Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Son propiedad de la mente maestra y prodigiosa mano de Akira Amano.


Durante toda una semana Tsuna estuvo encerrado en el hospital, los doctores haciéndole mil y un exámenes para asegurarse de que el chico que estuvo oficialmente muerto por una hora no fuera a colapsar nuevamente o que por la falta de oxígeno a su cerebro tuviera algún tipo de daño colateral, más el castaño no mostro ningún tipo de falla, todos sus órganos funcionaban a la perfección, su cerebro no presentaba ninguna anomalía, su corazón palpitaba los regulares de 60 a 100 palpitaciones por minuto, sus pulmones estaban bien, todo estaba como si el castaño jamás hubiese colapsado y hubiese muerto por una hora… bueno, había un par de cosillas.

La primera, tenía mucha sed.

Había veces en las que sentía que su garganta ardía como si le hubiesen untado picante a las paredes de su tráquea, también sentía un molesto escozor cuando tragaba saliva. Por lo general el cuerpo humano debe beber al menos dos litros de agua al día, Tsuna ingería al menos seis y no ayudaba en nada, los doctores le recomendaron beber leche para ver si el escozor disminuía, pero no sirvió.

La segunda cosa era que sus oídos zumbaban por culpa de un constante sonido que el castaño describió como "el sonido del agua cuando corre por el entubado de la casa", era fuerte y no disminuía en lo absoluto, lo escuchaba a todas horas y le causaba dolor de cabeza. Los doctores asociaron el zumbido con el golpe que se dio en la cabeza al caer y que probablemente se desvanecería con el tiempo, Tsuna no estaba tan seguro de eso.

- Por cierto, mamá. – llamo el castaño a su madre mientras se preparaban para salir del hospital.

Los doctores habían terminado sus pruebas esa mañana y dijeron que Tsuna podía irse esa misma tarde luego de que su madre firmara los papeles de liberación del hospital.

- ¿Qué ocurre, Tsu-kun? – cuestiono Nana a su hijo mientras ella y el chico salían de la habitación y se dirigían al elevador.

- ¿Qué paso con el tutor que envío papá? – interrogo curioso el castaño, con todo el ajetreo de sus exámenes médicos se olvidó por completo del asunto del tutor.

- Oh, cierto. Llego poco antes de que el hospital me llamara, así que cuando salí de la casa le pedí que se quedara y que se sintiera cómodo~. – respondió una sonriente Nana a su hijo.

- ¿Dejaste a un completo extraño cuidando de nuestro hogar por una semana entera? – cuestiono incrédulo Tsuna a su madre.

- No es un completo extraño, Tsu-kun. – reprendió Nana lo mejor que pudo – Es el tutor que envio tu padre. –

- Precisamente. – mascullo Tsuna molesto ante la respuesta de su madre.

Los dos castaños salieron del hospital y subieron a uno de los tantos taxis estacionados frente al blanco edifico en espera de pasaje para transportar, Tsuna destapo el agua embotellada que había tomado de una de las maquinas dentro del hospital antes de salir y le dio un largo y gordo trago, la sensación del insípido líquido pasando por su garganta apenas y mitigo la sed, aumentando el molesto escozor que hacía que Tsuna quisiera meterse a la boca la mano entera y arrancarse la garganta de tajo.


Por algún motivo al ver su casa después de una semana encerrado en el hospital Tsuna no sentía nada de ganas de entrar… no, espera, no es que no quisiera entrar, era más como si algo realmente horrible se escondiera dentro de su hogar. Como cuando sabes que dentro de un agujero en un árbol está escondida una serpiente venenosa aunque no hayas visto aun dentro del agujero, simplemente lo sientes.

La familiar, pero no por eso bienvenida, sensación de inminencia hacia que sus entrañas se retorcieran y que los murmullos en las sombras de su mente bufaran como gatos agresivos.

Es solo un tutor.

Se dijo Tsuna en sus adentros.

¿Qué importa que haya sido papá quien lo envío? Eso no significa que el tipo vaya a ser un psicópata asesino o algo por el estilo.

Nana estaba delante de su hijo y coloco la llave en el cerrojo de la puerta, le dio un giro a la izquierda y la entrada de la casa se abrió.

- Reborn-chan~! – canto Nana mientras entraba en su casa – Ya llegamos~! –

- Bienvenidos a casa, Nana-san. – saludo un chillona voz.

Tsuna estaba de espaldas quitándose los zapatos para ponerse sus pantuflas, así que cuando escucho la voz del supuesto tutor que su padre envio sintió como el poco contenido de su estómago se revolvía como si una batidora fuese agitada dentro de su cuerpo, un sudor frío recorrió su sien, y con un lentitud dolorosa el joven castaño dirigió su mirada a la figura que charlaba con su madre calmadamente.

Las pupilas de sus grandes y expresivos se contrajeron hasta ser pequeños puntos negros en un mar pánico y terror al divisar al bebé… no, cosa, que hace una semana se le apareció en su camino a la escuela y le disparo en el corazón.

El ritmo cardíaco del castaño subió hasta las nubes, el ardor de su garganta hacia que el grito de horror quedara atascado y no pudiera escapar por su boca, gruesas gotas de sudor frío rodaron por el rostro de Tsuna, y este solo atino a hacer una cosa. Correr.

- Tsu-kun! – llamo Nana sorprendida cuando vio a su hijo dar media vuelta y salir disparado hacia la calle.

Pero Tsuna no escucho a su madre.

Lo único que Tsuna escuchaba era el descarriado palpitar de su propio corazón resonando como tambores en sus oídos, sus piernas se movían solas, jamás en su vida el castaño había corrido tan rápido.

El apenas adolescente corrió y corrió sin ningún rumbo en particular, simplemente quería alejarse lo más posible de la cosa que estaba en su casa.

¡Mamá!

Recordó de repente Tsuna deteniéndose de golpe.

¡Deje a mamá con eso!

Se recrimino el castaño.

Tsuna miro a su alrededor y palideció considerablemente.

No tenía ni la menor idea de donde estaba.

Namimori no es una de las ciudades más grandes del archipiélago japonés pero si como Tsuna eres una persona con poca vida social es probable que te pierdas con facilidad. Todo lo que Tsuna conocía de su ciudad natal era donde estaban su casa, su escuela, el hospital, el distrito comercial y algunos restaurantes que quedaban cerca de su casa. Fuera de esa zona de confort Tsuna estaba completamente perdido.

¡Maldición!

El castaño comenzaba a sentir las consecuencias de su despavorida carrera. Sentía las piernas como gelatina y el ardor de su garganta se había incrementado hasta hacer sentir al castaño como si alguien hubiese remplazado los huesos de su garganta por metal al rojo vivo, el palpitar de su corazón seguían retumbando como tambores en sus orejas y aquel molesto zumbido de agua en el entubado se intensifico tanto que hizo que Tsuna cayera de rodillas en la calle. Las náuseas se apoderaron de su ser y con grotescos espasmos Tsuna devolvió lo poco que tenía en su estómago.

El castaño agradeció mentalmente la nulidad de cualquier otro ser humano en la cercanía.

Una vez su estómago entendió que ya no tenía contenido para trasbocar y los espasmos se detuvieron Tsuna logro recargarse contra la pared de un edificio, miro al cielo y se percató de que ya estaba oscureciendo.

- Por cuánto tiempo corrí? – se cuestionó con voz rasposa Tsuna.

- Aproximadamente dos horas. – respondió una chillona voz a su lado izquierdo.

Tsuna giro su cabeza tan rápido que un ligero crack se escuchó nacer de su cuello, sus ojos volvieron a llenarse de miedo, pero su cuerpo ya no respondía al terror como lo hizo al principio, estaba demasiado cansado, sus piernas no le daban para más, no podía correr, dudaba que siquiera pudiera ponerse de pie, así que Tsuna decidió que intentaría arrastrarse para poder poner la máxima distancia entre él y lo que sea que se escondiera bajo la apariencia de aquel siniestro bebé.

- ¿Q-qué… t-t-tu… q-q-qué? – Tsuna intentaba articular palabras pero su garganta protestaba cada vez que decía algo y el pánico que inundaba su cerebro no ayudaba en nada.

- Como saliste corriendo como alma que lleva el diablo le dije a tu madre que me aseguraría de que estarías bien. – hablo con su chillona y extraña voz el "bebé" – Descuida, no voy a hacerte nada, estoy aquí para hablar. –

Tsuna no dijo nada.

El "bebé" miro al castaño frente a él, los ojos de su nuevo alumno eran tan grandes y expresivos, sabía que el chico le tenía miedo, terror. Una parte dentro de él se regocijo al ver el pánico en los ojos de este niño, hacia milenios que alguien le dedicaba esa exacta mirada.

- Efectivamente, soy el tutor que tu padre envió. Me llamo Reborn. – se presentó el "bebé".

Tsuna miro al "infante" frente a él, no, la cosa que se disfrazaba como infante e intento tragar, pero su garganta se quemó con solo un poco de saliva en cuanto esta se deslizo por la lengua del muchacho. El castaño llevo inmediatamente una de sus manos a su garganta y la apretó ligeramente en un intento de masaje calmante, carraspeo un poco para relajar sus músculos pero solo empeoro el ardor.

- Arde, ¿Cierto? – hablo Reborn desde el exacto punto en el cual se le apareció a Tsuna, no se había movido un milímetro – En este instante debe sentirse como si te hubiesen pasado una y otra vez una lija por la garganta y luego te hubiesen obligado a beberte un desierto. – describió el ser de traje y fedora negros.

¿Cómo lo…

- ¿Cómo lo sé? – interrumpió el pensamiento del castaño Reborn vociferando la duda de Tsuna – Oh, se muchas cosas niño. – presumió – Por ejemplo, sé que ese constante zumbido en tus oídos, ese que describes como "agua corriendo por el entubado", no es exactamente eso. Ese zumbido es el sonido de tu sangre corriendo por tus venas, cada vez más fuerte, y se seguirá intensificando, lo mimo que tu sed, hasta que te alimentes. –

¿Qué me alimente?

Pensó confundido Tsuna, su pánico inicial no disminuyendo en lo más mínimo.

Los susurros en las sombras clamaban por alimento en cuanto Reborn menciono la idea.

- Debes beber sangre. – respondió la pregunta no hablada Reborn.

Ante la mención del rojo y vital liquido algo dentro de Tsuna se encendió, su estómago volvió a retorcerse, esta vez en éxtasis y su garganta parecía el centro del sol.

A fuerzas Tsuna paso un enorme trago de saliva y casi escucho a su garganta maldecirlo.

- Estas enfermo. – fueron las palabras que salieron de la boca del castaño como escupidas de veneno en dirección de Reborn.

Como pudo Tsuna se puso de pie, le dio la espalda a la figura del tutor que le envío su padre y se alejó en busca de un camino a su casa.


Tsuna sentía que llevaba horas caminado entre los extraños callejones de la desconocida zona de la ciudad en la que se había ido a meter por culpa de su pánico, cuando en verdad solo tenía una hora desde que había dejado atrás la figura de Reborn.

El zumbido se había convertido en un horrible palpitar que hacia retumbar su cabeza, sus extremidades estaban pesadas y el solo levantar el pie hacia que sus huesos crujieran en protesta, el desierto en su garganta clamaba por ser regado y los antes susurros en las sombras de su mente eran ahora voces que rogaban por ser alimentadas.

Los parpados de sus ojos amenazaban con cerrarse y los colores se iban desvaneciendo en la oscuridad hasta que solo quedaban figuras de color rojo que se movían de un lado para otro.

Tsuna dio vuelta en lo que él creía una esquina y se recostó contra la pared para recobrar un aire que no lo dejaba ninguna clase de alivio.

- Miren nada más que tenemos aquí. – dijo un voz rasposa y masculina.

- ¿Quién diría que encontraríamos algo divertido que hacer tan temprano? – cuestiono en burlón asombro otra voz masculina, está más nasal que la primera.

Una serie de risas llego a los oídos del castaño.

Tsuna giro con lentitud su rostro en dirección de las voces esperando ver a los hombres que se le acercaban, lo único que atino a divisar fue cuatro figuras difusas de color rojo que se le acercaban lentamente, el sonido de cuatro tambores se aunó al que de por si retumbaba ya en su cabeza, arrítmicos y molestos tambores que solo hacían que su garganta ardiera más y más.

Lo que los cuatro hombres que se acercaban predadoramente a Tsuna veían era a un adorable chiquillo que parecía sufrir de una fiebre intensa, los rosados labios entre abiertos dejaban entrar y salir respiraciones agitadas y tentadoras, los ojos ligeramente entrecerrados brillaban como un atardecer de otoño e invitaban a acercarse y apreciarlos con detenimiento, el rostro aun aniñado y de delicadas facciones le daba un aire femenino, el cuerpo era delgado y el aroma que provenía de él era dulce y atrayente. Los cuatro hombres sentían que habían ganado la lotería al encontrar a este precioso niño solo en una zona tan peligrosa como los barrios bajos de Namimori.

Un extraño pero delicioso aroma se coló silencioso y atrayente por las fosas nasales de Tsuna. El castaño, curioso y ansioso por saber de dónde venía tal aroma comenzó a buscar la dirección de la cual provenía.

Son ellosss, son ellosss, son ellosss.

Comenzaron a recitar las voces en las sombras de su mente.

Tsuna redirigió su vista a las difusas figuras rojas que lo habían rodeado, relamió sus labios con hambre y sonrió antes de comenzar a acercarse a una de la figuras que parecía recibirlo con los brazos abiertos.

Uno de los tipos que rodeo a Tsuna, el primero que hablo, noto que el adorable castaño comenzó a caminar en su dirección mientras una sonrisa angelical decoraba en sé por si bello rostro del apenas adolescente.

- Parece que en verdad tenemos suerte esta noche. – comento el hombre antes de estrechar a Tsuna contra su cuerpo.

Pero en cuento bajo la mirada para poder examinar mejor a su presa el sujeto perdió todo sentido. Los grandes ojos de atardecer del castaño eran tan profundos, tan cálidos, y el dulce aroma que despedía el más joven le aturdía y llenaba de una sensación de calma y paz.

Inmediatamente los acompañantes del hombre notaron el cambio en su amigo y se acercaron un poco para ver que ocurría, sus pupilas se contrajeron incrédulas cuando notaron que el usual tomo terroso en los ojos de amigo cambio por un naranja atardecer muerto y sin brillo.

Tsuna abrió su pequeña y rosada boca, sus dientes le dolían y sentía como si vibraran en el aire, sentía el aroma cada vez más fuerte y la calidez de la carne que le rodeaba se acercaba a su boca.

Los acompañantes del hombre que sostenía a Tsuna tomaron a su amigo por el cuello de su playera y lo jalaron lejos del castaño.

Cuando Tsuna por fin cerro su dulce boca el delicioso aroma se había esfumado y el calor que le rodeaba junto con él.

El pánico y la sed volvieron con fuerza, el desierto estaba al rojo vivo y Tsuna sentía que su cuerpo comenzaba a consumirse a sí mismo.

El castaño quería llorar, ¿Qué hacía ahora?

La respuesta llego con un viento que recorrió los callejones más allá de la pared de la esquina donde Tsuna se detuvo, era otro aroma, no tan tentador como el primero pero era lo suficientemente atrayente como para llamar la atención de Tsuna, así que el castaño siguió dicho aroma adentrándose en las sombras de los callejones de los barrios bajos de Namimori.


Cuando Tsuna volvió en sí la luna brillaba plateada sobre él.

Estaba recostado contra la pared de un edificio desconocido, el zumbido en sus oídos se había desvanecido, la sed ya no estaba y el ardor era solo un cosquilleo en su garganta, su cabeza ya no le dolía y se sentía satisfecho.

Con lentitud y un suspiro que rayaba en gruñido Tsuna se puso de pie y se tallo en rostro con las manos, su tacto se sentía viscoso y olía algo metálico. El castaño reviso sus manos y con horror descubrió que estaba llenas de sangre a medio secar.

Tsuna miro a su alrededor y sus ojos casi se salen de sus cuencas, las náuseas habían vuelto pero los espasmos no lograban hacerlo vomitar, su grito salió ahogado entre sus ahora rojizos labios por la sangre que decoraba su rostro.

Sus ojos tanto como su cuerpo temblaban incontroladamente cuando miro hacia abajo y encontró los cadáveres secos de una manada de perros callejeros, al menos veinte perros yacían inertes en el frio suelo del callejón.

¿Qu-qu-qué…

- Tú lo hiciste. – hablo la chillona voz de Reborn que salía de entre las sombras y se posicionaba v bajo el farol de una de la pocas luces de calle, la seriedad del tono sonando extraño y foráneo ante la agudeza de la voz.

Tsuna miro incrédulo a Reborn, el miedo golpeando hasta lo más profundo de su alma.

- Ahora, ¿Ya estás dispuesto a escucharme? – cuestiono Reborn a Tsuna mientras una sonrisa autosuficiente se hacía presente en el rostro de querubín del tutor.