Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Son propiedad de la mente maestra y prodigiosa mano de Akira Amano.


Desde que era pequeño Tsunayoshi Sawada ha sabido que es un poco diferente de la mayoría de las personas.

Nunca tuvo muchos amigos, por no decir ninguno. Los niños de su edad lo evadían, cada vez que el pequeño castaño se acercaba a otros infantes estos inmediatamente se callaban y bloqueaban toda oportunidad de que el castaño entrara en el grupo.

No es que el castaño fuese un mal niño ni mucho menos, pero había algo en el aura de Tsuna, el aire que le rodeaba, que hacía que los niños se sintieran algo incómodos en su presencia.

Quizás eran los grandes ojos de Tsuna, tan brillantes y puros que parecían perforar el alma de cualquiera que los mirara por mucho tiempo, incluso los maestros encontraban complicado ver los grandes ojos castaños sin sentir que todos sus pecados quedaban expuestos ante la pureza de la castaña mirada.

Quizás era la voz del niño, tan suave y atrayente, casi hipnotizante, muchos niños preferían gritarle para que se callara antes de que siquiera abriera la boca.

Con el paso del tiempo el rechazo se convirtió en miedo y el miedo en agresión, Tsuna comenzó a bajar la mirada y dejar de protestar, su voz cada vez haciéndose más pequeña hasta que casi dejo de usarla, el único lugar donde se sentía seguro era su hogar. Su madre siempre le decía que tenía los ojos más hermosos del mundo y que su voz era un regalo para quien le escuchara, esto siempre hacia sonrojar a Tsuna, su madre parecía ser la única que soportaba su presencia.

Nana Sawada, la madre de Tsuna, era una mujer encantadora que parecía atraer la buena suerte. Siempre se encontraba una moneda en el suelo, siempre le daban rebajas de más del 50% de descuento, siempre le regalaban comida extra mientras recorría el distrito comercial, la verdad Tsuna no entendía como ese rayo de sol y buena fortuna era su madre, pero por eso mismo siempre daba gracias al cielo y a quienquiera que haya sido quien la puso como su madre.

Un par de brillantes ojos castaños, tan puros que brillaban dorados cuando el sol se reflejaba en ellos, se abrían con lentitud mientras su portador usaba su antebrazo para cubrir los rayos de un naciente sol que se filtraban por la ventana al lado de su cama, el constante beep-beep de la alarma programada en el celular sobre su buro perforando sus oídos en señal de que un nuevo día había llegado a su vida. Con la misma mano que anteriormente cubría su rostro tomo el celular y desactivo la alarma, con el sueño aun colgándose a su cuerpo Tsuna se sentó en su cama, dio un gran bostezo y se tallo sus ojos con el dorso de la mano izquierda, miro la hora en el celular, las siete en punto, y luego miro al sol que se levantaba por el cielo a través de su ventana, aquella sensación de inminencia volvió a asentarse en su estómago y los murmullos ansiosos volvieron a resonar en las sombras de su mente.

Tal vez… tal vez no deba ir hoy a la escuela.

Se dijo Tsuna en sus adentros.

Toc-toc.

Dos golpes a su puerta reclamaron su atención.

- Adelante. – señalo con suave voz el castaño.

La puerta se abrió y dejo ver a una adorable y menuda dama, su corto cabello castaño al estilo bob era castaño y brillante, liso y sin nudos, sus ojos, grandes y sinceros, brillaban amorosos cuando se posaron sobre la figura de Tsuna, su pequeña y rosácea boca dibujaba una sonrisa autentica que desarmaría hasta al más fiero de los guerreros.

- Buenos días, Tsu-kun~ - saludo con cantarina y melodiosa voz la menuda dama.

- Buenos días, mamá. – saludo Tsuna a su madre con la misma sonrisa llena de amor que esta le dedicaba a él.

Nana se estremeció de felicidad al escuchar la voz de su hijo, había algo en la voz de Tsuna que simplemente le hacía feliz.

Cuando su voz por fin cambie derretirá a más de un corazón.

Pensó con convicción Nana.

- Solo quería ver si ya estabas despierto, el desayuno estará listo en diez minutos. – anuncio la castaña a su hijo.

- Está bien. – respondió Tsuna mientras salía de la cama.

- Oh, y papá te envió un tutor~ - informo rápidamente Nana antes de volver a cerrar la puerta sin dejarle a su hijo la posibilidad de reaccionar.

Tsuna miro la puerta como si fuera a comérselo vivo.

Después de unos segundos el castaño por fin logro reaccionar, se acercó a la puerta de un salto la abrió y salió corriendo escaleras abajo en persecución de su madre.

- ¡¿Qué papá qué?! – exclamo Tsuna en la puerta de la cocina haciendo que su madre diera una ligero respingo.

Nana suspiro derrotada.

No es la gran cosa, Tsu-kun. – dijo en tono calmo Nana mientras colocaba mezcla de panqueques en una sartén caliente – Tu padre simplemente está preocupado de que tus calificaciones no mejoren y decidió enviar a alguien a que te ayude, mira, me envió un panfleto por fax. – decía Nana mientras le pasaba a Tsuna un papel tamaño carta.

- No comprendo porque se preocupa ahora. – se quejó en un murmullo Tsuna mientras tomaba el papel de las manos de su madre.

No se ha preocupado para nada en los últimos once años, ni siquiera recuerdo como es.

Pensó amargamente el castaño al recordar al padre que abandono a su familia cuando su único hijo tenía solo dos años de edad.

- "Convertiré a su hijo en el líder de la siguiente generación. - Reborn." – leyó Tsuna en voz alta, pero cuando el nombre de "Reborn" rodó por su lengua aquel agudo escalofrió que lo despertó en la madrugada volvió a hacerse presente.

- ¿A que suena prometedor? – interrogo Nana haciendo que Tsuna volviera a la realidad.

- S-suena a estafa. – intento sacudir Tsuna el escalofrió de su espalda.

- Pues yo creo que es una gran oportunidad. – corto Nana – Mejor anda y ve a prepararte, no quiero que llegues tarde a la escuela. –

- O-k. – acepto Tsuna con algo de mal humor.

Los murmullos en las sombras de su mente le decían que se quedara en casa, que no fuese a la escuela, pero él no podía darse ese lujo, apenas había iniciado se primer año de secundaria esa primavera y ya estaba en el fondo de la cadena alimenticia estudiantil, no podía permitirse empeorar.

Se aseo, se puso su uniforme, desayuno y con un extraño nudo en el estómago tomo camino hacia la secundaria de Namimori, cariñosamente nombrada Namichuu por los locales.

Tsuna caminaba solo por la calle en dirección de la escuela, miraba los grupos de amigos que platicaban divertidos entre ellos, su soledad pesándole en los hombros como si de una enorme cruz de hierro se tratase.

- No te vez muy bien. – dijo una chillona voz de repente ocasionando que el joven castaño se detuviera de golpe.

Tsuna busco la fuente de la voz y la hallo cuando bajo la mirada.

Un niño, no, un bebé, estaba de pie frente a él.

El bebé en cuestión no debía tener más de un año de edad, era pequeño y algo regordete, usaba un traje sastre a medida totalmente negro, sus zapatos eran adorablemente diminutos y el sombrero fedora sobre su cabeza le daba un toque misterioso. Tenía un par de extrañas patillas que estaban tan rizadas que parecían espirales en el caparazón de un caracol y sus grandes ojos negros brillaban filosos, profundos y siniestros, como una daga de ónix lista para sacarle el corazón a algún pobre fulano, pero lo más curioso era el enorme chupón amarillo que colgaba del corto cuello del bebé, parecía brillar con luz propia como una enorme señal de peligro.

Tsuna se congelo cuando sus ojos se posaron en los de aquel bebé y sintió como si su alma fuese a ser succionada en la oscuridad del olvido, ¿Era este infante la inminencia que presentía?

- ¿T-te p-puedo ayudar e-en a-algo? – dijo con dificultad el castaño, su voz negándose a salir con fluidez.

- Al contrario. – respondió con siniestra calma el bebé – Soy yo quien fue enviado a ayudarte. –

La sonrisa ladina en el rostro del bebé hizo que el corazón de Tsuna casi se detuviera, el miedo lentamente apoderándose del castaño, los murmullos en las sombras de su mente comenzaron a tornarse más y más fuertes, causándole una leve jaqueca, poco a poco una enorme sombra pareció crecer a espaldas del infante, Tsuna quiso salir gritando, vociferar por ayuda, pero entonces se dio cuenta, nadie se movía.

Los pequeños grupos de amigos que se dirigían a la secundaria se habían congelado en su sitio, como en una de esas fotos viejas, incluso la luz del sol parecía más opaca dándole un toque sepia a los alrededores, un silencio sepulcral se apodero de todo.

Los castaños ojos, abiertos a más no poder y con el pánico gritando por ellos, volvieron a asentarse en la pequeña figura del bebe con traje y fedora negros.

- ¿Q-q-quien e-eres? – logro cuestionar Tsuna, el temblor en su voz rompiendo la armonía de su suave tonada.

- La pregunta correcta es… ¿Quién eres tú en verdad, Tsunayoshi Sawada? – dijo el bebé mientras de entre sus ropas sacaba un pequeño revolver.

Al ver el arma Tsuna se dio vuelta e intento salir huyendo…

CHIU!

Un disparo.

Tsuna cayo recostado contra su lado izquierdo, un ligero thump se escuchó cuando su cuerpo inerte colapso contra la calle, un pequeño agujero, del tamaño de un balín, estaba justo sobre el lugar exacto donde estaba su corazón, un delgado, pero constante, flujo de sangre no dejaba de brotar del pecho del apenas adolescente.

El tiempo volvió a correr, los congelados grupos volvieron a andar, los sonidos volvieron a reinar justo a tiempo para escuchar un thump, algunos movieron sus ojos por instinto al notar un movimiento y ahí lo vieron, el inerte cuerpo sin vida de Tsunayoshi Sawada.


Oscuridad.

Todo cuanto le rodea era pura oscuridad.

Los constantes bump-bump de su corazón resonaban cada vez con más fuerza, cada vez más rápido, haciendo zumbar sus oídos.

Tenía frío.

Se sentía como si le hubiesen sumergido en una tina llena de cubos de hielo y su cuerpo se hubiese dormido para evitar las dagas de frío que se clavaban en su piel, su carne y sus huesos.

Tenía una sed horrible.

Como si le hubiesen obligado a tragarse un desierto entero y las flamas del mismo infierno de forjaran en su garganta. Un contraste doloroso con el perpetuo frío que cubría su cuerpo en la oscuridad.

Poco a poco el frío se fue transformando en la sensación de miles de agujas que se clavaban en su carne, quería gritar, pero la sed y resequedad de su garganta se lo impedían. Le ardía, le dolía, sentía sus entrañar retorcerse como si de gusanos se tratasen, podía sentir la sangre que corría por sus venas prenderse como gasolina al fuego, su cabeza palpitaba dolorosamente, su corazón palpitaba y palpitaba hasta llegar a un pulso que parecía más el zumbido del aletear de una abeja que un palpitar en sí, hasta que ya no más.

El doloroso zumbido en sus orejas se detuvo, el frío se desvaneció, el palpitar de su cabeza ceso, pero la sensación de tener un desierto en la garganta prevaleció y la oscuridad se lo trago.


Un par de enormes, brillantes y castaños ojos se abrieron de golpe y lo primero que vieron un techo liso y banco sobre ellos, un respiro profundo pero sin dejar alivio dejo un fuerte sabor amoniaco y alcohol etílico en la reseca garganta de Tsuna.

El castaño tomo asiento en la camilla donde estaba reposando y repaso el cuarto donde se encontraba.

Había una maquina conectada a su dedo índice izquierdo, el lento y constante beep zumbando molesto en los oídos del castaño, un suero transparente y otro amarillento y más espeso estaban unidos a su antebrazo por dos agujas que estaban clavadas justo en su vena.

La figura de Nana Sawada estaba desparramada en un sillón grande al otro lado de la camilla de Tsuna, la mujer dormitaba profundamente, caminos de lágrimas secas decoraban su redondo rostro y oscuras bolsas colgaban de los cerrados ojos de la castaña, Tsuna miro a su madre y noto el cansancio en sus facciones.

¿Por qué estoy encamado en el hospital?

Se cuestionó perplejo Tsunayoshi mientras repasaba las demás cosas en la habitación.

Un flashazo de oscuros ojos llego a le mente del castaño.

¡El bebé!

Recordó.

Ese extraño bebé me… ¡Me disparo!

Exclamo escandalizado y aterrado Tsuna en su interior.

Tsuna trago algo de saliva y sintió que su garganta gritaba en protesta, inmediatamente carraspeo para ver si eso aliviaba el dolor.

El sonido de su carraspeo llego a oídos de Nana y esta volvió a la conciencia.

- ¿Tsu-kun? – llamo aun entre sueños la menuda dama a su hijo.

Más cuando vio a su hijo, su precioso, único y amado hijo sentado en la camilla con sus dos brillantes y preciosos ojos abiertos mirándola a ella no pudo evitar llorar en alivio y alegría.

- Tsu-kun~! – canto en llanto Nana mientras saltaba sobre su hijo y lo abrazaba – Tsu-kun! Tsu-kun! Has vuelto a mí, mi preciso hijo! – lloro Nana sobre su hijo.

Tsuna devolvió el abrazo a su madre, la calidez volviendo a su cuerpo, las lágrimas llenándole los castaños ojos mientras escuchaba a su madre cantar su nombre con pura felicidad.

- M-mamá. – llamo Tsuna – Mamá! – exclamo mientras rompía el abrazo a regaña dientes y miraba a su madre a los ojos – Mamá, ¿Qué me paso? – interrogo el castaño a su madre.

- N-no lo sé. – respondió Nana con los sentimientos a flor de piel – I-ibas de camino a-a la escuela cuando colapsaste! L-los chicos que c-caminaban contigo te vieron caer y llamaron a una ambulancia! D-dicen que t-te… – Nana sorbió los mocos que salían de su nariz y limpio las lágrimas de sus ojos – L-los médicos d-dicen que tenías un pequeño hoyo en el pecho, j-justo sobre tu corazón y que… y que te habían disparado, p-pero no encontraron ninguna bala y… oh, Tsunayoshi, pensé que te perdería! –

Tsuna sintió el pánico crecer en su interior.

- ¿C-cuanto t-tiempo llevo ho-hospitalizado? – siguió Tsuna con el interrogatorio aunque aquellas voces en las sombras de su mente le decían que mejor parara.

- Una semana. – respondió ya más tranquila Nana aunque las lágrimas no dejaban de chorrear por sus ojos – Tuviste un paro cardíaco, estuviste oficialmente muerto por una hora… – las lágrimas de Nana volvieron con más fuerza, la castaña volvió a abrazar con fuerza a su hijo – Luego cuando apenas iban a firmar el acta de defunción tu corazón volvió a palpitar, los doctores dijeron que era un milagro pero que era posible que tu cerebro sufriera algún daño, algo sobre no tener suficiente oxígeno, has estado en coma desde entonces y ahora estas aquí mi bebé! – lloro con más fuerza Nana.

Tsuna solo atino a abrazar a su madre como si la dulce vida dependiera únicamente de eso.

Podía sentir su corazón palpitar pero ¿Era eso bueno?

Los murmullos en las sombras de su mente le decían cosas, muchas cosas, todas al mismo tiempo y no podía sacar nada coherente de ellas, la sensación de inminencia seguía anudándole el estómago y la sed comenzaba a calmarse, por ahora lo único que importaba era que estaba con su madre y que seguía vivo.

¿Por qué sigo vivo? ¿Cierto?

Se hallo cuestionándose el joven castaño en sus adentros.