Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! pertenecen a la mente maestra y prodigiosa mano de Akira Amano.
Un par de brillantes y algo afilados ojos castaño amielados se abrieron desorbitados, la imagen de unos salvajes y hambrientos ojos amarillos clavada con clavos al rojo vivo perturbaba la mente del recién despertado. Takeshi Yamamoto sudaba gruesas gotas de sudor frio mientras aun recostado en su cama intentaba recobrar el aliento y calmar sus agitados mente y corazón, no fue hasta que se percató de que estaba en su cuarto sano y salvo que el muchacho se permitió suspirar estresado y cansado, Takeshi alzo el antebrazo que estaba enyesado y miro con el entrecejo fruncido su herida, aun le causaba comezón, había intentado la noche anterior rascarse con un lápiz pero solo consiguió lastimarse y otro regaño de su padre.
El chico se desarropo y salió de su cama, camino hasta la única ventana de su cuarto y corrió la cortina, la rosácea luz del amanecer pintaba el claro cielo de la ciudad de Namimori, Takeshi miro el reloj de pared sobre la puerta de su cuarto, son las cinco cincuenta y tres de la mañana.
- Papá ya debió haber vuelto del mercado. – se dijo – Sera mejor que baje a ayudarle. – y se dirigió a la planta baja de su casa.
La familia Yamamoto se compone únicamente por Tsuyoshi Yamamoto y su único hijo Takeshi, la madre del chico murió cuando este nació y el padre no volvió a casarse. El señor Yamamoto convirtió la planta baja de su casa en un restaurante de sushi, uno muy bueno a decir verdad.
Takeshi bajo las escaleras y llego a la zona del restaurante, su padre estaba detrás de la barra cortando en finas rodajas un trozo de atún.
- Buenos días, papá. – saludo el joven Yamamoto con algo de timidez.
- Aun estas castigado. – respondió seco el mayor – Y buenos días. – agrego al final.
Takeshi sonrió tímido y con la culpa brillando en sus ojos, la noche en la que aquella cosa le ataco su padre fue a recogerlo a la clínica donde logro refugiarse y el hombre estaba hecho una furia, pero Takeshi sabía que eso era porque estaba muy preocupado y le había hecho pasar un mal rato.
- Haha, eso ya lo sé, pero quiero ayudar. – dijo algo nervioso al menor – Si no vas a dejarme hacer mi rutina mañanera al menos te ayudare en el restaurante, tengo bastante tiempo. –
Tsuyoshi miro a su hijo con algo de severidad, aún seguía algo molesto con él por haberle hecho pasar aquel mal rato el sábado por la noche.
- Lávate las manos, ponte un delantal y ven aquí. – ordeno Tsuyoshi.
Lo que quedo del tiempo de Takeshi para antes de ir a la escuela padre e hijo se dedicaron a preparar el pescado para la hora en la que el restaurante abriera, cuando el reloj dio las siete en punto Tsuyoshi preparo el desayuno y ambos Yamamoto comieron en un agradable y cálido silencio, Takeshi luego de desayunar se ducho y cambio en su uniforme.
- Ya me voy! – anuncio su salida Takeshi desde la puerta del restaurante.
- Te quiero aquí a las tres treinta en punto muchacho! – respondió su padre desde detrás de la barra.
- Entendido. – concordó con un juguetón saludo militar el menor antes de retirarse en un ligero trote.
Tsuna caminaba en silencio por las familiares calles que le servían de camino a la escuela, por lo general todos ignoraban al castaño, esto debido a su nula popularidad, pero hoy todos miraban a Tsuna, todos susurraban en su dirección y Tsuna sabía exactamente él porque, podía escucharlos a pesar de la distancia y el bajo volumen de sus voces.
Dicen que le dio un infarto…
Yo escuche que estuvo oficialmente muerto por una hora…
¡¿Eso es posible?!...
Estuvo hospitalizado toda una semana…
¿Esos lentes qué?...
¿Le habrá dado algún virus mientras estuvo hospitalizado?...
Debió quedarse muerto…
Eso último hizo que Tsuna se detuviera en seco, su corazón achicándose un poco y a pesar de que traía puestos los lentes de sol los ojos le comenzaron a picar.
No, no, Tsuna, no es momento para esto. Se dijo mentalmente el castaño mientras disimuladamente se secaba las amenazantes lágrimas de sus ojos.
Ya deberías estar acostumbrado. Se reprendió el castaño en sus adentros y siguió su camino a la escuela.
Takeshi iba saliendo del despacho del entrenador del equipo de baseball, le había comentado del incidente del sábado por la noche, omitiendo ciertos detalles y le dijo que no podría jugar hasta que le quitaran el yeso. El entrenador reprendio al chico por ser tan descuidado y le deseo un rápido mejoramiento. Cuando el muchacho alzo la cabeza clavo la mirada en una de las tantas figuras que pasaban a través del portón de la escuela, que a pesar de que ahora usara un par de gafas de sol el particular cabello castaño que parecía desafiar la gravedad lo distinguía de inmediato, se trataba nada más y nada menos que de Tsunayoshi Sawada.
Takeshi había escuchado de la mala fama del castaño desde que iba a la primaria, siempre fueron en salones distintos pero eso no detenía a los demás niños de apuntarle la dirección del castaño cuando Takeshi pregunto quién era el que ostentaba el infame título de Tsuna el inútil.
La primera vez que Takeshi vio a Tsuna ambos iban en quinto de primaria, un grupo de niños le habían apuntado la dirección del castaño cuando este iba saliendo de su salón de clases en dirección de un lugar desconocido. A Takeshi, Tsuna no le pareció en lo absoluto extraño, como lo describían los rumores, más bien le pareció alguien triste y solitario, aun ahora el pequeño castaño le parecía a Takeshi un ente triste y solitario, pero siempre que intentaba acercársele y hablar con el alguien o algo siempre interrumpía, ya fuese que el castaño saliera corriendo porque sus abusivos comenzaban a acercarse o alguien llamaba a Takeshi por cualquier razón.
Yamamoto miro a ambos lados para cerciorarse de que no hubiese nadie que lo interrumpirá esta vez, aspiro hondo con la total intensión de llamar a Tsuna pero cuando iba a soltar el grito…
- Eh! Yamamoto! – llamaron a Takeshi desde la oficina del entrenador.
Takeshi suspiro frustrado y giro su rostro en dirección de quien fuese que le hubiese interrumpido, una sonrisa tensa se dibujó en el rostro del beisbolista y con una frustración bien escondida se dirigió hacia la dirección de quien le llamo… una dirección totalmente opuesta a la de Tsuna.
Tsuna estaba sentado en su pupitre, el castaño jamás había estado tan feliz de que su lugar al lado de la ventana estuviese bloqueado por un gran y viejo árbol de sakura que bloqueaba la luz del sol en su dirección.
Sus compañeros de clase lo miraban de reojo y los murmullos seguían llenando las orejas del castaño, Tsuna intentaba tararear la letra de alguna canción para menguar el sonido de las voces de sus compañeros.
Takeshi apenas iba entrando a su salón pues un grupo de compañeros curiosos le habían preguntado sobre su yeso, pero en cuanto entro al salón noto algo diferente, un aroma dulce y delicado había llegado a su nariz. Por un rato Takeshi se quedó en la entrada del salón intentando descifrar que era el aroma y de donde venía, las ventanas del salón estaban cerradas ya que el viento de la temporada seguía siendo frio y aunque el cerezo al lado de la ventana aun estuviese en flor el aroma dulce que Takeshi percibía no era el de las flores de sakura.
- ¿Ya termino de bloquear la entrada? Joven Yamamoto. – cuestiono con tono burlón el profesor de la primera hora.
Takeshi dio un saltito al escuchar la voz del docente y se giró rápido para encararlo.
- Haha, lo siento. – se disculpó el muchacho mientras un ligero sonrojo decoraba sus mejillas y se apuró a tomar su asiento.
- Profesor. – llamo una chica de coleta de caballo – Sawada trae unos lentes de sol. – acuso la muchachita.
Takeshi le dedico un segundo de su atención a Tsuna y le vio dar un pequeño respingo, el entrecejo del castaño de arrugo preocupado antes de girar su rostro en dirección del docente.
- La madre de Sawada llamo esta mañana y nos advirtió que tendría que usar gafas de sol bajo ordenes del medico por un tiempo indefinido. – empezó su explicación el docente – Por lo visto durante su tiempo en el hospital Sawada se contagió de un tipo raro de polen o algo así y lastimo sus ojos, por eso no debe quitárselos o se los lastimara más. – advirtió – Recuerden que Sawada pasó toda una semana hospitalizado, sean amables. –
Tsuna suspiro aliviado.
Durante las primeras horas de clase Takeshi intento encontrar a la persona que olía tan dulce y agradable, mientras más tiempo pasaba el salón comenzaba a llenarse más y más del aroma de hierbas y miel, pero por alguna razón Takeshi parecía ser el único que notaba dicho aroma pues cada que le preguntaba discretamente a alguien si también olía aquel perfume le respondían que no olían nada.
La hora del almuerzo llego y los alumnos comenzaron a dispersarse con sus respectivos grupos de amigos a comer.
Tsuna saco su bentou de la bolsa donde su madre lo guardo, se puso de pie y se disponía a salir del salón tan rápida y calladamente como fuera posible, pero caminar rápido con la cabeza gacha suelo tener sus consecuencias y Tsuna lo aprendió cuando choco de lleno con alguien y cayó hacia atrás, su adorable traserito golpeando el suelo duramente, por suerte su comida no se salió ni nada por el estilo.
- L-lo s-siento y-yo…
- ¿Estas bien, Sawada? – interrumpió el intento de disculpa Takeshi mientras estiraba su mano buena en dirección del caído Tsuna.
Tsuna abrió sus ojos como platos detrás de las gafas de sol. Solo a él le pasa chocar contra el ídolo masculino de primer año.
Bravo, Tsuna. Bravo.
Se dijo con sarcasmo puro en sus adentro el castaño.
- Y-Ya-Yamamoto-san! – chillo Tsuna mientras se ponía de pie por si solo ignorando la mano que era ofrecida – L-lo siento mucho! Y-yo…
Sniff, sniff.
La disculpa de Tsuna murió en sus labios cuando noto que Takeshi se inclinaba sobre él y lo comenzaba a… ¿olfatear?
Takeshi miro como Tsuna se ponía de pie tan rápido como un rayo ignorando por completo su mano extendida, pero gracias al movimiento de Tsuna una ligera ráfaga de viento llevo hasta la nariz de Takeshi aquel dulce y tranquilizante aroma. Takeshi sin darse cuenta se inclinó sobre Tsuna y efectivamente… comenzó a olfatearlo.
Sniff, sniff.
- Eres tú. – dijo con aire triunfal Takeshi, su sonrisa tan grande como un niño en navidad – ¡Hueles realmente bien, Tsuna! – exclamo Takeshi sin pizca de vergüenza
Tsuna miro a Yamamoto con si le hubiese crecido otra cabeza de la nada.
- Eh… ¿gra-cias? – dijo Tsuna lo más calmadamente posible, le saco la vuelta a Takeshi y se alejó tan rápido como pudo.
Takeshi miro a Tsuna alejarse, primero confundido, y luego de que su cerebro procesara lo que había acabado de decirle al pequeño castaño Takeshi palideció.
¿Una oportunidad para hablar con el solitario chico con el que he querido hablar desde quinto de primaria y lo primero que le digo es que huele realmente bien? Bravo, Takeshi, eso no es para nada espeluznante.
Se recrimino el Yamamoto menor mientras con la palma de su mano se golpeaba el rostro.
Lo que ninguno de los dos chicos sabia era que eran monitoreados por cierto siniestro y pequeño hechicero.
Reborn observo a Takeshi mientras se hundía en su ataque de vergüenza, los abismales ojos negros del aparente bebé clavados en el yeso del antebrazo izquierdo de Takeshi.
- Uhm~ Que interesante~ - dijo en cantarina voz.
Notas finales.
¿Alguna vez les ha pasado eso de querer hablar con alguien pero la gente te interrumpe en el camino? o ¿Ya estas cerca de esa persona con la que quieres hablar pero por alguna razón volteas y cuando vuelves para decirle a esa persona lo que ibas a decirla ya no esta? A mi si y es muy frustrante porque luego se me olvida, tengo una memoria muy mala :P
