Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Nota de los Traductores:

Una escena explícita ha sido eliminada. Como siempre podéis leer el capítulo completo en Slasheaven.


Capítulo Veintiséis

Mansión Malfoy

1996


El Señor Oscuro se recuperó casi inmediatamente de la sorpresa de escuchar su verdadero nombre surgir de los labios de su amante, quitando fríamente la mano de Harry de su cara, donde descansaba titubeante, y dando un firme paso atrás.

Harry tragó saliva y buscó el rostro de su compañero de vínculo, extendiéndose de forma vacilante a través de su nueva unión para averiguar la profundidad del enfado del hombre.

—Tú, más que nadie, deberías saber que detesto ese nombre —, dijo el Señor Oscuro con voz entrecortada, alzando escudos en torno a su lado del vínculo para evitar que Harry fuese capaz de leer sus emociones o tener cualquier acceso a su mente.

—Te pusieron ese nombre por tu padre Muggle —, comenzó Harry en voz baja—. Él... abandonó a tu madre y te sentenció a una infancia en un orfanato.

—Sí. Pero sabes más que eso —, comentó Lord Voldemort, sus ojos carmesí fijos en su joven amante.

—El verano entre tu quinto y sexto curso lograste localizar a tu tío, Morfin Gaunt. Fue entonces cuando descubriste quién era realmente tu padre. Y tú... entonces fuiste y... —Harry se detuvo, con tristeza en sus ojos verdes.

—Asesiné a mi padre y a mis abuelos. Después inculpé a mi tío por los asesinatos, quedándome con el anillo de la familia Gaunt —. No había arrepentimiento en su voz mientras describía de forma inexpresiva su intervención en la eliminación de su últimos parientes cercanos.

—Estabas furioso... tan furioso cuando descubriste quién era tu padre. Pero no planeabas asesinarle a él ni a tus abuelos al principio, ¿verdad? Ibas a perdonarles —, murmuró Harry.

—Entonces me concedieron una audiencia con ellos. Fui... reconocido. Mi repugnante padre Muggle había sabido acerca de mi existencia. Había estado pagando a la señora Cole en el orfanato para que me mantuviese allí hasta mi mayoría de edad. Esa era la razón por la que nadie intentó adoptarme —. Lord Voldemort continuó el relato, su rostro vacío de emociones.

El corazón le dolía a Harry por el pequeño niño que había visto en el flujo de recuerdos de su amante, al que había contemplado malhumorado mientras los otros niños iban y venían, siendo llevados a familias cariñosas y dándoles oportunidades de ser felices.

—Él amenazó tu vida —, dijo Harry, mirando a los ojos carmesí del Señor Oscuro, el horror filtrándose a través de sus palabras—. Tenía una pequeña pistola en el cajón tras él. La sacó y te apuntó a la cabeza. Tus abuelos estaban sentados allí observando, sin interferir. Todos pensaron que habías ido a pedir dinero o quizá reconocimiento como heredero de los Riddle.

—Mi magia se desquitó. No sé qué conjuro lancé aquel día, pero cuando mi poder se asentó los tres estaban muertos —, dijo Lord Voldemort, el arrepentimiento aún ausente de su voz. Realmente no lamentaba lo que había ocurrido entre su familia y él.

—Entonces inculpaste a tu tío —, dijo Harry con una nota de desaprobación en su voz.

—Le viste, Harry. Era un pedazo de escoria, un peligro para la sociedad. Merecía volver a Azkaban a pudrirse —, le espetó Lord Voldemort con la seguridad de alguien que creía que estaba en lo cierto.

—¿Y qué hay de ti? ¿No merecías ir a Azkaban? Asesinaste a tu padre y tus abuelos, Tom, independientemente de que fuese intencionado o no. ¿Y qué hay de toda la otra gente que ha muerto a manos tuyas, o indirectamente por tu ascenso al poder? Hombres inocentes, mujeres y niñ-

Una mano se abrió paso hasta la garganta de Harry, sin restringir su respiración pero descansando amenazadora contra su piel—. ¿Te quedarás ahí y presentarás todas las atrocidades que he cometido en mi vida? ¿Repasarás cada crimen que he llevado a cabo, cada error que he hecho, cada vida que ha sido destruida por mis acciones? —siseó el Señor Oscuro, pasando a hablar en Pársel ante el mero pensamiento de Harry haciendo algo así.

Harry le devolvió la mirada con calma; incluso con la mano en torno a su delgado cuello y un par de ardientes ojos carmesí clavándose en los suyos verdes.

—Nunca —, dijo Harry en voz baja pero con notable seguridad.

La mano en torno a su garganta se relajó por la sorpresa, antes de apartarse.

—Me siento insultado de que pienses siquiera que haría algo así —, continuó Harry, con bastante audacia—. El pasado es el pasado. Sí, hiciste cosas horribles en tu vida. Te he visto cometer esos terribles actos. Hay sangre en tus manos, Tom —. Harry se acercó más mientras hablaba, ignorando el brillo de ira en los ojos de su amante ante el uso de su verdadero nombre. Alzando su mano, Harry la colocó de nuevo en la mejilla del hombre, donde había sido retirada antes.

—¿Pero qué sería la vida, si no hubiese una oportunidad para la redención? ¿Para el perdón? —preguntó Harry de forma apremiante, sus ojos buscando los del otro para encontrar la confirmación de que sus palabras estaban calando en él.

—No puedo ser redimido —, dijo Lord Voldemort fríamente—. Sabía cuál sería el coste de alzarme con el poder –de convertirme realmente en un Señor de la Oscuridad–. ¿Dices que hay sangre en mis manos? La hay, de hecho. Y esa sangre no puede ser borrada, no puede ser compensada.

—Es cierto —, entonó Harry suavemente—, que aquellos que han muerto a causa de tus objetivos no pueden ser reemplazados. Mis propios padres fueron asesinados por tus seguidores, por tu insaciable deseo de erradicar cualquier resistencia —. Harry hizo una pausa cuando el Señor Oscuro abrió su boca como si fuese a acusar a Harry de hacer lo que había dicho que no haría.
—Pero no estoy pidiendo una disculpa, ni arrepentimiento por lo que se ha perdido. Nada puede corregir el mal que ocurrió cuando me convertí en huérfano. Pero todavía creo que puedes hallar la redención. Sólo necesitas buscarla en el sitio adecuado —, susurró Harry.

—¿Dónde puedo encontrar algún tipo de redención? —se mofó el Señor Oscuro, con desdeñosa incredulidad pintada en sus facciones.

Harry se alzó sobre las puntas de sus pies para poder presionar su frente contra la de su compañero de vínculo. Casi de forma inconsciente, Lord Voldemort se inclinó para que pudiesen tocarse con más facilidad. En cuanto estuvo colocado en su lugar, Harry miró a los ojos carmesí y abrió su mente, tratando de alcanzar simultáneamente su núcleo mágico compartido.

De mala gana, el Señor Oscuro liberó los escudos que le separaban de Harry y se deslizó por su lado del vínculo para encontrarse con Harry en el medio, en su centro compartido. La sensación de sus esencias fundiéndose era indescriptible.

Y Harry...

El alma de Harry ardía en el espacio, tan pura e inmaculada que Lord Voldemort sintió el impulso de esconder la suya mutilada, avergonzado. Pero Harry no le dejaría, arrastrando tercamente los restos andrajosos del alma del Señor Oscuro hasta los pliegues de la suya, como le recibiría en su cuerpo durante sus momentos apasionados.

Esto sin embargo era aún más íntimo.

No había espacio entre sus almas, ni división que les mantuviese separados. Era abrumador para Lord Voldemort, tras conservar sólo un pequeño fragmento de su alma principal para mantener su cuerpo, tener de repente una entera y completa calentando su ser.

Repentinamente la voz de Harry resonó dentro de su núcleo de poder unido.

—Puedes encontrar tu redención a través de mí.

Su alma fue inundada de repente con emociones canalizadas desde la de Harry, demasiadas para nombrarlas, y demasiado rápido como para identificarlas. La emanación se fundió para crear una sensación de calidez, afecto y júbilo que bañó su alma en oleadas reconfortantes.

Era amado.

Harry le amaba.

No podía identificar el amor exactamente en la riada proveniente del alma de Harry, pero a través de su nueva conexión con el joven sabía ahora cómo se sentía el amor, aquel concepto largamente olvidado, rehuido desde sus comienzos en el orfanato.

Aunque su propia alma era débil y llena de cicatrices, la energía de la de Harry era suficiente para provocar una respuesta de ese fragmento desgarrado. Del pedazo se deslizó un goteo de emociones hasta el alma de Harry, la mayoría sentimientos e impresiones despertados recientemente.

No era mucho, pero era un comienzo.

Entre la forzada respuesta que trataba de alcanzar de forma titubeante el alma de Harry estaba la emoción que el Señor Oscuro no se había atrevido a admitir que era capaz de tener, siquiera por una única persona en toda su vida.

Aunque todavía no estaba preparado para admitirla, sabía instintivamente que Harry notaba su presencia. La repentina oleada de esperanza y júbilo a través de su conexión era suficiente evidencia.

Después de que su intercambio de emociones y sentimientos estuviese completo, ambos sintieron que era el momento para que sus almas se separasen de su estrecho abrazo. Lord Voldemort se encontró a sí mismo reticente a abandonar la calidez y plenitud del alma de Harry, pero con un delicado empujón del chico reunió las fuerzas para apartar su propia alma.

Al momento se sintió más frío, dándose cuenta de lo mucho que el alma de Harry había afectado la suya. Armándose de coraje, recurriendo a su casi infinita reserva de determinación, el Señor Oscuro retrajo su consciencia de su núcleo mágico compartido, donde sus almas permanecían, y regresó a la privacidad de su propia mente.

Al abrir los ojos se encontró de rodillas en la cámara ritual de la Mansión Malfoy, sus brazos unidos a los de Harry. El muchacho también estaba revolviéndose, sus ojos esmeralda parpadeando confusos mientras tomaba conciencia de su entorno.

Con sus huesos crujiendo a modo de protesta, aflojaron la presa, cada uno haciendo una ligera mueca ante el dolor de mover sus miembros tras una noche entera descansando en la misma posición. Con el gesto de una mano rígida, el Señor Oscuro lanzó un conjuro menor de curación sobre su compañero de vínculo y él.

Harry le dedicó una mirada agradecida mientras sus músculos se aflojaban y se relajaban, el dolor desvaneciéndose rápidamente mientras la magia de Lord Voldemort surtía efecto. Mientras Harry frotaba sus miembros desnudos para animarlos aún más a volver a la vida, se dio cuenta de que las runas negras sobre su cuerpo se habían sumergido completamente bajo su piel, como lo habían hecho en su consciencia compartida.

Echando un vistazo al Señor Oscuro, se dio cuenta de que lo mismo se podía decir del hombre. Un destello de lujuria cruzó a través de Harry al verle estirando su cuerpo lánguidamente, la firme piel ondulando con el movimiento mientras sus músculos se tensaban.

Lord Voldemort se detuvo mientras recibía un indicio de lujuria emanando del lado de Harry de la conexión, y se volvió ligeramente para mirar al muchacho con una leve sonrisa rondando por sus labios.

—Creo que voy a disfrutar de esta conexión —, ronroneó, enviando a Harry una oleada de su propia lujuria mientras recorría con sus ojos las formas desnudas del joven.

Sus ojos se detuvieron en el cuello de Harry, una complacida y sorprendida expresión en su rostro al ver la garganta del joven libre de cualquier símbolo de opresión. Ni siquiera había piel dañada para señalar dónde que había descansado alguna vez en torno a su cuello, el ritual obviamente eliminando todas y cada una de las pruebas. Buscando alrededor del círculo de runas, Lord Voldemort encontró los retorcidos restos del collar de Cortesano, tirados no muy lejos de Harry.

Siguiendo la mirada de su Señor, así como la emoción de satisfacción ondulando por su vínculo, Harry se sobresaltó cuando vio su collar de Cortesano roto sobre el suelo de piedra de la cámara ritual. Su mano voló a su garganta, sus dedos recorriendo frenéticamente la piel de la zona, confirmando que el collar se había ido realmente.

Era oficialmente un hombre libre.


Lucius Malfoy se había sentido muy aliviado cuando abrió la cámara ritual por la mañana el día después de la ceremonia para encontrar a dos hombres vivos esperándole, vestidos con túnicas negras conjuradas.

Sus ojos grises habían percibido casi inmediatamente la ausencia de un collar de Cortesano en la garganta de Harry, pero había recibido un aviso de algún tipo por parte de su Señor la noche anterior y no se sorprendió completamente ante la visión.

Haciendo una profunda reverencia a ambos, ya que Harry era ahora por extensión parte de su Señor, había anunciado que la Mansión estaba a disposición de la pareja por tanto tiempo como les fuese conveniente, y se ofreció a escoltarles inmediatamente a una habitación para que descansasen y se recuperasen de su unión.

Era allí donde la pareja se encontraba actualmente, sin embargo dormir estaba lejos de sus pensamientos.

Harry no oponía resistencia mientras el Señor Oscuro le arrinconaba duramente contra la pared del dormitorio, sujetando sus muñecas sobre su cabeza mientras presionaba sus labios hambrientos contra los de Harry. Sus dedos se entrecruzaron, se enlazaron mientras su beso se volvía aún más apasionado. La mano libre de Lord Voldemort viajó hábilmente arriba y abajo por el cuerpo de Harry, provocando gemidos al muchacho que fueron sofocados por los labios del Señor Oscuro. Su beso terminó demasiado pronto, cuando su necesidad de aire se volvió imposible de negar, dejando a ambos jadeando ligeramente.

En el momento en el que el beso terminó, Lord Voldemort reclamó inmediatamente el cuello de Harry, mordiendo la piel sólo para aliviarla con su lengua, atareado en dejar marcas sobre la clara piel del otro.

Un gemido ansioso escapó del joven, para satisfacción del Señor Oscuro. El cuerpo entero de Harry se sentía como un pozo de fuego líquido mientras se derretía en los abrasadores besos de su compañero de vínculo y las delicadas caricias a su cuello y clavícula. Sintió sus rodillas sucumbiendo y lentamente resbaló al suelo, arrastrando a su amante con él por la fuerza. Lord Voldemort liberó las muñecas de Harry y pasó su brazo alrededor de la cintura del muchacho atrayéndole hacia a él. Con delicadeza les guió a ambos al suelo, consciente de cualquier dolor residual que pudiese haber quedado tras la ceremonia.

Harry apenas tuvo tiempo de respirar antes de ser aprisionado una vez más, sus muñecas sujetas por encima de su cabeza con una mano, mientras el Señor Oscuro sujetaba su barbilla con la otra. Sus ojos se cruzaron en un momento de pasión ardiente; fieros rubíes relampaguearon en apasionados orbes esmeralda. Ambos ardiendo con lujuria, amor y deseo, sus pechos alzándose y bajando mientras jadeaban.

—Harry —, ronroneó Lord Voldemort sensualmente, haciendo que el muchacho se estremeciese ante el sonido—. Si no paramos esto ahora o nos movemos a la cama voy a terminar tomándote aquí mismo en el suelo.

Harry se retorció de forma experimental, comprobando la suavidad del suelo alfombrado antes de lanzar una mirada confiada a su amante y decir con voz ronca—, entonces es bueno que el suelo sea tan confortable.

Labios ardientes encontraron los suyos de nuevo, mientras fuertes manos le llevaban a dicho suelo.


Draco Malfoy se consideraba un joven valiente, hasta cierto punto por supuesto. Uno debía preservar su vida después de todo.

Fue por eso que, mientras se despertaba en una localización desconocida, sus brazos y piernas atados con una fuerte cuerda y su boca amordazada mágicamente, eligió permanecer muy quieto y evaluar la situación.

Sus ojos grises estudiaron con rapidez la habitación en la que residía actualmente, desde su posición estratégica tendido de manera incómoda sobre un costado. La parte de su cuerpo que estaba apoyada contra el suelo estaba entumecida, indicando que había estado tumbado inconsciente allí por algún tiempo.

La habitación, si se la podía llamar así, estaba vacía salvo por una silla astillada, descansando cerca de una ventana cubierta con tablas. Los jirones de lo que una vez fue una cortina se movían de manera inquietante en la fría brisa que se filtraba a través de los paneles de cristal rotos.

Una gruesa capa de polvo cubría el mohoso entarimado, un juego de pisadas sobre la mugre para marcar la dirección que su captor había tomado para traerle aquí.

Dondequiera que "aquí" fuese.

Como heredero de una de las más ricas e influyentes familias de Europa, Draco no era ajeno a los intentos de secuestro. Muchos en el pasado se habían esforzado por raptar al heredero de los Malfoy con la intención de mantenerle cautivo y pedir a cambio grandes sumas de dinero. Siempre, ya fuesen sus padres o sus protectores como niño, habían sido capaces de repeler a los potenciales secuestradores y llevarles a la justicia.

Ésta era la primera vez que alguien había tenido éxito realmente.

La pura imposibilidad de la situación en la que se encontraba el sangre limpia presionaba contra su mente. Con su cerebro trabajando furiosamente, Draco repasó su memoria hasta dónde podía recordar, para encontrar alguna señal de quién le había cogido y dónde estaba siendo retenido.

No tenía forma de saber siquiera si todavía era domingo, ya que no había manera de saber cuánto había estado cautivo, inconsciente.

Desechando ese pensamiento desalentador, Draco volvió a enfocarse en su misión.

El domingo por la mañana había viajado con Blaise y Daphne hasta Hogsmeade, ya que éste era uno de los raros fines de semana en los que los estudiantes podían disfrutar del pequeño pueblo mágico. Los tres habían ido a las Tres Escobas y se habían calentado con una cerveza de mantequilla, antes de que Daphne se hubiese ido a toda prisa, explicando que quería comprarle un regalo a Harry por regresar finalmente a Hogwarts, a pesar de su breve ausencia este fin de semana.

Blaise y él habían echado un vistazo a las tiendas por su cuenta, antes de que también Blaise tuviese que irse a hacer una transacción al Gringotts local. Draco se había planteado si ir o no con el chico italiano antes de decidir en contra, reacio a enfrentarse a una tediosa espera mientras su amigo negociaba con los duendes.

Solo, había vagabundeado lejos de la concurrida carretera principal y por una bien conocida ruta hacia la infame Casa de los Gritos. A menudo le gustaba hacer ese camino al perímetro exterior hasta la supuesta casa encantada, ya que era tranquila y apacible en comparación con el propio Hogsmeade.

Había llegado al pequeño claro dividido en dos por la destartalada valla que marcaba el límite de la Casa de los Gritos y se había parado a echar un vistazo contemplar la estructura de aspecto ominoso en la distancia.

Y entonces...

Y entonces nada.

Su captor, quienquiera que fuese, probablemente le había seguido desde el pueblo, o había estado esperándole. Con apenas nadie visitando el claro, su secuestrador podía haberle hecho desaparecer fácilmente sin que se enterase.

Una sofocante sensación de pánico estaba empezando a invadir a Draco mientras se daba cuenta de que estaba completamente a merced de quienquiera que fuese que se le había llevado. Ni siquiera sabía si sus motivos eran monetarios. ¿Y si no querían usarle como rehén? ¿Y si eran algún tipo de rebeldes enloquecidos, queriendo volcar su furia en el hijo de un Mortífago?

Retorciéndose en vano en sus ataduras, Draco intentó mover su cuerpo por el sucio suelo hacia la ventana, confiando en que podría encontrar la fuerza para alzarse y echar un vistazo a los alrededores de la habitación en la que se encontraba.

Había una puerta también, pero Draco decidió que debería intentar mirar primero por la ventana para averiguar que entorno iba a tener que cruzar mientras escapaba.

Eso, si podía encontrar alguna forma de librarse de las cuerdas que constreñían sus miembros.

Emitiendo un silencioso grito de frustración, la mordaza mágica negando cualquier sonido que surgiese de su boca, Draco gradualmente logró reptar hacia la ventana, maldiciendo lo torpe que sabía que parecía mientras se retorcía y se agitaba para lograr impulso para moverse.

Descansando ahora bajo la ventana, completamente sin aliento, Draco intentó reunir energías para la dificultosa tarea que tenía por delante. Iba a tener que usar toda su fuerza para ponerse en posición erguida, para poder mirar por la ventana.

Tras un largo y agonizante periodo de tiempo, el sangre limpia logró finalmente ponerse en pie. Con los músculos temblando por el esfuerzo, Draco empujó la andrajosa cortina a un lado con su cuerpo y se asomó por una grieta en las tablas para mirar fuera.

Vio hierba yerma que crecía sin trabas hasta llegar a una valla desvencijada terriblemente familiar y a un bosquecillo. Contemplando la escena con incredulidad, Draco tuvo que aceptar finalmente el hecho de que se encontraba en la Casa de los Gritos.

Por un momento sopesó la estúpida idea de que quizá la Casa estaba encantada después de todo y que había sido secuestrado por algo sobrenatural que no se había tomado amablemente que frecuentase el perímetro de la propiedad.

Dejando a un lado de forma implacable esa teoría, pegándose una patada a sí mismo mentalmente por la ridícula idea, le echó la culpa enteramente al estrés y al pánico de la situación en la que estaba.

Ahora que había confirmado su localización, Draco renqueó y saltó hacia la única puerta en la habitación, sus dedos manipulando el pomo con torpeza.

El cual estaba indudablemente cerrado con llave.

Con otro silencioso grito de disgusto, Draco renqueó hasta el muro disponible más cercano y se apoyó contra él para bajar cuidadosamente hasta el suelo y a una posición sentada medio confortable.

Seguramente a estas alturas su ausencia habría sido percibida, y ya fuese Blaise o Daphne dándose cuenta de que ninguno de los dos le habían visto durante un tiempo. Quién sabe, podían haber pasado días, y grupos completos de búsqueda liderados por su padre podían estar peinando la zona mientras él estaba allí sentado.

Satisfecho con ese pensamiento, Draco se permitió caer en un sueño intranquilo contra la dura pared, el agotamiento filtrándose en él y absorbiendo toda la energía de su cuerpo.

La puerta se abrió algún tiempo después de que Draco se hubiese dormido, revelando a Fleur Delacour, la cual arrugó su delicada nariz mientras el polvo cosquilleaba en sus fosas nasales. Entrando con cautela en la habitación, agitando su varita para comprobar el estado del sangre limpia y asegurarse de que estaba profundamente dormido, Fleur trajo una bandeja con una rebanada de pan sobre ella.

Colocándola junto al joven, para que la viese cuando se despertase de nuevo, aflojó las cuerdas en torno a sus brazos para que fuese capaz de comer y abandonó entonces con rapidez la mugrienta habitación y cerró la puerta tras ella. Cerciorándose de que la cerradura era segura, se inclinó contra la madera, sin gustarle aquel nudo de culpabilidad en su estómago.

Haberse rebajado al secuestro para tener éxito en su misión...

El disgusto consigo misma asomó a sus rasgos, e inclinó su cabeza hacia delante para cubrir su cara con una pantalla de pelo rubio.

Esta era su única oportunidad de sacar a Harry fuera de Gran Bretaña.

Había descubierto a través de la red de espías de la Orden del Fénix que el Señor Oscuro se había retirado por unos días a la Mansión Malfoy con su Cortesano. Sus posibilidades de llegar a Harry allí eran mucho mayores que en Hogwarts o la Ciudadela.

Ahora tenía al heredero de los Malfoy como moneda de cambio, oculto justo fuera de los terrenos de la escuela en el edificio abandonado cerca de Hogsmeade.

En cuanto a que alguien inevitablemente notase la ausencia del joven –bueno, ella no había sido elegida como agente para esa misión por nada–. Fleur Delacour siempre tenía un plan.

Y éste era brillante.


—¡Draco! —llamó Daphne, viendo a su amigo a punto de doblar la esquina más adelante.

El chico se detuvo como sorprendido al escuchar su nombre, antes de girarse y encararse con la chica que corría hacia él.

—¿Dónde has estado toda la tarde? Blaise y yo nos encontramos fuera de las Tres Escobas pero no pudimos encontrarte. ¿Volviste pronto al castillo? —preguntó ella con curiosidad.

—S-sí —, balbuceó él, de forma bastante inusual.

Daphne titubeó, observando a su amigo atentamente. Algo estaba definitivamente mal. Draco nunca andaba encorvado como estaba ahora, ni evitaba su mirada y permitía que sus ojos grises parpadeasen nerviosamente.

¿Estaba poniéndose enfermo?

Con su preocupación aumentando, Daphne colocó una mano maternal en su frente, notando su sorprendido respingo.

—No tienes fiebre, Draco... ¿pero quizá deberías ir a Madame Pomfrey sólo para estar seguros? —sugirió Daphne.

—Yo no... quiero decir... sí, quizá —, tartamudeó.

Daphne no pudo evitar mirarle incrédula. Entonces aquello se tornó en algo un poco más sospechoso. ¿Le había pasado algo a su amigo que no quería contarle? ¿Era por eso que estaba tan inquieto?

Draco se puso en marcha apresuradamente –en dirección contraria a la enfermería–.

—Draco —, le llamó Daphne suavemente, ahora preocupada de verdad. Draco se giró torpemente y la chica se mordió el labio—. La enfermería está por el otro lado, ¿recuerdas?

Draco parpadeó antes de sonrojarse y murmurar—, por supuesto —, pasando rápidamente por delante ella, en la dirección correcta esta vez.

Daphne le siguió con la mirada, considerando a medias ir tras él sólo para asegurarse de que llegaba al lugar correcto. Finalmente decidió que no, recordando un trabajo de Pociones que tenía para el día siguiente y que había descuidado en favor de bajar a Hogsmeade con sus amigos.

Madame Pomfrey sabría cómo arreglar a Draco.

Mientras Daphne deambulaba hacia la sala común de sexto año, absorta en sus pensamientos, "Draco" dejó escapar un suspiro de alivio porque su tapadera no hubiese sido descubierta.

Deslizándose a un aula abandonada, Nymphadora Tonks permitió que su disfraza se disolviese, volviendo a su forma preferida de mujer de pelo rosa y ojos color violeta. La sorpresa de toparse con uno de los conocidos de Draco la había puesto nerviosa, y necesitaba un momento para recobrar la calma.

Con su mano pasando sobre el brazalete de oro de Procreadora retirada, que no abandonaría su brazo sin importar la forma que adoptase, Tonks permitió a su mente revolotear brevemente a su misión. Si esta ridícula correría funcionaba, y Fleur era capaz de sacar a Harry de Gran Bretaña, entonces todos los miembros atrapados allí serían libres para usar sus monedas y escapar al Cuartel General de la Orden en Francia.

Ella misma se quedaría atrás, ya que tenía un valor incalculable con su don de metamorfomaga. Por no mencionar a sus tres hijos, uno de ellos actualmente en Hogwarts. Su Calix estaba feliz allí, y Rabastan les trataba a todos bien.

El hecho de que pudiese estar allí, haciéndose pasar por Draco Malfoy, atestiguaba el grado de libertad que tenía. Rabastan creía que estaba viviendo en la Casa de Damara, preparando al nuevo grupo de Procreadoras para sus futuras vidas. Era un poco arriesgado, considerando que podía contactar con la Casa y descubrir que la madre de sus hijos no estaba realmente allí, pero tenían uno o dos agentes controlando los mensajes que entraban y salían de la casa de adiestramiento.

Suspirando para sí, Tonks se puso el disfraz de Draco Malfoy una vez más, asegurándose de que su brazalete de Procreadora quedaba oculto por el puño de la túnica del colegio antes de abandonar la clase y continuar la artimaña que ayudaría a rescatar a Harry Potter.


Continuará...

¡Hola! ¿Qué tal? ¿Nos echabais de menos? ^_^

Aah! Me ha encantado el capítulo de esta semana. La escena de ellos en la nada me ha puesto los pelos de punta, sobre todo cuando Voldemort sujeta del cuello a Harry por hablar más de la cuenta y él no se amedrenta.

Desde luego no ha podido escoger a mejor persona para unirse XD.

La orden ha vuelto a moverse y el pobre Draco ha sido su victima, esperemos que alguien se de cuenta de que el otro Draco es una mala imitación.

¡Muchas gracias a todas por vuestros comentarios!

Nos vemos el lunes :D

Traducciones. A ver qué sale.