Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente maestra y prodigiosa mano de Akira Amano.


Las respiraciones rápidas y agitadas que salían de su boca resonaban en los muros del callejón donde se había metido con esperanza de hallar un escondite, las zancadas presurosas sonaban a fuertes y seguidos thud que se perdían en el silencio de la noche. La luna llena, plateada y con un brillo muerto, alumbraba pobremente el callejón por el cual corría intentado alejarse de lo que le perseguía. Salto con agilidad pasmosa un montón de botes de basura que le tapaban el camino que después de unos segundos escucho como salían volando aparatosamente y chocaban contra las paredes del callejón por el que corría, por el rabillo del ojo podía ver a su perseguidor.

Una enorme sombra negra que corría a cuatro patas se acercaba velozmente, los brillantes ojos amarillos de lo que fuese eso que le perseguía estaban clavados en él y todo lo que mostraba esa mirada era hambre y sed de sangre.

Su corazón dio un vuelco en su pecho, lo mismo que su estómago, y sintió unas profundas ganas de vomitar.

Pero estoy seguro de que si me detengo ahora estoy peor que muerto.

Se dijo en sus adentros el muchacho que siguió corriendo al máximo de su capacidad, una sonrisa sin humor se pintó en su rostro ante su pensamiento.

Por fin vio una entrada a su izquierda, acelero el paso y corto de golpe y salto hacia su lado izquierdo cayendo en el nuevo callejón como si fuese un saco de papas arrojado a la parte trasera de una camioneta, la sombra siguió de largo y él suspiro aliviado.

Le he perdido.

Pensó con su corazón a mil por hora.

Se puso de pie como pudo y recargándose un poco contra la pared del nuevo callejón avanzo hasta poder encontrar una salida del laberinto de callejones donde se había metido.

Sera mejor que no le cuente nada de esto al viejo o me dará el sermón de mi vida. – se dijo el muchacho.

De repente sus ojos, de un castaño claro brillante y semi-amielados, se abrieron como platos al descubrir que el callejón al que se había metido no tenía salida. Una enorme pared de ladrillos se alzaba unos cincuenta metros sobre su cabeza.

Mierda. – maldijo por lo bajo el chico.

Grrrrrrr.

Un gruñido hambriento y salvaje surgió a sus espaldas.

Giro su cabeza lo suficiente como para notar los brillantes y salvajes ojos amarillos que ya tenían un rato persiguiéndolo, la figura de la criatura cubierta por las sombras del callejón.

Se giró por completo y encaro lo que sea que le perseguía, pego su espalda a la pared del callejón, volteo a todos los lados pidiendo al cielo por algo para defenderse, lo único que encontró fue viejo tubo de metal semi oxidado, uno de sus lados acababa en una punta torcida, como si alguien o algo lo hubiese roto de una mordida, lo tomo entre sus temblorosas y algo sudorosas manos y lo coloco frente de si como si de una espada se tratara.

Lo siguiente que Takeshi Yamamoto, de trece años de edad, alumno de primer año de la secundaria Namimori, as del equipo de baseball supo, fue que una sombra con un par de salvajes y fieros ojos amarillos se abalanzo contra él.


Tsuna abrió sus brillantes ojos cuando los constantes beep-beep de la alarma del despertador de su celular comenzaron a resonar en las paredes de su cuarto, sus oídos vibraban dolorosamente con cada uno de los chillantes sonidos que taladraban su cabeza. El castaño tomo su almohada y cubrió sus ahora súper-sensibles oídos del taladrante sonido que emanaba de su celular, estiro su brazo lo mejor que pudo para no descubrir sus orejas, tomo el infernal artefacto y lo lanzo contra la pared de su habitación.

La alarma se apagó al instante cuando la batería del teléfono celular salió salvajemente de su compartimiento al impacto.

Tsuna suspiro aliviado cuando el taladramiento a su cráneo se detuvo y sus oídos dejaron de vibrar molestamente.

- ¿Esto va a ser así todas las mañanas? – cuestiono el castaño mientras alzaba la mirada a su nuevo compañero de cuarto.

Reborn yacía recostado en una hamaca justo sobre la cabeza de Tsuna, su fedora y trajes negros cambiados por un gorrito para dormir que semejaba al de los duendes de jardín y un pijama de dos piezas color amarillo pálido con rayas verticales negras.

Los siempre despiertos ojos del tutor (literalmente, el sujeto no los cierra ni para dormir), se fijaron en la figura de su estudiante.

- Solo hasta que te acostumbres a tu nueva naturaleza, con el paso del tiempo tendrás un mejor control sobre tus habilidades. – respondió Reborn mientras bajaba de un salto de su hamaca y aterrizaba en la cama de Tsuna.

- Tsu-kun~! Reborn-chan~! El desayuno está casi listo~! – llamo desde la planta baja la alegre y cantarina voz de Nana Sawada, la puerta de la habitación, aun cerrada, hacía que el sonido de la vez de la madre de Tsuna sonara un poco apagado, pero para el castaño era tan claro como el cristal.

- Sera mejor que nos alistemos, tenemos muchas lecciones por repasar hoy. – anuncio Reborn mientras saltaba de la cama y aterrizaba en el suelo.

Tsuna se puso de pie y procedió a abrir la cortina de la ventana de su habitación.

El sol ya estaba a mitad de su ascenso por el limpio y claro cielo de la ciudad de Namimori y…

- Aaaaagh! – grito Tsuna de repente cuando la luz del sol choco contra su brillantes ojos.

Reborn se giró para poder ver mejor a su alumno y lo descubrió contra la pared al lado de la ventana, sus manos cubrían sus ojos que estaban fuertemente cerrados.

- Arde! – exclamo adolorido Tsuna cuando volvió a abrir los ojos.

Los usualmente grandes y brillantes ojos castaños estaban entrecerrados y un tono rojizo los adornaba, Reborn noto esto y se acercó al chico.

- Déjame ver. – pidió el tutor mientras con una fuerza que definitivamente no debía pertenecer a la apariencia que ostentaba hacia que Tsuna se acuclillara frente a él para poder examinar su ojos.

El color del iris seguía siendo de un tono castaño dorado, pero una delgada línea de un color rojo brillante cubría el iris, la pupila también había cambiado su color, ahora es anaranjada y también era cubierta por una línea rojiza, los capilares de sus ojos estaban hinchados y le daban a los grandes ojos de Tsuna un tono ensangrentado.

- Uhmm, por lo visto tus ojos están ajustándose a tu nueva naturaleza y cuando abriste la cortina y la luz del sol les dio de lleno causaron una reacción. – explico Reborn mientras abría un poco los parpados de Tsuna – Te recomiendo usar gafas oscuras por el resto del día o no podrás salir de la casa. –

- ¿Todo el día con gafas oscuras? – se quejó el castaño.

- Puede que hasta una semana. – agrego Reborn mientras soltaba a Tsuna.

- Ugh! – gruño el castaño.

Es domingo por la mañana y Tsuna tiene que lidiar con otro de sus raros cambios vampíricos, como si tener que beber sangre no fuese suficiente, aunque no se había vuelto a alimentar desde el viernes por la noche, el castaño no tenía ninguno de los síntomas que sintió el viernes antes de zamparse a veinte pobres perros callejeros, Reborn le había explicado que eso se debía a que su cuerpo solo le pedirá que se alimente cuando sea absolutamente necesario. La conversión solo usa su propia energía vital y sangre para realizar ligeros cambios, es hasta que su energía vital y su sangre menguan que la necesidad de alimentarse se despierta.

Tsuna tomo un par de lentes de sol que su madre le regalo el verano pasado cuando fueron a la playa a pasar un rato y se los coloco sobre los ojos que aún le ardían y le picaban como si alguien los hubiese rociado con gas pimienta. Medio a ciegas logro llegar al baño y realizar su rutina mañanera, cuando bajo las escaleras su madre estaba colocando el desayuno en la mesa.

- Ara, ¿Tsu-kun porque estás usando tus lentes de sol dentro de la casa? – cuestiono curiosa Nana.

- Lo que pasa es que Tsuna está entrando en su etapa de chico malo. – interrumpió Reborn sin darle chance a Tsuna de abrir la boca.

- ¡Reborn! – exclamo indignado Tsuna.

- Oh, así que ya está entrando en esa etapa. – dijo Nana interrumpiendo la queja de su hijo – La adolescencia está tocando a la puerta de mi bebé~ - canto enternecida la castaña.

- ¡Madre! ¡Mou! – se quejó Tsuna avergonzado, un sonrojo decoraba las mejillas del castaño.

Los tres desayunaron en calma, Reborn le dijo a Nana que la razón por la que Tsuna tendría que usar sus gafas de sol por todo el día es porque un extraño polen anda pululando y que causa serias reacciones alérgicas en cierto tipo de personas, una mentira que no está completamente fuera de la verdad sigue siendo verdad a ojos de Reborn.

Nana acepto la explicación y le agradeció a Reborn el ser tan considerado para con su hijo.


Takeshi Yamamoto abrió sus ojos abruptamente, sus pupilas contraídas en pánico, se sentó de golpe en su cama y un sudor frio cubría su cuerpo. Las respiraciones desesperadas salían de su boca como queriendo alcanzar la dulce vida y un molesto picor en su antebrazo izquierdo lo estaba volviendo loco.

El chico se tranquilizó una vez se dio cuenta de que estaba en su habitación, alzo su antebrazo izquierdo y lo examino, un blanco yeso cubría su antebrazo escondiendo las feas marcas que dejaron los colmillos de lo que le ataco la noche anterior.

*FLASHBACK*

La criatura de ojos amarillos se abalanzó contra él y este se cubrió con su antebrazo izquierdo para evitar la mordida letal, los filosos colmillos de la cosa se clavaron como puñales en la tierna carne de Takeshi mientras este alzaba el tubo con su mano derecha y lo clavaba en uno de los amarillos ojos, la reacción de la criatura fue un chillido agudo y salió huyendo saltando por las paredes del callejón hasta que llego a uno de los techos de los muchos edificios que formaban el callejón.

Takeshi se quedó ahí por un momento, muchas cosas pasando por su mente como un torrente de agua fría y filosa contra los bordes de su mente, su respiración agitada acompasándose poco a poco. Un dolor agudo nació de su antebrazo izquierdo, el chico lo alzo para examinarlo y descubrió la fea marca de una mordida que le había dejado la carne molida y un torrente de sangre parecía emanar de ahí.

El chico en lugar de correr a su casa decidió que sería mejor correr a la clínica más cercana, como pudo salió del laberinto de callejones y pidió ayuda, cuando por fin encontró a alguien que pudiera atenderlo llamaron a su padre.

Esta de más decir que Tsuyoshi Yamamoto no estaba contento.

*FIN FLASHBACK*

Takeshi se dejó caer en su cama con un suspiro cansado saliendo de sus labios, el molesto picor de su antebrazo izquierdo volviéndose cada vez más intenso.


- El día de hoy hablaremos de los cambios por los que tu cuerpo está pasando. – anuncio Reborn la lección del día.

La habitación de Tsuna estaba a oscuras, la luz de las lámparas siendo la única luz que alumbraba la penumbra ya que eran las únicas luces que no achicharraban los ojos del castaño que aún tiene puestas las gafas de sol.

- Como puedes ver tu cuerpo está pasando por molestos y muy dolorosos cambios que no tienen nada que ver con la pubertad pero que misteriosamente la afectan. Como explique ayer tu cerebro y tu cuerpo sufrieron una serie de cambios dramáticos mientras estuviste oficialmente muerto por una hora, el primer cambio visible que podemos notar es la sensibilización de tus ojos. Los ojos de un vampiro son más sensibles a la luz del sol de este mundo más una vez estén completamente ajustados a tu naturaleza vampírica serán capaces de adaptarse a cualquier entorno, sin embargo mientras estés en las primeras etapas de tu conversión tus ojos serán súper sensibles causando una ligera reacción alérgica, por eso en lo que tus ojos se ajustan a su nueva naturaleza deberás usar esas gafas estés o no dentro de la casa y la escuela. – explico Reborn – Otro de los cambios por lo que pasaras serán tus colmillos. Primero se te caerán todos tus dientes actuales y serán remplazados por tus dientes de vampiro, el proceso es similar a cuando se te caen los dientes de leche, pero mucho más rápido. –

- ¡Pero si mis dientes de leche terminaron de caerse cuando tenía once! ¿Debo pasar por eso de nuevo? – se quejó Tsuna.

- Otro de tus cambios será tu voz. – ignoro Reborn la queja de su alumno – La voz de un vampiro, al igual que su mirada, es una de sus herramientas más confiables, el tono de la voz y el brillo en los ojos de los vampiros poseen propiedades hipnóticas que al usarse pueden hacer que la presa sea más sencilla de atrapar, está es una habilidad que difícilmente funciona en otros vampiros, a menos de que seas realmente bueno o realmente viejo pues la hipnosis es una habilidad que se maneja con la edad, cuando tu voz madure y cambie es probable que la habilidad de control se vuelva más fuerte. –

- ¿Qué hay de la manera en la que envejezco? Mencionaste algo de eso ayer. – cuestiono Tsuna recordando algo que dijo Reborn a mitad de su lección.

- Veras, Tsuna. – comenzó Reborn su discurso – Los vampiros al contrario de la creencia popular no son inmortales, simplemente envejecen más lento, algunos vampiros incluso aprenden algún tipo de habilidad mágica para poder alargar más su vida, claro que son pocos los que poseen la poder necesario para desarrollar y completar más un par de trucos. Si tienes suerte tú podrías vivir unos quinientos años, esto tomando en cuenta el hecho de que eres un vampiro convertido, pero si desarrollas algún tipo de afinidad mágica puede que logres alargar tu vida a mil años. –

- ¿Qué hay del mundo del que provienes y del cual desciendo? – cuestiono Tsuna interesado.

- Es un mundo paralelo a este. – respondió Reborn – Imagina un espejo frente a otro y en medio de ambos colocas una pelota azul, la pelota se refleja infinitamente, esos reflejos son pelotas paralelas a la primera pelota, por eso se dice que si te quedas mucho tiempo entre dos espejos y miras con cuidado a las esquinas podrás ver atisbos de los mundos reflejados en los espejos. Existen puertas que conectan los mundos y algunas criaturas aprendieron a abrirlos, para esto se requiere de un gran poder y control que no muchos tienen. –

- Eeeh~. – exclamo con callado asombro Tsuna - ¿Y podre cambiar de forma, o volar o leer la mente? – cuestiono entusiasmado el castaño.

- No seas idiota. – corto Reborn la ensoñación de su alumno – Todo eso son habilidades que se ganan a través de los años y aun así no todos las desarrollan, se debe seguir un riguroso entrenamiento si quieres desarrollar estas habilidades. –

- ¿Y porque no me entrenas aun? – cuestiono Tsuna en voz alta por reflejo.

Los ojos del castaño se abrieron como platos detrás de las gafas de sol, las voces en las sombras de su mente recriminándole ¡por qué hizo esa pregunta en voz alta!

La sonrisa que decoro el infantil rostro de Reborn era siniestra y no encajaba con la personalidad burlona y oscura del tutor.

Tsuna sintió nuevamente la inminencia golpeándolo en el estómago haciendo que diera un grotesco vuelco.

- Oh, ya llegaremos a eso. – fue lo único que dijo Reborn antes de seguir con su tutoría del día.


Lunes por la mañana, Tsuna volvió a lanzar su celular contra la pared de su cuarto para apagar la alarma y de inmediato se colocó las gafas de sol que había dejado cerca de su cama para poder comenzar con su rutina higiénica antes de bajar a desayunar e irse a la escuela.

El primero en bajar las escaleras y llegar al comedor fue Reborn.

El tutor-hechicero llevaba solo unos cuantos días conviviendo con los Sawada pero ya podía notar ciertas constantes en el comportamiento de la Nana y Tsuna como familia.

Nana era amorosa y hogareña, la mujer se levantaba a las cinco de la mañana como flor al roció del verano, iba al distrito comercial, compraba todo lo necesario para el desayuno, pasaba por un pequeña florería y compraba flores para decorar la mesa y algunas de las ventanas de la sala dándole un toque rustico y aromático a la casa. Las manías de la mujer eran su obsesión por la limpieza (sacudía, barría, aspiraba, trapeaba y pulía la casa al menos dos veces al día), su necesidad por que todos los ingredientes de sus comidas fueran exactos para dar el toque perfecto en el sabor sin opacar a los demás ingredientes y el que a Reborn le parecía el más curioso era el hecho de que cuando la mujer estaba aburrida o estresada por cualquier cosa se ponía a contar cuantos granos de sal o de azúcar caben una cuchara para café, no la había visto llenar la cuchara aun pero algo le decía que ya la había llenado al menos una vez en el pasado.

Tsuna, por su parte, a pesar de sus claras faltas sociales debido al aislamiento que sufrió desde pequeño es un buen hijo, es amable y respetuoso, algo torpe, pero sin duda más listo de lo que los demás le dan crédito. Si uno se toma su tiempo, escucha a las preguntas del castaño y las responde con calma Tsuna es capaz de entender cualquier tema, el punto clave es la paciencia del profesor en cuestión, ayuda a su madre con la limpieza y lo disfruta. Las manías de Tsuna son más simples que las de su madre, es nervioso y tiende a entrar rápido en pánico, un rasgo que puede deberse a su sensibilidad para con el mundo que le rodea, tiene un lapso corto de atención, es curioso y eso lo lleva distraerse con facilidad si no tienes un tema que le interese.

También hay rasgos, que nos son físicos, que madre e hijo comparten.

Ambos tienen una increíble fascinación por las cosas dulces. Por la mañana Nana prepara dos tazas de leche hervida con canela y miel para ella y Tsuna, acompañadas por unos begniets rellenos con queso crema, espolvoreados con azúcar glass, miel y una ensalada de frutas de la estación. Reborn está contento con su espresso y su waffle con huevo y tocino.

Otra cosa que madre e hijo comparten en su amor por las flores, Tsuna ayuda a su madre a colocar las flores frescas en los jarrones y las coloca en sus respectivos lugares, la elección de hoy es lavanda y fresias de distintos colores.

Desayunan en calma y Reborn no puede evitar sentir que hay algo que no está viendo, ¿El qué? No sabe, pero definitivamente hay algo que no está viendo a pesar de que lo tiene justo en frente.

- Ya llame a la escuela y les dije que no puedes quitarte los lentes por ninguna razón. – informo Nana con aire casual antes de darle un trago a su taza de dulce leche caliente – También puse zanahoria extra en tu bentou para ayudar a tu vista. –

Tsuna agradeció a su madre y se levantó de la mesa, tomo sus platos sucios, los lavo y luego de un…

- Ya me voy a la escuela. –

Dicho desde la puerta de la casa, el castaño se encamino a la secundaria.