Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Nota de Autora: Éste es un capítulo más largo de lo habitual y tiene bastante desarrollo de la trama así que deberíais prestar atención a lo que ocurre.

Drops of Nightshade x


Capítulo Siete

Número 12 de Grimmauld Place – Cuartel General de la Orden del Fénix – La Ciudadela

1996


Sirius Orión Black había estado en una especie de estupor desde que se había topado con su ahijado en la Ciudadela de Voldemort el día anterior. Había sido una sorpresa encontrarse a Harry después de quince años de ausencia y la visión del hijo de Lily y James llevando el collar de un maldito Cortesano le había horrorizado más allá de toda comprensión.

La culpa que había mantenido enterrada durante tanto tiempo había reaparecido en su vida y Sirius no podía hacer nada más que moverse mecánicamente a través de sus rutinas diarias organizando las cuentas de la familia Black y rellenando informes para su trabajo de oficina en el Ministerio. Un trabajo que odiaba con pasión.

No era como si tuviese elección en su profesión, sin embargo.

Cuando Voldemort se alzó con la victoria, logrando destruir a Albus Dumbledore y dispersando a la Orden del Fénix y sus partidarios, Sirius se encontró capturado por Mortífagos. En vez de proporcionarle la muerte misericordiosa que anhelaba fue colocado de nuevo en la sociedad de los sangre limpia y a modo de broma se le concedió el título de Lord Black y una posición en la segunda casta del nuevo sistema.

Tras la muerte de su hermano menor Regulus durante la guerra, un suceso misterioso del que Sirius creía amargamente que el Señor Oscuro era responsable directo, se convirtió en el último heredero restante de la línea principal de la Noble y Muy Antigua Casa de Black. Si la sociedad bajo el dominio del Señor Oscuro se distinguía por algo era por su obsesión con la pureza de la sangre de uno.

Así pues, a Sirius se le concedió su vida y su libertad debido a su preciado linaje y para convencer a la plebe en general de que el Señor Oscuro era misericordioso con sus enemigos. Aunque libertad era exagerar su situación un poco.

Había una guardia permanente en el exterior del Número 12 de Grimmauld Place que observaba a la gente ir y venir de la antigua casa. Conjuros de vigilancia cubrían el propio edificio, puestos allí por una retorcidamente divertida Bellatrix Lestrange, la cual había sido capaz de manipular las defensas debido a su sangre Black. Cada chimenea de la casa tenía restricciones que impedían viajar por la red Flu o hacer llamadas sin permiso expreso.

El correo de Sirius era examinado antes de permitir que llegase hasta él y las cartas y paquetes que enviaba eran comprobados a conciencia en busca de mensajes ocultos antes de salir hacia sus destinos previstos. En su trabajo cotidiano en el Ministerio su oficina estaba recubierta también de conjuros de vigilancia y estaba confinado en su planta durante su tiempo de trabajo allí. Al final del día se esperaba que hiciese Flu a casa directamente.

En la sociedad de los sangre limpia él era algo así como una broma, un asunto sobre el que chismorrear y mofarse sin compasión.

Pero Sirius sabía que no tenía derecho, ningún derecho en absoluto a protestar por su situación. Mientras que él llevaba magníficos ropajes y disfrutaba de los pequeños beneficios que podía arañar, había gente viviendo bajo la tiranía de Voldemort en condiciones mucho peores.

Harry.

Su inocente ahijado de dieciséis años con el salvaje pelo negro azabache de James y los hermosos ojos color esmeralda de Lily. Cómo le había fallado.

En verdad, sus mejores amigos nunca le habrían perdonado si hubiesen sabido cómo había sido incapaz de localizar a su bebé después de que ellos hubiesen sido asesinados. Cómo había fracasado en intentar con más fuerza en escuchar un susurro acerca de un niño con el nombre de Harry Potter. Cómo no había estado allí cuando Harry había sido vendido, como un trozo de carne, a Rabastan Lestrange. Cómo había llegado demasiado tarde para localizar a Harry, el pequeño Harry, ahora en manos del Señor Oscuro.

Era patético, realmente.

Técnicamente él era el tutor de Harry pero el estatus de su ahijado como servil invalidaba cualquier derecho sobre él, excepto el de su contratante. Sirius se preguntaba constantemente a sí mismo qué tipo de tutor permitiría que el chico a su cargo permaneciese en posesión de un hombre aparentemente cuatro veces mayor que él, en años mentales si no físicos. Ni siquiera quería pensar acerca del tipo de cosas que el Señor Oscuro le estaba haciendo a Harry, el cual era un Cortesano, un trabajador del placer comprado.

Apartando a un lado esos pensamientos Sirius miró por la ventana para observar fortuitamente a su vigilante de hoy. La tira de color gris alrededor del bíceps izquierdo del hombre indicaba que era un Mortífago de tercer nivel, el más bajo en la sociedad Mortífaga.

De pie junto a él saltando ocasionalmente ante los ruidos extraños estaba un nuevo recluta, un Segador, como eran conocidos, llevando la reveladora banda blanca alrededor de su bíceps izquierdo y por supuesto con la nerviosa conducta de un aprendiz. Los Segadores pasaban seis meses de entrenamiento en una instalación especial antes de ser elegidos por un Mortífago veterano para estar bajo su protección durante otros seis meses. Al final de su entrenamiento, si tenían éxito, se otorgaba a los Segadores la Marca Tenebrosa en su antebrazo izquierdo y eran iniciados en el tercer nivel.

Parecía que su vigilante había decidido que su pupilo le acompañase en sus quehaceres de centinela en vez de otro Mortífago. Esto sería más fácil de lo que Sirius había pensado.

Con paso seguro el sangre limpia fue hasta su estudio y se aseguró de que su molesto elfo doméstico, Kreacher, no estaba en las cercanías.

La resentida criatura estaba unida a él como cabeza de la Casa de Black pero se aseguraba de causar estragos en la vida de Sirius. No deseaba más que liberar a aquella inútil cosa pero Kreacher había sido testigo de actos de traición que Sirius había llevado a cabo durante los largos años viviendo en el Número 12 de Grimmauld Place después de que el Señor Oscuro saliese victorioso. Así que el elfo tenía que quedarse.

Afortunadamente la casa era relativamente confortable para vivir después de que Sirius hubiese contratado a algunos trabajadores para deshacerse de todos los objetos Oscuros y limpiar los años de mugre y moho. Kreacher había estado inaguantable durante el proceso de limpieza, acumulando objetos y provocando al retrato de su madre en el vestíbulo.

Pero al final Sirius había prevalecido y la casa era habitable aunque no fuese exactamente el más refinado de los lugares. Kreacher se negaba a cocinar o limpiar así que Sirius se veía obligado a valerse por su cuenta, negándose a comprar al menos un mísero Sirviente para ayudarle. De ninguna manera compraría a un ser humano, de ninguna manera apoyaría la sociedad retorcida y sin embargo eficiente del Señor Oscuro.

Respecto a su deber para con su casa de casarse y producir un heredero, Sirius había logrado eludir esa obligación en concreto negociando astutamente con sus colegas sangres limpias. Sirius expresaría interés en una mujer sangre limpia, y la cortejaría –en ocasiones durante meses, antes de dejarla–.

Tenía una reputación rematadamente horrible en el tema del amor pero Sirius sabía que era necesario para evitar verse atado a alguna mujer insulsa y pro-Oscuridad, con la cual estaría obligado a tener hijos igual de insulsos y pro-Oscuridad.

Seguro de que Kreacher estaba merodeando en algún lugar de los pisos inferiores, Sirius pinchó su pulgar con una aguja y presionó la gota de sangre en el fondo de un cajón. Reconociendo su sangre el cajón se abrió sin ruido y Sirius buscó en el interior, sacando una de sus más preciadas posesiones.

La capa de invisibilidad de James.

Había obtenido el objeto después de que Lily y James hubiesen sido asesinados en un ataque y el Ministerio se hubiese hecho con Harry. Sirius se juró a sí mismo mientras se envolvía con el inestimable material que se lo daría a Harry como su herencia legítima cuando su ahijado estuviese libre. Sirius ya estaba decidido a redimirse y rescatar al chico a su cargo, el hijo de sus mejores amigos.

Completamente invisible, Sirius se aseguró de que su varita estaba preparada antes de bajar las escaleras usando su entrenamiento como Merodeador para moverse sin ruido y no alertar a Kreacher de sus andanzas. Llegó al segundo rellano y vio a al elfo murmurando para sí mismo acerca de "amos traidores" mientras frotaba la mesa con un trapo mugriento, ensuciando más la superficie con cada pasada.

Poniendo los ojos en blanco Sirius descendió hasta la planta baja y se aproximó a la puerta principal, lanzando una aprensiva mirada al retrato de su madre, la cual dormitaba sin percatarse de nada. Satisfecho, Sirius se plantó ante la puerta y sacó su varita de entre los pliegues de la capa de invisibilidad.

Con la otra mano presionó el pulgar ya manchado de sangre contra la puerta y comenzó un cántico en voz baja, agitando su varita en un complicado patrón. Era un conjuro más bien Oscuro, pero se ajustaba a las necesidades de Sirius perfectamente.

Nadie podría pensar que Sirius Black, acérrimo partidario de la Luz, conocería o mucho menos realizaría un conjuro Oscuro como ese. Pero era la única forma de deslizarse entre las protecciones de Bellatrix sin ser detectado y abandonar la casa.

Mientras Sirius susurraba en voz baja las palabras en latín su sangre penetró en la madera de la puerta y fue reconocida como Black por los encantamientos alrededor de la casa. Con un último golpecito de su varita Sirius terminó el hechizo y la puerta se abrió.

El conjuro Fidelius protegía el 12 de Grimmauld Place y el resultado era un punto ciego en el umbral de la puerta de la antigua casa. La puerta podía abrirse o cerrarse y los guardias de pie en el exterior no se enterarían. Sirius lo había aprendido muchos años antes cuando había empezado a buscar maneras de escabullirse de la casa sin que sus guardianes supiesen de sus movimientos.

Asegurándose de que la capa de James cubría cada centímetro de él, Sirius cerró la puesta a sus espaldas y salió del círculo protector del conjuro Fidelius, conteniendo su respiración mientras estudiaba al centinela y a su aprendiz Segador.

Sonriendo para sí mismo, Sirius caminó alejándose del Número 12 bajando por la calle lejos de Grimmauld Place. Se detuvo y se volvió hacia el Mortífago y el Segador, lanzando un conjuro de silencio en su dirección. Con un giro de su cuerpo desapareció, el sonoro crack de su movimiento pasando inadvertido a sus guardianes debido al cuidadosamente situado conjuro.

Sirius reapareció en Godric's Hollow en un solitario tramo del camino. Después de reajustar la capa para asegurarse de que todavía era invisible comenzó a caminar hacia una casita familiar, apartando la punzada de dolor que recibió al contemplar la acogedora residencia.

La casa de Lily y James todavía tenía el mismo aspecto que hace quince años cuando habían muerto en un ataque Mortífago. Sirius se quedó tras la valla y buscó en el bolsillo de su chaleco sacando una moneda de oro grabada con un fénix en cada cara. Presionó la moneda contra la bonita puerta blanca que parecía tan inocente y sin embargo rechazaría brutalmente a cualquiera que no usase el método correcto de entrada.

El medallón resplandeció antes de apagarse mientras la puerta se abría admitiendo a Sirius en la propiedad. Cuando la cancela hizo click cerrándose tras él, se quitó la capa, sabiendo que ya no podría ser visto por la gente de la calle gracias a varios prácticos encantamientos.

Después de guardar la capa y su medallón en un bolsillo Sirius se aproximó a la puerta principal, su mano titubeando antes de golpear en la suave madera. Un recuerdo asaltó su mente de repente.

Llamó de forma elegante a la puerta, esperando con una sonrisa en el porche. La puerta se abrió mostrando a James con un delantal alrededor de la cintura y harina en sus mejillas.

Sirius parpadeó sorprendido al ver a su mejor amigo vestido de aquella manera pero se distrajo cuando Lily caminó hasta el vestíbulo, llevando a un Harry bebé con ella. Dos pares de idénticos ojos color esmeralda le observaron con curiosidad.

—¡Sirius! No te esperábamos hasta mañana —exclamó Lily sujetando mejor a Harry, que había reconocido a su padrino y estaba retorciéndose y alargando sus pequeñas manitas para que el hombre le cogiese.

James se apartó para dejar pasar a su mejor amigo y Sirius se acercó a Lily, que le pasó a Harry. El bebé rió contento y empezó a jugar con un mechón del pelo de Sirius, metiéndoselo en la boca y masticándolo con satisfacción.

Haciendo una leve mueca de desagrado al ver su pelo desaparecer en la boca de Harry, Sirius se volvió a sus amigos y explicó—. Me fui pronto del trabajo hoy. No quería perderme el aniversario del sexto mes de mi ahijado.

Lily sacó delicadamente el pelo de Sirius de la boca de su hijo, el cual hizo pucheros enfadado hasta que ella extrajo un mordedor de un bolsillo de su blusa. Harry chilló de felicidad y aceptó el juguete, poniéndoselo directamente en la boca y acurrucándose más cerca de su padrino.

—Puedes ayudarme a hacer el postre —dijo James con entusiasmo, llevando a Sirius hacia la cocina.

Cuando Lily se distrajo se inclinó sobre el oído de Sirius y admitió en voz baja—, Lily me está obligando a preparar el postre esta noche porque aparentemente no hago suficiente en la casa excepto jugar con Harry.

James estaba a punto de poner los ojos en blanco a expensas de su esposa cuando Lily exclamó de forma casual—. Lo he oído cariño.

James palideció dramáticamente y Sirius no pudo evitar soltar una carcajada ante el gesto de culpabilidad de su amigo tras ser oído quejándose de Lily en su presencia. Harry se unió añadiendo su risa gorgoteante y la cocina se llenó con el sonido.

—¿...irius? ¡Sirius! —una voz llamaba con insistencia y Sirius parpadeó, alejando el recuerdo y las ardientes lágrimas que amenazaban con asomar en sus ojos.

Emmeline Vance estaba de pie enmarcada por la puerta, su sedoso pelo color castaño sujeto en una cola de caballo floja y sus ojos avellana preocupados mientras se encaraba a su viejo amigo y colega de la Orden del Fénix.

—Estoy bien Em —, aseguró Sirius a la mujer de treinta y cinco años que le miraba intranquila.

—Bien, no tiene sentido que te quedes ahí sin más, Moody está esperando tu informe —dijo enérgicamente, confiando en que Sirius le contaría si algo le preocupaba realmente.

Ella lideró la marcha por el interior de la casa hasta el estudio en la parte de atrás del chalet. Tras hacer pasar a Sirius dijo amablemente pero con firmeza—, voy a poner el agua a hervir. Parece que te vendría bien una buena taza de té. Te estará esperando cuando vuelvas.

Sin esperar ninguna confirmación Emmeline salió y caminó en dirección a la cocina, dejando a Sirius de pie en la puerta del estudio. Meneando la cabeza ante la actitud decidida de la mujer Sirius entró en la habitación.

Caminando hacia la gran chimenea cogió un puñado de polvos flu y entró en el vacío hogar, dejando caer el polvo y diciendo claramente—, Cuartel General de la Orden del Fénix, Francia.

Fue aspirado a la Red Flu y rodeado brevemente por colores que giraban mientras dejaba atrás chimeneas a toda velocidad.

La casita en Godric's Hollow era una de las pocas casas francas repartidas a lo largo y ancho de Gran Bretaña, pero era la única que tenía un enlace directo y aislado al Cuartel General y Francia. Emmeline vivía allí manteniendo el lugar y ejerciendo como una especie de intermediaria entre los miembros que operaban en Francia y los que trabajaban encubiertos en Gran Bretaña en la sociedad del Señor Oscuro –como Sirius–.

La mujer era mestiza con una madre sangre limpia y un padre nacido de Muggle y trabajaba en el Ministerio al igual que Sirius. Nunca había sido descubierta como miembro de la Orden tras la victoria de Voldemort y era la persona ideal para vivir allí, en la vieja casa de Lily y James Potter, y controlar a los miembros de la Orden que trabajaban en Gran Bretaña.

Sirius pegó un pequeño bote al llegar a la chimenea deseada y salió al atrio del Cuartel General, arreglándose y limpiando hollín de su ropa. El salón de recepciones era bastante bonito, con un techo abovedado y las paredes recubiertas en madera.

Sirius se detuvo un momento a apreciar el elegante atrio antes de que un destello de color le alertase de que no estaba solo.

Remus Lupin se apoyaba casualmente contra una columna, con un tomo de cuero abierto en sus manos. Llevaba unos cómodos pantalones negros y una camisa blanca ligeramente desabrochada, con las mangas recogidas. Su pelo castaño-dorado estaba desgreñado a falta de un corte de pelo pero parecía encajar con su apariencia, enmarcando su bronceado rostro y dándole un aspecto indómito. Sus brillantes ojos azules estaban ahora fijos en su mejor amigo y una sonrisa afloró a su rostro revelando unos dientes blancos con los caninos algo más afilados de lo normal.

El hombre guardó el libro en una estantería tras él y se aproximó a Sirius que se encontró con él a medio camino. Tras intercambiar un sentido abrazo los dos hombres se separaron y parecieron estudiarse mutuamente. Era la primera vez que se veían en tres años, ambos siempre ocupados con sus obligaciones. Sirius notó que la expresión cansada y las arrugas incipientes habían desaparecido del rostro de su viejo amigo. Sabía que era debido a que el hombre había aceptado al fin al lobo en su interior y ya no tomaba la poción de acónito durante la Luna llena.

Remus se fijó en las marcas de estrés en torno a los ojos de Sirius y suspiró internamente, echando de menos la actitud abierta y jovial que el hombre tenía normalmente. El sangre limpia había estado luchando para arreglar el reciente asunto en el interior de la Orden.

Era de dominio público que Hestia Jones había sido capturada unos días antes y había sido ejecutada por espionaje, todo gracias a Severus Snape, un hombre a la vez odiado y respetado a regañadientes en la Orden.

Se creía que la mujer había sido torturada antes de su muerte, sin embargo los juramentos que todos los miembros realizaban tras ser reclutados la libraron de traicionar a sus amigos y colegas. Como resultado de su trágica desaparición ya no había ningún espía dentro del Departamento de Misterios, donde la bruja había estado trabajando encubierta.

—Moody está esperando tu informe —dijo Remus finalmente, rompiendo el silencio.

—¿Qué? ¿Ni un hola? ¿Ni un me alegro de verte? —preguntó Sirius bromeando, mostrando un poco de su antiguo buen humor.

Remus puso los ojos en blanco pero internamente le complació ver que el viejo Sirius no había desaparecido totalmente de la existencia—. Vamos Canuto —dijo y salió de la habitación.

Sirius dio un pequeño respingo al ser llamado por ese nombre, recordando una época en la que cuatro traviesos jóvenes habían sido amigos. Eso fue antes de que la traidora rata de Peter desertase para unirse a los Mortífagos y James fuese asesinado.

Ahora sólo estaban él y Lunático, Peter no contaba.

Su viejo amigo le llevó a través del Cuartel General, el cual era un encantador castillo en el sur de Francia, rodeado por un denso bosque y muy lejos de la civilización.

Remus era el alfa de una manada de hombres lobo rebeldes que habían escapado de Gran Bretaña después de que fuesen aprobadas las nuevas leyes, que proclamaban que cualquier hombre lobo que no jurase fidelidad a Fenrir Greyback sería considerado "renegado" y por tanto perdería su derecho a la vida.

Muchos hombres lobo franceses habían oído acerca de la manada en el sur del país y habían venido a unirse, aumentando los seguidores de Remus. El bosque que rodeaba el castillo era el hogar de la manada de hombres lobo, que vivían en las profundidades entre los árboles en un pequeño pero agradable asentamiento. Durante la Luna llena se levantaban protecciones cuando los hombres lobo se volvían salvajes.

Mientras Sirius y Remus caminaban a través del castillo pasaron junto a algunos miembros de la Orden que saludaron a los dos hombres con sonrisas tensas. La atmósfera en todo el edificio era sombría después de que las noticias de la captura y ejecución de Hestia hubiesen llegado a los oídos de los miembros.

Por fin la pareja llegó al despacho de Moody y antes de que cualquiera de los dos pudiese llamar la puerta se abrió, el ojo mágico del hombre obviamente detectándoles a través de la madera. Entraron en el despacho, que estaba cubierto con mapas de Gran Bretaña, marcados con puntos brillantes mágicos. Un enorme escritorio ocupaba gran parte del espacio en la habitación, también cubierto con mapas y estatuillas vivientes, que se movían para reflejar los movimientos de Mortífagos y miembros de la Orden por igual.

Alastor Moody estaba sentado en el escritorio, con su ojo mágico fijo en los dos hombres y su ojo humano, marrón y brillante, fijo en el mapa en movimiento frente a él, siguiendo a unas estatuillas concretas. Era bastante inquietante.

—Llegas tarde, Black —gruñó, fijando finalmente ambos ojos en el sangre limpia.

—Mis disculpas —dijo Sirius, suavemente.

El ojo humano de Moody se estrechó y el hombre ladró bruscamente—, ¡No tengo todo el día! ¡Informa!

Antes de que Sirius pudiese abrir la boca para dar su informe al hombre de pelo entrecano, la puerta se abrió tras ellos y Minerva McGonagall entró en la habitación con mucha gracilidad para una mujer de sus años.

Escrutó a sus dos ex-estudiantes con una mirada gris fría y dura les observó mientras le dedicaban respetuosos saludos inclinando la cabeza. La mujer se había convertido en líder de la Orden después del fallecimiento de Dumbledore y era su rápida forma de pensar la que había permitido sobrevivir a tantos miembros. Había ordenado la evacuación a Francia, donde tenían algunos contactos y amigos, asegurándose de que tantos miembros de la Orden como fuese posible pudiesen retirarse. Junto con Moody como su consejero táctico y Kingsley Shacklebolt como su representante en el Ministerio Francés, el trío constituía un equipo formidable.

—Tengo a nuestra espía especialista preparada para el Torneo de los Tres Magos —dijo McGonagall, directa a la cuestión como siempre.

Se había anunciado, bastante tarde, que Hogwarts albergaría el Torneo de los Tres Magos, este año entre la propia escuela, Beaxbatons y Durmstrang. La Orden estaba usando la afluencia de extranjeros a Gran Bretaña para presenciar el evento histórico como una forma de introducir clandestinamente más espías.

Sin embargo había una espía en particular que estaría muy involucrada en el Torneo y esa persona era a la que McGonagall se estaba refiriendo.

—Pase Señorita Delacour —, dijo McGonagall dirigiendo su atención al exterior del despacho.

Una hermosa mujer entró, con largo pelo color rubio plateado, perfecta piel de porcelana, ojos azul aciano y esbelta figura. Parecía tener entre diecinueve o veinte años y Remus pudo detectar con sus propios sentidos animales leves trazas de herencia Veela en la joven.

—Ésta es Fleur Delacour, la embajadora francesa más joven en el gobierno. Ha sido seleccionada para asistir al Torneo de los Tres Magos con el equipo de los Beaxbatons. Su padre, el Señor Delacour, resulta ser un partidario de la Luz y de nuestra causa —, explicó McGonagall mientras los tres hombres de la habitación escrutaban la cuidadosamente estructurados rasgos de la joven.

—Es un honog conocegles —dijo en un delicioso inglés con acento.

McGonagall fijó entonces su fuerte mirada en los hombres de la habitación y continuó con firmeza—, la Señorita Delacour aquí presente será la clave para rescatar a nuestros miembros atrapados... y a Harry Potter.

Las cabezas de Sirius y Remus se alzaron ante aquello, mirando fijamente a la mujer, ansiosos por escuchar el plan que liberaría al hijo de sus mejores amigos y para poder evaluar a la persona a la que se iba a confiar la crucial misión.

Fleur cruzó la vista con ellos y, habiendo sido informada de la relación de los dos hombres con el Cortesano Harry Potter, les habló—. Usagué cada habilidad que poseo paga salvag a Harry Potter. Estagá libre paga Junio del año que viene. Por mi honog, señogues.


Lord Voldemort despidió a Lucius distraídamente, el cual todavía temblaba con las secuelas de un bien colocado Crucio, después de que sus esfuerzos para negociar con el Ministerio Francés hubiesen sido lamentablemente insatisfactorios. Meses de conversaciones con el Ministro Francés de magia, Monsieur Valcroix, no habían producido ningún resultado. El hombre estaba dando cobijo a los restos de la Orden del Fénix y a una manada de hombres lobo renegados y se negaba a entregarlos para enfrentarse a la justicia.

Voldemort confiaba en que el próximo Torneo de los Tres Magos lograse fomentar una mejor relación con Francia y sus Mortífagos de mayor confianza ya se estaban preparando para convencer a los funcionarios franceses que representaban a su Ministerio para que se pasasen a su bando.

En cuanto Lucius hubo salido rápidamente de la habitación, tras hacer una vacilante reverencia y envolverse en su destrozado orgullo, Voldemort se quedó a solas en la sala de reuniones. Sus dedos golpearon de forma rítmica el brazo de su trono mientras formulaba planes para erradicar a los últimos miembros de la tres-veces-maldita organización de Dumbledore. El viejo estúpido todavía conseguía afectarle incluso muerto.

Refunfuñando para sí mismo, ya que Dumbledore siempre había logrado hacerle perder la calma, Lord Voldemort sacó un pequeño espejo de su bolsillo. Con un rápido toque de su varita de tejo el cristal onduló y después se aclaró para mostrar a su pupilo sentado en su cama leyendo uno de los libros requeridos.

El chico parecía pálido y cansado, enfermizo diría uno. La tensión de perder su magia, aunque sólo fuese de forma temporal, definitivamente le estaba afectando.

Pero el castigo del chico sólo duraría hasta mañana, y entonces Voldemort tenía la intención de devolverle su magia. Los últimos dos días habían sido sorprendentemente tediosos con sólo informes que completar y reuniones a las que atender.

Voldemort se había hallado a sí mismo observando a su pupilo con su herramienta de videncia especial más y más mientras sus días de ausencia se alargaban. Para su consternación había descubierto su fascinación por ver al chico dormir.

Ese tipo de pura inocencia en el rostro de alguien era una visión poco común para el Señor Oscuro, y ya que él no necesitaba dormir o consumir líquidos o sólidos, había largos periodos de tiempo donde no tenía nada más que hacer que espiar a su pupilo.

Planeaba enviar a Harry a Hogwarts el martes, dentro de cinco noches, debido al rápido y asombroso progreso que el chico estaba realizando. Estaba más que preparado para enfrentarse al sexto curso, pero Voldemort sintió una gran consternación al darse cuenta de que era más bien reacio a deshacerse del chico.

Quizá podría demandar el regreso de su pupilo a la Ciudadela los fines de semana...

No. No cedería a esa obsesión cada vez mayor con el muchacho. Harry se quedaría en Hogwarts y volvería en las vacaciones de Navidad.

Una reacción inusual floreció en su pecho y Voldemort frunció el ceño, frotando el punto con sus pálidos dedos de manera ausente para darle sentido a la... sensación. Estaba confuso y no había nada que el Señor Oscuro odiase más que no ser capaz de entender algo. Eso y Albus Dumbledore y sus patéticos seguidores.

Le distrajo la llegada de su amada familiar, Nagini, la cual contenía una porción de su preciada alma. La hermosa serpiente llegó a los pies de su trono y se deslizó hacia arriba para cubrir lánguidamente su cuerpo, estrechando sus hombros afectuosamente con sus anillos.

—¿Que ess lo que pasa por su mente, Maesstro? —preguntó ella con curiosidad, apoyando su cabeza sobre su corazón, estirando su lengua viperina para saborear sus emociones.

—Nada de lo que preocuparte, querida —contestó Voldemort, cambiando rápidamente a Pársel.

—¿Quién ess el polluelo? —preguntó de repente, sus perspicaces ojos mirando al espejo encantado en la mano de su amo.

El Señor Oscuro canceló el conjuro en el espejo y observó mientras la superficie ondulaba y se desvanecía, dejando nada tras de sí. Lo guardó en un bolsillo y acarició las suaves escamas de Nagini, respondiendo a su pregunta diciendo—, ess mi pupilo. Te hablé acerca de él, ¿lo recuerdass querida? No había que comérsselo.

Nagini siseó recordando e inclinó su cabeza a un lado antes de decir astutamente—. Ess un polluelo muy hermosso.

El Señor Oscuro dejó escapar una risita sorprendida, escuchada sólo de cuando en cuando por su serpiente y nunca por sus seguidores—. Lo ess, querida. Lo ess.


Continuará...

Nota de Autora: Sé que originalmente Voldemort creó a Nagini por necesidad cuando era un espíritu incorpóreo después de que su Maldición Mortal rebotase a él pero en mi fic la ha convertido en un Horrocrux para crear siete fragmentos perfectos de su alma (incluyendo la porción en sí mismo). Sólo quería aclararlo en caso de que alguien lo mencione en una reseña.

Drops of Nightshade x


Muchísimas gracias a todas aquellas personas que os tomáis unos minutos para dejaros vuestros comentarios, tanto en SH como en FF!

Nos vemos dentro en el próximo capítulo!

Un saludo!

Traducciones. A ver qué sale.