Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente maestra y talentosa mano de la maestra Akira Amano. La autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama del mismo fanfic.
Había una vez, en un mundo paralelo a este, un mundo donde brujas, hombres lobo, hombres gato, vampiros, ghouls, hadas, nagas, dragones y demás criaturas más allá del entendimiento humano convivían en cuestionable paz, una bella y poderosa joven bruja de nombre Lavina.
Sus cabellos eran de un plateado que brillaba blanco al contraste con el sol y que caía en delicadas ondas hasta el fin de su espalda, sus verdes ojos eran serenos y llenos de una sabiduría que muchas brujas veteranas y ancianas desearían poseer, como si un antigua mar esmeralda se escondiera en su mirada, y por si su hermosura no fuera suficiente la mujer era amable y bondadosa, jamás olvidando su difícil y humilde comienzo en las artes mágicas, nunca dejándose llevar por el gran poder que poseía y que le costó sangre, sudor y lágrimas obtener. Todos en la comunidad mágica donde Lavina vivía la querían y respetaban.
Durante uno de sus viajes para descubrir un nuevo tipo de magia Lavina se topó con un ataque de hombres gato a una comunidad mágica errante, la bruja hizo uso de su gran poder y se deshizo de la mayoría de los atacantes, pero uno de ellos, fascinado por el poder y la belleza de Lavina, amenazó con matar a una pequeña si Lavina no sucumbía a sus demandas, la joven bruja accedió.
El hombre gato empujo con fuerza a la niña y esta se golpeó la cabeza contra una roca dejándola inconsciente, Lavina estuvo por protestar pero fue callada por el hombre gato que salto sobre ella y la violo, despojándola de la pureza que le daba la mayoría de su poder.
Cuando la niña volvió en si estaba recostada en el regazo de Lavina, las ropas de la bruja estaban hechas trizas, sus pechos y piernas rasguñados, su entrepierna ensangrentada, su cuello y senos llenos de marcas de salvajes mordidas, el bello rostro de la bruja estaba golpeado, los ojos de la niña comenzaron a llenarse de lágrimas ante la imagen de la dañada bruja, su joven mente no entendiendo del todo lo que le paso pero su instinto le decía que había sido horrible, aún más que la muerte. La niña abrazo con fuerza a Lavina, las lágrimas salían como torrentes de sus ojos, la bruja entonces comenzó a acariciar el lacio cabello de la pequeña.
Lavina llevo consigo a la niña, pues había quedado huérfana después del ataque, y volvió a su comunidad, cuando todos se enteraron de lo que le paso rápidamente le ofrecieron su apoyo, tanto como para recuperarse mentalmente como para criar a la pequeña, pero había algo que Lavina no les había dicho a los de su comunidad mágica, algo que ella podía sentir ya creciendo dentro de ella.
Paso el tiempo y solo la pequeña que Lavina adopto sabia sobre el secreto, la bruja había quedado embarazada y no se atrevía a matar al bebé antes de que naciera. Usando una faja y ropas un poco más grades que las de su talla la bruja tomo a la niña y le dijo a los miembros de su comunidad que iba a realizar otro viaje y que no sabía cuándo volvería, todos le dieron sus bendiciones y muchos amuletos de protección para que su viaje fuera seguro. La verdad fue que Lavina y la niña se adentraron en el bosque, con ayuda de la poca magia que la quedaba la una vez poderosa bruja alzo un cabaña y ahí se quedó hasta que naciera el bebé.
Cuando el día del nacimiento llego Lavina dio a luz con solo la asistencia de su hija adoptiva y una voluntad inquebrantable.
- Es un niño~! – canto feliz la hija adoptiva de Lavina mientras cargaba a su ensangrentado nuevo hermano y se lo pasaba a su nueva madre.
Cuando los ojos de Lavina se toparon con el rosa, viscoso, ensangrentado y redondo rostro del bebé lo único que atino a hacer la mujer fue llorar y sonreír.
Lloraba por el motivo por el cual su inocente hijo fue traído al mundo, sonreía porque su corazón se llenaba de gozo de saberse madre de tan especial niño. Lavina miro a su hija adoptiva y la invito a unirse a ella en admirar al bebé.
- Me gustan sus orejas. – comento la ensangrentada niña llena de los fluidos que su nueva madre y su nuevo hermano soltaron en el momento del nacimiento.
Lavina jamás volvió a su comunidad mágica.
Tsuna abrió los ojos de golpe en cuanto el primer robótico beep salió de la alarma programada de su celular, rápidamente tomo el dispositivo y antes de que otro sonido taladra oídos saliera lo apago. Tsuna suspiro aliviado de que sus orejitas no fueran maltratadas por ese horrible tono otra vez.
- Ya te estas acostumbrando, dame-Tsuna. – Acuso una chillona voz sobre la cabeza del castaño.
Tsuna alzo la mirada y se topó con el vacío oscuro de los ojos de su tutor, Reborn, que estaba mirándolo desde una extraña posición. Los pies del aparente bebé estaban ¿pegados? A la tela de la hamaca donde Reborn duerme, pero la tela no se estiraba ni deformaba de ninguna forma ante el peso del aparente bebé.
- ¿Significa que ya puedo dejar de usar estos endemoniados lentes de sol? – cuestiono molesto Tsuna, apenas es miércoles y ya estaba harto de usar los lentes de sol dentro de la escuela. Sus compañeros no hacían otra cosa que murmurar a sus espaldas (no que esto fuera nuevo, pero antes sus oídos no podían escuchar un alfiler mientras caía y chocaba contra el piso) y los prefectos del comité disciplinario no dejaban de recordarle que aunque tuviera permiso médico no dejara que el jefe del comité disciplinario (un tipo aterrador que convertía a cualquiera que no siguiera a punto y coma el reglamento escolar y ciudadano en una extraña masa roja, azul y morada) lo viera con las gafas para sol puestas dentro de las instalaciones de la escuela, lo cual no era complicado pues Tsuna se la pasaba escondido en los rincones de la escuela para evitar a sus abusadores.
- No, pero es un avance. – respondió Reborn – Milimétrico, pero sin duda un avance. –
Tsuna suspiro derrotado mientras se ponía de pie, sus sensibles idos podían escuchar a su madre en el piso de abajo, su nariz podía oler el aroma del pronto a ser desayuno y de las flores frescas que su madre trajo del distrito comercial, sus ojos podían ver con claridad en la penumbra a pesar de no haber recorrido la cortina de su ventana. El castaño se puso los lentes de sol y se dirigió al baño a realizar su rutina matutina, tapo la pequeña ventana en una de las esquinas del baño con una toalla, se quitó las gafas de sol y procedió a darse una rápida ducha.
Tsuna caminaba en dirección de la escuela con incomodidad.
¿Qué por qué esta incomodo Tsuna?
Porque sobre su cabeza aplastando su esponjoso, suave y anti-gravitatorio cabello castaño va sentado con las piernas en perfecta flor de loto el esbirro infernal que se hace llamar su tutor, Reborn, y vaya que las personas, en especial adolescentes en etapa 1, pueden murmurar sobre un extraño bebé sobre la cabeza del igualmente extraño dame-Tsuna.
- Reborn. – llamo el castaña extrañado - ¿Por qué me estas acompañando a la escuela? – cuestiono.
- Desde el lunes te he acompañado a la escuela. – respondió como si nada el aparente bebé.
- ¿¡Eeeh?! ¡¿Y cómo es que no me había dado cuenta?! – reprocho incrédulo Tsuna a su tutor.
- Porque no se me dio la gana que te dieras cuenta. – respondió con el mismo tono condescendiente Reborn.
- Mou, Reborn! – se quejó Tsuna con un puchero.
- Los reyes no hacen pucheros, dame-Tsuna. – regaño Reborn y le dio un fuerte pisotón a Tsuna en la cabeza.
- Ouch! Reborn! – se quejó de nuevo el castaño.
Yamamoto Takeshi venia caminando unos metros detrás de Tsuna.
En cuanto había notado la inconfundible mopa de pelo castaño saliendo de una esquina el beisbolista intento acercarse, pero en cuanto vio al bebé con traje y fedora sentado sobre la cabeza de Tsuna se detuvo en seco, la curiosidad tomando lo mejor de él, además, aun no sabía cómo dirigirse a Tsuna después del fiasco del lunes en la hora del almuerzo, todo el martes intento acercarse al castaño y disculparse pero cuando creía que ya lo tenía el castaño salía corriendo.
Supongo que lo asuste un poco con mi comentario.
Se dijo en sus adentro el beisbolista al recordar el comentario sobre el aroma de Tsuna.
¡Esas son cosas que se les dicen a las chicas! Tengo suerte de que casi nadie lo escuchara.
Se reprendio el Yamamoto menor.
Takeshi dio un respingo cuando vio al bebé del fedora dándole un pisotón a Tsuna en la cabeza.
La entrada de la escuela estaba ya a la vista cuando de repente Reborn bajo de un salto de la esponjosa cabeza de Tsuna grácilmente y haciendo que el castaño se detuviera y mirara curioso al aparente bebé.
- ¿Reborn? – llamo confundido Tsuna.
- Aquí te dejo, no te preocupes, estaré cerca. – y haciendo uso de sus raras habilidades mágicas Reborn desapareció en un abrir y cerrar de ojos siendo engullido por su propia sombra.
Hiiie! Espero que nadie haya visto eso!
Exclamo Tsuna en sus adentros mientras miraba a todos lados. Pero el pánico del castaño duro poco pues fue fuertemente jalado hacia una esquina oscura siendo rápidamente rodeado por cuatro de sus más habituales abusadores, un grupito de alumnos de segundo año que pertenecían al club de kendo y que eran liderados por un tal Mochida Kensuke.
- Aagh! – se quejó Tsuna cuando su espalda hizo contacto para nada delicado contra la pared del muro.
El castaño abrió los ojos detrás de sus lentes de sol y el pánico volvió el doble de grande que hace unos instantes.
- Mira lo que nos trajo la mañana. – comento casual un chico de alborotado y corto cabello negro, la burla en sus ojos que se achicaron con molestia cuando aterrizaron en Tsuna hizo que el castaño diera un respingo – Ha pasado mucho tiempo, eh, Sa-wa-da-kun? –
- Mo-mo-mochida-sempai, b-bu-buenos días. - dijo temeroso Tsuna cuando Mochida se detuvo justo frente a él a una corta distancia.
- Sabes, Sawada? Hemos estado realmente solitarios sin ti, nos has estado evadiendo… - Mochida rodeo los hombros de Tsuna con su brazo – Y eso no nos gusta! – exclamo mientras daba un giro rápido y le daba a Tsuna un rodillazo en el estómago que hizo que el castaño volviera a impactar contra el muro y que abrazara el punto lastimado de manera instintiva, tosiendo fuertemente y casi devolviendo su desayuno.
- Y que pasa con estas gafas de sol, ah? – cuestiono burlón uno de los esbirros de Mochida al tiempo que le quitaba las gafas a Tsuna del rostro, los ojos fuertemente cerrados y el entrecejo fruncido del castaño fueron mostrados – Los traes puestos desde el lunes, ¿Qué te crees, ah? ¿Ahora eres un chico malo, Sawada? -
Mochida y el resto de sus esbirros rieron malignos mientras el chico que le quito las gafas a Tsuna se las ponía en su propio rostro.
- Re… gre… las… - mascullo el castaño mientas apretujaba aún más su abrazo a su dolido estómago, su cabeza baja y su flequillo cubriendo su mirada.
- Aah?! – exclamo indignado Mochida mientras tomaba a Tsuna fuertemente del cabello y lo jalaba hacia arriba para que el rostro del castaño volviera a estar a la vista - ¡¿Qué dijiste pequeña escoria?! –
Tsuna sentía algo raro en su interior.
Si, sentía el dolor, el rodillazo que Mochida le dio en el estómago fue fuerte y si no vomito fue por pura fuerza de voluntad. Sentía miedo y pánico, quería salir corriendo y que nadie le molestara más. Pero también podía sentir un regusto en su lengua, un sabor seco y al mismo tiempo dulzón que nacía de los más profundo de su ser y que se asentaba en su garganta, el instinto de huir y ponerse a resguardo estaba empezando a ser repelido por primera vez por uno más fuerte, uno que le dictaba no solo que se defendiera pero que conquistara.
Tsuna respiraba agitado mientras aún mantenía sus ojos cerrados, de repente los aromas de sus captores se volvieron más intensos, el retumbar de sus corazones hacían que a Tsuna se le llenara la boca de saliva, el castaño trago pesado.
Maldición!
Exclamo Tsuna en sus adentros.
No ahora! No aparezcas justo ahora estúpido instinto de vampiro!
- Regrésamelos… por favor. – logro articular Tsuna mientras tensaba todos sus músculos en un intento por mantener el control.
Mochida aun sostenía a Tsuna por el cabello y cuando el castaño hablo algo en la forma en que su voz salió de sus labios hizo que el chico de segundo año de secundaria se estremeciera deliciosamente.
- Ooh~? Quieres que te regresemos tus gafitas? – cuestiono burlón Mochida, una arte de él quería escuchar al castaño suplicar, la otra lo hacía por pura maldad. Mochida estiro la mano en dirección del chico que tenía puestas las gafas de sol del castaño y le hizo un ademan para que se las diera, el chico prontamente obedeció – Ruega. – ordeno Mochida mientras jalaba con más fuerza del cabello de Tsuna haciendo que la cabeza del castaño quedara frente a la de él dejando ambos rostros a milímetros del otro.
Tsuna tuvo suficiente, apretó sus mandíbulas con fuerza para mantener a raya su mordida y abrió los ojos de golpe.
La sonrisa autosuficiente de Mochida desapareció al instante cuando un par de grandes ojos color naranja-ambarino brillante, como ámbar derretida, rodeados por areolas escarlata se clavaron en los de él.
- Dámelos. – siseo Tsuna entre dientes.
El comando en su tono y la sedosidad de su voz hipnotizaron al instante al resto de los esbirros de Mochida, que entrego las gafas de sol a su portador original mientras distraídamente soltaba a Tsuna.
- Largo. – instruyo el castaño usando toda su fuerza de voluntad para no atacar al cuarteto de abusadores, su esfuerzo era tal que comenzaba a temblar.
Takeshi estaba recargado a la entrada de la escuela, aún faltaban unos buenos minutos para que iniciaran las clases y él quería disculparse con Tsuna sin interrupciones.
Qué raro, él y ese bebé venían delante de mí, ¿En qué momento me adelante?
Se cuestionó el joven beisbolista mientras distraídamente intentaba rascarse bajo el yeso de su antebrazo herido sin ninguna clase de éxito.
Entonces Takeshi noto a un grupo de chicos de segundo año, el beisbolista logro reconocerlos como miembros del club de Kendo.
- Ahí vienen Mochida y sus matones. – escucho Takeshi decir a alguien detrás de él – Escuche que dijo que iba a darle a Dame-Tsuna una "cálida bienvenida". –
- Hahaha, apuesto a que Dame-Tsuna está hecho polvo en aquella esquina, casi siento lastima, hahaha. – escucho Takeshi uno nueva voz cerca de la primera.
- Casi, hahaha. – agrego la primera voz con sorna.
Takeshi se giró bruscamente para encarar a las personas que hablaron semejantes estupideces y darles un poco de su propia opinión en el asunto (la cual incluye narices rotas para el par de habladores) pero los amielados ojos del beisbolista se abrieron de par en par cuando vio que detrás de él no había nadie.
Bueno… no que no hubiese nadie, de hecho había un par de chicos detrás de él, pero los chicos estaban demasiado lejos como para ser escuchados tan claramente como los había escuchado Takeshi.
Que rayos…?
Takeshi estaba confundido, ¿Cómo pudo escucharlos tan claramente si estaban tan lejos?
El beisbolista sacudió su cabeza para alejar las innecesarias dudas.
Resolveré eso luego, debo ver si Sawada está bien!
Takeshi se acercó trotando a la esquina de la cual Mochida y sus esbirros salieron como zombis hipnotizados y descubrio la delicada figura de Tsuna recargaba de frente al muro, su brazo izquierdo doblado contra la superficie del muro para dar soporte a la cabeza del castaño y cubriendo su rostro, su brazo derecho colgaba y en su mano tenia agarrados con fuerza los lentes de sol que usaba desde el lunes, la espalda encorvada y temblando, Takeshi logro ver las lágrimas que goteaban contra el suelo.
Tsuna lloraba, pero no era por coraje o impotencia, no, lloraba por miedo. Miedo de los que sintió y de lo que deseo hacer a Mochida y sus amigos, miedo del instinto que por poco lo consume y lo convierte en un… monstruo.
- Sawada? – hablo dudosa la voz de Yamamoto Takeshi a espaldas de Tsuna haciendo que el castaño diera un respingo y que rápidamente se limpiara las lágrimas – Estas bien? – cuestiono preocupado el beisbolista mientras Tsuna volvía a ponerse las gafas de sol y lo encaraba.
- Ya-Yamamoto-san! – exclamo Tsuna con voz algo ronca por el llanto - ¿Q-que lo trae por aquí sniff? – cuestiono Tsuna antes de limpiarse la nariz con la manga del saco del uniforme.
- La campana esta por sonar, no queremos que Hibari muerda hasta la muerte a un inocente, ¿O sí? – intento bromear Takeshi.
- La campana, claro… gracias. – dijo Tsuna mientras recogía sus cosas y acomodaba su mochila sobre sus hombros.
El castaño estuvo a punto de pasar de largo al beisbolista cuando este le tomo por el brazo, Tsuna miro a Takeshi confundido.
- Deberías… deberías decirle a un maestro… si quieres puedo ir contigo. – propuso Yamamoto mirando con seriedad a los ojos detrás de las gafas de sol.
Tsuna sonrió enternecido.
- Ya lo he hecho, no funciona tan bien como crees. – dijo Tsuna con un deje de tristeza.
- Entonces tus padres…
- Mi madre no necesita preocuparse por este tipo de cosas, suficiente tiene con las preocupaciones que ya tiene, y mi padre… él… él tiene cosas más complicadas con las cuales lidiar. – para este instante Takeshi ya había soltado a Tsuna y lo miraba con intensidad, no sabiendo que hacer en lo absoluto Takeshi miro al suelo impotente – Está bien, Yamamoto-san. – calmo Tsuna al beisbolista mientras con su mano acariciaba la mejilla del beisbolista y le hacía mirarle – Recientemente he descubierto que en la vida hay cosas mucho más complicadas que dramas escolares, estaré bien. – la sonrisa que Tsuna le dedico a Takeshi fue pequeña y sincera e hizo que el beisbolista diera su propia versión de una sonrisa, aunque la suya era triste.
Din-don, din-don. Din-don, din-don.
- Ieeeeeeeh! – chillo Tsuna haciendo que Takeshi diera un respingo sorprendido – La campana! Estamos fritos! Hibari nos morderá hasta matarnos! Ieeeeeeeh! No debe ver las gafas de sol! –
Mientras Tsuna volvía a entrar en pánico por tercera vez esa mañana, Takeshi miraba al castaño jalarse los cabellos y correr en muchas direcciones antes de decidirse a seguir el camino a la escuela lo más rápido posible.
Takeshi miro a Tsuna alejarse, la frágil espalda del castaño viéndose más fuerte de lo que en verdad es.
Luego de milagrosamente llegar al salón de clases antes que el profesor y sin que Hibari Kyoya (amo y señor del comité disciplinario y juez y verdugo no oficial de la ciudad de Namimori) le viera, Tsuna dio un aliviado y largo suspiro mientras se desplomaba en su pupitre.
Takeshi entro poco después de Tsuna y tomo su lugar de una forma más tranquila que el adorable castaño.
- Donde está el maestro? – pregunto Takeshi a uno de los chicos que se sentaban en sus flancos.
- No escuchaste? Hoy llega un alumno de intercambio. – respondió emocionado el chico – Espero que sea un linda chica extrajera~. –
El cuchicheo siguió por otros cinco minutos hasta que el profesor abrió la puerta y tomo su lugar frente a la clase.
- Muy bien, chicos. Como bien han oído el día de hoy tenemos un nuevo estudiante… - atravesando la puerta iba un joven de bello cabello color del platino que caía lacio y sedoso hasta poco más debajo de la altura de la barbilla, sus fieros ojos esmeralda fueron mostrados a la clase entera cuando el chico se detuvo al lado del maestro y les encaro, sus facciones eran casi aristocráticas y recordaban a esas pinturas caras que dan en subastas de lujo. Las chicas rápidamente se derritieron ante la presencia del chico nuevo, no solo por su bello y elegante rostro, pero la manera en la que se presentaba. Podías notar la considerable cantidad de anillos de plata que tenía en los dedos de ambas manos, pulseras de cuero y plata cubrían ambas muñecas, una gruesa cadena de plata decorada por una bonita piedra roja colgaba del cuello del muchacho y si prestabas suficiente atención notarias que tenía al menos dos piercings en cada oreja – Este es Hayato Gokudera, viene de Italia, por favor sean amables y si necesita ayuda bríndensela. –
Las chicas del salón comenzaron a dar grititos discretos al pensar en la clase de cosas en las que podrían "brindar apoyo" al peliplata.
Tsuna por su lado no pudo evitar sentir algo diferente en el recién llegado.
Huele a gato mojado.
Pensó extrañado Takeshi.
