Esperé a que llegara la noche, pues me habían dicho que el lugar era más calmo durante esta. Cogiendo un bote que rentaba un Aylnd amarillo en la playa, me dirigí lentamente hacia la isla. Y entre más me acercaba, más tenso me sentía. No era una sensación normal, al menos no parecía serlo. Era como si la sola isla diera una esencia a muerte.

Me sentía observado. Como si alguien dentro de esa isla estuviera viendome desde lejos, planificando qué hacer conmigo. Los remos me comenzaron a pesar, y ya me estaba arrepintiendo de haber decidido ir ahí.

A lo lejos, veía un bote más grande dirigiéndose a la misma isla por otra ruta. Afortunadamente, Kolt no parecía estar en esta.

Pasado un rato tras esto, la isla se empezó a iluminar. Era como si hubieran encendido una fogata enorme en el centro y estuvieran haciendo una fiesta. Quise pensar eso mejor a que estaban haciendo un ritual por los recién llegados. Entonces, se me ocurrió una idea. En el momento en que llegué a la isla por un lado de esta, traté de ubicarme cerca a donde habian llegado los nuevos hacía un par de minutos.

Antes de embarcarme, había preparado unos ropajes como los que vi en la prisión, y, cuando nadie se dio cuenta, me puse entre los reos que caminaban. Si me mezclaba entre ellos como un forastero al que habían arrestado, podría obtener algo de información.

Caminabamos en fila, un pie después de otro, como si estuvieramos caminando hacia el horno. Siempre me han dicho que soy buen actor, así que usé eso a mi favor para aparentar esa misma pena. Aunque, tanto como ellos probablemente, estaba nervioso. Las hojas de los árboles no se movían, y el suelo parecía querer tragarnos, aunque sabía que no eran arenas movedizas. De vez en cuando escuchaba algo pequeño a lo lejos, como algo quejándose o gimoteando. Pero lo que sí podíamos escuchar eran los gritos salvajes que venían del centro de la isla sin estandarte. No sabía distinguir si eran de júbilo, como los gritos en un estadio, o de agonía, como los de un matadero.

Al llegar al centro, vi que efectivamente, lo que brillaba era un fogata gigantesca, que alumbraba las tribunas de madera hechas alrededor como un estadio. En estas, una gran cantidad de Aylnd gritaban y saltaban, como si estuvieran aclamando a su equipo favorito. Los rugidos eran estruendosos, y pude notar que todos llevaban trajes de reos bastante raídos. Pero más allá del júbilo, recordé que la mayoría eran ladrones, asesinos y estafadores. Debía tener cuidado.

Su "fiesta" siguió por unos momentos más, hasta que, en el palco, apareció un Aylnd morado. Sabía que era el mismo del que me había hablado Kolt. Lo primero que resaltaba de él es que era gigantesco. Debía medir por lo menos 2 metros con 20 centímetros, y llevaba un traje de cazador con cadenas en ambos brazos. Sus brazos parecían estar hechos de roca, y sus ojos eran del mismo color rojo que los de Kolt. Subió a un estrado, alzó las manos, y todos en el "público" se callaron. El Aylnd sonrió.

¡Compañeros!- exclamó- Tengo el agrado de declarar que la Cazería de hoy ha sido un éxito total. Todos los equipos dieron definitivamente lo mejor de sí para ganar, pero esta Cazería se la llevan los Asesinos con 104 puntos

Tras decir esto, un sector de la Tribuna gritó con júbilo, mientras que las demás continuaron calladas.

Hoy tenemos el placer de recibir a...7 nuevos prisioneros. ¡Démosles un rugido de bienvenida!- al decir esto, todos los que estaban en las tribunas rugieron, más como una competencia entre ellos que una bienvenida- Para los que no me conozcan: Mi nombre es Kurz, y soy el líder de este humilde grupo de la Isla del Fin. Pero, ¡siéntanse como en casa! Todos tienen una segunda oportunidad aquí. Que el primero de ustedes suba aquí y se presente.

El primero de nuestra fila se acercó tímidamente hacia el estrado y se paró junto al líder Kurz. Parecía un enano al lado de aquel Aylnd.

¡Dínos, compañero! ¿Cuál es tu nombre?-

P...p...Pou-un-susurró el Aylnd

¡Poun! Buen nombre, debo admitir. Tus padres eligieron bien. Y ahora, dime: ¿Por qué te han mandado aquí?-

Ro..robé un...-el Aylnd no pudo terminar

¡Robaste! Bueno, todos cometemos errores. Aquí no existe el robo, pero parece que el equipo de los Ladrones tendrá un nuevo integrante-dijo Kurz, antes de cambiar a un tono más sombrío- Si superas la prueba, claro está

¿Prueba? ¿Q-qué prueba?-preguntó Poun tímidamente

Todos en el lugar se quedaron completamente callados, observando fijamente a ambos Aylnd. Kurz cerró los ojos, y parecía estar ejerciendo sus poderes, como ya lo había visto en Hiett y Kolt. Poun se veía tal como antes, y al mismo tiempo, diferente. De la nada, empezó a temblar más de lo normal. Su cabeza se movía intermitentemente, y sus ojos no parecían tener un punto fijo. Se empezó a agarrar la cabeza, en un acto de desesperación. Sus piernas se movían de una manera extrañísima, hasta que finalmente cedieron y Poun cayó al suelo. Todos estabamos hipnotizados por esto, como si una fuerza estuviera interviniendo con nuestras mentes.

Por favor...-dijo Poun mientras gemía de dolor- Para. Para. P..a...r...a

Espuma empezó a salir de su boca, y su cuerpo se retorcía lentamente. Kurz seguía inmutable, pero Poun terminó de caer al suelo, aún regurgitando espuma. Entonces, entendí cual era el poder de los Aylnd púrpuras. La mente. Entendí por qué eran tan raros y peligrosos. Y entendí que yo estaba en la cola para sufrir lo mismo. Kurz suspiró.

Lástima. Hubiera sido un buen aditamento para los ladrones-dijo- Bueno, que pase el siguiente

Yo había sido el cuarto en la fila. No faltaba mucho para que me tocara a mí también. El segundo pasó por el mismo proceso, y acabó de la misma manera que Poun. El tercero, por otro lado, sufrió también, pero tras 20 segundos, Kurz lo dejó, apunto de romperse, y le dijo que vaya con su nueva "familia".

Siguiente-dijo, y todos me vieron al darse cuenta de que era el siguiente. Rezando porque no me preguntara nada sobre no ser un Aylnd, puse un pie después del otro, y, hecho un manojo de nervios, subí al estrado. Creo que me faltó poco para no vomitar de los nervios.

(Si me mantengo nervioso e intranquilo, le será mucho más fácil matarme)- pensé- (Debo estar sereno)

Kurz me miró de pies a cabeza, un tanto extrañado por ver que no era un Aylnd. Parado a su lado, me sentí como una pequeña piedra frente a un obelisco.

Mmmmm, parece que no eres de por aquí- comentó- ¿Cuál es tu nombre?

J...Jhon-mentí- Asesiné a un hombre

Kurz río, con una sonrisa en su rostro, y yo, en mi desesperación, reí también.

No es bueno mentir, Makos-dijo- Bueno, me encantaría poder ver más sobre tus mentiras, pero no te presionaré tanto. ¡irás para los asesinos entonces! Si, ya sabes...pasas mi prueba

¿Cómo había sabido mi nombre? Ese tipo era peligroso. ¿Habrá sabido también que no era un prisionero? Imposible de deducir, pues no conocía sus poderes al fondo. Pero, entonces, un dolor empezó a recorrer mi cabeza. Era imposible de describir, como si algo se hubiera metido en mi cabeza y estuviera zumbando constantemente, impidiéndome pensar con claridad. Mi visión se volvía clara, luego borrosa, y luego clara otra vez.

Abrí los ojos. El teléfono sonaba. Estaba en mi cuarto, asustado. Me daba miedo contestar ese teléfono y que me digan: "Tus padres han muerto". Pasaba todo el tiempo. El día anterior, un compañero había perdido a su madre. Mis padres habían salido, y no me aseguraron que volverían sanos y salvos. No quería contestar, tenía miedo, mucho miedo. Pero entre más tiempo pasaba, el teléfono sonaba más y más fuerte, y era imposible escapar del ruido. Quería que se callase, que deje de sonar, pero nunca lo hacía. Miré a la ventana. Las calles estaban vacías, nadie se atrevía a salir. La niebla no parecía ayudar. Enntonces, alguien tocó la puerta. No quería ir. Pero sonaba más fuerte, el que estaba ahí no se quería ir. Gritó. No era la voz de mi padre ni la de mi madre.

El teléfono sonaba. La puerta era golpeada. El hombre gritaba. El reloj marcaba las 11 de la noche y mis padres habían salido a las seis de la tarde. Al día siguiente, ya no aguantaba más. Solo quería ir a casa, dormir, comer algo, pero me seguían haciendo preguntas y más preguntas. Llamaban a un tío. No quería acogerme. a mis abuelos. Tampoco. Hasta que alguien no quisiera recibirme, me quedaría ahí. Para siempre.

Desperté. Estaba en el suelo. Me dolían todos los huesos. El guardián que estaba enfrente mío no respiraba. Me decían que me acostumbrara a ello, y que era egoísta llorar. No había tiempo para eso. Me dijeron que volviera a mi cuarto y haga como si nada hubiera pasado.

Buku yacía en el suelo, adolorido. No había podido salvarlo. Dunba Boon se llevaba el Yaniao y nos dejaba a los dos tirados en el suelo...Yo no era un héroe. Houler lo había dicho. No era más que un mocoso caprichoso. Cogía mis cosas y me iba del Centro...Se acabó el tiempo. Mis oídos colapsan mientras oigo los gritos desesperados de todos. Burno, Bun. Biar, Houler, incluso los Starters, todo se consumía en una llamarada de fuego. Y todo por mi culpa...Kolt subía a un estrado. Hiett lo miraba por encima, mientras dos Aylnd sujetaban al chico y lo torturaban, pues lo habían declarado culpable.

a-dije- e. vi vi r en p a z. vez. ten go l a cul p a.

Todo se volvió negro. Ya no sentía dolor. Abrí los ojos, esperando ver el cielo. Siquiera el infierno. Solo quería que eso acabara. Pero vi a una Aylnd.

Miré a mi alrededor. Estaba en una cama, parecía vieja pero era muy cómoda. El sol brillaba y se filtraba por la ventana. Era una pequeña choza de madera. La Aylnd a mi lado era púrpura. Debía de tener un año menos que Kolt. Se veía tímida y amable.

¿Q...quién...?-susurré

Bienvenido, forastero-dijo, con una tímida sonrisa- Soy Zeif