Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente maestra y prodigiosa mano de Akira Amano.


- ¿Qué me hiciste? – cuestiono Tsuna en un susurro, su voz quebrada por el llanto que amenazaba con salir de sus brillantes ojos llenos de miedo.

Reborn miro al niño frente a él con indiferencia, no era la primera vez que observaba a alguien en medio de su conversión, las había visto de todas clases, vampiros, hombre lobo, hombres gato, las iniciaciones de brujas y magos oscuros, la primera vez que un Ghoul se daba cuenta de que ya no estaba "vivo"… la mayoría de las veces se vuelven locos, entran en negación y durante mucho tiempo vagan sin saber exactamente qué hacer para finalmente romperse y convertirse en verdaderos monstruos que luego tienen que ser eliminados por el bien de proteger el secreto de su existencia a los humanos, otros, como Tsuna en este caso, simplemente entienden, ya sea por instinto o por alguna otra razón, que las cosas jamás volverán a ser iguales.

- Tú has sido lo que eres desde el momento en el que naciste, yo simplemente fui enviado a despertar eso que dormitaba dentro de ti y a enseñarte cómo usarlo. – respondió Reborn la pregunta de su nuevo alumno.

- ¿Papá sabia de esto? – cuestiono Tsuna con el mismo susurro dolido de su primera pregunta, las gruesas lágrimas tornándose rojizas cuando rodaban por las mejillas manchadas con sangre seca de los perros de los cuales Tsuna se hubiese alimentado hace unas horas.

Reborn tomo el ala de su sombrero y la bajo para cubrir un poco su rostro dándole un toque sombrío.

- Te lo explicare todo, pero primero debemos movernos. Por esta zona viven unos cuantos vagabundos y si nos llegan a ver sería complicado explicarles porque hay dos docenas de perros secos y un chiquillo lleno de sangre, ¿No crees? –

Tsuna miro a Reborn con ojos vacíos, las lágrimas seguían corriendo, en menos medida, pero seguían corriendo, asintió quedamente y se puso de pie, con su antebrazo derecho intento limpiar las lágrimas pero lo único que logro fue manchar aún más la sudadera que usaba con sangre re-hidratada por las lágrimas.

- ¿Qué hay de los perros? – interrogo Tsuna, su voz más audible que las últimas dos preguntas que realizo a Reborn.

SNAP.

Chasqueo Reborn sus deditos con fuerza y de repente los cuerpos inertes de los perros se encendieron como leña, el fuego consumiéndolos y llenando el aire con un aroma a carne podrida a fuego lento.

- Listo. Vámonos. – fueron las únicas dos cosas que dijo Reborn antes de adentrarse en las sombras, Tsuna le siguió de cerca.


Llegaron al templo de Namimori, un lugar raramente tenia personas cerca a menos que alguna clase de festividad se celebrara, la oscuridad de la noche y la luz de la luna le daban un toque melancólico, como si el templo estuviese triste de no recibir la misma cantidad de visitantes como en años pasados.

Tomaron asiento en una de las tantas bancas llenas de hojas caídas, cada uno en un extremo dejando un considerable espacio entre ellos.

- Hace mucho tiempo hubo un rey… - comenzó Reborn.

Tsuna miro al que se mostraba como infante con el interés manchando sus grandes ojos castaños.

- … y este rey tuvo un hijo, pero la reina, murió cuando dicho hijo nació. El rey, a pesar de estar devastado por la pérdida de su esposa crió a su hijo con amor, sin embargo el rey siempre sintió que algo le faltaba. Un día, cuando el príncipe fue lo suficientemente mayor como para tomar las riendas del reino, el rey se fue a un lugar lejano en busca de aquello que le hizo falta desde la muerte de su esposa. –

- ¿Lo encontró? – interrumpió Tsuna el relato.

Reborn miro al castaño y noto que a pesar de que su mirada aún estaba apagada había rastros de curiosidad.

- Si. – respondió Reborn volviendo a mirar al frente – Conoció a una linda chica que le devolvió aquello que había perdido cuando su esposa falleció al dar a luz a su hijo. Se desposo con ella, tomo su apellido y tuvieron un hijo varón. –

Una ligera sonría se pintó en el rostro todavía cubierto de sangre seca de Tsuna, el castaño se sintió feliz por aquel rey.

- ¿Qué tiene eso que ver conmigo? – cuestiono curioso el castaño.

- Bueno, en primera, que el apellido de la joven que aquel rey desposo era Sawada, y en segunda, que aquel rey que viajo desde muy lejos era el primer rey de los vampiros. – respondió Reborn.

Un silencio sepulcral se apodero de los alrededores.

Un viento frío aulló cuando chocó contra las copas de los árboles que rodeaban el templo.

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- ¿Eh? ¡¿Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeh?! – reacciono Tsuna de manera escandalosa mientras se caía de la banca y aterrizaba dolorosamente sobre su trasero.

Reborn lo miro con cierta incredulidad, por primera vez en mucho tiempo el del fedora y traje negros no sabía si reír a carcajadas o tomar su amado revolver y llenar de agujeros el cuerpo de su interlocutor.

- A ver si entendí bien. – hablo Reborn optando por mantener la calma lo mejor posible – Te bebiste al menos veinte perros callejeros hasta dejarlos secos, tienes tu rostro y tu ropa llenos de sangre seca, ¿Y no se te ocurrió que era quizás porque te estas convirtiendo en un vampiro? – la pregunta sonaba extraña debido al tono irritado de la chillona voz del aparente bebé.

Tsuna abrió su boca para responder pero ninguna palabra salió de ahí.

La mente del castaño trabajaba a mil por hora conectando los metafóricos puntos con líneas, de repente todo tuvo sentido y por fin atino a decir de manera alterada y ofendida.

- ¡¿Papá sabia de todo esto?! – exclamo Tsuna, un flashazo de naranja pasando por sus ojos de manera fugaz.

- Volviendo a la historia. – continuo Reborn decidiendo ignorar a su nuevo alumno porque estaba seguro de que si seguía hablando con el muchacho acabaría disparándole con balas de plata – El rey le confeso a su ahora esposa de donde venía y lo que él en verdad era, la joven acepto al rey a pesar de su naturaleza, el rey, feliz de que su nueva esposa le amara a pesar de todo volvió al reino que ahora era de su hijo y le contó acerca de su nueva vida con la mujer humana, pero el hijo no lo tomo tan bien, le recrimino el cómo pudo ser capaz de manchar su linaje con la sangre de una humana, le dijo que su nuevo hermano seria bienvenido pero que la mujer no. – continuo su historia Reborn.

Tsuna volvió a subir a la banca y escuchaba con interés.

- El segundo rey le dijo al primero que su nuevo hermano estaría bajo su protección, pero que el primer rey debía cuidar de su nueva esposa humana. El primer rey acepto. El niño creció sabiendo perfectamente lo que era él, su padre y su hermano mayor, creció bajo la protección de la corona y formo su propio grupo para mantener a salvo a su familia aun en el mundo humano. Ese cargo se fue pasando de generación en generación, la sangre de vampiro diluyéndose hasta que lo único que quedo fueron humanos con ascendencia vampírica que una vez llegado el momento debían ser convertidos para poder tomar las riendas de la organización que el hijo menor del primer rey formo… hasta hoy. – Reborn miro de nuevo a Tsuna – Tu, Tsunayoshi Sawada, serás el primer descendiente humano con ascendencia vampírica en ser convertido y entrenado para convertirte en el próximo rey de los vampiros. – concluyo Reborn su relato.

Tsuna tenía su boquita abierta de la sorpresa, una perfecta "O" formada por sus por ahora ensangrentados labios, sus ojos estaban abiertos de par en par mirando a Reborn como si de la nada le hubiese crecido una segunda cabeza.

- ¿Por qué yo? – cuestiono en un susurro incrédulo.

- Ya te lo dije, eres el último descendiente directo del primer rey. – respondió Reborn acomodándose su sombrero para poder mirar mejor a Tsuna.

- ¿Por qué no papá? – cuestiono con el mismo tono incrédulo de la última pregunta el castaño.

- Porque él ya es el líder de la organización que fundo el hijo menor del primer rey, tu padre es quien se ha encargado de que todo este asunto de tu ascensión al trono se mantenga en círculos internos sumamente cerrados, a parte de él, el actual rey y yo, contados individuos saben de tu existencia. – respondió Reborn como si fuese lo más obvio del mundo.

Tsuna retrocedió un poco ante lo informado por Reborn.

- ¿Él hizo eso? – interrogo Tsuna con voz más clara.

- Es lo que hacen los padres, ¿No? Asegurarse de que sus hijos estén a salvo. – respondió Reborn con simple honestidad.

Tsuna desvió la mirada y observo el suelo como si fuera lo más interesante del mundo.

- ¿No hay más herederos? – cuestiono Tsuna con voz apagada.

- El primer príncipe murió decapitado en un accidente de caza, el segundo fue baleado con balas de plata en un tiroteo hasta que dejo de regenerarse y del tercero lo único que encontraron fueron sus huesos. – respondió Reborn.

- ¡No tienes por qué mostrar las fotos! – lloro Tsuna mientras tomaba las tres fotos de las manitas de Reborn y las lanzaba al aire.

- Pensé que sería más ilustrativo de ese modo. – dijo Reborn mientras se encogía de hombros restándole importancia.

Tsuna suspiro cansado.

¡Es demasiado!

Exclamo el castaño en sus adentros.

Tiene trece años, es su primer año de secundaria, la voz todavía no le cambia, es el varón más bajo de su salón de clases, lo molestan y acosan constantemente por sus facciones delicadas, no ha logrado hacer ni un solo amigo en su vida y ahora para colmo ¡llega esta cosa disfrazada de bebé, lo convierte en una especie de pseudo-vampiro y le dice que es el heredero al trono del reino de los vampiros en un mundo que solo Dios sabe dónde está!

¡Es simplemente demasiado!

Lloro Tsuna en su interior.

- ¿Y qué pasa si digo que "no gracias"? – interrogo Tsuna.

Su mente consiente le decía que era una pregunta valida, pero los susurros en las sombras de su mente le decían que acababa de preguntar una de las cosas más estúpidas de su vida.

El aire alrededor de Reborn se volvió pesado, las sombras que rodeaban al aparente bebé parecieron aglomerarse una sobre otra haciendo difícil respirar para Tsuna.

- Aquí nadie te está pidiendo tu opinión, niño. – la profundidad de la voz que salió de los infantiles labios hizo que Tsuna se estremeciera, la voz estaba cargada con pura oscuridad, por un segundo los oscuros y misteriosos ojos sin fondo de Reborn se volvieron afilados y un flash de amarillo toxico los decoro dejando ver una oscura rendija que fungía como pupila, fue solo un instante, una milésima de segundo, pero le basto a Tsuna para entender que lo que se ocultaba tras la fachada de bebé era más siniestro de los que él pensó desde el principio e hizo que el castaño tragara pesado, los susurros en las sombras de su mente se tornaron un grito que le decía que corriera, pero su pánico lo mantuvo en su lugar sin mover un solo musculo.

Reborn se percató de su desliz y carraspeo para aclarar un poco su garganta mientras bajada el ala de su fedora para ocultar sus ojos.

- Además, aunque no estuvieras metido en esta situación una vez hubieses llegado a la edad adulta y tenido un heredero tu padre te habría dicho sobre tu responsabilidad para con el reino y se te hubiese obligado a seguir un estricto entrenamiento para poder heredar su posición y finalmente habrías sido convertido de todas maneras. – explico Reborn, su chillona e infantil voz volviendo a salir de su pequeña boca – De una forma u otra te ibas a convertir en un vampiro, ¿Qué tiene que sea unos cuantos años antes? – sonrió Reborn de la manera más inocente que pudo.

A Tsuna la sonrisa de Reborn se le antojo perturbadora y un ligero tono azulado pinto su rostro.

- ¿Q-que hay de mamá? – cuestiono Tsuna preocupado.

La imagen de Nana Sawada, toda sonriente y brillante, llego a la mente de su único hijo. Tsuna no quería que nada le pasara a su madre.

- Tu madre no sabe nada de esto, tu padre prefiere dejarla fuera por ahora. – respondió Reborn.

- No se me hace justo. – dijo Tsuna con el entrecejo fruncido.

- La justicia es una idea tan relativa como lo son el tiempo y la verdad. – dijo Reborn con aire filosófico.

- ¿Entonces, mamá estará bien? – continuo su interrogatorio el adorable castaño no muy convencido por las palabras de su nuevo tutor.

- Mientras tú hagas lo que tengas que hacer y el idiota de tu padre siga haciendo bien su trabajo estoy bastante seguro de que tu madre tendrá una vida pacífica. – aseguro el del fedora.

Tsuna suspiro nuevamente, esta vez en señal de derrota, le dedico a su nuevo tutor una mirada incierta, llena de duda, entonces estiro su brazo derecho en dirección de Reborn y extendió la mano en señal de querer estrecharla con la de Reborn.

El del fedora observo la mano extendida en su dirección y luego miro al castaño.

- No soy buen estudiante. – comenzó Tsuna – Tampoco soy bueno en deportes, por lo general soy bastante tímido y me cuesta hacer amigos, te puedo asegurar que no tienes ni la menor idea de lo que aceptaste cuando mi padre te pidió ser mi tutor. – advirtió Tsuna.

Reborn sonrió y estrecho la mano derecha de Tsuna con la suya.

- No fue tu padre quien me lo pidió, fue el actual rey, y no te preocupes, me gustan los trabajos difíciles. – advirtió Reborn.

Ambos se dieron un apretón y soltaron sus manos.

- Volvamos a casa, tu madre debe estar preocupada y tú tienes que quitarte toda esa sangre de encima. – dijo Reborn mientras de un salto bajaba de la banca y comenzaba a caminar en dirección de las escaleras del templo.

Tsuna miro su mano con semblante aterrado, un ligero tic en nació bajo su ojo izquierdo y un ligero tono azulado decoro su rostro.

¿Por qué siento como si acabara de vender mi alma al diablo?

Se cuestionó en sus adentros el joven castaño.

La voz de su mente consciente le decía que huyera, pero los susurros en las sombras de su mente le decían que no hay escapatoria.