Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de
Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Nota de Autora: Gracias a la gente que ya lo ha reseñado, me alegro de que os esté gustando. La historia dará unas cuantas vueltas durante los primeros capítulos, me temo. Se asentará cuando Harry cumpla dieciséis y la trama principal comience realmente. Así que tened paciencia conmigo mientras saltamos años y meses en un capítulo.
Perdón de nuevo,
Drops of Nightshade x
Capítulo Dos
Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería – Casa del Placer de Afrodita
1993
Así era.
El día que había parecido como una vaga idea en el horizonte había llegado finalmente y los seis Sirvientes de trece años intercambiaban miradas nerviosas mientras una agotada Señora Weasley les ponía en fila.
La mujer seguía ajustando sus túnicas grises y alisando arrugas inexistentes, murmurando entre dientes. Finalmente Ron, algo tenso, replicó bruscamente a su madre que a su vez salió de su estado de distracción para darle un cachete por faltarle al respeto.
Hermione apretó la mano de Harry para tranquilizarle y sus ojos, marrón dentro de verde, se encontraron durante un momento. Los dos se habían vuelto increíblemente cercanos a lo largo de los tres últimos años, junto con Ron. Pero Harry y Hermione compartían un vínculo más profundo, ambos sabían las palabras adecuadas que decir cuando el otro necesitaba consuelo y siempre eran capaces de sentir cuándo algo le preocupaba.
Eran como hermano y hermana, inseparables, y ahora que se enfrentaban con el posible distanciamiento aquello les desgarraba profundamente.
Dos funcionarios del Ministerio entraron, una mujer y un hombre. Llevaban túnicas plateadas reglamentarias del Ministerio y examinaron a los seis niños con interés. La Señora Weasley dejó la habitación echando un último vistazo a los seis a su cargo, todos pulcramente alineados con sus manos entrelazadas al frente, listos para la inspección.
Empezaron con Neville, dialogando juntos en voz baja antes de que el hombre declarase claramente— Sirviente.
Los hombros de Neville se relajaron y los dos pasaron a Dean con quien emplearon el doble de tiempo. Pareció haber una discusión entre ambos y Dean permaneció de pie entre ellos, el cuerpo rígido mientras esperaba que eligiesen su camino en la vida. Al final el hombre pareció ceder a las demandas de la mujer y dijo— Sirviente —con seca determinación.
Dean compartió una mirada de alivio con Neville mientras los dos funcionarios se detenían frente a Lavender. La mujer sacó una varita de su túnica y murmuró un conjuro. Una tenue luz apareció alrededor de Lavender y Harry supo que cualquiera sería capaz de verla, no sólo él con su rara habilidad. Era de un rico color verde y los funcionarios intercambiaron una mirada de aprobación.
Harry identificó el conjuro de fertilidad, usado para comprobar cómo de fértil era una potencial Procreadora. Parecía que Lavender había superado aquel primer paso. Hicieron que soplase en un objeto parecido a una grabadora y le ordenaron que parase después de que saliese una clavija. Había seis agujeros en el tubo y Harry dedujo rápidamente que aquello medía el núcleo mágico de una persona. La clavija de Lavender salió por el tercer agujero empezando por el final, lo que supuso significaba que poseía un nivel medio de magia. Aunque Harry ya lo sabía debido a su don.
Los dos funcionarios debatieron rápidamente pero Harry ya sabía que no iban a hacerla Procreadora. Le faltaba el talento mágico para producir niños poderosos.
—Cortesana —, dijo el hombre y el labio inferior de Lavender tembló ligeramente. Harry pudo verla luchando por contener las lágrimas. El hombre se inclinó hacia delante y golpeó su collar de hierro con su varita. El hierro se transformó en la reluciente plata de una Cortesana. Descansó de forma elegante alrededor de su fino cuello, la parte delantera sin marcar y lista para ser inscrita con la insignia de su amo cuando finalmente fuese contratada a los dieciséis.
Pasaron a Ron, declarándole Sirviente y el chico lanzó una mirada comprensiva a Lavender antes de sonreír a Neville y Dean que le sonrieron a su vez. Al menos estarían juntos.
Hermione fue sometida al mismo conjuro de fertilidad que Lavender y resultó igual de verde. Entonces hicieron que Hermione soplase en el sensor mágico y como Harry había esperado, la clavija saltó en el cuarto agujero empezando por el final, indicando un poder por encima de la media.
Apenas dialogaron, la mujer simplemente asintió afirmativamente y el hombre dijo—, Procreadora—. El collar de Hermione fue cambiado a oro, dejando un espacio para la insignia de su futuro amo como en el de Lavender.
Entonces se detuvieron frente a Harry.
Él miró al frente y tomó aliento profundamente mientras dos completos desconocidos decidían su destino. No tuvo que esperar demasiado para que llegasen a un acuerdo.
—Cortesano —dijo el funcionario, golpeando el collar de Harry con su varita.
El peso alrededor de su cuello varió ligeramente mientras el hierro se transformaba en ligera plata y el metal se afinaba para volverse más elegante.
La funcionaria escribió seis fichas que serían entregadas en el Ministerio registrándoles en sus diversas clases.
—Una representante de la Casa Damara vendrá a recoger a la Procreadora y una representante de la Casa del Placer de Afrodita a los dos Cortesanos, mañana, a primera hora de la mañana —les dijo a los seis adolescentes.
Entonces se fueron.
Lavender al instante rompió a llorar y corrió hacia Harry, enterrando su cabeza en su cuello y sollozando desesperadamente. Él la rodeó con sus brazos y miró por encima de su cabeza para ver cuatro pares de preocupados ojos mirándole de vuelta.
Hermione se mordía el labio con testarudez para no deshacerse en llanto como Lavender. Sus ojos marrones estaban húmedos con lágrimas no derramadas y finalmente cayó en la cuenta de que estaba siendo separada de su familia adoptiva, de Harry.
Unos brazos la rodearon de forma un poco torpe y ella se volvió para ver a un sonrojado Ron de pie tras ella. Conmovida por gesto de cariño que el estoico chico normalmente nunca mostraba, se sumió en su abrazo y tomó aire temblorosamente.
Así fue como la Señora Weasley les encontró. Se tomó el collar de oro de Hermione y los collares de plata de Lavender y Hermione con escasa sorpresa. Había previsto que esto pasaría.
Pero aun así dolía.
Tres de los niños a su cargo iban a ser trasladados a sus respectivas escuelas, posiblemente para no volver a verles. Y la pobre Hermione iba a recorrer ese camino sola. Al menos Lavender y Harry se tenían el uno al otro.
—¿Cuándo... cuándo van a venir a recogeros? —preguntó un poco aturdida, dirigiendo su pregunta a Hermione y Harry ya que Lavender todavía estaba llorando y en un estado lamentable.
—A primera hora de la mañana —contestó Hermione sin ninguna emoción en su voz mientras apoyaba la cabeza contra el hombro de Ron.
La Señora Weasley asintió y tragó saliva antes de atraer a Harry y Lavender hacia ella para abrazarles. Lavender se aferró a la mujer, liberando a Harry que se apartó dando tumbos.
—Ven, mi querida Lavender, ahora vamos a respirar hondo... —Su voz se desvaneció mientras guiaba a la casi histérica chica fuera de la habitación.
Hermione se apartó de Ron para abrazarse a Harry, sin llorar, sin decir nada, simplemente sujetándole como si aquella fuese su última noche sobre la Tierra.
La cual, en cierta forma, era -o al menos- su última noche juntos.
La mañana encontró a Hermione, Harry y Lavender de pie en la puerta principal de Hogwarts, esperando a que llegasen los representantes. Había habido una despedida larga y llena de lágrimas antes. Harry no quería pensar en ello.
Llevaba una bolsa remendada al hombro que contenía algunas pertenencias que les habían permitido conservar a Lavender y a él como Sirvientes.
La chica se había calmado después de su crisis de la noche anterior y estaba pálida pero decidida a causar una buena primera impresión a la representante de la casa del placer.
Hubo un chasquido de Aparición y una mujer de aspecto severo apareció. Sus ropajes azules ribeteados en oro indicaban que venía de la Casa Damara. Hermione asió a Harry en un desesperado abrazo antes de abrazar Lavender.
Volvió a Harry apretándose contra él de nuevo, respirando su familiar aroma de manzanas que siempre la había tranquilizado en el pasado. La tos impaciente de la representante le recordó que su tiempo era escaso.
Inclinándose hacia delante puso sus labios junto al oído de Harry y susurró— prometo que nos encontraremos un día. Lo prometo. Cuídate Harry.
Después saludó a la rígida mujer antes de ser Aparecida, sus ojos marrones fijos en los verdes de Harry mientras eran separados, quizá para bien.
Notando las lágrimas ardiendo en sus ojos, Harry respiró hondo antes de sentir que volvía a la normalidad. Se alegró de tener la mano de Lavender unida a la suya, pero deseó que Hermione estuviese allí.
Hubo otro chasquido y una mujer regordeta de pelo negro surcado de mechones grises y amables pero resueltos ojos color obsidiana apareció. Llevaba una túnica verde decorada en plata que la identificaba como la representante de la Casa del Placer de Afrodita.
Observó de forma apreciativa a Lavender y Harry, ambos allí de pie con sus túnicas grises y apariencia desamparada.
—Me llamo Fay. No Señora ni Señorita, sólo Fay. Dirijo la Casa del Placer de Afrodita —dijo la mujer secamente.
Sin esperar una respuesta sacó un medallón de su bolsillo y lo golpeó, activándolo como un Traslador.
—Mejor agarraos a él —dijo sarcásticamente, mientras veía cómo sus dos Cortesanos más recientes tropezaban para poner un dedo en el medallón.
Harry sintió un tirón en su ombligo y entonces el mundo estalló en luces de colores. Hubo una característica sensación de succión antes de que sus pies tocasen el suelo pesadamente.
Parecía que habían llegado a una antecámara de algún tipo, decorada con cortinajes de seda y recubierta con paneles de maderas nobles. Antorchas parpadeaban en soportes a lo largo de los muros proyectando luces y sombras en la cámara.
El aroma a vainilla y canela estaba suspendido en el aire y provocó que los sentidos de Harry zumbasen. La habitación era muy sensual e hizo que su piel hormiguease, no de manera desagradable.
—Vamos, os enseñaré vuestros dormitorios ahora.
Fay salió y Harry y Lavender intercambiaron miradas exasperadas ante la brusquedad de la mujer antes de ir tras ella. Fueron conducidos a través de una habitación tras otra, en ocasiones topándose con otros Cortesanos, que llevaban túnicas verdes sujetas con un cinturón plateado. La indumentaria se adaptaba al cuerpo y hacía que sus piernas pareciesen más largas.
Harry empezó a darse cuenta de que era el único chico allí mientras dejaban atrás chica tras chica, las cuales le miraban con sorpresa.
Sintiéndose un poco perturbado, Harry se detuvo cuando Fay le indicó una puerta ligeramente entreabierta.
—Compartiréis habitación con otro Cortesano. Chica, tú te quedarás con Alicia. Ella es un año mayor que tú.
Fay abrió la puerta sin llamar y una chica de catorce años alzó la vista del libro que estaba leyendo. Su pelo era liso y de color toffee, sujeto en una trenza. Sus ojos azul verdosos examinaron a los dos nuevos Cortesanos y una ceja se alzó ante la vista de un chico.
—Alicia, explícaselo todo a la novata —ordenó Fay.
Empujando a Lavender al interior, Fay hizo una seña a Harry para que la siguiese y el chico lanzó una mirada por encima del hombro a Lavender quien le envió una tímida sonrisa de vuelta antes de entrar en su nuevo dormitorio.
—Tú dormirás solo, chico. Las chicas tenemos una reputación que mantener después de todo —Fay soltó una risita como si pensase que aquello era tremendamente divertido.
Sonrojándose ligeramente ante la insinuación de que podría hacer cualquier cosa inapropiada con las otras chicas, Harry siguió a Fay hasta una habitación más pequeña que aquella en la que dormiría Lavender.
Una gruesa alfombra verde cubría el suelo y las paredes estaban cubiertas por paneles de madera. Había una ventana tapada por una oscura cortina verde bosque. Una vieja cama de cuatro columnas ocupaba la mayor parte del espacio en la habitación, con sábanas negras y un edredón plateado. Los cortinajes de la cama eran verdes. Había una puerta en la esquina que Harry supuso conducía a un baño. Una pequeña cómoda y una mesita de noche completaban la habitación.
—Te dejaré para que te acomodes, chico. Enviaré a una chica para que te muestre el lugar, más tarde —dijo Fay.
—Mi nombre es Harry —murmuró él en respuesta.
—Lo sé —dijo Fay con una sonrisa burlona, saliendo de la habitación.
Una llamada en la puerta una hora más tarde alertó a Harry de que tenía una visita. Había encontrado varios juegos de túnicas verdes en la cómoda junto con algunos cinturones de plata. Ponerse el uniforme de un Cortesano y mirarse en el espejo del baño hizo que Harry se sintiese como una persona diferente.
La túnica se ceñía a sus formas mostrando su flexible cuerpo y el verde del tejido resaltaba sus ojos haciéndolos destacar. Se sentía expuesto llevando el uniforme y agobiado al darse cuenta de que en tres años perdería su virginidad y estaría sirviendo a un amo.
Estremeciéndose ante ese pensamiento, con el recuerdo de Rabastan Lestrange escogiéndole cuando tenía diez años muy vivo en su mente, Harry había salido del baño y había empezado a sacar sus escasas posesiones fuera de la bolsa, recordándose a sí mismo que tenía que darle a Lavender sus cosas.
Fue entonces cuando sonó la llamada, pillando por sorpresa al chico de ojos verdes. Tras abrir la puerta se encontró con una chica de piel oscura con el pelo negro hasta los hombros. Sus ojos eran de un inusual color ámbar. Parecía tener unos catorce años.
—Mi nombre es Angelina Johnson, Fay me ha enviado para que te haga de guía —dijo con voz melódica.
—Hola Angelina, soy Harry Potter —respondió el chico.
La chica de ojos color ámbar le miró de arriba a abajo antes de admitir—. No hemos tenido un Cortesano masculino en años. Nadie... cumplió totalmente los requisitos.
Después de aquella confesión, la espigada chica le condujo a través de la Casa del Placer de Afrodita. Sin embargo era más una mansión que una simple casa. Cuando Harry lo comentó, Angelina le explicó que había pertenecido a una familia sangre limpia que se la había vendido al Ministerio para ser transformada en centro de adiestramiento para Cortesanos.
Harry se sorprendió al descubrir que había una pequeña biblioteca abarrotada de libros de todo tipo. A Hermione le habría encantado. Pensar en Hermione hizo que una punzada de tristeza atravesase su corazón.
Angelina, que había localizado a una amiga, le distrajo. La chica era de la edad de Angelina, con pelo negro largo hasta la cintura que caía en ondas por su espalda. Sus ojos grises observaron con curiosidad a Harry.
—Ésta es Katie Bell, mi compañera de habitación. Kat, este es Harry Potter, uno de los nuevos Cortesanos —le presentó Angelina.
Katie tendió una mano que Harry estrechó y entonces se disculpó porque tenía una lección en cinco minutos.
Eso hizo pensar a Harry en el tipo de cosas que aprendería en la casa del placer. Angelina demostró su capacidad de observación al reconocer la reacción de Harry a las palabras de Katie—. No aprendes nada sexual hasta un año antes de tu dieciséis cumpleaños. Hasta entonces aprendes otras formas de entretenimiento -cantar, bailar, etiqueta, política-.
—Espera, ¿política? ¿Por qué motivo necesitaríamos aprender política? —preguntó Harry estupefacto.
—Entrarás en un feroz mundo de celosas esposas sangre limpia y campos de minas sociales. En Afrodita te preparan lo mejor que pueden para asegurarse de que das buen nombre a la escuela y no haces el ridículo en el mundo real —respondió Angelina de manera práctica.
—Oh —respondió Harry—. Entonces, ¿quién nos enseña?
—Tenemos diferentes profesores para las diferentes materias. Se te asigna un... tutor individual cuando cumples los quince y estás listo para aprender el lado más erótico de la vida Cortesana.
Sonrojándose ligeramente, Harry preguntó—, el tutor... él... quiero decir... ya sabes...
—No Harry, el tutor no llegará hasta el final contigo si es eso lo que estabas intentando preguntar. La gente que eligen pueden enseñarte cómo obtener y dar el mayor placer. Pero nunca llevan a cabo ningún tipo de penetración porque los Cortesanos deben ser puros para lograr el mejor contrato —dijo Angelina, sin ningún rastro de turbación.
Tosiendo ligeramente Harry murmuró—, bien, gracias Angelina.
Sonriendo divertida, la chica alta dijo—, puedes llamarme Ángel -todos mis amigas lo hacen-.
—¿Somos amigos entonces, Ángel? —replicó Harry, con fingida seriedad, perdiendo la timidez con la chica.
Se sorprendió cuando la muchacha alzó su seria mirada ambarina hacia él—. Si tú quieres que lo seamos, Harry.
—Oh... por supuesto.
—Genial —respondió Angelina con una sonrisa radiante.
De alguna forma, Harry sintió que todo podía salir bien.
Era el final de año; casi cinco meses desde que Harry y Lavender habían llegado a su nuevo hogar. Tenían un estrecho círculo de amigas formado por Angelina "Ángel" Johnson, Katie "Kat" Bell y Alicia "Ali" Spinnet.
Las tres chicas mayores habían dado la bienvenida a los dos novatos a su rebaño y se habían asegurado de que su transición a la vida de Cortesano era tan suave como fuera posible.
Cinco meses habían enseñado a Harry que era un cantante absolutamente atroz -el profesor Monsieur René tenía tendencia a encogerse de miedo cada vez que Harry entraba en su clase-.
Era ligeramente mejor bailando, especialmente si hacía pareja con Lavender, que era brillante en ello. Miss Belleview le aseguró que mejoraría pronto. Harry sabía que el año siguiente pasarían a bailes más sensuales -los realizados en solitario-. Realmente no quería pensar en ello todavía.
Las lecciones de etiqueta eran agónicas con Madam Heldane, o "Madam Hell" para abreviar. La mujer era estricta y le gustaba usar una regla para golpearle a uno en la palma de la mano si rompía cualquier norma en su clase. Había tanto que memorizar -qué utensilios utilizar al comer, cómo dirigirse apropiadamente a cada casta, la manera correcta de hacer una reverencia- (o inclinarse respetuosamente en el caso de Harry) y la cantidad de tiempo apropiada que pasar hablando con una persona.
La clase favorita de Harry era política, no sólo por lo interesante del tema, sino también por el profesor. El Señor Sanders era un hombre de mediana edad que iluminaba el aula con su risueña actitud. Uno no podía evitar sonreír cuando estaba en su animada presencia. Las cosas que enseñaba eran interesantes y ver cómo funcionaba la sociedad del Mundo Mágico de Gran Bretaña era fascinante.
Harry todavía echaba de menos a Hermione y el resto de su familia adoptiva inmensamente, y algunas veces la pena le golpeaba con bastante fuerza. Pero Lavender o Angelina, a quien estaba particularmente unido, siempre estaban cerca para hablar.
Fay era una figura dominante en la casa del placer, dejándose caer por las clases, comiendo con Harry y las chicas cuando se reunían todos en el comedor y siendo en general una presencia constante. Harry llegó a apreciar su franco punto de vista sobre la vida, y su brusca y a veces sarcástica actitud era refrescante.
Todavía tenía que referirse a él de alguna otra forma aparte de "Chico".
La vida había derivado en una reconfortante rutina y Harry casi podía fingir que ésta era tan solo una escuela normal, y que las chicas a su alrededor eran simplemente adolescentes corrientes.
Pero la fantasía nunca se sostuvo demasiado y Harry se encontró temiendo su quinceavo cumpleaños, en el cual sus lecciones especiales comenzarían.
Continuará...
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios! Nos vemos en el siguiente capítulo ^_^
