Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo Veintidós
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
1996
Mientras Harry y Luna regresaban a la seguridad de los terrenos de la escuela, avanzaron en silencio excepto por su entrecortada respiración al recorrer el enrevesado suelo del bosque. Lo que había ocurrido antes en el claro les había dado a ambos mucho sobre lo que pensar, así pues cada uno estaba sumergido en sus propias cavilaciones.
Bajando de un salto un pronunciado desnivel, Harry alargó su mano hacia Luna y la ayudó a apoyarse en el descenso. Tan pronto como los pies de la chica rubia tocaron la capa de hojas muertas al pie del talud, la pareja percibió un tenue sonido sordo de golpeteo en la distancia. Quedándose muy quietos escucharon atentamente el extraño ruido hasta que Harry murmuró—, deberíamos seguir moviéndonos. Todavía hay un largo camino hasta la escuela.
Luna asintió y permitió que Harry guiase la marcha, ya que había un sendero apenas visible bajo sus pies que podría conducirles en la dirección correcta. Mientras continuaban de ese modo, el sonido de tamborileo aumentó de volumen.
Lanzando miradas vigilantes por encima de su hombro, pendiente del desconocido sonido que parecía resonar a través del oscuro bosque, Harry frotó sus brazos mientras un frío húmedo se asentaba sobre sus huesos. El golpeteo, ahora ya no tan lejano, era como el latido estático de un corazón.
—Centauros —, proclamó Luna repentinamente.
—¿Qué? —preguntó Harry, volviéndose para mirar a la joven.
—Ese sonido que venimos oyendo –deben ser centauros–. Hay una manada de ellos viviendo en el bosque —, explicó Luna con calma mientras inclinaba su cabeza para escuchar el regular ruido.
—No son especialmente tolerantes con los humanos —, se aventuró a decir Harry cautelosamente.
—No, no lo son —, convino Luna con facilidad. Sintiendo la preocupación de Harry por el bienestar de ambos, Luna le aseguró—, la manada se mueve en una dirección diferente a la nuestra.
Efectivamente, el golpeteo, ahora discernible como sonido de cascos, se estaba desvaneciendo gradualmente como si la supuesta manada se volviese hacia una parte diferente del bosque. Relajándose un poco pero todavía en guardia, Harry continuó avanzando, sus ojos moviéndose por los oscuros árboles y manteniendo vigilados sus alrededores.
Concentrado en rastrear el área frente a ellos, Harry no reaccionó a tiempo al grito de aviso de Luna antes de ser derribado.
Con su rostro presionado contra la tierra del suelo del bosque, Harry luchó por respirar mientras algo, quizá una cuerda, mantenía sus brazos dolorosamente apretados contra su pecho. Rodando sobre sí mismo para aliviar su muñeca izquierda, la cual había sido doblada en un ángulo extraño, los ojos de Harry buscaron a Luna frenéticamente. Su alivio fue inmenso cuando la vio de pie a poca distancia, antes de descubrir la afilada flecha apuntada hacia su garganta.
Luna estaba totalmente tranquila mientras miraba a su asaltante con evidente curiosidad en su rostro. Harry dedicó sólo un momento a maravillarse del coraje de la chica antes de volver su atención a la criatura que sujetaba la flecha con tanta seguridad hacia la garganta de su amiga.
Era un centauro, fácilmente reconocible con su apariencia mitad humana-mitad caballo, su pecho desnudo indicando su condición de macho. La parte humana era bastante intimidante, un severo rostro rodeado por una melena de enmarañado pelo negro. La parte equina del centauro era negra azabache y tremendamente musculosa, con sus cascos moviéndose sin descanso incluso aunque sus brazos mantenían el arco estable.
—¿Qué asuntos os traen aquí, humanos? —les espetó la criatura de repente, con la ira tiñendo su voz.
—Simplemente estamos de paso —, contestó Luna suavemente antes de que Harry pudiese formular una respuesta.
—Habéis entrado sin permiso —, gruñó el centauro, sus ojos relampagueando de furia.
Luchando por desatar el artilugio parecido a una red que envolvía su cuerpo restringiendo los movimientos de sus miembros, Harry mantuvo la vista puesta sobre la enojada criatura.
—Perdónanos. No sabíamos que esta parte del bosque os pertenecía a ti y a tu manada —, Luna agachó ligeramente su cabeza con respeto—. Nos iremos inmediatamente.
Sorprendido ante el tono de voz de la chica y su consideración hacia él, el centauro permitió que la flecha bajase ligeramente de forma que dejó de apuntar hacia la garganta de Luna. Harry usó esta distracción para cortar las cuerdas que le sujetaban con un conjuro sin palabras y sin varita, observando con satisfacción mientras caían dejando su cuerpo libre.
El movimiento atrajo la atención del centauro que emitió un furioso bramido y apuntó la flecha hacia la cabeza de Harry.
—¡Traición! ¡Planeabas distraerme y que tu cómplice me atacase por la espalda! —, aulló la criatura.
En un fluido movimiento preparó la flecha para disparar mientras Harry realizaba el encantamiento Protego para defenderse contra el arma cuando llegase el momento.
Justamente cuando el centauro dejó volar la flecha, una figura sombría chocó contra su flanco, alterando hábilmente la trayectoria de forma que el proyectil se desvió hacia el tronco de un árbol con un golpe sordo. El inesperado salvador de Harry avanzó mientras el centauro tras él quedaba tendido inmóvil en el suelo, probablemente inconsciente.
Para su sorpresa, era otro centauro, esta vez con cuartos traseros color ocre dorado y melena rubia. Trotando para coger el arco de su compañero, lo cruzó sobre su pecho y entonces se volvió para observar a Harry con inteligentes ojos azul celeste.
—Saludos, Harry Potter —, murmuró el recién llegado con voz profunda. Harry se quedó boquiabierto por la sorpresa ante el centauro que acababa de pronunciar tan acertadamente su nombre—. Y saludos a ti también, Adivina.
Harry se volvió con rapidez para mirar a Luna, la cual había aceptado ese título con una facilidad que indicaba que ya conocía su don. Con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios la chica ofreció al centauro una corta reverencia y dijo—, es un honor dirigirse a alguien como tú. ¿Me pregunto por qué no preví nuestro encuentro?
—Algunas cosas no pueden ser adivinadas —, respondió el centauro crípticamente antes de volverse de nuevo hacia Harry.
—Mi nombre es Firenze. Os guiaré a ti y a la Adivina sanos y salvos fuera del bosque. No sería bueno para ti perecer antes de haber viajado por el sendero del Destino. Tu futuro ha de completarse todavía... Sin embargo, los planetas han sido leídos erróneamente en otras ocasiones, incluso por los centauros —, reflexionó para sí mismo Firenze.
Harry contempló al centauro con incredulidad y entonces lanzó de nuevo una mirada hacia Luna, percatándose de que parecía estar escuchando seriamente las peculiares palabras de la criatura.
Recuperando la compostura, Firenze se centró de nuevo en Harry y dijo—, ven Harry Potter, os daré a ti y a la Adivina un paseo hasta la linde del bosque.
—No estoy seguro, yo nunca- —comenzó a balbucear Harry.
Fue interrumpido cuando Luna agitó su varita y lanzó un conjuro de levitación sobre él, colocándole sobre el lomo del centauro. Repentinamente en las alturas, Harry miró hacia abajo a Luna mientras ella se colocaba grácilmente tras Harry sin ayuda mágica, rodeando su cintura con sus brazos.
—Luna, ¿qué...?
—No tengas miedo, Harry Potter. Ésta es la manera más rápida de llevarte a un lugar seguro. Mi compañero no seguirá inconsciente mucho más y cuando despierte su furia será grande —. Había diversión en la voz del centauro mientras decía esto.
Aferrándose torpemente a la parte humana de Firenze, Harry estrechó su presa mientras el centauro arrancaba a galopar vertiginosamente, los árboles volviéndose un borrón verde a su alrededor.
Había demasiadas preguntas que Harry quería ver respondidas, pero sabía instintivamente que no sacaría nada del centauro.
¿Quizá Luna le iluminaría acerca de lo que Firenze había querido decir cuando había mencionado su destino?
Firenze dejó a los dos jóvenes a corta distancia de los terrenos de la escuela, afirmando que no podía ir más lejos. Después de que los dos le hubiesen dado las gracias, regresó a las profundidades del bosque, sin duda para tratar con un centauro enfurecido.
Una breve caminata más tarde Harry y a Luna se encontraron fuera de la espesura y se dirigieron apresuradamente hacia el castillo. Mirando hacia el cielo Harry murmuró una maldición al darse cuenta de que era casi la hora de la cena, y que su excursión al bosque le había hecho perder las dos últimas clases del día. Pero había cosas más urgentes de las que ocuparse.
Deteniendo a Luna antes de entrar en el castillo, Harry puso sus manos sobre sus delgados hombros y le preguntó lentamente y con seriedad, teniendo cuidado al elegir las palabras—, ¿qué quería decir Firenze cuando habló sobre mi Destino y mi futuro?
Los ojos de Luna se perdieron en la distancia y estuvo callada durante un rato como si apelase a una fuerza mayor. Finalmente suspiró y sus ojos volvieron a enfocarse.
—Lo siento Harry pero no puedo revelarte nada —. Harry se tragó su frustración y se volvió para entrar en el castillo pero Luna le detuvo—. ¡Espera! Deja que me explique.
Ella tiró ligeramente de su desgreñado pelo rubio y le miró de forma suplicante con sus enormes ojos—. No es que no quiera explicarte lo que dijo Firenze; es que no puedo explicártelo. Hay leyes Harry, leyes antiguas que obligan a los Adivinos a guardar silencio sobre ciertos aspectos del futuro. No puedo discutir tu Destino contigo más de lo que puedo volver a los muertos a la vida.
Recordar el estatus de Luna como Adivina llevó a Harry a su siguiente pregunta—, ¿cuánto hace que sabes de tu don?
—Desde que era pequeña. Mi madre era también Adivina, y me enseñó tánto como pudo antes de su muerte —, respondió Luna en voz baja.
—¿Sabía ella...? —comenzó a preguntar Harry antes de interrumpirse.
—¿Sabía ella cuándo iba a morir? No —, dijo Luna—. Los Adivinos no prevén su propio final. Debemos recibir el abrazo de la muerte sin ninguna ventaja sobre cualquier otro —, continuó explicándole.
Harry suspiró aliviado, imaginando cómo sería saber exactamente cuándo morirías. El pensamiento le puso enfermo.
Entonces las siguientes palabras de Luna helaron su corazón.
—Sin embargo yo sabía que ella iba a morir.
La muchacha había vuelto su rostro evitando mirarle y sus hombros estaban rígidos de forma antinatural como si estuviese conteniendo sus emociones.
—No dejaba de tener esos sueños... pesadillas en realidad... en los que mi madre moría. Cuando ella me dijo que yo era una Adivina, no conecté esas visiones fragmentarias con mi poder hasta el día que ella murió. Siempre me he preguntado... ¿qué habría ocurrido si le hubiese hablado acerca de mis sueños? ¿Seguiría viva? —Luna se dio la vuelta finalmente y Harry vio que sus ojos estaban llenos de angustia. No derramó ninguna lágrima, pero Harry podía ver todo el dolor y la culpa que ella estaba escondiendo.
Atrayéndola hacia él en un estrecho abrazo, Harry le dijo delicadamente pero con firmeza—, tú misma lo has dicho Luna, hay leyes que te obligan a callar. No habrías sido capaz de advertirle incluso aunque te hubieses dado cuenta de que las visiones que estabas teniendo eran reales. No tienes que culparte.
Lentamente, los huesudos brazos de Luna se alzaron para abrazarle de vuelta y ella apoyó su cabeza sobre su pecho con un suspiro agotado. Nada más se dijo entre la pareja, que permaneció uno en brazos del otro incluso mientras la campana repicaba en algún lugar de las profundidades de la escuela para anunciar la cena.
Fue esta escena de la que Lord Voldemort fue testigo, tras sentir el conjuro sobre el collar de su Cortesano zumbando ligeramente, registrando la intimidad de alguien con Harry aunque no necesariamente promovida por deseos sexuales.
Queriendo investigar a pesar de todo, y habiendo recibido aviso de que Harry le había desobedecido y no había asistido a sus dos últimas clases del día, el Señor Oscuro había descubierto a su Cortesano acunando a una estúpida muchachita entre sus brazos como si fuese algo precioso.
—Harry —, comenzó a decir en una voz peligrosamente calmada.
El chico pegó un bote separándose de la rubia y se giró para encararse con su contratante, el cual no parecía demasiado contento de haber encontrado a su Cortesano en esa posición con otra persona.
—Mi Señor —, jadeó Harry, inclinándose torpemente mientras se soltaba de Luna. La muchacha le dedicó al líder de la Gran Bretaña mágica una corta reverencia que fue más un balanceo que otra cosa.
—Imagina mi disgusto cuando me he enterado de que no has aparecido al menos para las dos últimas clases del día tal y como te ordené. Entonces vengo a buscarte, sólo para verte perdiendo el tiempo con una de tus... amigas.
Examinando a Luna con frialdad, Lord Voldemort fijó sus penetrantes ojos carmesí en el chico de ojos color esmeralda y dijo glacialmente—, quizá necesitas que te recuerden los privilegios que estás recibiendo, porque parece que los has olvidado. Ven conmigo.
Sin esperar ninguna aprobación por parte de su Cortesano, el Señor Oscuro agarró a Harry con fuerza por la muñeca y tiró de él en Aparición Conjunta, desplazando las protecciones de Hogwarts con la misma facilidad que los encantamientos de la Ciudadela.
Reapareciendo en la habitación del embajador Lord Voldemort estrechó su presa aún más en torno a la muñeca de Harry, con la intención evidente de volcar sus celos y su furia sobre el muchacho, pero se distrajo cuando su Cortesano gritó de dolor antes de apretar sus dientes como si tratase de disfrazar el sonido.
Dejándole ir, Lord Voldemort apartó a un lado los ropajes escolares del joven para revelar una muñeca dolorosamente magullada que parecía como si hubiese caído sobre ella de forma incorrecta. Observando otra magulladura más arriba, el Señor Oscuro retiró totalmente y sin el menor cuidado la túnica de Harry para dejar al descubierto sus brazos desnudos.
Marcas rojas idénticas rodeaban la parte superior de los brazos del muchacho, discernibles como quemaduras de cuerda. Leves moratones estaban comenzando a aparecer alrededor de las rozaduras.
—¿Quién te hizo esto? —siseó Lord Voldemort, sus ojos rojos brillando con furia. La muñeca podía explicarse como una caída accidental, pero las quemaduras de cuerda... alguien había tocado a su Cortesano. Y él quería saber quién.
Viendo el mortal brillo en los ojos de su contratante, Harry supo que no había ninguna razón para ocultar la verdad. Lord Voldemort sería capaz de indagar en su mente en cualquier caso.
—Un centauro me atacó —, respondió Harry sin más preámbulos.
Una ceja oscura se alzó y el Señor Oscuro preguntó con una voz apenas controlada—, ¿y cómo, te ruego que me digas, entraste en contacto con un centauro?
—Estaba en el Bosque Prohibido —, murmuró Harry, alzando la vista de forma culpable hacia su contratante a través de su flequillo. Él sabía lo peligroso que era el bosque, y aun así había seguido a Luna al interior. La chica sólo tenía parte de culpa; Harry podía haberla forzado a dar la vuelta pero no lo había hecho.
—Ese lugar está fuera de los límites para los estudiantes, más aún para mi Cortesano —, le espetó Lord Voldemort, sujetando la cara de Harry fuertemente entre sus manos—. ¿Qué se apoderó de ti para aventurarte allí?
Harry no deseaba implicar a Luna de ninguna forma; ella ya estaba bajo sospecha al ser descubierta en una posición íntima con él. Con su mente trabajando furiosamente, Harry respondió de forma cuidadosa—, tenía curiosidad acerca del Bosque y decidí entrar sólo un poco. Me perdí y debí vagar en la dirección equivocada. La siguiente cosa que supe fue que estaba siendo atacado por un centauro... pero entonces otro vino y me rescató, guiándome de vuelta a los terrenos del colegio.
Al menos parte era verdad. Harry omitió cualquier mención al unicornio y al poderoso talismán que estaba escondido en el bolsillo de su pantalón. No estaba seguro de por qué lo había hecho, pero ahora no quería reflexionar demasiado acerca de sus procesos mentales.
—Estás mintiendo —, afirmó con seguridad Lord Voldemort, sus ojos entrecerrándose por la ira.
Harry tragó saliva y se encogió de miedo mientras su cara era alzada con brusquedad, sus ojos apartándose con rapidez de los de su contratante mientras evitaba desesperadamente el contacto que se precisaba para que su mente fuese despojada de sus secretos.
—Sabes que podría sacar la información de tu mente con facilidad —, continuó el Señor Oscuro, rozando el lateral del rostro de Harry con una leve caricia.
Dejando escapar un suspiro estremecido, Harry asintió bruscamente, su mirada fija con firmeza en los labios de su contratante para evitar los escrutadores ojos color carmesí que intentaban cruzarse con los suyos esmeralda.
—Sin embargo, no lo haré.
Harry parpadeó sorprendido mientras su cara era liberada y el Señor Oscuro retrocedía ligeramente—. Harry, confío en ti lo suficiente como para que me digas cualquier cosa que tenga verdadera relevancia. Entrar en tu mente ahora sería una violación de esa confianza. Has omitido la verdad sobre tus movimientos y tus motivaciones esta tarde pero puedo sentir que no estás escondiendo nada que pudiese amenazarnos a ti o a mí.
Aturdido ante esa confesión, Harry sintió esa calidez familiar hormigueando en su pecho, su espíritu siendo fortalecido por el conocimiento de que se confiaba en él. Entonces le siguió una punzada de culpabilidad, al saber que su contratante estaba dispuesto y deseoso de poner su fe en él y aun así él no estaba preparado todavía para corresponderle. Quizá un día llegaría ese momento, pero por ahora Harry simplemente no podía confiar en el Señor Oscuro con su corazón y todo su ser.
—Gracias, Mi Señor —, dijo Harry sinceramente.
—No me des las gracias con tanto entusiasmo todavía, Harry. Aún tenemos que discutir tu implicación con esa chica de antes —. La voz de Lord Voldemort bajó hasta que se volvió gélida y sus manos se encontraron inexplicablemente en torno a la cintura de su Cortesano atrayéndole hasta tenerle bajo su control.
—Ella estaba disgustada, yo estaba simplemente... simplemente dándole un abrazo para... consolarla... —Harry se interrumpió con un gemido mientras los labios de su contratante seguían la curva de su cuello, sus dientes mordisqueando de forma juguetona el chupetón que antes no había logrado desvanecer completamente.
—No deseo verte en brazos de otro, sea con propósitos de consuelo o de cualquier otra cosa. Eres mío, Harry Potter —, gruñó posesivamente el Señor Oscuro.
Sus labios abandonaron el cuello del muchacho y encontraron su boca, besándole de forma profunda y apasionada hasta que todo pensamiento acerca de Luna abandonó la mente de Harry y la única cosa que la llenó fue un ardiente y desesperado deseo de más.
Rodeando de forma audaz el cuello de Lord Voldemort con sus brazos y su cintura con sus piernas, Harry casi empujó al hombre contra la puerta del dormitorio, que de modo útil se abrió de golpe para permitirles la entrada.
Tendido en la cama Harry empujó al Señor Oscuro sobre su cuerpo y sonrió mientras notaba presionando contra él una dureza característica, que sin duda correspondió. Con un toque de magia sin varita Harry les desnudó a ambos.
—¿Estamos impacientes? —preguntó Lord Voldemort con la voz ligeramente ronca mientras contemplaba al joven desnudo bajo él.
—Mucho —, respondió Harry antes de atrapar los labios del Señor Oscuro una vez más.
Luna balanceó sus pies ociosamente mientras permanecía sentada en el borde de un pupitre en la clase abandonada del tercer piso. Los Blubbering Humdingers estaban terriblemente silenciosos esa noche pero ella no había acudido allí específicamente para disfrutar de su presencia.
En vez de ello había elegido esta tranquila y polvorienta habitación para pensar sobre su amigo, Harry Potter.
Odiaba estar atada por las antiguas normas que rodeaban a los Adivinos, sintiendo una abrumadora impotencia al ser incapaz de dar ningún tipo de aviso a Harry sobre su destino o siquiera guiarle en la dirección correcta.
Lo mejor que podía hacer era seguir siendo una amiga leal e inquebrantable, alguien en quien Harry pudiese confiar lo suficiente como para recurrir a ella cuando todo empezase a desmoronarse.
Estar atado por la profecía...
Luna se estremeció en simpatía hacia Harry, cuyo camino estaba dictado por el Destino y ensombrecido por una profecía de la que no sabía nada todavía. Las vidas de aquellos que eran gobernados por los hados eran ciertamente oscuras.
Sólo podía confiar en que al final, Harry lograría encontrar la felicidad que merecía.
Continuará...
¡Hooola!
¡Ya estamos aquí! Qué rápido se han pasado las vacaciones ¿nos echasteis de menos? ^^
Esperamos que os gustase el capi de esta semana ¿soy a la única a la que se le ha helado la sangre cuando leyó la palabra "profecía"? Miedo me da lo que le puede deparar el destino a Harry...
Ya sabéis que esperamos vuestros comentarios y opiniones sobre el fic y nuestro trabajo. ¡Vuestros comentarios son nuestro sueldo!
¡Nos vemos en una semana!
¡Un saludo!
Traducciones. A ver qué sale.
