraron dos, a pesar de no tener la noción del tiempo, calculamos unas dos horas en forzar las cerraduras y salir por la puerta a hurtadillas. Con mucha cautela avanzamos entre los corredores y las salas, y ahí fue cuando nos dimos cuenta demasiado tarde, de nuestra falla critica

— ¿Y cuál es exactamente? — Inquiero, fingiendo algo de incredulidad

— Pues es la que he querido mencionarte… nos precipitamos antes de tiempo. Si tan solo hubiese prestado más atención a los minúsculos detalles que se presentaban cada noche, si tan solo hubiéramos aguardado una noche más para cerciorarnos, si tan solo hubiese tenido la serenidad suficiente para meditar lo planeado una y otra vez, quizás nos daríamos cuenta que aquella noche, la torre entera estaba siendo custodiada debido a que llegaron nuevos prisioneros de su misma especie. Por un lado, queríamos devolvernos para no levantar sospechas, pero al mismo tiempo, la puerta de entrada estaría abierta, así que estúpidamente continuamos con la fuga.

— Bueno, ¿Y qué pasó luego?

— Lo inevitable sucedió… no fuimos lo suficientemente discretos, de hecho, con guardias en cada sala y pasillo, y al no haber suficientes esquinas para escondernos, era totalmente imposible escabullirnos sin estar expuestos ni por un segundo. Un pegaso nos descubrió y rápidamente activaron un código de alerta por fuga, y con una velocidad impresionante, nos rodearon decenas de ellos… sabíamos que era nuestro final pero nunca nos imaginamos lo que pasó después

— ¿Y qué es lo que pasó?

—…Belial…— Masculló largamente mi compañera y con toques de ira, un extraño nombre, añadiendo mucho énfasis a este

— Si…— Respalda Johan con mucha pesadumbre — Para nuestra sorpresa, el nombrado alcaide de este lugar, se hizo presente… Un enorme pegaso de aspecto similar al de los demás, pero difiere entre los demás por no tener armadura, solo para mostrar su complexión bastante musculosa y sus pequeñas alas de murciélago cuyos pliegues posee numerosos agujeros, le da de por sí, un aspecto intimidante… solo se hace llamar Belial

— ¡Pero bueno! Aun no entiendo, ¿Qué pasa con ese tal Belial? — Inquiere con confusión Daniel volviendo a interrumpirlo, aunque también quisiera saberlo

—…Ese hijueputa…— Retoma ahora Viviana en un tono más sombrío, desde su posición acurrucada y abrazando sus piernas — Se hace llamar el más honorable guardia de todo este principado, pero no es más que un miserable y un maldito abusador…

El tono rabioso de su voz se acentúa tras mencionarlo, y nosotros dos solo nos quedamos atentos y a la vez atónitos a lo que iba a relatar.

— Desde que se presentó ante nosotros, no ha hecho más que pisotearnos de todo los modos. Apenas llegó, golpeó a Johan en el estómago y a mí me arrastraron por el pelo hasta mi celda y encerrarme, solo para oír con impotencia sus gritos cuando lo golpeaban y las carcajadas de los otros.

— ¿Te golpearon entonces? — Le pregunta Daniel a Johan algo pasmado

— Todo el tiempo desde que Belial viene a vernos… le encanta vernos sufrir — Afirma con un tono apagado

— ¿Cómo así? ¿Te han golpeado más de una sola vez? — Interpelo

— Si… Una vez a la semana, viene con ese maldito propósito, trae consigo cadenas y grilletes y con ayuda de sus subordinados, nos atan en contra de nuestra voluntad de nuestras manos mientras nos tapan la cabeza con trapos negros, solo para sentir y soportar los azotes, los golpes y las burlas

— ¡Viviana! ¿Te golpeaban a ti también? — Le pregunto enervado dirigiéndome a ella

— Pues, al comienzo lo hacían, pero prefería eso a que lo que sucedió después, ya que después de estas últimas semanas, ese malparido no quiso seguir golpeándome. Aunque no podía ver debido al trapo, por algún motivo sentía su depravada mirada mientras me murmuraba cosas muy morbosas al oído … sentía que me desnudaba y me violaba con su mente… cosas como esas puedo soportarla pero lo que pasó luego… me hace sentir tan…

— Pe-pero no te cortes, ¿Qué te pasó? — Exclamó Daniel con un notorio nerviosismo

— Ese… ese desgraciado me arrastró de las cadenas consigo y… empezó a manosearme con sus cascos, mientras retiraba el trapo de la cabeza y me obligaba a mirar como Johan le retiraba también el trapo y nos observaba con terror… como me magreaba por todos lados, pasando su lengua por todo mi cuello y mi rostro… traté de detenerlo, zafándome de su agarre y dándole un buen golpe para liberarme, pero no se inmutaba ante nada y continuaba abusando mi integridad…

— No puede ser…— Musité completamente asustado. Viviana siendo abusada… dime que eso no es cierto, maldición… dime que solo es una mentira…

—…Y la última vez que vino, quiso llevar la situación demasiado lejos…

Ya cierra la boca, no quiero oír tales obscenidades, esto es horrible, maldita sea, estoy aterrado y empiezo a sudar frío por mis oscuras hipótesis… voy a detenerla…

—…Pero Johan evitó que me hicieran daño…

Espera, ¿¡Que fue lo que dijo!?...

— De una manera que no me puedo explicar, Johan se interpone entre la bestia y yo, apenas se entera de lo que me iba a hacer, y a pesar de estar encadenado, me defendió con todas sus fuerzas, a costa de recibir fortísimos golpes por parte del susodicho y dos de los guardias que estaban en el lugar… y gracias a su valentía, frustró las intenciones y al final resulté ilesa

Aun me encuentro mudo, porque siento palpitaciones después de escuchar el final de su historia, aliviado por haberme equivocado en mi especulación… y me alegro mucho que sea así.

— ¡Phew!... No lo puedo creer, Viviana, lo lamento mucho, lo que te pasó fue… bueno… terrible, aunque no te haya pasado nada…— Trata de disculparse turbadamente Daniel

— No te disculpes — Lo calla muy secamente, mirando hacia la nada — De todas maneras, eso ya no interesa. Para concluir lo que Johan trató de decirles desde el principio, es que debimos tener en cuenta lo que Alan dedujo en primera instancia: la paciencia como factor principal. Nuestro error casi nos cuesta muy caro, pero nos dejó un doloroso recuerdo… Johan, ¿Puedes mostrarles?

Mi compañero accede a la petición y torpemente se incorpora, retrocediendo hasta estar debajo del reflejo de luz para que lo veamos con claridad.

— Muchachos, no se burlen al verme…— Nos advierte con un murmullo antes de llevarse su cabello hacia atrás con las dos manos

Al peinar sus mechones hacia atrás, nos revela ese doloroso recuerdo con vergüenza… al ver su cara, llena de profundos traumas y grandes cortes alrededor de su frente, parpado izquierdo, mejilla izquierda y la comisura derecha de su boca, entendimos en carne propia su predicamento. Lo vivimos antes.

— ¡Vaya! Sí que te volvieron mierda, amigo — Exclama Daniel en leve burla, por supuesto no le gustó la contestación pero al mismo tiempo agacha la cabeza con una falsa sonrisa, un poco resignado

— Lo sé, estoy hecho un desastre…

— Y mírate los brazos, esas marcas de látigo se ven bastante lacerantes

— ¿Uh? ¡Ah!... Ohh si, estas marcas las tengo en todos lados… no quería hacer esto pero, igual se los mostraré

Superando la vergüenza y decidido a mostrarnos, sujeta con ambas manos la parte baja de su camiseta y lo levanta para que veamos las marcas en su torso.

— ¡AHHH! — Exclama Viviana y Daniel muy alarmados

— ¡Whoooh! Jojojojo… Viejo, ¿Qué te pasó ahí? — Interpelo impresionado señalando su costado izquierdo

— De que habl… ¿¡Ahhh!?

Se queda realmente boquiabierto al echar un ojo su torso, alarmándose sobremanera y tirándose de rodillas de la impresión. Su costado izquierdo se encuentra en un estado… crítico, nunca había visto algo tan ennegrecido en una sección del torso.

— ¡Mierda! ¿Pero qué te sucedió? — Pregunta Daniel bastante curioso y a la vez asustado

— ¡Ughh! — Se palpa varias veces, gesticulando gestos de dolor y luego contesta — Debí esperármelo… esto fue resultado de proteger a Viviana… me patearon y pisotearon tantas veces ahí, que ahora me cuesta estar erguido o sentado… incluso me cuesta mucho respirar hondo…

— No me digas que… ¿Costillas rotas? — Replica Daniel sacando sus conclusiones

— ¡Ughh! Creo que es algo peor que solo eso… quizás también haya sangrado interno o algo así…

— ¡Johan! — Se alarma Viviana, aproximándose — ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Estás muy grave, idiota!

— ¡Je! Lo siento mucho, no quería preocuparte, no pensé que sería tan grave… ughh… creo que me equivoque

— Necesitas reposo. Eres un idiota testarudo, solo mírate como estas…

Mi compañera lo atiende, recostándolo con mucha precaución en su regazo, y con una leve preocupación marcada en su rostro, intenta arrullarlo para que pueda reposar.

— En fin…— Murmuro ya para concluir — Ya está más que claro lo que tenemos que hacer. Aguardemos y esperemos hasta que se nos presente una oportunidad… y creo saber cuál es esa oportunidad

— ¿De veras? — Preguntan los tres al unísono

Afirmo con la cabeza y me dirijo a Johan y Viviana para preguntarles.

— ¿Tienen idea de cuando vendrá ese tal Belial?

— Umm… creo que viene hoy en la noche, o quizás mañana, ya que ustedes acabaron de llegar…

— De acuerdo, pienso que ya está decidido entonces… esperemos hasta que él venga y se nos presente

— ¿Esta seguro? — Me pregunta Viviana un poco inquieta

— Claro que lo estoy, por lo menos es nuestra mejor oportunidad por ahora…— Paso mi mano por detrás de su cabello hasta llegar a su espalda — No te preocupes por él, Daniel y yo no permitiremos que te haga daño otra vez

Echo la mirada a Johan y también le digo.

— Tu tampoco saldrás perjudicado, así que solo descansa amigo… te lo mereces por protegerla, bien hecho

— ¡Hmm! Gracias hermano…

— ¿Pero entonces qué?…— Interviene Daniel acercándose a nosotros y preguntando — ¿Vamos a esperarlo todo el día?

— O quizás dos días o más, ¿Algún problema? — le respondo con una media sonrisa satírica

— ¡Ufff! Maldición… esto va a ser muuuy, pero muy aburrido — Se incorpora y avanza hasta llegar justo a mi lado. Notando frustración en su cara, patea sin previo aviso el muro en donde estoy apoyado en mis espaldas, mientras exclama — ¡Maldita sea!

— Oye, tranquilo, la pared no tiene la culpa de tu impaciencia, por lo menos tienes tú celular para que te entretengas

— ¡Shhh! Imbécil, no lo menciones enfrente de…

— ¿Cómo? ¿Todavía te sirve tu celular? — Inquiere Viviana ansiosa

— Uhh… carajo

— ¡Ohhhh! ¡Por favor, préstemelo! ¿¡Me lo puede dar!? ¡Quiero jugar un rato! ¡Vamos! ¡Si, si!

— ¡Ufff! Bien — Accede a sus suplicas, sacando su celular de su bolsillo derecho y se lo da con resignación

— ¡Gracias! — Le agradece incorporándose un poco y le da un beso en la mejilla. Rápidamente se vuelve a sentar y empieza a manipular el aparato

— Pero no me lo vayas a descargar ¿Oíste?…— Le trata de advertir, pero cae en oídos sordos, ella se encuentra prácticamente embobada, entretenida jugando con el aparato

— Dios…— Murmura todavía sintiendo frustración y vuelve a patear el muro, esta vez oigo un crujido muy apagado, cosa que me extrañó en cierta parte, pero no lo suficiente. Luego se sienta a mi lado y suspirando con aburrimiento mirando hacia el techo, vuelve a murmurar — Ahora que voy a hacer…

— No te quejes, que todos andamos en las mismas condiciones… por lo menos Viviana está distraída

— Lo sé, gracias por avisarle lo del celular — Exclama con sarcasmo, simplemente me limito a sonreír —Ahora, cambiando de tema, ¿Qué se supone que haremos cuando esa criatura llegue? ¿Lo golpeamos y escaparemos o tienes algo más en mente?

— Mmm… todavía no he llegado a esa parte, talvez si lleguemos a hacer lo que tu dijiste, pero es arriesgado… ¡Hmm! Veremos — Suelto un pequeño suspiro para que no me abrume la incertidumbre de lo que va a pasar cuando esa bestia llegue, después miro con ojos pesados hacia el techo y le digo — ¿Por qué no vas a comer algo? Debes tener mucha hambre

— ¿Y tragar esa porquería? No gracias, prefiero aguantarme o comerme mi buzo primero

Rio suavemente ante esa contestación, y le respondo con un murmullo.

— Concuerdo…

Mi compañera estuvo jugando con el celular durante unos quince minutos más o menos hasta que lo dejó, solo para volver a chequear un poco el repertorio de música que guarda en la memoria, buscando canciones de Metallica para seguir entreteniéndose. Daniel le explica que no tiene ninguna, pero que posee canciones de Megadeth, aclarando que es un grupo mejor, y coincido con él por obvios motivos. Ofrece su ayuda para buscar una canción para que todos oigamos, y después de unos segundos reproduce "Blackmail the Universe" con un volumen bajo para que solo los cuatro escuchemos… hace tiempo que no oigo algo de música, y al escuchar los veloces y potentes riffs que ejecuta Mustaine en la guitarra, me devuelve una pequeña sonrisa interna... oigo otras tres canciones del mismo grupo tales como "In My Darkest Hour", "Holy Wars... The Punishment Due" y "Symphony of Destruction" antes de poder relajarme y quedarme profundamente dormido.

— Alan…

—…

— Alan, despierta…

—… ¿Hmm?...

— ¡Oye huevón! ¡Levántate!

—… ¿Hmm? ¿Cómo?...

— ¡Despierta! ¡Belial ya está acá!

—… ¿¡Qué!?

Esa advertencia hizo que me despierte sobresaltado… similar al levantarse de golpe tras enterarse que la estúpida alarma no te funcionó y solo te quedan cinco minutos antes de que comiencen las clases… pero obviamente esto no es como aquellos días.

—… ¿Qué sucede? — Interpelo somnoliento, restregando mis ojos con la parte posterior de mis muñecas para aliviar un poco la leve hinchazón… debí dormir un buen rato al juzgar

— ¡Mira! — Aclara Viviana, señalando la puerta.

Presto atención al objeto que ella señaló, percatando así como las cerraduras se van abriendo una por una, mientras oigo por el otro extremo de la misma, algunos murmullos, uno de ellos posee un tono de voz bastante grave y un tanto siniestra, haciéndome entender que es al que estaba esperando. Al mismo tiempo me entero que la celda en sí misma, ya está bastante oscura, iluminado solo por un haz de luz tenue y pálida que atraviesa los barrotes de la ventana y tocan el centro de dicha celda y la base de la puerta, dándole más tensión a la escena… no sé si sentirme nervioso o ansioso cuando lo vea y lo conozca al fin.

Daniel y yo nos ubicamos en cuclillas y adelante por obvios motivos, no permitiremos que transgredan de nuevo a nuestros amigos, en especial a Johan que empieza a preocuparme, ya está bastante grave con esa terrible lesión, sé que si lo vuelven a golpear, no lo contará esta vez, así que es mi responsabilidad su bienestar.

La puerta se abre dando chirridos y risas burlonas de los guardias agregados, y justo en nuestros ojos… Ahí estas… se presenta en medio de dos pegasos con armadura, una especie de pegaso con pelaje de color gris oscuro, de un tamaño considerablemente mayor que los otros, colocándole un aproximado de 1,20 metros desde el suelo hasta la cruz; su cabeza casi deforme es grande en proporción, como el de un caballo más que el de un pony; no posee armadura tal como lo describió Johan, solo trae puestos unas grebas negras platinadas, con el diseño usual romano como la de las armaduras de sus tropas; y el detalle que más me llamó la atención, son esas diminutas alas de murciélago negras, abiertas, desgastadas y con agujeros, igualmente descrito.

— Jejejeje… Carne fresca — Nos gruñe en tono burlesco mientras entra en la celda

...¡Wow! es curiosa y a la vez chistosa la frase en la cual nos acaba de referir, sobre todo proviniendo de un animal por lo general, herbívoro… extrañamente ese nerviosismo momentáneo desapareció gracias a su comentario…

— Finalmente ustedes llegaron, ya empezaba a aburrirme… bienvenidos a mi mundo…

— ¡Ahórrate las presentaciones imbécil! — Vocifera Daniel para callarlo — No las necesitamos

— ¿Uh?... ¡Jejeje! Me agrada tu actitud joven, presiento que nos vamos a llevar muy bien

— ¿¡Que te pasa so maricon!? — Exclama con sumo enojo, y levantándose, se aproxima hasta estar casi frente a frente, y luego lo fustiga — No te apetecerá meterte conmigo idiota… desde ahora tus jueguitos se acabaron, porque no permitiré que vuelvas a tocar a ninguno de mis amigos

— ¡Ohh! ¿Y acaso tú lo vas a impedir? — Le gruñe directamente en su cara mientras lo reta con una fuerte mirada, y viéndolo de reojo, manifiesta — Veo que eres muy fuerte… ¿Por qué no tratas de golpearme si puedes?

— ¿¡Hmm!?

— ¡Vamos! ¡Te reto! ¡Intenta golpearme!

No hace falta decir que es evidente que se trata de una trampa, pero como Daniel es débil ante cualquiera que lo desafié, no se percata de sus alrededores y cae directo a ella. Mi compañero da un paso atrás, preparándose para asestarle un trompazo directo a rostro de esa bestia, que se ve inmóvil ante aquello, y antes de siquiera tocarlo, uno de los dos guardias que lo acompañan se introduce en la celda batiendo una sola vez sus alas con una velocidad sorprendente y en un movimiento que no logro explicar como lo hizo, saca dentro de una bolsa, un grillete con una larga y gruesa cadena, y velozmente aprisiona la muñeca derecha de mi compañero.

— Está prohibido tocar o agredir al alcaide…— Masculla el guardia pegaso, mientras afirma la cadena con su boca

— ¡Daniel! — Exclaman Johan y Viviana asustados

— ¿¡Ehh!? — Apenas advierte lo que pasó, y el soldado tira de la cadena con su boca hacia abajo, obligándolo a quedar inclinado de una rodilla, pero sin verse asustado, Lo amenaza en un murmullo — Maldito… te arrepentirás de lo que acabas de hacer

Antes de que el pegaso reaccionara ante ello, Daniel le da un par de vueltas a la cadena con su mano atada para sujetarla del mismo, y lo jala consigo para atraerlo, perdiendo este el equilibrio. Con su puño izquierdo listo, arremete contra él con todas sus fuerzas, golpeando el yelmo que trae puesto… pese al artefacto que porta, el golpe es lo bastante fuerte como para mellarlo y noqueando al usuario en un instante, y para agregar un último detalle, ese golpe lo manda a estrellarse contra el muro lateral, fisurando algunos bloques de ladrillo en el proceso… Mis otros dos compañeros se sorprenden y yo sonrió igualmente perplejo ante tal despliegue de violencia por parte de él, pero al mismo tiempo pienso que fue un completo idiota. Su puño izquierdo se encuentra roto, sus nudillos están abiertos y destrozados por el duro acero que golpeó, manando sangre de ellos.

— Ahora… ¿En dónde nos quedamos? ¡Je! — Exclama con altivez y enojo, y sin reflejar dolor alguno, sacude su mano herida para eliminar la sangre. Después se reincorpora y se aproxima nuevamente y con lentitud hacia su contrincante, que se le marca en su rostro un notorio estupor al mirarlo

Como reflejo natural de los equinos y parientes similares por lo que sé, ellos tienden a seguir su instinto de huir o alejarse ante un posible depredador que ha atacado a sus semejantes… por supuesto, hablo de que esa bestia acababa de retroceder torpemente un par de pasos saliendo de la celda, y claro, mi compañero lo detecta y avanza dando una zancada. Utilizando la cadena que tiene atada, da unos leves sacudones y agitándola hacia su dirección lo larga en un buen latigazo, enredando y atrapando la pata delantera izquierda de este.

— ¡Jeje! ¿Vas a algún lado? — Inquiere con sarcasmo y dando una media sonrisa maliciosa

Contrario a lo que se cree, la bestia no se ve reducido. Levanta con firmeza su pata atada y al igual que hizo el contrario, lo jala consigo.

— Lograste asustarme por un segundo, ¿Pero crees que derribando a uno de mis soldados vas a lograr algo? — Gruñe mientras se enfrascan en un duelo de fuerza, tirando de las cadenas.

— Las intenciones están de más explicarlas, solo me interesa someterte hasta que logremos escapar de esta infecta torre… así que tú me ayudaras quieras o no — Responde amenazante y sin ceder ante su evidente fuerza, abre un poco más el arco de sus piernas para evitar perder el equilibrio durante los forcejeos

En el transcurso, logro ver a través de la puerta abierta, como esa bestia y mi colega luchan entre si tirando de la larga cadena para poder derribar y dominar a primero que ceda o pierda la fuerza, cosa que no veo ni un vestigio de cansancio en ellos, convirtiéndose en una verdadera lucha de resistencia…

…Tuve que frenar el impulso de Viviana de escapar, ya que obvio, quiso aprovechar la oportunidad de salir mientras Daniel distraía a alcaide. No lo permití debido al otro guardia que vigilaba la entrada y al mismo tiempo, creo que supervisando en enfrentamiento en el pasillo, talvez si no estuviera allí, hubiéramos podido salir inadvertidos, pero…

— ¿Uhh? ¿Qué sucede? — Interpelo al ver como el pegaso que fue noqueado, reacciona lentamente e intenta levantarse, pero sus trémulas patas se lo impiden y el intento hace que se golpee la cabeza contra la debilitada sección del muro. Razón suficiente para convencerme de su debilidad, y me arrimo gateando hacia él

— ¿Alan? ¿Qué haces? — Inquiere Viviana algo desasosiega

—…Improviso…— Le contesto secamente

Al llegar hacia él, naturalmente se asusta y trata de arrastrarse hacia la salida, pero lo detengo agarrando su cola y lo arrastro atrayéndolo conmigo nuevamente… Su lenta reacción para tratar de escapar me hace preguntar si habría sufrido una grave contusión tras recibir ese golpe, así que aclaro mi cuestionamiento retirando su abollado yelmo y sujetando de ambas mejillas para verlo directo a sus ojos… esos apagados ojos dorados solo me dicta un mensaje bastante claro. Lo miro compasivo mientras acaricio levemente su pronunciada cresta.

— ¿Alan? — Vuelve a insistir Viviana con más preocupación

Esta vez la ignoro, ya que me fijo en detalle las fisuras del muro y por mi cabeza, pasa una posible solución para el beneficio de todos, incluyendo al pobre pegaso.

—…Shhh… Tranquilo, te haré descansar…

Con un arranque de determinación, fijo la vista hacia un punto de las fisuras, acomodo al animal en una posición adecuada y afirmando su cabeza con ambas manos, lo estrello con fuerza y brutalidad hacia esas fisuras… la combinación ruidosa del choque, tan crujiente y opaco, hizo que se estremeciera todo mí alrededor porque quería que sirviera mi demente idea.

—…Si… funciona…— Sonrió ante ello, y procedo a reiterar con mi cometido una y otra vez hasta poder lograrlo

Siete trozos de granito de tamaño considerables se desprendieron del muro antes de sentir con mis propias manos, como su cráneo se destrozó en el procedimiento. Pero lo único que logré como resultado, es esa amorfa y astillosa masa de huesos, carne y sangre que tengo por cabeza, y que chorrea a borbotones por cada orificio abierto existente. Mis compañeros me miran junto con el recién fresco cadáver con asco y pavor.

— No funcionó después de todo…— Musito en mi interior con desilusión

— Alan, lo mataste…— Gime Johan con ojos como platos. Solo suspiro aburrido y me dirijo a ellos interrogándoles

— Si ¿Acaso no es eso lo que ustedes querían? Estas perras han estado desdeñando nuestra integridad desde el comienzo, y por todo lo que pasaron aquí, se merecen esto y mucho más

Enmudecen ante el cuestionamiento, y aprovecho para reñirles con voz moderada.

— No sean hipócritas conmigo, en el fondo desean verlos muertos a estos asquerosos animales — Les señalo con desdén el cadáver y para dejarles las cosas más claras, arrastro el susodicho por la cola hasta dejarlo al frente de ellos — Tengan esto en mente cuando los terribles recuerdos de esta prisión los invada… Esto es sencillamente la supervivencia del más apto, es matar o a que nos maten… ustedes deberían saber esto muy bien

No obtengo respuesta alguna. Enfadado los analizo, como miran pesadamente el cuerpo con asco y desprecio, luego intenta articular algunas palabras, pero lo último que quiero oír, es una lección de moral por parte de ellos.

— ¿Saben qué? ¡Jodanse! No me importan lo que pienses, voy a actuar por nuestra supervivencia

Arrastrando de nuevo el cadáver, me precipito hacia el borde izquierdo de la puerta para actualizarme de la situación. El enfrentamiento entre Daniel y esa bestia musculosa no parece tener fin en absoluto, ninguno de ellos cede ni un centímetro, pero Daniel tiene que hacer algo más que solo tirar de la cadena si quiere ganarle, porque más temprano que tarde, la poca resistencia humana se va a hacer evidente.

En momentos como ese, quisiera poder intervenir y ayudarle, pero el otro pegaso está ubicado al lado derecho del pie de la entrada, así que apenas puedo asomar la cabeza sin que me descubriera, al mismo tiempo, se encuentra distraído como espectador viendo pelear a su superior… talvez eso explique por qué nunca intervino en apoyo de su compañero cuando más necesitó de su ayuda… bueno, no importa, pero si quiero hacer algo, requiero hallar un modo de alejarlo de la puerta… ¿Cómo carajos pretendo hacer eso sin llamar su atención?...

— Eres bastante fuerte muchacho, aun me agrada esa rudeza que tienes conmigo, pero es inútil tus pobres esfuerzos…— Alardea el musculoso pegaso entre forcejeos

— ¡Oww! Creo que me siento halagado, pero te hará falta algo más que eso para lograr distraerme, tus alardes no funcionan conmigo — Exclama mostrándose fatigado, y abre más el arco de sus piernas para tener más estabilidad

— Puedes ladrar todo lo que quieras, pero tú no engañas a nadie… ¡Jejeje! Te estoy viendo, veo que te estas agotando, y ya no puedes mantener mi ritmo por mucho más tiempo… como parte de mi oficio, me aseguraré de que aberrantes deformes como lo eres tú, jamás vean la luz de la libertad

— ¡Ghrr! ¡El aberrante deforme será otro, pendejo!

En un arranque de ira, inhala con profundidad y toma un último impulso pero no para tirar directamente de la cadena con más firmeza, o por lo menos no del todo. Da medio paso hacia adelante para acortar brecha y romper la tensión de la cadena, con el objetivo de poder pisarla en la parte del medio y con la fuerza resultante del pisotón, lograr hacer perder el equilibrio a su oponente.

No creo poder impresionarme ante la ejecución de tal idea, ya sabía que se le ocurrirían cosas como esas con tal de obtener la ventaja en una pelea. La forzuda bestia cae de bruces como resultado, y con la pata atada extendida hacia la dirección de la cadena. Daniel sonríe con satisfacción, y determinado a acabar la pelea, sujeta un trozo de cadena con la mano destrozada para poder acercarse, rodearlo en su cuello y despojar completamente su aliento de vida… pero para su mala suerte, inclusive ya sabía de antemano que esto iba a salir mal…

Como era de esperarse, al ver a su superior en problemas, el guardia se muestra exasperado y velozmente acude en su asistencia. Aun estando solo a dos metros de ellos, llega en un abrir y cerrar de ojos gracias al batir de sus alas y al igual que su recién difunto compañero, introduce su casco izquierdo en una pequeña bolsa ubicada en sus flancos otro de esos grilletes con gruesas cadenas. En un movimiento lateral arroja el grillete, aprisionando así la otra muñeca y tira de ella con la fuerza suficiente para sacarlo de equilibrio y tirarlo al suelo, golpeando este su cabeza. La bestia se levanta vehemente y aun sujeto de la primera cadena, se ubica detrás de Daniel rodeándolo del susodicho para llevar su brazo hacia atrás e inmovilizarlo, tira de ella con gran firmeza para obligarlo a incorporarse de rodillas y acercándose más mientras lo sostiene, le gruñe aun encontrándose en estado seminconsciente.

— Buen movimiento simio, aún estoy impresionado… pero esto se acabó para ti ¡Jejejeje!

Mierda, esto es malo, muy malo, pero como se supone que pueda… Espera un momento… el guardia está allá, o sea que abandonó su puesto de modo deliberado… ¡Ja! ¡Perfecto!...

— Eres rudo, pero te hace falta disciplina. Voy a tener que castigarte lo suficiente para que aprendas de una vez que, es imposible escapar de mi torre y sobre todo, que es una gran idiotez retar al alcaide, que soy yo…— Voltea rápidamente la mirada a su subordinado y en voz alta inquiere — ¿Dónde está Spyr Wind? Necesito que sostenga la cadena para azotar al reo

— N-No lo sé señor — Le responde sumisamente y voltea a ver hacia los lados para ver si lo encuentra, pero en vano. Después agrega — Creo que aún permanece noqueado por este prisionero

— ¡No lo está! — Exclamo en voz clara y alta para que se alarmen al oírme, e inmediatamente salgo de la celda dando pasos firmes y lentos, arrastrando el cuerpo de su compañero por la pata trasera derecha y lo tiro en medio entre ellos dos y yo — Como verán, me parece que este soldado ha sido dado de baja, permanentemente

Al contemplar el aspecto del cadáver, Los rostros de estos dos equinos gesticulan un claro indicio de consternación y pánico.

— ¡SPYRR! — Grita con horror su compañero como reacción

En ese instante, aprovecho el miedo que su colega siente para instigarlo emocionalmente, dirigiéndome a él con una sonrisa muy sugestiva.

— Como lamento la terrible muerte de este pobre individuo. Es una pena para él, que su leal compañero no lo acompañase cuando más necesitaba su auxilio, en cambio, se distrajo y lo abandonó a su suerte dentro de una celda con tres auténticos predadores… ¿Qué se siente ser tú, el verdadero culpable de su trágica defunción? ¡Jajajaja! Si tan solo le hubieses brindado ayuda cuando fue noqueado por mi compañero, lo más probable es que aun seguiría con vida…

De la insana impresión, de inmediato sueltan las cadenas que mantienen atado a mi amigo, y empiezan a retroceder a la par que voy acercándome. De pronto el alcaide vocifera alarmado.

— ¡Maldición! Esta situación se complicó — Pronto se dirige a su subordinado y declara — ¡Rápido, trae a todos los refuerzos posibles! ¡Esto es una emergencia! ¡Anuncia un código 97!

Con toda la velocidad que puede alcanzar dentro de un pasillo, el aterrado soldado despliega y bate sus alas dirigiéndose en dirección a la salida, perdiéndolo de vista tras descender por las escaleras… En otras palabras, esto es malo. Pienso en retrospectiva que no debí precipitarme al asustarlos, ahora van a llegar no sé cuántos guardias más y reducirán nuestra parcial ventaja a cero... Debo improvisar algo, y pronto…

— Tú debe ser Belial ¿Verdad?... ¡Jejeje! He escuchado rumores por ahí que rezan que tú eres alguien temible y fuerte. Te imaginaba como un horripilante y aterrador corcel que controla y rige esta torre con puño de hierro, o bueno en tu caso, casco de hierro… no te imaginas la inmensa desilusión que me llevo, al enterarme que solo eres un completo cobarde

— ¿Qué? ¿¡Cómo me llamaste!? — Brama la bestia ante el comentario, mientras me sigue con la mirada, como me acerco a mi compañero que apenas se encuentra de rodillas y aun aturdido por el gran golpe, le ayudo a incorporarse y también le desenredo las cadenas

— ¡Ya te lo dejé bien claro, estúpido! — Reitero con la agresión al mismo tiempo que rodeo mis hombros con el brazo derecho de mi compañero para estabilizarlo — No entiendo como alguien cuyo trabajo es lidiar con problemas similares como el presente caso, recurra a métodos tan pusilánimes dejando así tu misérrima dignidad por los suelos… aunque viéndolo de otra manera, no debería culparte de querer tener algo de ventaja…

— ¿¡Que es lo que quieres decirme, deforme simio afeitado!?

— ¿Aun no comprendes lo que te digo? Bien, no te daré el placer de explicártelo. Continuaré atacándote con la verdad para que aun oyendo, no puedas entenderme, a lo mejor captes algo y reflexiones…— Intento ganar tiempo al distraerlo. A mi lado, observo con el rabillo del ojo a mi compañero que se encuentra consiente y casi recuperado, pero en silencio y atento a lo que voy a manifestar —… Te presentas como alguien aterrador y vienes a mancillar y a ultrajar a quien quiera que veas débil o desamparado sin otra justificación que no sea por la satisfacción de entretención y el morbo. Te haces el fuerte y gallardo cuando estas acompañado, pero cuando se presenta una emergencia desfavorable para ti, en lugar de enfrentar y atacar el problema a raíz, te refugias de miedo detrás de tus novias

— ¿¡Qué!? ¡Eso no es cierto!

— Eres terco al igual que el capitán de la armada… ¡Admítelo de una vez! ¡Acabaste de llamar a tus novias, marica! Apenas te muestro este presente — Añado señalando con el dedo pulgar el cadáver sanguinolento tirado detrás mío — No tienes excusa, ¿Pero quién puede juzgarte? Es fácil sentirse coaccionado ante el peligro…

— ¡Grrr! ¡Creo que malinterpretas todo lo que sucede! — Gruñe haciendo una tentativa de justificarse — No los llamé para que me ayuden. Me aseguro de que no escapen si es que persisten en hacerlo

— ¡Entonces pruébalo imbécil! — Declaro en voz alta — Llevemos esto a una pelea justa. Solo tú y yo, sin intervenciones. El ganador será el verdugo del perdedor ¿Te parece?

— Es una buena idea, será de gran redención para Spyr, acabar con su asesino

— Entonces, estamos de acuerdo — Me aproximo hacia la pared lateral a mi izquierda para recostar a mi compañero antes de pelear — ¡Qué esperas! Ven aquí…

— ¡Alto! — Espeta Daniel sujetando la manga del buzo — Esta es mi pelea, voy a terminarla

— ¿Estás seguro?

Se vuelve a incorporar, sacudiendo un poco sus brazos a la par que sus cadenas, y me responde con media sonrisa sádica.

— Descuida, solo recibí un pequeño golpe, aun puedo acabar con esta bestia no importa si utiliza trucos sucios para sacar provecho

Sin necesidad de objetar, le otorgo mi puesto para que tenga el placer de acabar con él, ya que tiene más posibilidades al poseer ahora dos largas cadenas que puede usar como látigo.

— Así que quieres continuar peleando… de acuerdo, no me importa si peleo contigo o con tu amigo, de todas formas no van a ganar…

Después de terminar la oración, estruendosos ruidos que se hacen fuertes cada segundo, hacen eco a través de las escaleras del inicio del pasillo. La bestia se voltea y gira su oído en esa dirección, luego sonríe sugestivamente y manifiesta.

— ¿Escuchan eso? Ese es el sonido que indica su perdición… ahora las posibilidades de salir de aquí victoriosos, son totalmente nulos ¡Jajajaja!

...¡Oh no! Ahora sí que nos jodimos. Pensé que la persuasión sería útil para convencerlo de no traer a sus refuerzos a este punto, pero no fue suficiente, lo único que obtuve fue un poco de tiempo… ¡Maldita sea! ¡Vamos, piensa en algo! ¡Cualquier cosa!...

Con mi calma yéndose a pique, trato de idear aunque sea una idea estúpida con tal de salir bien airosos de este nuevo percance. Miro con azare los alrededores, los detalles del pasillo, las puertas, las antorchas encendidas, a mi compañero que se prepara para pelear y la bestia que sonríe con malicia, alimentando su ego por nuestra desdicha… ¿Pero qué es eso? ¿Qué es lo que tiene atado en ese pequeño cinturón que trae puesto? Me parece que es… Si, lo es… me parece que hay una salida después de todo…

— ¿Qué esperan? ¡Peleen! — Les grito llamando la atención de ambos, y dirigiendo la mirada a Daniel, sutilmente le hago una pequeña seña en dirección lateral para que se vaya moviendo por ese camino y mientras tanto yo me voy ubicando prudentemente en la dirección opuesta para no levantar la sospecha

Antes de que los refuerzos aglomeren el pasillo y nos arruinen toda posibilidad, El musculoso pegaso da inicio sin titubeos la pelea, avanzando hacia su oponente con rapidez e intenta derribarlo usando su empuje, sin embargo Daniel logra evadirlo dando un brinco hacia atrás y se posiciona con agresividad para no perder más terreno, después usa las cadenas moviéndolas al azar para distraer su atención y en un movimiento casi rapaz, golpea con éxito en su lomo, sacándolo de equilibrio. Aprovechando esa oportunidad, reitera con otro golpe con la segunda cadena, pero por desgracia no logra darle de lleno, logró bloquearlo usando su pata delantera izquierda enredándose en ella como la vez anterior, pero en lugar de quedarse enfrascados en otro inútil duelo de fuerza, simplemente sujeta la cadena con sus dientes y tira de ella sin tapujos, desequilibrándolo y cayendo de bruces contra el suelo.

En ese instante llevo a cabo mi nueva intención. Cuando la bestia se acerca a Daniel creyendo haberlo derrotado, doy una enorme zancada precipitándome a varios metros hasta estar justo a su lado derecho y antes de siquiera darse cuenta de ello, lanzo mi puño mandándolo a aterrizar por completo en su mandíbula con el impacto justo, para azotarlo directo contra el suelo. Antes de que reaccione y dilucide qué fue lo que le pasó, me aproximo nuevamente hasta quedar encima y arranco de cuajo el objeto deseado... las llaves que porta en su cinturón. Rápidamente me giro y emprendo la huida.

— ¡Corramos carajo! — Exclamo con azare a Daniel, ayudándolo a levantarse

— Pero… ¿Pero adonde?

— ¡Directo a la celda! ¡Vamos! — Le contesto mientras lo tiro de las cadenas para obligarlo a que corra también

— ¡MALDITOS! — Vocifera a todo pulmón tras reaccionar. En ese momento volteo la mirada hacia atrás y me percato que los tan temidos refuerzos ya llegaron, algunos de ellos recurren en asistir a su superior ayudándolo a incorporarse. A su vez Daniel voltea también la mirada hacia atrás, pero solo para ver el cuerpo del guardia que golpeó momentos previos

Llegamos a nuestra correspondiente celda y nuestros amigos estaban al pie de ella, Absortos de lo que acabó de pasar, y con la prisa que tengo los obligo a que entren, empujándolos al igual que Daniel en el fondo y apenas logrando entrar sin que me atrapen, cierro con fuerza la puerta azotándolo con estridencia y sin perder el tiempo, uso las llaves que acabo de robar para asegurar las cuatro cerraduras que lo contiene.

— ¡Maldición! ¡Se encerraron señor! — Exclama a las afueras uno de los guardias

— ¡Eso no puede ser! — Espeta con rabia la bestia frente a la información dada

Aun jadeando, me ubico detrás de la puerta para oír con nitidez lo que sucede, escuchando con atención algunos fuertes pasos que se van aproximando, y llegando al pie de donde estoy, golpea con furia la puerta cinco veces y lo escucho gritar.

— ¡Eres un maldito cobarde! ¡Quiero de salgas de inmediato, jodidos simios!

— ¡Lo lamento pero no voy a ceder!

— ¡Teníamos un acuerdo! ¡Se alguien de palabra y deja de esconderte! ¡Nuestra pelea aún no ha acabado!

Pego una risotada ante su ingenuidad, y entre risas le respondo.

— ¡Deberías saber algo Belial, antes de que continúes soltando mierda por ese hocico! ¡Nunca debes oír lo que te dice un humano! ¡Sus palabras son terriblemente engañosas!

— ¡MIENTES! ¡Eso solo lo dices para ocultar tu falta de coraje! ¡Si quieres demostrar que me equivoco! ¡Sal de ahí y pelea!

— ¿¡Crees que soy estúpido para no darme cuenta!? ¡No voy a caer en tu infantil trampa!... Y aparte, te pregunto ¿¡Como sabes en realidad que te estoy mintiendo!? Perfectamente podría estar confesándote la verdad, pero eso depende de tu percepción del concepto ya que al mismo tiempo te estaría emponzoñando tus oídos, haciéndote creer que en realidad son falacias… por otra parte, puede ser que tengas la razón y te estaría mintiendo en primer lugar, pero eso solo agrega más confusión al engaño porque subliminalmente te induzco a que te lo tomes enserio distorsionando así tu percepción y que creas al final que sea una verdad absoluta, aun si mi intención es decir la verdad…

— ¡CIERRA LA MALDITA BOCA!

— ¿¡Que pasa Belial!? ¿No comprendes lo que te acabo de plantear? ¡Jajajaja! — Le interrogo en un tono ácido y sardónico

— ¡Basta! ¡Me cansé de oírte! ¡Voy a sacarte de ahí para matarte con mi propios cascos!... ¡Atención soldados! ¡Necesito que se dirijan al castillo de las princesas en Canterlot y me traigan las llaves originales de esta puerta!

— Ehhh… Señor, la criatura tiene las llaves originales…

— ¿¡QUE!? ¡NO PUEDE SER! — Exclama con fulgor golpeando la puerta

No pude contener la carcajada con lo que acabo de enterarme, y aun riendo, observo las oxidadas llaves que tengo sujetas en mi mano derecha, pero la voz del animal vuelve a retumbar, amenazándome.

— ¡Escúchame espantosa criatura! Tú pequeño triunfo no durará por siempre, tarde o temprano tendrás que salir, y me aseguraré de que lo hagan rápidamente, privándote a ti y a tus amigos de la comida y el agua… vendré todos los días a vigilarte y para cuando llegue ese momento, voy a disfrutar verte sufrir hasta el orgasmo…

Oigo una gran carcajada burlona y también oigo unos pasos que se atenúan hasta desaparecer, seguido de los galopes de las tropas que se mueven a la salida y a su vez, como arrastran el cuerpo del difunto, quedando después de unos minutos, solo un denso silencio. Al fin puedo suspirar tranquilo al saber que esta pequeña aventura arriesgada acaba de terminar, pero sé que esto no durará mucho tiempo… debido a nuestras acciones, en lugar de obtener alguna ventaja sobre ellos y adquirir la posibilidad de escapar amedrentando a los guardias alrededor, lo único que hice fue detonar la ira de estos, en especial el alcaide. Ahora solo nos espera un tortuoso infierno si no hacemos algo al respecto.

Veo tras la tenue luz nocturna a Johan y a Viviana completamente pálidos y acurrucados por el frio que nos azota, mirándome con semblantes de mucho desconcierto. También veo a mi derecha a un jadeante Daniel que mira al suelo con ojos pesados, sosteniendo firmemente su mano destrozada por la parte inicial de su muñeca para detener la hemorragia, justo en donde termina el borde del grillete que aun porta… sin duda, este fue el que más tuvo que sacrificar por todos nosotros, desgraciadamente fue en vano su esfuerzo y eso me hace sentir horriblemente mal porque mis acciones solo nos devolvió a este maldito hoyo en donde empezamos… Voy a retribuirlos.

— Daniel — Lo llamo en un murmullo — ¿Cómo está tu mano?

—…No se encuentra muy bien, pero sanará… solo necesito algo para cubrirlo…

— Bien…— Profiero antes de quitarme el buzo, y gracias a que poseo el vendaje que me cubre el abdomen y parte de mi pecho, podré regalarle un trozo, desatándolo hasta la longitud adecuada y la corto usando mis dientes caninos

— Gracias Alan…— Me agradece tras recibir el trozo de vendaje, e inmediatamente venda su mano, iniciando desde la base inicial y lo envuelve hasta terminar en los nudillos y parte de sus dedos, finalizando con un nudo apretado hecho con sus dientes — Oye, tengo algo que preguntarte

— Dime

— ¿Que sucedió con ese pegaso? Dudo mucho que con el golpe que le di, lo haya dejado muerto en ese estado

Río con suavidad y me acerco un poco a él respondiéndole en un tono relajado.

— ¿Quieres saber lo que le pasó?... Préstame tu celular un segundo

— ¡Claro! Viviana lo tiene, pídaselo

Me acerque a ella para pedirle el celular y me lo da ajustando un poco el brillo del aparato. Luego lo enfoqué en dirección al muro lateral opuesto en donde nos hallamos y con mucho asombro contempló el hoyo parcialmente abierto y ensangrentado en sus distintas aristas, junto con los escombros cerca del mismo.

— Cuando saliste y te quedaste solo peleando, ese pegaso trato de levantarse y escapar, pero no le concedí ese derecho. Cuando lo retuve y observé así mismo el muro que tú agrietaste, sencillamente quise romperlo usando su cabeza… pensé que realmente iba funcionar, pero solo terminé pintando la pared con el color de sus sesos

— ¡Wow! No debería sorprenderme de lo lejos que puedes llegar a hacer

— ¿Que dices? ¡Mírate a ti! ¡Te destrozaste la mano por nada!

— Si… ahora que lo pienso, fue una gran estupidez lo que hice

— ¡Muchachos! — Nos llama la atención Viviana en voz alta — Por si se les olvidó, ahora nos encontramos en una verdadera crisis… ¿Cómo saldremos de esta ahora?

— Relájate — Espeto un poco por el comentario — Por un lado esto nos conviene. Tenemos las llaves, así que podemos salir de aquí cuando queramos y esas perras subordinadas nos temerán apenas nos vean. El verdadero problema radica en que tenemos tiempo limitado, y en Belial... él me estará esperando en cuanto abra esta puerta y si no tenemos un plan realmente convincente, nos garantizará una muerte segura

— Estoy de acuerdo — Interviene Johan — Ahora tenemos el control de este juego, solo debemos pensar en un buen plan para deshacernos de Belial y salir de aquí

— Hmmm…— Exclamamos todos bajando un poco la cabeza y frotando nuestras barbillas para pensar

Bien, nuestro siguiente movimiento debe ser crucial, además que en estos momentos nos estamos afianzando y eso es bueno… De acuerdo, lo primero que debemos hacer, es obtener los recursos requeridos, ¿Pero qué es lo que tenemos en este reducido espacio? Hmm, déjame ver que es lo que está a nuestro alcance:

El cuenco con la sustancia mocosa en un rincón, los trozos de escombros en el muro parcialmente roto, los dos ganchos para el pelo que tengo guardados en mi bolsillo junto con el trozo de pergamino, el celular de Daniel y el mío, el mellado yelmo de metal que le retiré de la cabeza del pobre guardia antes de morir y por último, las llaves de la celda…

— ¡Éccole cuá! — Exclamo con voz energética

— ¿Qué pasa Alan? — Interpelan todos ante mi exclamación, y solo los observo uno por uno con una sonrisa de satisfacción

— ¡Muchachos! ¡Lo tengo! ¡Tengo una idea que podría funcionar!


Muy buenas, antes que nada quiero pedir disculpas por la tardanza, las razones principales radican en mis estudios y por una enfermedad que me mantuvo inactivo hasta ese entonces.

Bueno, por mi larga ausencia quiero compensarlos dándoles este extenso capitulo que a mi opinión, vale por dos. A partir de aquí me restablezco para hacer capítulos mas cortos y precisos.

Actualicé la imagen de la portada como símbolo de este regreso. Nuevamente agradezco a Roadstell por su colaboración, si quieren ver la imagen en su tamaño original, visiten su devianart. El link lo dejaré en mi perfil: Como arroyo que fluye para que lo revisen (Aclaración: Por ahora solo tiene el dibujo de mi personaje Crimson, pronto publicará sus otros trabajos)

Sin nada mas que añadir, me despido muy cordialmente.