Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente maestra y talentosa mano de la maestra Akira Amano. La autora de este fic no tiene derecho sobre nada excepto la trama del mismo fanfic.


Los grandes ojos de Tsuna se clavaron en la figura del nuevo estudiante, la curiosidad brillando en los semi-dorados ojos detrás de las gafas de sol que el castaño portaba, había algo en la presencia del chico italiano que hacía que los vellos de la nuca de Tsuna se erizaran en anticipación.

El peliplata, aun parado en frente de la clase, sintió la mirada de alguien sobre su persona, sus instintos le hicieron mover la cabeza en dirección de aquel que le analizaba y se topó con la cubierta mirada de un menudo castaño.

Tsuna dio un ligero respingo cuando noto la fiera mirada esmeralda del recién llegado clavada en la suya pero no aparto su vista, la curiosidad tomando lo mejor de él, de repente fue como si los ojos del castaño hicieran una especie de zoom y lo único que inundo la percepción del castaño fueron aquellos ojos de esmeralda, fieros y brillantes, llenos de decisión y, extrañamente, melancolía.

Que bonitos ojos... y tan tristes.

Pensó el castaño mientras su entrecejo se arrugaba ligeramente en preocupación por la sombra oculta en aquellos bellos ojos.

El peliplata noto el ligero arrugamiento en el entrecejo del menudo castaño y su mirada se tornó aún más fiera que al principio, su entrecejo se frunció en disgusto, entonces con paso firme y decidido se aventuró en dirección del pupitre del castaño.

- E-espera Gokudera! – intento reclamar el profesor la atención del peliplata, más este ya tenía su objetivo marcado.

Tsuna ahora sí dio un completo respingo cuando noto el aire agresivo que venía con Gokudera a cada paso que daba.

E-eh?! ¡¿Por qué viene para acá?!

Se cuestionó escandalizado Tsuna en sus adentros mientras por instinto intentaba alejarse, lo que el castaño olvido es que está sentado en su pupitre y no importa que tan a la esquina se pegue no puede esconderse de las verdes llamaradas de la mirada del recién llegado de Italia.

Hayato ya está frente a Tsuna y con enojo pateo al pupitre del castaño mientras le reclamaba en un japonés tosco.

- ¡¿Qué tanto miras, ah?! –

- Iiieh! – exclamo el castaño ante la actitud del joven italiano.

Tsuna estuvo tan sorprendido por la acción de Hayato que de un brinco fue a parar al suelo cuando el peliplata pateo su pupitre, las manos del castaño cubriéndolo como escudo ante cualquier otro movimiento violento que el recién llegado pudiera hacer.

- Gokudera basta! – ordeno tajante el docente en turno – Ve a la oficina del director en este instante! –

El peliplata le dedico una mirada venenosa al maestro, un sonido resonando desde su garganta, luego volvió su fiera mirada a Tsuna, el castaño abrió de a poco uno de sus ojos detrás de las gafas de sol y entonces noto un cambio en la mirada de esmeralda del peliplata, la pupila ahora esta rasgada y el color verde se ha intensificado, una extraña aureola de color amarillo toxico enmarca el iris, el peliplata entonces le dedico a Tsuna un bufido, se dio media vuelta con rapidez y salio del salón como una tormenta.

Tsuna miro la puerta del salón por donde Gokudera había salido, parpadeo dos veces mientras lentamente bajaba las manos, se acomodó las gafas de sol y aun confundido pensó:

¿Me acaba de bufar como haría un gato?

- Sawada. – llamo el profesor haciendo que Tsuna volviera su atención al presente – A menos de que quieras tomar de ahora en adelante mis lecciones en el piso te recomiendo volver a tu lugar en este momento, muchacho. – instruyo el docente con voz irritada, su exaltación de hace un instante apenas controlada.

- S-sí, profesor. – asintió Tsuna al tiempo que se ponía de pie, acomodaba su pupitre y volvía a sentarse sobre este.

Después de ese incidente las clases continuaron con tensa calma, el peliplata volvió justo cuando la segunda hora iba comenzando, su cara era de poco amigos y traía hecho bola un papel, probablemente una nota de castigo, en su mano izquierda, Gokudera tomo asiento en una esquina vacía justo al lado de la puerta, su fiera mirada clavada en Tsuna.

El castaño se removía en su asiento, sabía que Hayato le observaba, ya fuera por el intenso frio que sentía en un punto específico de su espalda, o por los constantes cuchicheos que resonaban como dichos con megáfono en sus oídos que sus compañeros mascullaban entre ellos, o porque las voces en su cabeza le decían que estaba siendo observado. Tsuna intento ignorarlo, intento concentrase únicamente en la voz de los profesores para que sus oídos dejaran de zumbar, intento concentrarse en el agradable calor que los rayos del sol proporcionaban a través de las ventanas y que en su lugar eran cubiertas por el viejo árbol de cerezo al otro lado de la ventana, carajo, intento resolver los problemas de álgebra como Reborn le había dicho, pero eso no cambiaba para nada el hecho de que sabía que Hayato Gokudera lo miraba con odio desde el otro lado del salón.

Finalmente Tsuna suspiro derrotado.

Cuando llego la hora del almuerzo Tsuna tomo su bentou y haciendo uso de sus practicadas y perfeccionadas a través de los años habilidades de escapismo el castaño se escurrió entre las sombras de los compañeros más altos antes de que alguien notara que se fue.

- Tch! – chasqueo con fuerza Hayato su lengua cuando recorrió el salón con la mirada apenas la campana del almuerzo dejo de sonar y no encontró a su objetivo.

Takeshi observo preocupado la figura del peliplata, luego dirigió su atención al lugar vacío de Tsuna, regreso su atención al peliplata y con una inspiración profunda se llenó de coraje.

Tsuna ya tuvo suficiente.

Pensó con decisión el beisbolista antes de dar un paso firme en dirección de Gokudera pero…

- Yamamoto! Ahí estas! – exclamo feliz un chico del salón de al lado que también está en el club de béisbol – Ven te quiero presentar a unas amigas! – dijo feliz el chico mientras pasaba un brazo por el hombro de Takeshi y comenzaba a arrastrarle en una dirección totalmente diferente a por la que iba Hayato.

- No, espera…

Intento en vano zafarse Takeshi pues otros miembros del club de beisbol aparecieron y lo arrastraron entre todos.

Tsunaaaah!

Lloro Takeshi en su fuero interno.


Tsuna llego a salvo a las escaleras que guían a la azotea, el castaño miro de un lado a otro repetidas veces para cerciorarse de que nadie viniera detrás de él, dio un suspiro aliviado cuando no noto ni escucho a nadie y se dispuso a subir las escaleras.

La azotea estaba fuera de los límites para el alumnado, era en contra de las reglas subir a la azotea, y en Namichuu faltar a las reglas por lo general significa una visita sin retorno a la oficina del comité disciplinario (música dramática). Ahora, no es que a Tsuna le guste romper las reglas, pero por lo mismo de que todos están asustados de romper esa regla era que la azotea esta despejada el 90% de las veces, lo cual la convierte en el lugar ideal para pasar un buen rato a solas libre de cualquier bravucón, más eso no significa que Tsuna no entienda que si un día lo atrapan está más que muerto, a la mierda lo de ser vampiro, a Kyoya Hibari, y a sus tonfas, no se les escapa nadie.

Tsuna abrió la puerta que daba a la azotea y fue recibido por la cálida luz del sol.

Benditos sean los lentes oscuros y quien los invento.

Pensó agradecido el castaño mientras cruzaba la puerta y era recibido por el siempre abierto cielo de primavera, un agradable viento soplo en su dirección y cerró la puerta con delicadeza para no hacer ningún ruido sospechoso. Apenas la puerta se cerró detrás del castaño este dio un paso a su izquierda, se recargo contra la pared de la caseta de la puerta y se dejó caer lentamente hasta que acabo sentado, su bentou abrazado a su pecho de manera protectora.

Al fin… paz.

Pensó con alivio Tsuna mientras comenzaba a desenvolver su bentou de la tela que su madre uso para mantenerlo cálido, el castaño le quito la tapa al traste donde venía la comida y fue recibido por los maravillosos aromas de la comida que su madre le preparo aquella mañana para su almuerzo.

- Aaah~ - suspiro feliz Tsuna, un hilito de baba saliendo de su boca y resbalando por su barbilla y un adorable sonrojo se pintó en sus mejillas – Gracias mamá. –

- Suavecito~ - canto de repente una chillona voz llamando la atención de Tsuna.

Se trataba de un pajarillo amarillo y todo esponjoso que sobrevolaba la azotea y que con ligereza se movía con el viento en dirección de Tsuna.

- , eres tú. – reconoció Tsuna al pajarillo mientras este último descendía y aterrizaba en el dedo índice que el castaño le ofrecía como percha – Cuanto tiempo sin verte, me alegra que estés bien. – dijo el castaño mientras con su otro dedo índice acariciaba al animalito.

- Suavecito bien~ bien~ - canto el avecilla mientras movía las alas.

- Sí, yo estoy bien… bueno, en lo que cabe. – compartió algo abrumado el castaño – Mira, mamá nos puso duraznos de postre. –

- Fresas~ fresas~ - canto el avecilla con tono de protesta, sus plumas esponjándose en enojo.

- Yo también prefiero las fresas, pero hoy son duraznos, aguántate. – reprendio Tsuna al pajarillo.

- ¿Estas discutiendo con un ave? – cuestiono otra chillona voz que Tsuna está empezando a reconocer con facilidad y no porque el portador sea de su total agrado – ¿Tan desesperado estas por una amistad que estas discutiendo con un ave? Eso es bastante lastimero, muchacho. –

- Mou, Reborn! – se quejó Tsuna en dirección de la voz, la sombra que la caseta de la puerta daba entonces se deformo y de esta emergió la figura del tutor de Tsuna, el castaño intento mirar mal a su tutor pero solo atino a hacer otro puchero.

- Que no hagas pucheros. – reprendio el de infantil forma.

- Que no son pucheros! – arremetió Tsuna.

- Intruso~ Intruso~ Intruso~ - comenzó a cantar el pajarillo mientras volvía a emprender vuelo, dio un par de vueltas sobre la azotea y luego desapareció de la vista del castaño y del tutor, su canción de advertencia resonando en el viento.

- Genial, lo asustaste. – se quejó Tsuna en dirección de su tutor.

- Oye, aquí el que grito fuiste tú. - se defendió el tutor mientras avanzaba en dirección de Tsuna - ¿De dónde sacaste esa ave? ¿Fuiste tú quien le enseño a hablar? –

- No. – respondió el castaño – A veces cuando vengo a la azotea viene y comienza a sobrevolar la zona, tampoco fui yo quien le enseño a hablar, un día simplemente se sentó en mi cabeza y comenzó a cantar el himno de la escuela, comencé a compartirle de mi almuerzo y comenzó a llamarme "suavecito" a cambio, esta es la primera vez que aparece desde que volví a la escuela, me imagino que su dueña o dueño lo dejan salir a estirar las alas. –

- ¿Cómo sabes que no es salvaje? – cuestiono Reborn mientras robaba una rodaja de omelette del bentou de Tsuna.

- Porque las aves salvajes no son tan… redondas. – dijo el castaño no muy seguro del ultimo concepto que uso.

- O sea que esta ave esta gorda. – soltó sin más Reborn volviéndole a robar un poco de su almuerzo a Tsuna, esta vez una salchicha en forma de pulpo.

- No tuerzas mis palabras, Reborn ¡Y deja de robarte cosas de mi almuerzo! – alejo Tsuna del alcance de su tutor la caja con su almuerzo - ¿Qué haces aquí de todas maneras? – cuestiono sospechoso Tsuna a su tutor - ¿Me estas espiando? –

- Es mi trabajo, como tu tutor de tiempo completo, asegurarme de que tus acciones no sean una falta a la corona que represento y que tu pronto portaras, además, los adolescentes son bastante entretenidos. – explico Reborn con una sonrisita burlona al final.

No somos tu telenovela personal!

- Oh, y me entere de que el conocido de una conocida empezó a estudiar aquí el día de hoy y me pidieron que le echara un ojito al muchacho. – agrego Reborn.

- ¿El conocido de una conocida tuya? ¿También es un individuo con una comprensión profunda lo que hay más allá del velo? – cuestiono Tsuna intrigado.

- Me alegra escuchar que estés empezando a usar los conceptos correctos. – felicito Reborn – Y en cuanto a lo que clase de individuo es… bueno, puedes preguntarle tú mismo. – concluyo el mini tutor mientras sonreía en dirección de Tsuna.

El castaño entonces escucho del otro lado de la puerta pisadas firmes que avanzaban en dirección de la entrada a la azotea, podía escuchar los fuertes pasos sobre las escaleras, Tsuna se puso de pie y se alejó de la puerta antes de que esta se abriera y dejara al descubierto la figura de Hayato Gokudera.

- Señor Reborn! – reconoció primero el peliplata la figura del mini tutor – Es bueno volver a verle, gracias por haberme contactado para tan importante tarea. – continuo Hayato su discurso, su atención únicamente en la figura de Reborn mientras daba una pequeña reverencia. Tsuna dio un respingo y miro mal a su tutor cuando entendió que todo lo planeo Reborn – Le aseguro que no le fallare. Ahora si por favor pudiera decirme a quien debo dirigirme…

El peliplata detuvo su boca cuando noto que de hecho Reborn apunto hacia atrás de él, fue entonces que Hayato alzo la vista y por primera vez desde que llego a la azotea noto a cierto castaño. Tsuna dio otro respingo cuando los ojos verdes de Hayato se clavaron su presencia.

- Tú! – exclamo Hayato con furia mientras apuntaba su dedo acusador en dirección de Tsunayoshi – Que carajos haces tú aquí?! – rugió el peliplata, la pupila en sus ojos de esmeralda volviéndose a rasgar.

- N-no y-yo…

- Es el a quien debes dirigirte. – interrumpió Reborn el tartamudeo de su estudiante.

- Que?! – exclamo Hayato mirando a Reborn como si hubiese admitido que mato a toda su familia a sangre fría – Esto es el décimo gran señor de los vampiros?! Esto?! – acuso Hayato en dirección de Tsuna.

- Sé más respetuoso Hayato. – reprendio con ligereza Reborn – No puedes simplemente ir por ahí apuntando en dirección del heredero al trono del clan vampírico sin afrontar consecuencias. –

Tsuna dio un par de pasos hacia atrás, alejándose un poco de las figuras de su tutor y su nuevo compañero de salón, las voces en su mente le decían que debía salir de ahí ahora.

- Me niego. – respondió tajante el peliplata.

En su interior Reborn sonrió siniestro, Tsuna sintió un escalofrió recorrer su espalda y dirigió su cubierta mirada a su tutor.

- Me niego a aceptar que esto… - Hayato miro con asco en dirección de Tsuna - … un ser a medio convertir que ni siquiera se digna a defenderse de una sacudida sea el nuevo rey de los vampiros, preferiría mil veces matarle y ahorrarle el disgusto a los ancianos que dejar que este enclenque suba al trono. –

Tsuna dio otro paso hacia atrás, las voces en su cabeza gritándole que huyera.

- Hazlo entonces. - hablo Reborn con aire casual, como si no le hubiese entregado a Hayato la vida de Tsuna para estrujar con sus propias manos – Ahórrale el disgusto a los ancianos y pruébales que esto… - apunto Reborn con su pulgar en dirección del castaño – No fue más que un fallido experimento que no tuvo más resultado que ser una pérdida de tiempo y esfuerzo, es más, si lo matas, yo mismo me asegurare que seas tú quien ascienda al trono. – propuso Reborn.

Los ojos, tanto de Tsuna como de Hayato, se abrieron desorbitados cayendo en la figura de Reborn. El castaño miraba a su tutor con horror, el peliplata lo miraba asombro, luego ambos chicos interceptaron sus miradas, el entrecejo de Hayato se frunció en decisión y Tsuna supo que estaba condenado.

Lo siguiente que paso ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.

Hayato blandió su mano en un ademan terminante, una chispa, los ojos de Tsuna abriéndose desmesuradamente detrás de las gafas, una explosión.

Cuando el humo de la explosión se disipo lo que quedo fue el cuerpo inerte de Tsunayoshi Sawada, el cabello ligeramente chamuscado y humeante, las ropas destartaladas, piel expuesta con quemaduras de las cuales se podían ver las postulas inflándose y un delicioso bentou totalmente desperdiciado esparcido por el suelo.

- Tch. – chasqueo con disgusto Hayato su lengua contra sus dientes para luego girarse y dar la espalda al cuerpo del castaño.

Más cuando su mano tomo el picaporte de la puerta de metal de la azotea el peliplata se detuvo en seco cuando un Ugh quedo y corto llego hasta los delicados oídos del peliplata. Hayato giro la mitad de su cuerpo para que su vista volviera al lugar donde Tsuna había caído solo para encontrar al castaño de pie, sus destartaladas ropas y cabello aun humeaban ligeramente, las postulas por las quemaduras burbujeaban como agua hirviendo en un caldero, su cabeza gacha y los lentes de sol salieron disparados por la explosión hacia algún sitio, probablemente los patios fuera del edificio o sobre la caseta de la puerta. Los ojos de Hayato entonces de abrieron de más, sus verdes iris obteniendo un brillo casi toxico que fue rodeado por un hilo de amarillo y sus pupilas se rasgaron hasta casi verse como delgadas líneas negras, cuando observo el extraño fenómeno en las quemaduras de Tsuna.

La piel quemada y con postulas que burbujeaban comenzó a caerse como hoja al viento de las zonas afectadas dejando piel nueva, rosa y tersa, Tsuna se estaba regenerando a una velocidad pasmosa que un individuo a media conversión no debería tener.

Reborn observo el fenómeno con asombro.

Eso es nuevo. Pensó el hechicero mientras observaba la acelerada recuperación de su estudiante.

Ciertamente Reborn esperaba un tipo de reacción por parte de Tsuna, en especial después de los eventos de esa mañana cuando el pequeño castaño casi le arranca el rostro de una mordida a aquellos chiquillos abusones, pero esto iba un poco más allá de sus expectativas. En todas las conversiones que Reborn ha presenciado jamás se había dado una reacción tan poderosa, ni siquiera en los otros miembros de la familia real, carajo, ni siquiera el padre de Tsuna había tenido una reacción así de rápida durante su conversión! Por lo general las heridas causadas por algún tipo de magia son las que más tardan en sanar, aun para las criaturas con un alto nivel de recuperación, pero para Tsuna el proceso era rápido, demasiado rápido. Lentamente Tsuna alzo el rostro y a Hayato se le heló la sangre cuando sus ojos se posaron en la mirada del castaño. La mirada de Tsuna estaba pérdida, los ojos sin rastro alguno de pupila, solo un amplio iris de tonos naranjas y ámbar revueltos y que es rodeado por una delgada línea de color carmesí.

Los ojos de Tsuna son definitivamente muy diferentes a los que comúnmente muestran los vampiros, aun los que están a mitad de su conversión. Cuando un vampiro esta relajado y en un ambiente familiar sus ojos suelen ser del tono con el que nació, ya sea café, verde, azul, etc., etc., y con la pupila pequeña y redonda, como la de un ser humano promedio, pero cuando un vampiro está a mitad de un cacería, se siente amenazado o quiere imponerse a un adversario la pupila se rasga, el iris obtiene un color visiblemente más claro de la paleta de colores y un hilo carmesí rodea tanto la rasgada pupila como el iris, incluso hay casos donde el iris de un vampiro sumido en la ira puede volverse totalmente rojo y con oscuro y delgado hilo como pupila.

¿Qué en todos los planos conocidos son esos ojos? Se cuestionó intrigado Reborn.

- ¿Qué putas madres eres? – susurro incrédulo Hayato, un ligero temblor en sus manos y piernas.

Aquel apenas audible comentario fue todo lo que Tsuna necesito para enfocar sus extraños ojos en la figura de Hayato y de repente Tsuna desapareció.

- Muévete! – instruyo en un grito Reborn.

Eh? Fue lo único que atino a pensar Hayato antes de sentir un fuerte golpe en su costado que lo mando volando contra la verja de seguridad de la azotea.

La verja no resistió el impacto y se rompió de manera estrepitosa, Hayato se sostuvo lo mejor que pudo a un tubo y con un jalón salto de regreso a la azotea donde Tsuna apareció de repente frente a él con el puño listo para dar el golpe, Hayato cruzo sus frente a él y logro dar un ligero giro, para cuando el impacto llego el peliplata salio volando contra la caseta de la puerta a la azotea, una especie de escudo semi transparente se hizo trizas frente a él y cuatro de sus anillos se hicieron polvo entre sus dedos.

Puta madre, mis conjuros de defensa! Maldijo internamente el peliplata.

- Tch. – chasqueo su lengua Hayato en disgusto mientras volvía su atención a Tsuna.

Tsuna aún estaba en una posición agazapada, con el brazo extendido y su puño apretado, su expresión estaba en blanco, sus ojos miraban a Hayato son en verdad mirarlo, el castaño entonces se irguió y bajo su brazo.

- Quieres un trozo de mí, eh?! - provoco Hayato en dirección de Tsuna sin éxito alguno.

Me quedan dos conjuros de defensa y cinco de ataque… Maldición no son suficientes! Solo me queda la última opción.

Al tiempo que Hayato comenzó a hacer intrincados símbolos con sus manos y murmurar palabras antiguas de un lenguaje olvidado Tsuna comenzó a caminar en dirección del peliplata, su cabeza meneándose con cada paso.

Mientras Hayato recitaba su extraño verso un círculo de un metro de diámetro color rojo intenso y con intrincadas runas y figuras se formó bajo sus pies, sus verdes ojos de por si filosos parecieron ensancharse ligeramente, su pupila apenas una raya a mitad de sus semi-contraídos irises, de sus cabeza brotaron un par de puntiagudas y felpudas orejas y una cola larga, felpuda y plateada se irguió a su espalda, sus uñas se alargaron ligeramente y su cabello se erizo debido a la pura cantidad de energía que emanaba del círculo, la piedra roja que colgaba de su cuello brillaba y temblaba, parecía a punto de estallar.

Pequeñas bolas de luz color rojo comenzaron a aparecer alrededor tanto de Hayato como de Tsuna.

La piedra roja se resquebrajo justo por la mitad… ese fue el momento cuando todo se fue a la mierda.

Hayato perdió control de su hechizo.

Las pequeñas bolas de luz comenzaron a pulsar y liberar chispas y rayos delgados, la intensidad de su brillos acrecentándose.

Lo siento mamá. Pensó Hayato mientras la desesperanza robo el brillo de sus ojos. Lo eche a perder.

Un par de brazos rodearon a Hayato justo cuando las pequeñas bolas de luz estallaron sin ruido, su único anuncio una fuerte luz que envolvió la azotea entera.


Un par de grandes y brillantes ojos castaños se abrieron lentamente y con cuidado. El blanco y liso techo de la enfermería fue lo primero Tsuna reconoció, la luz del sol se filtraba por las ventanas a la cabeza de la camilla donde Tsuna residía.

La… enfermería de la escuela. Pensó cansado Tsuna, su cuerpo le dolía y sentía una ligera jaqueca.

Un momento…

- Iieeh! Y mis lentes de sol?! Se me van a achicharrar los ojos! – chillo el castaño mientras se sentaba de golpe, cubría sus ojos con sus manos y volteaba de una lado a otro (aun sentado en la camilla y con los ojos cubiertos) buscando sus gafas de sol.

- Deja de armar un escándalo por nada idiota! – reprendio la chillona voz de Reborn mientras le daba un fuerte golpe a Tsuna que lo volvió a acostar contra la camilla.

- S-Señor R-Reborn! – exclamo una nueva voz que le resultó ligeramente familiar a Tsuna – No creo que su alteza este lo suficientemente recuperado como para recibir más daño. – comento la voz con un tinte de preocupación y culpa.

Podría ser? G-Gokudera-san está a-aquí? Se cuestionó Tsuna en su interior.

- Claro que está bien, Gokudera. – aseguro Reborn mientras Tsuna volvía a sentarse en la camilla – Mira, sin problemas. –

- Anno… - dudo Tsuna con sus ojos aun cubiertos por sus manos – G-Gokudera-s-san? –

- Está bien, Tsuna. – hablo Reborn – Puedes descubrirte los ojos, no hay problema. –

Tsuna hizo como le dijeron y lentamente descubrió sus ojos, aunque aún los tenia fuertemente cerrados.

- Que los abras te dije. – dijo Reborn en su voz profunda y siniestra.

El castaño dio un respingo y aun con duda abrió ligeramente un de sus ojos, al principio la luz fue muy brillante pero luego todo se ajustó, Tsuna parpadeo un par de veces para re-acostumbrar a sus ojos al brillo del sol, de repente un par de lentes de sol (sus lentes de sol) sostenidos por un par de pálidas manos con uñas largas y filosas se postraron frente a él.

Tsuna siguió la dirección de la cual provenían sus gafas y se topó con Gokudera, los ojos verdes tenían un brillo culpable, las plateadas cejas fruncidas en decaimiento y un par de adorables orejas puntiagudas caídas contra el cabello de plata a juego con el pelaje que las cubre.

Pero que…?! Fue la acertada línea de pensamiento de Tsuna.

- Lo siento. – dijo Hayato dolido – Después de todo lo que dije y todo lo que hice… tú fuiste y me salvaste de mi propia estupidez. –

Que yo que? Pensó confundido Tsuna.

- No sé qué me hizo pensar que uno de los clanes más antiguos y poderosos pondrían a cualquier enclenque como su heredero, claramente le he subestimado e insultado y por eso me retracto. – continuo el peliplata mientras la confusión de Tsuna crecía y crecía – Por favor permítame enmendar mi error, permítame servirle su alteza! – exclamo Hayato al tiempo que empujaba la silla de plástico donde hacia un instante estaba sentado y se ponía de rodillas frente a Tsuna, las gafas de sol aun en las manos del peliplata, su cabeza gacha en vergüenza.

Tsuna estuvo a punto de protestar pero entonces vio en ligero temblar en la figura de Hayato.

Una mano, pequeña, gentil y cálida se posó en la cabeza del peliplata.

Hayato alzo su rostro y su vista choco con un cálido castaño ambarino que lo hizo sentirse cálido y bienvenido.

- No entiendo porque tienes orejas de gato… - Hayato dio un respingo en su sitio y su cola se estiro sorprendida, un ligero sonrojo se apodero de sus mejillas - … y una cola. – siguió Tsuna – Ni tampoco entiendo porque te disculpas si todo este embrollo fue culpa de Reborn. - el susodicho se hizo el desentendido mientras "leía" una revista que encontró en el escritorio de la enfermera – Pero acepto tus disculpas. – El rostro de Hayato se ilumino ante lo dicho por el castaño – Aunque me temo que no puedo aceptar que seas mi sirviente. – Hayato se sumió en un mundo oscuro y desolado – Y como no puedes ser mi sirviente… - Tsuna se bajó de la camilla y se hinco frente a Hayato y tomo las manos del peliplata entre las de él - … ¿Quieres ser mi amigo? –

Los ojos de Hayato se abrieron a más no poder, su rostro se puso de un adorable tono rosado y su cabello y pelaje se erizaron ante la pregunta del castaño.

- Gokudera-san? – llamo Tsuna preocupado al peliplata.

Quizás mi propuesta lo ofendió? Se cuestionó Tsuna con preocupación.

Más toda duda desapareció cuando Tsuna sintió sus manos ser apretadas delicadamente y Hayato bajo la mirada, el peliplata no confiaba en su propia fuerza de voluntad si miraba tan de cerca el rostro del castaño.

- Sera un honor. – asintió Hayato.

Desde su posición en el escritorio de la enfermera Reborn miraba a los dos jóvenes con una sonrisa torcida.

Primer caballero conseguido. Pensó el del fedora mientras pasaba la página de la revista.