Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Capítulo Nueve

La Ciudadela – Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

1996


El domingo por la mañana, dos días después de su castigo y su encuentro con los Sirvientes, Harry regresó a sus habitaciones. Sus brazos estaban tensos bajo el peso de una enorme pila de libros y tenía la barbilla apoyada en lo más alto, mirando por encima de su carga para saber por dónde iba. La visión del hermoso Cortesano deambulando por los pasillos con un montón de volúmenes ya no era algo fuera de lo común en la Ciudadela.

Harry había descubierto que iba a viajar por la red Flu a Hogwarts el martes por la mañana y que se le daría ese día para acomodarse y conocer a sus compañeros de curso. Su primer día de clases comenzaría el miércoles y era por eso que se le habían dando tantos libros para leer. Lord Voldemort quería asegurarse de que Harry no sólo rendiría de forma competente sino que con suerte destacaría sobre sus iguales.

Mientras el Cortesano entraba en un patio abierto y salía a la brillante luz que resplandecía desde arriba, fue momentáneamente cegado. Debido a ello, cuando se topó con una baldosa suelta que sobresalía del suelo tropezó con la punta del pie y cayó hacia delante con bastante violencia, los libros desparramándose de sus brazos.

Con un chillido poco digno, que luego negaría enconadamente haber emitido, Harry cayó pesadamente sobre las baldosas y se quedó allí con sus mejillas ardiendo. Rogando por que no hubiese nadie aprovechando el buen día para descansar en el patio y siendo testigo de su bochornosa caída, Harry se tomó un momento en el suelo para frotar su muñeca, sopesando si se había hecho un esguince o no. Satisfecho de que estuviese bien, alzó la cabeza y entornó los ojos bajo la cálida luz del Sol.

—¿Harry? —preguntó la suave, casi reverente, voz.

El chico en cuestión se encogió, dándose cuenta de que no estaba solo después de todo, antes de que su mente se aclarase mientras reconocía la tierna voz. En efecto, cuando protegió sus ojos del Sol con la mano distinguió la forma de Angelina Johnson sentada en uno de los bancos del patio llevando la túnica verde y el cinturón de plata de una Cortesana, su collar brillando contra su piel oscura.

De repente ella se rió y se puso en pie moviéndose con fluidez a su lado y ayudándole a levantarse, arrastrándole a un fuerte abrazo mientras lo hacía. Harry se sintió momentáneamente molesto al descubrir que ella había crecido más de dos centímetros desde la última vez que la había visto. Entonces su alegría por ver una cara familiar venció a su irritación y le devolvió el abrazo a conciencia.

Ella se apartó, mirándole desde cierta distancia, escrutando su cara casi obsesivamente como si buscase signos de depresión o abuso. Aparentemente satisfecha con lo que veía en su rostro, sonrió mostrando sus dientes blancos y brillantes.

—Por lo que veo todavía no has crecido, Harry —le provocó ella bromeando.

—Yo también me alegro de verte, Ángel —le replicó él, arrastrando las palabras. Ansioso por dejar el tema de su escaso desarrollo vertical, Harry le preguntó—. No es que no esté encantado de verte, pero ¿qué estás haciendo aquí?

Angelina se agachó primero para ayudarle a recoger sus libros y Harry la observó con envidia mientras ella los reunía entre sus brazos con facilidad, como si el peso no la molestase en absoluto.

—Barty -mi contratante-, decidió traerme con él a una de sus reuniones. Prometió enseñarme la Ciudadela —. Harry no pudo evitar notar la cariñosa mirada en los ojos de Angelina y se preguntó si su contratante le gustaría más allá de su relación comercial.

—Pareces que tienes bastante familiaridad con él —, comenzó Harry a modo de prueba y la miró atentamente mientras Angelina se avergonzaba ligeramente.

—Él es amable conmigo y me da muchas libertades que sé que otros Cortesanos nunca disfrutarían —respondió ella suavemente. De repente una coqueta y apasionada mirada apareció en los ojos de la chica mayor y añadió—. También ayuda que es genial en la cama.

Harry sólo pudo balbucear de forma incomprensible, sus mejillas ardiendo mientras Angelina se reía con voz ronca, sus ojos brillando con regocijo.

—Oh Harry —murmuró ella a través de sus carcajadas—. Todavía tan puro e inocente a pesar de todo.

Refunfuñando en voz baja, aún consciente del rubor que teñía sus pálidas mejillas, Harry tomó la pila de libros de los brazos de Angelina, reprimiendo un gruñido ante el peso que ahora llevaba. Caminando hacia el banco que su amiga acababa de desocupar, Harry tomó asiento y puso los libros a su lado, dando unas palmaditas en el espacio vacío al otro lado. No sabía cuánto duraría la reunión de Bartemius, pero quería pasar cada segundo con su vieja amiga.

Angelina se movió con la gracia de una profesional entrenada y prácticamente se tendió sobre el banco de piedra junto al muchacho. Harry sabía qué había en Angelina para atraer a un Mortífago de la primera casta. Tenía cierta belleza indómita que Harry descubrió aliviado no había sido refrenada o atenuada por los años de contrato.

Angelina de repente cogió uno de sus libros, ojeó el título y sus delicadas cejas se alzaron por la sorpresa ante las palabras que halló en él.

—¿Conjuros Avanzados? Harry, ¿por qué estás leyendo un libro como éste? —preguntó confusa.

Suspirando agotado, sabiendo que Angelina no se quedaría satisfecha con una respuesta vaga, Harry se lanzó a explicárselo. Admitió ser capaz de realizar magia sin varita y sentir y ver la magia en otros y alrededor de ellos. Pasando por alto su reunión con el Señor Oscuro y el posterior viaje al Callejón Diagon, Harry levantó la manga izquierda de su túnica negra y reveló la varita de acebo atada a la parte baja de su muñeca.

Los ojos dorados de Angelina se abrieron por la sorpresa, muda ante la visión de un Cortesano en posesión de una varita. También había una chispa de dolor en sus orbes color ámbar al descubrir que el chico que ella veía como un hermano había mantenido su magia sin varita como un secreto para ella.

Harry supo instintivamente dónde se originaba la pena en los ojos de su amiga y fue rápido en colocar sus delgadas manos sobre las de Angelina—. Ángel, sé que debería haberte hablado acerca de mis poderes, pero raramente los usaba. No eran una parte importante de mi vida mientras vivía en la Casa de Afrodita. Lo siento —le dijo Harry finalmente.

Angelina parpadeó y una sonrisa tierna apareció en su cara. Tomó la barbilla de Harry delicadamente para poder mirar a sus culpables ojos esmeraldas y dijo con firmeza—. No Harry, tenías razón al no decírmelo. Incluso aunque protegería cualquier secreto tuyo con mi vida, cuanta menos gente supiese acerca de tus poderes, mejor. No hay nada de lo que disculparse porque no hay nada que perdonar.

El alivio floreció en la hermosa cara de Harry y ofreció a la chica una cálida sonrisa, para después pasar a informarle de que estaba recibiendo clases del Señor Oscuro e iba a asistir a Hogwarts en unos pocos días.

Casi esperaba celos o resentimiento por parte de la Cortesana pero debería haber conocido mejor a Angelina. La alegría se extendió por sus rasgos y dijo suavemente—. Siempre supe que estabas destinado a cosas mayores, Harry. La vida de un Cortesano nunca estuvo hecha para ti. No sabes lo contenta que estoy de escuchar que recibirás educación mágica.

—Gracias Ángel —, logró murmurar Harry con voz un poco ronca debido al repentino nudo en su garganta. Merlín, la había echado tanto de menos.

De repente los ojos de Angelina se abrieron como si hubiese recordado algo importante—. Harry, la razón de que Barty fuese convocado aquí hoy era finalizar un plan que implicaba a Hogwarts y otras dos escuelas mágicas. No sé mucho; tan sólo que es algún tipo de torneo en el que participan representantes o algo así. Si vas a asistir a Hogwarts podrías tomar parte en esa competición—. Una luz oscura entró en sus ojos y dijo—. Parece peligroso, sea lo que sea ese torneo. Barty habló acerca de pasados competidores que murieron. Harry, prométeme que no participarás.

Incapaz de apartar la vista de aquellos penetrantes ojos ambarinos, Harry asintió conforme y respondió—. No te preocupes Ángel, no tengo intención de entrar en ninguna competición que amenace mi vida. Sólo quiero terminar mi educación y graduarme.

Satisfecha de que Harry no considerase poner su vida en ningún tipo de riesgo, Angelina sonrió y pasó a discusiones más ligeras, poniendo al día a Harry respecto a Alicia y Katie, las cuales estaban llevando sus vidas bastante bien. Angelina las veía de cuando en cuando, en las ocasiones en que Bartemius tenía asuntos con sus contratantes, e intercambiaban saludos. Harry le preguntó por Lavender, en quien se sentía avergonzado de admitir que no había pensado tan a menudo como probablemente debería. Angelina no tenía noticias sobre la chica pero admitió que probablemente era porque su contrato habría sido comprado por alguien con quien Bartemius no tenía negocios.

Angelina entonces sacó con cuidado el tema del Señor Oscuro, no habiendo percibido ningún trauma físico en Harry pero preocupada acerca de cualquier sufrimiento psicológico o emocional escondido tras la aparentemente saludable fachada del chico.

Harry admitió libremente que no calentaba el lecho de Lord Voldemort, como la mayoría del Mundo Mágico creía del primer y único Cortesano del Señor Oscuro. Angelina le informó de que historias acerca de su etérea belleza se habían extendido como el fuego y uno de los rumores más populares que circulaban actualmente era que él era un Veela y había seducido al Señor Oscuro hasta llevarle a la cama.

Los dos rieron un poco sobre eso, Harry burlándose ante la idea de nadie pudiese llamar la atención de Lord Voldemort de esa manera. Su contratante era imperturbable e intocable, permaneciendo distante ante la gente más atractiva con la que trataba.

Habrían seguido hablando durante horas pero los dos viejos amigos fueron interrumpidos por la llegada de Bartemius Crouch, el cual había venido a reclamar a su Cortesana. El hombre de pelo color rubio arena había estado esperando en las sombras del borde del patio, observando mientras el misterioso Cortesano de su Señor y la suya propia interactuaban juntos alegremente.

Dándose cuenta de que los dos continuarían hablando indefinidamente, se mostró y observó mientras Angelina se ponía en pie y hacía una ligera reverencia. Harry permaneció sentado pero hizo una respetuosa inclinación de cabeza al hombre de la primera casta. Se había establecido que durante su permanencia en la Ciudadela Harry sólo tendría que levantarse e inclinarse en presencia de su contratante. Sólo tenía que saludar a la primera y segunda casta y podía evitar cualquier deferencia con la tercera casta al completo.

—Vamos Ángel, te prometí un paseo por la Ciudadela —dijo el hombre con suavidad.

La ceja de Harry se enarcó al escuchar el apodo de Angelina saliendo de la boca del Mortífago con una corriente de cariño bajo sus palabras. ¿Quizá los sentimientos de Angelina eran correspondidos por el hombre?

La chica en cuestión titubeó, queriendo abrazar a Harry a modo de despedida ya que posiblemente no le vería durante años y años. Aquella podría ser la última vez que fuese capaz de estrecharle entre sus brazos. Sin embargo no estaba segura sobre cómo reaccionaría su contratante a que ella abrazase al muchacho. Entonces captó la atención de Bartemius y el hombre inclinó la cabeza de forma apenas perceptible en dirección a Harry. Obsequiando a su contratante con una radiante sonrisa Angelina levantó a Harry hasta su altura y le sumergió en un fuerte abrazo.

Harry se aferró a ella, confiando en que podría verla de nuevo pronto incluso aunque sabía en lo más profundo de su interior que las posibilidades de que eso ocurriese eran escasas. Finalmente los dos se separaron y mientras Harry abría la boca para decir adiós, Angelina colocó su dedo sobre sus labios y murmuró suavemente para que sólo él pudiese oírlo—. No digas adiós, Harry. Eso sugiere que puede que no nos volvamos a ver de nuevo. En vez de eso di... di hasta que nos encontremos de nuevo.

Ella retiró el dedo y Harry la miró con sus dulces ojos verdes—. Muy bien, Ángel. Hasta que nos encontremos de nuevo.

Ocultando su temblor le dedicó a su contratante una sonrisa forzada y se fue con él, sin mirar atrás hacia la desamparada figura de pie bajo la luz del Sol.

Después de todo, no era un adiós.


Lord Voldemort se reclinó tras su señorial escritorio en su estudio privado, observando a su pupilo mientras el muchacho de dieciséis años se movía intranquilo bajo el escrutinio de su contratante. Era martes por la mañana y Harry había sido convocado al despacho del Señor Oscuro para usar la chimenea, la cual había sido conectada temporalmente con la red Flu de Hogwarts.

Su baúl, con sus adornos de latón pulido, reposaba repleto y esperando con un conjuro de ingravidez hecho por él mismo. Su lechuza blanca como la nieve estaba sentada con desagrado en su jaula emitiendo un ulular irritado. Harry estaba vestido con la túnica estándar que todos los estudiantes llevaban, negra con el escudo de Hogwarts, y su varita estaba al alcance de su mano. Su collar de plata de Cortesano todavía era visible por encima del cuello de sus ropajes y los dedos de Harry de vez en cuando frotaban el metal, como si estuviese preocupado por lo que sus compañeros de curso pensarían cuando lo viesen y supiesen lo que implicaba.

Pero el Señor Oscuro confiaba en que nadie se atrevería siquiera a atormentar o tomar como objetivo algo de su propiedad. Harry llevaba su símbolo en su garganta y cualquier ataque al muchacho sería interpretado como un ataque a su propia persona. Y, en el impensable caso de una agresión al hermoso joven, Lord Voldemort estaba seguro de que Harry podría manejarlo él mismo. Eso no significaba que no fuese a ejecutar una rápida y despiadada venganza sobre cualquiera que hiriese a Harry. Porque el chico era indudablemente suyo.

Mientras miraba fijamente y con descaro al joven creció su curiosidad acerca de lo que se escondía en la mente de su pupilo. Él era un consumado Legeremens, tan hábil de hecho que era capaz de leer los pensamientos superficiales de una persona sólo con el contacto visual como detonante. Cuanto más largo era el contacto visual, más profundamente podía ahondar. Usando el adecuado conjuro de Legeremancia podría examinar más exhaustivamente la mente de alguien pero su habilidad única de leer por encima los patrones de pensamiento actuales de una persona era un don útil y apreciado.

Finalmente esmeralda y carmesí se encontraron y el Señor Oscuro profundizó con regocijo en la mente del desprevenido muchacho identificando una cepa de pensamiento que le involucraba a él mismo.

...todavía mirándome. Merlín, qué guapo es. No consigo mirar a otra parte. Vamos. Mira a otra aparte. Mira. A otra. Parte. Mira-

Y a continuación fue empujado fuera de la mente de Harry mientras el chico reunía la fuerza de voluntad para romper el contacto visual. Ufano ante los pensamientos del chico hacia él, Lord Voldemort observó mientras Harry se crispaba, como si quisiese dar un paso atrás pero incapaz de hacerlo.

Estudiando a su Cortesano se preguntó cómo podría hacer que el chico confiase más en él, para acabar con aquellos sutiles respingos. No vería a Harry hasta las vacaciones de Navidad y no deseaba que su influencia sobre el muchacho se desvaneciese de ninguna forma. La respuesta le llegó aunque interrumpiría su diversión, era una manera segura de ganar la devoción de Harry, quizá de una vez por todas.

—Harry, tengo una propuesta para ti —ronroneó, observando detenidamente el estremecimiento que recorrió el flexible cuerpo de Harry ante su tono.

—¿Cuál es, Mi Señor? —logró preguntar de forma un poco entrecortada.

—Creo que es el momento de que aprendas cómo Ocluir tus pensamientos. Actualmente hay un profesor de Oclumancia dando clases en Hogwarts que te impartirá lecciones en el arte por orden mía.

Los ojos de Harry se abrieron de par en par y Voldemort supo que el chico comprendía la confianza que estaba poniendo en él; ofreciéndole una forma de proteger la privacidad de su mente y potencialmente esconder cosas a su contratante.

—Mi Señor... ¿me permitiría tomar esas clases? —preguntó Harry con incredulidad.

—Confío en ti Harry y estoy seguro de que después de tu último... castigo... no estarás ansioso por repetirlo —. Voldemort permitió que un atisbo de oscuridad se filtrase en su tono y se sintió satisfecho cuando Harry tragó saliva con fuerza y asintió rápidamente.

—Sí, m-me gustaría tomar esas lecciones.

Voldemort atrajo una hoja de pergamino en blanco y una pluma hacia sí y comenzó a dictar eficientemente una orden para el futuro profesor de Oclumancia de Harry. Echando un vistazo al mensaje lo dobló y presionó contra él el sello de su anillo, con el mismo escudo de armas que adornaba el delgado cuello de Harry. Con un destello de magia la carta quedó cerrada y sellada con la marca claramente visible. Tendiéndola para que Harry se acercase y la tomase, se dio cuenta de que el chico dudaba antes de coger la carta.

—Mi señor, si puedo preguntar, ¿quién va a ser mi profesor?

Sintiendo el humor negro creciendo en él, muy consciente del desagrado del futuro tutor de Harry hacia él y lo que representaba, Voldemort declaró suavemente—. El Director Snape será tu tutor, Harry —. Viendo aparecer el horror en los ojos del chico, Voldemort preguntó—. ¿Hay algún problema con este arreglo?

Apretando los dientes Harry cogió la carta de la mano de su contratante como si fuese algo perverso, guardándola en su bolsillo mientras lograba decir—. En absoluto Mi Señor. Simplemente tengo un mal historial con el director.

Un mal historial efectivamente. Era obvio que el chico no tenía ni idea de que el avinagrado Profesor de Pociones había sido atormentado por su padre y sus amigos en sus años escolares y que se había enamorado de su madre, la cual a su vez se había casado con el matón de su infancia. Voldemort sólo supo de esta historia tediosamente lastimera después de escrutar la mente de Severus para determinar cuales eran las lealtades del hombre.

—Muy bien. Es hora de que hagas Flu hasta Hogwarts. Volverás de la misma forma al principio de la temporada navideña.

Harry sacó su varita y golpeó su baúl encogiéndolo hasta un tamaño de bolsillo, antes de cogerlo y guardarlo. Después de tomar la jaula de su lechuza en una mano se aproximó a la chimenea y estaba a punto de alcanzar los polvos Flu que esperaban en la repisa cuando Lord Voldemort habló una vez más.

—No hay necesidad de que ocultes tu magia sin varita mientras estás en Hogwarts, Harry. Es algo de lo que estar orgulloso, no que esconder —. El Señor Oscuro sabía muy bien que su Cortesano probablemente intentaría pasar desapercibido y evitar llamar la atención hacia sí mismo. El Señor Oscuro no entendía aquello. ¿Por qué escondería alguien voluntariamente su verdadero potencial? ¿No daría brincos Harry ante la oportunidad de hacer contactos y aliados?

Harry se volvió a tiempo para ver levantarse a su contratante y moverse hasta el lugar donde él estaba junto al hogar vacío de la chimenea. Voldemort vio al chico tragar nerviosamente mientras se acercaba pero el Señor Oscuro notó que el chico se inclinaba hacia él de forma casi imperceptible.

Sacando su propia varita Lord Voldemort se agachó y tocó el collar de plata de su Cortesano permitiendo a un zarcillo de magia sin palabras incrustarse en el cálido metal. El muchacho se puso rígido como si pensase por un salvaje momento que le estaban quitando su magia de nuevo.

Pero el conjuro del Señor Oscuro se escondió de forma inofensiva en el metal del collar, esperando a ser puesto en uso. Harry no tenía ni idea de qué hechizo había lanzado el Señor Oscuro y como el mago más poderoso había revestido con un conjuro anti-detección el misterioso encantamiento, él no sería capaz de investigar qué había hecho Lord Voldemort.

Sabiendo que era mejor no preguntar lo que su contratante había hecho a su collar, Harry cogió un puñado de polvos Flu y entró en la chimenea, lanzándolos al suelo y diciendo claramente—, Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Lord Voldemort se aseguró de fijar sus ojos en los de Harry mientras el chico era arrastrado en un remolino de llamas, permitiendo que algunas de sus verdaderas emociones saliesen a la superficie de su mirada escarlata. Por la visión de los orbes esmeralda abriéndose de par en par, el muchacho había vislumbrado algo. El Señor Oscuro tenía que dejar marchar a su Cortesano con algo en lo que pensar durante su ausencia, después de todo.

Mientras Voldemort volvía a su asiento pensó en el encantamiento que había lanzado sobre el collar de Harry y sintió una oleada de satisfacción. Era un viejo conjuro que había desenterrado, uno que antes se lanzaba sobre anillos de compromiso o en este caso, sobre un collar de plata.

El conjuro avisaría al lanzador si el portador del objeto encantado era tocado sexualmente de alguna manera, ya fuese un beso o algo más. De esta manera, sería alertado inmediatamente si su Cortesano estuviese involucrado en ese tipo de actividad con alguien que no fuese él.

Ay de quien intentase algo como aquello con lo que era suyo.


Cuando Harry entró dando un traspiés en el despacho del director en Hogwarts miró alrededor nerviosamente, rezando para que Snape no estuviese allí. Por suerte el hombre aparentemente estaba dando una clase porque la habitación estaba vacía de vida humana.

Harry se permitió un momento de dichosa alegría porque finalmente estaba en su hogar, en el lugar al que había decidido hace mucho tiempo que pertenecía de verdad. Entonces el recuerdo reciente de los ojos de su contratante mientras se marchaba por la red Flu le golpeó y sintió el rubor subiendo a su rostro.

Harry no estaba seguro de qué pensar ahora acerca del Señor Oscuro. El deseo y la pura lujuria que había visto bullendo en esos ojos de rubí le habían dejado sin aliento momentáneamente y por un breve instante el mundo había dejado de existir excepto por aquel hombre mortífero.

Sacando de su cabeza por la fuerza todo pensamiento sobre el hombre, Harry se prometió reflexionar sobre ello más tarde. Por ahora necesitaría todo su ingenio para conocer a sus compañeros de curso e intentar causar una buena impresión a pesar de su estatus de Cortesano. Eso hizo pensar a Harry en el misterioso encantamiento que había sido lanzado sobre su collar pero esa línea de pensamiento llevó a Lord Voldemort una vez más y Harry se forzó a abandonar toda idea sobre él para no pensar en aquellos ojos rojos...

El sonido de pesados pasos en la escalera de caracol que llevaba al despacho sacaron a Harry de su ensoñación y se encaró con la puerta de madera, temiendo a medias la llegada de Snape. En vez de eso la puerta se abrió para revelar una mata de pelo rojo dolorosamente familiar.

Harry vio una cara pecosa y unos sorprendidos ojos azules antes de salir corriendo, sus piernas adquiriendo voluntad propia. Torpemente, todavía sujetando la jaula de Hedwig en su mano, Harry lanzó sus brazos en torno al chico, más alto que él.

Unos brazos fuertes, moldeados por años de duro trabajo, se estrecharon en torno a él y fue alzado para quedar cara a cara con aquellos maravillosos ojos azules que contenían las lágrimas tenazmente.

—Me alegro de verte, compañero —dijo Ronald Weasley, decidido a no dejar que ninguna lágrima escapase.

—Ron... —dijo Harry y su voz se desvaneció, sabiendo que si decía algo más probablemente acabaría llorando de una manera totalmente impropia para un hombre.

—Bienvenido a casa —susurró el chico más alto.

A casa.

Harry estaba en casa.


Continuará...

Nota de Autora: ¡Harry está por fin de vuelta en Hogwarts! En la siguiente actualización tendremos más reencuentros y Harry conocerá a sus compañeros de curso. Entonces Harry tendrá su primer día de clase –y una lección será con cierto Mortífago de la primera casta...-

Drops of Nightshade x


Harry ya está en Hogwarts! Y parece que ahora tendrá en más cosas que pensar gracias al Lord (cómo le gusta a este hombre tocar las narices al pobre Harry)

Esperamos que os gustase el capítulo!

Muchísimas gracias a todas aquellas personas que nos dejan sus comentarios sobre la traducción, no sabéis cómo nos animan! :D

Antes de despedirnos por esta semana, os recordamos que estamos gestionando los avisos de publicación tanto de SH (para las versiones sin censura de este fic y futuros proyectos), como las de esta web en nuestro grupo de facebook.

groups/500220733454415/?ref=bookmarks

Desgraciadamente parece que los administradores de ésta página han decidido censurar nuestros enlaces a SH (hace unos días nos dimos cuenta de que no se veían en nuestro perfil). Estamos buscando soluciones, pero por el momento lo único que podemos hacer es remitiros al grupo y avisaros cuando un nuevo capítulo censurado se publique.

Lamentamos las molestias que os pueda ocasionar.

Nos vemos en unos días! ^_^

Traducciones. A ver qué sale.