CAPÍTULO 17 EL PESO DE UNA PROMESA

Quiero agradecer a todas las personas que leyeron esta adaptación y que la han seguido hasta su final.

También agradezco enormemente a Fanclere en dejarme adaptar su historia a un Elsanna.

Sin más que decir los personajes de Frozen, Enredados y Valiet y la historia no me pertenecen le pertenecen a Disney y Pixar y la historia a Fanclere

Anna:

Sonaba el despertador de forma estrepitosa, saltó de la cama como un rayo preparada para enfrentar a un nuevo día y todas las obligaciones que ello conllevaba. Al posar la mirada en el lado derecho de su cama su rostro dibujó una tierna sonrisa ya que Elsa dormía como un bebé, ajena al estrepitoso sonido. Ni una bomba despertaba a la platinada que compartía su vida desde hacía ya cinco largos años.

Las imágenes de ese periodo de tiempo acudían a su mente en demasiadas ocasiones, su historia y cómo por fin, tras tanto tiempo buscándose, era una sola. El recuerdo de ese atardecer en la playa, su reencuentro tras saber que seguía viva, una nueva promesa de estar juntas, de no volver a separarse. Los meses siguientes sirvieron para reencontrarse, aprender a conocerse tras tantos años separadas, aprender a leer sus miradas, sus gestos, sus rostros… Anna pudo conocer al final a Olaf, el hermano de su platina y artífice de su plan de huida, agradeciéndole inmediatamente que la hubiese cuidado durante tantos años en los que estuvieron separados.

Volver a la realidad supuso una gran prueba para ambas, Elsa no quería huir, quería afrontar los hechos y aceptar sus actos ya que no se arrepentía de ellos. Al aparecer en la oficina central del FBI con su platinada de la mano causó conmoción entre todos sus compañeros, todos reaccionaron como si hubieran visto un fantasma, algunos se acercaban tímidamente a saludarla y felicitarla por su trabajo mientras otros se mantenían apartados, asustados por la leyenda que llevaba esa mujer a sus espaldas.

Durante tres horas se quedaron encerradas en el despacho del director, el jefe de Anna no podía controlar su ira ante esa situación, interrogando a Elsa largo y tendido, asegurándole que sería toda una conmoción dar a conocer al mundo que seguía viva. Miraba a Anna como si pudiese asesinarla, esa pecosa había roto todas las normas, involucrándose en ese caso aun sabiendo de sus sentimientos por la platinada.

Lo que parecía que acabaría con su despido y Elsa detenida, finalmente terminó con su jefe pidiéndole a la platinada que se uniera a ellos como ayudante ya que a pesar de que no había hecho las cosas de la forma más idónea, ella sola había conseguido meter en prisión a más de la mitad de mafiosos en Corona.

Con el paso del tiempo se había ganado la placa a base de esfuerzo, demostrando que su inteligencia y capacidad eran dignas de tener en cuenta.

De enemigas y contrarias pasaron a ser compañeras y a trabajar codo con codo para limpiar las calles de Corona. Sin grandes incidentes y consiguiendo que el mismo director las felicitase en más de una ocasión, demostrando que juntas hacían un equipo formidable.

Sonreía con ganas ya que su platinada no era muy amiga de las normas y solía actuar como a ella le parecía sin pensar en las consecuencias. Libre, valiente y decidida, guiándose por su instinto siempre solía acertar por lo que solo se ganaba algún que otro reproche de vez en cuando.

Llegó el momento en el que ambas sintieron que debían dar un paso más, llevaban poco viviendo juntas y compartiendo su día a día, pero su pasado estaba presente y la certeza de que querían estar juntas toda la vida cogió peso y decidieron casarse. No fue por todo lo alto, más bien algo íntimo entre ambas, el sello de una promesa que llevaba mucho tiempo latiendo en sus almas, Elsa Frozen había desaparecido por completo, en el mismo momento que le dio el sí quiero a su cobriza tomó su apellido y juró entregarle la vida. Cinco años habían pasado y cada día agradecía tenerla a su lado, los momentos que vivieron juntas, los miedos que afrontaron, la historia que juntas estaban construyendo agregó un nuevo capítulo cuando Elsa, que solía visitar a menudo el orfanato, se enamoró perdidamente de dos gemelos y se empeñó en adoptarlos. Anna no podía negarle nada y, como huérfana al igual que la platinada, sabía que nadie mejor que ellas podían ofrecerles a esos niños una familia y un hogar.

Volvió a mirar a su bella durmiente con amor, su sonrisa no desaparecía de su rostro recordando su pasado y analizando su futuro, brillante y lleno de vida, se sintió durante unos instantes pequeña, mientras la felicidad se apoderaba de ella.

Besó sus labios, sabiendo que de ese modo se despertaría ya que el sonido de la alarma no estaba surgiendo efecto. Sus ojos azules somnolientos se fueron abriendo entre quejidos y maldiciones, ya que quería seguir durmiendo, consiguiendo que riese con ganas y besase sus labios con más intensidad.

-Arriba dormilona, es hora de ir a trabajar

-"No quiero, vete tú"

-Perezosa, anda despierta o quieres acabar en el despacho del gran jefe

-"Quiero café"

-Yo lo preparo, tú ocúpate de los niños y por favor que se vistan correctamente Elsa

-"Sí mi sargento"

Con un nuevo beso se marchó a preparar café, dándole vueltas al hecho de dejar a Elsa ocuparse de los niños ya que cuando los tres se juntaban no podía distinguir quién era el adulto.

Tras un desayuno a la velocidad de la luz, ya que su esposa se había dedicado a hacer peleas de almohadas con sus hijos y se habían retrasado, corrieron al coche para dejar a los pequeños en el colegio y poner rumbo a la oficina. Durante el trayecto, Anna quiso asesinar a su esposa al menos diez veces, ya que sus hijos peleaban entre ellos y esta los animaba con muletillas o jactándose y riendo sus gracias, finalmente y tras una mirada asesina de la cobriza, Elsa amedrentó a los pequeños y finalmente los dejaron en la puerta de la escuela, poniendo rumbo a la oficina, llegando ligeramente tarde.

Nada más llegar, se dirigió al despacho del director ya que tenía que reunirse con él y analizar el nuevo caso que tenía entre manos, dejando a Elsa con Merida y Rapunzel, sin saber que esta conseguiría desquiciarlas ya que quedaba muy poco para que por fin dieran el paso hacia el altar y los nervios los tenían a flor de piel.

Punzi estaba exasperada porque Merida solo pensaba en el menú que ofrecerían en el convite mientras Elsa aseguraba que no había nada más importante, cuando ambas se juntaban era un auténtico dolor de cabeza, o de estómago ya que a menudo no podían dejar de reír.

Tras su reunión con el director y tras recibir nuevamente un aviso por el comportamiento de Elsa, aviso que su jefe le dio con una tierna sonrisa ya que tras cinco años había cogido muchísimo cariño a la platinada, Anna salió y se encontró de frente con la mirada de su esposa, su sonrisa cargada de amor e inconscientemente empezó a girar el anillo que adornaba su dedo, el mismo anillo que las unía como esposas, un anillo que, en lugar de llevar grabado en su interior sus nombres y la fecha de su enlace, habían decidido escribir como un lema para jamás olvidar que desde su más tierna infancia se habían amado, con la inocencia de las niñas, con la pasión arrolladora de dos almas que se pertenecen. Dentro de su alianza rezaba grabado "EL PESO DE UNA PROMESA".

FIN