Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo Ocho

La Ciudadela

1996


Los tres días que Harry sufrió sin su magia fueron algunos de los peores en su vida hasta entonces. Estaba constantemente cansado y aletargado, su apetito casi inexistente y su humor sombrío. Lo único que evitó que se volviese completamente loco fue saber que al final de su castigo se le devolvería su poder.

Se metió de lleno en sus estudios, leyendo cada uno de los tomos que su profesor le había dado para aprender y estudiando la teoría mágica para prepararse para su escolarización en Hogwarts. Incluso con su poderoso y maduro núcleo mágico todavía le faltaba la experiencia y la habilidad que poseerían otros estudiantes de su curso. Sin embargo tenía una mente ágil y era capaz de aprender a pasos sorprendentemente agigantados para construir una base sólida para su magia.

A Harry no le pasó por alto que todos los utensilios peligrosos habían desaparecido de su dormitorio y de su baño, como si Voldemort pensase que podría considerar auto-lesionarse para escapar del dolor de perder su poder. Harry se sintió ofendido de que el Señor Oscuro hubiese tomado esas medidas, porque incluso aunque Harry sabía que la vida podía volverse horrible, tenía demasiado por lo que vivir.

Durante su aislamiento Harry tuvo mucho tiempo para meditar acerca de Sirius Black y qué provocó que organizar una reunión secreta con él fuese tan criminal como para merecer ese tipo de castigo. Harry se dio cuenta de que necesitaba hablar con alguien que no sólo tuviese las respuestas a sus preguntas sino que no informase después a Lord Voldemort.

Cuanto Harry más lo pensaba, más claras se volvían las cosas para él, y supo precisamente con quién hablaría en busca de respuestas.

Los Sirvientes.

Sabía que la Ciudadela tenía un pequeño ejército de Serviles pero trabajaban disimuladamente y de forma silenciosa para no llamar la atención. Harry había captado algunos atisbos de ellos, pero en cuanto se acercaba desaparecían en varios pasadizos secretos o escaleras de servicio.

Tan pronto como fuese liberado de su habitación y se le devolviese su magia Harry estaba decidido a perseguir a los Sirvientes y obtener algunas respuestas de ellos. Harry recordó su propio tiempo como Sirviente y sabía cómo la gente de las clases altas tendía a hablar abiertamente frente a los Serviles, creyendo que no se atreverían a repetir lo que hubiesen oído por casualidad.


El viernes por la tarde encontró a Harry sentado en su cama impaciente, sus libros apilados ordenadamente a su lado y su varita atada a su muñeca sin la agradable y familiar vibración debido a su ausencia de poder. Se sentía pálido y tembloroso pero había un fuego ardiendo en su pecho mientras el momento del regreso de su magia se aproximaba más y más.

Cuando las protecciones en torno a su puerta se rompieron y ésta se abrió sin ruido, Harry esperaba ver a su contratante aguardando al otro lado. En vez de ello sólo había un pasillo vacío y no se veía al Señor Oscuro por ninguna parte.

Confuso e indeciso, Harry cogió sus libros y se acercó a la puerta, mirando con avidez el muro de piedra al otro lado, la primera imagen nueva en tres días. Tomando aire profundamente Harry colocó con cautela el pie fuera de su habitación y se detuvo para ver si eso provocaba alguna grave consecuencia.

No pasó nada, y por tanto Harry salió fuera de su dormitorio, acomodando los libros bajo su brazo mientras lo hacía.

Tomando una decisión, Harry comenzó a caminar hacia la sala de entrenamiento donde había estado practicando su magia con la ayuda del Señor Oscuro. Asumió que su contratante estaría esperando allí por él. Era muy propio de Lord Voldemort abrir imperiosamente su puerta y esperar que él fuese y le encontrase para que le devolviese su magia, como un perro volviendo a su amo, suplicando por un obsequio.

Suspirando con fastidio, Harry vagó a través de los pasillos de la Ciudadela ignorando a cualquiera que se topase por casualidad con él. Los libros en sus brazos estaban empezando a volverse insoportablemente pesados cuando finalmente llegó a las puertas de madera que conducían a la sala de entrenamiento.

Harry se sintió febril debido al esfuerzo físico después del tiempo sin hacer nada más que tirarse en su cama y estudiar. Afortunadamente las puertas se abrieron a su llegada y Harry entró en la cavernosa habitación, colocando su carga en la pequeña mesa de madera que había junto a la puerta.

Echando un vistazo alrededor descubrió a Lord Voldemort, tan elegante como siempre, sentado tranquilamente en la silla con aspecto de trono colocada en la sala de entrenamiento y observándole con una ilegible expresión en su atractivo rostro.

Harry se aproximó al trono, hizo una profunda y respetuosa reverencia a su contratante y líder de la Gran Bretaña mágica y se alzó lentamente, manteniendo su cabeza gacha de forma sumisa y como muestra de disculpa por sus pasadas transgresiones.

El silencio era denso en la habitación y con su cabeza inclinada y su cuello al descubierto Harry se sintió terriblemente expuesto y vulnerable. Combinado con su falta de magia Harry nunca se había sentido tan a merced de otro como ahora, ni siquiera cuando estaba contratado por Rabastan y no tenía más remedio que complacerle.

Cuando unos fríos dedos tocaron su barbilla Harry se puso tenso al darse cuenta de que Lord Voldemort se había levantado de su trono y había llegado a su lado en silencio. Aquellos hermosos, elegantes dedos levantaron su barbilla y Harry alzó la cabeza, manteniendo sus ojos color esmeralda bajos para no toparse con la mirada intensamente carmesí de su contratante.

—Mírame, Harry —ordenó el Señor Oscuro, su sedosa voz con aquel siseo apenas perceptible que causó que el chico de dieciséis años se estremeciese.

Harry obedeció a regañadientes, se encontró con los ojos de su contratante y clavó profundamente la mirada en los orbes rojos frente a él tratando de leer la expresión en ellos. Durante unos instantes ningún sonido rompió su perfecto mundo de intensidad rubí y esmeralda.

Entonces el momento acabó cuando Lord Voldemort liberó la barbilla de Harry y se alejó, con la satisfacción pintada en su rostro. Harry se encontró inclinándose hacia el Señor Oscuro como si se sintiese magnéticamente atraído hacia él. Se contuvo antes de dar un paso adelante y se preguntó qué había sido todo aquello. No tuvo que esperar demasiado para tener una explicación.

—He escrutado tus pensamientos y recuerdos y he concluido que has aprendido la lección y no irás en busca Sirius Black de nuevo. Sin embargo —, aquí el Señor oscuro hizo una pausa y clavó una vez más aquellos peligrosos ojos en sus propios ojos verdes—, si eligieses ir en busca de información acerca del hombre, no te detendré, pero te pido que recuerdes si durante tus quince años como Servil, ¿vino él a buscarte siquiera en una ocasión?

Harry miró boquiabierto al Señor Oscuro y pensó acerca de sus palabras. Estaba asombrado de que el hombre poseyese la habilidad para leer su mente y Harry de repente se sintió más nervioso que antes acerca de su contratante. No habría escondite para sus pensamientos para el mago, no habría privacidad en su propia cabeza.

Entonces consideró el hecho de que su contratante no le impidiese visitar a los Sirvientes y buscar información acerca de Sirius Black. Supuso que era demasiado pedirle al Señor Oscuro que le diese algunas respuestas. No, Lord Voldemort parecía el tipo de persona que jamás daría voluntariamente información a otro. Haría que Harry trabajase para encontrar las respuestas.

Por último Harry pensó acerca de lo que su contratante había dicho sobre Sirius Black y se dio cuenta de que contenía mucha verdad. ¿Dónde había estado su padrino cuando él fue esclavizado en Hogwarts? ¿Dónde había estado cuando había sido elegido como Cortesano y enviado a la Casa del Placer de Afrodita? ¿Dónde había estado cuando Rabastan le compró? ¿Dónde había estado cuando Harry había perdido la virginidad y la libertad a manos de un hombre que no amaba?

Fue este último pensamiento el que hizo desaparecer la furia que crecía lentamente en él para ser reemplazada por una abrumadora tristeza. Siempre había querido entregar su virginidad a alguien especial, alguien que se hubiese ganado su corazón. Había querido hacer el amor con alguien que realmente se preocupase por él y por quien él se preocupase a su vez.

Tan perdido en sus recuerdos Harry no percibió la expresión en el rostro habitualmente impasible de Lord Voldemort. Había ira en sus rasgos mientras escuchaba y veía los pensamientos y recuerdos de su pupilo acerca de Rabastan Lestrange. Y en sus ojos había poderosos y ardientes celos, de un tipo que jamás había experimentado.

¿De qué había estado celoso alguna vez Tom Morvolo Riddle? Sí, había sido un supuesto huérfano, pero desde su primer día en Hogwarts había sabido que estaba por encima de sus iguales. Tenía inteligencia, poder, carisma y atractivo combinado con una saludable abundancia de ambición.

Pero ahora, mientras se movía con rapidez a través de la mente de Harry Potter y veía los recuerdos de su etapa con su ex-contratante, Voldemort sintió el familiar impulso que tenía cuando deseaba poseer algo. Lo había sentido cuando vio el relicario de Slytherin y la copa de Hufflepuff en manos de Hephzibah Smith, lo había sentido cuando vio a Gellert Grindewald incitar a sus seguidores hasta el frenesí en una reunión de seguidores de la Oscuridad y lo había sentido la primera vez que puso los ojos en la mina de información de la biblioteca secreta de la Cámara de los Secretos de Hogwarts.

Deseaba a Harry Potter.

En vez de que el hecho le disgustase, Lord Voldemort simplemente analizó esta nueva revelación con la cabeza fría. Tenía mucho autocontrol, bastante como para no caer presa de sentimientos indeseados cuando estuviese en presencia del chico. También se dio cuenta de que el chico estaba completamente bajo su poder y ya técnicamente en posición de saciar los deseos del Señor Oscuro.

Entonces ¿por qué el pensamiento de tomar al chico, hacerle realmente su Cortesano, no le atraía?

No era que la idea misma de tomarle no fuese atractiva, todo lo contrario, de hecho. Si Harry estaba en situación de complacerle, a su merced e inspirando en él sentimientos tan nuevos de celos y deseo, entonces ¿por qué no debería aprovecharse de ello?

Con fugaz sorpresa el Señor Oscuro se dio cuenta de la verdadera razón por la que no quería convertir a su pupilo en su Cortesano, forzarle a adoptar ese puesto.

Quería que el chico se le ofreciese. Quería que el chico viniese a él porque quisiese, no porque tuviese que hacerlo.

Qué extraño.

Apartando a un lado todas las divagaciones acerca de su deseo por su hermoso pupilo, Voldemort consideró el asunto de Sirius Black. Estaba satisfecho ahora que Harry sentía furia y dolor hacia el ex-miembro de la Orden y no iría a buscarle.

Observando al muchacho, el cual estaba todavía perdido en sus pensamientos y recuerdos, Voldemort decidió respetar su extraño capricho de aguardar a que el chico se le entregase. Sus muchos años de vida y su férreo control significaban que estaba contento de esperar y hacer realidad el novedoso sentimiento de desear a una persona de esa manera.

Aunque no para siempre.

Si su pupilo tardaba demasiado en venir a él entonces reclamaría al chico él mismo.

Satisfecho con esa promesa de que no caería totalmente presa de sus deseos, Lord Voldemort llamó la atención de su pupilo hacia sí mismo sacando su varita y colocándola en la base de su collar.

Esperanzados ojos esmeralda ardieron hacia él y con los labios curvados en lo que parecía una sonrisa, el Señor Oscuro canceló el conjuro en el collar de su pupilo que bloqueaba su conexión con su magia.

La fuerza de su magia regresando hizo caer a Harry de rodillas jadeando a causa del ímpetu del poder que se precipitaba a través de su cuerpo. Se sentía con ganas de reír y llorar a la vez, se sentía con ganas de bailar de júbilo y gritar su alegría para que el mundo la escuchase.

Su magia había vuelto y él era feliz al fin.

Regresando a su trono Lord Voldemort se sentó de manera elegante y observó mientras su pupilo se ponía en pie tambaleante y con una sonrisa bobalicona en su cara. El Señor Oscuro la comparó con la cara de felicidad que uno tendría tras un orgasmo y tuvo que enterrar precipitadamente el sentimiento de lujuria que su contemplación invocó en él.

—Gracias, Mi Señor —susurró Harry.

—Ahora repasaré tus estudios durante los tres últimos días —, dijo el Señor Oscuro calmadamente ignorando las palabras de agradecimiento de su pupilo como era habitual.

Harry se irguió todo lo que pudo, de pie frente a su contratante y maestro, luchando por poner en orden sus pensamientos y recordar todo lo que había aprendido.

—Dime, cual es el movimiento correcto de varita para...


Más tarde ese mismo día, Harry descendió a las entrañas de la Ciudadela, con un debate mental teniendo lugar en su cabeza mientras se aproximaba a donde suponía que se encontraban las dependencias de los Sirvientes. Había decidido, después de mucho meditar, buscar información acerca del misterioso Sirius Black incluso después de la molesta revelación de que el hombre no había hecho nada para ayudarle en sus años de servidumbre.

Independientemente de su dolor todavía deseaba datos acerca de su potencial padrino y quizá una oportunidad de evitar un castigo similar por parte de su contratante en el futuro. Harry haría lo que fuese para evitar que le quitasen su magia de nuevo.

Los pasillos por los que se movía se volvían menos iluminados con rapidez, las parpadeantes antorchas lanzando una luz insegura en los tétricos niveles inferiores. Era algo muy distinto de los animados corredores de las dependencias de los Sirvientes en Hogwarts.

Al doblar una esquina Harry escuchó un chillido asustado y miró alrededor a tiempo para descubrir un penacho de pelo rubio arena revoloteando tras un tapiz comido por las polillas. Sintiéndose más bien perdido en aquella zona poco familiar de la Ciudadela y viendo sus posibilidades de tener una conversación con un Sirviente descender con rapidez, Harry tomó la decisión de salir en su persecución.

—Hey, ¡espera! —dijo Harry y apartó el tapiz a un lado, encontrando un pasadizo secreto. Un tramo de escaleras de piedra ascendía hacia una turbia oscuridad. Podía ver al Sirviente de pelo rubio más arriba a medio camino, titubeando al escuchar la voz de Harry y mirando hacia atrás inseguro.

A la luz de una antorcha cercana Harry pudo percibir que el Sirviente era un chico, de unos trece años, con un desaliñado pelo color rubio arena y grandes, asustados ojos marrones. Parecía inseguro acerca de cómo reaccionar ante alguien que viniese tras él; obviamente estaba acostumbrado a tener que permanecer fuera de la vista. Harry dudaba de que nadie le hubiese seguido activamente o le hubiese pedido que hablasen jamás.

—¿C-cómo puedo a-ayudarle, Mi Señor? —preguntó en voz baja y tartamudeante, una mano firmemente apoyada contra el muro de piedra tras él como si quisiese sacar fuerzas de la sólida superficie.

—No soy ningún Señor —dijo Harry con una sonrisa algo triste, moviendo la luz de la antorcha para que el joven Sirviente pudiese ver el destello de la plata alrededor de su garganta.

Escuchó un jadeo, indicando que el joven chico había visto su collar de Cortesano. Sintiéndose repentinamente incómodo, Harry retrocedió hacia las sombras y buscó desesperadamente algo que decir. Lo tenía, tenía planeado todo lo que iba a preguntar pero ahora que estaba cara a cara con un posible informante no sabía qué hacer.

—Eres Harry Potter —, la voz del otro chico llegó suavemente, sacando a Harry de sus agotadores pensamientos.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Harry, con genuina curiosidad.

Aparentemente reuniendo valor el muchacho bajó lentamente las escaleras de piedra hasta que estuvo de pie a unos pocos metros de Harry.

—Todo el mundo sabe quién eres. Eres el primer Cortesano que el Amo ha tomado jamás. Eres especial —, dijo el chico con un torrente de palabras y Harry tuvo la clara impresión de que era un parlanchín en cuanto superaba su miedo inicial.

—Mi nombre es Dennis, Dennis Creevey —continuó el chico con una leve sonrisa, tendiendo su mano.

Parpadeando ante la brusca presentación, Harry tomó la mano que le ofrecía y la estrechó cautelosamente. Se sintió aliviado de que el chico estuviese contento de hablar y llenar el silencio que de otra forma hubiese quedado suspendido en el aire.

Harry no sabía cómo hablar con alguien más joven que él después de tanto tiempo sin contacto con nadie salvo Rabastan y Lord Voldemort.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Dennis inquisitivamente.

Aclarando su garganta Harry dijo—, he venido en busca de alguien con información sobre...

Harry se detuvo a medida que la cara de Dennis se cerraba y el miedo regresaba a sus ojos marrones una vez más. Harry se sintió como si golpease su cabeza contra el muro de piedra junto a él. No debería haber expresado las cosas de esa manera. Él mismo recordaba ser criado con la firme enseñanza de nunca confiar en nadie que viniese pidiendo información. Los Sirvientes acababan siendo brutalmente torturados si sus contratantes creían que sabían algo que no debían. Dennis debía pensar que Harry había ido allí por orden de Lord Voldemort, aunque sonase ridículo. Pero uno nunca podía estar seguro de todo.

—Tengo libertad para estar aquí. Sólo quiero saber más acerca de un hombre que puede ser un vínculo con mi pasado —dijo Harry con urgencia, sus ojos verdes ardiendo hacia Dennis e implorando al chico que no huyese y le dejase perdido en los laberínticos pasillos bajo la Ciudadela.

La conducta de Dennis cambió y una mirada comprensiva y cómplice asomó a sus ojos—. Entonces ven, te llevaré con mi hermano. Él podrá ayudarte mejor que yo.

Así fue como Harry se encontró siguiendo a Dennis todavía más profundamente en las entrañas de la Ciudadela, preguntándose cómo diablos sabía el chico desenvolverse a lo largo de las confusas vueltas y giros. Mientras caminaban hacia donde Harry supuso que estaban las dependencias de los Sirvientes, Dennis le habló de su vida y su hermano, al que le estaba llevando a ver. Parecía que idolatraba al chico, y lo dejaba claro por cómo le describía.

Dennis y su hermano, Colin, eran ambos nacidos de Muggles y habían sido descubiertos cinco años atrás cuando Colin había cumplido los diez y había empezado a realizar magia accidental. Cuando los funcionarios habían ido a recoger al muchacho habían descubierto que su hermano menor de ocho años también poseía magia, una rareza en las familias Muggles. Ambos niños habían sido llevados a la Ciudadela y habían estado allí desde entonces, los dos seleccionados para continuar su trabajo como Sirvientes tras su treceavo cumpleaños.

El chorro de palabras se cortó cuando llegaron a una puerta de madera. Se giró hacia Harry, el cual en general había permanecido en silencio durante la larga cháchara del muchacho—. Esta puerta lleva a una de las cocinas. Mi hermano y yo trabajamos en ésta en particular junto con otros jóvenes Sirvientes.

Dennis se volvió hacia la puerta y la empujó, entrando en la estancia mejor iluminada con Harry pisándole los talones. Toda conversación en la habitación se detuvo cuando la gente del interior divisó a un desconocido.

Tres pares de ojos bajaron la vista hasta el collar de plata alrededor del cuello de Harry y hubo una casi perceptible relajación en sus cuerpos. Harry hizo recuento de los tres chicos en la habitación, deduciendo sus edades. Había un chico alto con lacio pelo negro y ojos azules que aparentaba la edad de Harry y una chica gordita, de mejillas sonrosadas, que también parecía tener la misma edad. El tercer ocupante de la cocina parecía como una versión mayor de Dennis así que Harry asumió que ese era Colin.

—Éste es Harry Potter —dijo Dennis apresuradamente—. Viene en busca de algunas respuestas acerca de un hombre que posiblemente sea un vínculo con su pasado.

Hubo una tensa pausa antes de que Colin diese un paso adelante y extendiese su mano como había hecho su hermano menor—. Hola, mi nombre es Colin Creevey, el hermano mayor de Dennis.

Harry estrechó su mano y echó un vistazo a los otros dos jóvenes sin nombre—. Soy Justin Finch-Fletchey. Ésta es Hannah Abbot —, dijo él haciendo una seña en dirección a su compañera femenina, la cual dedicó a Harry una tímida sonrisa, retorciendo un mechón color rubio miel en sus dedos con nerviosismo.

—¿Has dicho que querías información? —señaló el chico, cruzando los brazos sobre su pecho defensivamente.

—Me preguntaba si alguno de vosotros conoce a un hombre llamado Sirius Black? —preguntó Harry a modo de tentativa, observando sus caras con atención en busca de una reacción.

Hannah palideció ligeramente y se tapó la boca con la mano mientras Justin estrechaba los brazos sobre su pecho, con los ojos mirando encolerizados a Harry. Dennis se acercó a su hermano como si buscase protección y el propio Colin tuvo un tic nervioso.

—¿Por qué preguntas sobre él? —soltó Justin, moviéndose más cerca de la chica bajita como si quisiese escudarla. Ella estaba temblando visiblemente y sus ojos saltaban por la cocina como si buscase una salida.

—Le conocí hace unos días —dijo Harry desesperadamente—. Afirmó tener algo que ver con mi pasado. Lo único que único que quiero saber es lo que hizo antes de que el Señor Oscuro tomase el mando.

Justin suspiró y presionó una mano contra su sien como si se estuviese formando un dolor de cabeza—. Bien. Supongo que no hará daño decirte lo que ya es de dominio público. Sólo estábamos preocupados por si estabas aquí para espiar... para los de arriba.

Harry asintió entendiendo y esperó a que Justin, el evidente líder de aquella pequeña banda de Sirvientes, pusiese en orden sus ideas—. Estoy seguro de que estás familiarizado con la Orden del Fénix, a no ser que hayas estado viviendo bajo una roca —dijo Justin sarcásticamente.

Harry asintió impaciente, queriendo respuestas.

—Bien, él era miembro, uno importante además. Jugó un gran papel en las rebeliones contra el Señor Oscuro durante los años de la guerra.

Harry intentó procesar todo aquello pero no tenía sentido. ¿Por qué dejaría vivir el Señor Oscuro a un miembro de la Orden, y en una vida de privilegio tal y como parecía? Harry dio voz a sus pensamientos y fue Hannah la que respondió, sorprendentemente.

—Él es vigilado constantemente, odiado y desdeñado por los sangres limpias. Difícilmente es una vida de lujo, a pesar de su riqueza y posición —explicó con voz suave, sin que sus ojos se cruzasen con los de Harry.

Harry interrogó durante un rato más a los Sirvientes, queriendo reunir cada retazo de información que pudiese acerca del hombre. Cuando estuvo satisfecho finalmente se despidió de los cuatro jóvenes, sabiendo que su cena estaría esperándole en su habitación.

Le detuvo Dennis, quien tímidamente le invitó a volver si quería, sólo para hablar quizá. Conmovido por el ofrecimiento del chico Harry le dijo con pesar que se marcharía a Hogwarts muy pronto, quizá la semana siguiente, pero que le gustaría volver de visita cuando regresase a la Ciudadela para las vacaciones de Navidad. Dennis había mirado a Harry con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa ante aquella confesión y Harry se dio cuenta de que las noticias acerca de su matriculación debían haberse mantenido en gran parte en secreto.

Después de las últimas despedidas Harry regresó a los niveles superiores, moviéndose por los retorcidos corredores siguiendo las indicaciones de Colin. Reflexionó sobre su inminente llegada a Hogwarts con bastante nerviosismo.

Estaba preocupado por cómo le tratarían los otros estudiantes. De forma horrible sin duda. Estaba también el tema de su educación; aunque Harry se estaba convirtiendo gradualmente en un mago habilidoso, desearía tener más tiempo para entrenar con su contratante. Descubrió que estaba preocupado por no lograr que él estuviese orgulloso. Por último estaba el tema de Rabastan Lestrange. Tendría una clase a la semana con el hombre y posiblemente le vería por la escuela con regularidad.

Tragando saliva de manera resuelta Harry apartó sus miedos y dudas y decidió que fuera lo que fuese que pudiesen lanzarle, se alzaría sobre todo ello y haría que el Señor Oscuro estuviese orgulloso.


Continuará...

Nota de Autora: En el capítulo siguiente, Hogwarts y una feliz reunión...
Drops of Nightshade x


Y hasta aquí el capítulo de hoy! No sé yo cómo llevará el Lord no ver a Harry hasta navidades... (o mejor dicho cómo llevará que Harry esté cerca de Rabastan después de todo lo que ha visto XD)

Muchas gracias a todas las que nos dejáis vuestros comentarios! Nos animan a continuar con este proyecto.

Nos vemos en el siguiente!

Traducciones. A ver qué sale.