Capitulo 5

Volterra II

Bella POV

Edward que ya se encontraba de pie, se movió para colocarse a mi lado, paso unos de sus brazos por mis hombros en señal de apoyo. Esta vez no lo aparte, sabía que de esta conversación dependían muchas cosas y necesitaba su apoyo. Respiré hondo y me dirigí a Aro.

-Ok Aro, te diré todo lo que quieras saber, ¡Pregunta!

-¡Estupendo!- Dijo Aro mostrando una enorme sonrisa- me gustaría conocer toda la historia de tu embarazo – Comenzando con ¿cómo te esteraste de que estabas embarazada? – Expulse el aire contenido en mis pulmones, ¡al menos esa pregunta si la podía responder sin miedo! ; iba a contar toda la historia, no tenía ganas de volverla a repetirla así que aprovechando que estaba Edward me dispuse a hablar.

-¡Bueno después de de que Edward se fue – al decir esto apreté con toda mi fuerza la mano de Edward que desde hace rato sostenía la mía, al verlo hacer una mueca me alegre y afloje un poco mi agarre – me comencé a sentir mal, tenia mareos, nauseas, dolores de cabeza, después de unas dos semanas con los mismos síntomas una compañera de instituto se dio cuenta de mi malestar y me sugirió visitar a un medico. – Considere mejor no contarle de mi periodo zombi, era algo privado y no era asunto de los Vulturis – Cuando fui al doctor, me realizaron algunos exámenes, y me dijo que estaba embarazada, al principio me quede en Shock porque hasta donde sabia los vampiros no podían tener hijos.

-Después de que el doctor me asegurara que no había algún error con los exámenes, entre en pánico porque no sabía cómo se lo iba a decir a mi padre, así que me quede toda la tarde vagando por la ciudad, cuando por fin llegue a mi casa, le prepare su cena favorita, cuando se lo dije, estuvo despotricando e insultando como por media hora ( la mayaría dirigidos a Edward);al final mi padre me brindo su apoyo y me dijo que me ayudaría en todo lo que pudiera para salir adelante con mi Bebe-mis palabras me recordaron algo – Por cierto, solo por si acaso yo que tu no me acercaría a Charlie en un buen tiempo, a menos que quieras explicarle porque eres a prueba de balas- esta parte la dije mirando directamente a Edward, que mantenía la mirada en el piso. Seguramente se estaba culpando por lo que paso como era su costumbre.

-¡Ya veo!- me dijo Aro sonriendo – Y creo que deberías aplicar su consejo, por cierto – le dijo a Edward riendo.- Pero ¿Cómo descubriste que te estabas transformando en uno de nosotros?

-Fue a partir de la cuarta o quinta semana, los cambios fueron sucediendo poco a poco, unos de los últimos fue empezar a consumir sangre- Edward se estremeció a mis palabras- aunque a veces todavía tengo antojos de comida humana- dije para tranquilizarlo un poco.

-Muy interesante, pero que hay del bebe, que tipo de criatura será, después de todo su ponzoña es la que te está cambiando, jamás se ha dado esta situación; esto es algo totalmente nuevo.- Me di cuenta que era lo que Aro trataba de hacer, disimuladamente había empezado con las acusaciones. Edward a mi lado se tenso.

Por suerte yo y Alice estábamos preparadas para sus preguntas- Te equivocas Aro, sin duda es algo muy extraño, pero no único, existen otros casos de bebes hijos de vampiros con mujeres humanas; después de que los Cullen llegaran empezaron a investigar sobre ciertas leyendas originarias de Suramérica sobre bebes mitad vampiro, lo que nos llevo a conocer a Nahuel y su tía Hulein, el al igual que mi bebe es mitad vampiro. Nahuel nos conto su historia, con lujo de detalles, también nos dijo que tiene otras tres hermanas, así que como vez mi bebe no es único y si sabemos que va a pasar.

-¿Y cómo va a ser su desarrollo? ¿De que se va a alimentar? – me pregunto aro ahora con curiosidad, para disgusto de Cayo que seguía con su caro de amargado. ¡Creo que le convendrían unas cuantas terapias para manejo de la ira!, porque parecía a punto de estallar.

- Va a tener un desarrollo más o menos normal, excepto por que va a ser un poco más inteligente que los demás niños; su crecimiento se detendrá cuando alcance una edad biológica parecida a la de los padres, en nuestro caso unos dieciocho o diecisiete años, cuando alcance esa edad se completa la transformación totalmente, así que también será inmortal. Va a tener las mismas habilidades de un vampiro, con la diferencia de que sus ojos no van a cambiar de color y se podrá alimentar tanto de sangre como de comida humana.

Aro tenía una sonrisa en el rostro, así que debía de estar tramando algo – ¿Pero cómo va a ser el nacimiento? ¿Que paso con la madre de Nahuel? – ¡maldición! Tenía que justo preguntar eso. Esta era la parte de la historia, que hubiera deseado omitir, no solo por la reacción de Edward, también porque Aro podría usarla en nuestra contra.

-La madre de Nahuel murió durante el parto, su cuerpo no lo resistió; durante el parto el niño empuja para salir y puede llegar a lastimar a la madre debido a su fuerza; por eso es que la ponzoña transforma a la madre poco a poco, para que pueda resistir el parto; pero no es una transformación completa debido a que la poca ponzoña que tiene el bebe no es suficiente, después de que nace el bebe el cuerpo de la madre queda muy débil por eso ahí que morderla para que la transformación este completa o caso contrario podría….- me quede callada, incapaz de terminar la oración. Estaba esperando que Aro dijera algo, pero el silencio repentino que se había producido, fue roto por el grito de Edward.

-¡no! ¡Eso no puede ser! ¡Tú no puedes morir! ¡No lo permitiré! Debe haber algo que podamos hacer para impedirlo- sus palabras iba bajando de volumen hasta que se convirtieron en un susurro.

Edward se veía desolado, sabía que esta sería una noticia dura para él y que probablemente se estaba culpando de la situación, pero mi decisión ya estaba tomada. Quería a mi bebe y iba a hacer todo lo posible para que naciera sano y salvo aunque eso me costara la vida. Me acerque al él y al ver su expresión de dolor y angustia no pude más que abrasarlo, no me importo que estuvieran los Vulturis presentes o que estuviera enojada con él. Lo amaba y no soportaba verlo sufrir de esa manera.

-¡No quiero que mueras!- me dijo con voz estrangulada -¡no puedo perderte!- Dicho esto se abrazo a mí con fuerza.

-Todo saldrá bien, tu padre tiene un plan que estoy segura que va a funcionar- Trate de decirle para tranquilizarlo, pero él no aflojaba su agarre.

Nos quedamos mirando fijamente por no sé cuánto tiempo, hasta que la voz de Cayo nos interrumpió- ¡Basta de escenitas y historias tristes! ¡Ellos rompieron las reglas y deben ser castigados!- Sus palabras (o mejor dicho gritos) nos trajeron por completo a la realidad, Edward se coloco delante de mi rápidamente, y Alice estuvo a nuestro lado en un segundo.

– ¡Esa cosa que crece dentro de la humana no debe nacer!- Finalizo mirándome con odio.

Eso me enfureció y por el gruñido que lanzo Edward, también a él le había molestado; mi bebe no era ningún monstruo, aquí el único monstruo eran el por quererle matar. Sin pensarlo le pregunte…

-¿Y que faltas cometimos exactamente?

-¡El se expuso a los humanos! ¡Puso en peligro nuestra existencia!- Dijo señalando a Edward, que se encontraba en posición defensiva. Le coloque una mano en la espalda para tranquilizarlo, eso lo relajo un poco pero no dejo su postura. Esta vez fue Alice quien se había quedado callada desde nuestra llegada al castillo quien hablo.

-Estas equivocado Cayo- dijo con su voz cantarina – Edward casi se expone a los humanos, pero Bella lo detuvo antes de hacerlo, ¡así que en realidad sería algo así como casi exposición! Y no hubiéramos llamado tanto la atención si esos dos no hubieran aparecido. Así que finalmente es culpa de ellos. - dijo con autosuficiencia señalando a los dos guardias que nos escoltaron al castillo. Definitivamente que jamás me gustaría discutir con Alice; esa Pixie era de esas personas que son capaces de tergiversar tan bien tus argumentes a favor de los suyos que terminas dándole la razón y sintiéndote culpable por contradecirlos. Definitivamente sería un peligro como abogada.

Cayo se había quedado sin defensas para su acusación pero eso no lo detuvo; así que lanzo una nueva acusación.

-¡Le revelo nuestra existencia a un humano! – Dijo esta vez señalándome; Edward solo lo miro mal y gruño apegándose más a mí. Decidí que ya que estaba involucrada, era mi turno de alegar a esa acusación.

-Te equivocas de nuevo Cayo, Edward jamás me dijo su secreto, yo lo adivine por mi cuente; la regla dice que no se puede revelar su existencia a los humanos pero no menciona nada sobre que ellos lo averigüen por su cuenta. Edward no rompió las reglas.- le dije en el mismo tonito que Alice, al parecer de tanto juntarme con ella se me habían pegado sus costumbres. Cayo parecía a punto de estallar, me pregunte cuanto más lo podría molestar antes de que enloqueciera. Alice al parecer comprendió mis intensiones por que soltó una risita, Edward solo la miro confundido.

-¡Se involucro con una humana y la embarazo! eso debe ser contra las reglas no debemos mezclarnos con humanos –Esta vez grito mirando en dirección a Edward.

-Que yo sepa relacionarse con humanos no es en contra de las reglas, en ningún lugar se menciona eso; deberías tener más cuidado con tus palabras Cayo no querrás sonar discriminativo o si, por que esa fue la impresión que dio – le dije con una sonrisa, me di cuenta de que algunos guardias de otras nacionalidades lo estaban mirando fijamente. Eso fue todo lo que necesito para explotar.

-¡Me rindo! ¡Eres imposible! ¡Estás loca! ¡Deberían encerrarte para siempre! ¡Solo llévatela de aquí por favor!- Grito mientras salía dando grandes zancadas por la puerta del salón. Me gire en para hablar con Aro, quien junto con Marco veía atónito el ataque de su hermano.

-¿Dije algo malo?- pregunte con la cara más inocente que pude, pero en el fondo me estaba riendo de la cara de rabia de Cayo. Pero para mi sorpresa en ese momento marco soltó una carcajada y se acerco a mí.

-¡Gracia! Eso fue genial, jamás había visto que alguien pudiera sacar de sus casillas tan rápido a Cayo. ¡Fue lo mejor que he visto en años! Si prometes hacerlo cada vez que nos visiten, les doy mi apoyo para que se vayan con tranquilidad. – Bueno uno menos, ahora faltaba la decisión de Aro.

-¡Aro! –lo llame.

- ¡Si, Isabella!- me dijo con curiosidad. Le iba a preguntar si podíamos irnos, pero un pequeño antojo se me vino a la mente, así que me gire a ver a Alice con un puchero en la cara. Sabía que era una locura tener antojos en este momento, pero no podía controlar a mi organismo.

- ¡Alice!, ¡linda, bella, hermosa preciosa, hermanita querida de mi corazón! – Ella me miro con sospecha y pregunto.

-¿Qué quieres?

- Tu sobrino tiene hambre ¿Me puedes conseguir unos chocolates?- le dije con mi mejor cara de suplica.

-¿Pero porque no le dices a Edward? ¡Él es el padre, que vaya el!-me dijo con una mueca en la cara apuntando a Edward. Mis lágrimas no tardaron en hacerse presente, lo cual altero a Edward.

-¡Tranquila, no llores! ¿Te duele algo? ¿Es el bebe? – Me pregunto preocupado a lo que yo solo negué – ¿entonces que pasa?

-¡En verdad quiero unos chocolates!- le dije entre sollozos. El dudo un momento pero luego me sonrió.

-¡Y a te los traigo! ¿De cuál…?- me dijo en tono suave, pero fue interrumpido por Félix.

-¡No pueden salir de aquí, hasta que Aro lo diga!- Dijo en tono serio. Pero yo lo único que entendí era que no podría conseguir mis chocolates rápido, lo que desencadeno un nuevo ataque de llanto por mi parte.

-¡Alice! – escuche que Edward la llamaba, supuse que le dijo algo por sus pensamientos porque no escuche nada más. Luego escuche la voz de Aro que preguntaba.

-¿Qué le pasa?

-Quiere chocolate y Félix le dijo que no podíamos salir de aquí a comprárselo.- Le dijo Alice con voz calada.

-¡Claro que pueden ir a buscar el chocolate! incluso creo que la recepción tiene una máquina expendedora.- Dijo aro con voz divertida.

Esas palabras me alegraron por completo, y comencé a dar brinquitos cuando Alice salió por mi chocolate. Edward debió a ver pensado que estaba loca pero luego se encogió de hombros y me sonrió.

Después de unos minutos llego Alice, pero no traía ningún chocolate a la mano, me miro con cara de preocupación y dijo- El guardia de la entrada, dijo que no podía ingresar comida aquí y me lo quito. Al segundo entro un vampiro con una sonrisa maliciosa en la cara, pero yo solo podía ver que tenía mi chocolate en su mano.

-Disculpe maestro- dijo dirigiéndose a Aro- pero es en contra de las reglas que….- no termino cuando yo me había acercado. El me miraba extrañado.

-Disculpa ¿Cómo te llamas?- le pregunte.

-Dimitri – dijo con una sonrisa ¡Idiota!

-Ok, Dimitri, el asunto es el siguiente tú tienes la barra de chocolate que Alice fue a comprar para mi, así que si fueras tan amable de dármela.- Creo que hoy a Alice murmurar algo así como "solo dale el maldito chocolate por favor".

- Lo siento linda- me dijo con una sonrisa y Edward gruño-pero es contra las reglas ingresar alimentos humanos en este lugar - ¡Ok, conste que lo pedí de buena manera primero! Puede que pensaran que estaba loca o que era una exagerada ¡Pero era una barra entera de chocolate suizo con leche. Por Dios!

-Extendí mi escudo, con lo que Dimitri quedo aplastado contra la pared; creo que había olvidado mencionar que mi escudo se podía extender físicamente también, el único problema era que al manifestarlo físicamente todos los dones de los vampiros a mi alrededor se incorporaban al escudo sin quererlo; me acerque a él y le sonreí, gracias al poder de Edward sabia cual era la debilidad de Dimitri.

-¿Ahora si me vas a dar mi chocolate?- le pregunte. El negó con la cabeza e iba a presionarlo un poquito más pero la voz de Aro me detuvo.

-¡Ya basta!- se veía sorprendido – Dimitri dale su chocolate a Isabella, y Isabella ¿te importaría soltar a Dimitri?- El me entrego el chocolate de mala gana y yo le sonreí.

-Claro que no Aro, yo solo quería mi chocolate.- Le dije dirigiéndome a donde se encontraba Edward, que me veía con cara de asombro.

-¿Qué hice?- le pregunte al ver que no dejaba de mirarme.

-¿lo pegaste a la pared por que no te quería devolver tu chocolate?- me pregunto incrédulo.

-Si- le conteste. ¡Ni que fuera la gran cosa, solo lo apreté contra la pared! Ya me estaba empezando a cansar de estar en ese lugar,y tenía más de 36 horas sin dormir así que me dirigí a Aro para preguntarle si podíamos irnos.

-¡Aro! ¿Algo más que quieras saber o ya podemos retirarnos?- El aludido solo sonrió, pero al terminar de hablar empezó a sentir una sensación molesta en mi cabeza, era como una especie de mosquito rondando, cuando alce la mirada, me encontré con Jane que miraba con odio. Seguro que debía ser su don.

-Te importaría decirle a la versión gótica de campanita que tienes por ayudante que deje de atacarme. Es realmente molesto.- El me miro confundido pero Jane se puso furiosa.

-¡Estúpida! ¿Cómo me llamaste?

-"Versión gótica de campanita" o prefieres "Samira (la niña del aro) peliteñida".- Le dije con toda la calma posible. Ella me miro de una manera que si las miradas matasen… ¡creo que me había ganado una enemiga! No le hice caso y le volví a preguntar a Aro.

-¿Entonces podemos irnos si o no?-eso era lo único que quería saber en ese momento.

—Supongo que no existe posibilidad alguna de que hayas cambiado de parecer, ¿verdad? —le preguntó Aro, expectante, a Edward—. Tu don sería una excelente adquisición para nuestro pequeño grupo.

Edward vaciló. Vi hacer muecas a Felix y a Jane con el rabillo del ojo. Edward pareció sopesar cada palabra antes de pronunciarla:

—Preferiría... no... hacerlo.

—¿Y tú, Alice? —inquirió Aro, aún expectante—. ¿Estarías tal vez interesada en unirte a nosotros?

—No, gracias —dijo Alice. Su respuesta no me sorprendió lo único que le interesaba a Alice era Jasper, su familia y las compras; y el estilo de vida de los Vulturi no era nada glamoroso.

—¿Y tú, Bella?

Aro enarcó las cejas. Le miré fijamente con rostro inexpresivo mientras Edward siseaba en mi oído en voz baja. ¿Bromeaba o de verdad me preguntaba si quería quedarme con ellos?

Fue Cayo, quien por cierto no me había dado cuenta que había llegado, el que rompió el silencio. ¡Al parecer se recupero rápido!

— ¿Qué? —inquirió Cayo a Aro. La voz de aquél, a pesar de no ser más que un susurro, era rotunda.

—Cayo, tienes que advertir el potencial, sin duda —le censuró con afecto—. No he visto un diamante en bruto tan prometedor desde que encontramos a Jane y Alec. ¿Imaginas las posibilidades cuando sea uno de los nuestros por completo?

Cayo desvió la mirada con mordacidad. Jane echó chispas por los ojos, indignada por la comparación.

A mi lado, Edward estaba que bufaba. Podía oír un ruido sordo en su pecho, un ruido que estaba a punto de convertirse en un bramido. No debía permitir que su temperamento le perjudicara.

—No, gracias —dije lo que pensaba –Como comprenderás pasare los próximos años algo ocupada.- le dije apuntando a mi estomago. Aro suspiró una vez más.

—Una verdadera lástima... ¡Qué despilfarro!

—Unirse o morir, ¿no es eso? —masculló Edward. Sospeché algo así cuando nos condujeron a esta estancia—. ¡Pues vaya leyes las vuestras!

—Por supuesto que no —Aro parpadeó atónito—. Edward, ya nos habíamos reunido aquí para esperar a Heidi, no a ti. - No sabía quién era la tal Heidi, pero tampoco tenía intenciones de quedarme a averiguarlo.

Entonces, Alice se alejó de nuestro lado y se dirigió hacia Aro. Nos volvimos a mirarla. Ella había levantado la mano igual que el vampiro.

Alice no dijo nada y Aro despachó a su guardia cuando acudieron a impedir que se acercara. Aro se reunió con ella a mitad de camino y le tomó la mano con un destello ávido y codicioso en los ojos.

Inclinó la cabeza hacia las manos de ambos, que se tocaban, y cerró los ojos mientras se concentraba. Alice permaneció inmóvil y con el rostro inexpresivo. Oí cómo Edward chasqueaba los dientes.

Nadie se movió. Aro parecía haberse quedado allí clavado encima de la mano de Alice. Me fui poniendo más y más tensa conforme pasaban los segundos, preguntándome cuánto tiempo iba a pasar antes de que fuera demasiado tiempo, antes de que significara que algo iba mal, peor todavía de lo que ya iba.

Transcurrió otro momento agónico y entonces la voz de Aro rompió el silencio.

—Ja, ja, ja —rió, aún con la cabeza vencida hacia delante. Lentamente alzó los ojos, que relucían de entusiasmo—. ¡Eso ha sido fascinante!

—Me alegra que lo hayas disfrutado.

—Ver las mismas cosas que tú ves, ¡sobre todo las que aún no han sucedido! —sacudió la cabeza, maravillado.

—En tal caso, ¿somos libres de irnos ahora? —preguntó Edward sin alterar la voz.

—Sí, sí —contestó Aro en tono agradable—, pero, por favor, visitadnos de nuevo. ¡Ha sido absolutamente apasionante!

La mandíbula de Edward se tensó, pero asintió una sola vez.

Felix gimió.

—Ah, Felix, paciencia —Aro sonrió divertido—. Heidi estará aquí de un momento a otro.

—Mmm —la voz de Edward tenía un tono incisivo—. En tal caso, quizá convendría que nos marcháramos cuanto antes.

—Sí —coincidió Aro—. Es una buena idea. Por favor, si no os importa, esperad abajo hasta que se haga de noche.

—Por supuesto —aceptó Edward mientras yo me acongojaba ante la perspectiva de esperar al final del día antes de poder escapar. Realmente quería irme a mi casa lo más pronto posible.

— ¡Y Edward! te deseo suerte con tus explicaciones -Edward suspiro y asintió –Una última cosa - Agregó Aro, dirigiéndose a Felix con un dedo. Éste avanzó de inmediato. Aro desabrochó la capa gris que llevaba el enorme vampiro, se la quitó de los hombros y se la lanzó a Edward—. Llévate ésta. Llamas un poco la atención.

Edward se puso la carga capa, pero no se subió la capucha.

Aro suspiró. —Te sienta bien.

Edward rió entre dientes, pero después de lanzar una mirada hacia atrás, calló repentinamente.

—Gracias, Aro. Esperaremos abajo.

—Adiós, mis jóvenes amigos —contestó Aro, a quien le centellearon los ojos cuando miró en la misma dirección.

—Vámonos —nos instó Edward con apremio.

Demetri nos indicó mediante gestos que le siguiéramos, y nos fuimos por donde habíamos venido, que, a juzgar por las apariencias, debía de ser la única salida.

Edward me arrastró a su lado enseguida. Alice se situó al otro costado con gesto severo.

—Tendríamos que haber salido antes —murmuró.

Alcé los ojos para mirarla, pero sólo parecía disgustada. Fue entonces cuando distinguí el murmullo de voces —voces ásperas y enérgicas— procedentes de la antecámara.

—Vaya, esto es inusual —dijo un hombre con voz resonante.

—Y tan medieval —respondió efusivamente una voz femenina desagradable y estridente.

Un gentío estaba cruzando la portezuela hasta atestar la pequeña estancia de piedra. Demetri nos indicó mediante señas que dejáramos paso. Pegamos la espalda contra el muro helado para permitirles cruzar.

La pareja que encabezaba el grupo, americanos a juzgar por el acento, miraban a su alrededor y evaluaban cuanto veían. Otros estudiaban el marco como simples turistas. Unos pocos tomaron fotografías. Los demás parecían desconcertados, como si la historia que les hubiera conducido hasta aquella habitación hubiera dejado de tener sentido. Me fijé en una mujer menuda de tez oscura. Llevaba un rosario alrededor del cuello y sujetaba con fuerza la cruz que llevaba en la mano. Caminaba más despacio que los demás. De vez en cuando tocaba a alguien y le preguntaba algo en un idioma desconocido. Nadie parecía comprenderla y el pánico de su voz aumentaba sin cesar.

Edward me atrajo y puso mi rostro contra su pecho, pero ya era tarde. Lo había comprendido.

Me arrastró a toda prisa en dirección a la puerta en cuanto hubo el más mínimo resquicio. Yo noté la expresión horrorizada de mis facciones y cómo los ojos se me iban llenando de lágrimas.

La ampulosa entrada estaba en silencio a excepción de una mujer guapísima de figura escultural. Nos miró con curiosidad, sobre todo a mí.

—Bienvenida a casa, Heidi —la saludó Demetri a nuestras espaldas.

Ella sonrió con aire ausente. Me recordó a Rosalie, aunque no se parecieran en nada, porque también poseía una belleza excepcional e inolvidable. No era capaz de quitarle los ojos de encima.

Heidi vestía para realzar su belleza. La más pequeña de las minifaldas dejaba al descubierto unas piernas sorprendentemente esbeltas, cuya piel blanca quedaba oscurecida por las medias. Llevaba un top de mangas largas y cuello alto, pero extremadamente ceñido al cuerpo, de vinilo rojo. Su melena de color caoba era lustrosa y tenía en los ojos una tonalidad violeta muy extraña, el color que podría resultar al poner unas lentes de contacto azules sobre una pupila de color rojo.

—Demetri —respondió con voz sedosa mientras sus ojos iban de mi rostro a la capa gris de Edward.

—Buena pesca —la felicitó el aludido, y de pronto comprendí la finalidad del llamativo atuendo que lucía. No sólo era la pescadora, sino también el cebo.

—Gracias —exhibió una sonrisa apabullante—. ¿No vienes?

—En un minuto. Guárdame algunos.

Heidi asintió y se agachó para atravesar la puerta después de dirigirme una última mirada de curiosidad.

Edward marcó un paso que me obligaba a ir corriendo para no rezagarme, pero a pesar de todo no pudimos cruzar la ornamentada puerta que había al final del corredor antes de que comenzaran los gritos.

Demetri nos condujo hasta la lujosa y alegre área de recepción. Gianna, la mujer, seguía en su puesto detrás del mostrador de caoba pulida. Unos altavoces ocultos llenaban la habitación con las notas nítidas de una pieza inocente.

—No os vayáis hasta que oscurezca —nos previno Demetri.

Edward asintió con la cabeza y él se marchó precipitadamente poco después.

Gianna observó la capa prestada de Edward con gesto astuto y especulativo. El cambio no pareció sorprenderle nada.

—¿Os encontráis bien las dos? —preguntó Edward entre dientes lo bastante bajo para que no pudiera captarlo la recepcionista. Su voz sonaba ruda, si es que el terciopelo puede serlo, a causa de la ansiedad. Supuse que seguía tenso por la situación.

—Será mejor que la sientes antes de que se desplome —aconsejó Alice—. Va a caerse a pedazos.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que temblaba de la cabeza a los pies, temblaba tanto que todo mi cuerpo vibraba hasta que al fin me castañetearon los dientes, la habitación empezó a dar vueltas a mi alrededor y se me nubló la vista. Durante un momento de delirio, me pregunté si era así como Jacob se sentía justo antes de transformarse en hombre lobo.

Escuché un sonido discordante, como si estuvieran aserrando algo, un contrapunto extraño a la música de fondo que, por contraste, parecía risueña. El temblor me distraía lo justo para impedirme determinar la procedencia.

—Silencio, Bella, calma —me pidió Edward conforme me guiaba hacia el sofá más alejado de la curiosa humana del mostrador.

—Creo que se está poniendo histérica. Quizá deberías darle una bofetada —sugirió Alice.

Edward le lanzó una mirada desesperada.

Entonces lo comprendí. Oh. El ruido era yo. El sonido similar al corte de una sierra eran los sollozos que salían de mi pecho. Eso era lo que me hacía temblar.

Pero era detrás de mis ojos donde se encontraba la imagen que las lágrimas no podían limpiar, donde veía el rostro aterrorizado de la mujer menuda del rosario.

—Toda esa gente... —hipé.

—Lo sé —susurró él.

—Es horrible.

—Sí, lo es. Habría deseado que no hubieras tenido que ser testigo de esto.

Apoyé la cabeza sobre su pecho frío y me sequé los ojos con la gruesa capa. Respiré hondo varias veces mientras intentaba calmarme.

No sé cuánto tiempo paso, pero poco a poco fui calmándome y recobrando el control, trate de bloquear esas imágenes que tenía en mi cabeza, en estos momentos no podía derrumbarme, aun corríamos peligro; mientras que permaneciéramos en este lugar debía guardar la compostura. Mis pensamientos poco a poco se fueron centrando en otra situación un poco menos delicada pero igual de seria.

Tenía una conversación pendiente con Edward, que en este momento se encontraba abrazándome, aunque lo amara con todo mi ser, no le iba a perdonar tan fácilmente, claro que tarde o temprano el iba a buscar la forma de que lo perdone, pero no se lo iba a dejar tan fácil. Tenía que comprender que nuestras acciones y decisiones tienen consecuencias, especialmente cuando esas decisiones influyen en la vida de otros.

Aparte disimuladamente a Edward de mi lado, pero su expresión de tristeza casi me hace flaquear de mi decisión, pero no lo hice.

-Tú y Yo tenemos una conversación pendiente – le dije mirándolo seriamente. El asintió y comenzó a hablar.

-Bella, yo…- pero la conversación fue interrumpida por Alice.

-Chicos ya anocheció, es horas de irnos. No se ustedes pero yo no quiero quedarme un minuto más – lo ultimo lo dijo con una pequeña mueca en el rostro. Nosotros no pudimos estar más de acuerdo en irnos de este lugar, levantamos de nuestros asientos con intención de dejar la ciudad lo más rápido posible.

¡Hola! Disculpen por la demora, iba a subir el nuevo capítulo en la mañana, pero las cosas en mi país están algo difíciles y no hubo internet por unas horas, luego nos mandaron a casa del trabajo y no pude trabajar en la compu hasta la tarde.

Pero aquí está el nuevo capi, espero que les guste y ya saben se aceptan todas su criticas comentarios y sugerencias, créanme que su opinión es muy importante para mí.

Sé que este capi tiene un poco mas de drama pero era necesario, como pueden notar Bella ya ha sedido un poco, pero eso no significa que se la vaya a poner fácil a Edward.

Espero que les guste, el próximo será un Edward POV, por lo que demoraré un poco más.

¡Besos!

¡Bye!