Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción:
Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original:
s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.

¡Muchas gracias! ^_^


Nota de Autora: Es importante que leáis esto. Me gustaría que todas tuvieseis en cuenta de que Fleur Delacour y la Orden al completo no tienen ni idea de que la unión de núcleos puede ser usada para escapar del contrato mágicamente vinculante del Torneo. Es una magia antigua, e incluso aunque surgiese como una posibilidad sería descartada porque ¿quién creería que un servil sería obsequiado con una ceremonia de vinculación? Ellos subestiman la importancia de Harry. En la actualidad Fleur y la Orden creen que a Harry se le va a extirpar su magia permanentemente. Tened eso en mente mientras leéis este capítulo y los posteriores.

Drops of Nightshade x


Capítulo Veintiuno

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

1996


Fleur Delacour logró mantener una fachada exterior de calma durante el viaje desde la cámara del Campeón hasta el carruaje de Beauxbatons, para beneficio de los ojos vigilantes sobre ella, pero en el momento en el que estuvo oculta y a salvo en la privacidad de su habitación su rostro se retorció con rabia y emitió un grito frustrado.

Sus planes, los planes de la Orden, se estaban desintegrando a un ritmo alarmante.

Había sido tan hermosamente simple.

Acompañar al grupo de Beauxbatons. Manipular el Cáliz. Poner el nombre de Harry Potter dentro. Ayudarle a ganar el Torneo. Crear un Traslador con la Copa de los Tres Magos. Transportar a Harry a Francia.

Regresar a casa con la misión habiendo sido un éxito.

Era un plan plagado de fallos, pero Fleur y los líderes de la Orden habían estado seguros de que esas preocupaciones no surgirían hasta más adelante en la misión. Nunca habían previsto que el Señor Oscuro fuese tan odioso, tan vil que preferiría arrancar la magia de Harry Potter antes que permitirle que compitiese.

El chico podía considerarse muerto.

Inspirando profundamente unas cuantas veces para calmarse, con su pecho subiendo y bajando con impotente furia, Fleur permitió que sus emociones se asentasen y puso su inteligente cerebro a trabajar.

Habría una investigación sobre la manipulación del Cáliz; de eso no había duda. Se había preparado para la eventualidad y estaba segura de que ninguna culpa podría ser dirigida hacia ella.

La Primera Prueba no era hasta el veinticuatro de Noviembre lo que le daba un margen de tiempo de aproximadamente dos meses para encontrar otra forma de rescatar a Harry Potter y llevarle sano y salvo con la Orden. Sin embargo había bastantes probabilidades de que el Señor Oscuro actuase antes. Si ella iba a lograr que la misión tuviese éxito, necesitaba moverse rápidamente y con decisión.

Los medallones de la Orden que habían sido distribuidos gradualmente a lo largo de los últimos años entre las castas de los serviles y los mestizos estaban esperando a ser activados. Encantados por el propio Albus Dumbledore antes de su derrota a manos del Señor Oscuro, las monedas no sólo quemarían en presencia de otro miembro de la Orden, sino que cuando fuese el momento adecuado, serían la clave para rescatar a los partidarios de la Orden atrapados en Gran Bretaña en la sociedad de Voldemort.

No había posibilidad de que una de esas monedas llegase a Harry, ya que estaba casi constantemente en presencia del Señor Oscuro y la Orden se había dado cuenta de que aunque los medallones estaban ocultos a ojos hostiles, el poder puro de Voldemort sería capaz de detectarlos tras un tiempo en estrecho contacto. No sólo arriesgarían toda la operación obsequiando al chico con un medallón, sino también la vida de Harry estaría en peligro si el Señor Oscuro le descubriese con una moneda de la Orden en su poder. Cualquier otro plan para hacer desaparecer misteriosamente al chico era fútil, ya que estaba oculto a buen recaudo tras las protecciones de Hogwarts o tras las de la Ciudadela.

Lo cual les había dejado con el plan del Torneo de los Tres Magos.

Una imagen de Bill Weasley apareció en la mente de Fleur y un fruncimiento deslució la frente de la joven mientras reflexionaba sobre el clan pelirrojo y sus hijos adoptivos. Las amplias protecciones de Hogwarts no sólo hacían imposible para ellos recuperar a Harry Potter sino que también anulaban los efectos de los medallones de la Orden.

Si la familia Sirviente deseaba huir de Gran Bretaña necesitaban encontrar algún método para escapar inadvertidamente de Hogwarts para permitir que sus monedas se activasen correctamente. Fleur sabía que otros miembros de la Orden habían estado en contacto con la familia, para entregarles las monedas y darles una estimación aproximada de cuándo serían activados los medallones.

Eso había sido antes de que el plan original fuese destruido debido a la crueldad del Señor Oscuro. Se pensaba activar las monedas unas horas después de que Harry Potter fuese transportado por el Traslador de la Copa, al finalizar la Tercera Prueba, en Junio.

Pero ahora que Harry Potter no iba a competir, no sólo tendrían que adelantar el plan de rescate del chico, sino también el de los seguidores de la Orden allí en Gran Bretaña.

No por primera vez, ni tampoco por última, Fleur se preguntó qué hacía al chico tan especial que la Orden estaba deseando arriesgar todo para que fuese rescatado. Ella entendía que era el hijo de dos miembros fallecidos, por no mencionar que era el hijo adoptivo del clan Weasley, pero poner en peligro las vidas de todos los partidarios atrapados en Gran Bretaña por un muchacho parecía...

Ridículo. Temerario. Completa y absolutamente estúpido.

Tenía que haber algo más, alguna otra razón que hacía que los altos mandos estuviesen tan desesperados por poner sus manos sobre él. Pero se guardaban sus motivos para ellos, dejando a Fleur y a la mayor parte de la Orden en la oscuridad acerca de por qué se estaba poniendo tanto empeño en rescatar a un chico.

Era exasperante.

Pero Fleur estaba decidida a llevar su misión hasta el final. La Orden necesitaba a Harry Potter. Ella no sabía por qué, pero su cometido había quedado perfectamente claro. Recuperar a Harry Potter y llevarle a Francia. Sólo entonces las monedas serían activadas y el resto de los seguidores de la Orden serían finalmente rescatados, cuando los altos mandos estuviesen satisfechos con Harry Potter en su poder.

Que estuviesen dispuestos a posponer la activación de los medallones por el chico hacía que Fleur apretase sus puños de furia ante la idiotez de tal acto. Obviamente temían que si los partidarios de la Orden eran rescatados antes que el chico, la seguridad a su alrededor aumentaría y haría imposible acercarse lo suficiente como para recuperarle.

Así que tendría que moverse rápido, no sólo por el bien de la operación, sino también de cada seguidor de la Orden aprisionado por la retorcida sociedad del Señor Oscuro. Si Harry Potter no era rescatado, entonces ninguna otra persona lo sería.

Una frase cruzó de forma siniestra la mente de Fleur y se estremeció ligeramente.

Es por un bien mayor.

Fuese lo que fuese ese bien mayor.


Cuando Harry se despertó fue para encontrarse un cuerpo dolorido y una cama vacía.

Sabía que no debería sentirse decepcionado de que el Señor Oscuro no se hubiese quedado toda la noche, pero la decepción por la situación todavía permanecía.

Estirando su cuerpo entumecido a modo de prueba, siseando ligeramente mientras algunos músculos en desuso le daban pinchazos de manera desagradable, Harry echó un vistazo por el dormitorio principal. Una botella de cristal llamó su atención, sobre la mesa junto a la cama.

Alargando la mano la cogió, inclinándola para poder leer la etiqueta pegada alrededor del cuello. Era una poción calmante para músculos doloridos. Bajo la lista de ingredientes había un tipo de escritura con la que Harry se había familiarizado.

Después de beber la poción llama a uno de los elfos domésticos para que te prepare el desayuno. Tengo asuntos que atender hoy, pero espero que aparezcas al menos a las dos últimas clases del día.

Lord Voldemort

Gruñendo con fastidio por tener que ir hoy a la escuela, sólo por dos clases, Harry descorchó la botella tras comprobar brevemente su contenido con su magia. No es que esperase que su contratante envenenase el preparado, pero uno nunca podía estar seguro de si alguien lo había manipulado después de que Lord Voldemort lo hubiese dejado allí.

Cuando hubo confirmado que realmente no era más que un calmante muscular, Harry lo bebió de un trago y suspiró con satisfecho alivio mientras su cuerpo se relajaba en el suave confort de la cama. Estaba contento de que el Señor Oscuro hubiese sido lo bastante considerado como para recordar proporcionarle una poción de ese tipo.

Tras languidecer en la cama durante un rato, Harry finalmente se arrastró fuera, notando complacido que los dolores que había estado sintiendo habían desaparecido por completo. Llamando a un elfo doméstico, ordenó un desayuno de tamaño considerable, hambriento tras sus actividades de la noche anterior.

Con sus ojos color esmeralda oscureciéndose ligeramente de deseo mientras recordaba lo que había ocurrido, Harry se desplazó hasta el espejo de cuerpo entero en la esquina de la habitación, con la sábana de la cama envolviendo su cuerpo.

Durante unos instantes contempló su reflejo con sorpresa.

Había chupetones esparcidos por su torso y sus hombros, subiendo furtivamente por la delgada columna de su garganta. Se veían de forma bastante clara contra su pálida piel, inconfundibles para aquellos que supiesen lo que estaban buscando.

Asustado de repente, Harry colocó su mano contra su cuello como para esconder las marcas. No se sentía avergonzado por ellas; al contrario, más bien le excitaba por lo posesivo que había tras la acción.

Pero estaba genuinamente preocupado por abandonar la habitación con algunas de las señales al descubierto, sin duda visibles sobre el cuello de sus ropas escolares.

Entonces el pánico se fue tan rápido como había llegado, y Harry dejó escapar una vacilante risa ante su propia estupidez. Él era un mago, ¿no? Era muy simple lanzar un conjuro de glamour y ocultar las marcas de mordiscos en su cuello. Ni siquiera necesitaba su varita para realizar un hechizo tan simple.

Recurriendo a su magia, Harry agitó su mano sobre su cuello, observando mientras los chupetones desaparecían bajo los efectos del encantamiento.

Todos menos uno.

Con el ceño fruncido por la concentración, Harry pasó su mano sobre la marca testaruda en el lateral de su cuello, en su yugular. Canalizando su magia deseó que el chupetón desapareciese junto con el resto.

Pero éste permaneció tenazmente visible.

Mirando con incredulidad al chupetón que permanecía sobre su piel de una forma bastante pagada de sí misma, Harry gruñó para sí mismo y permitió que su magia emergiese una vez más. Era como si la marca tuviese una mente propia.

La magia inundó su cuerpo y después se derramó por la habitación cuando descubrió que no podía completar la acción de eliminar un simple chupetón. El espejo se rompió, dejando caer fragmentos de cristal sobre el suelo alfombrado y la ventana de la habitación se abrió de golpe permitiendo que entrase una ráfaga de fresco viento de otoño.

Contemplando perplejo el repentino desastre a su alrededor, Harry encontró un pedazo de espejo todavía unido al marco de madera y rápidamente comprobó su cuello en busca del maldito chupetón.

Todavía estaba allí.

A punto de lanzar otro ataque con su magia, Harry titubeó mientras la marca comenzaba lentamente a desvanecerse. No desapareció del todo, pero palideció de forma que se mezcló mejor con la piel de su cuello. Aceptando ese término medio, Harry agitó su mano y reparó el espejo, cerrando la ventana simultáneamente con un destello de magia.

En cuanto la habitación estuvo en orden, Harry se dio cuenta de la pegajosidad entre sus piernas y su cuerpo viscoso por la noche anterior. Decidiendo que el desayuno podía esperar, fue rápidamente a limpiarse y tomar una ducha.

Mientras permanecía bajo el agua caliente, se concedió a sí mismo un momento para emitir un suspiro de alivio porque no hubiese habido repercusiones graves de su decisión de acostarse con su contratante la noche anterior. No había sido dejado de lado y había sido capaz de entregarse a su pasión sin arriesgarse a revelar sus verdaderos sentimientos por el Señor Oscuro.

Con ese arreglo se sentía saciado, de momento.

Los ojos de Harry se abrieron repentinamente al recordar la ceremonia de unión de núcleos propuesta, de aquí en cuatro días. ¿Cómo podía haber olvidado un acontecimiento tan importante?

Había que admitir que había sido planificada bastante rápido, pero esa no era excusa para que todo pensamiento sobre ella abandonase su mente. Era una ceremonia que sin duda cambiaría su vida.

Estaba preocupado por ella, pero al mismo tiempo sabía que realmente no tenía otra opción que participar en el ritual. Parte de la preocupación venía de su falta de conocimiento acerca de la ceremonia y de los efectos en general que la unión tendría en él.

Decidiendo hacer algo de investigación en la biblioteca de Hogwarts después de que el colegio hubiese concluido, Harry tomó aire profundamente varias veces y se permitió una leve sonrisa, volviendo sus pensamientos a sus clases.

Estaría bien ver a sus amigos de nuevo después de su larga ausencia.


Antes del almuerzo Harry fue hasta las dependencias de los Sirvientes y fue objeto de la asfixiante preocupación de la Señora Weasley por el ataque sobre su persona de la semana anterior. El resto de su familia adoptiva logró expresar su angustia de una manera bastante menos avasalladora, pero aún así ver sus disgustados ojos clavados en él hizo que Harry se sintiese incómodo.

La Señora Weasley había querido que se quedase a almorzar, sin duda pretendiendo cebarle con un verdadero banquete, pero Harry consiguió maniobrar para evitar quedarse. No es que no quisiese pasar tiempo con su familia adoptiva; se preocupaba mucho por todos ellos.

Pero ver sus expresiones preocupadas y sus cautelosas actitudes a su alrededor era agotador, y sentía como si hubiese una barrera invisible aumentando entre ellos. Caminaban a su alrededor como si fuese un frágil cristal a punto de romperse ante la menor provocación.

Ron había empezado antes a hacer una pregunta sobre Smith y había sido frenéticamente acallado por su madre, como si la mera mención del atacante de Harry fuese a provocar que el muchacho tuviese una crisis nerviosa.

Los gemelos estaban relativamente normales a su alrededor pero sus verdaderos sentimientos se revelaban en lo apretado de sus labios y en el tono ligeramente forzado de sus habitualmente libres risas.

Harry sabía que estaba siendo ingrato ante la preocupación de su familia adoptiva por él, pero ya era bastante duro lidiar con el hecho del intento de violación sin que su familia llamase la atención sobre él. Había estado fuera durante tres años; había olvidado cuánto podía quejarse la Señora Weasley, lo estrechamente unida que estaba la familia.

Sabía que todavía era aceptado en el clan Weasley, pero su ausencia ciertamente había abierto una brecha entre ellos. Harry había experimentado cosas más allá de su comprensión y ellos lo sabían. Era por eso que Ron y él ya no eran tan íntimos, porqué apenas interactuaba con sus hermanos mayores. Era triste, pero era la verdad.

Siempre serían su familia, siempre serían gente especial para él. Pero probablemente nunca compartiría el nivel de lazos familiares que había tenido antes de que le enviasen a convertirse en Cortesano.

Abandonando las dependencias de los Sirvientes, Harry casi pasó sin darse cuenta junto a la chica que se apoyaba de forma casual contra el muro de piedra en el exterior de la cocina principal. Volviéndose sorprendido, se encontró cara a cara con Luna Lovegood, la cual le ofreció una serena sonrisa mientras se apartaba del muro y se aproximaba a él.

—Hola Harry —, dijo ella plácidamente.

—Luna, ¿qué tal estás? —preguntó él, ansioso de tener a alguien que le distrajese de sus tristes divagaciones sobre su familia adoptiva.

—Estoy muy bien. Ayer descubrí una colonia de Blibbering Humdingers en la clase abandonada del tercer piso —, le informó ella alegremente.

Harry se la quedó mirando durante un segundo, sin tener ni idea de qué eran los "Blibbering Humdingers". Descartándolo como otra de las excentricidades de la chica, Harry le preguntó—, ¿qué estás haciendo aquí en las dependencias de los Sirvientes?

—Tuve la sensación de que necesitarías a alguien que te acompañase después de ver a tu familia de nuevo —, dijo ella sin preámbulos, sus infinitamente sabios ojos contemplándole.

Harry se quedó boquiabierto y preguntó con sorpresa—, ¿cómo sabías-? —antes de interrumpirse y retorcer sus labios en una sonrisa irónica—. No debería preguntarte cómo sabes esas cosas. Simplemente lo haces.

Repentinamente Luna sonrió de manera radiante y saltó hacia delante para enganchar su brazo con el suyo, llevándole por el corredor, lejos de las cocinas.

—¿Qué-? ¡Luna! —gritó Harry mientras era arrastrado por la extraña chica de pelo rubio—. ¿Qué estás haciendo?

—Sé cómo animarte —, proclamó ella audazmente, dando otro tirón insistente a su brazo, casi haciéndole caer.

Sabiendo que era inútil resistirse, Harry permitió que le llevase a través del laberinto de pasillos en las entrañas del castillo. Conocía el camino que estaban tomando; Luna le guiaba al exterior a los terrenos de Hogwarts, si no se equivocaba.

Efectivamente, llegaron a una salida y abandonaron el castillo por el césped ligeramente inclinado y cuidadosamente recortado. Cuando Luna comenzó a dirigirse en línea recta hacia el carruaje de Beauxbatons, Harry se preguntó brevemente si iba a llevarle a acariciar a los extremadamente letales caballos alados que habían traído aquí a los estudiantes de Beauxbatons. Parecieron bastante inocentes hasta que mostraron sus dientes, aunque una descripción más adecuada habría sido colmillos.

Por fortuna, o quizá desafortunadamente, Luna dejó atrás el carruaje y las bestias que pastaban en su improvisado establo y comenzó a dirigirse hacia el Bosque Prohibido. Mientras los amenazadores árboles aumentaban más y más de tamaño en la visión de Harry, el chico logró soltar su brazo de la presa de Luna.

—Detente Luna —, ordenó sin aliento, cansado por su marcha forzada desde el cuarto de los sirvientes hasta aquí—. ¿A dónde vamos?

—Al bosque —, respondió la chica con calma como si no estuviese sugiriendo que entrasen en una arboleda notoriamente peligrosa. Se llamaba el Bosque Prohibido por una razón.

—Tienes que estar bromeando —, dijo Harry rotundamente. Siempre sería el primero en saltar en defensa de Luna cuando alguien se burlaba de ella y su extraña forma de ser, pero esto era una completa locura.

—¿Quieres animarte o no? —preguntó ella inclinando su cabeza a un lado de manera juguetona.

—¿Qué puede haber en el Bosque Prohibido que sea capaz de animarme? —preguntó Harry, poniendo énfasis en la palabra "prohibido", para remarcarle a la chica cómo de peligrosa era el área.

Luna le lanzó una mirada impaciente y dijo en voz baja—, es una sorpresa.

Observando la patente indecisión de Harry, la muchacha comenzó a retroceder hacia los árboles de la periferia y le gritó—, puedes venir conmigo o volver al castillo. Depende de ti. Pero yo he tomado mi decisión.

Dedicándole una sonrisa descarada la muchacha revoloteó entre los árboles, desapareciendo de la vista. Con un gruñido exasperado Harry se mentalizó y se internó en el bosque tras ella. Difícilmente podía abandonarla para que se enfrentase a los peligros del lugar por su cuenta.

No le llevó demasiado alcanzarla y a pesar de sus mejores intenciones, Harry continuó acompañando a la chica aún más hacia el interior de aquellos sombríos dominios. No intercambiaron ninguna palabra, Harry privadamente enfurruñado por haber sido manipulado para entrar en el bosque y Luna simplemente disfrutando de la quietud de los árboles a su alrededor.

La espesa cobertura sobre ellos bloqueaba la mayor parte de la luz, dejando el suelo debajo en perpetua penumbra, y las nudosas raíces de los ancianos árboles se elevaban de la tierra en formas retorcidas. La combinación demostró ser peligrosa, y los dos jóvenes se encontraron encaramándose a gatas sobre los duros contornos mientras el bosque les engullía aún más profundamente en su tenebroso abrazo.

Hacía considerablemente más frío entre los árboles, y Harry se encontró envolviéndose en sus ropajes de Hogwarts. Temblando ligeramente, se volvió hacia Luna y preguntó a través de dientes apretados para evitar que castañeteasen—, ¿falta mucho?

Parpadeó con sorpresa al ver a la chica de pie totalmente inmóvil, su cabeza inclinada como si se esforzase por oír algo. Una única mano estaba alzada para acallar a su compañero.

El miedo empezó a enroscarse en el estómago de Harry mientras se preguntaba qué estaba escuchando Luna. ¿Había escuchado a alguna bestia acechándoles? ¿Algo se aproximaba entre las sombras?

Con sus ojos moviéndose alrededor nerviosamente, Harry se colocó frente a Luna para protegerla de cualquier cosa que pudiese ir a por ellos. Su magia sería capaz de mantenerles a ambos a salvo.

De repente el rostro de Luna se abrió en una sonrisa y con entusiasmo hizo señas a Harry mientras giraba bruscamente a la derecha y se deslizaba entre dos gruesos troncos. Atónito ante el repentino movimiento de la chica, Harry desperdició un único segundo mirándola antes de que sus miembros se pusiesen en acción y se apresurase a ir tras su guía.

Divisando su pelo rubio moviéndose entre la frondosa pantalla formada por un árbol inclinado, Harry fue detrás de ella con rapidez, empujando ramas fuera de su camino y haciendo crujir otras bajo sus pies produciendo bastante alboroto.

La cabeza de Luna reapareció con un gesto de disgusto en su cara mientras llevaba un dedo a sus labios, una señal que informaba claramente a Harry de que dejase de hacer tanto ruido.

Haciendo una mueca a modo de disculpa, avanzó con más cuidado, vigilando dónde ponía sus pies y dirigiéndose hasta donde Luna esperaba con su cabeza sobresaliendo de la cobertura de hojas. Cuando finalmente llegó a su lado, ella puso sus labios junto a su oído y murmuró en voz baja—, sígueme y sé muy, muy silencioso. No queremos asustarle.

Curioso acerca de a qué se estaba refiriendo, Harry siguió a Luna a través de la cortina verde y pisó con precaución sobre más raíces retorcidas, moviéndose alrededor del grueso tronco del enorme árbol frente a él.

Cuando hubieron circunnavegado el ancho espacio, Harry se detuvo un momento, con Luna a su lado, para asimilar la escena que tenía delante.

Una breve exclamación escapó de sus labios.

Un unicornio descansaba en un pequeño claro, una yegua por lo que parecía, su inmaculado pelaje blanco resplandeciendo con una luz etérea. El único cuerno sobre su cabeza brillaba con igual belleza, como una corona sobre la frente de una reina.

Lo que volvía la escena sobrecogedora era la pequeña y delicada criatura apoyada junto al costado de la yegua, angustiosamente inocente en su sueño. Era un potro, con frágiles piernas de recién nacido y un pequeño bulto sobre su cabeza donde sin duda su cuerno crecería un día.

Harry no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que los delicados dedos de Luna rozaron sus mojadas mejillas, limpiando la humedad. Sus propias mejillas estaban manchadas con besos salados, sus ojos brillantes por el asombro.

Por primera vez en su vida Harry sintió una pura y completa serenidad como nunca había experimentado antes, un momento tan conmovedor que había provocado que las lágrimas brotasen de sus ojos.

Como si detectase a los humanos por primera vez, la yegua alzó su noble cabeza y estudió a los dos intrusos. El aliento de Harry se quedó atascado en su garganta y sintió como si su alma estuviese siendo arrancada de su pecho y fuese puesta al descubierto para que la gloriosa criatura la examinase.

Tras lo que parecieron eones fue liberado del extraño poder que le aferraba mientras la yegua empujaba al potro para que se pusiese en pie y se volvía para abandonar el claro. Sintiendo una tristeza abrumadora atenazando su corazón mientras los dos desaparecían entre los árboles para perderse de vista, Harry no se dio cuenta de los regalos que el unicornio había dejado atrás.

Luna sin embargo, había visto a la yegua dejar dos objetos en el suelo y avanzó lentamente para arrodillarse en la cama de hojas y tomar reverencialmente las raras ofrendas.

Harry se unió a ella, sin preocuparse del barro que manchaba las rodillas de sus pantalones mientras miraban hacia abajo a los relucientes obsequios que la yegua había otorgado a los dos humanos.

—¿Qué son? —preguntó en voz baja, casi temeroso de romper el silencio del bosque.

—Talismanes —, respondió Luna simplemente, todavía sorprendida de que el unicornio hubiese decidido entregarles un obsequio tan increíble.

Cogiendo uno de los objetos, Luna pasó el dedo por el amuleto con forma de lágrima observando cómo resplandecía con la misma luz tenue que habían visto en el pelaje del unicornio. Harry había cogido su propio talismán idéntico y estaba simplemente sujetándolo con delicadeza en su mano, como si temiese que se pudiese romper si ejercía demasiada fuerza.

—¿Por qué...? —Harry se interrumpió, contemplando la hermosa gota de luz de luna en su mano. El poder que emanaba del amuleto era descomunal.

—Nos consideró merecedores de su regalo —, explicó Luna—. Miró en nuestras almas y juzgó nuestra valía, decidiendo recompensarnos por las acciones en nuestra vida. Los unicornios actúan de forma misteriosa.

Recordando la sensación de que su alma quedaba al descubierto, Harry se estremeció ligeramente pero aun así acercó el talismán a su pecho, acunándolo entre sus manos.

Podía sentir que era un poderoso encantamiento de protección, dirigido a defender a su portador de cualquier daño. No estaba seguro de en qué medida el talismán le protegería, pero sin duda era un regalo raro y poderoso.

—¿Cómo te sientes, Harry? —preguntó Luna inesperadamente.

—¿Perdón? —respondió él, preguntándose a qué venía la pregunta.

—¿He logrado animarte? —inquirió la muchacha, con una pequeña sonrisa asomando a su cara.

—Sí, Luna —, respondió suavemente Harry—, desde luego que lo has hecho.


Continuará...

Nota de Autora: Siento mucho la aleatoria escena del unicornio, pero tiene verdadera importancia para el argumento y no era que simplemente estuviese procrastinando y añadiendo aspectos inútiles a la trama. Esos talismanes van a ser muy importantes más adelante. Para ambos.

Luna sabía que había un unicornio y su potro en el bosque, pero no previó que dejase atrás los talismanes. Sólo para aclararlo por si había alguna pregunta al respecto.

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Aviso de los traductores: La semana del 21 no habrá actualización.

Tanto el traductor como yo vamos a tomarnos unos días de descanso.

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Muchas gracias a todos los que nos seguís y, sobre todo, a los que os tomáis la molestia de dejarnos vuestros comentarios ^_^

Muchas gracias y perdón por las molestias.

¡Nos vemos en unos días!

Traducciones. A ver qué sale.