Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan

Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^


Aviso: Este capítulo contiene violencia que puede resultar angustiosa para algunas personas. Leed bajo vuestra propia responsabilidad.


Capítulo Veintiocho

Callejón Diagon – Ministerio de Magia – Cuartel General de la Orden del Fénix

1996


El brillante resplandor de los conjuros iluminó las callejas empedradas del Callejón Diagon, donde una encarnizada batalla se estaba librando entre dos fuerzas. Protegidos tras una barricada improvisada de escombros y muebles, estabilizada con una compleja red de encantamientos, los miembros de la Orden del Fénix acechaban.

Sus rehenes, compradores inocentes que habían estado llevando a cabo sus negocios cotidianos, estaban atados y silenciados, sentados en vestíbulo de Flourish y Blotts bajo vigilancia.

Mientras las fuerzas de los Mortífagos continuaban su nuevo asalto, los miembros de la Orden que vigilaban a los prisioneros intercambiaron miradas inquietas, sus manos apretadas con fuerza en torno a sus varitas. Si el enemigo se acercaba más, podían verse forzados a cumplir su amenaza de ejecutar a los rehenes.

Eso no le parecía bien a ninguno de ellos.

—¿Cuál es el propósito de esta misión de todas formas? ¿Qué estamos logrando aquí? —murmuró uno de los guardias en actitud rebelde, sus ojos moviéndose rápidamente como si buscase un potencial oyente que se hiciese eco de sus palabras.

Su amiga, una mujer joven con ojos color avellana, miró en su dirección y respondió casi sin mover los labios—, mejor guárdate ese tipo de pensamientos para ti mismo, Jackson. Nuestro superior está mirando en nuestra dirección.

Mientras hablaba, su prepotente amigo se cuadró rápidamente, enderezando su espalda y fingiendo examinar a los prisioneros. Sólo el ligero temblor de sus dedos revelaba su aprensión a ser señalado por su comandante, el cual había sido asignado para llevar a cabo la misión allí en el Callejón Diagon.

Fuera cual fuese esa misión en realidad.

—¡Jackson! ¡Peters! —ladró el hombre repentinamente, provocando que los dos guardias diesen un respingo de sorpresa y se pusiesen rígidos de inmediato. ¿Había sido escuchada su conversación después de todo?

—¿Señor? —preguntaron ellos cautelosamente, sin atreverse a mirar uno en la dirección del otro.

—Necesito que los dos comprobéis el perímetro sur; uno de nuestros conjuros de detección acaba de sonar. Nada serio, probablemente sólo un animal, pero necesito que vayáis ambos a investigar. Llevaos a Murphy y Ericson con vosotros también, por si acaso —ordenó.

Aliviados de no estar en problemas por hablar mal de sus órdenes, los dos saludaron a la manera militar y se apresuraron a obedecer a su superior. Encontraron a Murphy y a Ericson, dos miembros de la Orden, y se encaminaron a través de los escombros que cubrían la calle hacia el perímetro sur, donde otra barricada protegía sus fuerzas por la retaguardia. Los cascotes bloqueaban la entrada desde el Caldero Chorreante, evitando el acceso del enemigo desde ese punto.

Con las varitas cuidadosamente preparadas, el cuarteto no asumía ningún riesgo innecesario en el campo de batalla, avanzando en dirección a la barricada sur. Nada parecía fuera de lugar, y con un rápido gesto de su varita, Peters constató que ninguno de los encantamientos había sido manipulado.

Desplegándose en abanico, con sus ojos observando vigilantes los alrededores, lanzaron conjuros de detección, buscando la causa de la perturbación.

Finalmente, tras no obtener nada de su investigación, Murphy bajó su varita y dijo en voz baja a los demás—, probablemente fuese sólo una rata. Volvamos y-

Su voz quedó cortada con un gorgoteo cuando una súbita línea roja floreció a lo largo de la pálida piel de su cuello, un residuo de magia Oscura todavía sobre la herida abierta. Con sobrecogido horror, los tres miembros de la Orden restantes contemplaron a su camarada cayendo de rodillas, la sangre chorreando libremente del tajo.

Mientras el cadáver de su compañero caía al suelo, Jackson gritó—, ¡Peric-! —intentando lanzar el conjuro Periculum que liberaría chispas rojas al cielo y avisaría a sus fuerzas del nuevo peligro. Sin embargo antes de que pudiese finalizar el conjuro, una tira de magia Oscura se ciñó contra su garganta y continuó apretando hasta que ya no pudo respirar. Cayendo de rodillas, Jackson arañó su cuello, logrando sólo dañar su propia piel con sus frenéticas uñas.

Peters y Ericson habían reaccionado defensivamente cuando Murphy cayó, refugiándose tras pilas de escombros mientras buscaban desesperadamente el origen de la magia Oscura. Mientras Jackson se retorcía en el suelo, Peters apuntó su varita tan calmadamente como pudo y dijo con voz clara—, Anapneo.

Inmediatamente su amigo tomó varias bocanadas completas de aire, casi sollozando de alivio por poder respirar. Comenzó a correr para resguardarse hacia el montículo de restos más cercano, sus miembros torpes por la falta de oxígeno.

Peters lanzó una mirada hacia Ericsson, que estaba acurrucado tras su barrera sin ninguna intención de enzarzarse en una lucha con su oculto enemigo. Con el disgusto creciendo en ella a causa de su cobarde compañero, Peters lanzó un rápido Protego alrededor del caído Jackson mientras se arrastraba debilitado hasta lugar seguro.

Fue justo a tiempo, ya que una maldición Destripadora golpeó contra la barrera, provocando que se estremeciese y parpadease desvaneciéndose.

Con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa ante la fuerza de la maldición y su oculto lanzador, Peters rápidamente aprovechó la oportunidad para gritar—, ¡Periculum!

Brillantes chispas rojas salieron disparadas hacia el cielo, señalando que se necesitaba ayuda en el perímetro sur. Desafortunadamente, también reveló la posición de Peters al enemigo, el cual lanzó un conjuro explosivo hacia la torre de escombros que la protegía. Con un grito de sorpresa, Peters se tambaleó alejándose mientras su protección se convertía en un peligro inmediato, con pesados restos cayendo, amenazando con enterrarla.

Forzada a salir al descubierto, se volvió a izquierda y derecha, intentando identificar la dirección de la que habían venido los conjuros.

Mientras tanto, Jackson había encontrado refugio en la entrada de una tienda; agachado y respirando entrecortadamente, obviamente no estaba en condiciones de ayudar a Peters de ninguna manera. Ericson continuó temblando de miedo tras su propia protección. Había que admitir que era la primera batalla real del joven, pero su cobardía no servía de nada a sus camaradas.

Peters sintió el sudor goteando por su cuello y recorrió con su mirada los tejados del Callejón Diagon, buscando al enemigo. Debían ser increíblemente poderosos para romper los encantamientos que rodeaban su posición, sin ser detectados. Sus propios conjuros no habían captado perturbación alguna.

Si tan solo llegasen los refuerzos, entonces ella tendría una oportunidad y-

Peters supo que su vida estaba perdida en el momento en el que el frío acero de un cuchillo adornó su garganta.

—Fue muy poco amable por tu parte enviar esa señal —, ronroneó una sedosa voz en su oído.

Áspero pelo negro se frotó contra su cara, y un inconfundible cuerpo femenino se presionó contra el suyo.

—No juegues con tu presa antes de acabar con ella, Bella —, reprendió ligeramente una nueva voz.

La mujer, "Bella", rió de manera demoníaca antes de apretar a Peters contra su pecho y comenzar a dar vueltas con ella. Peters vio a dos hombres de pie junto a ella, ambos vestidos con túnicas de batalla, sus varitas sujetas con confianza en sus manos.

Cada uno era increíblemente atractivo a su manera, y hermanos por lo que parecía.

—Dolphus, nunca dejas que me divierta —, se lamentó Bella, el enojo evidente en su tono.

—Mátala y acaba con esto —, dijo el mismo hombre de antes, con el ceño fruncido.

Bella suspiró decepcionada antes de susurrar en el oído de Peters—, no te preocupes cariño, me aseguraré de tener diversión extra con tus amigos más tarde, ¿vale?

Peters tembló de furia y miedo, sus ojos color avellana mirando valientemente a los dos hombres que la observaban con tanta calma. La hoja recorrió su garganta suavemente, y Peters dejó escapar sin querer un gemido sofocado.

—Bella —, dijo esta vez el otro hombre, su voz áspera e impaciente.

Antes de que la sádica mujer pudiese terminar lo que había empezado, las fuerzas de la Orden llegaron al fin, tomando posiciones rápidamente y apuntando sus varitas al trío que la tenía prisionera.

—Liberadla ahora, y tirad vuestras varitas y otras armas. Os superamos en número —, dijo el hombre al mando de forma autoritaria.

Bella echó la cabeza hacia atrás y rió, el sonido provocando una ola de estremecimientos que se extendió entre las filas de los miembros de la Orden. Los dos hermanos se reubicaron a su lado, observados cautelosamente por sus oponentes, cuyas varitas siguieron su seguro movimiento.

—¿Por qué debería hacerlo? Nos estábamos divirtiendo, ¿verdad encanto? —preguntó Bella, rozando con su mano uno de los lados del rostro de Peters y dejando un rastro frío a su paso. Su piel se erizó ante la acción.

—Quítame las manos de encima —, gruñó la prisionera, armándose de valor.

Bella pareció asombrada durante un momento ante la audacia de la mujer antes de darle la vuelta para que Peters se encarase con su captora al fin.

La integrante de la Orden fijó su mirada en el espeso, salvaje pelo negro y los oscuros ojos que centelleaban con sádica diversión.

—La rosa tiene espinas, ¿cómo he podido olvidarlo? —murmuró Bella, con sus terroríficos ojos fijos en los de Peters con fría intensidad.

—Te pediré una vez más que la liberes —, le espetó el comandante, furioso de ser ignorado y de que se riesen de él.

—Haz lo que quieras —, dijo uno de los hermanos con calma, su rostro libre de ansiedad o miedo.

Con el rostro enrojecido, el comandante gritó—, ¡acabad con ellos!

Repentinamente hubo un sonido de desgarro, como si un velo fuese apartado, y docenas de Mortífagos salieron de sus escondites. Habían estado cuidadosamente ocultos en los laterales del Callejón, ocultos bajo complejas capas de encantamientos, introducidos en secreto gracias a la poderosa magia combinada de sus líderes.

En una organizada oleada comenzaron a atacar a los aturdidos miembros de la Orden, derribando filas de ellos antes de que los otros finalmente reaccionasen.

Peters se encontró mirando de nuevo a los ojos de su captora, la cual estaba ignorando la batalla que tenía lugar a su alrededor. Bella acarició la piel del cuello de Peters con la daga y dijo con resignación—, me habría encantado tener la oportunidad de jugar contigo un poco más.

Con un desilusionado encogimiento de hombros aceptando la situación, la bruja recolocó el cuchillo e hizo ademán de dar un rápido golpe mortal al indefenso cuello de Peters.

Excepto que mientras la hoja bajaba rápidamente, y Peters cerraba sus ojos, hubo un repentino cambio en la atmósfera, como si algo poderoso estuviese vibrando mientras volvía a la vida.

Bellatrix Lestrange se encontró con su cuchillo cortando el vacío.

Los Mortífagos a su alrededor se quedaron boquiabiertos ante el desierto campo de batalla, ahora vacío de oponentes.

La Orden había desaparecido.


Lord Voldemort había encontrado las protecciones erigidas en torno al complejo del Ministerio impresionantes, pero inferiores al poder de su magia. Recurriendo al núcleo mágico que Harry y él compartían, no había sentido ninguna merma mientras las protecciones se venían abajo.

Las fuerzas de los Mortífagos se habían apresurado a ayudar a los hombres y mujeres que luchaban contra los insurrectos en el interior, y el Señor Oscuro se había aproximado calmadamente a la batalla que se libraba en el vestíbulo, haciendo volar por los aires a cualquiera suficientemente estúpido como para bloquear su camino.

Mientras avanzaba con tranquilidad hacia el centro de la batalla, el silencio había caído ante la aparición del líder de la comunidad mágica de Gran Bretaña. Con el gesto más simple de una mano había tenido a los rebeldes de la Orden atados y de rodillas.

La batalla por el Ministerio había acabado.

Sobrecogidos y asustados, los miembros de la Orden habían permanecido allí donde se habían visto forzados a quedarse, sin luchar contra sus ataduras o hacer ningún intento de huida.

Allí era donde el Señor Oscuro se encontraba ahora, con el desdén asomando a sus labios ante la apariencia atemorizada de sus enemigos. Había supuesto una patética resistencia para él.

Era decepcionante, por decir algo.

Sus propias fuerzas reverenciaban su poder, intercambiando susurros admirados mientras realizaban sus tareas limpiando el vestíbulo y transportando a los funcionarios heridos del Ministerio a San Mungo para que recibiesen tratamiento.

Lucius Malfoy y Severus Snape observaban a su Señor con respeto en sus ojos, así como una saludable dosis de preocupación. ¿Era normal para una persona tener tanto poder puro?

A diferencia de su amigo Severus, Lucius sabía de la ceremonia de unión de núcleos que su Señor había llevado a cabo con su joven ex-Cortesano, Harry Potter. Sabía que el chico tenía cierto grado de poder, pero tanto como para haber amplificado el del Señor Oscuro hasta esos niveles... era increíble.

—Lucius —, llamó Lord Voldemort suavemente, haciendo que su Mortífago del Círculo Interno se pusiese inmediatamente a su lado.

—¿Sí, mi Señor?— preguntó respetuosamente.

—Quiero que estos rebeldes sean trasladados a Azkaban. Ordena que sean torturados para obtener información; cualquier detalle que se descubra debe transmitírseme inmediatamente.

Los miembros de la Orden más cercanos a la pareja palidecieron dramáticamente ante la mención de Azkaban y la tortura, con horror evidente en sus ojos. Lucius sintió un destello de desdén por ellos, por permitir que sus emociones se mostrasen con tanto atrevimiento en sus rostros.

No durarían mucho en manos de los torturadores del Señor Oscuro.

—Muy bien, mi Señor, así se hará.

Con un autoritario chasqueo de sus dedos, el sangre limpia invocó a un elfo doméstico de su Mansión a su lado para hacer que el mensaje fuese llevado con rapidez al director de Azkaban.

Sin embargo, cuando la criatura llegó, fue evidente que no llevaría ningún mensaje.

La pequeña cosa estaba muerta del todo.

Lucius se quedó mirando con confusión e ira a la difunta criatura tendida en el suelo del vestíbulo del Ministerio, sus ojos grises estudiando serenamente la maldición cortante que había rajado su garganta con mortal precisión.

—¿Qué significa esto, Lucius? —inquirió el Señor Oscuro con frialdad.

—Hay un intruso en la Mansión —, dijo con tanta firmeza como pudo. No había otra manera de que la criatura hubiese podido ser asesinada.

—Harry —susurró, en voz tan baja que sólo Lucius fue capaz de escucharlo.

Repentinamente hubo un poderoso zumbido en el aire, y una magia dolorosamente familiar para el Señor Oscuro pronto impregnó sus sentidos.

—Dumbledore —gruñó, reconociendo el sabor de la magia. El hombre hacía mucho que estaba muerto, aniquilado por su propia mano, pero esto era un residuo de su poder, quizá un conjuro que había estado esperando para ser activado.

Antes de que pudiese hacer nada para evitarlo, los miembros de la Orden atados desaparecieron como si nunca hubiesen estado allí, sus rostros radiantes por la victoria y el alivio mientras eran rescatados.

Incluso en la muerte, el viejo estúpido continuaba ganándole la partida.

Sin esperar a ver las repercusiones de la abrupta salida de la orden, el Señor Oscuro se Apareció en la Mansión Malfoy, percibiendo que las protecciones alrededor de la propiedad habían sido desactivadas.

Con su magia azotando a su alrededor furiosamente, Lord Voldemort llegó a la habitación de invitados en la que había dejado a su amante.

Encontró a Narcissa Malfoy en el suelo junto a su hijo, que se estaba allí tendido sin conocimiento debido a la pérdida de sangre, el líquido carmesí manchando su camisa. La mujer sangre limpia se puso rígida ante la presencia de su Señor, alzando lentamente sus ojos azules para ver el ardiente rojo que perforaba agujeros en ella.

La cama estaba incriminatoriamente vacía.

—¿Dónde está él? —gruñó el Señor Oscuro, la rabia provocando que su alborotada magia arrancase tiras de pintura de las paredes.

—Ha sido secuestrado —, declaró Narcissa Malfoy con claridad, sus ojos llenos de derrota y odio hacia sí misma.

—Me has fallado, Narcissa —, murmuró Lord Voldemort peligrosamente.

La mujer sangre limpia acarició la mejilla de su hijo delicadamente, antes de ponerse en pie. Su vestido estaba manchado con la sangre de Draco.

—Lo he hecho —, asintió ella, incluso mientras apretaba sus rodillas tenazmente para evitar su violento temblor.

—Conoces el castigo por un fallo como éste —, siseó el Señor Oscuro, casi hablando en Pársel.

La orgullosa mujer alzó su barbilla y dijo con valor—, aceptaré cualquier castigo que crea adecuado, mi Señor. Le he fallado. Si debe tomar mi vida para corregir este error, entonces hágalo.

El silencio reinó entre ambos.

—Muy bien... he decidido tu castigo —, dijo finalmente el Señor Oscuro, sus ojos carmesí observando a la hermosa aristócrata sangre limpia.

Narcissa inclinó su cabeza, esperando por la sentencia de muerte que sin duda llegaría. ¿Qué haría Lucius cuando descubriese su cuerpo allí? ¿Se vengaría contra su Señor? ¿Y qué pasaría con su hijo, su Draco? ¿Qué sería de él sin su madre para guiarle?

—Deberás recuperar a Harry Potter.

Narcissa se quedó inmóvil ante esas palabras, incrédulos ojos azules elevándose para encontrarse con los de su Señor.

—Sólo cuando él esté seguro de nuevo conmigo, será perdonado tu fallo, Narcissa Malfoy.

Alivio y renovada determinación llenaron a la mujer ante aquello. Se le había dado una segunda oportunidad.

Viendo la decisión y la fuerza de voluntad en los ojos de su seguidora, Lord Voldemort sintió la satisfacción de saber que esa mujer no se detendría ante nada para recuperar a su amante de las garras de la Orden.

—No le fallaré de nuevo, Mi Señor —, prometió Narcissa con acerada seguridad.

—Asegúrate de no hacerlo.

Apareciéndose de la habitación, el Señor Oscuro llegó a sus estancias privadas en la Ciudadela.

Con un grito de total y absoluta furia liberó la magia que había estado conteniendo en la habitación, sintiendo su magia Oscura canalizando su feroz cólera. Los muros se despellejaron, el cristal se rompió, la madera se astilló, la tela se rompió y las mismas piedras de los cimientos retumbaron ante su ira.

La Orden se había llevado a su amante, su compañero de vínculo, su futuro Consorte.

Morirían por ello.

Y el Señor Oscuro ya podía sentir un ligero dolor creciendo en su pecho, irradiando a través de su cuerpo y causándole malestar.

Los efectos de la separación entre su vinculado y él tan solo estaban comenzando...


Hermione Jane Granger aterrizó torpemente sobre duro mármol, el medallón de la Orden en su mano comenzando a enfriarse mientras el conjuro que lo había activado se asentaba.

Ginny estaba en el suelo junto a ella, gimiendo mientras frotaba con cautela su estómago, molesto por su primer viaje vía Traslador.

Hermione se fijó en las otras personas presentes con ellas en la enorme habitación, algunas todavía llegando entre fogonazos de luz, y otras comenzando a moverse ya, encontrando a gente y llorando de alegría al reunirse con sus seres queridos.

Sus veloces ojos color canela recorrieron el vestíbulo en busca de alguna señal del clan Weasley, pero todavía no habían llegado.

Era todo tan surrealista, sentada allí rodeada por tantas caras desconocidas, en lo que parecía el vestíbulo de una lujosa mansión. El peso del collar de oro de Procreadora alrededor de su cuello era un recordatorio de dónde había venido, pero sin duda era libre. La Orden las había rescatado a su hermana adoptiva y a ella.

Recordar a la familia la llevó a pensar en Harry, su querido hermano adoptivo el cual no había visto en años. Le había enviado una carta increíble unos días antes, afirmando que el Señor Oscuro le había liberado, y que iba a liberar a toda su familia de la servidumbre tan pronto como pudiese.

Hermione apenas había creído las palabras escritas frente a ella; era incomprensible que Lord Voldemort hiciese algo tan amable con alguien de su casta.

Pero había mantenido la confianza sabiendo que sin importar si era cierto o no, Harry sería rescatado pronto. Aquello era lo que Tonks le había dicho a Ginny a ella hacía algún tiempo, cuando la mujer les había recordado decir la palabra clave, "Santuario" cuando sus medallones se calentasen. Aquello había activado el conjuro en las monedas, el cual las había convertido en Trasladores para ella y su hermana adoptiva.

Risa y llanto resonaron por el vestíbulo mientras la gente seguía encontrando amigos y familiares por primera vez en años. Verles reunirse provocó que un dolor creciese en el pecho de Hermione. Ella daría lo que fuese por ver a Harry ahora.

—-Potter todavía tiene que despertarse...

La cabeza de Hermione se alzó para localizar la voz, divisando a dos hombres caminando juntos no muy lejos de donde ella estaba. Tambaleándose para ponerse en pie, ignorando el aturdimiento de Ginny, Hermione corrió rápidamente tras los dos hombres que estaban a punto de salir del vestíbulo.

—¡Esperen! —gritó, haciendo que los dos mirasen en su dirección.

Uno era alto y de piel oscura, su rostro regio y amable mientras miraba hacia ella. El otro era mucho menos agradable; sus rasgos marcados y duros, uno de los ojos una prótesis azul eléctrico que hizo que Hermione se sintiese visiblemente incómoda.

—¿Sí? —preguntó el hombre intimidante de forma brusca, haciendo que Hermione se encogiese ante su tono.

Lanzando una mirada reprobatoria a su compañero, el hombre de piel oscura le sonrió y le preguntó con una profunda y melodiosa voz—, ¿qué podemos hacer por ti, joven dama?

Mirando fijamente a los dos hombres, Hermione dijo—, he oído que mencionaban el nombre Potter. No se estarían refiriendo a Harry Potter ¿verdad?

Fue como si hubiese dicho algo tabú; los dos hombres se pusieron rígidos e incluso el amable la estudió de arriba a abajo, como si pudiese ser una espía disfrazada.

—¿Qué relación tienes con Harry Potter? —casi gruñó el hombre más rudo, su ojo falso fijo de forma infalible sobre la muchacha.

—Es mi hermano adoptivo. Crecimos juntos. Si él está aquí en algún lugar, ¿podrían llevarme hasta él? Sólo quiero asegurarme de que está bien —, suplicó Hermione, repentinamente desesperada por ver a Harry, por tener una confirmación visible de que había sido rescatado.

El hombre más duro abrió su boca con furia, sin duda para refutar sus afirmaciones, cuando el otro puso una mano apaciguadora sobre el brazo de su acompañante—. ¿Creciste con los Weasley? —preguntó amablemente.

—Sí, lo hice —afirmó Hermione.

—No veo qué-

—Alastor —, dijo el hombre de piel oscura a modo de aviso.

Con un rugido de frustración, murmurando algo acerca de un "desastre de seguridad", sacó su varita y lanzó algunos conjuros sobre Hermione, buscando cualquier cosa peligrosa o potencialmente dañina en ella. Cuando resultaron negativos, gruñó y le dijo de mala gana a su compañero más alto—, está limpia.

—Entonces no hay problema en que se le permita ver a su hermano adoptivo —, dijo el hombre con una encantadora sonrisa en dirección a Hermione.

Devolviéndole otra titubeante a modo de respuesta, Hermione ignoró el gruñido de "Alastor" y siguió al hombre más amigable, dejando al de rasgos duros tras ella, su ojo azul fijo en su espalda.

—Mi nombre es Kingsley Shacklebolt —, se presentó el hombre, ofreciéndole otra sonrisa a Hermione por encima del hombro.

—Yo soy Hermione Granger —, dijo la muchacha con cierta timidez, sobrecogida por estar allí, en ese sitio nuevo con tantas caras diferentes.

Shacklebolt la llevó por unos cuantos corredores antes de detenerse frente a una puerta de madera sin adornos, girar el pomo y guiarla dentro. Hermione entró en la habitación y su mirada fue inmediatamente a la figura que dormía tendida en la cama con dosel en el centro de la habitación.

Con un suave grito de alegría, Hermione corrió junto a su hermano adoptivo, con cuidado de no despertarle a pesar de su deseo de estrecharle entre sus brazos. Sentándose en la silla colocada junto a la cama, Hermione se adelantó tanto como pudo y cogió una de las manos de Harry con las suyas. Frunció el ceño ligeramente ante la sensación del frío apéndice, antes de acariciarlo con delicadeza entre las suyas cálidas para animarla a volver a la vida.

—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó preocupada, mientras Harry seguía sin reaccionar en la cama, sólo el regular subir y bajar de su pecho como prueba de que todavía estaba vivo.

—Tenemos razones para creer que un conjuro Oscuro fue lanzado sobre él por Voldemort o uno de sus seguidores —, respondió Shacklebolt con seriedad. Cuando Hermione palideció de preocupación por su hermano adoptivo, el hombre de piel oscura dijo en tono tranquilizador—, tenemos a nuestros mejores sanadores e investigadores buscando el contrahechizo. Hasta entonces, dormirá.

Los dos miraron al hermoso chico tumbado sobre la cama, su pelo negro extendido alrededor de su rostro. Había un ligero malestar en su rostro, como si algo en su interior le doliese.

Hermione acarició su mano con la suya, sintiendo la impotencia crecer dentro de ella.

No había nada que pudiese hacer por su hermano adoptivo salvo confiar en que se despertaría.


Sin que las dos personas en la habitación lo supiesen, cierta serpiente estaba encogida y oculta tras complicada magia Oscura, deslizándose bajo la cama. Nagini había sido puesta por su maestro en el bolsillo de Harry, ordenándole que le protegiese mientras él estaba fuera.

Había sido incapaz de evitar que el polluelo fuese secuestrado, pero mientras ella estuviese a su lado, estaría a salvo de todo daño.

Había faltado poco cuando uno de los sanadores había desnudado al compañero de su maestro para buscar artefactos de detección, y Nagini había tenido que deslizarse precipitadamente bajo la cama para evitar ser descubierta.

Pero ella sabía que iba a merecer la pena la incomodidad al final, cuando su maestro y su querida pareja estuviesen juntos una vez más. Cuando llegase el momento, mordería con gusto a todos los que allí estuviesen y les mataría por llevarse el tesoro de su maestro.

Sólo tenía que ser paciente y esperar.


Continuará...

Nota de Autora: Siento los Personajes Originales en este capítulo. Realmente no me gustan los Personajes Originales, pero hay pocos de la Orden a los que pueda recurrir.

Drops of Nightshade x


¡Hola!

¿Qué tal habéis pasado la semana? ¿Nos echasteis de menos? ^^

La Orden finalmente ya ha dado su paso y sus miembros se han puesto a salvo, ahora solo falta ver si los Weasley lo logran o no y qué pasa con Tonks

¿Soy la única que tiene ganas de que Nagini se ponga a morder a todo el mundo? (Muerde a Fleur, ¡muerde a Fleur por favor! XD)

¡Muchas gracias a todas las que nos dejáis vuestros comentarios!

¡Nos vemos en unos días!

Un saludo

Traducciones. A ver qué sale