Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción:Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer aDrops of Nightshadeel habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Nota de Autora: ¡Gracias, gracias, gracias a todas, maravillosas reseñadoras! Me ayuda y me inspira para escribir. Estoy sorprendida de que tanta gente parezca estar disfrutando de esto. Es mi primer Fanfiction y estaba bastante nerviosa por publicarlo. Pero me alegro de haberlo hecho.
En cualquier caso, ¡disfrutad de esta actualización y aseguraos de seguir reseñando para que pueda mejorar o saber que lo que estoy haciendo está bien!
Drops of Nightshade x
Notas de Traductores: En este capítulo no es necesario que os dirijáis a SH.
Capítulo Cinco
Casa de Damara – La Ciudadela
1996
—¡Señorita Granger! —dijo una voz seca, sacando a Hermione de sus pensamientos.
Parpadeando sorprendida, la chica de pelo color avellana se giró para enfrentarse a su profesora Madame Hewitt. Había estado pensando en Harry, tal y como había hecho a menudo desde que recibió su carta la noche anterior.
—Discúlpeme Madame Hewitt, no dejaré que mi atención se desvíe de nuevo —, prometió Hermione con firmeza.
—Procure que no lo haga —, dijo con enojo la mujer antes de volverse hacia el resto de la clase y continuar su disertación acerca del decoro.
Hermione casi no se lo había creído cuando había visto a la hermosa lechuza blanca como la nieve sentada en el antepecho de la ventana de su dormitorio. Había dejado pasar a la criatura y había sido recompensada con una carta, con una letra descuidada en la primera página que habría reconocido en cualquier parte.
Harry.
La lechuza había esperado mientras la chica de dieciséis años leía y releía la carta, con lágrimas rodando por sus mejillas mientras tocaba de forma reverente el papel que Harry había tocado. Le había sorprendido lo que Harry había escrito, que su contrato había sido comprado a Rabastan Lestrange por nada menos que el propio Señor Oscuro.
Hermione se estremeció en solidaridad con Harry, que ahora estaba en manos del Señor Oscuro, pero se había sentido aliviada al leer que Lord Voldemort aparentemente no tenía intención de acostarse con él. ¡Y Harry se iba a casa! ¡A Hogwarts! Podría ver al Señor y la Señora Weasley y al resto de su familia sustituta. La chica de ojos marrones había sentido una punzada de celos por eso pero se había sentido demasiado feliz por su hermano adoptivo como para preocuparse demasiado. Después de haber respondido a la carta de Harry y habérsela dado a la adorable lechuza blanca se había quedado en su ventana mirando mientras la criatura aleteaba de vuelta a Harry con su mensaje.
—Hermione —, una voz a su derecha siseó y se giró para ver a Ginny Weasley de pie recogiendo sus libros. La clase había acabado sin que ella se diese cuenta.
Siguiendo su ejemplo apresuradamente, reunió sus útiles de escritura y sus libros de texto y tocó el bolsillo de su túnica donde descansaba la carta de Harry. Satisfecha de que estuviese segura y cerca de ella, siguió a Ginny fuera del aula.
Hermione se había sentido a la vez aliviada y entristecida cuando la chica pelirroja había llegado un año después que ella a la Casa de Damara. Aliviada porque ahora tendría una amiga y entristecida de que se esperase que Ginny tuviese hijos igual que ella.
Las dos chicas con collares de oro idénticos alrededor de sus cuellos y largas túnicas azules atadas con cinturones dorados salieron fuera para disfrutar de algo de aire fresco antes de su siguiente clase. Tenían un lugar relativamente privado que habían reclamado como suyo. El pequeño banco de piedra estaba oculto por rosales y daba a Ginny y Hermione un sitio donde discutir acontecimientos de la Casa de Damara o evocar a su familia sustituta.
Ginny y Hermione doblaron la esquina y se quedaron clavadas en el sitio al ver a una mujer de ventimuchos con un floreado vestido veraniego que llevaba un niño entre sus brazos. Era atípica con su pelo rosa chicle brillante y sus ojos color violeta suave. Y estaba sentada en su banco.
Como si sintiese sus miradas la mujer se giró con su cabeza ladeada—. Hola chicas —, dijo con tono amigable, meciendo a su bebé delicadamente.
—Hola —respondieron ellas simultáneamente, todavía sorprendidas por su extraña apariencia.
Hermione se percató de la pulsera dorada en torno a su muñeca derecha y se dio cuenta de que era una Procreadora liberada. Contrariamente a la creencia popular, no se esperaba que las Procreadoras tuviesen un hijo tras otro con su contratante. Después de tres hijos se consideraba su contrato cumplido y sus contratantes solían liberarlas. Las Procreadoras entonces permanecían en la casa familiar o en una vivienda proporcionada a tal efecto, criando a los niños. La mujer frente a ellas obviamente había dado tres hijos a su contratante y ahora era libre.
—Lo siento, ¿queríais sentaros aquí? —preguntó la mujer amablemente, haciendo ademán de levantarse.
—Oh no, está bien —dijo Ginny rápidamente.
La mujer volvió a sentarse y las dos jóvenes se quedaron allí incómodamente durante un rato. Viéndolas todavía allí la mujer sonrió ligeramente y les hizo una seña para que se sentasen en la gruesa alfombra de hierba frente al banco de piedra. Después de que las dos chicas intercambiasen miradas y tomasen asiento la mujer las observó.
—Mi nombre es Nymphadora Tonks, pero preferiría que me llamaseis Tonks —, dijo la mujer con el pelo color chicle.
Viendo que Ginny se había quedado mirando embobada el inusual color de pelo y ojos de la mujer, Hermione decidió presentarlas a la dos—. Me llamo Hermione Granger y ésta es mi amiga, Ginny Weasley.
Tonks se sobresaltó al escuchar el apellido de Ginny y se quedó mirando fijamente a la quinceañera pelirroja.
—¿Debo suponer que eres la hija de Molly y Arthur? —preguntó con curiosidad.
Parpadeando sorprendida y con cierta tristeza al escuchar el nombre de sus padres, Ginny asintió en silencio. Al ver la mirada inquisitiva de Hermione, Tonks se giró hacia la otra chica y explicó—, mis padres eran buenos amigos suyos... antes de que el Señor Oscuro tomase el control.
—¿Qué edad tenías? —preguntó Ginny al fin, saliendo de su asombro.
—Tenía trece años cuando el Señor Oscuro se alzó con la victoria. Mi madre era una sangre limpia pero había sido marcada como traidora porque se casó con un nacido de muggle. Ella y mi padre terminaron como Sirvientes. Fui una de las primeras estudiantes en graduarse en la Casa de Damara y en que comprasen mi contrato —dijo Tonks suavemente, mirando a su hijo con una delicadeza que contradecía sus melancólicas palabras.
—¿Cómo es? —exclamó de repente Ginny, observando con los ojos muy abiertos al bebé en brazos de Tonks, obviamente imaginándose a sí misma en una situación similar en unos pocos años.
—¿Te refieres a cómo es ser contratada? —replicó Tonks.
—Sí —susurró la pelirroja.
Tonks fijó la vista en la distancia por encima de las cabezas de las dos chicas y recompuso sus pensamientos—. Fue duro al principio —admitió en voz baja—. Pero, como Procreadoras, tenemos mucha suerte de no ser compradas para la satisfacción sexual, como las Cortesanas. Sólo vi a mi contratante una vez a la semana hasta que se confirmó que estaba embarazada de nuestro primer hijo. Me visitó un día sí y otro no para supervisarnos al niño y a mí. Él era... amable. Todavía lo es.
Hermione habló para preguntar—. Tu contratante... su mujer... ¿fue difícil vivir bajo el mismo techo?
—Soy muy afortunada. Mi contratante, Rabastan Lestrange, no está casado. Compró mi contrato porque su cuñada era estéril y no podía tener hijos. Él detestaba la idea de una esposa, al no tener ningún deseo de vida conyugal. Así que he dado a luz para él al heredero de Lestrange, mi primogénito Calix, que ha cumplido once años hace poco y empezó en Hogwarts ayer —, dijo Tonks con orgullo.
Hermione se había quedado boquiabierta al mencionar Tonks el nombre de su contratante y Ginny frunció el ceño antes de que sus ojos se dilatasen y se diese cuenta de por qué su amiga había reaccionado de aquella forma, recordando la carta que Hermione le había enseñado.
—¿Rabastan Lestrange? ¿Él es de verdad tu contratante? —preguntó Hermione con voz serena.
—Sí -aunque ahora ya no lo es teniendo en cuenta que le he dado nuestro tercer y último hijo-. ¿Por qué pareces tan alterada? —preguntó Tonks, confusa.
—Un amigo nuestro fue contratado hace poco y... bueno, él nunca mencionó que su contratante tuviese una Procreadora -o tres hijos, de hecho- —explicó Hermione.
—El nombre de tu amigo es Harry Potter, ¿verdad? —dijo Tonks. Sin esperar por una respuesta afirmativa continuó hablando—. Bastan nunca le habló de los niños o de mí porque pensó que Harry no estaba preparado para saber de nuestra existencia todavía. De hecho, -Bastan planeaba presentarnos muy pronto-. Por supuesto ya no puede hacerlo, no con Harry en la Ciudadela y fuera de su alcance.
—¿Pero cómo pudo Harry no darse cuenta de que había una mujer y tres niños rondando por la casa?
—Vivo en una encantadora casita no lejos de la Mansión Lestrange. Ha sido mi hogar desde que nació Calix y deseé un alojamiento más acogedor. -Bastan me visita cada semana para ver a los niños. No habría habido forma de que Harry me viese hasta que "Bastan nos presentase"- —, concluyó Tonks.
Hubo silencio mientras Hermione y Ginny digerían aquella información. Hermione se sentía un poco enfadada por Harry, ya que el chico no tenía conocimiento de que su ex-contratante tenía hijos. Queriendo llenar el largo silencio la chica preguntó—. ¿Cómo se llaman tus otros hijos?
Sonriendo ante el cambio de tema Tonks respondió—. Mi segundo hijo también fue un chico. Quería llamarle Teddy por mi padre pero -Bastan me disuadió-. En vez de eso le llamamos Theodore y yo le llamo Teddy para abreviar. Tiene seis años actualmente.
La mujer bajó entonces la vista hacia el bebé entre sus brazos—. Ésta es mi única niña. Tiene algo más de un año ahora y se llama como mi madre, Andrómeda.
Hermione se incorporó y miró por encima del hombro de Tonks hacia la niña que tenía los mismos ojos color violeta que su madre. De repente, aquellos ojos cambiaron a un marrón oscuro que imitaba a los de Hermione. Con un grito de sorpresa, la mano de Hermione voló hasta su garganta.
Riendo entre dientes ante la reacción de Hermione, y Ginny quien se puso en pie para ver a qué se debía el alboroto, Tonks explicó rápidamente—. Soy una metamorfomaga; puedo cambiar mi apariencia a voluntad. Mis tres hijos heredaron mi habilidad —. La mujer lo demostró cambiando su pelo a negro y sus ojos a un brillante azul aciano.
Tras entretener a las dos chicas durante un rato cambiando su aspecto y haciendo reír alegremente a su hija, Tonks volvió a su pelo rosa chicle y sus ojos color violeta una vez más.
La mujer escrutó a las dos jóvenes frente a ella y rápidamente tomó una decisión. Ambas parecían dignas de confianza, una de ellas la hija de gente que con la que sabía que podía contar. Le debía a Arthur y Molly el ayudar a su única hija de cualquier forma que pudiese. Hermione parecía una mujer joven y fuerte, y Tonks tuvo la clara impresión de que estaba destinada a cosas mayores que la vida de una Procreadora. Ayudaría a esas dos chicas tanto como pudiese.
—Quiero daros algo a ambas —dijo Tonks en voz baja, con sus ojos mirando cautelosamente a través de rosal que les hacía de pantalla para asegurarse de que nadie estaba fisgoneando.
De un forro secreto en su vestido veraniego sacó un medallón de oro. En ambos lados de la moneda estaba grabado un fénix llameante. Sujetando la joya en una mano y a su hija con la otra, Tonks se inclinó y susurró palabras suaves hacia el medallón. El oro brilló con fuerza antes de que dos copias idénticas cayesen al suelo. Los ojos de Hermione y Ginny se abrieron ante la exhibición de magia, sorprendidas de que Tonks la hubiese realizado, aunque sólo fuese activando un conjuro pre-existente.
Metiendo el original de nuevo en su bolsillo secreto, Tonks cogió las dos copias y le dio una a cada chica—. Estos medallones son extremadamente valiosos. Os los doy porque sé que puedo confiar en vosotras. O quizá no puedo confiar en vosotras pero tan solo deseo ayudaros —, Tonks se encogió de hombros de forma impotente y las dos chicas intercambiaron miradas ligeramente nerviosas.
—No es muy prudente por mi parte decir demasiado, pero sabed esto; hay algunos ahí fuera que todavía luchan contra el Señor Oscuro. Hay algunos que no se han rendido. Estos medallones son conexiones directas con esa gente que puede marcar la diferencia —, Tonks hizo una pausa antes de continuar—. Llegará un momento en el que esos medallones se calentarán. Sabréis que ese es el momento. Presionad vuestros labios contra el metal y decid, "Santuario".
Viendo las preocupadas y escépticas miradas de las jóvenes Tonks añadió, encarándose con Ginny—. Tus padres y hermanos tienen cada uno una moneda idéntica. Confía en mí, y cuando llegue el momento, di la palabra y serás llevada con la gente adecuada.
—¿Qué pasa si alguien ve el medallón -si nos lo quitan?- —preguntó Hermione con lógica.
—La belleza de esta magia es que sólo aquellos a los que se ha confiado el secreto o están a punto de conocerlo pueden ver los medallones. Simplemente mantened vuestros medallones con vosotras en todo momento y en algún lugar seguro. Cuando llegue la llamada, estaréis preparadas.
Tonks se levantó del asiento y acunó a su hija en sus brazos, observando mientras Hermione y Ginny metían los medallones en sus bolsillos para salvaguardarlos temporalmente.
—Debo irme ahora -Sólo estaba haciendo una visita para dar una breve conferencia a algunas de las chicas de diecisiete años acerca de ser contratadas-. Bastan está trabajando ahora pero aun así debo regresar a casa —, dijo Tonks a las dos chicas.
Se despidió y se giró para marcharse pero la suave voz de Hermione la hizo detenerse—. ¿Podéis tú y tú... gente... ayudar también a Harry?
Tonks se giró y contempló a la chica de dieciséis años que la miraba con tenaz esperanza en sus ojos marrones.
—Lo intentaremos con cada gota de nuestra determinación. Si es posible para nosotros liberar a Harry de las garras del Señor Oscuro, lo haremos. Es una promesa, Hermione Granger —, murmuró Tonks antes de darse la vuelta y desaparecer de la vista.
—Inténtalo de nuevo.
Las frías y familiares palabras del Señor Oscuro provocaron que la irritación creciese en Harry antes de que la acallase sin piedad. Tomando varias inspiraciones profundas asintió para indicar que estaba preparado para que su contratante comenzase de nuevo.
Era su tercer día en la Ciudadela, incluyendo el día en el que había llegado, y Harry había sido despertado por la mañana por un elfo doméstico, el cual le había informado de que el Señor Oscuro le esperaba en la sala de entrenamiento oeste a las nueve en punto.
Tras un apresurado desayuno Harry se había vestido con la túnica negra que había descubierto en su cama, incómodo por llevar ropas diferentes a su uniforme de Cortesano. Quienquiera que hubiese preparado su vestimenta había añadido detalles verdes a la túnica y se había asegurado de que su collar de plata todavía era visible, quizá para indicar más claramente su condición. Atando su varita a su antebrazo, usando la funda de cuero que Lucius le había comprado, Harry había dejado su habitación y se había dirigido a las sala de entrenamiento oeste.
Ahora estaba bastante familiarizado con la distribución de la Ciudadela y sus alrededores amurallados. La fortaleza interior era donde estaban situadas las alas privadas incluyendo los dormitorios y los comedores. En las alas exteriores era donde se llevaban a cabo los asuntos oficiales y funcionarios del Ministerio iban y venían con regularidad. Harry se aseguró de evitar esa sección de la Ciudadela debido a las calculadoras y a veces lascivas miradas que se dirigían con frecuencia hacia él.
Las salas de entrenamiento estaban desperdigadas por la Ciudadela pero los Mortífagos usaban sólo la oeste. Mientras Harry se desplazaba a través de las salas abovedadas sólo había encontrado unas pocas personas, y todas ellas habían ignorado su presencia.
El Señor Oscuro le esperaba en una gran sala de entrenamiento sentado en una silla de madera parecida a un trono sobre un estrado elevado. Harry se había aproximado, había hecho una profunda reverencia a su contratante y líder de la Gran Bretaña Mágica y su primera lección había comenzado oficialmente.
Voldemort quiso primero probar el control de su Cortesano, haciendo que Harry permaneciese de pie al otro lado de la sala de entrenamiento e invocando su atracción mágica. Le había llevado a Harry numerosos intentos impedirse a sí mismo correr en trance hacia el Señor Oscuro. Ahora todavía era capaz de sentir vivamente el poder de su contratante pero permanecía en general impasible a la seductora llamada.
Entonces habían pasado a aprovechar el poder de Harry y era allí donde el chico estaba un poco perdido. Se sentía cómodo usando su magia espontánea sin varita pero Lord Voldemort deseaba que fuese capaz de canalizar su magia a través de su varita, como se esperaría que hiciese en Hogwarts. Sus lecciones sin varita vendrían después de que tuviese una base sólida. Lo habían estado intentando durante horas y todavía no había habido progresos.
De pie frente a la tarima elevada Harry cerró sus ojos para concentrarse mejor sin el rostro intensamente atractivo de su contratante mirándole de cerca. Con su varita sujeta con fuerza en su mano derecha Harry tomó otra profunda inspiración y pronunció claramente—, Aguamenti.
Canalizando su magia de forma consciente a través de su varita de acebo Harry sintió el triunfo crecer en él mientras un chorro de agua salía de la punta, salpicando ruidosamente contra el duro suelo de la sala de entrenamiento. Sonriendo orgulloso, Harry miró al Señor Oscuro que simplemente ladeó su cabeza en una muestra ínfima de aprobación. Ligeramente decepcionado Harry canceló el hechizo y esperó pacientemente a que su contratante hablase.
—Es suficiente por hoy. Te llamaré mañana para continuar nuestras lecciones —, fue todo lo que dijo el Señor Oscuro antes de hacer una seña a Harry para que abandonase la habitación.
Tragándose su amargura por ser tratado con tan poca sensibilidad, echando de menos la apasionada aunque a veces fría presencia de Rabastan, Harry hizo una reverencia y dejó la habitación con rapidez.
Sintiendo una extraña pesadez en el estómago Harry vagó sin rumbo a través de la Ciudadela, sin prestar atención alguna a dónde se dirigía. El sonido de voces le sacaron sobresaltado de su agrio humor y alzó la cabeza, observando a su alrededor. Había viajado en la dirección equivocada, y ahora estaba en algún lugar de la fortaleza exterior donde se llevaban a cabo los asuntos del Ministerio.
Las voces se estaban acercando a él y Harry volvió hacia atrás con rapidez para evitar a quienquiera que viniese en su dirección. Deslizándose en una habitación con una puerta ligeramente entreabierta notó de forma distraída que se trataba de un pequeño cuarto de huéspedes con elegantes sillones y una chimenea vacía.
Para su consternación las voces aumentaron aún más de volumen y la puerta se abrió de par en par con violencia anunciando la llegada de los implicados en la discusión.
—… no voy a presentar tu caso al Señor Oscuro, Black. Está por debajo de su atención —, siseó la hiriente voz de Severus.
Junto al Profesor de Pociones estaba un guapo hombre de mediana edad con un lustroso pelo ondulado negro que caía alrededor de su cara y rozaba sus hombros. Sus ojos de color gris azulado que habían estado furiosamente fijos en Snape se posaron en Harry y se abrieron, tristeza y asombro inundando aquellos orbes únicos.
—¿Harry? —dijo de forma ahogada, dando un paso hacia delante con gesto de incredulidad en su cara.
La cabeza de Snape giró en dirección a Harry y sus ojos negro ónice se estrecharon con fastidio—. Potter —, ladró es ese tono demasiado familiar que usaba durante los días en Hogwarts de Harry.
Harry se sobresaltó ligeramente ante la brusca voz del Director y tragó con dificultad, dividido entre quedarse mirando al volátil hombre o al extraño desconocido que le contemplaba con una emoción tan irrefrenable.
—Perdóneme Director, ahora me marcho —, dijo Harry con rapidez e hizo una reverencia, moviéndose hacia la salida de la habitación, ansioso por escapar.
Mientras se dirigía hacia la puerta, una mano rodeó su muñeca y Harry giró su cabeza hacia el dueño de la misma, el extraño desconocido. Por unos instantes el otro hombre pareció contento simplemente con observarle, casi ávidamente. Una indecible expresión de pesar cruzó su cara cuando vio el collar de plata alrededor de la garganta de Harry.
A punto de pedir ser liberado, mirando por encima del hombro del desconocido para ver a un ceñudo Severus Snape, la boca de Harry se cerró de repente ante las siguientes palabras del hombre.
—Oh Harry... James y Lily nunca me perdonarían por dejar que esto te pasase... —susurró el hombre, mirando al collar de Cortesano de Harry.
—Black- —empezó a gruñir Snape a modo de advertencia pero Harry ahora tenía la atención puesta en el hombre que debía haber conocido a sus padres.
—¿Quién eres? —preguntó sin aliento.
—Mi nombre es Sirius Black —dijo, ignorando completamente al Profesor de Pociones tras él, que parecía no desear otra cosa más que estrangularle. Los ojos de color gris azulado de Sirius se clavaron en Harry como si buscase algo con ellos—. Soy tu padrino.
Nota de Autora: Estoy un poco preocupada acerca de este capítulo. Espero que no os importe que me aparte de Harry, pero de verdad tenía que reintroducir a Hermione en la historia y continuar la trama de la Orden del Fénix. Va a ser muy importante más adelante.
Lo siento si no estáis contentas por cómo está tratando Voldemort a Harry pero realmente no le veo como una persona afable y cariñosa. Él es el Señor Oscuro, acostumbrado a arreglárselas solo y a no depender de nadie. Harry actualmente es un interés pasajero. Voldemort es inmortal y trata a la gente a su alrededor como breves velas. Arden de forma brillante y después mueren. Él no está unido a nadie. Sin embargo eso cambiará. Harry se volverá muy valioso para él. Se convertirá en la única debilidad del Señor Oscuro.
Bien, ahora Sirius está en la historia. Me gustaría aclarar rápidamente algunas cosas. Probablemente os estáis preguntando por qué se le permitió vivir teniendo en cuenta su implicación en la Orden del Fénix. Regulus Black, el hermano menor de Sirius y heredero legítimo del apellido y la fortuna de los Black fue asesinado dos años antes del ascenso del Señor Oscuro, como deberíais saber si habéis leído los libros o visto la película. Sirius era el único heredero varón restante del linaje por parte de los Black (Draco no cuenta porque Narcissa pertenece a una rama lateral). Cuando el Señor Oscuro venció se le perdonó a causa de su preciada sangre pero sigue siendo vigilado de cerca y seguido constantemente. Sabréis más acerca de ello más adelante en la historia. Se le considera como perteneciente a la segunda casta teniendo en cuenta su sangre limpia pero se le trata mal entre la élite por su anterior conexión con Dumbledore y la Orden.
Por último, quería que quedase claro que Rabastan no informó a Harry acerca de Tonks o los niños porque honestamente no creía que estuviese preparado para saber de su existencia. Sí, Harry a la larga lo descubrirá. No, no revelaré cómo reaccionará ante eso todavía. :)
La próxima actualización debería estar publicada en unos pocos días.
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Y hasta aquí el capítulo de hoy, esperamos que os gustase!
Muchísimas gracias a todas aquellas personas que nos estáis dejando comentarios, no sabéis lo que nos animan!
Nos vemos en unos días!
Un saludo
Traducciones. A ver qué sale
