Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Nota de Autora:

En lo que respecta al dinero mágico en mi historia:

Knut = 1.00 $

Sickle = 10.00 $

Galeón = 100.00 $

Por lo tanto:

Diez Knuts = Un Sickle

Diez Sickles = Un Galeón

Un Galeón = Cien Knuts

Drops of Nightshade x


Capítulo Dieciséis

Hogsmeade – Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

1996


A pesar de haber sacado a Harry temporalmente de Hogwarts, parecía que su contratante todavía estaba decidido a permitir a su Cortesano visitar Gringotts y sacar una suma de dinero de su cuenta.

A causa del artículo que Lord Voldemort había autorizado, ahora había numerosos reporteros en busca del chico de ojos esmeralda. No eran tan suicidas como para intentar entrar en la Ciudadela, pero eso no les impedía husmear por el exterior de las defensas, esperando quizá descubrir al Cortesano si abandonaba el edificio.

Debido a que la identidad de Harry había salido a la luz, el Señor Oscuro había decidido aquella tarde de domingo llevar al chico a la sucursal de Gringotts en Hogsmeade en vez de a la más popular del Callejón Diagon. Para cuando los medios descubriesen que Lord Voldemort y su Cortesano estaban visitando el pequeño pueblo mágico, él calculaba que ya se habrían marchado hace mucho.

Nagini se había quedado en las habitaciones del Señor Oscuro ya que atraería al instante una atención no deseada hacia la pareja. A la serpiente le había contrariado bastante esa decisión y se había enroscado con fuerza ligeramente excesiva alrededor de Harry para demostrar su reticencia a ser retirada.

Sin embargo tras unas cuantas palabras cortantes siseadas por Lord Voldemort se había deslizado del cuerpo de Harry con evidente aire de descontento.

Los dos se habían Aparecido en la principal vía pública del pueblo mágico y habían recorrido la calle adoquinada hasta el edificio obviamente nuevo que se alzaba entre las modestas estructuras de madera y piedra que se alineaban junto al camino.

Al pasar la gente había hecho reverencias o se había inclinado profundamente ante la vista de su Señor, multitud de ojos lanzando miradas al hermoso Cortesano junto a él y susurros curiosos siguiendo a la pareja. Eran una visión impresionante, dos personas sin duda atractivas e influyentes caminando por la calle principal de Hogsmeade.

Ahora, de pie dentro del opulento Gringotts, Harry intentó por todos los medios borrar el gesto de asombro de su cara mientras miraba alrededor, observando trabajar a los duendes. El techo abovedado daba a la cámara principal una sensación de espacio extremo y las superficies de mármol pulido centelleaban bajo la luz de las lámparas.

El Señor Oscuro ignoró las incrédulas miradas que estaba recibiendo por parte de la gente que se movía a su alrededor y en vez de ello observó a su Cortesano con regocijo oculto en sus ojos carmesí. El aspecto de maravillado pasmo en el rostro de Harry era a la vez entretenido y atrayente.

—¡Harry! —le llamó alegremente una voz por encima del ligero rumor de cháchara en el edificio y ambos se giraron para localizar su origen.

Un hombre alto de pelo dorado vestido con los ropajes de un Rompedor de Maldiciones se aproximaba, sus cálidos ojos fijos en Harry con tanta intensidad que no percibió la señorial presencia junto al muchacho.

Los ojos de Lord Voldemort se estrecharon cuando vio la expresión complacida en el rostro de su Cortesano y su mirada fue del Rompedor de Maldiciones al chico de ojos color esmeralda con mal disimulado descontento.

Harry comenzó a avanzar como si fuese a encontrarse con el hombre antes de recordar en el último segundo que aquello sería bastante inapropiado considerando su compañía actual.

La ira de Lord Voldemort aumentó al ver la manera en la que el Cortesano había avanzado entusiasmado y deseoso de saludar al rubio trabajador de Gringotts. Sus penetrantes ojos rojos estaban fijos en dicho hombre, evaluándole e intentando deducir por qué conocía a Harry.

El hombre a estas alturas se había dado cuenta de que Harry no había ido allí solo, y estaba contemplando con asombro al líder de la Gran Bretaña mágica. Se detuvo a un par de metros e hizo una profunda reverencia murmurando un saludo al Señor Oscuro, sus ojos azules posándose un instante en Harry mientras se incorporaba.

—Hemos venido a recoger una suma de dinero de la bóveda del señor Potter. ¿Podría indicarnos el camino al duende disponible más cercano? —preguntó Lord Voldemort con voz cortante, sus palabras cargadas de veneno para aquel que había captado la atención de su Cortesano.

El hombre se inclinó de nuevo e hizo una respetuosa seña al Señor Oscuro para que le siguiese, caminando ligeramente tenso hasta el mostrador más cercano, donde un duende se encontraba sentado en su alta silla giratoria inspeccionando un rubí perfecto con una delicada lente.

Con una leve inclinación de cabeza en dirección al líder de la Gran Bretaña Mágica y una larga mirada dirigida a Harry, el hombre de pelo rubio se marchó.

—Saludos Griphook. Que tu oro fluya siempre —, comenzó sin preámbulos Lord Voldemort tras un vistazo suspicaz hacia su Cortesano. El formal saludo duende fluyó de su lengua con una ensayada facilidad que Harry sólo podía soñar en llegar a conseguir, incluso con su intensivo entrenamiento como Cortesano.

—Y que la fortuna le sirva bien, Mi Señor —, respondió Griphook con una amplia sonrisa que reveló un juego de dientes puntiagudos.

Harry tragó saliva ligeramente ante la visión de aquellos impresionantes colmillos que le recordaron no enemistarse con un duende. Era una suerte increíble que el Señor Oscuro hubiese hecho un pacto con las astutas criaturas que aseguraba que continuarían teniendo tratos pacíficos con los humanos a cambio de la devolución de cierto número de antiguos artefactos duende y acuerdos más justos dentro del Ministerio.

—Ya he hablado previamente contigo como Guardián de la bóveda de la familia Potter y ahora deseo sacar una suma de dinero para Harry James Potter.

—¿Tiene la llave, Mi Señor? —preguntó el duende.

De la oscuridad de su manto Lord Voldemort extrajo una pequeña llave de oro, la cual puso en el alto mostrador. Cogiendo el pequeño objeto el trabajador del banco la observó brevemente y Harry se estremeció mientras contemplaba la extraña magia duende en funcionamiento, comprobando la validez de la llave.

Satisfecho al fin, Griphook asintió con firmeza y preguntó—, ¿desea ir a ver la bóveda? ¿O prefiere que la suma de oro preestablecida sea traída al atrio?

Aunque casi todas las bóvedas de las familias mágicas estaban ubicadas en la sucursal del Callejón Diagon, la singular magia duende había habilitado un acceso desde la subdivisión de Hogsmeade del banco principal.

Aparentemente no era muy agradable de atravesar, y el Señor Oscuro ya estaba impaciente por interrogar a su Cortesano acerca de su relación con el Rompedor de Maldiciones.

—Me gustaría que el dinero fuese traído al atrio —dijo enérgicamente, ignorando los decepcionados ojos verdes clavados en él. Ya habría tiempo de ofrecer a Harry una visita guiada por Gringotts, pero aquella no era la ocasión adecuada.

Mientras Griphook se marchaba para traer el oro, Lord Voldemort, sin varita y sin palabras, lanzó varios conjuros anti-vigilancia y anti-escuchas alrededor de su Cortesano y él y entonces preguntó, directo al grano como siempre—, ¿cuál es o era tu relación con el Rompedor de Maldiciones? Y recuerda, Cortesano mío, no has recibido todavía tu primera lección de Oclumancia. Si percibo que me estás mintiendo simplemente te sacaré la verdad.

Harry tragó saliva con fuerza y miró a sus pies, repentinamente nervioso. Sabía cómo de celoso y posesivo podía ser su contratante, y sabía también que el hombre no estaría muy contento de saber el tipo de interacción que Demetrius y él habían tenido en el pasado. Pero se negaba a mentir. El Señor Oscuro vería a través de él.

—Él era mi... tutor privado en la Casa del Placer de Afrodita —, explicó Harry en voz baja, incluso aunque había visto los conjuros envolverle para evitar que la gente le escuchase.

—¿Y qué te enseñó? —preguntó Lord Voldemort, ahora peligrosamente cerca del chico, sus ojos color rubí entrecerrados.

—Cómo... complacer a mi contratante —, respondió Harry con un rubor carmesí tiñendo sus mejillas. Estaba mortificado por tener que decir aquello en voz alta.

Su turbación se evaporó sin embargo ante la mirada furiosa en los intensos ojos rojos de su contratante e intentó no parpadear cuando el Señor Oscuro le espetó—, no se te verá asociado con él de nuevo. Si cualquiera descubriese la conexión entre vosotros dos no sería un buen augurio para tu "amigo". Estoy siendo compasivo por permitir que haya tocado lo que es mío y permanezca indemne.

La pena creció en el corazón de Harry ante la idea de que se le denegase la oportunidad de tener una conexión con su pasado, de ver a un viejo amigo. Tuvo que dejarlo traslucir en su cara porque algo en el rostro de Lord Voldemort se suavizó durante un segundo aunque mantuvo la frialdad en su voz mientras hablaba.

—Es lo mejor.

Con un asentimiento vacilante, Harry aceptó las exigencias de su contratante, observando en silencio mientras el Señor Oscuro desmantelaba los conjuros que les rodeaban. Fue justo a tiempo, ya que Griphook llegó entonces con una bolsa de cuero suave en una mano.

—Aquí está la suma acordada de quince Knuts, cinco Sickles y dos Galeones para la asignación semanal del señor Potter. Por su comodidad la bolsa ha sido encantada para aceptar el pago de cada semana en domingo —, anunció el duende en un tono cortés y metódico.

Los ojos de Harry se abrieron de par en par cuando escuchó la cantidad que se le proporcionaría cada semana. Era mucho más de lo que había previsto.

Lord Voldemort cogió la bolsa que le ofrecía el duende y se la entregó a su Cortesano, el cual la tomó aturdido y la sujetó a su cinturón con un conjuro de protección y ocultación. De ninguna manera iba a perder ese dinero a manos de un ratero por su propia negligencia.

Con la pertinente formalidad, el Señor Oscuro terminó sus asuntos con Griphook y escoltó a su Cortesano fuera de las dependencias del banco, buscando con los ojos al Rompedor de Maldiciones. Sin embargo el hombre obviamente había captado la malicia dirigida hacia él y seguramente estaba tratando de pasar desapercibido por ahora.

Harry estaba dividido entre el júbilo por la cantidad de dinero que recibiría semanalmente y la tristeza por las noticias de que Demetrius estaba fuera de su alcance.

Pero el chico de ojos esmeralda estaba decidido a encontrar una manera de mantenerse en contacto con el hombre, incluso aunque eso significase ir en contra de los deseos de su contratante. Siempre cabía la posibilidad de que Demetrius pudiese ejercer como sustituto del Profesor Wester una vez más. O quizá Harry podría encontrarse con él en un fin de semana en Hogsmeade. Había multitud de oportunidades para que Harry se topase accidentalmente con el Rompedor de Maldiciones.

Y estaba deseando aprovecharse de ello.

Sin saberlo Harry, Lord Voldemort ya estaba formulando un plan para erradicar toda oportunidad de que su Cortesano y su anterior tutor se encontrasen por casualidad. No era nada demasiado insidioso, simplemente haría que el hombre fuese trasladado, quizá al extranjero.

Se negaba a permitir que el Rompedor de Maldiciones permaneciese en cualquier lugar cerca de lo que era suyo, especialmente considerando su relación pasada con el joven.

El Señor Oscuro estaba firmemente decidido a ello.


Esa misma tarde, mientras Harry se suponía que estaba escribiendo un ensayo sobre transformaciones, en realidad estaba leyendo uno de los tomos más oscuros de su contratante. Desde su encuentro con el libro negro, Harry se había interesado en descubrir cómo lo había logrado el Señor Oscuro.

Por ahora no había encontrado mención a ningún conjuro o ritual que pudiese llevar a cabo lo que Lord Voldemort había hecho, y se estaba empezando a frustrar cada vez más.

Para acabar de rematarlo, no había visto el fascinante libro desde su breve descubrimiento el día anterior. Se había distraído con la reunión de ayer por la mañana, pero desde luego se había dado cuenta de su misteriosa ausencia de la librería de su contratante cuando había vuelto.

Había sentido la abrumadora necesidad de preguntar al Señor Oscuro por su paradero, y había sido obsequiado con una calculadora mirada antes de que el hombre le respondiese ambiguamente—. Me he ocupado de él.

¿Qué significaba eso?

¿Se había dado cuenta del interés de Harry y lo había escondido? ¿O lo había destruido?

Ese pensamiento envió una punzada de angustia a través del cuerpo de Harry. Deseaba hojearlo una vez más; descubrir sus secretos.

Sintiendo cómo se formaba un dolor de cabeza, Harry suspiró disgustado y cerró el grueso tomo que había estado estudiando con un polvoriento golpe antes de ponerse en pie y devolverlo a la estantería de la esquina. En cuanto lo puso en su lugar regresó a su asiento en el escritorio del Señor Oscuro y echó una mirada a su pergamino, golpeando su seca pluma contra la página en blanco.

¿Dónde podría haber escondido el libro Lord Voldemort?

Aquellas habitaciones eran las más seguras de la Ciudadela; tenía sentido tener algo tan especial como ese volumen oculto allí. Pero Harry ya sabía que ese no era el caso.

Tan pronto como había descubierto que su magia era sensible a la presencia de Nagini, había confiado en que reaccionaría de la misma forma ante el libro. Tras recorrer las estancias de su contratante de arriba a abajo podía decir con seguridad que el tomo no estaba escondido allí.

¿Quizá había enviado el libro lejos?

¿Pero a dónde?

Con un gruñido de frustración Harry permitió que su cabeza golpease la mesa frente a él, sin saber qué hacer a continuación. No tenía ni idea de dónde había decidido el Señor Oscuro ocultar el volumen. De hecho, no tenía indicios de que el libro existiese todavía.

Sin embargo instintivamente algo dentro de Harry sabía que sentiría si Lord Voldemort lo destruyese. Tenía algún tipo de conexión inexplicable con el libro.

Ni siquiera Nagini provocaba ese anhelo en él; su aura no le llamaba como lo hacía el misterioso volumen.

Aquello asustaba e intrigaba al mismo tiempo a Harry, pero incluso a pesar de que su cerebro le susurraba que tuviese cuidado, su instinto le decía que encontrase el libro a toda costa.

Era una excelente distracción de su traumática experiencia del viernes por la noche, así como de la promesa del Señor Oscuro de una relación sexual cuando Harry estuviese preparado.

Aquellas interacciones pasaron a un segundo plano frente a la insidiosa obsesión que estaba creciendo en Harry con sorprendente rapidez.

En nombre de Merlín, ¿qué le había hecho ese libro?


Como estaba previsto, las clases terminaron pronto la tarde del lunes para prepararse ante la llegada de los estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons.

Los pasillos del castillo todavía estaban zumbando con cotilleos acerca del incidente del viernes por la noche, el cual había provocado la expulsión permanente de tres estudiantes y la ausencia temporal de otro. Estudiantes que parloteaban se dirigieron al patio exterior y al prado inclinado frente a la escuela, deseosos de ser testigos de la histórica llegada de las escuelas invitadas.

El profesorado también estaba presente, algunas de sus caras reflejando tanta curiosidad como las de sus pupilos en Hogwarts.

Era una pequeña tradición para las escuelas intentar superarse unas a otras cuando se presentaban para el Torneo. El método de transporte era celosamente guardado en estricto silencio, con el objetivo de asombrar e impresionar a la escuela anfitriona.

Por tanto, cuando el pequeño punto apareció en el horizonte, no fueron muchos los que se dieron cuenta.

Sin embargo, a medida que se acercaba al antiguo castillo, gritos de sorpresa resonaron y los estudiantes avanzaron para poder ver mejor.

Un elegante carruaje de color azul pastel estaba siendo arrastrado por el aire por un grupo de caballos voladores, que se acercaban a un ritmo constante. Charlie y Bill Weasley estaban de pie en una zona despejada de césped, aparentemente dirigiendo a los caballos para que aterrizasen.

Ambos acabaron arrojándose a un lado para evitar un final más bien truculento cuando las criaturas aladas tocaron la superficie de los terrenos del colegio. El carruaje se balanceó violentamente mientras avanzaba dando tumbos tras los enormes animales, y muchos hicieron una mueca de dolor en simpatía con los ocupantes que sin duda estaban siendo zarandeados de un lado a otro en el interior.

Recuperándose tras haberse salvado por los pelos, Bill y Charlie trataron de calmar a los caballos, acariciando sus suaves narices y murmurando de forma tranquilizadora mientras estampaban sus cascos nerviosamente y hacían cabriolas hacia atrás y hacia delante.

Toda la atención estaba fija en la puerta de la carroza, la cual finalmente se abrió tras una pausa decididamente dramática. De ella salió la mujer más alta que muchos habían visto jamás, una atractiva y refinada bruja vestida con ropajes extravagantes aunque de buen gusto.

Tras ella fluyó un mar de estudiantes vestidas con seda azul, todas moviéndose con la gracia y elegancia que muchos sangres limpias deseaban pero nunca llegaban a conseguir. Temblaban ligeramente en el gélido ambiente, sus finos uniformes incapaces de protegerlas del frío.

Mientras Snape saludaba a la increíblemente alta Directora de la forma acostumbrada, una hermosa mujer joven bajó del carruaje, sus ojos color azul aciano ligeramente preocupados. Ignoró las embobadas miradas de los estudiantes de Hogwarts, acostumbrada a lograr esa reacción a causa de su herencia Veela, y en vez de ello sopesó el problema que suponía Harry Potter.

Iba a estar ausente por un espacio de tiempo indeterminado debido a un salvaje ataque contra su persona la noche del viernes pasado.

Aquello podría complicar la cuestión.

Cuando el Director de Hogwarts la saludó como representante oficial del gobierno francés, escoltando a los estudiantes, ella le obsequió con una radiante sonrisa. Necesitaba causar buena impresión a aquellos británicos, necesitaba ganarse su confianza.

Su sonrisa se volvió ligeramente tensa cuando se dio cuenta de que su Encanto no tenía efecto en absoluto en el estoico hombre frente a ella. Así que era un Oclumante. Y uno brillante.

—Bienvenida Mademoiselle Delacour. ¿Confío en que su vuelo fuese placentero? —El seco tono del hombre indicaba una personalidad sarcástica que no estaba sobrellevando la posición como dignatario cortés particularmente bien.

Conteniendo una sonrisa divertida, la mujer de veinte años aseguró a su anfitrión que su viaje había sido agradable.

Hubo una distracción que salvó al Director de futuras interacciones, la llegada de los estudiantes de Durmstrang por medio de un barco sumergido en el corazón del gran lago junto al castillo.

Mientras los estudiantes de Hogwarts se volvían emocionados para observar este nuevo suceso y el Director se alejaba para recibir con desgana a los visitantes, Fleur permitió que su máscara cayese ligeramente.

Su antigua Directora, Madame Olympe Maxime, lanzó una mirada reconfortante en su dirección, sus cálidos ojos prometiendo todo el apoyo posible para la medio-veela en su misión. Ella estaba al tanto de que la joven estaba allí para ayudar a la Orden.

Fleur Delacour conocía sus objetivos, y el plazo de tiempo con el que contaba.

Para Julio, Harry Potter estaría libre y a salvo en Francia, lejos de las garras del Señor Oscuro.

No fallaría.


Mientras el barco de Durmstrang se deslizaba por el suave lago, sus laterales vertiendo todavía el exceso de agua, los estudiantes se asomaron a la cubierta principal, con los ojos entornados ante la brillante luz de la tarde.

Su Director, Igor Karkaroff, Mortífago leal al Oscuro Lord Voldemort estaba de pie a solas en la proa del barco, sus manos aferrando un pesado báculo de madera. Vestía con gruesos ropajes de piel que eran inapropiados para este clima más cálido. Penetrantes ojos marrones estaban fijos en el castillo, los estudiantes y el comité de recepción que se aproximaba, con una sonrisa de desdén en su escarpado rostro.

—¿Padre? —preguntó una fuerte voz.

Volviéndose ligeramente Karkaroff no pudo evitar que el orgullo se reflejase en su rostro ante la visión de su hijo de diecisiete años, Kostadin, o Kosta para abreviar. Era un fornido muchacho con los ojos de su padre y el pelo liso y moreno de su difunta madre.

—¿Qué ocurre, Kosta? —respondió Karkaroff.

—Los estudiantes han hecho los últimos preparativos. Estamos esperando tu orden para atracar.

—Muy bien, da la orden.

Kosta asintió ligeramente con la cabeza en dirección a su padre y después se alejó a paso vivo, gritando instrucciones mientras los otros estudiantes se movían con rapidez para hacer lo que él había ordenado. Como hijo del director, Kosta era envidiado y temido por sus iguales.

Mirando de nuevo en dirección a la línea de costa donde el antiguo castillo se vislumbraba en el cielo, Karkaroff sopesó los deseos de su Señor. Aunque era leal al Señor Oscuro, se le había asegurado que a pesar de todo animase al Campeón de Durmstrang para que ganase. El simple pensamiento de perder a propósito en la competición dejaba un sabor amargo en la boca de Karkaroff y por tanto se sintió aliviado de que su Señor no fuese a pedirle eso.

Al fin y al cabo él odiaba perder.

En vez de ello Lord Voldemort le había ordenado investigar a la Directora de Beauxbaton, la cual se creía que era una partidaria de la Orden, así como la delegada francesa, Delacour, hija de un portavoz declarado del grupo en Francia. El Señor Oscuro tenía razones para creer que Delacour estaba allí en una misión, pero no podía hacer nada con la joven sin que los franceses tomasen represalias.

Estarían en un punto muerto hasta que obtuviesen pruebas que demostrasen que la embajadora era una espía y quizá que la Directora era su cómplice. En cuyo caso ambas serían ejecutadas como era derecho del gobierno británico en esa situación.

Karkaroff estaba decidido a ayudar a su Señor a frustrar a los franceses y desenmascarar tanto a Delacour como a Madame Maxime en sus ocultas intenciones.

No fallaría.


Continuará...

Nota de Autora: Siento haber incluido otro personaje original, pero era necesario.

El siguiente capítulo será probablemente el anuncio de los Campeones del Torneo de los Tres Magos y el regreso de Harry a Hogwarts.

¡Gracias a todas por vuestro apoyo!

Drops of Nightshade x


Soy la única que piensa que Harry está jugando con fuego al querer ver de nuevo a Demetrius? Si el castigo por intentar comunicarse con Sirius fue el de perder su magia, miedo me da si desobedece una orden tan directa del Lord...

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¡Esperamos que os gustase!

¡Muchas gracias por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

¡Un saludo!

Traducciones. A ver qué sale.