Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Nota de Autora: Hay una deliciosa sorpresa para todas vosotras al final de capítulo... pero no os atreváis a leerla por adelantado.

Drops of Nightshade x


Capítulo Diecisiete

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería – La Ciudadela

1996


Había tenido lugar una lujosa fiesta de bienvenida para recibir a las escuelas visitantes, además de un interminable discurso por parte de un miembro de Wizengamot acerca de las normas y reglamentos que rodeaban el Torneo.

Los candidatos de diecisiete años iban a poner su nombre y escuela en un trozo de papel, el cual sería entonces introducido en el Cáliz de Fuego. Tenían hasta las seis en punto de la noche siguiente para colocar su nombre en el Cáliz. Los nombres de los Campeones serían extraídos por el Director de la escuela anfitriona, en este caso Severus, tras la cena de las siete.

En cuanto el orador finalmente descendió del estrado el rumor de charla resonó mientras los estudiantes de Hogwarts comenzaban a especular una vez más acerca de quién sería el representante de la escuela. En sus respectivas mesas los estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons se sentaban en su mayor parte en silencio.

Tras un breve y directo recordatorio por parte de Severus acerca de las reglas de la escuela, se dejó ir a los estudiantes allí reunidos. Muchos se quedaron rezagados en el Gran Comedor, ansiosos por ver quién estaba planeando ya poner su nombre en el Cáliz.

Cormac McLaggen fue el primero en cruzar pavoneándose la Línea de Edad, dedicando una sonrisita engreída a sus amigos mientras colocaba su nombre en la ardiente llama. Ellos le vitorearon mientras volvía fanfarroneando, actuando como si acabase de ganar un premio.

Unos cuantos estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons no perdieron tiempo en imitar al arrogante joven, colocando sus nombres en el Cáliz mientras recibían un cortés aplauso.

A medida que transcurría la noche, la mayoría de los estudiantes se alejaron y cuando el nombre final fue colocado en el Cáliz cerca de las once en punto, las últimas personas fueron ahuyentadas del Gran Comedor. Para evitar que el Cáliz fuese manipulado, las puertas se sellarían hasta despuntar el alba a la mañana siguiente, tras lo cual se permitiría a los estudiantes seguir colocando sus nombres para ser tenidos en cuenta.

El mismo representante de Wizengamot supervisó que los potentes encantamientos fuesen colocados en su lugar mientras echaba miradas a su reloj de bolsillo de forma impaciente. Otros dos funcionarios del Ministerio murmuraban en voz baja mientras lanzaban conjuntamente el conjuro sobre las pesadas puertas de madera.

Con un agudo click el miembro de Wizengamot cerró su reloj de bolsillo y anunció de manera autoritaria—, ¿confío en que seréis capaces de terminar aquí? Tengo asuntos que atender.

Realmente no los tenía, pero el hombre consideraba que tenía mejores cosas que hacer que supervisar a sus dos subordinados.

Intercambiando una mirada de exasperación, los funcionarios del Ministerio asintieron y observaron alejarse a su superior.

—Es un maldito inútil —, gruñó uno de ellos mientras giraba su varita en círculos en un movimiento repetitivo.

Su compañero, demasiado ocupado con su propia parte del hechizo, simplemente refunfuñó afirmativamente.

Después de eso continuaron con el complejo encantamiento en silencio, sus varitas moviéndose al unísono mientras colocaban la protección de forma que nadie pudiese entrar en el Gran Comedor hasta que el conjuro fuese roto a la mañana siguiente.

Cuando terminaron, los dos funcionarios se desplomaron exhaustos y se dedicaron el uno al otro sonrisas fatigadas de triunfo ante el impresionante hechizo que habían tejido entre ambos. Volviéndose y preparándose para acomodarse para una noche de vigilancia insomne, ambos se detuvieron en seco cuando vieron a la persona de pie frente a ellos.

Con una tímida, seductora sonrisa, Fleur Delacour activó al máximo el poder de su Encanto Veela.

—¿No os importaguía abrig esas puegtas para mí, vegdad? —, ronroneó, su voz entrelazada con poder hipnótico.

Los funcionarios tropezaron el uno con el otro para hacer lo que ella había pedido.


Bill Weasley bostezó mientras caminaba hacia la entrada principal de castillo, frotando sus ojos cansinamente mientras intentaba por todos los medios mantenerse despierto. Aquella era la cuarta noche seguida que se quedaba hasta tarde, y no quería más que llegar a las dependencias de los Sirvientes y derrumbarse sobre su cama.

Su padre le había pedido ayuda una vez más en una de sus más delicadas invenciones y Bill no había tenido el valor para rechazar el ruego del hombre. Sólo había una pequeña cama en la esquina del taller y Bill había insistido a su padre para que la usase después de que hubiesen terminado por aquella noche, lo que había provocado que él estuviese ahora recorriendo los terrenos de la escuela.

Cuando el alto pelirrojo llegó a las puertas del vestíbulo esperó mientras el conjuro en la superficie de madera leía su collar de Sirviente y le confirmaba como residente de Hogwarts.

Con un crujido quejumbroso las enormes puertas giraron hacia dentro, permitiéndole el acceso al atrio. Casi tropezando de cansancio, Bill se dirigió hacia el pasadizo parcialmente oculto para los Sirvientes que le llevaría directamente a las cocinas.

Con sus pensamientos llenos por nada más que la tentadora promesa del sueño, Bill en un principio pasó por alto a los funcionarios del Ministerio de mirada vacía que estaban de pie junto a las puertas del Gran Comedor.

Las puertas del Gran Comedor que deberían estar selladas hasta el amanecer.

Quedándose inmóvil en el sitio, Bill se giró para escrutar de manera incrédula la abertura, parpadeando unas cuantas veces para asegurarse de que aquello no era algún tipo de alucinación debida a su estado de extenuación. ¿Qué demonios estaba pasando?

Él, como cualquier otro habitante del castillo, sabía que para evitar que alguien manipulase el Torneo, era indispensable que el Gran Comedor permaneciese sellado y vigilado a lo largo de la noche.

Pero ahora las puertas estaban abiertas de par en par y los supuestos guardias estaban de pie en el exterior con la boca abierta como si ambos hubiesen recibido demasiados golpes en la cabeza.

Aproximándose a ellos cautelosamente, el pelirrojo probó a agitar su mano frente a uno de los rostros. El funcionario ni siquiera se inmutó.

Bill no estaba especialmente familiarizado con la magia, pero desde luego no había visto jamás un conjuro como aquel. Entonces otro pensamiento le asaltó mientras miraba ansiosamente más allá de los guardias incapacitados hacia el interior del sombrío Gran Comedor. Quienquiera que les hubiese hecho esto podía seguir dentro, haciendo quién sabe qué.

¿Qué debería hacer?

Antes de que Bill pudiese elaborar un plan, hubo un parpadeo de movimiento desde el interior del Gran Comedor y actuó de forma instintiva. Ocultándose en la sombra de la Gran Escalera, el Sirviente observó mientras una figura salía de la enorme habitación, deteniéndose junto a los guardias.

No podía ver el rostro de la persona, pero a juzgar por sus formas se trataba de una mujer. Las siguientes palabras confirmaron esta teoría.

—Voy a necesitag que los dos ceguéis de nuevo. Después de eso, podéis simplemente olvidag que esto ha ocuguido siquiera —la suave y poderosa voz ordenó con un apreciable acento francés.

Bill se estremeció ante el sonido, sintiendo el repentino impulso de mostrarse a la mujer desconocida. Sintió una oleada de atracción hacia ella, ¡y ni siquiera había visto su cara, por Merlín!

Observó mientras los dos guardias caminaban encorvados hasta las puertas y comenzaban a tejer un conjuro, con sus rostros ojerosos por el cansancio mientras lo realizaban. La mujer se quedó de pie tras ellos, observando impasible sus esfuerzos mientras luchaban por completar el encantamiento.

Bill estaba conteniendo el aliento, casi temeroso de que la mujer con aquellos aterradores poderes de persuasión pudiese escuchar de alguna forma su ligera respiración o su corazón latiendo acelerado. Cada golpe en su pecho sonaba como un trueno en los oídos de Bill.

Los funcionarios del Ministerio terminaron al fin, cayendo de rodillas e intentando débilmente ponerse en pie de nuevo. La mujer avanzó y empujó las puertas selladas como si las probase antes de retroceder con satisfacción. Giró sobre sus talones y abandonó a los dos hombres donde estaban, todavía luchando por ponerse en pie.

Bill se puso tenso cuando la mujer se aproximó al lugar en el que estaba escondido, camino de las puertas de entrada. Se aseguró de que estaba totalmente oculto en las sombras mientras ella se acercaba. Su rostro estaba en el ángulo equivocado para lograr verla bien, desafortunadamente.

¿Si estaba dirigiéndose al exterior significaba que pertenecía al grupo de Beauxbatons? Su acento francés ciertamente lo indicaba.

Esa línea de pensamiento fue abruptamente interrumpida cuando Bill se encontró siendo arrastrado a la fuerza del lugar en el que estaba oculto y golpeado contra un implacable muro de piedra. La mujer le había encontrado.

Un rostro tan terrorífico como absolutamente espectacular llenó su campo de visión y Bill no pudo hacer nada más que quedarse con la boca abierta ante la hermosa mujer que ahora le tenía brutalmente clavado contra el muro.

—¿Cuánto has visto? —le espetó.

Bill se sintió inexplicablemente impelido a contestar con sinceridad, y lo hizo respondiendo de forma rápida y metódica—, he estado aquí todo el tiempo. Lo he visto todo.

Cerró su mandíbula de golpe con una expresión de horror en su cara por revelar tanto. Era esa mujer y sus malditos poderes, hipnotizándole tal y como había hecho con los pobres funcionarios del Ministerio todavía tirados en el suelo.

—Me lo imaginaba —, siseó ella y Bill tuvo una sensación de desasosiego en su estómago.

Antes de que la letal mujer pudiese hacer nada para herirle, Bill notó el medallón de la Orden del Fénix en el bolsillo de su túnica gris calentándose, tanto que comenzó a quemar la tela a su alrededor.

Obviamente la mujer también lo sintió porque sus ojos azules se abrieron de par en par y soltó a Bill como si hubiese recibido una descarga eléctrica.

—¿Tú estás con la Orden? —preguntó ella con incredulidad tras lanzar rápidamente algún tipo de conjuro anti-espionaje alrededor de ambos.

Debido a los avanzados conjuros de detección de la moneda de oro, la única forma en la que la mujer pudiese haber sentido el medallón ardiente era si ella misma era un miembro de la Orden. Así que Bill metió la mano en su bolsillo y sacó la moneda de oro grabada con un fénix, enseñándosela a la mujer y mirándola nerviosamente.

Ella la tocó brevemente y entonces lanzó una mirada a Bill con expresión arrepentida en el rostro—. Pegdóname, no sabía que tú también egas miembro.

—¿Tú también entonces? —preguntó él un poco sin aliento. La mujer era increíblemente atractiva después de todo. Por no mencionar extremadamente terrorífica cuando se enfadaba.

—Oui —, replicó ella, sacando un medallón idéntico de su bolsillo. Tras permitir a Bill verlo, volvió a ponerlo en su sitio cuidadosamente y se dirigió a él con seriedad—. ¿Asumo que egues del clan de los Weasley? Me informagon de que se os habían entregado medallones para escapag cuando fuese el momento adecuado.

—Sí, mi nombre es Bill Weasley —. Por la fuerza de la costumbre que su madre había inculcado en él, Bill tendió su mano a la mujer. Se sonrojó mientras ella echaba una mirada hacia el apéndice ofrecido antes de tomarlo con su propia mano delicadamente.

—Es un placeg. Soy Fleur Delacour, guepresentante del gobiegno francés. También soy miembro encubiegto de la Orden.

Era un bonito nombre y Bill decidió que resultaba adecuado para ella.

Sabiendo que no debía cuestionar sus movimientos de esa noche, Bill prefirió preguntar—, ¿va a hacer la Orden su movimiento finalmente? —El cálido resplandor de la expectación comenzó a agitarse en él. ¿Por qué otro motivo estaría ella allí?

Fleur le obsequió una bella sonrisa pero sus duros ojos revelaron su letal naturaleza oculta. Le respondió con firmeza y aire de triunfo—, pog fin lo haguemos. Es hoga de que el Señor Oscuro caiga.

Bill no pudo evitar sentirse impactado por su fuerza y su pasión.

Acababa de conocerla.

Y ya estaba totalmente enamorado.

Merlín.


Era lunes por la noche y Harry estaba acurrucado en la biblioteca de la Ciudadela, inclinado sobre otro libro Oscuro más para averiguar cómo había logrado su contratante separar fragmentos de sí mismo y colocarnos en objetos tanto inanimados como animados.

Se había resignado ante el hecho de que no tenía pistas acerca del pequeño libro negro, y a pesar de lo dolorosamente duro que era, decidió apartarlo a un lado y en vez de ello concentrarse únicamente en determinar qué era exactamente dicho libro.

Echando un vistazo al reloj mágico en el muro Harry se mordió el labio al darse cuenta de que era cerca de medianoche. Realmente debería descansar algo considerando que haría su reaparición en Hogwarts mañana por la noche en la proclamación de los Campeones.

Nagini estaba enroscada alrededor de su cuerpo y del sofá en el que Harry se había acomodado, manteniendo un alerta aunque adormilado ojo en los alrededores mientras le protegía en ausencia de su maestro. Su cabeza de forma triangular descansaba en su lugar habitual sobre el corazón de Harry.

El joven Cortesano se estaba acostumbrando a la enorme serpiente tras verse obligado a ese contacto íntimo a lo largo de los últimos días. Su aprensión todavía seguía allí pero se relajaba más y más cada día.

Su inteligencia era innegable y Harry observaba a menudo cómo ella podía hacer sonreír al Señor Oscuro de aquella forma afilada suya, su labios curvándose con regocijo. Si tan sólo pudiese comprender qué se estaba diciendo cuando ella tenía esas largas conversaciones siseadas con su contratante.

Como si el pensamiento acerca del hombre le hubiese invocado, Lord Voldemort entró en la biblioteca y se aproximó al Cortesano, sus ojos carmesí tan atentos como siempre.

—Deberías estar en la cama, Harry —, comentó mientras se detenía junto al chico, el cual cerró delicadamente el tomo que estaba leyendo para dedicar a su contratante toda su atención.

—Perdí la noción del tiempo, Mi Señor —, explicó Harry arrepentido, siguiendo el lomo del libro con sus dedos de forma ausente.

Lord Voldemort siguió el movimiento de su mano y sus ojos rojos se tornaron pensativos mientras leía el título del libro que Harry había estado estudiando antes de su entrada.

—¿Te interesas por las Artes Oscuras? —preguntó con curiosidad.

Lord Voldemort siempre había tenido la intención de instruir a su pupilo en los secretos de la Oscuridad, cuando estimase que estaba preparado para manejar las formas más complejas de magia, y por ahora sólo le había enseñado principalmente técnicas mágicas de la Luz. Sabía que a Harry se le estaba impartiendo una introducción a la teoría de la magia Oscura en la escuela, como era obligatorio para los estudiantes de Hogwarts, pero los alumnos sólo comenzaban a aprender realmente al final de su séptimo año, cuando sus núcleos mágicos estaban más estabilizados.

El Señor Oscuro por supuesto había comenzado a profundizar en el difícil arte a la tierna edad de catorce, pero él era un prodigio en todos los sentidos, su núcleo interior ya maduro para cuando llegó al tercer curso del colegio.

—Es un desafío mayor que dominar la magia de la Luz —, respondió Harry tan diplomáticamente como siempre. No tocó el tema de que la magia Oscura podía ser usada para hacer mucho daño, teniendo en cuenta en compañía de quién estaba.

Hundiéndose en el sofá junto a Harry, Lord Voldemort cruzó sus piernas de forma elegante y preguntó a su Cortesano—, ¿cómo es eso?

Él naturalmente sabía la respuesta, pero tenía curiosidad por descubrir cuánto había reflexionado el chico de dieciséis años acerca del tema. Harry tenía talento con la magia, y un innegable poder natural, pero todavía tenía que pulirlo y refinarlo. Intelectualmente era superior a la media, quizá no a la par del Señor Oscuro pero sin duda no era ningún estúpido.

Lord Voldemort tenía todavía que enzarzarse con su Cortesano en un verdadero debate, para comprobar hacia dónde se inclinaban sus opiniones. Con un repentino destello de comprensión, el Señor Oscuro se dio cuenta de que no estaba tan familiarizado con Harry le gustaría. Si el muchacho fuese simplemente otra cara bonita no habría dudado en tomar lo que quería y descartarle después. Algo aparte del aspecto del chico y de su poder mágico le habían atraído a él.

Estaba decidido a descubrir qué era, con el tiempo.

Inclinando su cabeza a un lado Harry respondió con cautela—, la magia Oscura es más poderosa que la magia de la Luz ya que está conectada directamente con las emociones de la bruja o el mago. Muy pocos pueden controlar sus emociones lo suficiente como para llegar a dominarla. La magia de la Luz por otro lado es más débil pero fácil de controlar totalmente. Es mucho menos volátil que la magia Oscura.

Una respuesta segura, una aprobada por el plan de estudios de Teoría de la Magia Oscura. Pero Lord Voldemort quería una respuesta personal por parte del joven.

—¿Te ves a ti mismo utilizando magia Oscura?

Para su satisfacción Harry no le dio una respuesta inmediatamente, y en vez de ello meditó sobre la cuestión cuidadosamente antes de replicar—. Sí, creo que puedo. Pero sería tremendamente difícil para mí dominar mis emociones. Necesitaría mucho entrenamiento y práctica para tener algún margen de maniobra.

Lord Voldemort asintió y entonces ahondó en lo siguiente que deseaba preguntar a Harry—. ¿Qué hay acerca de la Oscuridad ganase la guerra? Si eso no hubiese ocurrido, el tema sería todavía tabú en la sociedad —. Se estaba deslizando lentamente hacia el verdadero asunto que quería discutir.

—Es cierto que si la Luz hubiese ganado la gente todavía estaría falta de conocimientos sobre un arte peligroso pero sin embargo útil. Por lo tanto teniendo en cuenta el equilibrio universal es algo bueno que la Oscuridad ganase. Sin embargo las repercusiones en el mundo en el que ahora vivimos... —Harry se detuvo sintiéndose culpable, dándose cuenta de que había estado a punto de insultar el sistema del Señor Oscuro.

Pero por fin había llegado al punto que Lord Voldemort había estado esperando desde que había iniciado esa conversación.

—Sé que tu respuesta será subjetiva, pero deseo conocer tus pensamientos acerca de la sociedad en la que vivimos.

Harry le miró fijamente, sus ojos color esmeralda atentos como esperando algún tipo de trampa—. Es... eficiente en mantener el orden —comenzó cautelosamente—. El sistema hace difícil que las rebeliones se lleguen a producir, lo que se traduce en que la Oscuridad mantiene el poder —. Cerró su boca y esperó a que el Señor Oscuro respondiese.

—Sí, ¿pero cuales son tus pensamientos acerca de ello, Harry? —le apremió Lord Voldemort.

El Cortesano apretó sus dientes y finalmente habló, las palabras brotando repentinamente de una parte en su interior que odiaba con saña su destino en la vida, una parte que siempre había estado ahí.

—Pienso que es una barbarie —, declaró fríamente.

Harry se armó de valor y miró osadamente a los ojos carmesí del Señor Oscuro, decidiendo permitir al hombre entrar en su mente. Sintió un breve destello en sus pensamientos superficiales mientras su contratante confirmaba que las palabras que Harry había dicho eran ciertas y su más íntima opinión sobre la materia.

—¿Te importaría ser más explícito? —preguntó el Señor Oscuro con calma, sin revelar ninguno de sus propios sentimientos.

Como las compuertas se habían abierto, Harry dejó a un lado la precaución y permitió que las palabras se derramasen—. ¿Cómo puede justificar el sistema? La gente empujada a lo que básicamente es trabajo esclavo, sin ninguna promesa de un futuro mejor por delante, negándoles una educación básica. Chicas jóvenes llevadas como ganado para ser compradas y criadas. Niños, simples niños forzados a entregar sus cuerpos para el placer de sus contratantes. Hay un término para eso. Podemos haberle dado en nombre de "Cortesano". Pero no somos más que esclavos sexuales. No está bien. Nunca lo ha estado y nunca lo estará.

El pecho de Harry se agitaba con pasión mientras se liberaba de todo.

—Los nacidos de muggles son arrancados de sus hogares y sus familias y arrojados a un mundo que ya les ha maldecido. Los mestizos son sujetos a humillantes exámenes de entrada, como si el hecho de que su sangre esté diluida pudiese de alguna forma disminuir su inteligencia. Los sangres limpias disfrutan de una vida de privilegios mientras la gente se muere de hambre en las calles intentando ganarse la vida.
El sistema entero... me pone enfermo. ¿Todos somos seres humanos, no es cierto? ¿Entonces por qué a algunos se les permite la libertad y a otros se les niega?

Harry hizo una pausa al darse cuenta de que sus ojos estaban comenzando a arder con la promesa de lágrimas encolerizadas, y parpadeó furiosamente para alejarlas mientras se preparaba para el castigo que sin duda llegaría. Pero había merecido la pena.

—¿Yo te pongo enfermo entonces? —preguntó de forma inesperada el Señor Oscuro, con un expresión indescifrable en su hermoso rostro.

Harry se quedó helado y le miró fijamente. No había previsto esa pregunta.

¿Le enfermaba Lord Voldemort?

La respuesta a eso era no. ¿Cómo podría, cuando sentía aquellas emociones traicioneras en su interior que le hacían desear al hombre? Desear algo más allá de una relación física.

—No —susurró Harry.

El Señor Oscuro sabía que había dicho que le daría tiempo a Harry, que dejaría al joven decidir cuándo estaba listo para entablar relaciones más íntimas.

Pero ver la pura emoción en aquellos devastadores ojos color esmeralda, escuchar aquel entrecortado "No" susurrado en un tembloroso aliento, Lord Voldemort por una vez ignoró a su cerebro y se dejó llevar por su deseo.

Inclinándose, el Oscuro Lord Voldemort besó a Harry Potter.


Continuará...


Nota de Autora. Siento mucho dejaros aquí... pero os aseguro de que mi próxima actualización llegará pronto y acabará con vuestro sufrimiento por saber cómo reacciona Harry a este... erm... desarrollo de los acontecimientos.

Gracias a todas por vuestras reseñas y apoyo.

Drops of Nightshade


¡Beso! ¡Beso! *_*

¡Por fin uno de los dos se mueve! Ahora sólo falta saber cómo reaccionará Harry ante ese acercamiento del Lord.

Aaaah! Estoy deseando leer el siguiente ¿vosotras no? XD

Por otro lado tenemos a Fleur haciendo de las suyas (no es por ser mala, pero por favor, ¡que alguien la detenga!)

¡Muchas gracias por vuestros comentarios!

¡Nos vemos en el siguiente!

Un saludo ^^

Traducciones. A ver qué sale.