Disclaimer applied.
Vαriαbles: otoño y sorpresa.
Personαje: Sesshōmaru; Rin
Cαntidαd de pαlαbrαs: 510, según Word.
Aureoli lucellum
II
Comenzaba a hacer frío. Pronto el invierno tomaría la posta. Sesshōmaru lo sabía gracias a aquellos cambios sutiles que pasaban inadvertidos para los demás mortales.
—¡Estate quieta, mocosa! —a su fino oído llegó el estridente chillido de Jaken, seguido de una carcajada infantil. Rin corría feliz entre los manzanos teñidos de oro; y tras ella, infinitamente molesto, Jaken intentaba seguirle los pasos con sus cortas piernas.
¿Desde cuándo el Gran demonio perro había asumido aquel ridículo papel de niñera? Sesshōmaru estuvo a punto de sonreír con ironía.
Durante su larga existencia había vivido consciente de su poder, observando sin pena ni gloria la vida que los simples mortales llevaban. Vidas, para él, demasiado frágiles y efímeras. Vidas fútiles.
Y por ello es que nunca comprendió las razones que llevaron a su padre a sacrificar la gloria y los honores de su rango por una humana igual que las demás: desechable.
—¿Tienes algo qué proteger, Sesshōmaru? ¿Algo por lo que merezca la pena luchar?
Él no contestó. Lo vio partir, espada en mano, detrás de la ignominia. Y la rabia ciega lo consumió durante los siglos venideros, sin que siquiera el paso del tiempo mermara su fulgor.
Y luego llegó él. El fruto del error de su padre. El paria entre los monstruos, que se mostró digno bastardo de su padre al poner su vida en las delicadas manos de aquella sacerdotisa.
De pie, magnífico frente al árbol, contemplaba al híbrido dormido por la flecha sagrada que, antes de entregar su alma a los infiernos, aquella sacerdotisa lanzó con todas las fuerzas que le daba el odio. A pesar de todo, Inuyasha parecía dormir sin pesadillas; en su rostro parecía reflejarse toda la paz del mundo.
Sesshōmaru tampoco lo comprendió en ese momento. Tuvieron que pasar muchos años más para que lo hiciera. Quizás aún era demasiado joven para ello.
¿Desde cuándo el Gran Sesshōmaru se entregaba a tan vacuas reflexiones? Aquello tampoco lo sabía
—¡Nieve! —Rin corría hacia él, tan feliz como lo podía estar una niña después de toda una vida de soledad y miserias. Sus mejillas tan rojas como las manzanas que traía envueltas en el trozo de tela que llevaba en las manos, su risa cantarina y el brillo de sus ojos la delataban.
El demonio posó su mirada de oro fundido en el cielo y un minúsculo copo de nieve se posó delicadamente en su nariz.
—¡Nieve! —repitió Rin, extasiada por la sorpresa. Todavía faltaba un mes para el otoño, no había razón para que nevara.
—¡Mocosa malcriada, te he dicho mil veces que…! Amo bonito, ha comenzado a nevar —Jaken los alcanzó, aun jadeando por el esfuerzo.
—Buscaremos un refugio adecuado. Cuida de la niña —ordenó.
Al contemplarla ahí, exudando alegría por los poros, mientras intentaba parloteaba como una cotorra feliz con Ah-Un, Sesshōmaru comprendió.
¿Desde cuándo el Gran Sesshōmaru entiende el significado que tiene la felicidad para los humanos que antes había desdeñado?
Y como en un eco, la voz de su padre le responde:
—Desde que eres capaz de proteger a alguien.
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¿Se merece un review?
(*) Fe de errαtαs: En el capítulo anterior, mencioné «los vientos de abril» en referencia al otoño. Es un error, dado que en el Japón el otoño cae en setiembre. Vivo en América del Sur, así que le pifié miles de kilómetros (XD).
Bitácorα de Jαz: Bien, en este drabble el protagonismo lo tiene Sessh. Espero de corazón haber dado aunque sea un poquito en el IC de este grandioso personaje. Siempre pensé que le guardaba rencor a su padre por no entender el motivo de sus acciones, y quizás lo llegó, por lo menos, a comprender un poquito después de conocer a Rin. ¡Gracias a Misses Histery por las variables!
Espero que les haya agradado C:.
25 de septiembre de 2015, viernes.
¡Jajohecha pevê!
