Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Notas de Traductores: En este capítulo no es necesario que os dirijáis a SH.
Capítulo Seis
La Ciudadela
1996
Por un momento la mente de Harry quedó en blanco y se quedó mirando desconcertado al hombre, de nombre Sirius, según había dicho. Si lo que le estaba contando era cierto...
—Márchate. Ahora —siseó Snape coléricamente, esa terrorífica mirada oscura dirigida hacia Harry, que se quedó allí pasmado.
La mano en torno a su muñeca apretó y la desesperación cruzó el rostro de Sirius—. Tenemos que vernos de nuevo —dijo en voz baja, ronca por la emoción.
—Cuidado, Black —dijo Snape y había frialdad en su tono—. Hay ojos y oídos en todas partes. Harías bien en recordarlo.
¿Acababa Snape de dar un valioso consejo? Harry meneó la cabeza y se soltó del hombre que podía ser realmente su única conexión con su madre y su padre. Tras una última mirada Harry salió sin hacer siquiera una reverencia a cualquiera de ellos. La puerta se cerró de un portazo tras él, haciendo que el chico de dieciséis años pegase un respingo.
Aturdido, vagó de vuelta hasta la fortaleza interior y de alguna forma encontró el camino hasta su dormitorio, donde se tiró sobre la cama y se sentó. Su anterior decepción por el rechazo de Voldemort hacia él se había desvanecido en los recovecos de su mente y sus pensamientos estaban totalmente consumidos por aquellos intensos ojos de color gris azulado y las palabras en sus labios: "Soy tu padrino".
La riqueza de los ropajes del hombre indicaban que era de la primera o la segunda casta, pero Harry estaría dispuesto a apostar que Sirius Black pertenecía a la segunda casta debido a la obvia rudeza de Snape hacia él. El Director habría sido como mínimo cortés con otro Mortífago.
Como resultado de su ensimismamiento, Harry no escuchó el incesante golpeteo en su ventana, el origen del cual era una lechuza furiosa que había estado intentando llamar la atención de su amo. Cuando Harry finalmente se dio cuenta de que Hedwig estaba en la ventana con una carta sujeta en su pico no tardó en cruzar de un salto al otro lado de la habitación y dejarla entrar.
La orgullosa criatura ahuecó sus plumas con irritación y voló dentro grácilmente dejando caer la carta sobre su cabeza y posándose en el cabecero de su cama, su regia mirada evitándole como con disgusto.
Disculpando a la lechuza, y confiando en que le perdonaría con el tiempo, Harry cogió la carta del suelo, donde había caído tras aterrizar en su cabeza, y comenzó a leerla rápidamente.
Se sentó junto a Hedwig y alargó la mano para acariciarla de forma ausente, sin embargo ella no se había recuperado de su anterior indiferencia y chasqueó maliciosamente hacia sus dedos. Dejándola para que se calmase Harry leyó la carta con cuidado fijándose en cada palabra, riéndose o conteniendo las lágrimas a partes iguales.
Echaba tanto de menos a Hermione.
Escribirle y que le escribiese de vuelta era una cosa pero quería estrecharla en sus brazos y ver su cara iluminarse con felicidad y risa mientras hablaban. Era doloroso estar en contacto, tan próximos, pero aun así no lo bastante cerca.
Nunca estarían suficientemente cerca hasta que estuviesen juntos una vez más.
Doblando con cuidado la valiosa carta Harry la guardó en su bolsillo más profundo y se sintió aliviado cuando Hedwig por fin le dejó acariciar sus suaves plumas. Estuvo tentado de escribir una respuesta a Hermione pero sabía que Hedwig necesitaba un descanso. A juzgar por el tiempo que le había llevado volar hasta su hermanastra y después regresar con una respuesta, era obvio que la Casa de Damara estaba muy lejos.
Entonces otro pensamiento le asaltó. Hermione podía estar muy lejos actualmente para escribirle, pero puede que Sirius no. Si podía hacer llegar un mensaje al hombre quizá podrían concertar una reunión, como su supuesto padrino quería.
Un instante más tarde Harry estaba sentado frente una hoja de pergamino en blanco preguntándose qué escribir a alguien al que había conocido hacía aproximadamente veinte minutos. Mojando su pluma en el tintero Harry se mordió el labio inferior antes de redactar su mensaje.
Señor Black,
Se horrorizó ante el tono impersonal que le había dado, pero apenas conocía a ese hombre.
Me gustaría reunirme con usted mañana por la tarde a la misma hora que nos hemos visto hoy, pero en el laberinto al norte de la Ciudadela. El centro es relativamente fácil de encontrar si toma cada desvío a la derecha. Es privado y un buen lugar para que hablemos.
Harry Potter
Soplando con cuidado sobre la tinta para dejar que se secase, Harry leyó y releyó su mensaje, inseguro acerca de qué acogida tendría por parte del hombre. Después de deslizarlo dentro de un sobre que esperaba a tal efecto se aproximó a Hedwig con cautela y le ofreció la carta a la volátil lechuza.
Ella inclinó su cabeza hacia un lado antes de aceptarla en su afilado pico y dejó la habitación con un revoloteo, su silueta pronto sólo una tenue mancha blanca sobre el cielo de la tarde.
El Señor Oscuro estaba disgustado.
Se sentó a solas en una habitación en penumbra, la luz del rugiente fuego iluminando su perfil y delineando su rostro con nítida claridad. Ojos color carmesí relampaguearon mientras leía la breve carta que tenía en su mano.
Señor Black,
Me gustaría reunirme con usted mañana por la tarde a la misma hora que nos hemos visto hoy, pero en el laberinto al norte de la Ciudadela. El centro es relativamente fácil de encontrar si toma cada desvío a la derecha. Es privado y un buen lugar para que hablemos.
Harry Potter
Al parecer su pupilo estaba escondiéndole secretos. Había permitido las repugnantemente emocionales cartas con alguna tonta jovencita de la Casa de Damara, pero confraternizar con un ex-miembro de la Orden sobrepasaba los límites.
Se había sorprendido cuando su lechuza color negro puro, Hades, había llegado hostigando a una lechuza blanca como la nieve, que el Señor Oscuro reconoció como el pájaro de su Cortesano. No esperaba que otra carta fuese enviada tan pronto después de la última.
Tras liberar a la lechuza de su carta, como había hecho con el resto de las que había llevado el ave, Voldemort había dejado a Hades a cargo de la vigilancia de la criatura mientras él examinaba su contenido.
Ahora el pergamino colgaba lánguidamente de sus largos y pálidos dedos mientras miraba al fuego, con su otra mano curvada alrededor del tallo de una copa de vino. Su mente formidable estaba formulando una solución adecuada para el asunto.
Finalmente, una sonrisa satisfecha apareció brevemente en sus labios y el Señor Oscuro dejó caer la carta, empujándola hacia el llameante corazón con un zarcillo de magia sin varita. Como una hoja de otoño en el viento, la carta flotó hacia el resplandor y fue consumida en el ardiente infierno, el mensaje que contenía destinado a no ser visto jamás por los ojos de Sirius.
Ahora lo único a tratar era cómo castigar a su intrigante pupilo. Una idea asaltó a Lord Voldemort y cerró sus ojos carmesí con satisfacción mientras alzaba la copa de vino hasta sus labios.
Quizá daría un paseo por el laberinto norte mañana por la tarde.
El día siguiente encontró a Harry caminando enérgicamente a través de los terrenos de la Ciudadela, habiendo terminado su clase con Voldemort mucho antes. Había dominado algunos de los conjuros más avanzados y estaba trabajando en ampliar su vocabulario mágico.
Después de llevar una descomunal pila de libros sobre gran variedad de temas mágicos a su habitación, Harry había dedicado un segundo a pensar en Hedwig, la cual había aparecido en su dormitorio unas pocas horas después de llevar su carta. Le había traído una sencilla respuesta: "Allí estaré".
Echando una mirada furtiva alrededor para asegurarse de que no había nadie observándole y sondeando el área con su singular poder para sentir cualquier núcleo mágico cerca, Harry se introdujo en el enorme laberinto.
No vio los ojos color carmesí intenso vigilándole mientras entraba, ya que el dueño de dichos ojos había ocultado su núcleo mágico, una habilidad que todavía tenía que enseñar a su pupilo.
Tomando cada desvío a la derecha Harry caminó intentando ignorar el tenue pinchazo de sus sentidos mágicos. Estremeciéndose ante la extraña sensación Harry aceleró el paso, el embriagador olor de savia de árbol rodeándole. Por alguna razón desconocida los pelos en la parte posterior de su cuello se resistían a dejar de estar erizados.
Finalmente, para alivio de Harry, llegó al corazón del laberinto y rápidamente se tragó su desilusión al no ver ninguna señal de Sirius Black. Había un largo banco de piedra en el centro del laberinto, ideal para tumbarse sobre él con buen tiempo o para que dos amantes se reuniesen en secreto.
Harry se sentó, temblando mientras el frío del mármol se filtraba a través de su túnica negra y helaba sus huesos. Frotando su cuello, tratando de alejar la sensación de ser observado, Harry se movió intranquilo sobre el banco.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había estado sentado allí, bañado por la luz del Sol del espacio abierto sobre él, antes de darse cuenta de que no estaba imaginando cosas, y que realmente estaba siendo vigilado.
Con el terror corriendo por sus venas Harry se giró lentamente y se encaró con quienquiera que obviamente acabase de entrar en el corazón del laberinto. Necesitaba una confirmación visual de la persona que él creía que acababa de aparecer.
En efecto, el Señor Oscuro estaba de pie, enmarcado por frondosos arbustos, aparentando ser algún tipo de ángel caído con su tremendamente atractivo rostro y su aura amenazadora. Miraba a Harry, como un depredador observando a su presa, sabiendo con certeza que la tenía acorralada.
Forzando a sus miembros súbitamente rígidos a moverse, Harry se puso en pie e hizo una profunda reverencia a su contratante con un quedamente murmurado— Mi Señor.
Para su consternación Lord Voldemort entró en el escondido corazón del laberinto y se sentó lánguidamente en el banco de piedra que Harry acababa de dejar vacante. Con un elegante gesto de una de sus perfectas manos blancas esperó mientras Harry se sentaba nerviosamente, su gracia natural olvidada a causa del miedo.
—Semejante miedo por tu parte Harry... uno podría pensar que estabas haciendo algo... ilícito —dijo Voldemort con voz sedosa, el nombre de su pupilo rodando por su lengua con una serena facilidad que envió escalofríos por la columna vertebral de Harry.
—Por supuesto que no, Mi Señor —susurró Harry después de una breve pausa, sin siquiera intentar convencer al Señor Oscuro de que sus palabras eran ciertas. La presencia de Voldemort allí indicaba que de alguna forma estaba enterado de la reunión que Harry había organizado con Sirius Black.
De repente Harry comprendió lo tonto que había sido. Por supuesto que el Señor Oscuro había estado controlando sus cartas. ¿Realmente había pensado que podría organizar reuniones secretas con gente en la propia casa de Lord Voldemort? A juzgar por la presencia del Señor Oscuro allí, Sirius Black era más que un sangre limpia de la segunda casta. Merlín, sólo podía esperar que su contratante tuviese piedad.
—Veo que te has dado cuenta de las consecuencias de tus acciones —, reflexionó el Señor Oscuro mientras observaba el rostro horrorizado de su pupilo.
Harry no dijo nada, esperando lo inevitable. Rabastan nunca le había castigado, simplemente porque Harry nunca había hecho nada para merecer medidas disciplinarias en el escaso mes que estuvo contratado por el Mortífago.
—Estarás confinado en tu dormitorio durante tres días, empezando esta tarde —dijo el Señor Oscuro bruscamente, sobresaltando a Harry. El chico de dieciséis años había pensado que su castigo sería mucho más severo—. No habrá contacto con influencias externas. Nuestras lecciones deberán ser suspendidas hasta el final de tu aislamiento, sin embargo espero que hayas terminado de leer los textos que te he proporcionado y estés preparado para que te pregunte sobre ellos.
Harry sintió que un peso se quitaba de sus hombros al darse cuenta de que su castigo sería tan suave. Pero quedaba una persistente sospecha en su mente de que había algo más en la decisión del Señor Oscuro, de que Lord Voldemort estaba dejando que se acomodase sólo para hacer la verdadera revelación de su castigo más entretenida.
Como si estuviese leyendo sus pensamientos, lo cual Harry sintió que estaba haciendo, el Señor Oscuro sonrió burlonamente. El chico no pudo evitar el salto en los latidos de su corazón ante el atractivamente malicioso aspecto de los rasgos de su contratante.
—Por su puesto experimentarás todo esto... sin tu magia.
El silencio quedó suspendido entre ambos y Harry sólo pudo quedarse paralizado por la sorpresa ante las palabras del Señor oscuro. ¿Sin su magia? ¿Cómo era eso siquiera posible?
Lord Voldemort se inclinó hacia su pupilo y por un breve momento, Harry pensó que iba a besarle. Curiosamente, el pensamiento no le asustó ni le causó repulsión. En vez de ello sintió un instante de expectación mientras el rostro del Señor Oscuro se acercaba al suyo.
Pero entonces sintió una varita en su garganta, apuntada hacia su collar, y esa línea de pensamiento de Harry se cortó allí mismo. Lord Voldemort ya había dejado muy claro que no tenía ese tipo de interés en Harry. ¿Entonces por qué se estaba sintiendo decepcionado?
Voldemort lanzó un conjuro silencioso y Harry sintió cómo su collar se helaba repentinamente. La gélida sensación se extendió por su cuello y se filtró a través de su cuerpo, entumeciendo sus miembros y haciéndole sentir terriblemente fatigado.
En una escena que evocaba el primer encuentro de Harry y Lord Voldemort, Harry cayó hacia delante mientras toda su energía era drenada de su cuerpo. Su contratante le cogió con facilidad, acercándole a él para que pudiese recostarse contra su pecho.
—Dije que tener ese collar me daba ciertos poderes sobre ti —, comentó Voldemort con voz monocorde como si Harry no estuviese prácticamente desmayándose en sus brazos mientras hablaba—. Tu núcleo mágico está siendo bloqueado lentamente por el conjuro que he lanzado sobre el metal. En poco rato no serás más que un Squib.
El aliento de Harry se aceleró por el terror y un tembloroso sollozo salió de su garganta. Su magia lo significaba todo en el mundo para él. Era lo que le hacía sentirse especial aunque tuviese una condición social tan baja. Harry sintió que el Señor Oscuro sabía eso, y que había elegido ese castigo sabiendo perfectamente cuánto le traumatizaría.
El frío cubría ahora su cuerpo por completo y de forma lenta pero segura Harry pudo sentir la conexión con su núcleo desvaneciéndose. Intentó desesperadamente aferrarse a su magia pero la gélida sensación bloqueaba los canales en su cuerpo.
El dolor estalló dentro de él mientras el conjuro hacía su terrible trabajo y Harry se encontró sofocando un grito ante la horrenda sensación cuando finalmente su conexión con su magia desapareció.
Su cuerpo se quedó flácido y él buscó frenéticamente la magia que siempre había estado a su disposición.
Nada.
Su magia se había ido.
Al fin Harry gritó, un sonido gutural lleno de dolor y pérdida. Forcejeó con el Señor Oscuro, no deseando permanecer cerca de la persona que le había hecho aquello. Por un breve instante Harry pensó en intentar matarle, destruir a quien le había hecho eso.
—Yo no consideraría hacer nada temerario, Harry —dijo el Señor Oscuro suavemente, apartando un mechón de pelo de Harry, perlado de sudor, de su cara—. Soy el único capaz de terminar con el conjuro y devolverte tu poder.
El muchacho se quedó helado ante aquel comentario. Lord Voldemort tenía la llave a la magia de Harry. Podía decidir nunca devolvérsela si desobedecía. Como una presa atrapada por la mirada de un depredador, Harry se quedó muy, muy quieto. Haría cualquier cosa para recuperar su magia.
Cualquier cosa.
Lord Voldemort se levantó del banco con Harry entre sus brazos y se Apareció con facilidad en el dormitorio del chico, las protecciones en torno a la Ciudadela plegándose para permitir al dueño de la fortaleza moverse libremente.
En un movimiento curiosamente delicado dejó la laxa forma de Harry en la cama antes de alejarse de su pupilo. Harry abrió los ojos y los fijó en su contratante, su mirada ardiendo con la súplica de que le devolviese su magia ahora.
Un gesto extraño apareció en el rostro del Señor Oscuro mientras observaba a Harry tumbado en la cama, ruborizado por el esfuerzo y rogando con sus ojos esmeralda. Por un breve momento Harry habría jurado que había deseo en esas profundidades color carmesí. Entonces el Señor Oscuro se giró y se aproximó a la lechuza posada en la esquina.
Hedwig ahuecó sus plumas cuando Lord Voldemort se acercó, reconociendo al hombre que constantemente interceptaba las cartas de su amo. Con un toque de magia sin varita el Señor Oscuro abrió la ventana del dormitorio de Harry y echó a la lechuza.
Harry observó sus movimientos ávidamente, deseando con fervor que su magia regresase, incluso aunque le inquietase la salud de Hedwig. Sabía que la lechuza podía arreglárselas sola pero aun así se preocupó por ella.
Con otro golpe de su magia la ventana se cerró y quedó sellada mágicamente para impedir que Harry escapase de la habitación. Después de ocuparse de eso el Señor Oscuro se volvió para encararse con su pupilo y dijo con un tono de voz clínico, sus ojos determinados a no mirar a Harry por algún motivo—. Deberías sentirte entumecido y débil durante una hora más o menos mientras el conjuro se fija. Haré que un elfo doméstico conjure tu cena directamente en tu dormitorio.
Sin decir nada más, Lord Voldemort se giró para abandonar la habitación pero la débil y rota voz de su pupilo le hizo detenerse.
—L-lo siento —dijo la jadeante y miserable voz.
Lord Voldemort se volvió finalmente y miró a Harry, con los ojos carmesí intensamente fijos en sus ojos verdes. Vio sinceridad en aquellos orbes esmeralda.
—Sé que lo sientes. Debes entender que estás siendo castigado severamente para que no repitas tus acciones. No volverás a hacer cosas a mis espaldas, Harry.
Esta vez el Señor Oscuro salió de la habitación y su pupilo no se lo impidió. Dejó al chico de dieciséis años detrás y selló la puerta con su magia.
Sintió una extraña emoción creciendo en su pecho al darse cuenta de que no vería a Harry durante tres días. Bien, el chico ciertamente le proporcionaba algo de entretenimiento entre reuniones e informes. Y no había nada que le impidiese colocar un conjuro en la habitación de su pupilo para observarle. Molesto por sus pensamientos, Lord Voldemort sacó sus divagaciones acerca de Harry Potter fuera de su mente.
Se sentía inexplicablemente furioso ahora.
Moviéndose a través de la fortaleza interior de camino a una reunión el Señor Oscuro se consoló a sí mismo con el pensamiento de que podría hacer Crucio a algunos Mortífagos de bajo nivel si sus informes no lograban satisfacerle.
Cualquier cosa con tal de sacar al chico de ojos color esmeralda de su cabeza.
Continuará...
Nota de Autora:
Quería describir rápidamente el sistema de castas para hacer las cosas más fáciles de entender a todo el mundo o para refrescar vuestra memoria.
Primera Casta: Mortífagos – Pueden ser sangres limpias o mestizos. Los Mortífagos son seleccionados recién salidos de la escuela y se les señala con la Marca Tenebrosa. Son esencialmente la élite de la sociedad. Dentro de los Mortífagos hay una jerarquía pero sabréis más sobre ella más adelante en la historia.
Segunda Casta: Sangres Limpias – Son sangres limpias que no son suficientemente fuertes mágicamente para ser aceptados dentro de las filas de los Mortífagos. Forman una especie de alta sociedad y poseen títulos, tierras y riquezas. Los mestizos que son Mortífagos se consideran "por encima" de ellos. Podéis estar seguras de que esto puede provocar ciertos desacuerdos.
Tercera Casta:Mestizos – Ésta es la clase trabajadora, aquellos de herencia mágica y no mágica. Son aquellos no suficientemente fuertes como para ser elegidos para el honor de ser un Mortífago. Los niños nacidos de Procreadoras y sus contratantes son parte de esta casta. Hay algunas excepciones, como en el caso de Tonks y Rabastan. Como los hijos que tuvieron son los únicos herederos de los Lestrange, son considerados de la segunda casta, no de la tercera. Los hombres lobo y otras criaturas también están en esta casta debido a su sangre mitad mágica y mitad de criatura. Sabréis más acerca de los asuntos de Voldemort y sus leyes concernientes a los seres mágicos más adelante en la historia.
Cuarta Casta:Serviles – Ésta es por supuesto la casta más baja de la sociedad, compuesta por Procreadoras, Cortesanos y Sirvientes. Ese orden es el rango que tienen dentro del mundo de lo serviles. Los nacidos de Muggles son llevados cuando muestran signos de magia accidental y sus padres son Obliviados. Los traidores a su sangre y los mestizos caídos en desgracia son sentenciados a esta casta como castigo para que se unan en servidumbre a los nacidos de Muggle.
Espero que esto haya ayudado a aclarar todas vuestras dudas y haya definido mejor cómo funciona todo. Una última cosa, Voldemort está en la cúspide de todo el sistema de castas. Naturalmente.
Drops of Nightshade x
Pobre Harry, en qué lío se acaba de meter...
Esperamos que os gustase el capítulo! Muchas gracias a las personas que nos siguen y sobre todo, gracias a aquellas que nos dejan sus comentarios!
Nos vemos dentro de poco!
Un saludo
Traducciones. A ver qué sale.
