Lo primero que captaron nuestros oídos al llegar a las faldas de esa enorme montaña fue un rugido estruendoso. Me volteé, para ver de donde venía, pero podría haber salido de cualquier sitio. Buku cayó al suelo del susto, mientras que Houler se mantuvo inmóvil, aunque molesto por el sonido.

¿Se-se supone que debemos domar a uno de esos?-dije, asustado

¿Con miedo?-se burló Houler- Vamos, la mayoría se ocultan en la noche

Houler dijo que iría con Buku para asegurarse de que ayudara, y que yo fuera...solo. Gracias, amigo, lo aprecio mucho.

Decidí registrar el bosque primero. Anduve caminando, tratando de ver algo que se pareciera a una bestia, pero no, solo encontré bichos pequeños y plantas enredadizas. Lo único que logré fue caerme cada cinco minutos por alguna planta.

¿Cómo vamos a encontrar algo si nisiquiera sabemos cómo se llama?- me pregunté a mí mismo mientras me escondía en un arbusto, así alguna criatura se acercaba...Nada. Pensé en colocarme camuflaje y acechar a alguna bestia, pero solo encontré barro y ramas. Bueno, con lo que se tiene se empieza, así que me eché el barro y encajé las ramas en la ropa. Me arrastré cautelosamente y sin hacer mucho ruido hacia unas plantas. Habré estado allí como 20 minutos, esperando a que algo se acercara, cuando finalmente vi lo que podríamos llamar una bestia.

Era un cuadrúpedo, de unos dos metros y medio estando erguido, con pelaje anaranjado y una espalda descomunal, además de una melena del mismo color. Sus colmillos eran pequeños, pero debía de tener por lo menos 200, y sus diminutos ojos resplandecían con un brillo dorado. Si esa no era la bestia que buscábamos, no encontraríamos ninguna. Se volteó, se dirigió a un arbusto y empezó a cavar con sus afiladas garras.

Me acerqué arrastrándome, intentando que no me note, pero era casi imposible avanzar un poco y que no voltee. Había leído hacía tiempo que las bestias podían olerte a kilómetros, pero que si te camuflabas bien y te confundías con su olor, lograrías grandes resultados. Vi a mi costado el excremento de un animal pequeño. Tratando de superar el asco, me lo eché en la cara y en los costados. La bestia pareció notar algo, pero no le dio mucha importancia y siguió cavando. ¿Qué estaría buscando? Cogí una piedra que tenía cerca y (como recordaba que decía ese texto) la arrojé hacia lejos de la zona donde estabamos. Inmediatamente, la bestia se paró, dejó el lugar donde estaba cavando y fue a investigar ese ruido.

En verdad debía atraparlo, pero tenía curiosidad por saber por qué estaba cavando. Me acerqué (aún con cuidado) hacia el agujero y vi un objeto a medio desenterrar. Parecía una especie de medallón de algún tipo, y tenía una inscripción en él: "Para mi amigo".Estaba adornado con varias gemas alrededor de la inscripción. Desenterré lo poco que faltaba y me lo guardé en el bolsillo, pensando que la bestia se lo había quitado a alguien y luego en el pueblo lo devolvería.

¡GRREAARGHHH!-oí detrás de mí. Mi corazón se detuvo, y mis oídos casi reventaron. Volteé la mirada, solo para ver a aquella bestia mirándome fijamente, con una mirada furiosa. Quedé paralizado solo de verlo, pero recobré mis sentidos en el momento en que levantó su garra derecha. Me arrojé fuera de su alcance rápidamente, y la bestia solo consiguió arañar el aire. Saqué a Yaniao rápidamente, pero antes de que pudiera arrojarlo, una voz me detuvo.

¿Qué crees que haces, Iru? ¡Es domarla, no derrotarla!- dijo Houler, quien se había acercado al oír aquel rugido.

¿¡Y qué quieres que haga entonces?!-pregunté, mientras esquivaba las embestidas de aquella bestia. Finalmente, esta me alcanzó, dandome de lleno en el brazo izquierdo. No me dio con la fuerza como para arrancarmelo con hueso y todo, pero si me dejó incapaz de moverme por el dolor. Pude ver como la sangre se chorreaba lentamente de mi brazo.

¿No puedes hacer nada bien?-dijo Houler agriamente, mientras sacaba una navaja del cinturón y se acercaba a la bestia- A estas criaturas se las doma ganándose su respeto, no su odio.

La bestia se abalanzó sobre Houler, quien rápidamente bloqueó el ataque con la navaja, sin herir a ese ser. Aún así, ni la fuerza de Houler es suficiente para una bestia así. Ambos cayeron al suelo, tratando de dominar al otro, sin ningún resultado. Para mayor comodidad, Houler se colocó la navaja entre los dientes, e hizo fuerza para intentar poner a la bestia boca arriba. Sudaban a mares, y Houler llevaba una expresión casi psicópata. Con su gran mandíbula, la bestia intentó morder la cara de Houler.

Antes de que pudiera arrancásela por completo, vi a Buku saltar desde una roca y subirse al lomo de la bestia. Esta se agitó estrepitosamente, tratando de quitarse aquella rata de encima. Pero Buku se aferró tan fuerte que parecía estar jugando al toro mecánico. La bestia corrió lejos de ahí, tratando de quitarselo de encima.

¡Houler!-grité, aún adolorido

¡Lo sé, hay que ir por él!-respondió, más cooperador que de costumbre. La situación lo reclamaba.

Con mucho esfuerzo, me levanté y seguí a Houler, que ya estaba siguiendo el rastro de la bestia. Debo decir que esa criatura tenía una velocidad increíble, ¡ya ni la podía ver! solo una gran montaña de polvo que levantaba. Tras mucho rato, vi que Houler daba un grito, no pidiendo auxilio pero llamándome. Sabía lo que eso significaba. Sujetando mi brazo, corrí con todas mis fuerzas hacia donde había oído el grito. Tuve que subir una parte de la montaña que estaba accesible para la gente. Lo que encontré allí fue a la bestia al borde de un precipicio, y Houler rodeándola. Buku seguía subido sobre la bestia.

A la hora a la que llegas-me dijo el lobo- Ya no sé que hacer para calmar este maldito bicho.

Aquella bestia solo rugía con fuerza, y vi que tenía un corte cerca del ojo, que probablemente se hizo luchando con Houler. Buku trataba desesperadamente de calmar a la bestia lentamente, como acariciando una mascota. Parecía hacer efecto, pero la bestia continuaba intranquila. Entonces pensé en algo. Saqué de mi bolsillo el medallón, y lo puse en alto.

¿Buscas esto?-grité, pensando que me escucharía. La bestia de repente se quedó quieta. Houler y Buku me miraron sorprendidos. - ¿De quién es este medallón, y por qué te es tan importante? Casi me matas por esto, ¿sabes?

Iru, ¿qué estás haciendo?- me dijo Houler

Makos, no creo que este chico sepa ni lo que es...-Buku no terminó de responder, porque la bestia se acercó a mí lentamente. Houlerse puso en posición de combate, pero le advertí con la mano que no hiciera nada. La bestia agarró el medallón suavemente con sus colmillos y, como un perro arrepentido, fue caminando hacia más alto en la montaña. Lo seguimos cautelosamente, sin acercarnos ni alejarnos mucho, hasta la entrada de una cueva. Allí, había una tumba común y corriente a primera vista, pero tenía una inscripción y parecía estar hundida en una forma circular debajo de esta. La inscripción decía: "Zhipp, mi niña bella, descansa aquí. Encontraremos a la bestia inmunda que te hizo esto. Tu medallón es el testigo de que exististes".

¿Mató...a una niña?-preguntó Buku. Entendiendo lo que quiso decir, la bestia sacudió la cabeza de lado a lado, con tristeza. Cogió el medallón con sus garras, e intentó colocarlo en la parte hundida. Peru sus garras eran tan grandes y bruscas que no podía. Vi que, al lado de la tumba, habían los huesos de algún animal.

Déjame a mí-dije, y cogí el medallón. La bestia parecía incómoda con dármelo, pero accedió. Coloqué el medallón en la tumba con cuidado. La tierra de delante de la tumba empezó a temblar, así que la bestia y yo nos apartamos. Dentro, había un ataúd de aspecto carísimo. Por una pequeña ventana, se podía ver el cadáver de una coneja, de unos 8 años, con una mordida en el pecho.

Entonces, ¿otra bestia mató a esta niña?- pregunté. El ser asintió- ¿Eras tú amigo de esta niña?

Volvió a asintir, y se acercó con la cabeza gacha a su difunta amiga, con tono melancólico. Me llegó al corazón su historia, y más cuando entendí que a quien echaban la culpa de su muerte era a él.

Parece ser- dijo Houler- Que descubriste el punto débil de la bestia. Ahora la cosa será el cómo hacer que venga con nosotros.

Al menos logramos tranquilizarlo-comentó Buku- No resultó ser tan malo al final

La bestia se levantó al oírnos hablar, y se acercó hacia Buku y a mí. Pude notar una sonrisa en su rostro.

Supongo que entre felinos se entienden-dijo Houler, haciendo alusión a que la bestia y yo eramos felinos- Debería poder venir con nosotros, pero no sé si quiera dejar a su "ama".

¿Y si lo llamamos Zhipp?-sugerí, mientras Houler suspiraba decepcionado- Igual que la niña que protegió

Zhipp asintió con felicidad, y no se apartó de nosotros en el camino fuera del bosque. La pregunta sería como llevarlo en una lancha tan pequeña.

Bun dijo que en la lancha hay puesta una jaula para animales-dijo Houler

No quiero llevarlo en una jaula-respondí, defendiendo a Zhipp

Solo será temporal, mocoso-respondió- Además, en el Centro sé que hay un piso para animales. Al parecer te gusta tener a bestias sanguinarias como mascota.

Finalmente, accedí, sabiendo que sería temporal. Cubriendolo con una sábana, logramos llevarlo al puerto sin que nadie se diera cuenta. A lo lejos, vi a alguien muy extraño mirándonos fijamente. Llevaba una capucha, pero pude notar que llevaba un símbolo de fuego. No pensé mucho en eso y subí con Zhipp y Houler a la lancha. Entonces, recordé que Buku se iba a quedar en Porta Maga.

¿Seguro que estarás bien?- le pregunté. El chico asintió- Fue muy valiente el subirte sobre Zhipp

Gracias, Makos- respondió- No te preocupes por mí. Me las arreglo yo solo.

Sonreí, lo abrazé contra su voluntad y me fui hacia la lancha. Para mi sorpresa, Zhipp dormía placidamente en la jaula. Houler solo me miró. Esperaba que cambiara radicalmente su percepción de mí, pero lo que me respondió y lo que realmente esperaba que dijese fue:

Buen trabajo-dijo, tras eso, zarpamos hacia el Centro, para hacer los prepara