Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Nota de Autora:
Finalmente nos encontramos con Lord Voldemort en este capítulo. Espero que disfrutéis de la actualización. La historia finalmente se ha asentado (¿un poco?) y con suerte no habrá más obscenos saltos en el tiempo. Tengo algunas notas importantes al final que deberíais leer para explicaros unas cuantas cosas. Gracias y disfrutad,
Drops of Nightshade x
Notas de Traductores: En este capítulo no es necesario que os dirijáis a SH.
Capítulo Cuatro
Mansión Lestrange – La Ciudadela
1996
Había pasado un mes desde que el contrato de Harry había sido comprado y Rabastan y él habían hecho el amor casi cada dos días, en cada superficie disponible de la Mansión.
Harry había descubierto que Rabastan no estaba casado, lo que sin duda hacía las cosas menos complicadas. El Cortesano no estaba seguro de cómo habría tratado con una mujer sangre limpia enfadada.
Rabastan era el hijo menor de la familia Lestrange y tenía un hermano mayor llamado Rodolphus que también era Mortífago. Rodolphus se había casado con la infame Bellatrix Lestrange y no tenía ningún Cortesano -quizá temiendo por su seguridad al lado de su cruel esposa-.
Rabastan vivía solo en la Mansión Lestrange, su hermano ocupaba el castillo de la familia Lestrange como hijo primogénito. Tenía un pequeño ejército de elfos doméstico que se encargaban de sus necesidades diarias y un contingente de Sirvientes con los que Harry todavía tenía que tener una conversación completa. Los Sirvientes Lestrange carecían del ambiente cálido de los Sirvientes de Hogwarts y Harry se dio cuenta de lo afortunado que había sido al tener una infancia relativamente feliz con su familia sustituta.
Era a finales de Agosto y Rabastan pronto empezaría su trabajo a tiempo parcial como profesor en Hogwarts. Trabajaba los Lunes, Miércoles y Viernes de cada semana enseñando a los alumnos de cuarto año y superiores sobre técnicas de duelo.
Durante los siguientes dos meses y medio Harry sólo vería a su amante la mitad de los días, hasta las vacaciones de Navidad, cuando tendría a su contratante de vuelta.
Harry no estaba seguro de cómo sentirse acerca de ello. Por una parte, el sexo con Rabastan era increíble y estaba empezando a perder la timidez de verdad con el hombre. Sin embargo, por otro lado, algunas veces deseaba algo más en su vida y en su relación. Quería ser más que en esencia una puta comprada. Le habían dado un título bonito y le habían enseñado cómo desenvolverse en situaciones sociales como el más refinado sangre limpia pero a pesar de eso todavía se esperaba que abriese sus piernas para su contratante como una vulgar prostituta.
Una cuenta había sido abierta para Harry en Gringotts, el banco del mundo mágico donde quincenalmente se hacían depósitos en su cámara por sus "servicios". Le hacía sentirse barato. Más que nunca se le recordaba a Harry que jamás había elegido su camino. No había tenido elección.
Y a pesar de todo se había resignado a su condición social. Raramente usaba su magia sin varita, empleándola sólo para cosas pequeñas y siempre en privado. Pero su magia siempre estaba bullendo bajo su piel, como si estuviese frustrada de no ser usada.
Era por la mañana y Harry estaba hecho un ovillo en uno de los cuartos de huéspedes leyendo un libro mientras la luz del sol se derramaba a través de las enormes ventanas francesas. Rabastan tomaría la red Flu para Hogwarts a primera hora de la mañana siguiente y volvería sobre las cinco.
Harry fue distraído de su lectura por la llegada de su contratante que le miró mientras el muchacho bajaba el libro y esperaba pacientemente a que dijese algo. Rabastan ya había dejado claro que Harry no tenía que hacerle una reverencia o inclinar su cabeza cuando estuviesen a solas y no en público.
—Vamos a tener invitados a almorzar hoy —, le informó Rabastan y Harry parpadeó sorprendido. Todavía no había conocido a ninguno de los amigos o la familia de Rabastan. Ni siquiera estaba totalmente seguro de que el hombre tuviese algún amigo.
—Vendrán mi hermano y mi cuñada —dijo y Harry asintió con cierto nerviosismo. Los dos tenían una terrible reputación de ser crueles y despiadados—… y el Señor Oscuro.
Harry miró atónito a su contratante durante unos instantes, con el horror claramente pintado en su cara—. ¿El Señor Oscuro? —preguntó incrédulo en una voz escasamente más alta que un susurro.
—Sí, hay asuntos que tenemos que tratar —respondió Rabastan crípticamente—. Siento decírtelo con tan poca antelación Harry, mi hermano está renovando su ala del castillo y no podemos celebrar la reunión allí. Lucius Malfoy, Severus Snape y Bartemius Crouch también estarán presentes. Es una reunión de los amigos más íntimos del Señor Oscuro.
Tragando saliva con fuerza Harry preguntó—, se requerirá que yo... ¿les conozca?
—Sí, tengo que presentar a mi nuevo Cortesano a mi familia. Puedes conocer a nuestros invitados en el vestíbulo y después te dejaré libre mientras dure la reunión —, le aseguró a Harry.
Harry sonrió un poco aliviado pero en cuanto recordó a quién conocería en unas pocas horas su sonrisa se desvaneció. Recordaba su etapa en Hogwarts con Snape vigilándole de cerca y refunfuñó. Aquello no iba a ser agradable.
—¡Bastan! —gritó la expresiva voz. Harry atisbó a través de su flequillo mientras esperaba tras su contratante con su cabeza inclinada respetuosamente y sus manos entrelazadas de forma humilde frente a él.
Un hombre que parecía una versión mayor de Rabastan avanzaba hacia él, con una túnica de viaje echada sobre el brazo. A su lado una mujer con una mata de rizos negros y serios ojos oscuros caminaba confiadamente, observando al nuevo Cortesano de su cuñado.
Eran los primeros en llegar a la Mansión para la reunión y el almuerzo, quizá porque eran familia.
—Me alegro de verte hermano. A ti también Bella, estás tan maravillosa como siempre. Sin embargo -Dolphus, te juro que cada vez que te veo tienes más arrugas. ¿Has pensado hacer que Severus te prepare una poción anti-envejecimiento?-
Rabastan se rió mientras su hermano le agarraba y le sujetaba por la nuca. Tenían una relación sencilla y afable que le recordó a Harry un poco a Ron y él -al menos antes de que se le llevasen-. Bellatrix puso los ojos en blanco ante sus payasadas, no esperando menos del hombre con el que se había casado.
—Entonces, me has estado diciendo durante todo el mes que has comprado un nuevo Cortesano —. Los penetrantes ojos de Rodolphus detectaron al chico de la túnica verde de pie tras su hermano, oculto parcialmente en las sombras como si no quisiese estar allí.
—Éste es mi nuevo Cortesano, Harry Potter —explicó Rabastan a la pareja, haciendo una seña a Harry para que avanzase.
El chico alzó su rostro y se puso su máscara, sonriendo de forma educada a Rodolphus y Bellatrix e inclinándose en una grácil reverencia.
—Es un placer conocerles, Mi Señor, Mi Señora —dijo en tono suave.
—Bueno, desde luego sabes cómo elegirlos —murmuró Rodolphus, lanzando una mirada apreciativa al Cortesano de deslumbrantes ojos esmeralda de su hermano menor.
Su mujer frunció el ceño y clavó sus uñas en su brazo rompiendo su ensimismamiento en el muchacho. Examinando al chico ella misma concluyó que era bastante guapo. Sin embargo eso no significaba que su marido tuviese que mirarle de esa forma.
Haciendo a Harry una ligera seña con la cabeza para indicarle que podía irse, el chico hizo otra reverencia a los Mortífagos de la primera casta y grácilmente salió de la habitación. Tan pronto como dejó el recibidor, el chico permitió que sus hombros cayesen con alivio. Gracias a Dios Rodolphus y Bellatrix habían llegado primero. No estaba seguro de qué habría hecho si el Señor Oscuro hubiese llegado antes que ellos. Aunque parecía altamente improbable que él llegase en primer lugar.
Moviéndose a través del enrevesado laberinto de corredores de la Mansión Lestrange, a la que se había acostumbrado durante su estancia de un mes, Harry llegó al dormitorio que compartía con Rabastan y se desplomó sobre la cama. Dándose la vuelta se quedó mirando al techo y se preguntó cuánto durarían la reunión y el almuerzo.
Recostándose sobre las suaves sábanas Harry dejó que sus ojos se cerrasen y sin nada mejor que hacer con su tiempo empezó a adormilarse.
Entonces sus ojos se abrieron de repente cuando sintió... eso.
La magia dentro de Harry se agitó en respuesta a la seductora presencia que sentía y con creciente inquietud Harry descubrió que ya no podía hacerla retroceder. El poder que había estado bullendo bajo la superficie se desató con fuerza, enviando el tocador volando contra la pared opuesta y convirtiéndolo en astillas.
No obstante la magia extraña, porque Harry no tenía duda de que era magia, llamaba a la suya, susurrando de forma suave y seductora en su oído, animándole a ir y buscar su fuente. Harry cruzó la mitad de la habitación antes de volver en sí y gritar alejándose de la puerta de un salto. La magia extraña siseó con disgusto al ser rechazada y la llamada aumentó en intensidad.
Como si fuese una marioneta y aquella otra magia embriagadora el titiritero, Harry fue arrastrado inexorablemente fuera de la habitación, la puerta batiendo con un estallido impaciente de su propia magia. Harry se sintió febril y con la adrenalina zumbando por sus venas. Su magia se retorcía bajo la superficie de su piel como si anhelase escapar de él para ir a unirse a la otra fuerza.
Se movió a lo largo de corredores, dirigiéndose innegablemente hacia la sala de reuniones. Ya no había espacio en la mente de Harry para nada que no fuese ese dulce canto de sirena. Tenía que encontrar a las personas a la que pertenecía. Tenía que tocarles, tenía que sentir su magia envolviendo completamente la suya.
Con otra embestida de su magia las puertas de la sala de reuniones salieron despedidas y golpearon la pared, la sólida madera cediendo por la presión del poder de Harry. Entró, apenas percatándose de los seis Mortífagos en la habitación, incluyendo a su contratante.
Cuando las puertas batieron seis varitas apuntaron inmediatamente en su dirección. Así no lo lograrían. No podía haber nada que obstaculizase su camino hacia el portador de ese hermoso poder que tan tentadoramente le llamaba. Con un lánguido movimiento de su mano las varitas saltaron de las manos de sus portadores y chocaron contra el suelo.
Ignorando sus furiosos y conmocionados gritos se movió rápidamente por la habitación y le vio a él.
El Señor Oscuro.
Decían que había hallado el secreto de la inmortalidad hace mucho tiempo, y su piel perfecta lo atestiguaba. Era devastadoramente atractivo con sus brillantes rizos negros y sus aristocráticas facciones, aparentando cerca de los treinta. Sus escalofriantes ojos color carmesí se clavaron en Harry y dieron la impresión de atisbar dentro de su propia alma.
Como en trance, Harry se acercó a él. Alguno de los presentes en la habitación intentó detenerle pero el Señor Oscuro les hizo una seña para que se apartasen, su mirada fija en el chico de ardientes ojos color esmeralda que caminaba hacia él.
Se detuvo frente al hombre y alargó la mano hacia él intentando tocarle. Intrigado, el Señor Oscuro rodeó su muñeca con una mano de largos dedos antes de que pudiese alcanzarle.
Con un grito ahogado, Harry sintió la magia en su interior prácticamente aullando de placer, fluyendo de su interior en oleadas para rodear a la magia de Lord Voldemort con satisfacción y fusionarse con ella. Fue consciente vagamente de voces que se alzaban hasta que alguien -quizá Bellatrix- envió una maldición hacia los dueños de las voces para que se callasen. Si su Señor no estaba preocupado por los extraños sucesos que estaban teniendo lugar, entonces ella tampoco.
Cuando Voldemort soltó su muñeca la magia de Harry se separó con tristeza y la adrenalina y la euforia abandonaron a Harry rápidamente. Con un quejido se desplomó hacia delante y unos fuertes brazos le sujetaron. Se sentía mareado y aturdido, como si estuviese a punto de desmayarse.
—¿Mi... Mi Señor? —dijo Bellatrix por fin mirando alternativamente al Cortesano y a él.
—Parece que el pequeño Cortesano de Rabastan escondía un secreto —murmuró Lord Voldemort de forma pensativa, apartando el sudoroso pelo del muchacho de su cara.
Intercambiando miradas confusas, los Mortífagos no respondieron. Los ojos color azul cobalto de Rabastan estaban fijos en su Cortesano.
—El chico tiene un núcleo mágico increíblemente poderoso. Increíblemente poderoso... e increíblemente peligroso en el estado en el que está ahora —dijo el Señor Oscuro con calma.
Sus seguidores centraron su atención en el hermoso Cortesano en brazos de su maestro. Parecía bastante inocente ahora, casi inconsciente e increíblemente cansado. Pero todos le habían visto cuando entró, con su pelo negro arremolinándose en torno a su cabeza como un halo oscuro y aquellos ojos ardiendo con fuego interior, le habían visto mientras les desarmaba con un gesto de su mano.
—Estoy seguro de que puede realizar más magia sin varita de la que ya hemos visto, y como yo es capaz de sentir otros núcleos mágicos. Sin embargo es sumamente inestable, su núcleo no está acostumbrado a una gran cantidad de esfuerzo mágico. Sólo puedo deducir que el chico sintió mi propio poder y su magia, en su estado salvaje, se liberó para traerle aquí a enlazarse y estabilizarse —finalizó Lord Voldemort.
—¿Qué... qué harás con él? —preguntó Rabastan, profundamente preocupado por el destino de su Cortesano.
—No puedes confiar en ser capaz de contener su poder en caso de que se le escapase, Rabastan —dijo Lord Voldemort sosegadamente. Rabastan se quedó helado al comprender hacia dónde iba dirigida la conversación—. Debe ser entregado a mí. Sólo yo puedo contener su poder -quizá incluso usarlo para alimentar el mío-. Nuestros núcleos son compatibles.
Rabastan tragó saliva al ser confirmadas sus sospechas. Sintió una poderosa sensación de pérdida comenzando a formarse ya en su interior.
—¿Me comprarás su contrato? —preguntó Rabastan lentamente, observando mientras Harry se ponía rígido en los brazos del Señor Oscuro.
—Sí. El chico necesita ser entrenado a fin de que su poder no escape de él y destruya algo importante -o a alguien importante-. Es un desastre en potencia.
—Por supuesto, Mi Señor —dijo Rabastan en una voz apenas más alta que un susurro.
—¿Tienes el contrato aquí? Me temo que debemos posponer nuestra reunión aunque sólo sea por unas horas, debo llevar al chico a mi Ciudadela lo antes posible.
Con Harry todavía firmemente sujeto, el Señor Oscuro observó mientras su seguidor iba de mala gana a buscar el contrato mágico de su Cortesano, ligeramente aterrado de no poder conservar a su Cortesano siquiera unas horas más. Con un golpe de su varita su nombre desapareció. Cogiendo el pergamino mágico, Lord Voldemort echó un vistazo al contrato.
Harry Potter.
Conocía ese nombre. Durante su ascenso al poder Lily y James Potter habían sido dos de sus adversarios más irritantes. Habían muerto por su preciosa causa y habían sentenciado a su bebé a una vida como Cortesano. Aquí estaba de nuevo ese nombre para atormentarle. Archivando el legado del chico para un posterior estudio, Voldemort conjuró sin varita una pluma y escribió su nombre en el espacio vacío.
Harry sintió su collar calentándose y después asentándose. Sabía sin verlo que ahora llevaba el escudo de armas de Lord Voldemort -la insignia de Slytherin, ya que el Señor Oscuro era el Heredero de esa antigua casa-.
—Está hecho. Me aseguraré de que seas totalmente recompensado por tu pérdida, Rabastan —, le aseguró el Señor Oscuro a su seguidor.
—Gracias, Mi Señor —respondió Rabastan con cierta amargura.
—¿Tiene el Cortesano algún objeto personal? —preguntó Lord Voldemort.
—No, realmente no. Él prefería usar las cosas que yo le proporcionaba. Tiene su... cuenta en Gringotts por supuesto. Los detalles deberían estar en el contrato —explicó Rabastan.
—Muy bien. Me marcho entonces. Severus, mientras estoy ausente quiero que hagas un informe completo sobre lo que has descubierto acerca de la antigua Orden del Fénix —dijo el Señor Oscuro con su fría voz y esperó a que el hombre asintiese.
Harry percibió a través de sus cansados ojos que el grasiento gilipollas tenía cierta culpabilidad oculta en sus ojos negro ónice, como si fuese reacio a revelar la información que había descubierto. Dejando eso de lado, Harry permitió que le condujesen fuera de la habitación, llevado casi en volandas por el líder de la Gran Bretaña Mágica.
Rabastan observó mientras le arrebataban a su ex-Cortesano, que ya no lo era.
—Anímate hermanito. Puedo encontrarte un Cortesano igual de bueno —dijo Rodolphus restándole importancia.
Pero Rabastan sabía en lo más profundo de su ser que no habría otro como Harry Potter.
Cuando Harry volvió en sí descubrió que estaba tumbado en una cama desconocida. Frunciendo el ceño mientras miraba al techo, el Cortesano intentó recordar qué había ocurrido para acabar allí.
Repentinamente todo regresó desbordándole y el chico se incorporó de golpe, boquiabierto. El Señor Oscuro. Su contrato había sido comprado por el líder de la comunidad Mágica de Gran Bretaña.
Sintiendo una presencia Harry giró la cabeza tan rápido que su cuello crujió dolorosamente. Lord Voldemort estaba sentado en un sillón afelpado junto a su cama, observándole con su cabeza inclinada a un lado como si Harry fuese un espécimen fascinante.
—Mi Señor... —Harry hizo ademán de levantarse pero la mano del Señor Oscuro se apoyó en su hombro, empujándole de vuelta a la cama.
—No hay necesidad de reverencias; todavía estás débil por lo de antes. Es una lástima que te agotase de esa forma pero creo que luchaste contra la fuerza de atracción de tu magia —. Acomodándose de nuevo en las almohadas de seda tras él, Harry pensó en Rabastan con una ligera punzada de pesar. Sólo ligera porque apenas había tenido oportunidad de estar con él en el breve mes que había sido contratado.
—¿Completará el contrato ahora? —preguntó Harry, forzando a su voz a permanecer firme a pesar de que casi desfallecía de nerviosismo.
—No. Estás aquí para ser mi pupilo, no mi puta —dijo el Señor Oscuro con firmeza.
Sonrojándose de vergüenza, pero sintiéndose extrañamente contento de que no se esperase que tuviese sexo de pago con su contratante-parcial; Harry asintió y preguntó—, ¿me quitará el collar entonces?
—No lo haré. Me da cierto poder sobre ti como tu contratante, y ciertamente necesitas alguien controlando tu magia. Es un milagro que no hayas destruido nada todavía. Asumo que no has estado ejercitando tus poderes durante un tiempo —. Hizo una pausa antes de continuar—. La gente hablará. Dirán que eres mi amante, aunque no sea cierto. Pero esa marca alrededor de tu cuello te protegerá dentro de mi Ciudadela y en la más amplia comunidad Mágica. Nadie hará daño a aquello que he marcado como mío.
Resignado pero no sorprendido por esta decisión, Harry asintió y el Señor Oscuro se levantó.
—Oh y hay una última cosa mi pequeño Cortesano —dijo suavemente.
—¿Sí, Mi Señor?
—Te he inscrito para tu sexto año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Tendrás una varita mañana.
Con una sonrisa burlona ante la cara de sorpresa de Harry, Lord Voldemort abandonó la habitación dejando a su hermoso Cortesano, el cual no era realmente su Cortesano, atrás.
Al día siguiente era primero de Septiembre y el resto de los estudiantes de Hogwarts estaban subiendo al Expreso de Hogwarts y encaminándose hacia el banquete de bienvenida que les esperaba. Harry, sin embargo, se uniría al resto del alumnado unos días más tarde.
Necesitaba reunir primero su material de estudio y comenzar sus lecciones privadas con su contratante, para aprender cómo dominar su núcleo.
Lord Voldemort había designado a uno de sus Mortífagos de mayor confianza, Lucius Malfoy, para que acompañase a su Cortesano al Callejón Diagon y recogiese sus cosas.
Abandonando la Ciudadela, que todavía tenía que explorar, Harry tuvo que soportar que el hombre de pelo rubio platino le perforase con una calculadora mirada de sus ojos grises, obviamente pensando en lo que había ocurrido el día anterior. Harry le ignoró lo mejor que pudo mientras compraban, adquiriendo los objetos necesarios.
Harry estaba ligeramente abrumado por la visión y los sonidos del barrio comercial, habiendo explorado sólo Hogwarts, la Casa del Placer de Afrodita, la Mansión Lestrange y pronto la Ciudadela, que era el centro de poder de la Gran Bretaña Mágica.
La gente se les quedaba mirando, reconociendo el collar de plata de Harry, marcado con la insignia del Señor Oscuro, mientras su silencioso guardián y él pasaban de largo. Lord Voldemort nunca antes había tomado un Cortesano, así que la visión del hermoso chico paseando por el Callejón Diagon llevando su marca les sorprendía. Susurros seguían a la pareja mientras compraban los libros de Harry y otros pertrechos necesarios.
Estaban pasando junto a la tienda de animales mágicos cuando Lucius detuvo a Harry enganchando su bastón con cabeza de serpiente en el hombro del chico—. Mi Señor desea que tengas una lechuza —dijo con su fría voz.
Harry enarcó una ceja pero no respondió nada, entrando en la tienda con Lucius tras él. Caminó arriba y abajo por los pasillos con el dueño de la tienda revoloteando en torno al rubio Mortífago e ignorando totalmente al Cortesano.
—Me gustaría ésta, Mi Señor —dijo Harry finalmente, señalando una magnífica lechuza blanca como la nieve con inteligentes ojos color ámbar que le recordaban a Angelina.
—Muy bien —dijo Lucius y pagó por la lechuza. El dueño de la tienda quiso trasladar a la lechuza de su percha a una jaula de plata pero la criatura chasqueó su pico con irritación y voló hasta Harry, posándose en su hombro en vez de eso.
Abandonaron la tienda con la lechuza, a la que Harry había decidido llamar Hedwig por una famosa bruja sobre la que había estado leyendo hace poco, posada en su hombro. Harry llevaba la jaula de plata en su mano.
—Tendremos que ir a buscar tu varita —dijo Lucius lentamente, mirando a Harry con consternación. La casta servil no tenía permitido poseer o incluso tocar una varita. El hecho de que Harry fuese enviado a Hogwarts, que se le permitiese tener una varita, le decía a Lucius que no era un Cortesano corriente. Y estaba lo que había pasado en la Mansión Lestrange. Lucius estaba... intrigado.
Cuando entraron en la tienda de Ollivander el extraño hombre de ojos azules miró largo y tendido a Harry por unos momentos antes de saludarles. No se sorprendió cuando Lucius le dijo que Harry recibiría una varita.
Hizo el ademán de ir a coger una caja pero algo en Harry le impulsó instintivamente a alcanzarla con su magia. El chico extendió una mano mientras una caja negra volaba desde la parte trasera de la tienda hasta ella.
Lucius le miró atónito, olvidando momentáneamente su fría máscara de sangre limpia. De nuevo Ollivander no pareció sorprendido por este giro de los acontecimientos, mirando a Harry con un centelleo en sus gélidos ojos azules.
Harry descubrió la varita, un precioso instrumento hecho de acebo. Cuando la sacó de la caja, luz dorada pura brotó de la punta y el chico pudo sentirla cantado de alegría por haber encontrado por fin a su legítimo dueño.
La brillante luz dorada se desvaneció finalmente y Harry se encontró con un sonriente Ollivander y un estupefacto Lucius Malfoy.
—Ésta es mi varita —dijo suavemente, acariciando la madera con cariño.
—Madera de acebo, veintiocho centímetros, núcleo de pluma de fénix —recitó el fabricante de varitas. Hizo una pausa y después añadió, mirando a Harry directamente a los ojos—. Tu varita tiene una hermana. El fénix que dio su pluma para tu varita de acebo proporcionó otra pluma más. Vendí aquella varita a nuestro Señor Oscuro cuando era un niño. Vuestros caminos realmente están unidos.
Al escuchar aquellas palabras, Harry sintió un escalofrío premonitorio atravesándole y la temperatura en la tienda pareció bajar ligeramente.
Después de superar su conmoción y devolver su máscara a su sitio, Lucius compró una funda para que el Cortesano pudiese llevarla atada a su muñeca y mantener su varita cerca.
Habiendo terminado sus compras por ese día, Lucius escoltó al chico de ojos verdes de vuelta a la Ciudadela y decidió que le trataría con respeto. Parecía que tenía un brillante futuro por delante y Lucius quería ser parte de ese futuro. Después de todo tenía ambición.
Después de dejarle en su habitación, la cual Lucius se percató estaba separada de la del Señor Oscuro, el hombre de pelo rubio fue a buscar a su amo, con mucho de que informar.
Una vez que Lucius se hubo marchado, Harry pasó un rato sentado en su cama acariciando las plumas de Hedwig. Mientras estaba allí sentado, sintiendo su varita zumbando contra su muñeca, un súbito pensamiento le asaltó. Mirando a Hedwig, Harry soltó con cuidado sus garras de él y corrió hacia el escritorio en la esquina de la habitación.
Cogiendo un trozo de pergamino, el Cortesano se sentó con una pluma y un tintero y comenzó a escribir. Ahora podía mandar cartas.
Con trazos seguros de su pluma Harry redactó su mensaje.
Querida Hermione...
Continuará...
Notas de Autora: Awww pobre Rabastan. Pero no os preocupéis, volveremos a verle. Recordad que trabaja a tiempo parcial en Hogwarts. Va a ser un poco embarazoso para Harry recibir lecciones de su ex-contratante... que realmente ha superado lo suyo todavía...
Para aquellas que piensen que Rabastan dejó ir a Harry con demasiada facilidad, debéis recordar que es del Señor Oscuro de quien estamos hablando. No le niegas nada al soberano de la Gran Bretaña Mágica. No si quieres seguir con vida. Rabastan es leal al Señor Oscuro. Sí, está disgustado por tener que entregar a Harry pero nunca se negaría ante su Señor.
Parece que Voldemort no está interesado en Harry de esa forma... ¿O sí...? Está etiquetado como pre-slash por un motivo. No saltarán a la cama inmediatamente -no creo que el Señor Oscuro fuese ese tipo de persona, ¿sabes?- Pero habrá slash Voldemort/Harry en esta historia. Lo prometo.
Hmm... Me pregunto qué descubrió Severus sobre la antigua Orden del Fénix... Quizá no está tan abolida como se pensaba...
Y sobre todo el tema del "contrato-parcial", Voldemort es el contratante de Harry, sin embargo el vínculo mágico entre ambos no ha sido completado porque no han tenido relaciones sexuales. Las implicaciones de esto son que si alguien tiene relaciones sexuales con Harry, automáticamente se convertirá en su contratante y Voldemort no podrá hacer nada. Así que será mejor que Voldemort vigile a su Cortesano que realmente no es un Cortesano...
Un apunte sobre los contratos: Procreadoras, Cortesanos y Sirvientes están unidos al dueño de su contrato (los Sirvientes de Hogwarts están unidos a la escuela.) Esta unión es permanente hasta que,
a) El servil o el amo mueren
b) El servil es liberado (en circunstancias que impliquen quizá a un servil salvando la vida de su contratante o de la familia de su contratante)
c) El contratante accede a vender el contrato a otro (como en el caso de Rabastan y Harry)
Los Cortesanos normalmente son liberados de su contrato cuando alcanzan cierta edad. Si han acumulado suficiente dinero pueden devolver a sus contratantes lo que pagaron por ellos. En ese caso se unen a la tercera casta de la sociedad, los mestizos. Si no tienen suficiente oro son convertidos en Sirvientes para el mismo contratante o vendidos para otro trabajo.
Sabréis más sobre las Procreadoras y cómo funciona todo más adelante en la historia.
Finalmente, me gustaría decir que hay una profecía que involucra a Harry y Voldemort pero no se ha oído hablar de ella todavía y probablemente no se oirá por un tiempo. Lily y James no fueron cazados específicamente; fueron asesinados en un ataque por Mortífago(s) desconocido(s).
Espero que disfrutaseis de esta actualización.
Drops of Nightshade x
Y hasta aquí el capítulo de hoy, la vida de Harry ha vuelto a dar un giro inesperado, de Cortesano de Rabastan (pobre) a pupilo del Lord... o.O
Nos vemos en unos días!
Muchísimas gracias por vuestros comentarios!
Un saludo.
Traducciones. A ver qué sale.
