Biar y yo partimos al día siguiente, con muchas preguntas y pocas respuestas en nuestras mentes. Tratamos de olvidar lo que había pasado con Burno el día anterior, pero era imposible. Bun dijo que se encargaría de dirigir las acciones militares confidencialmente, pero que la muerte de Burno no podía hacerse pública por el momento. Houler, por su parte, había sido enviado a buscar a Tannes donde fuera que estuviera. Por mi parte, las últimas palabras de Burno me seguían revolviendo la cabeza. Y sabía que esas preguntas se aclararían si iba a Aylnd. Aún así...

Biar, ¿qué tanto lo conocías?-pregunté, de camino al archipiélago

¿Eh? Bueno, este...no muy bien- respondió- Un día me llamó, me dijo que tenía interés por mi invento. Me fui al PRC y eso fue todo

¿De... verdad que no sabes nada?- volví a insistir

¡De verdad, amigo! Aunque supongo que hay razones de más para que los Starters le odien- comentó- Es por ese tipo que los Starters han bajado

Creo que Burno conocía a un Aylnd-dije- Antes de perderlo, me dijo que...yo debía llevar las riendas del PRC y que Missina era la solución para el mundo, pero no me explicó más. Me dijo que le preguntara a Jotte cuando lo viera...

Me detuve. Acababa de contarle todas las cosas que me había dicho Burno a Biar. Lo miré, rezando porque guardara el secreto, y solo respondió.

¿Q...qué más? ¿Tengo algo en la cara o algo no sé...?-

No, nada. Es el final de la historia-concluí, pensando que Biar era muy...Biar como para usarlo en mi contra

Hey, ¿esto no es una excusa para hacerte el líder del PRC?-dijo mi compañero

Oh no, no para nada- aclaré- De todas formas, Houler no me dejaría hacer nada

Bueno, perdón por no creerte- dijo Biar entre risas- Ya me había pasado antes

¿Pasado antes qué?-pregunté

Biar se quedó callado, pero creo que no era porque no supiera qué responder, sino porque un sonido chirriante empezó a retronar por toda la lancha. Ambos miramos al cielo, y vimos a...¿gente flotando?

Eran cinco en total. Todos llevaban túnicas larguísimas, y el del medio estaba encapuchado. Los otros cuatro llevaban un símbolo en la túnica cada uno: El primero de una llama, el segundo de un copo de nieve, el tercero con una hoja, y el cuarto llevaba un rayo. Su piel parecía de cristal, y su cabeza terminaba en varias puntas. Volví a ver al encapuchado, y vi que llevaba pico, a diferencia de los otros. Se le veía además, mayor que el resto. Este era de piel púrpura, mientras que los otros de piel roja, celeste, verde y amarilla de acuerdo a sus símbolos.

Zhipp, desde su jaula, los miró con curiosidad y tal vez con imponencia, viéndose superior. El encapuchado les hizo una seña a sus compañeros, y estos retrocedieron. Entonces reconocí al tipo como el que me había estado observando en Porta Maga. Se dieron la vuelta, y se fueron flotando.

Emmm, Makos, amigo-dijo Biar- ¿ Son tus amigos o algo así?

¡N-no digas tonterías!-respondí- Deben de ser los Aylnd. Vinieron a ver si llevabamos a Zhipp o a alguna otra bestia

Oh, ya veo...-dijo- ¿Osea que es como una especie de aduana?

Algo así, supongo-

¡Entonces estamos limpios!- dijo Biar con alegría

Poco tiempo después, pudimos divisar el archipié ían seis islas: una al centro y las demás a su alrededor. En la del centro, había lo que parecía un asta con una bandera púrpura. Las otras islas tenían cada una un asta más pequeña, con los símbolos que había visto en las túnicas. Excepto una, que no tenía un asta.

¿Qué hay de esos?-preguntó Biar

Leí en la biblioteca del Centro que las islas que rodean a la otra tienen a una de las cuatro razas de Aylnd, y que la del Centro es la principal. Pero...no decía nada de una sexta isla- respondí

Isla de Junta. Lleven a la Bestia. Hablarán allí-

Biar y yo nos volteamos para ver quien había dicho eso último. Al lado de la lancha estaba aquel Aylnd encapuchado, que hablaba con una voz grave y ancestral. Antes de que pudieramos decir nada, se alejó hacia la isla del centro.

¿Isla de...Junta?-me preguntó Biar

Debe referirse a la isla del centro-contesté- Será mejor ir yendo

Al acercarnos más a la isla vimos que había un pequeño puerto, en el que habían algunos Aylnd pequeños viendonos con curiosidad. Apenas llegamos a este puerto, se acercaron a la lancha a observarnos a nosotros y a Zhipp.

Biar les hizo un par de caras raras a los niños, haciéndolos reir, y Zhipp alzó el mentón ante su presencia, sintiéndose importante.

Los niños no llevaban túnicas, sino ropa común y corriente, como cualquier persona normal. Houler nos había dicho que la mayoría de los Aylnd saben español, pero su dicción no era muy buena.

Disculpe, ¿alguno sabe quien es Jotte?- fue lo primero que se me ocurrió preguntar. Era una pregunta ingenua, pues aún no sabía si Jotte era un Aylnd o no. La mayoría de los niños se quedaron callados, como si hubiera dicho un mal chiste y trataran de entenderlo, excepto uno, que nos miró con cara tímida. Era un Aylnd amarillo.

Jotte rey. Ya no más. Muerte. Kolt culpa.-dijo

Biar me miró con cara seria, e hizo una mueca como diciendo: "¿Qué miércoles ha dicho?"

G...gracias- le dije al niño, y me dirigí a Biar- Dice que...Jotte está...muerto. Y que un tal Kolt es el culpable. Parece que Jotte era el rey Aylnd antes de que llegaramos.

Bueno, eso no suena bien...El tipo sabía algo sobre Burno que nosotros no...-

¿Buscan a Jotte del Fuego, forasteros?-dijo alguien a nuestras espaldas. Era el encapuchado de antes. Al verlo, los niños se asustaron y se quedaron inmóviles.-Mi nombre es Hiett, soy el Gran Sabio.

Ya no llevaba su capucha, y podía ver que era un Aylnd rojo. A diferencia de los pequeños, llevaba pico como un pájaro, y varias arrugas adornaban su rostro y le daban un tono de "yo mando acá".

S...sí-respondimos al unísono

El rey Jotte ha sido asesinado. Hasta nombrar al rey del Hielo, la Junta de Sabios dirigirá Aylnd. Retírense-anunció, y se dio la vuelta

¡E-espere! Solo necesitamos un poco de información-dije, siguiendo a Hiett- ¿Sabe si el rey Jotte conocía a alguien de fuera de Aylnd? Y...

Hiett levantó su mano para detenerme el paso. En el momento que lo hizo, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Aún no sé como describirlo, pero sentía calor dentro de mí. No el calor del cuerpo, sino como si yo mismo fuese una tela quemándose lentamente. Empezé a sudar y a respirar fuertemente, y entonces Hiett bajó su mano. Inmediatamente, mi temperatura volvió a la normalidad y caí al suelo, exhausto. Biar se acercó hacia mí apresurado, para asegurarse si estaba bien.

Ya se los dije. Vayan a la Junta si quieren decir sus exigencias-dijo Hiett, firme-Si podemos responder sus preguntas, les escucharemos.

Sin muchas opciones, Biar y yo lo seguimos. La isla tenía un ambiente tropical y exótico, que nos distrajo bastante al seguirlo. Más de una vez tuvimos que sujetar a Zhipp para que no se distrajera con alguna criatura que veía. En el centro, había varias casas pequeñas, que se veían aún más pequeñas en relación al templo que se alzaba ante nosotros. Parecía un templo de alguna civilización antigua pero mucho más grande y majestuoso. En la cima, se alzaban seis tronos. Cinco estaban en semicírculo hacia nosotros, y sobre el del medio se alzaba otro de mayor tamaño. Este estaba vacío. Los otros cuatro tronos estaban siendo ocupados por los Aylnd que acompañaron a Hiett antes. Tenían una mirada majestuosa y que exigía respeto. Hiett se dirigió al asiento libre al centro (el de menor tamaño) y se sentó en él. Instintivamente, me arrodillé, y bajé la cabeza de Biar para que lo hiciera también.

¿Cuáles son sus exigencias?-dijo abruptamente Hiett. Los otros no dijeron nada.- Pueden levantarse.

Saludos, somos miembros del Cuerpo de Missina, y se nos ha enviado para saber sobre la relación del difunto rey Jotte con alguien fuera de Aylnd con alguien llamado Burno Miga-dije, en el tono más serio que pude forzar-Queremos saber, además, si conocen al poseedor de un arma llamada Mazka

¿Para qué quieren saberlo?- preguntó el Aylnd verde de la derecha, con tono serio

Para...acabar con los...¿Starters?- dijo Biar, sudando a mares y casi gimoteando por la presencia imperativa de aquellos tipos

Este...mi compañero quiere decir que buscamos una solución para acabar con la amenaza que envuelve a Missina, por un grupo llamado Starters. Solo pedimos esta información como apoyo-dije

La respuesta es no, forasteros-respondió Hiett- El rey Jotte no ha tenido ningún contacto fuera de esta isla con alguien llamado Burno. Tampoco conocemos de una Mazka usada como arma. Retírense

El corazón se me cayó, y probablemente a Biar también. Se le veía un rostro de horror, como recordando algo con las palabras de Hiett. Si no conseguíamos aquella arma antes que los Starters estabamos perdidos. Y acababamos de perder nuestra única pista.

Aún así...-dijo el Aylnd celeste-Existe alguien con un Mazka que tal vez pueda ser usado como arma

¿En serio?-dijimos, esperanzados nuevamente

Hiett miró al Aylnd, pareció recordar algo y dijo:- Kolt del Hielo, el heredero al trono. Fue elegido de entre todos los jóvenes del Hielo para ocupar el puesto de Jotte cuando este muriera. El Mazka que lleva, por alguna razón, parece hacerlo más apto que los demás de su raza.

¿¡D-dónde podemos verlo?! ¿Puede ir con nosotros?- exclamó Biar, entusiasmado. Yo, al contrario, estaba aterrorizado.

El señor Kolt es nuestro principal sospechoso por la muerte del rey Jotte, al ser él su sucesor. Lo encontramos cerca a la escena del crimen y tiene buenos motivos para asesinarlo. No saldrá de Aylnd y menos de su celda hasta que demos nuestro veredicto-dijo Hiett

Miré a Biar, con cara de preocupación, y él hizo lo mismo. Nuestra pequeña esperanza se había ido otra vez. Volveríamos a Missina sin haber hecho ningún progreso. Nos levantamos, nos arrodillamos como despedida, y nos fuimos lentamente. Zhipp estaba confundido, sin saber que sucedía ni por qué nos veíamos tan apenados. Hiett nos dijo que este viviría libre en Aylnd y que se asegurarían de que nadie le hiciera daño. Eramos bienvenidos cuando quisiéramos, mientras sea para algo importante. Un poco reconfortado, pero no mucho, asentí.

Cuando bajabamos las escaleras del templo, Biar me agarró del hombro y me llevó de vuelta a la cima. Los Sabios nos miraron con extrañeza.

¡B-Biar! ¿Qué haces?-exclamé. Biar se dirigió a los Sabios e hizo una pregunta.

¿Podemos verlo? -