Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo Treinta y Uno
Mansión Beaumont - Cuartel General de la Orden del Fénix
1996
La risa moderada de refinadas jovencitas resonaba a través de los terrenos inmaculadamente mantenidos de la elegante Mansión Beaumont. Sentadas bajo un pabellón, protegidas de los brillantes rayos del sol de otoño, se había reunido una congregación de mujeres sangres limpias.
El agradable ritmo de su francés subió y bajó mientras discutían la inminente boda de la heredera de la fortuna familiar de los Beaumont, Lady Monique. Su madre, la vivaz Lady Angeline Beaumont había criado a una hija formidable, una que rivalizaba con cualquier heredero varón que pudiesen haber engendrado. Era una sorpresa para muchos que a pesar de la ausencia del difunto Lord Beaumont, fuese la pareja de madre e hija la que manejase todos los asuntos de la hacienda, incluyendo organizar un buen matrimonio para Monique.
A pesar de que la futura novia estaba sentada en el corazón del pabellón, era Angeline la que reinaba sobre su corte, haciendo bromas ligeras a las mujeres a su alrededor, sus penetrantes ojos marrones la única indicación de que su benevolente actitud era una máscara para una mente peligrosamente brillante.
Sentada a la derecha de Angeline estaba Narcissa Malfoy, quien había llegado hacía tres días para participar en las festividades de la boda. Ocasionalmente intercambiaba unas frases en perfecto francés con sus vecinas antes de sumirse en el silencio. Ella claramente tenía otras cosas en la cabeza antes que cotillear con las mujeres sangres limpias reunidas allí hoy. Sus ojos se iban constantemente hacia la elegante mansión que se extendía por los terrenos. Los hombres estaban disfrutando de su charla dentro, mientras sus mujeres se deleitaban con los últimos vestigios de luz solar mientras los días se volvían más fríos.
Angeline lanzó una mirada astuta a su vieja amiga antes de invocar a un elfo doméstico con un chasqueo de sus dedos. Conversó rápida y discretamente en francés con la criatura antes de que una expresión satisfecha cruzase su cara mientras se ponía en pie, dando unas palmadas con delicadeza para atraer la atención de las otras mujeres.
Se percató de que su Monique alzaba una ceja de forma inquisitiva, con un brillo de interés en los ojos marrones que había heredado de su madre. La inteligente chica sabía por qué estaba allí Narcissa Malfoy después de todo y había adivinado que su madre acababa de recibir confirmación por parte de su elfo doméstico de que todo estaba yendo de acuerdo con el plan.
Narcissa apenas prestó atención mientras Angeline se dirigía a las otras mujeres, dándoles las gracias por venir a celebrar la gozosa ocasión. Fue sólo cuando la mujer francesa sugirió que se retirasen dentro que la concentración de Narcissa saltó hacia su vieja amiga.
Mientras las mujeres se levantaban en una ola de vestidos susurrantes y charla ligera brotando entre ellas, Angeline le lanzó a Narcissa un guiño furtivo. Chasqueando sus dedos, la mujer invocó al mismo elfo doméstico a su lado una vez más, el escudo de armas de la familia Beaumont impreso en su túnica color amarillo claro.
—Prinny te guiará al tocadog, Narcissa queguida —, dijo ella en un impecable inglés y suficientemente alto como para que unas pocas mujeres a su alrededor pudiesen oírla por si acaso. Entonces, bajando su voz para que sólo Narcissa pudiese oírla, murmuró—, los prepagativos se han llevado a cabo y nuestgo amigo está espegándote.
—Gracias, Angeline —, dijo Narcissa, sus palabras cargadas con un doble significado. Ella comprendía ahora lo que su amiga había hecho y estaba extremadamente agradecida por ello. Monique observó con aprobación desde cierta distancia, con un gesto gatuno en su rostro. Se había dado cuenta de lo que su madre había hecho.
—Prinny la guiará señora Malfoy —, dijo el elfo doméstico con voz aguda. Sus bulbosos ojos verdes brillaban y Narcissa se dio cuenta de que este elfo en particular también estaba implicado en la trama.
Aceptando la delicada mano que le ofrecía, Narcissa permitió a la criatura Aparecerla lejos de los hermosos jardines, supuestamente al tocador. Pero ella sabía que no iba a ir a ningún lugar ni remotamente cercano.
Como esperaba, Narcissa llegó a las mazmorras de la Mansión Beaumont. Levantando con cuidado el dobladillo de su túnica exterior de gasa para que el polvo de las frías losas no pudiese mancharla, Narcissa se volvió para ver el resto de la estancia.
Apoyado contra el muro más lejano y encadenado con grilletes estaba un hombre con tieso pelo negro y asustados ojos grises, enfocados en estos momentos hacia Narcissa con anonadado terror.
Sus ropas estaban revueltas, la túnica azul señalándole como un funcionario del Ministerio Francés. Las gafas que llevaba estaban a medias fuera de sitio, uno de los lados colgando cómicamente fuera de su oreja.
Estaba amordazado mágicamente y su varita confiscada.
—¿Necesita la señora Malfoy que Prinny se quede y la ayude? —preguntó el elfo doméstico, sus ojos verdes entrecerrados y fijos en el hombre encadenado a la pared.
Ante la mirada decididamente peligrosa de la criatura, el funcionario del Ministerio no pudo sino encogerse de miedo. Era el elfo doméstico que le había capturado después de todo. Había sido invitado a la prestigiosa Mansión Beaumont para celebrar el anuncio de la inminente boda de su heredera. Al llegar había sido conducido por este elfo en particular a una habitación donde había caído en una emboscada y se le había quitado su varita.
Después había sido llevado a las mazmorras.
—No, Prinny, puedes irte —, dijo Narcissa con amabilidad.
Haciendo una reverencia a Lady Malfoy, el elfo lanzó al funcionario del Ministerio otra mirada ceñuda, haciendo que el hombre se encogiese, antes de Aparecerse.
Narcissa sacó un frasquito de su vestido. Lo había tenido preparado desde que Angeline le informó de que había invitado a monsieur Durant a las celebraciones de la boda de su hija. El hombre era un funcionario importante del Ministerio, famoso por estar implicado con la Orden del Fénix.
Y si Narcissa estaba en lo cierto él podía ser uno de los pocos que sabían dónde se escondía el cuartel general.
—Buenas tardes —, comenzó Narcissa amigablemente mientras quitaba el tapón al frasquito.
El hombre no podía hacer ningún ruido, pero a juzgar por la expresión de su rostro, si no hubiese estado amordazado sólo habría lloriqueado.
—Vas a responder a algunas preguntas para mí —, continuó dulcemente Narcissa, aproximándose al hombre con el frasco preparado.
Monsieur Durant comenzó a agitarse, provocando que Lady Malfoy chasquease su lengua con fastidio—. No voy a aguantar eso. Sólo quiero tener una pequeña charla —. Agitando su varita, le inmovilizó completamente.
Inclinándose la mujer sangre limpia obligó al hombre a abrir la boca y echó su cabeza hacia atrás para asegurarse de que el contenido del frasco entrase de forma adecuada. Sin más dilación, Narcissa vertió la sustancia por la garganta del hombre.
Sólo cuando las últimas gotas hubieron sido involuntariamente consumidas guardó Narcissa cuidadosamente el frasquito vacío de vuelta en su vestido y liberó al hombre de su parálisis.
Se atragantó y balbuceó un poco, como si algo del contenido del frasco se hubiese colado por sus vías respiratorias.
—¿Cuál es su nombre? —preguntó Narcissa bruscamente, apartándose con disgusto mientras el hombre continuaba tosiendo.
Fue como si hubiese activado un interruptor, ya que el hombre se incorporó y respondió en un tono monótono y robótico—, Jean Pierre Dormant.
—¿Está casado, monsieur Dormant? —preguntó Narcissa.
—No —, llegó la monocorde respuesta.
—¿Cuál es su fecha de nacimiento?
—El tres de marzo de mil novecientos cincuenta y cinco.
Una complacida sonrisa cruzó el rostro de Narcissa.
El Veritaserum era un éxito. No es que hubiese tenido dudas del excelente trabajo en pociones de Severus Snape.
—Bien hecho monsieur Dormant. Ahora va a responderme a algunas preguntas acerca de la Orden del Fénix. Comencemos.
Harry entró en la enfermería de la Orden, observando con alivio mientras el miembro que le había escoltado hasta allí se volvía y se marchaba, cerrando la puerta tras él. El hombre había sido una desagradable sorpresa en la puerta de Harry y no había dicho nada más aparte de que se le requería en la enfermería. Harry asumió que se le había hecho llamar para hacerle un chequeo, viendo que ya hacía cuatro días desde que se había despertado.
Tomando asiento en una de las camas en la sala de sanación, indiferente ante el hecho de que estaba arrugando la impoluta sábana blanca, Harry aprovechó la oportunidad para pensar acerca de lo que Remus le había dicho hacía tres días, como hacía a menudo cuando tenía un momento libre.
Cerrando sus puños y apretando los dientes, Harry se dijo a sí mismo que no podía ser cierto. Remus debía estar desinformado, debían haberle dicho mentiras para que fuese más amigable ante la decisión de la Orden de secuestrarle.
Sin embargo, el nudo de ansiedad en el estómago de Harry, que había estado presente desde que el hombre lobo le había revelado lo que sabía, se negaba a desaparecer. Incluso ahora mientras el chico de pelo negro pensaba sobre ello, el nudo se apretaba.
Porque si lo que Remus afirmaba era cierto...
No.
No podía ser verdad porque Harry se negaba a que fuese verdad.
La puerta de la enfermería se abrió y Harry levantó la cabeza esperando que entrase el sanador de guardia de la Orden. Sin embargo se sorprendió al encontrar a Bill Weasley, contemplando a Harry con una expresión igual de sorprendida en su rostro.
Esa expresión se desvaneció para ser reemplazada por una sonrisa que surgió de forma natural para Bill—. Hey Harry, no esperaba verte aquí. ¿Haciéndote un chequeo?
—Sí, eso creo —, respondió Harry, sonriendo torpemente a su hermano adoptivo.
Las cosas habían estado incómodas entre el resto de su familia y él, una situación exacerbada por la decisión de Molly de hablar a la Orden acerca de las habilidades únicas de Harry y por su propia actitud negativa hacia los miembros de la Orden. Estaba claro que él quería volver a Gran Bretaña con Lord Voldemort y su familia simplemente no podía entender por qué.
La atmósfera entre los dos hermanastros se volvió más tensa y un pesado silencio se asentó entre ambos. Harry se dedicó a tirar de un hilo suelto en el jersey verde que le habían dado para que se pusiese, para no encontrarse con la mirada de Bill.
Buscando desesperadamente algo que decir, Harry se decidió por—, ¿y tú qué estás haciendo aquí?
Para su sorpresa el rostro de Bill se ruborizó con un brillante tono rojo y sus ojos azules se movieron con inquietud, avergonzados.
—B-bueno escuché que Fleur Delacour se había despertado... y que había sido trasladada aquí así que supongo que quería... ¿desearle que se mejore? —explicó Bill titubeando, terminando con una interrogación como si se estuviese preguntando a sí mismo qué estaba haciendo allí.
Ante la mención de su secuestradora, Harry se puso rígido y su rostro se volvió inexpresivo—. Oh. ¿Ella está por aquí en alguna parte?
Sus ojos verdes, inusualmente fríos, recorrieron la enfermería, buscando una cama ocupada.
Bill frunció el ceño ante la gélida reacción de Harry, y sintiéndose protector acerca de la mujer de la que se había enamorado, preguntó— ¿por qué esa frialdad?
Harry clavó una mirada totalmente espeluznante en su hermano adoptivo y dijo con una voz mortalmente calmada—. Ella me sacó de mi hogar contra mi voluntad. Perdóname si soy un poco frío.
Bill dio un respingo ante las palabras de Harry, con confusión y una justificada furia creciendo en su pecho en nombre de Fleur—. Pero ella te resca-
—¡No te atrevas a decir que me rescató! —rugió Harry violentamente. Estaba de pie ahora, su pecho subiendo y bajando con ira, y sus ojos como fragmentos de hielo verde astillado. Bill sólo podía mirar en un horrorizado silencio mientras su hermano adoptivo, de temperamento habitualmente dulce, se volvía agresivo—. ¡Si una sola persona más de este sitio me dice que fui rescatado de mi terrible situación entonces se encontrarán sin lengua!
Viendo la seriedad en el rostro de Harry, Bill sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal mientras se daba cuenta de que la amenaza del chico era sincera. Tragando saliva con fuerza, aceptando el hecho de que ya no conocía realmente al joven frente a él, Bill sólo podía observar, sin palabras.
Finalmente intentó razonar con su hermanastro—. Harry, tienes que comprender...
—No, Bill.
Tanto Harry como Bill se volvieron para ver a Fleur Delacour apoyándose pesadamente contra el marco de la puerta de la habitación privada de donde había salido. Su pelo rubio colgaba lacio en torno a su cara, su piel pálida por la pérdida de sangre. El pijama de la enfermería que llevaba colgaba de sus hombros revelando un cuerpo ligeramente malnutrido de más.
—¿Cuánto tiempo llevas escuchando? —le espetó Harry. Sabía quién era, a pesar de sólo haber oído hablar de ella. Su descripción como medio-veela era suficientemente reconocible.
Fleur fijó sus fríos ojos azules en el furioso muchacho y respondió—, desde que empezaste a gritag lo bastante fuegte como para despertagme.
Harry cruzó sus brazos a la defensiva frente a su pecho, alzó su barbilla y preguntó—, ¿y bien? ¿no vas a pedirme que te dé las gracias? ¿Hacerme admitir que lo que hiciste está bien?
—No —, dijo la mujer con tono cansado. Harry hizo una pausa sorprendido ante esa única palabra, tan pesadamente cargada de fatiga—. Seguí ógdenes. Mi taguea fue encomendada egóneamente, y ha repegcutido negativamente en tu vida, pero estaba haciendo lo que creía que era coguecto en ese momento.
Harry permaneció en un sorprendido silencio. Nunca habría esperado aquello por parte de la mujer que le había raptado.
Fleur fijó sus ojos azules en los verdes de Harry y dijo—, no puedo cambiag lo que he hecho, pego puedo decig esto —. Se armó de valor y dejó a un lado su orgullo—. Lo siento. Sé que nunca tendgé tu pegdón, pero que sepas que lamento lo que he hecho. Debeguía haber sabido en el momento en el que te vi sin tu collag de Cogtesano que tus circunstancias habían cambiado. Estaba ciega y ahoga tú has pagado el precio.
Fleur se volvió trabajosamente para regresar a su cama, pero la voz de Harry la detuvo—. No puedo perdonarte.
La chica se giró ligeramente y asintió de manera comprensiva. Antes de que pudiese volver a su habitación, Harry continuó—, pero entiendo tus motivos. Y creo que tú has pagado el precio también por tu ceguera —. Hizo una seña en dirección a las partes vendadas de su cuerpo, donde los sanadores estaban luchando incluso ahora para reparar el daño y devolverle a la mujer la movilidad completa.
Fleur le observó durante un momento antes de asentir aceptando sus palabras. Entonces se giró hacia Bill, el cual había estado silenciosamente concentrado en su conversación—. Ven Bill. Ayúdame a llegag a mi cama.
Bill se puso de un color rojo brillante ante la elección de palabras de la mujer. Fleur alzó una única pálida ceja.
—¡P-por supuesto! —balbuceó él.
Antes de ir a ayudar a la hermosa medio-veela, Bill sabía que necesitaba decir algo a su hermano adoptivo, para evitar separarse de mala manera—. Creo que ahora lo entiendo.
Harry le observó antes de que una pequeña sonrisa apareciese en su rostro. Sin embargo desapareció con demasiada rapidez—. Sabes que haré todo lo que esté en mi mano para volver a casa.
—Lo sé. Los gemelos se quedarán destrozados, también Ron, pero un día lo entenderán.
Harry asintió, apartando la tristeza por no poder expresarse ante su familia adoptiva, por no poder decirles cómo se sentía acerca del Señor Oscuro.
—Bueno... nos veremos hermanito —, dijo Bill, en un tono decididamente alegre.
Después de aquello cogió el brazo de Fleur y escoltó a la debilitada mujer hasta su habitación, permitiendo que la puerta se cerrase tras ellos y dejando a Harry solo en la zona principal de la enfermería de nuevo. Sin embargo estuvo solo durante un minuto antes de que la puerta de la sala de curación se abriese y entrase un sanador desconocido. Pisando los talones del hombre estaban McGonagall, Moody y Shacklebolt.
El rostro de Harry ya había cambiado a su máscara en el momento en el que alguien desconocido había entrado, y mientras el trío de líderes que habían sido los principales organizadores de su secuestro llegaba, también su mirada se había vuelto calculadora y defensiva.
—Disculpe el retraso señor Potter, tuvimos que informar al señor Cordell de su situación antes de venir aquí —, explicó McGonagall en su habitual tono enérgico.
—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó bruscamente Harry.
—Vigila tu tono, chico —, gruñó Moody amenazadoramente, antes de refrenarse a la fuerza después de que McGonagall le lanzase una feroz mirada para que se comportase—. Cuanto antes le vea el sanador, mejor.
Ya suspicaz ante la situación, las palabras de Moody ayudaron a que todo encajase para Harry. Éste no era un chequeo físico normal. El sanador de guardia de la Orden habría estado presente.
Acercándose sutilmente hacia la puerta con la excusa de ir hacia la cama que había dejado vacía hacía poco, Harry evaluó la distancia para escapar. No iba a quedarse quieto y permitir que un sanador le pinchase, hurgase en él e hiciese quién sabe qué.
De repente Moody sacó su varita y disparó un conjuro de aturdimiento al desprevenido muchacho, haciendo que Harry se pusiese rígido y cayese al suelo.
—¡Alastor! —cacareó con ira McGonagall.
—El chico estaba intentando descubrir la forma de escapar. Se veía en sus ojos. Además, será más fácil conseguir que esté quieto para el procedimiento de esta forma —, dijo Moody despectivamente, mientras levitaba el congelado cuerpo de Harry hasta la cama más cercana.
McGonagall apretó los labios pero no dijo nada.
Mientras tanto Harry estaba experimentando un incómodo recordatorio de su experiencia en manos de Zacharias Smith; estar retenido e impotente para impedir lo que iba a ocurrir. El pánico invadió su cuerpo, haciendo difícil que se concentrase.
No había Señor Oscuro preparado para salvarle ahora.
El sanador se puso junto a Harry, y quizá viendo el horror en los ojos del joven, se compadeció de él y le aseguró—, soy un sanador de la mente experimentado, señor Potter. Le prometo que el procedimiento será rápido e indoloro —. Intentó sonreír de manera tranquilizadora, pero sólo logró una mueca.
Un sanador de la mente. Estaban convencidos de que el Señor Oscuro había colocado un conjuro en su cerebro.
—Lamentamos tener que hacerle esto, señor Potter —, murmuró Shacklebolt, su rostro sombrío.
Harry deseó poder fulminar con la mirada, si así fuera estaría quemando agujeros en la cabeza del hombre. Ninguno de ellos lamentaba aquello, no realmente. Estaban desesperados.
—Estoy listo para empezar —, anunció el señor Cordell, el sanador de la mente.
El pánico en Harry se disparó.
Sabía que no tenía sobre sí mismo ningún conjuro que controlase la mente, ninguna magia Oscura que afectase a sus patrones de pensamiento. Pero tenía un Horrocrux recientemente implantado acechando en su cabeza. Algo tan poderosamente Oscuro sería difícil que el sanador lo pasase por alto cuando estuviese recorriendo el cuerpo de Harry.
—Vamos allá —, murmuró el hombre, antes de colocar sus manos a cada lado de las sienes del muchacho.
Hubo una fuerte presión en la mente de Harry y maldijo no haber recibido nunca aquellas lecciones de Oclumancia. Entonces todos los pensamientos se desvanecieron de su mente mientras la negrura le invadía.
—...siento mucho esta situación...
—¿...no se puede hacer nada?
Una charla fragmentada fue lo primero que Harry escuchó al volver en sí, con su cabeza latiendo.
Por un momento se quedó sobre la suave superficie de la cama, luchando por recordar cómo había llegado hasta allí, y por qué en nombre de Merlín se sentía como si alguien hubiese golpeado su cabeza con un martillo.
Mientras la consciencia volvía a él, Harry se sobresaltó al recordar ser paralizado por el conjuro de Moody y obligado a soportar un supuesto procedimiento de sanación de la mente. Eso explicaba su agónico dolor de cabeza.
No queriendo que la gente en la habitación supiese que estaba despierto, Harry se concentró con fuerza en lo que se decía a su alrededor. Habían estado hablando acerca de una conexión...
—Alastor, no podemos matarle —, dijo McGonagall. Las palabras hicieron que el corazón de Harry se helase.
—No me digas que estás dejando que se escape una oportunidad como ésta. Si lo que dice el señor Cordell es cierto-
—Le aseguro que es cierto —, le interrumpió autoritariamente la voz del señor Cordell, insultado porque su integridad fuese puesta en cuestión.
—Como he dicho, si lo que dice el sanador es cierto entonces si matamos al chico el Señor Oscuro no será nada más que un squib. La guerra sería nuestra —, dijo Moody con impaciencia.
Harry sintió que su estómago se revolvía, y no era totalmente a causa del martilleo en su cabeza. El sanador de la mente había descubierto algo mucho peor que el Horrocrux en la mente de Harry.
Había percibido el núcleo mágico compartido de Harry.
Y estaba claro que el trío de líderes sabía perfectamente con quién estaba vinculado el chico.
—Pero Albus... —comenzó débilmente McGonagall.
—Albus todavía estaba en lo cierto, de alguna manera. Potter provocará la caída del Señor Oscuro, sólo que no de la forma en la que nosotros imaginamos —, explicó Moody, ansioso de convencer a la mujer para que viese las cosas a su manera.
Hubo un breve silencio antes de que Shacklebolt interrumpiese y dijese con su voz profunda y reconfortante—, no tenemos que tomar una decisión todavía. De hecho, sería increíblemente apresurado proceder sin una segunda confirmación y una investigación completa sobre los mágicamente vinculados.
—Cada segundo que desperdiciamos el Señor Oscuro continúa su tiranía —, gruñó Moody.
—Hablamos de acabar con la vida de un muchacho —, estalló McGonagall—. ¡Difícilmente creo que se desperdicie ningún tiempo mientras discutimos esto!
—Aplacémoslo por hoy —, sugirió Shacklebolt—. Que el señor Potter sea puesto en un sueño inducido para que no despierte antes de que tomemos una decisión. ¿Señor Cordell, si es usted tan amable?
Harry escuchó el murmullo de la túnica del sanador de mentes mientras se acercaba para ponerle en sueño profundo. El joven sabía que si permitía que eso pasase, probablemente no volvería a despertar jamás. A pesar de las vacilaciones de McGonagall y Shacklebolt, simplemente no dejarían pasar una oportunidad así.
Pero Harry ya no iba a quedarse allí acostado.
Alcanzando su impresionante núcleo mágico, Harry hizo uso de su magia y esperó al momento perfecto para golpear. Tan pronto como las manos del señor Cordell se estiraron hacia sus sienes para mandarle al olvido, Harry atacó con una oleada de poder puro.
Incorporándose, esperó mientras su cabeza latía y su visión se inundaba de dolor, antes de observar lo que había hecho. De forma instintiva había dirigido lo peor de su magia hacia Moody, que yacía hecho un ovillo en la esquina de la habitación, con un hilillo de sangre saliendo de su nariz y su boca a causa del impacto de su magia.
Shacklebolt y el señor Cordell eran los siguientes peor afectados, pero sólo porque eran los que más cerca de él habían estado en ese momento. McGonagall sólo había recibido un estallido moderado y se movía en esos momentos.
Una pequeña parte de Harry había preservado a la mujer de lo peor de su furia, porque de alguna forma quizá la respetaba un poco. Esa misma mujer había reunido una Orden que se desmoronaba, había establecido una presencia política fuerte en un territorio extranjero y se había dedicado a la tarea de marcar la diferencia en el mundo, incluso aunque estuviese mal encaminada.
—Harry... —susurró ella débilmente.
Harry miró hacia abajo sorprendido de verla con los ojos abiertos, su pelo gris alborotado y cayendo de su moño.
—Harry, tienes que saber la verdad de por qué fuiste traído aquí, por qué te necesitamos —, le dijo desesperadamente.
—La profecía —, respondió Harry con calma.
Si el rostro de McGonagall había estado blanco antes, ahora era de color marfil por la sorpresa—. ¿Cómo sabes-? Remus —, se dio cuenta ella con rapidez. Sus ojos se cerraron con impotente ira antes de abrirse de nuevo, con una acerada luz en ellos.
—Entonces sabes que estás destinado a derrotar al Señor Oscuro.
—No estoy destinado a nada —, le espetó Harry—. Yo decido mi propio destino. ¿Y adivina lo que he decidido? No voy a derrotar a Lord Voldemort. Él es mi Señor y mi amante.
La cara de McGonagall reflejaba angustia mientras intentaba razonar con el muchacho de ojos esmeralda—. ¡Una profecía es una profecía, Harry Potter! ¡Ésta fue hecha por una descendiente de la misma Cassandra! Albus estaba presente cuando ella hizo el augurio y capturó el recuerdo. Me lo dejó a mí para que lo descifrase. Me llevó muchos años, pero finalmente lo desbloqueé. Es una profecía real. No puedes negar el destino.
—Pruébemelo —, dijo Harry en voz baja, sus ojos verdes tranquilos—. Si está tan segura en su creencia de que la profecía es verdadera, entonces muéstreme el recuerdo.
McGonagall estuvo en silencio durante unos segundos antes de asentir y decir—, me temo que tendrá que ayudarme a llegar allí, señor Potter. Ha hecho bastantes estragos en mí.
Harry sintió una chispa de culpabilidad antes de aplastarla sin piedad. Dirigiendo su magia, la usó para ayudar a la anciana mujer a ponerse en pie, empujando discretamente su varita al otro lado de la habitación.
—¿Dónde está el recuerdo?
—En mi despacho por supuesto —, respondió de forma remilgada la mujer, sonando tanto como una profesora que Harry se amilanó por un momento.
Manteniendo su magia sujetando a la mujer, Harry hizo que caminase frente a él para poder mantenerla vigilada. Antes de abandonar la habitación, echó un vistazo a los tres hombres inconscientes en ella antes de entonar cuidadosamente—, Obliviate.
McGonagall jadeó sorprendida, pero la magia de Harry era muy precisa y simplemente borraría los recuerdos de las últimas veinticuatro horas. Ninguno de ellos sabría nunca más acerca de su núcleo mágico compartido.
Satisfecho de que su secreto estuviese a salvo, aparte de McGonagall con la cual podría tratar de forma igualmente sencilla, Harry hizo una seña a la mujer para que le condujese a su despacho. Echando una mirada a los hombres Obliviados McGonagall enderezó su espalda lo mejor que pudo y comenzó a andar.
Harry lanzó su magia alrededor en una red para detectar a cualquier miembro de la Orden que se aproximase desde otra dirección y tejió una cuidadosa telaraña de conjuros alrededor de McGonagall y él para que si se encontraban con cualquiera, fuesen ignorados.
Afortunadamente la cena estaba próxima y la mayoría de los miembros de la Orden se estaban reuniendo en la sala común para cenar. La pareja llegó pronto al despacho de McGonagall y Harry desmanteló las protecciones en torno a su puerta con facilidad.
La mujer le lanzó una mirada de sorpresa al ver que eliminaba sus conjuros tan fácilmente, pero después la desechó, porque Harry ya había probado que era un mago totalmente extraordinario.
—Vaya y traiga el recuerdo —, ordenó Harry, sintiendo un escalofrío de poder mientras la líder de la Orden cumplía sus deseos. No era habitual en él sentir un arrebato de ese tipo, pero le echó la culpa a la influencia de Lord Voldemort.
Observando cuidadosamente para estar seguro de que McGonagall no se volvía contra él, Harry la contempló mientras apartaba la alfombra. Señalando a un punto en las losas dijo—, hay un compartimento secreto bajo las baldosas. El recuerdo está en un frasquito, guardado en una caja de madera.
El escondite era poco original, pero efectivo para ocultar algo—. Asumo que tengo que romper más protecciones.
—No debería ser difícil, señor Potter —, dijo McGonagall de forma seca.
Como esperaba, con un único gesto de su mano las protecciones quedaron desmanteladas y Harry abrió el suelo con un simple giro de su muñeca. Desconfiando de la anciana, Harry usó su magia para hacer levitar la caja sin señas identificativas de su oscuro escondite y después abrió la tapa desde una distancia segura. Un único frasquito descansaba sobre una cama de terciopelo, su contenido una serpenteante bruma plateada.
Llamando al frasco hacia él, y permitiendo a la caja volver al suelo, Harry finalmente sujetó la respuesta a sus preguntas en su mano.
—Tengo un Pensadero en la esquina para que-
—No hace falta. Mi Señor me enseñó cómo ver un recuerdo como éste sin la ayuda de un Pensadero —. Harry se refirió a propósito a Lord Voldemort como su Señor, para recalcarle a la mujer dónde estaba su lealtad. A pesar de que sería más fácil usar un Pensadero, Harry no deseaba quedarse vulnerable ante McGonagall mientras veía el recuerdo. Además, usando este método ni siquiera tendría que esperar a ver todo el recuerdo. Podía simplemente aislar la supuesta profecía.
Concentrándose en el frasquito en sus manos, Harry canalizó su magia hacia él, examinando los contenidos del recuerdo. Fragmentos rotos se alzaron para saludarle; una larga barba blanca, un benevolente rostro arrugado, brillantes ojos azules tras gafas con forma de luna creciente. Harry se dio cuenta de que estaba viendo a Albus Dumbledore por primera vez.
Poco interesado en demorarse en un hombre muerto, Harry pasó a través de más fragmentos viendo un salvaje pelo castaño y ojos abiertos magnificados por gafas de culo de botella antes de sentir finalmente que estaba en el momento correcto.
Aislando el punto concreto en el recuerdo que Harry creía que era la propia profecía, con sus instintos mágicos confirmándole que estaba en la posición adecuada, Harry abrió su mente y escuchó.
"Aquel con el poder para derrotar al Señor Oscuro se aproxima... nacido de aquellos que le han desafiado tres veces, nacido mientras el séptimo mes muere... y el Señor Oscuro le marcará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Oscuro no conoce... y ambos deben morir a manos del otro porque ninguno puede vivir mientras el otro sobrevive... aquel con el poder para derrotar al Señor Oscuro nacerá mientras el séptimo mes muere..."
Saliendo del recuerdo, Harry contempló el frasco en sus manos, su cara inexpresiva. McGonagall le miró desde la esquina de su oficina, un gesto sombrío en su rostro. ¿Sin duda ahora Harry comprendería y aceptaría la verdad y su destino?
—Un niño nacido cuando el séptimo mes muere puede aplicarse a muchos niños —, dijo Harry cuidadosamente.
—En realidad, solo hubo dos parejas que esperasen un niño a las que esto se aplique. Sus padres y Alice y Frank Longbottom.
—¿Longbottom? —preguntó Harry con brusquedad.
—Sí, Longbottom, el chico junto al que creció. El también era un potencial candidato para la profecía.
Harry difícilmente podía creer que el sensible, torpe y dulce chico que él conocía pudiese ser considerado como el que derrotase al Señor Oscuro. Era absurdo.
—¿Entonces por qué no fueron tras él? —preguntó Harry, la irritación filtrándose en su voz—. Sin duda era más accesible que yo.
—Tiene razón. Pero ya ve, señor Potter, Albus me dijo antes de ir a medirse con Voldemort que todas las esperanzas descansaban en el bebé Potter. Por supuesto en ese momento no entendí del todo cómo un niño recién nacido podía ser presagio de esperanza pero tras lograr acceder al recuerdo todo tuvo sentido.
—Sí, pero ¿cómo supo Dumbledore que yo era el elegido? —insistió Harry.
—Dumbledore era un gran hombre, una mente brillante. Le visitó poco antes de nacer y sintió el poder en usted. Le hizo darse cuenta de que era mucho mejor candidato para la profecía que el señor Longbottom.
—¿Pero todavía no hay una prueba definitiva de que yo sea aquel del que habla la profecía? —siguió presionando Harry—. Parece que no sea el destino, sino más bien una elección que está fuera de mi control.
El rostro de McGonagall se oscureció de frustración y respondió con—, eso puede ser cierto señor Potter, pero la elección fue hecha no obstante. La profecía todavía está vigente.
—No.
McGonagall se sobresaltó ante el frío rechazo de Harry a su afirmación.
—Me niego a aceptar una decisión realizada fuera de mi control. Me niego a inclinarme ante un destino que no deseo. Me niego a matar al hombre al que amo, ¡todo porque un hombre muerto del pasado dijo que estaba destinado a hacerlo!
Con cada negativa, la magia de Harry se alzó como una coraza a su alrededor, haciendo que sus ojos brillasen con un sobrecogedor y llameante esmeralda.
McGonagall comenzó a retroceder, la magia empujándola contra la pared de su despacho. El poder puro que comenzó a irradiar del joven era fenomenal.
Entonces Harry habló.
—Yo, Harry James Potter, por la presente juro sobre mi magia y mi vida que nunca alzaré una mano para matar a Tom Marvolo Riddle. Así lo juro solemnemente.
Con un fogonazo de luz la promesa quedó sellada.
El frasco que contenía el recuerdo se rompió.
La profecía quedó destruida.
Continuará...
Nota de Autora: Me gustaría aclarar que la razón por la que Fleur no escuchó la breve lucha incluso estando en la habitación de al lado fue porque estaba bajo fuerte medicación para dormir por sus heridas. ¡Por tanto estaba dormida del todo mientras ocurría! Bill ya se había marchado para entonces, yéndose en algún momento entre que Harry perdía la consciencia y se despertaba.
Gracias a todas,
Drops of Nightshade x
¡Hola!
¿Qué tal? ¿Habéis pasado un buen fin de? Esperamos que sí ^^
¡Aaaaah! Cuanto más releo el capítulo más me gusta, sobre todo la última parte, el juramento de Harry me hizo dar saltos (¡si es que a cabezota no le gana nadie! ¡Ni siquiera una profecía! XD)
Sigo deseando que Nagini se ponga a dar mordiscos a todo el que encuentre, sobre todo a Ojoloco que en este capítulo se lo ha ganado a pulso... ¬¬
Qué pasará, qué pasará... Pues hay que esperar un poquito más para saberlo, ya no queda nada para el final del fic, en 2 capítulos nos despedimos y comenzamos con el Consorte.
Por cierto, os dejo la nota que dejé en el grupo por si no estáis en él:
"Como muchas sabéis, El Cortesano llega a su fin, y aunque vamos a seguir con El Consorte, somos conscientes de que al no estar muy avanzado el fic en algún momento alcanzaremos a la autora.
Así que hemos decidido que cuando llegue ese momento publicaríamos una nueva traducción para que la espera os sea más llevadera.
Tras meditarlo, hemos decidido continuar con esta pareja.
Tenemos varias historias en el punto de mira, pero nos gustaría que nos echaseis un cable. ^^
Si conocéis algún Volrry que os apetezca leer, que esté en inglés y que esté terminado (por favor, nada de DarkHarry o mpreg), no dudéis en decírnoslo, sopesaremos todas las solicitudes"
Podéis mandarnos un mensaje por el facebook, tanto al grupo como a mi perfil, también tenéis la opción de contactarnos por email o por la mensajería de SH y FF.
Y con esto nos despedimos esta semana. Muchas gracias a todas las personas que nos leen, pero, sobre todo a los que nos dejáis vuestros comentarios ¡Muchísimas gracias!
¡Nos vemos en unos días!
Un saludo :D
Traducciones. A ver qué sale.
