KOLT

No sé en qué habría estado pensando en ese momento. Estaba desesperado por encontrar al señor Makos y al señor Biar. Ni siquiera sabía a dónde ir, y seguía corriendo y corriendo, buscando sin saber donde buscar.

Tal vez no están en Missina-dije, y me dirigí hacia la ciudad que el señor Makos me había enseñado. Según él, por esa zona había un puerto. Esa era mi única forma de buscarlos fuera de Missina.

Terminé exhausto cuando llegué al puerto, observando mi alrededor. Había gente por todos lados, charlando y vendiendo sus productos. Al ser un puerto, había la mayor cantidad de botes que había visto en mi vida, de varios colores y con gente dentro de estos haciendo tareas. A pesar de que los botes Aylnd son, en mi opinión, de mucha mejor calidad, debía admitir que era alucinante.

Sin embargo, yo no tenía tiempo para botes y viajes largos. Tomé carrera, y corrí hacia el mar. Oí gente que gritaba, maldecía y se asustaba, pero no sé por qué.

El momento en el que mis pies rozaron el agua, me dio a mí mismo un fuerte impulso. Era la segunda vez que usaba el hielo en el mar, y por suerte lo controlé mejor que la última vez. El mar era tan extenso que era muy difícil controlarlo, y la sal impedía que me pudiese concentrar.

Aún así, el segundo impulso no me dio problemas, y antes de que me diera cuenta, ya iba a gran velocidad. Tal vez a demasiada velocidad. Estaba perdiendo el control de nuevo.

Frené. No iba a encontrarlos simplemente corriendo. Tratando de orientarme, ubiqué el primer lugar que recordaba: Aylnd.

¿Me reconocerían? Por supuesto, después de todo, casi había sido el futuro rey. Era lo que el señor Makos llamaba "celebridad". O algo así. Seguro que no tendría problemas entrando.

Lo bueno de los impulsos que recibía con el hielo era que podía dar largas distancias en poco tiempo. Me daba un impulso grande, y en el momento en que mis pies volvían a tocar el agua, dejaba que el hielo me diera otro impulso. Podía doler un poco los pies, pero no tenía problemas con el hielo.

Recordé con algo de claridad el recorrido que di con el señor Makos al llegar a Missina, y, aunque me perdí un poco, pude ver Aylnd a la lejanía. A la altura a la que estaba, pronto vendría alguien del Consejo a inspeccionar. Pero...no lo hicieron. Llegué a la isla del trueno y no vi a nadie revisando quien era.

Era tal como la última vez que había ido a la isla del trueno. Árboles muertos por las prácticas de electricidad, y algunos otros con manchas extrañas en las hojas. El agua tenía colores extraños, por lo que intenté no tocarla, y no había nadie en el puerto. La mayoría de los Aylnd amarillos se la pasaban en sus talleres, probando sus poderes en máquinas y haciendo experimentos. Solo había un solitario pesquero amarillo, de esos que ya no se ven, y se acercó a mí.

¿No eres tú Kolt del Hielo?- preguntó, dejando su caña asegurada. No sé como esperaba pescar algo en esa mugre

El mismo-respondí- ¿Sabe si Guik del Trueno sigue siendo asistente real?

El pesquero hizo memoria. Era notablemente viejo, con apariencia de loco, y parecía el tipo de persona con un millón de anécdotas.

Sí, creo que sí- dijo, finalmente- Creo que ahora es tutor de Zeif de la Mente. Ya sabe, la chica púrpura...

Sí, la conozco...-asentí-Gracias, señor

El Aylnd hizo un ademán con su sombrero de paja y volvió a su pesca. Antes de la muerte de Jotte del Fuego, Guik tenía el cargo de consejero. Era un Aylnd un tanto mayor, con el pico bastante crecido y en general, una persona nerviosa. Pero había algo que yo sabía, y probablemente Zeif también, que él no podía negar.

Tras eso, me embarqué hacia la Isla del Consejo, esperando ver a Zeif ahí. Apenas bajé, vi a uno de los miembros del Consejo acercarse. Nunca me aprendí su nombre.

¿Joven Kolt? Pensamos que se había ido con los señores Iru y Blast- dijo, en un tono educado

Así es-asentí- De hecho, por eso precisamente estoy aquí, ¿puedo ver a Zeif de la Mente?

Pero por supuesto- respondió, dándose la vuelta- Venga conmigo, por favor

Alucinante. En toda mi vida nunca había sido tan sencilla una reunión con Hiett, ni hablar de Jotte. ¿Tendría Zeif algo que ver?

Al costado de donde se dan las juntas de Consejo, se alza una torre. En esta, el heredero al trono vive y se prepara. El miembro del Consejo me llevó directamente hacia allí.

Subimos por las escaleras de piedra hasta la última planta. Ahí estaba la misma puerta por la que había pasado desde que tenía diez años. El Aylnd tocó la puerta.

¿Zeif de la Mente?-preguntó

Pasa-dijo una dulce voz del otro lado

El miembro abrió la puerta. El cuarto había cambiado bastante: en mi época, había consistido de una repisa con varios escritos y artefactos que yo mismo encontraba, junto a mi cama y una mesa enorme. Zeif había puesto mis cosas (las cuales, ahora recuerdo, se me olvidó llevar conmigo...) en un lado, y había llenado la repisa con unos muñecos hechos a mano, libros varios y muchas cosas...peculiares. La pared, en la cual yo había insistido que sea de piedra, estaba pintada casi en su totalidad de rosa, y había pósteres con películas missianas (el señor Makos ya me había mostrado un par de ellas). Parecía el cuarto de una niña pequeña...o de un investigador anciano.

¡Kolt!- exclamó, sorprendida, y corrió a abrazarme FRENTE AL MIEMBRO DEL CONSEJO.

Ah...hola...-dije, nervioso, mientras ella seguía abrazándome fuertemente. Zeif finalmente se soltó, miró al miembro del Consejo, quien asintió y se fue, cerrando la puerta.

Zeif se quedó mirándome fijamente. ¿Me estaría leyendo? Me di cuenta entonces como había cambiado. Se había dejado lacear sus puntas como si fueran trenzas, y se la veía con más vida. No llevaba la característica túnica que llevaba el Consejo, sino que tenía una...¿camiseta? Era parecida a las que el señor Biar tenía. ¿Dónde la había conseguido? Llevaba además unos jeans parecidos a los de el señor Makos y andaba descalza. No sé por qué, pero la veía más bonita que antes, ¿sería el trato real? Y parece que fue un error pensar eso, porque logré que se sonrojase y mirase para otro lado.

¿Te estoy empezando a gustar, Kolt?-preguntó, aún sonrojada

C-Claro que no...-respondí- Quiero decir que...no de esa...emmmm...

Bueno, no importa. No es de eso a lo que has venido a hablar. ¿Qué tiene que ver el señor Guik con el señor Makos?-

¿No has leído la mente de Guik antes?-

Sí...-respondió, y entonces se dio cuenta de lo que había dicho- ¿Crees que...?

Sí, probablemente-asentí- ¿Dónde está?

Sígueme-pidió, y salió del cuarto, bajando las escaleras. Sabiendo que de espaldas no podía leerme, le pregunté algo.

¿De dónde sacaste toda la...ropa?-Zeif se rió

Luego de leer al señor Makos, pude ver que en su tierra había muchas cosas interesantes-explicó- Así que...¡estoy impulsando la cultura missiniana en Aylnd!

¿Qué? ¿Tan rápido?-pregunté, desconcertado. No habían pasado más de dos semanas.

Así es-asintió con orgullo-Y también decidí eliminar la Isla del Fin. Ahora, los criminales van a una prisión más elaborada en la isla de la Hoja. Aunque fue un tanto difícil cambiar el formato tan repentinamente...

Creo que decir difícil es poco...-no me podía creer todo lo que había hecho en tan poco tiempo. Ni Jotte había logrado algo así.

También quiero dejar la monarquía, romper las barreras entre islas y usar dinero-continuó. Ahora sí que la odio.

¿No deberías, no sé, relajarte un poco?-

Sí, meter todos esos cambios tan de repente sería un agobio.. además que aún necesito la aprobación del Consejo-suspiró- No es tan fácil como parece

Finalmente, llegamos a la segunda planta. Al fondo, había una puerta que rezaba "Tutor". Zeif tocó la puerta.

¿Señor Guik? ¿Está usted-?-preguntó, antes de ser interrumpida por la puerta abriéndose al tocarla

El interior del cuarto estaba desastroso. No tenía nada que ver con mi habitación o la de Zeif. Había papeles desperdigados por el suelo, sillas caídas. La ventana estaba abierta, y podía ver a un Aylnd mayor con unos libros en mano, disponiéndose a salir por esta.

¡Guik!- exclamé. El Aylnd amarillo, de ojos saltones, lentes y un pico muy pronunciado gritó, soltando sus libros y cayendo hacia atrás, rompiendo una silla.

¿Por qué intentaba escapar, señor Guik?-preguntó Zeif, no molesta, sino curiosa, mirando la desordenada habitación

¡¿Qué hace aquí, señorita Zeif?! ¡Le dije que se quedara estudiando sobre los primeros reye...!-chilló, en un intento de cambiar el tema

Guik, sabemos quién eres en verdad-respondí, serio- Zeif y yo no somos estúpidos

¿Qué quién soy? Yo-yo soy el tutor de...-

Pero, puedo leer tu mente y dice que eras General de los Starters, Guik-interrumpió Zeif, con calma-Y no me has dicho por qué escapabas

¿Yo? ¿General Starter? ¡Me ofende!-volvió a chillar, recogiendo sus papeles

Zeif y yo lo miramos casi simultáneamente con el mismo rostro incrédulo. Guik empezó a reír nerviosamente y a acomodarse los anteojos, hasta que finalmente dio un suspiro.

¿Cómo lo sabe el señor Kolt?-

Al contrario de lo que podrías pensar, Guik, me doy cuenta de las cosas- anuncié, dándome respeto- Hiett se reunía mucho contigo para decisiones de gobierno. Demasiado...

Guik empezó a sudar descontroladamente. En verdad era una persona nerviosa. Pero ya lo teníamos acorralado.

Maldito Kurz...-dijo finalmente, pateando una silla- Como Hiett fue arrestado, se creyó que yo ya no sirvo para nada y corta todas mis comunicaciones

Tal vez porque ya no le sirve para nada...-pensé, sin decirlo abiertamente. Zeif me miró con cara de reproche, como diciendo: "¡No seas grosero!". Pero su cara de reproche se parecía tanto a la de una niña que me tuve que voltear para no reírme. probablemente también sintió eso, pero no tocó más el tema.

Podríamos arrestarlo, ¿sabe eso? Por todo lo que ha hecho- continué diciendo

¿Y han venido para qué, entonces?-escupió, con una voz de pito- Por lo que dicen, no es para arrestarme como pensé antes...

Si usted fue el General Starter #14 como leo-dijo Zeif- Debería saber donde llevan sus rehenes, ¿verdad?

Guik siguió temblando, y no parecía dispuesto a decir nada más. Tal vez pensaba que cualquier cosa que dijera lo iba a poner en problemas. No era como si no estuviera ya en muchos problemas, de todas maneras.

Si no vuelves a hacer nada incorrecto como unirte a los Starters, te dejaremos seguir aquí, ¿comprendes?- expliqué, fríamente- ¿Puedes decirnos ahora?

Guik tragó saliva, y finalmente se puso recto, tratando de calmarse.

Kurz nunca me explicó mucho...-dijo- Solo sé que era en algún lugar de Porta Maga, pero nada más

Porta Maga...¿en verdad es todo lo un GENERAL sabe?-respondí

Dice la verdad- me contestó Zeif- Parece que no le confiaban mucho

Gracias por hacerme recordar...-masculló el General #14, recogiendo sus papeles

Bueno, siempre y cuando no vuelvas a hacer nada malo, puedes seguir siendo mi tutor, ¿muy bien, Guik?-dijo Zeif, tranquilamente. Guik solo asintió con la cabeza.

Vaya a...estudiar de los primeros reyes, por favor...-llegó a decir- Yo ordenaré...

Zeif asintió cortésmente, me hizo una seña con el dedo y salió. Yo la seguí, dejando a Guik hablando para sus adentros.

Entonces Guik si era un General- dije finalmente, mientras la acompañaba- Ahora sé a donde tengo que ir...

Sí. Por suerte Porta Maga está cerca de aquí, ¿no?-

Ajá- asentí, mientras nos acercábamos - Bueno, no tengo tiempo que perder, me voy

Me volteó para salir de la torre, pero sentí que me agarraban el hombro. Al voltear, vi a Zeif, sonrojada. Traté de balbucear algo, o decirle que no tenía tiempo, pero...

No tienes que tratar tan duro, ¿quieres?-dijo, disgustada- Si sigues actuando como que lo tienes todo bajo control, solo terminarás teniendo falso orgullo

¿De qué hablas?- pregunté, tratando de mantener la compostura- Yo no tengo falso orgullo...

¡No mientas!- continuó, ¿estaba molesta?- Crees ser muy débil y que no ayudas en nada, y por eso siempre tratas de actuar tan importante...Lo sé. Eres más de lo que crees, Kolt. Solo haz lo que tú harías, no lo que Jotte haría.

Dentro de mí, sabía que estaba en lo correcto. Pero no pensaba admitirlo. El título de Rey significaba ser lo más de lo más, el grande entre grandes. Yo nunca me había visto así. ¿Por qué esa chica se estaba preocupando tanto por mí?

¿Sabes por qué me preocupo por ti?- dijo- Porque...

Zeif, está bien- dije finalmente, volteándome. Ella iba a decir algo, pero yo continué- Sé que te preocupas, pero...Mira, hablaremos de esto cuando encuentre al señor Makos y al señor Biar, ¿sí? Prometo que me relajaré. Ahora haz tu tarea

Zeif me miró, como viendo si decía la verdad, y finalmente soltó un suspiro.

Eres demasiado mal mentiroso...-anunció- Pero, eso es algo bueno, porque así no tengo que tratar de leerte. Buena suerte, chico hielo

Se volteó, con una sonrisa en el rostro, y se dirigió a su cuarto.

Ahora que estaba más calmado, sentí una vibración en el bolsillo. Era el teléfono de célula que me había dado el señor Makos, ¿o se decía celular? No lo sé. Tenía 20 llamadas perdidas de el señor lobo, Houler. Marqué su número.

Estoy dirigiéndome a Aylnd ahora mismo- le oí decir, antes de que yo dijera nada- Más te vale estar ahí

Ve a Porta Maga y búscame ahí- le dije- Tengo algo de información que nos podría servir

Más te vale que sea bueno- respondió, antes de colgar