Disclaimer: Los personajes de crepúsculo no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer, la historia es de mi propiedad y autoría.

Capitulo 8

Conversaciones y consecuencias

Bella P.O.V

El vuelo a Roma era tan corto que no hubo oportunidad de que me venciera la fatiga. Me hice a la idea de que el de Roma a Atlanta sería harina de otro costal, por eso le pregunté a la azafata de vuelo si podía traerme un jugo con mucha azúcar.

—Bella... —me reconvino Edward, sabedor de mi poca tolerancia al dulce.

Alice viajaba en el asiento de atrás luego de que la muy cambiara nuestros asientos. Podía oírle murmurar algo a Jasper por el móvil.

—No quiero dormir —le recordé. —estoy tan cansada que si me duermo ahora no me despierto en una semana y no creo que quieran cargar a una embarazada inconsciente roncando todo el camino de regreso a Forks.

No discutió conmigo después de eso.

Podría haber sido un magnífico momento para charlar y obtener las respuestas que necesitaba. Las necesitaba, pero, en realidad, prefería no escucharlas por ahora. Me desesperaba simplemente el pensar lo que podría oír y creo que me hubieran arrestado si en algún momento se me agotaba la paciencia y le lanzaba mi zapato en la cabeza a Edward dentro del avión.

Teníamos cierto tiempo por delante y él no podía escapar de mí en un avión, bueno, al menos, no con facilidad, pero debía reconocer que el chico tenia tendencia a desaparecer así que tendría que empezar a considerar contratarle algún sistema de rastreo satelital; tal vez tendría que sugerírselo a Carlisle y Esme.

Nadie podía escucharnos excepto Alice; era tarde y la mayoría de los pasajeros estaba apagando las luces y pidiendo almohadas en voz baja. Charlar podría haberme ayudado a luchar contra el agotamiento.

Pero, de forma perversa, me mordí la lengua para evitar el flujo de pensamientos que me inundaban. Probablemente, me fallaba el razonamiento debido al cansancio extremo, sin contar el dolor de espalda, las ganas de hacer pis cada diez minutos y mis pies hinchados.

Así que conseguí mantenerme despierta y resistir incluso la necesidad de parpadear. Edward parecía estar perfectamente feliz teniéndome en sus brazos, con sus dedos recorriéndome el rostro una y otra vez, tenía que admitir que a pesar de ser vampiro era más cómodo que cualquier asiento. Yo también le toqué la cara. No podía parar, mejor dicho mis hormonas no querían parar. Continuó besándome el pelo, la frente, las muñecas... pero nunca los labios y eso estuvo bien aunque también me desesperaba y me producía querer lanzármele enzima para luego arrastrarlo al baño y aprovecharme un poquito de él. En los últimos días había sobrevivido a un montón de cosas que deberían haber acabado conmigo, pero eso no me hacía sentirme más fuerte. Al contrario, me notaba tremendamente frágil, como si una sola palabra pudiera hacerme pedazos.

Edward no habló. Quizás albergaba la esperanza de que me durmiera. O quizá no tenía nada que decir o tal vez había tomado en serio mis amenazas y estaba preparando sus argumentos con el quién sabe.

Otro punto que debíamos considerar era como justificaríamos la ausencia y posterior regreso de Edward, antes de viajar los chicos habían discutido varias opciones pero ninguna parecía convencer por completo o otras simplemente Edward no las aceptaría como la sugerencia de Emmett de decir que había huido a las vegas para ser corista o que se había unido al circo.

Salí triunfante en la lucha contra mis párpados pesados. Estaba despierta cuando llegamos al aeropuerto de Atlanta e incluso vimos el sol comenzando a alzarse sobre la cubierta nubosa de Seattle antes de que Edward cerrara el estor de la ventanilla. Me sentí orgullosa de mí misma. No me había perdido ni un solo minuto.

Alice y Edward no se sorprendieron por la recepción que nosesperaba en el aeropuerto Sea-Tac, pero a mí me pilló con la guardia baja. Jasper fue el primero que divisé, aunque él no pareció verme a mí en absoluto. Sólo tenía ojos para Alice. Se acercó rápidamente a ella, aunque no se abrazaron como otras parejas que se habían encontradoallí. Se limitaron a mirarse a los ojos el uno al otro, y a pesar de todo, de algún modo, el momento fue tan íntimo que me hizo sentir la necesidad de mirar hacia otro lado.

Carlisle y Esme esperaban en una esquina tranquila lejos de la línea de los detectores de metales, a la sombra de un gran pilar. Esme se me acercó, abrazándome con fuerza y cierta dificultad.

—¡Cuánto te lo agradezco...! —me susurró al oído.

Después, se arrojó en brazos de Edward yparecía como si estuviera llorando a pesar de que no era posible.

Nunca me hagas pasar por esto otra vez —casi le gruñó mientras jalaba levemente su oreja— nos tenias preocupados, si fuera posible creo que me causarías un ataque.

Edward le dedicó una leve sonrisa, arrepentido.

—Lo siento, mamá.

—Gracias, Bella —me dijo Carlisle—. Estamos en deuda contigo.

—Para nada —murmuré. La noche en vela empezaba a pasarme factura. Sentía la cabeza desconectada del cuerpo.

—Está más muerta que viva —reprendió Esme a Edward—. Llévala a casa. Charlie ya regreso. — o genial mi padre justo estaba de regreso tal vez debería advertirle a Edward que mi padre estaba un poco enojado con él. ( si llamas un poco practicar tiro con una fotografía de él y gruñir como perro y maldecir cada vez que escucha algo parecido a su nombre)

No sabía si era a casa adonde quería irme ahora; llegados a este punto, me tambaleé, medio ciega a través del aeropuerto, mientras Edward me sujetaba de un brazo y Esme por el otro.

No estaba segura de si Alice y Jasper nosseguían o no, y me sentía demasiado exhausta para mirar.

Creo que, aunque continuara andando, en realidad estaba dormida cuando llegamos al coche. La sorpresa de ver a Emmett yRosalie apoyados contra el gran Sedán negro, bajo las luces tenues del aparcamiento, me recordó algo. Edward se envaró.

—No lo hagas —susurró Esme—. Ella lo esta intentando.

—Qué menos —dijo Edward, sin hacer intento alguno de bajar la voz.

—No ha sido culpa suya —intervine yo, con la voz pastosa por el agotamiento.

—Déjala que se disculpe —suplicó Esme—. Nosotros iremos con Jasper y Alice.

Edward fulminó con la mirada a aquella vampira rubia, absurdamente hermosa, que nos esperaba.

—Por favor, Edward —le dije. — No empieces estoy cansada tengo frio y sueño , y no queremos que se repita lo del avión ¿o sí? .

Él suspiró y me empujó hacia el coche.

Emmett y Rosalie se deslizaron en los asientos delanteros sin decir una palabra, mientras Edward me acomodaba otra vez en la parte trasera. Sabía que no iba a conseguir mantener abiertos los párpados mucho más tiempo, así que dejé caer la cabeza contra su pecho, derrotada, y permití que se cerraran. Sentí que el coche revivía con un ronroneo.

—Edward —comenzó Rosalie.

—Ya sé —el tono brusco de Edward no era nada generoso.

—Estoy consciente —repliqué; sólo que sonó como un suspiro incomprensible.

—Déjala dormir —insistió Edward, pero ahora su voz se volvió un poco más cálida.

Todo quedó en silencio, a excepción del suave ronroneo del motor. Debí de quedarme dormida, porque me pareció que sólo habían pasado unos segundos cuando la puerta se abrió y Edward me sacó del coche. No podía abrir los ojos. Al principio, pensé que todavía estábamos en el aeropuerto.

Y entonces escuché a Charlie.

—¡Bella! —gritó a lo lejos.

—Charlie —murmuré, intentando sacudirme el sopor.

—Silencio —susurró Edward—. Todo va bien; estás en casa y a salvo. Duérmete ya.

—No me puedo creer que tengas la cara dura de aparecer por aquí —bramó Charlie, dirigiéndose a Edward. Su voz sonaba ahora más cercana.

—Déjalo, papá —gruñí, pero él no me escuchó.

—¿Qué le ha pasado? —inquirió Charlie.

—Sólo está extenuada, Charlie —le tranquilizó Edward con serenidad—. Por favor, déjala descansar.

—¡No me digas lo que tengo que hacer! —gritó Charlie—. ¡Dámela! ¡Y quítale las manos de encima! Ya suficiente has hecho.

Edward intentó trasladarme a los brazos de Charlie, pero yo me aferré a él usando mis tenaces dedos. Sentí cómo mi padre tiraba de mi brazo.

—Déjalo ya, papá —conseguí decir en voz más alta. Me las apañé para mantener los párpados abiertos y mirar a Charlie con los ojos legañosos—te prometo que le puedes gritar después pero ahorita tengo sueño.

Estábamos en la puerta principal de mi casa, que permanecía abierta. La capa de nubes era demasiado espesa para determinar la hora.

—Puedes apostar a que sí —prometió Charlie—. Entra.

—Vale. Bájame —suspiré.

Edward me puso de pie. Sabía que estaba derecha, pero no sentía las piernas. Caminé con dificultad, hasta que la acera giró de pronto hacia mi rostro. Los brazos de Edward me atraparon antes de que me diera un buen trompazo contra el asfalto.

—Déjame sólo que la lleve a su cuarto —pidió Edward—. Después me marcharé.

—No —grité, llena de pánico. Todavía no había conseguido mis respuestas. Debía quedarse al menos hasta ese momento, ¿no? Estaba enojada con el pero eso no significaba que quería que se fuera.

—No estaré lejos —me prometió Edward, susurrándome tan bajo al oído que no había ni una posibilidad de que Charlie pudiera haberlo oído.

No escuché la respuesta de Charlie, pero Edward entró en la casa. Mis ojos sólo aguantaron abiertos hasta las escaleras. La última cosa que sentí fueron las manos frías de Edward mientras me soltaba los dedos, aferrados a su camisa.

…..

Me dio la sensación de haber dormido mucho tiempo. A pesar de eso, tenía el cuerpo agarrotado, como si no hubiera cambiado de postura ni una sola vez en todo ese tiempo. Me costaba pensar y estaba aturdida; dentro de mi cabeza revoloteaban aún perezosamente extraños sueños de colores —sueños y pesadillas—. Eran tan vividos... Unos horribles y otros divinos, todos entremezclados en un revoltijo estrafalario. Sentía a la vez una gran impaciencia y miedo, dos componentes fundamentales de ese tipo de sueño frustrante en el que no puedes mover los pies con suficiente rapidez... Y todo estaba lleno de monstruos y fieras de ojos rojos cuyos modales refinados les hacían aún más horrendos. El sueño permanecía nítido en mi mente, tanto, que incluso podía recordar sus nombres, pero lo más fuerte, lo que percibía con mayor precisión no era el horror. Era el ángel lo que veía con claridad.

Me resultó duro dejarle ir y despertarme. Este sueño no tendría que arrojarlo a ese sótano lleno de pesadillas que me negaba a revivir. Luché con eso mientras mi mente recuperaba el estado de alerta y se concentraba en la realidad. No recordaba en qué día de la semana nos encontrábamos, pero estaba segura de que me esperaban Jacob, el colegio, el trabajo o algo. Inspiré profundamente, preguntándome cómo podría enfrentarme a otro día más. Mi almohada se sentía maravillosamente familiar y tenía un aroma muy familiar.

Algo frío tocó mi vientre con el más suave de los roces.

Cerré los ojos con más fuerza todavía. Al parecer, pese a que lo sentía como algo anormalmente real, seguía soñando. Estaba tan cerca de despertarme... sólo un segundo más y todo habría desaparecido.

Pero en ese momento me di cuenta de que lo que palpaba parecía real, demasiado real para que fuera bueno para mí. Los imaginarios brazos pétreos que me envolvían resultaban demasiado consistentes. Me iba a arrepentir luego si dejaba que esto llegara aún más lejos. Suspiré resignada y abrí los párpados bruscamente para disipar la ilusión.

— ¡Oh! —jadeé y me froté los ojos con las manos.

Bien, sin duda había ido demasiado lejos; había sido un error permitir que mi imaginación se me fuera tanto de las manos. Vale, quizá «permitir» no era la palabra correcta. En realidad, era yo quien la había forzado demasiado, con tanto ir en pos de mis alucinaciones y ahora, en consecuencia, mi mente se había colapsado.

Me llevó menos de un segundo caer en la cuenta de que ya que ahora estaba loca de forma irremediable, al menos, podía aprovechar y disfrutar de las falsas ilusiones mientras éstas fueran agradables.

Abrí los ojos otra vez y Edward aún estaba allí, con su rostro perfecto a sólo unos cuantos centímetros del mío.

—¿Te he asustado? —preguntó con ansiedad en voz baja.

Poco a poco todos los acontecimientos de los últimos dias fueron llegando a mi mente, y en consecuencia me fui enejando cada vez más. A medida que mi rostro iba reflejando mi estado ánimo la expresión de Edward se hacía más y más preocupada.

—Cariño creo que tal vez deberías descansar un poco mas…— me di cuenta que trataba de ser lo más cauteloso posible para no hacerme enojar, muy tarde, más bien 5 meses tarde.

—¡Cariño, nada Edward! ¡Tú y yo vamos a hablar muy seriamente. Como se te ocurre ir a Volterra a tratar de matarte! Acaso no pensaste en tu familia, en tus padres, en tus hermanos, en el dolor que les ibas a causar, ¡no se te ocurrió si quiera llamarlos a confirmar lo que pasaba! Creíste lo que te dijeron a la primera, y actuaste impulsivamente.

—pero es que creía…..—trato de defender su punto pero estaba muy cabreada como para esperar a sus argumentos.

— ¡creías! Ese es el problema que tú crees muchas cosas creías que era lo mejor para mí que te fueras, creíste que había muerto, creíste que no iba afectar a tu familia; ese es el problema Edward que tu crees muchas cosas pero no tomas en cuenta los sentimientos del resto, haces lo que tú crees que es mejor para el resto sin consultar. Tu no tuviste que hacerte solo una prueba de embarazo, quedarte toda la tarde en un parque, pensando como se lo dirías a tu padre, enfrentar la mirada de decepción en su cara cuados se lo conté, ir sola y asustada a la consulta de un medico y desear que alguien te tomara la mano, soportar los chismes y especulaciones de todo el pueblo, no sabes lo que es…— a este punto mi voz se quebró un poco y sentía un nudo en la garganta.

—lo siento bella yo … — trato de decir, pero se interrumpió con sus pensamientos, creo que el mismo se estaba dando cuenta de sus errores.

—Sí, sí, ya se, lo sientes mucho, te fuiste por mi bien, si hubieras sabido, el peligro, bla, bla,bla ; ya se la historia tus hermanos me confesaron la verdad cuando me entere que ibas a Volterra, pero ese no es el punto. —Me miraba sin aparentemente comprender a donde quería llegar— el punto es que me mentiste, tomaste decisiones que nos correspondían a los dos tu solo, y nos lastimaste en el camino. Se supone que debemos estar ahí para el otro en las buenas, malas y en las peores no huir a la primera, ahora no somos solo nosotros dos tenemos un hijo en camino y tenemos que madurar independientemente de si estamos juntos o no. — al parecer lo ultimo lo hizo reaccionar por que rápidamente empezó a hablar.

—Claro que quiero que continuemos juntos, no me imagino con nadie más en la vida que contigo, lamento no ser el hombre perfecto pero te amo y amo a nuestro hijo y siempre lo voy a hacer— se quedo callado con su semblante demostrando la tristeza y el arrepentimiento que sentía.

—Yo no quiero un hombre perfecto, yo te quiero a ti, no es importante que seamos perfectos, nadie lo es, no existe la perfección, a lo mejor tú crees que merezco alguien más, muchas veces yo he creído que merecías a alguien mas también, he dudado de mi misma.

— Pero si algo he aprendido es que si eres insoportable, a veces engreído, sabelotodo, y puedes llegar a ser un idiota pero eres mi idiota, te amo así con todo lo que eres, para mi eres perfecto; pero tienes que aprender a aceptarte a ti mismo antes.

—Yo sé que soy insegura, terca, cabeza dura, puedo tener mal carácter, y disto mucho de ser perfecta, pero sabes que solo me interesa ser perfecta para dos personas para mí y para ti, el resto no me importa así que…—me vi interrumpida por dos fuertes brazos que me abrazaron y en un momento mis labios chocaron con los de Edward que me besaba con emoción hasta quedarme sin aliento.

—Perdona a este idiota—lo dijo con una voz cargada de tantas emociones que me estremeció—claro que eres perfecta para mí y no sé si soy perfecto para mí o para los demás pero si lo soy para ti y para nuestro hijo—acaricio suavemente mi vientre— no me va a importar el resto, te amo y te juro que no me voy a ir a ningún lado ni separarme de su lado.

Después hablaría con él sobre su visión de sí mismo por ahora lo que me importaba es que me amaba y no se iba a ir de mi lado eso disminuyo en gran medida mi enojo, esa y la expresión de su hermoso rostro cuando me lo dijo que descontrolo a mis traidoras hormonas; así que lo volví a besar soltando todas mis emociones al descubierto y toda la pasión que sentía. Y continuamos así demostrándonos nuestros sentimientos y sin hablar por un buen rato.

Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.

Espero que alguien aun quiera leer esta historia, y ya saben sus críticas, comentarios y sugerencias son aceptadas, siempre es importante saber las opiniones de ustedes por que ayudan a mejorar y corregir errores.

Tengo un capítulo más hechos que pienso subir hoy mismo.

¡Besos!

¡Bye!