Es ceremonia de inauguración o yo que sé. ¡Otro pequeño drabble!
Esta vez un MuraKaga que ya tenía planeado subir, este va dedicado a Ari-nee, mi senpai. *corazón*
Espero que me perdone por lo del lemon aunque no tenga perdón de Dios(?).
Adv: Maldiciones (creo(?)), fluff, patético intento de comedia, mi escritura.
Disclaimer: Todos saben que no es mío, así que yolo(?).
¡No más, comenzamos!
Kagami no estaría tan molesto en ese momento si la barrera de Yosen no se encontrara invadiendo su hogar en busca de dulces, ¿la razón? Tatsuya le había dicho que si alguna vez se perdía en Tokyo, fuera su casa y le esperara ahí, incluso entregándole su dirección. Lo peor de todo fue que, al ser petición de su hermano, no podía ni siquiera negarse o sacar al gigante de su apartamento.
–Oye… ¿No tienes dulces, o sí, cejas dobles? –Preguntó el enorme niño después de haberse asegurado de haber revisado cada cajón de la cocina. A Kagami le dio un tic en el ojo tan sólo de escuchar ese "apodo".
–¡No! ¡Y si eso no te gusta, eres invitado a largarte de aquí e irte a comprar tus malditos dulces! –Espetó con furia el pelirrojo, observando como el otro chico se paseaba por su departamento como si fuera el suyo propio.
–Woah… Este lugar es enorme… Muro-chin estaba en lo cierto. –Comentó el nueve para sí mismo, ignorando por completo los gritos del tigre.
–¡Mira a la gente a los ojos cuando te habla! ¡Maleducado! –Gritó, reprendiendo al gigantesco adolescente por no tener modales, sin embargo, pronto se arrepintió de lo que había hecho, pues el pelimorado se volteó a verlo y le lanzó una mirada de molestia total.
–Eres ruidoso, además estoy molesto porque Muro-chin no ha llegado y va a traerme mis dulces. –Kagami realmente esperaba que lo hiciera, y pronto. No soportaba más la infantil voz de ese niño crecido. –Ne, cejas dobles, ¿cuál es el control de la televisión?~
Después de pasárselo –suponiendo que así podría mantener al gigante distraído un rato– decidió llamar a su hermano, que le dijo que estaba ocupado y quizá llegaría por Atsushi a las cinco y media de la tarde. Revisó el reloj, apenas eran las tres veinte; gruñó por lo bajo y decidió ir a chequear lo que hacía el más alto. Al darse cuenta de que sólo cambiaba los canales sin detenerse en ninguno, pensó que no tendría que preocuparse por nada, o eso pensó al menos hasta que el otro joven se detuvo repentinamente, apagando el aparato y haciendo un mohín.
–¡No hay nada en tu televisor! ¡Qué aburrido! –Se quejó con tonito de niño berrinchudo. Kagami empezó a contar mentalmente hasta diez.
Uno.
–Kagami. –El chico de Yosen se levantó del mueble.
Dos.
Se acercó hacia él en pasos lánguidos.
Tres.
–Kagami. –Volvió a llamarlo.
Cuatro.
–Kagaaaaaaaaami. –Alargó su nombre.
CincoSeisSieteOchoNueveDiez... ¡Joder, que Kagami no tenía tanta paciencia!
–¡¿Qué quieres?! –Gritó exasperado, hartándose de la actitud de niño berrinchudo del más alto.
Murasakibara sonrió perezosamente, de una forma que pretendía ser inocente.
–Acompáñame a comprar dulces. –Crack. ¿Oyeron eso? Sí, había sido la paciencia de Kagami Taiga quebrarse al fin.
–¡Ni loco creas que te acompaño! –Explotó. –¡Solamente te tengo aquí porque Tatsuya dijo que vinieras aquí, no soy una niñera y no voy a quedarme a vigilarte! ¡Piérdete!
Y dicho esto, se fue a encerrar a su habitación, dejando al gigante solo -y quizá un poco desconcertado-. Pasaron diez, veinte, treinta minutos y la casa parecía demasiado silenciosa, comenzó a preocuparse, ¿y si Murasakibara se había ido? ¿Y si se había perdido otra vez? ¡Joder!
El pelirrojo se levantó de la cama a una velocidad sobre-humana, saliendo inmediatamente del cuarto para ponerse a buscar al gigante; sintió un breve alivio cuando lo divisó en la sala, medio recostado en el mueble de su sala. Al ver al enorme chico en ese mueble sintió algo de empatía por él, se veía incómodo, pues él también solía recostarse en ese sillón y siempre terminaba en el suelo, sin mencionar que el nueve era casi veinte centímetros más alto que él. Sonrió levemente con alivio, por lo menos el joven seguía ahí.
Sin embargo el alivio le duró poco cuando divisó el porqué de tanto silencio.
Murasakibara se estaba comiendo uno de los pasteles que tenía guardado en su frigorífico. O más bien, lo que solía ser un pastel, ya que sólo quedaban unas cuantas rebanadas.
Maldito niño enorme infeliz.
Y es que ¿cómo no insultarle? Si ese pastel era para su hermano, Himuro Tatsuya, como una especie de regalo para celebrar su actual reconciliación y ahora todo estaba arruinado. Incluso lo había escondido en la sección de vegetales para olvidarse el mismo de la tentación… ¡Agh!
–Ah, cejas dobles, no te vi…–Comentó el otro con simpleza mientras se relamía los labios. Demonios, quería golpearlo. –A propósito… ¿De dónde es este pastel? Estaba bueno…
El de ojos bermellón no sabía si llorar, entrar en estado de ansiedad -y gritar-, asesinar al otro o hacer todo eso al mismo tiempo.
¡Maldita sea, Murasakibaka!
Optó por la segunda opción: –¡Yo lo hice, yo lo había hecho maldita sea! ¡Era un regalo para Tatsuya, agh! ¡Idiota!
El pelimorado se tapó los oídos con un cojín, ah, odiaba el ruido.
–¡Escúchame cuando te hablo, imbécil! –Rugió molesto el tigre, acercándose al otro joven mientras lo señalaba acusadoramente con el dedo.
Atsushi sólo veía como este movía la boca y hasta eso le molestaba, así que optó por la opción más inteligente: Callarlo.
De la pequeña charolita del pastel tomó una rebanada de este y lo metió en la boca del tigre, haciendo que casi se atragantase con el bocado. Justo cuando Taiga estuvo a punto de escupir algo pasó: El gigante lo besó.
Lo besó.
Se acercó a él, dándole un pequeño beso en los labios y lamiendo un poco su comisura. El joven de menor estatura no supo que hacer, estaba estático en su lugar.
–Los labios de Kaga-chin son dulces…–Susurró en su oído, cambiando el extraño apodo por uno más amigable, logrando que se estremeciera ante la extraña –pero placentera– sensación que recorría todo su cuerpo a modo de escalofrío.
Y lo volvió a besar, una, dos, tres veces; seguidas una de otra, cortos e inexpertos besos y lengüetazos a sus labios. Pronto la falta de aire comenzó a hacerse presente, trató de separarse pero no logró sino hasta unos segundos después, cuando el enorme niño se dignó a separarse.
Y ahí se encontraba él, sonrojado, con la respiración agitada, sin la menor idea de lo que había hecho y con uno de los jugadores de Yosen –es más, un miembro de la Generación de los Milagros– comiéndoselo con la mirada, y con la boca, literalmente.
Murasakibara puso un rostro pensativo, como si estuviera muy concentrado en algo, Kagami quería huir de ahí pero en vez de eso se quedó quieto, murmurando un "¿Qué sucede?".
–No entiendo… Los labios de Kaga-chin son más dulces que el pastel… Hacen que quiera más. –Comentó el nueve de Yosen, haciendo que el joven de Seirin se pusiera todavía más nervioso –si es que eso era posible– y se sonrojara de nuevo.
No le dio ni tiempo de contestar cuando ya se encontraba atacando sus labios de nuevo. Esta vez el beso era menos brusco, más suave y muy pero muy placentero, tanto que el tigre no pudo evitar que un pequeño jadeo saliera de sus labios mientras Atsushi metía su lengua en el beso. El jugador de Yosen lamía su boca y chupaba sus labios como si fuera el dulce más delicioso que había probado en toda su vida y escuchar los jadeos y la respiración agitada del pelirrojo hacía que quisiera hacerlo más, no era suficiente. Lentamente bajó sus manos –que hasta el momento habían estado sosteniendo la cabeza y cintura del menor– hasta estas quedar reposadas sobre la cadera del tigre. Kagami quería huir, pero su cuerpo no le dejaba, al contrario, le pedía más; tanto así, que mientras intentaba empujar al pelivioleta poniendo sus manos en su pecho, no sacó fuerzas y terminó por dejarlas ahí, apretando fuertemente la camisa del más alto.
Sus pulmones se hacían cada vez más pequeños por la falta de aire, con una mano comenzó a golpear suavemente el pecho del otro chico para que le diera un poco de espacio; Atsushi dejó sus labios, haciendo que Taiga soltara un leve gemido y un suspiro de alivio al poder volver a respirar, sin embargo, al notar la situación su rostro se volvió tan rojo como su cabello y se alejó rápidamente del Pívot hasta quedar al otro lado de la cocina.
–¡¿Qué crees que haces?! –Gritó desde ese punto, cubriendo sus labios en cuanto vio que el otro jugador se volvía acercar a él con un ligero rostro de molestia.
–Kaga-chin se vuelve molesto cuando empieza a hablar. –Se quejó el enorme niño para sí mismo, mientras observaba como el ala-pivot de Seirin chocaba contra una pared, dejándolo sin salida. Le tomó de las manos con fuerza, inmovilizándolo contra esta. –Pero Muro-chin y Kuro-chin tienen razón… Avergonzado se ve lindo…
Kagami sentía que estaba a punto de llorar, sin embargo estaba molesto, ¿qué demonios les pasa a Kuroko y Tatsuya? ¿Él? ¿Lindo? ¡Los iba a matar! ¡A todos!
Justo cuando estaba por decir algo, el de cabellos amatista volvió a besarlo, haciendo que se desconectara de nuevo. Oh, bueno… No pasaba nada, ¿cierto?
.
.
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Eran ya las cinco y media de la tarde y Himuro Tatsuya se encontraba justo frente a la puerta del departamento de su hermano. Tocó el timbre -como es lo usual-, sin embargo no recibió respuesta; pensó que quizá Taiga y Atsushi se encontraban peleando en esos momentos -pues ya conocía las personalidades de sus amigos- y por eso decidió tomar su llave de repuesto y abrir la puerta. Lo que vio lo dejó estático en su lugar.
Las ropas de Taiga y Atsushi estaban todas regadas por el suelo, formando un camino hacia la habitación del tigre. Sonrió maligno y se retiró del lugar.
Atsushi no lo necesitaba por hoy.
Omake:
"Himuro Tatsuya
12 mins ago
¡Mi hermanito menor y mi compañero de basketball están so in love!
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Kagami Taiga ¡¿Ah?! ¿Pero qué rayos dices, Tatsuya?
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Tatsuya Himuro Pero si vi sus ropas hoy regadas por todo tu apartamento, Tiger boy. ¡No tengas pena! ¡Estamos en un nuevo siglo!
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Murasakibara Atsushi de qué hablas muro-chin...
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Tatsuya Himuro Tú sabes bien de qué hablo, Atsushi. ;)
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Murasakibara Atsushi no, no se de qué hablas muro-chin
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Tatsuya Himuro Oh, bueno, de todas maneras espero que tú y Taiga se hayan "divertido" juntos, ya sabes~.
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Kagami Taiga ¡Tatsuya! ¡Hermano o no te mataré!
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Aomine Daiki hahahaha no sé qué pasa pero ¡que bakagami, lol!
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Kuroko Tetsuya Enterado.
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Kise Ryouta ヽ(゜ロ゜;)ノ ¡Esto sí es una sorpresa, Kagamicchi, Murasakibaracchi!
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Kagami Taiga Corrijo, ¡Generación de los Milagros o no, los mataré!
1 min Me gusta "
Nadie estaba completamente seguro, pero por lo visto el tigre estaba muy enojado y cumpliría con su promesa.
¿Y, qué tal? x'D
No sé, como que la comedia no se me da.
Es bastante tarde acá así que me iré de una vez(?).
Byeeeeeeeeee. *Corazón*
PD: Acepto tomatazos.
