Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Nota de Autora: Una vez más, he eliminado el contenido sexual para cumplir las normas de ff

Drops of Nightshade x


Nota de los Traductores:Podéis leer la versión sin censura de este capítulo en SH.


Capítulo Once

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

1996


Tras regresar a su habitación, que ahora sabía que compartía con Seamus, Harry se puso a sacar sus cosas de su baúl. Doblando sus ropas las guardó en su armario y entonces contempló su desierta mesita de noche, mordiendo su labio mientras su vista pasaba desde la madera lisa a la decorada y colorida de Seamus.

No tenía fotos que colocar, ni objetos especiales que significasen algo para él. En su vida, siempre habían sido su familia y sus amigos los que habían importado. Al menos Harry puso la jaula de latón vacía de Hedwig sobre la mesa, como mínimo para tener algo allí colocado.

Al terminar Harry recordó la carta sellada que el Señor Oscuro le había dado para que entregase a Snape y se dio cuenta de que probablemente debería acabar de una vez por todas con ello. También tenía que recibir su horario del agrio Profesor de Pociones así que podría matar dos pájaros de un tiro.

Pero primero necesitaba determinar dónde podía conseguir para Hedwig una comida más sólida que unas pocas tiras de bacon sobrantes. Recordando de repente la lechucería de la escuela, y sintiéndose como un idiota por no haber pensado antes en ella, Harry chasqueó su lengua para llamar a su nívea compañera a su hombro.

Una vez que Hedwig hubo asegurado sus garras a la tela de sus ropajes, Harry abandonó el dormitorio y caminó de vuelta a través de la vacía sala común, ignorando a propósito al esnob retrato mientras se marchaba.

Caminando a través de los pasillos vacíos del castillo, Harry salió a un patio, envolviéndose en su túnica todo lo que pudo al notar el temprano frío de otoño que estaba empezando a hacer acto de presencia. Moviéndose con más rapidez para calentar sus miembros comenzó a subir las serpenteantes escaleras que conducían a la lechucería.

Para cuando llegó a lo más alto estaba agradablemente cálido, sus pálidas mejillas ruborizadas con un delicado rosa. Entrando en la lechucería y pisando cuidadosamente alrededor de los excrementos que ensuciaban el suelo, Harry localizó una bolsa de bolitas de comida que supuestamente eran nutritivas, según la publicidad en el exterior.

Llenando una bandeja para Hedwig, observó con cariño mientras su lechuza bajaba de un brinco para picotear con satisfacción la comida, ojos ambarinos echando vistazos a los otros pájaros de la lechucería como una clara advertencia para que se mantuviesen alejados de su comida y su humano.

Una sorprendida exclamación fue lo que alertó a Harry de otra presencia en el espacio abierto y buscó alrededor para localizar a un pequeño muchacho llevando el uniforme de Hogwarts, con unos perturbadoramente familiares ojos azul cobalto y pelo moreno ondulado. Harry sólo pudo contemplarle confuso mientras sentía que debería saber quién era ese chico y aun así sin nombres que viniesen a su mente.

El joven estudiante se giró y se aproximó a una lechuza gris bastante grande para atarle una carta. Una lechuza con una característica franja negra alrededor de su pecho. Una lechuza que sin lugar a dudas pertenecía a su ex-contratante, Rabastan Lestrange. La había visto bastantes veces llevándole el correo.

Finalmente todo encajó en su lugar en la mente de Harry. La familiaridad acerca de los rasgos del chico, su uso de la lechuza privada de Rabastan, incluso la edad del muchacho, que parecía cerca de los once -aproximadamente cuando las primeras Procreadoras se habrían graduado en la Casa de Damara...-

Rabastan tenía un hijo.

Sorpresa y quizá un asomo de dolor permanecieron en Harry mientras observaba al chico enviar a la lechuza, casi con toda seguridad con una carta para su padre. O quizá para su madre. ¿Quién era su madre? Espera, ¿por qué le importaba siquiera? No es como si él tuviese algo que reclamarle a Rabastan. Al menos ya no.

El chico dejó la lechucería después de eso, ajeno a los ardientes ojos esmeraldas que le siguieron en su camino de salida, un eco de dolor en sus profundidades.


Después de recuperarse de la sorpresa de descubrir que su antiguo amante había tenido un hijo y que nunca había creído conveniente siquiera hablarle a Harry de su existencia, el joven de pelo negro había dejado a Hedwig socializando con las otras lechuzas y se había dirigido al despacho del director.

Llegando al lugar, Harry maldijo al encontrarse una vez más con un guardián exigiendo una contraseña, en esta ocasión una gárgola de piedra. Resignado a esperar fuera a que apareciese Snape, Harry se apoyó de manera despreocupada contra el muro mientras apartaba enconadamente de su mente todo pensamiento acerca de Rabastan y su joven hijo. Se estaba volviendo bastante experto en expulsar pensamientos no deseados.

El repicar de la campana señalando la llegada de la última clase del día hizo saltar a Harry, no tan acostumbrado como antes al que una vez fuera un sonido familiar. Pronto los pasillos se llenaron de estudiantes que charlaban, los cuales miraban atónita y desvergonzadamente a Harry y su brillante collar. Algunos de hecho tuvieron el descaro de parar y causar un embotellamiento en el corredor.

Harry nunca había estado tan contento de escuchar el tono despectivo de Severus Snape como entonces, cuando el hombre de pelo oscuro exigió saber por qué los estudiantes estaban revoloteando por allí como bufones descerebrados. Pronto llegó al origen del problema y sus labios se retorcieron con desdén—. Por supuesto tenía usted que estar detrás de esto, Potter.

Cuando se dio cuenta de que los estudiantes no se habían movido y observaban su interacción ávidamente, Snape les lanzó una mirada furiosa con sus ojos color ónice y preguntó con su mortífera voz—, ¿no tienen clases a las que ir?

Harry nunca había pensado que la gente pudiese correr tan rápido.

Entonces esa ligeramente terrorífica mirada se clavó en él y Harry tragó saliva, armándose de valor y sacando la carta sellada. Antes de que Snape pudiese comenzar a insultarle o echarle, Harry se la ofreció y dijo—, el Señor Oscuro me pidió que le diese esto —. Decidió no revelar lo que probablemente había en el interior del mensaje, viendo que Snape casi con toda seguridad incineraría el papel y la mano de Harry mientras lo hacía.

Con aquella característica mueca en los labios, Snape cogió la carta, sus ojos repasando expertamente el sello para comprobar su legitimidad. Finalmente giró sobre sus talones, su túnica negra revoloteando y ni siquiera pronunció la contraseña, ya que la gárgola de piedra saltó rápidamente a un lado. Harry no la culpó.

Snape estaba a medio camino antes de darse cuenta de que Harry no le estaba siguiendo. Con un seco—¡Potter! —tuvo al muchacho de ojos verdes corriendo a toda prisa escaleras arriba, las cuales no se habían movido desde que Snape decidió que su giro en espiral le mareaba.

Harry entró en el despacho para descubrir a Snape ya sentado tras su impresionante escritorio, abriendo la carta con un golpecito de su varita. El sello se desmenuzó y Harry se quedó rondando cerca de la puerta, no queriendo tomar el asiento disponible y estar más cerca del volátil hombre de lo que ya estaba.

Snape desdobló la nota y comenzó a leer, su rostro volviéndose más tormentoso mientras repasaba su contenido. Finalmente presionó dos delgados dedos contra su sien como si aliviase un inminente dolor de cabeza.

—Parece que el Señor Oscuro cree que necesita lecciones de Oclumancia. Como soy el único profesor competente en esta institución, ha considerado oportuno honrarme con esta tarea—. Harry ya sabía aquello pero contuvo su lengua.

—Asimismo, me ha informado de que la bóveda Potter en Gringotts ha sido desbloqueada y oficialmente devuelta a su nombre. El Señor Oscuro ha dispuesto que tenga una asignación semanal, la cual él controlará. Debe ir a la nueva sucursal de Gringotts en Hogsmeade este fin de semana para recibir su primer pago.

Harry pensó que su corazón debía haber dejado de latir. Ahora tenía dinero y una cuenta, que debía haber permanecido en la familia Potter durante siglos. Gratitud y asombro crecieron en él, dirigidos hacia su contratante. Estaba totalmente sin palabras, y aparentemente Snape se dio cuenta de ello ya que sus labios se apretaron y dijo con firmeza—, no puedo rechazar la petición del Señor Oscuro de darle clases. Así que esté aquí en este despacho a las ocho en punto el viernes por la noche. No se retrase. La gárgola le estará esperando.

Reconociendo una despedida cuando la oía, Harry asintió respetuosamente a Snape y dejó el despacho apresuradamente, su mente yendo a un millón de kilómetros por hora. Sabía que su contratante era indulgente con él y le daba honores y privilegios como a ningún otro de la casta Servil, pero esto era algo de una magnitud totalmente diferente.

Ahora tenía apoyo financiero tras él y con su asignación semanal, una oportunidad de comprar objetos que antes no habría sido capaz. Entonces otro pensamiento le asaltó. Era de dominio público que una de las maneras en las que una persona podía escapar de su servidumbre a su contratante era esencialmente devolverle el importe por el que su contrato había sido comprado en un principio.

Si Harry reunía suficiente dinero de su asignación semanal, en potencia podría comprar su libertad. Sabía que Rabastan había adquirido su contrato por una obscena cantidad de dinero pero no sabía exactamente cuánto. Cuando lo supiese, sería capaz de empezar a acumular suficientes fondos para comprar su contrato de Lord Voldemort.

Inesperadamente, Harry sintió una punzada de remordimiento ante ese pensamiento. Pero aquello era ridículo. Harry quería ser libre.

¿O no era así?

Repentinamente un trozo de pergamino eligió ese momento para golpear su cara y Harry lo apartó confuso, notando con su habilidad única los rastros de magia que llevaban de vuelta hacia el despacho de Snape. Era su horario, olvidado accidentalmente mientras había estado reunido con el profesor. El hombre había decidido enviárselo a Harry golpeando su cara con él.

Algunas personas nunca cambian.

Era extrañamente reconfortante en cierta forma.

Examinando rápidamente los cuadros pulcramente delineados los ojos de Harry encontraron su agenda para el miércoles, que era el día siguiente y cuando él empezaba las clases.

Empezaba la mañana con dos horas de Pociones. Afortunadamente Snape ya no enseñaba la materia, impartiendo en vez de ello Alquimia para los estudiantes de Pociones más avanzados, sólo en sexto y séptimo año. El Profesor Slughorn daba ahora las clases, y Harry rescató la imagen de un hombre barrigudo de su anterior etapa en Hogwarts. El hombre celebraba cada año una elaborada fiesta de Navidad y sólo los estudiantes de élite estaban invitados al evento.

Harry gruñó al darse cuenta de que, tras su pausa para el almuerzo, tenía clase de Duelos una vez a la semana con nada menos que Rabastan Lestrange. Bien, al menos se podría quitar pronto eso de encima. Y por el lado bueno no tendría que ver al hombre durante una semana.

Después de Duelos, Harry terminaría el día con Romper Maldiciones con el Profesor Wester. Estaba esperando ansiosamente la clase, tras haber leído muchos libros sobre el tema.

Plegando su horario y guardándolo en su bolsillo para ponerlo a buen recaudo, Harry se dirigió a los dormitorios de sexto año intentando evitar que la confiada sonrisa de Rabastan Lestrange atormentase sus pensamientos.


Más tarde aquella noche Harry se sentó en la sala común frente al resplandeciente fuego rodeado por los elitistas miembros del sexto curso. Escuchó su cháchara pero no estaba prestando atención realmente mientras luchaba con su cansancio. Había sido un día pesado para él, con una mezcla de sorpresas buenas y malas.

Hacía un rato había entrado en el Gran Salón para la cena y se había sentado con Draco a un lado y Daphne Greengrass al otro. Había ocho mesas en la sala incluyendo la elevada de los profesores. Las mesas de los estudiantes eran redondas y repartidas por el lugar con los de primer año más cerca de los profesores y los de séptimo en el lugar más alejado y cercano a la puerta.

Los diferentes cursos se sentaban juntos en sus respectivas mesas, y Harry había visto a Luna sentada en la siguiente, con un espacio libre a cada lado. Parecía que no era muy popular. Sintiendo un impulso de sobreprotección le había lanzado una mirada de apoyo cuando captó su atención y le había hecho un pequeño saludo.

Los agudos ojos de Pansy habían sido testigos de a quién estaba haciendo gestos y le había preguntado en su chillona voz sobre el murmullo del resto—, ¿Conoces a Lunática Lovegood?

Su voz había llegado a los demás en la mesa, que alzaron la vista desde donde mantenían sus propias conversaciones. Harry se había puesto tenso y le había lanzado a ella su mirada más fría, sus ojos esmeraldas como jade helado.

—Sí, conozco a Luna Lovegood. La considero mi amiga —, informó glacialmente a la chica de ojos marrones.

Pansy se encogió ante su amenazadora mirada y en cuanto Harry estuvo convencido de que había recibido el mensaje alto y claro se giró para encararse con Daphne y entablar con ella una conversación. Había descubierto mientras hablaba con la chica rubia que era la mayor de dos y la heredera de la fortuna familiar de los Greengrass. Tenía una hermana pequeña llamada Astoria en cuarto curso y se la había señalado sentada unas mesas más allá, hablando con un grupo de amigos y riéndose tontamente sobre cualquier asunto. Las dos hermanas eran muy parecidas excepto por el pelo de Astoria, más dorado que el de su hermana mayor, y que sus ojos color avellana tenían más verde en ellos.

Harry se sorprendió al descubrir que Astoria estaba prometida ni más ni menos que con Draco Malfoy, pero Daphne le aseguró que los acuerdos matrimoniales entre los sangre limpia rara vez se mantenían y probablemente no acabarían casándose. Astoria no era la única hija Greengrass en tener su matrimonio concertado, ya que Daphne le dijo alegremente que sus padres habían arreglado su boda con Theodore Nott, que se sentaba no muy lejos de ellos.

Theodore, o "Theo", como él mismo le había dicho a Harry que le llamase, viéndose como su padre que también se llamaba Theodore, había escuchado mencionar su nombre y miró en su dirección con una sonrisa en sus labios. Le hizo a Daphne un guiño burlón y ella se rió entre dientes.

—Bueno, parece que os lleváis bien —, dijo Harry tras ser testigo de su corta interacción.

—Desde luego que lo hacemos, prácticamente fuimos criados juntos. Él es uno de mis amigos más íntimos —dijo Daphne.

Theodore había empezado a hablar entonces con Millicent y los dos comenzaron un debate acerca de qué libro cubría de manera más precisa el curso de Transformaciones. Los dos parecían ratones de biblioteca de algún tipo.

Sentado ahora cerca de Draco una vez más, en la cálida sala común, Harry se excusó educadamente anunciando que deseaba tener una buena noche de sueño antes de su primer día de clases. Recibió una ronda de despedidas y ofreció a los estudiantes allí reunidos una afectuosa sonrisa a cambio, antes de encaminarse hacia su habitación.

Al entrar vio a Seamus sentado con las piernas cruzadas sobre su propia cama, leyendo una revista mágica. El chico irlandés alzó la vista cuando Harry entró y le dedicó una sonrisa torcida antes de volver a su revista.

Harry se preparó para dormir, poniéndose un suave pijama y descubriendo un pequeño baño en su dormitorio compartido. Ni siquiera lo había visto antes.

Mientras cepillaba sus dientes Harry se quedó mirando al espejo enmarcado y notó dos tenues bolsas bajo sus ojos. Realmente necesitaba dormir algo.

Volviendo a la habitación se sentó en su cama y se acurrucó bajo las mantas. Percatándose de las cortinas atadas en torno a ella, lanzó una mirada hacia su silencioso compañero y se preguntó cómo reaccionaría si Harry las cerrase sin varita y sin palabras. Su varita estaba al pie de su cama, descansando en lo alto de una pila de ropa y no tenía ganas de levantarse de la suave calidez de su cama.

Seamus ni siquiera estaba prestando atención así que Harry hizo surgir su magia y empujó suavemente las cortinas para que se cerrasen en torno a él, ocultándole a la vista. Cuando no hubo ningún grito de sorpresa, se acomodó y dijo en voz baja—. Buenas noches, Seamus.

Hubo una pausa antes de que el chico más alto respondiese—, buenas noches.

Harry lanzó otro conjuro sin varita, esta vez colocando un encantamiento de silencio en torno a su cama antes de tumbarse y cerrar los ojos. Estaba dormido en el mismo instante que su cabeza tocó la almohada.

Sus lenguas estaban entrelazadas, peleando por el dominio mientras la pasión y la excitación latían entre ambos. Finalmente Harry permitió a la lengua del otro hombre dominar la suya propia, gimiendo ligeramente mientras la punta delineaba su boca, reclamando cada centímetro de ella para sí.

El roce de los dientes del otro hombre contra su labio provocó un gruñido de lujuria a Harry y con una osadía que no sabía que tenía empujó el pecho de su amante hacia abajo y montó a horcajadas sobre sus caderas.

A través de las sombras percibió un destello de ojos carmesí oscurecidos por la lujuria antes de que-

Harry se despertó asustado, ruborizado y excitado en la cama. Sentándose lanzó un Tempus sin varita y vio que eran pasadas las seis de la mañana. El desayuno empezaba a las siete y las clases a las nueve así que tenía tiempo de sobra para ocuparse de su... problema.

Dando gracias a Merlín por haber pensado en lanzar un encantamiento de silencio la noche anterior, Harry lo levantó y salió arrastrándose de la cama advirtiendo las cortinas cerradas en torno a la cama de Seamus. Ligeros ronquidos emanaban tras ellas indicando que el otro chico todavía estaba profundamente dormido.

Tratando de ignorar la dureza entre sus piernas, Harry cogió sus ropas para el día y entró en el baño, cerrando tras él. No es que fuese la primera vez que se levantaba excitado. Pero era la primera vez que su compañero de cama había sido Lord Voldemort. Aquellos ojos rojo rubí eran inconfundibles y Harry supo de una vez por todas que no había manera de que pudiese negar su atracción por el hombre.

Cuando hubo decidido que el agua estaba a la temperatura correcta Harry entró y se ocupó de su carne endurecida, lográndolo con firmes caricias. Tras correrse borró todo rastro de su excitación de la ducha y se frotó hasta estar limpio.

Sintiéndose refrescado Harry se vistió con su uniforme de Hogwarts y secó su pelo negro con una toalla. Lanzó otro Tempus, advirtiendo que había pasado media hora ocupándose de su problema y preparándose para su primer día, antes de atar su varita a la funda en su brazo.

Seamus todavía estaba durmiendo profundamente y Harry se preguntó si debía o no despertar al chico, antes de decidir que con toda probabilidad tendría una alarma colocada para evitar dormir demasiado. Si Seamus todavía estaba dormido cuando regresase del desayuno entonces Harry se prometió a sí mismo que le despertaría.

Dejando los dormitorios de sexto año Harry se dirigió al Gran Comedor. No había tanta gente por los alrededores; obviamente la mayoría de los estudiantes bajaban a desayunar justo antes del comienzo de las clases. Algunos chicos y chicas estaban sentados en la mesa de sexto año pero no había ninguno al que Harry conociese demasiado. Resignado a un tranquilo y solitario desayuno Harry se sorprendió cuando un brazo rodeó el suyo y fue remolcado hacia la vacía mesa de quinto curso.

Luna le sonrió mientras tiraba de él y le sentaba junto a su propio sitio. La comida ya estaba lista y esperando, preparada como Harry sabía por los ocupados elfos domésticos. Mientras Luna y él se servían Harry ignoró con ensayada facilidad las incrédulas miradas dirigidas en su dirección.

En cuanto se sintió lleno y listo para el día, Harry se recostó y observó mientras más gente llegaba, bostezando y frotando sus ojos, yendo en línea recta hacia las cafeteras con café recién hecho disponibles.

Luna había conseguido la misma revista del día anterior y estaba leyéndola con alegría, de nuevo del revés.

—¿Qué es esa revista? —le preguntó Harry.

—Es El Quisquilloso. Mi padre es dueño de la empresa —, le dijo ella con sus ojos centrados en la página frente a ella.

Sorprendido por este nuevo fragmento de información sobre la vida de Luna, Harry observó la portada y vio el nombre, "Xenophilius Lovegood" impreso en colores brillantes.

Pronto la mesa de quinto año comenzó a llenarse de verdad y Harry se despidió de Luna y regresó a su habitación para coger sus libros para las clases de ese día.

Seamus estaba en la ducha, apurando el tiempo al máximo, pero despierto al menos. Harry reunió sus libros tras comprobar dos veces su horario y se preguntó si debía o no esperar a su compañero de cuarto. Tenían Pociones juntos después de todo, viendo que los estudiantes daban las clases de su mismo curso, salvo algunas optativas como Sanación o Alquimia, donde los estudiantes de diferentes años asistían a la vez.

El muchacho irlandés había estado algo distante con Harry, pero él no le culpó. El chico de ojos esmeraldas había sido aceptado en el grupo de élite y Seamus estaba en lo más bajo de la escala social. El chico seguramente pensaba que Harry no querría asociarse con él.

Resuelto a ganarse a su compañero de cuarto, Harry se sentó en su cama y esperó a que Seamus saliese del baño. Cuando el chico de ojos azules apareció, Harry dijo rápidamente—, decidí esperar por ti para que pudiésemos ir juntos a Pociones.

Seamus frunció el ceño mientras revolvía en su armario poniéndose una túnica negra limpia sobre su ropa informal—. Pensaba que habías dicho que sabías moverte por aquí.

—Sé moverme, pero pensé que podríamos ir juntos —, dijo Harry simplemente.

Seamus hizo una pausa y observó a Harry antes de sonreír de esa manera torcida suya y decir finalmente—, muy bien. Pero necesito pasar por el Gran Comedor para coger una tostada. Estoy muerto de hambre.

Con aquello, Harry supo que se le había dado una oportunidad de convertirse en amigo del chico de pelo color rubio arena, y no iba a dejar que aquel proyecto fracasase.


Pociones fue larga y ardua para Harry, el cual se vio forzado a tratar con el Profesor Slughorn haciendo ésta o aquella pregunta acerca del Señor Oscuro. No ayudó que el sexto curso al completo estuviese escuchando para saber cómo respondía a aquellas cuestiones.

Bueno, el sexto curso al completo excepto por los dos enormes guardaespaldas de Draco, que no habían sacado nota suficiente como para continuar Pociones.

Cuando no estaba interrogando a Harry, el hombre rememoraba su época enseñando a Lord Voldemort, afirmando haber sido el profesor favorito del joven. De alguna forma, Harry encontró aquello difícil de creer.

Lo que le sorprendió fue que el Profesor Slughorn había dado clase a su madre, Lily, y que le había tenido bastante cariño. Había confiado en que Harry hubiese heredado su talento en Pociones, pero el chico sólo era un poco superior a la media, como mucho.

Sentado junto a Seamus, Harry removió su poción cinco veces en el sentido de las agujas del reloj y tres veces en el sentido contrario antes de dejarla cocer a fuego lento durante unos minutos. Seamus estaba luchando con su propia poción, que se había vuelto ligeramente gelatinosa.

Harry descubrió que hacer pociones era similar a cocinar, que era algo que sabía hacer muy bien gracias a crecer con la señora Weasley. Uno tenía que seguir las instrucciones cuidadosamente y mantener la calma, y todo iría bien. Harry sin embargo sintió que había algo más aparte de eso, y que Snape probablemente tendría un ataque si escuchase simplificar su preciada materia de aquella manera, pero a Harry le funcionaba.

Por suerte la clase doble llegaba a su fin, y Harry no podía esperar a escapar al almuerzo y alejarse del ambicioso profesor. Tomó algunas muestras de su poción en su nuevo juego de frascos de cristal y observó con orgullo que tenía el color adecuado, quizá un tono o dos más claro de lo que debería. Estaba muy bien para ser la primera vez.

El Profesor Slughorn les puso como tarea escribir un corto ensayo acerca de la poción que acababan de hacer, queriendo conocer sus propiedades y usos varios. Sería para la primera lección del viernes por la mañana.

Saliendo de la mazmorra donde se impartían las clases, Harry caminó junto a Seamus, el cual estaba hablando con dos de sus buenos amigos y colegas mestizos. Los otros chicos amablemente le habían recordado Harry sus nombres, ya que él ya los había olvidado. Eran Terry Boot y Michael Corner y parecían ser muy cercanos a Seamus.

En el lado opuesto de Harry había dos chicas, gemelas, de nombre Padma y Parvati Patil que no le habían hablado demasiado salvo para reírse nerviosamente cada vez que él aparecía. Le recordaron un poco a Lavender y supo que se habrían llevado maravillosamente con ella.

Juntos, los seis incluyendo a Harry componían la presencia mestiza en el sexto curso. Muy pocos habían pasado el examen de admisión para entrar en Hogwarts, pero Harry vio que los tres chicos y las dos chicas tenían fuertes núcleos mágicos y mentes inteligentes.

Se merecían estar allí, habían demostrado ser dignos de estudiar junto a los sangres limpias. Harry no había hecho examen de admisión. Aunque sabía que lo habría superado, no le parecía bien que el Señor Oscuro hubiese tirado de algunos hilos y le hubiese matriculado sin ninguna prueba. ¡Ni siquiera había hecho sus T.I.M.O.s, por Merlín!

Daphne tiró de él para que se sentase a su lado cuando llegaron al Gran Comedor y le acomodó entre Millicent y ella. Harry observó un número bastante alto de chicas lanzando miradas por el rabillo del ojo hacia la mesa de los profesores, con el rostro ruborizado.

Siguiendo sus miradas sintió un escalofrío recorriéndole cuando divisó a Rabastan Lestrange sentado en el estrado de los profesores hablando en voz baja con la Profesora Vector, la maestra de Aritmancia. Debía haber hecho Flu hasta allí, ya que tenía sólo la clase de sexto curso tras la pausa para el almuerzo.

Harry descubrió que no podía apartar sus ojos del hombre, observando sus ojos azul cobalto y su ondulado pelo marrón.

—Veo que has localizado al Profesor Lestrange —, murmuró Daphne con una ligera sonrisa.

—¿No es de ensueño? —suspiró Pansy, mirando anhelante al guapo hombre.

—He oído decir que no está interesado en el sexo débil —puntualizó Millicent clínicamente, contemplando con agudeza al Profesor de Duelos, como si intentase diseccionarle con los ojos.

—No seas estúpida, por supuesto que está interesado en las mujeres —, replicó Pansy de forma cortante.

Queriendo ponerla en su sitio, Harry le informó suavemente—, de hecho realmente no está interesado en las mujeres.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Pansy despectivamente.

—Fue mi contratante durante un mes —, le dijo Harry con delicadeza.

El silencio cayó sobre la mesa mientras diecinueve pares de ojos se fijaban en él.

Pansy estaba allí sentada boqueando de forma poco atractiva como un pez, luchando por encontrar algo que decir. Repentinamente Parvati rió de forma tonta y le preguntó—, bueno... ¿cómo era él...? Ya sabes. En la cama —terminó la chica nerviosamente.

—No seas tan ordinaria —le gruñó Daphne, saltando para salvar a Harry de tener que responder a la pregunta.

Parvati se ruborizó mortificada, sin creerse del todo que acabase de preguntar aquello. De alguna forma se le había escapado. Pero por otro lado, era lo que todo el mundo se estaba preguntando en privado.

Arrepintiéndose de su precipitada decisión de revelar su pasada relación con Rabastan, Harry suspiró y se sentó un poco más bajo en su silla. Algunas veces simplemente no pensaba antes de actuar. Pero había estado tan ansioso de marcarle un tanto a Pansy.

Con sus ojos volviendo a la mesa de los profesores contuvo un jadeo cuando los oscuros ojos azules de Rabastan se clavaron en los suyos, emociones difíciles de identificar combatiendo en su aristocrático rostro. Harry sabía que sus mejillas estaban sonrojadas pero no pudo hallar la fuerza para apartar la mirada.

Finalmente Rabastan le dedicó una pequeña sonrisa, que Harry le devolvió lentamente, con recuerdos del ciertamente corto tiempo juntos volviendo a su mente. Ruborizándose aún más mientras algunos particularmente inapropiados pasaban por su cabeza, Harry vio un destello de ardiente deseo cruzando los ojos de Rabastan.

Harry supo dos cosas en ese momento.

Rabastan todavía se sentía atraído por él.

Y descubrió que aquello no le molestaba.


Continuará...

Nota de Autora: Así que aquí están las prometidas clases (o este caso, sólo Pociones) y el encuentro con Rabastan. En el siguiente capítulo Harry tiene su clase de Duelos y una reveladora charla con su ex-contratante...

PS: De hecho adoro a Snape, incluso aunque pueda hacerle parecer un grasiento gilipollas. ;)

Una última cosa, por desgracia el capítulo doce termina con algo de suspense, pero nada demasiado doloroso.

Drops of Nightshade x


Y hasta aquí el capítulo de hoy, ya sabéis que si queréis leer este capítulo sin censura tenéis que dirigiros a nuestra cuenta de SH.

¿Qué os ha parecido? No ha sido un capitulo para Harry, lleno de pequeñas sorpresas, entre lo de descubrir que Rabastan tiene un hijo y que no lo sabía (si llega a saber que tiene otros 2 creo que al pobre le da un yuyu XD), el sueño erótico con el Lord y descubrir que Rabastan tampoco le es indiferente...

Veremos lo que pasa en los siguientes!

Muchas gracias por vuestros comentarios!

Nos vemos en unos días

Un saludo!

Traducciones. A ver qué sale.