Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo Treinta y Dos
Cuartel General de la Orden del Fénix – La Ciudadela
1996
Harry sólo tuvo un breve momento para deleitarse en su triunfo al liberarse de la profecía, la cual se atrevía a dictarle el camino de su futuro, antes de que una estridente alarma resonase haciendo eco a través del Cuartel General de la Orden.
Su mirada se fue a McGonagall, cuya mano descansaba sobre un botón en la esquina de su escritorio. Había activado algún tipo de sistema de alerta de emergencia.
Antes de que Harry pudiese reunir su magia, la puerta del despacho de McGonagall se abrió de golpe y un puñado de miembros de la Orden se precipitaron dentro, con sus varitas listas. Rápidamente evaluaron la situación, viendo a su líder desarmada y despeinada, y a Harry Potter de pie de manera amenazante en el centro de la habitación.
Aprovechándose de su pausa mientras sopesaban lo que estaba ocurriendo y por qué había sido activado el sistema de alarma, Harry proyectó su magia. De forma muy similar a como había hecho previamente en la enfermería, dejó inconscientes a todos los presentes y observó con satisfacción mientras sus cuerpos caían al suelo.
Antes de que pudiese huir del despacho, otro escuadrón de miembros de la Orden llegó por el corredor, cogiendo a Harry desprevenido mientras cruzaba el umbral de la habitación. Un rápido Desmaius de uno de los miembros más ágiles voló rápidamente hacia Harry, antes de que su talismán volviese a la vida destellando y creando una barrera ante él.
Sucesivos ataques de la Orden tuvieron el mismo resultado y la misma barrera gris plateada se formó para defenderle. El amuleto se había cansado de que su portador fuese un blanco para prácticas de tiro.
Maravillado ante el poder del regalo del unicornio, Harry reunió su magia para dejar sin sentido también a este grupo de miembros de la Orden. No pudo evitar notar que el poder llegaba a él con más dificultad esta vez, extenuado por los esfuerzos realizados hoy. Costaba mucho poder y concentración derribar a una persona, por no hablar de a un grupo de ellas.
Antes de que pudiese liberar el poder, uno de los miembros de la Orden en la parte trasera del grupo dejó escapar un alarido mientras caía hacia delante, con cordones negros sujetando sus brazos a su torso. Algunos de los miembros de la Orden se giraron, buscando el origen del ataque.
Un hombre de encrespado pelo negro y calculadores ojos grises con finas gafas de alambre estaba de pie al final del pasillo con su varita en ristre. Su túnica azul le identificaba como un funcionario del Ministerio Francés.
Los miembros de la Orden parecieron darse cuenta de ello al mismo tiempo que Harry, y uno de ellos gritó—, ¿qué estás haciendo, Dormant? ¡Acabas de derribar a uno de los nuestros!
—Esa era la idea —, respondió el hombre con una pequeña sonrisa, levantando su varita para lanzar otro conjuro.
Confusa y traicionada, la Orden se dividió para enfrentarse al peligro en dos frentes, un puñado encarándose con el trabajador del Ministerio traidor y los otros aproximándose con cautela a Harry. El sistema de alarma continuó aullando, sin duda atrayendo a más miembros a su ubicación.
El hombre que aparentemente estaba del lado de Harry, Dormant, no perdió el tiempo y atacó, esquivando rápidamente cualquier conjuro disparado como respuesta hacia él. Harry luchó por reunir el poder que había permitido que se le escurriese, agradecido por el talismán del unicornio que le protegía entretanto de cualquier ataque.
Golpeando con su magia, concentrándose en aquellos inmediatamente frente a él para preservar su poder, Harry logró tumbar a unos cuantos. Algunos, sin embargo, lograron volver a ponerse en pie tras ser derribados al suelo.
Haciendo de nuevo acopio de su poder para otro ataque, notando la merma en sus reservas de energía y sabiendo que no le quedaba mucho más en su interior, Harry se sorprendió cuando uno de los miembros de la Orden arremetió contra él, al darse cuenta de que el talismán no iba a dejar pasar ningún ataque mágico.
El hombre era corpulento y muy musculoso, y derribó a Harry con facilidad provocando que perdiese el control sobre la magia que había reunido. Las gruesas manos del hombre agarraron la cadena del talismán, preparándose para tirar de ella y arrancarla del cuello de Harry.
—¡Harry! —gritó una voz, y tanto el joven como el hombre que le tenía acorralado contra el suelo volvieron sus cabezas para ver a Remus y a Hermione de pie al otro extremo de pasillo. Era la muchacha quien había gritado, comenzando a avanzar para ayudar a su hermano adoptivo.
Remus la sujetó tan delicadamente como pudo, colocándola tras él antes de alzar su varita hacia el miembro de la Orden que se encontraba sobre el hijo de su mejor amigo.
—Aparta —, dijo de manera amenazadora y con voz firme.
—¡Es la única manera de derrotar al mocoso! —arguyó el hombre que sujetaba a Harry, tirando del talismán para recalcar su afirmación. Mientras Harry se asfixiaba agónicamente, los ojos de Remus relampaguearon en ámbar y con un salvaje gruñido disparó un conjuro al hombre, haciéndole volar por los aires.
Libre del peso que le aplastaba, Harry gateó alejándose, frotando su garganta donde la cadena del amuleto había cortado su tráquea. Mientras Remus se enzarzaba con los restantes miembros en el corredor, trabajando al unísono con el funcionario del Ministerio, Hermione corrió junto a su hermano adoptivo.
—¿Harry, estás bien? —preguntó, sus manos revoloteando sobre su cuerpo como si no pudiese decidir dónde empezar a buscar heridas.
—Estoy bien —, respondió Harry con voz ronca, haciendo una mueca de dolor mientras su garganta ardía.
—Vamos, voy a sacarte de aquí —, dijo Hermione con firmeza, ayudando a Harry a ponerse en pie.
Con su hermana adoptiva sujetando su mano con fuerza y tirando de él hacia lugar seguro, Harry se dio cuenta de que allí estaba. Ésta era su oportunidad para escapar.
Hermione parecía estar pensando lo mismo y le murmuró—, hay protecciones rodeando el castillo, pero creo que podrás pasar a través de ellas. Sólo he estado una vez fuera y todo lo que sé es que estamos rodeados de bosques.
Harry frunció el ceño ante aquello, ya que la idea de tener que cruzar la espesura ciertamente no le apetecía.
—¿Quizá podrías pedirle a Remus que te guíe? Su manada y él han estado viviendo en ese bosque durante años —. Le informó Hermione.
Pero Harry ya estaba meneando su cabeza—. No quiero meterle en más problemas de los que ya está. Se volvió contra su Orden, Hermione.
—Lo hizo por ti Harry, porque te considera parte de su manada y te quiere como quería a tus padres —, dijo en voz baja Hermione—. Puedes verlo en la manera en la que te mira. Haría cualquier cosa por protegerte, incluso si significa traicionar a la Orden.
Dividido, Harry intentó tomar una decisión acerca de arrastrar a Remus o a su manada más aún a su plan de huída.
—No pensemos sobre ello todavía —, sugirió Hermione—. Nuestra primera prioridad es salir de castillo y romper las protecciones.
—¿Nuestra? —preguntó Harry, fijándose en la elección de palabras de su hermana adoptiva.
Hermione titubeó y se encaró con él incluso mientras continuaba avanzando rápidamente—. Lo he estado pensando... y he decidido ir contigo de vuelta a Gran Bretaña.
—Hermione... —comenzó amablemente Harry, dispuesto a persuadirla.
—Harry, no me importa si me envían de vuelta a la Casa de Damara, me niego a estar a un país de distancia de ti e incapaz de ayudarte. Con la cantidad de problemas en los que te hallas, vas a necesitar todos los aliados que puedas encontrar —. Los labios de Hermione se torcieron en una sonrisa mientras hablaba.
—No volverás jamás a la Casa de Damara —, protestó Harry con vehemencia—. Soy un hombre totalmente libre y tengo el poder para librarte de ello. Estoy seguro de que se te permitirá quedarte en la Ciudadela, quizá trabajar en la biblioteca —, dijo Harry, considerándolo todo cuidadosamente.
Hermione sonrió beatíficamente y susurró—, creo que eso me gustaría mucho.
—¡Potter! —se escuchó un furioso gruñido proveniente de más adelante.
Tan absortos en sus planes, los dos jóvenes no habían prestado atención a sus alrededores.
Alastor Moody, con una apariencia terrorífica a causa de la sangre seca sobre su cara como resultado del ataque de Harry, bloqueaba su camino.
Harry se movió frente a su hermana adoptiva, escudándola de la mirada del hombre. Sabía que no permanecería inconsciente durante mucho tiempo, pero confiaba en que habrían escapado para cuando Moody hubiese vuelto en sí. Afortunadamente el hombre no tendría ningún recuerdo sobre el vínculo de Harry con el Señor Oscuro.
—Deberíamos haberte matado cuando llegaste aquí por primera vez —, gruñó el hombre, alzando su varita para apuntar a la cabeza de Harry.
A pesar de no saber acerca de la vinculación mágica entre el Señor Oscuro y Harry, estaba claro que Moody no podía soportar la mera presencia del muchacho.
—Es culpa vuestra por secuestrarme —, respondió Harry calmadamente, sabiendo que el talismán le protegería.
Las manos de Hermione estaban cerradas en dos puños bajo su jersey verde, furiosa porque el hombre frente a ellos pudiese hablar de manera tan insensible acerca de matar a su hermano adoptivo.
—Oh sí, ¿tan ansioso estás de volver con tu Amo y calentar su cama? —se burló Moody con un gesto de repugnancia.
—Estoy ansioso por volver con mi amante y ayudarle a organizar vuestra caída, si es eso a lo que te refieres —, dijo Harry, ladeando su cabeza mientras se mofaba de él.
—No eres más que una puta, Potter, un desperdicio de aliento.
—¡Morirás por insultar al compañero de mi Maestro! —se escuchó un furioso siseo.
Harry apenas había tenido tiempo para procesar que las palabras habían sido siseadas antes de que una serpiente muy familiar se lanzase sobre Moody, con sus colmillos cerrándose sobre la garganta descubierta del hombre, convirtiéndola en un sangriento desastre.
Hermione ahogó un grito en el jersey de Harry mientras Moody gorgoteaba húmedamente, su sangre derramándose sobre las losas bajo él. Harry observó con frialdad mientras el hombre recibía su merecido castigo, sacudiéndose en sus últimos estertores.
Después quedó inmóvil.
Nagini, porque aunque mágicamente reducida sin duda era ella, reptó alejándose del cuerpo, golpeando el curtido rostro con el final de su cola en señal de disgusto ante el humano que acababa de matar.
—¿Estás ileso, polluelo? —preguntó la serpiente, deslizándose por el suelo para llegar a los pies de Harry. Alzó su cabeza para poder encontrase con su mirada. Hermione tembló ligeramente tras él, pero no hizo ningún sonido.
Maravillándose ante el hecho de ser capaz de entender a la serpiente, Harry se preguntó cómo podría hablar Pársel para responder. ¿Debería intentarlo? Concentrándose en comunicarse, Harry aclaró su garganta y se aventuró—, sí, estoy ileso, Nagini —. Sintiendo que lo estaba haciendo correctamente, Harry continuó—, gracias por deshacerte de él por nosotros.
—Ha sido un placer hacerlo. Estaba poniendo en duda tu honor y por tanto el honor de mi Maestro —, respondió Nagini indignada. Harry se sorprendió de que una serpiente conociese un concepto humano como el honor, pero Nagini no era una serpiente corriente.
—¿Harry? —dijo Hermione. Su hermano adoptivo había pronunciado una cadena de palabras siseadas, a las cuales la serpiente había respondido.
—Perdóname Hermione, sólo estaba dando las gracias a Nagini por ocuparse de Moody —, explicó Harry, volviéndose para sonreír de manera tranquilizadora a su amiga.
Sonriendo cautelosamente a modo de respuesta, sin tener ni idea de que su hermano adoptivo conocía el Pársel, Hermione sugirió—, creo que deberíamos seguir moviéndonos. Cuanto antes salgamos de aquí, antes podremos hablar —. Harry sabía que hablar implicaría a Hermione preguntándole cómo exactamente había aprendido a hablar a las serpientes y durante cuanto tiempo lo había sabido sin decírselo a ella. La conocía demasiado bien.
—Nagini, ¿quieres que te aumente de tamaño o estás contenta quedándote así? —preguntó Harry.
—Preferiría regresar a mi propio tamaño, pero es más conveniente para mí estar en esta forma —. Para probar su argumento se deslizó subiendo por el cuerpo de Harry y se asentó en torno a su cuello, su lengua probando curiosa el aire en torno a su talismán.
—Vamos —, dijo Harry, cogiendo la mano de Hermione ésta vez y haciendo un rápido hechizo Oriéntame para averiguar qué camino debían seguir para salir al exterior. Recordaba vagamente una entrada al este en algún lugar cercano.
Encontraron la salida y corrieron hacia el campo, Harry con cuidado de no sacudir demasiado a Nagini mientras se abrían camino hacia las protecciones. Con su habilidad única podía ver la barrera, con un aspecto fuerte e impenetrable a primera vista.
Pero mientras Harry recorría la superficie del brillante escudo de magia con la mirada comenzó a percibir puntos débiles que no habían sido actualizados y reforzados todavía.
—¿Serás capaz de romperla? —preguntó Hermione, lanzando miradas nerviosas hacia el castillo. Estaba atenta ante cualquier atacante que viniese en su dirección.
—Debería ser capaz de hacerlo —, dijo Harry, antes de hacer emerger su magia. Sintió la merma en su poder y luchó por canalizarlo.
Nagini se tensó un instante de repente, distrayendo momentáneamente a Harry. Después se relajó y siseó—, el Maestro dice que él puede ayudarte.
Harry procesó sorprendido aquellas palabras antes de preguntarle a Nagini ansiosamente— ¿el Maestro? ¿Te refieres a Lord Voldemort? ¿Puede comunicarse contigo?
—Sí, polluelo, soy su Horrocrux y como tal puedo hablar telepáticamente con él. Ha sentido la merma en vuestro núcleo mágico compartido y quiere ayudarte a canalizar tu poder.
—¿Pero yo también soy su Horrocrux, verdad? ¿Por qué yo no puedo hablar con él? — Harry se dio cuenta lejanamente de que estaba lloriqueando un poco, pero no podía ignorar el profundo agujero en su corazón que no estaría curado hasta que regresase con su amante.
—Aprenderás con el tiempo, polluelo —, siseó Nagini cariñosamente—. Ahora, el Maestro quiere que le permitas guiar el flujo de magia en vuestro núcleo.
Harry se concentró ansioso en su núcleo interior, con el placer pulsando a través de él cuando sintió el roce de la esencia del Señor Oscuro contra la suya. Con los dos centrados intensamente en su núcleo compartido, ambos podían percibir al otro ahora.
Sintió a Lord Voldemort empujando delicadamente su magia, dirigiéndole en un patrón determinado. Con la facilidad surgida de estar sincronizado con otra persona, Harry cayó en el lugar al que le guiaban.
De repente la magia llegó con facilidad a él y con una sonrisa de triunfo y un destello de agradecimiento hacia su amante Harry se dispuso a romper las protecciones.
Éstas temblaron tratando de repeler su ataque, antes de que la fuerza combinada de su magia y la del Señor Oscuro obligasen a las barreras a romperse. Harry sabía que esa área estaría pronto repleta de miembros de la Orden y por tanto lamentablemente se separó de su amante, prometiendo que pronto le estaría viendo en persona.
Cuando centró su visión observó que a Hermione se le había unido Remus y el funcionario del Ministerio del pasillo. Todos estaban observando con asombro mientras las protecciones se disolvían bajo la acometida de la magia de Harry.
Dándose cuenta de que Harry había vuelto en sí, Remus avanzó instintivamente para atraer al muchacho a un abrazo, antes de contenerse al ser consciente de lo que iba a hacer. Harry suspiró, antes de abrir sus brazos, con las palabras de Hermione presentes en su mente.
El rostro de Remus se iluminó, y fue rápido en estrujar al chico de ojos esmeralda contra su pecho, aspirando su aroma profundamente y asegurando a su lobo interior que aquel miembro de su manada estaba sano y salvo por ahora.
—Tenemos que movernos —, dijo el funcionario francés con firmeza, interrumpiendo el momento entre el hombre lobo y el muchacho.
—¿Quién eres? —preguntó Harry, no con dureza, pero sí con una buena cantidad de suspicacia mientras se separaba de Remus. Después de todo el trabajador del Ministerio había surgido de la nada.
El funcionario se volvió hacia Harry, y el joven se dio cuenta de que uno de los ojos grises del hombre había pasado a un gélido azul, y que había hebras de rubio comenzando a aparecer en su encrespado pelo negro.
—Has tomado Multijugos —, se dio cuenta Harry.
El hombre sonrió y Harry vio su boca difuminarse y suavizarse volviéndose más femenina. En efecto la voz "masculina" fue significativamente más aguda cuando respondió diciendo—, ciertamente lo he hecho. Monsieur Dormant fue útil dándome tanto las coordenadas del Cuartel General de la Orden como su aspecto para permitirme acceder.
—¿Te... te envió el Señor Oscuro? —preguntó Harry esperanzado.
La persona transformada por Multijugos, una mujer sin duda, se estremeció mientras otro cambio la recorría. Sus rasgos se difuminaron aún más y Harry se dio cuenta con sorpresa de que sabía quién era.
—¿Lady Malfoy? —preguntó perplejo.
Ahora con sus ojos y su pelo vueltos a la normalidad, y su rostro regresando gradualmente a su elegante belleza, Narcissa Malfoy era inconfundible.
—Correcto en ambas cosas, Harry Potter —, dijo Narcissa, ligeramente sin aliento por los últimos vestigios de su cambio.
Hubo gritos desde el castillo y de repente miembros de la Orden se desperdigaron por los terrenos.
—Vamos, os llevaré al asentamiento de mi manada —, decidió Remus—. Podemos discutir qué haremos a continuación cuando estemos seguros allí.
—¿Crees que no he venido preparada? —dijo Narcissa, sacando una cinta de satén de su bolsillo. Sacó su varita y golpeó la tela roja diciendo claramente— Portus.
La cinta brilló intensamente y comenzó a zumbar. Narcissa guardó su varita y ofreció la cinta a Harry para que la cogiese también. La mujer sangre limpia lanzó una mirada a Remus y Hermione y añadió—, si deseáis escapar, ahora es el momento de agarraros al Traslador.
Hermione lo cogió rápidamente junto a su hermano adoptivo y él pasó un brazo por su cintura. Ambos miraron a Remus, cuyo rostro estaba compungido—. No puedo abandonar a mi manada; soy su Alfa y me niego a dejarles para que se enfrenten al castigo de la Orden.
Narcissa inclinó su cabeza de forma regia aceptándolo antes de mirar de arriba a abajo al hombre con ojos astutos—. Creo que mi Señor se pondrá en contacto contigo pronto. Deseará recompensarte por ayudar en el rescate de Harry.
Remus pareció sorprendido ante esta afirmación antes de que el Traslador resplandeciese. Retrocedió, alzando su mano a modo de despedida mientras el trío era llevado lejos del Cuartel General.
La última cosa que Harry vio antes de perderse en un torbellino de color fueron los ojos ámbar de Remus mirándole con cariño, previamente a que el hombre se transformase y corriese hacia el bosque, desapareciendo entre el follaje.
Las rodillas de Harry crujieron dolorosamente al aterrizar, la cinta deslizándose fuera de su mano.
Ofreciendo una disculpa rápida a la disgustada Nagini, Harry se aseguró de que Hermione y Lady Malfoy estaban ambas ilesas. Al margen de estar despeinadas, ambas mujeres parecían intactas e indemnes de su viaje por Traslador.
Echando un vistazo a los alrededores, Harry confirmó que estaban en un barrio mágico debido a la gente vestida con túnica que se arremolinaba, lanzando sorprendidas miradas al trío. Su susurrado francés indicaba que todavía estaban en Francia.
—¿Dónde estamos? —preguntó Hermione mientras se ponía en pie, sacudiendo el polvo de sus vaqueros y su camisa.
—Estamos en la Avenue des Ternes —, respondió Narcissa, transfigurando en un simple pero elegante vestido azul la túnica del Ministerio que llevaba. Se negaba a ir con ella puesta ni un minuto más.
La avenida era hermosa, bordeada de árboles y adoquinada. Tiendas en adorables tonos pastel le daban a la zona un aire delicado y apacible. Los magos y las brujas que caminaban por las calles ciertamente aparentaban estar tranquilos mientras llevaban a cabo sus tareas cotidianas.
—Venid —, dijo Narcissa, comenzando a caminar hacia un edificio blanco y brillante que parecía ligeramente fuera de lugar entre los tonos neutros que decoraban la avenida.
Hermione y Harry se dieron prisa en correr tras la mujer, caminando a su mismo paso mientras subía por las escaleras de entrada del impresionante edificio.
Harry se dio cuenta de forma casi inmediata de que era una delegación de Gringotts al ver a los duendes que montaban guardia a cada lado de la puerta de entrada. Sus ojos negros y brillantes siguieron al trío mientras entraban.
Efectivamente, dentro del vestíbulo principal había docenas de duendes moviéndose de un lado para otro, llevando preciosas joyas para ser evaluadas o documentos de apariencia oficial para ser firmados y sellados. El delicado tintineo de las monedas y la charla en voz baja recordaba tanto a la sucursal de Gringotts en el Callejón Diagon que Harry sintió una oleada de nostalgia.
Narcissa parecía estar buscando en el entrada por alguien en particular, sus ojos azules agudos y penetrantes.
—¿Harry?
Sintiendo una abrumadora sensación de déjà vu, Harry se volvió incrédulo para encontrarse con Demetrius Talbot que se aproximaba. Era tan similar a su anterior encuentro que Harry no pudo pensar en nada que decir mientras el atractivo hombre avanzaba hacia él.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó a Harry, viendo cómo las dos mujeres que le acompañaban flanqueaban al joven para protegerle. Alzando una ceja ante la escolta del muchacho, Demetrius esperó por la respuesta.
—¿Qué estás tú haciendo aquí? —replicó Harry.
Demetrius no pareció impresionado mientras respondía—, tú posesivo contratante hizo que me trasladasen a esta sucursal tras descubrir mí pasada implicación contigo.
Poniendo los ojos en blanco interiormente ante la dominante personalidad de su amante, y considerando toda la situación decididamente dramática, Harry sólo pudo ofrecerle a Demetrius una sonrisa de disculpa. La expresión hosca del hombre se iluminó antes de repetir—, ¿qué estás haciendo aquí? —de repente sus ojos percibieron el cuello desnudo de Harry y sus ojos casi se salieron de sus órbitas—. Tu collar- ¿Dónde-? ¿Qué?
Compadeciéndose de él Harry le explicó—, el Señor Oscuro me liberó de mi contrato. Soy un hombre libre.
El rostro de Demetrius se encendió de alegría mientras superaba su sorpresa y decía reverentemente—, estoy tan contento, Harry. Siempre estuviste destinado a algo más que una vida de Cortesano.
Sonriendo al hombre de su pasado, Harry se dio cuenta de que estaba siendo desconsiderado con sus dos compañeras femeninas, la cuales no conocían a Demetrius.
—Hermione, Lady Malfoy, éste es Demetrius Talbot, uno de mis profesores durante mi aprendizaje.
Después de que ambas mujeres hubiesen saludado al hombre, Narcissa avanzó y le preguntó tan autoritariamente como siempre—, ¿podría indicarnos cómo llegar hasta Ragnold? Creo que es el administrador de las cuentas de la familia Beaumont.
—Por supuesto, mi señora —, dijo Demetrius cortésmente y procedió a escoltarles a través de una serie de puertas y unos cuantos corredores hasta que llegaron una en particular con el nombre "Ragnold" grabado en una placa dorada en el marco.
—¿Hay alguna cosa más que necesite, mi señora? —preguntó Demetrius.
—Eso es todo, gracias por su ayuda, señor Talbot.
Dándose cuenta de que podría no tener oportunidad de ver a Demetrius de nuevo, Harry sorprendió al hombre dándole un rápido abrazo. Había estado dando más de los habituales hoy.
—Ven a visitarme alguna vez, ¿vale? —dijo Demetrius.
Harry sabía que era muy improbable que el Señor Oscuro le dejase apartarse de su lado durante los próximos meses, pero estaba seguro de que con el tiempo su amante le daría más un poco más de libertad para hacer lo que desease.
—Un día volveré y hablaremos sobre Quidditch como solíamos hacer —, prometió Harry con una sonrisa.
Demetrius sonrió a su vez y saludó a las mujeres antes de alejarse.
Viendo la espalda de Demetrius desapareciendo tras una esquina, Harry supo que no era algo permanente y se sintió reconfortado por ello. Incluso aunque era un capítulo cerrado en su vida, sabía que Demetrius todavía era importante para él, aunque no fuese más que como un amigo.
El trío entró en la oficina después de que se les indicase que pasasen, y fueron saludados por un marchito duende, Ragnold aparentemente. Tras realizar la apropiada y respetuosa presentación al hacer tratos con un duende, Narcissa fue directamente al asunto.
—Creo que Lady Angeline Beaumont ha estado en contacto con usted, acerca de mi situación.
El duende sonrió como un tiburón y dijo—, de hecho, ha solicitado mi ayuda en su nombre y me agrada informarle de que se han realizado todos los preparativos.
El rostro de Narcissa demostró satisfacción y dijo—, tiene mi gratitud, señor Ragnold. Estoy segura de que Lady Beaumont ya le ha recompensado por sus servicios, pero tenga por seguro que la casa Malfoy ciertamente gratificará su ayuda magníficamente también.
Al escucharlo, la sonrisa del duende se hizo más amplia, y ofreció a Lady Malfoy una poco común reverencia.
—Ahora, si están listos para la transferencia...
Narcissa asintió confirmándolo, haciendo una seña a Harry y a Hermione para que siguiesen al duende, ocupando ella el último puesto en el grupo. Confusos, los jóvenes no obstante obedecieron a la mujer sangre limpia y fueron tras el duende.
Les condujo a la habitación del al lado donde una chimenea se extendía a lo largo del muro más alejado. Mientras el duende avanzaba cojeando y alcanzaba un cuenco de polvos Flu, Harry se dio cuenta con emoción de que así era como Narcissa había planeado sacarles de allí.
Viendo la luz de la comprensión en el rostro de Harry, Narcissa explicó—, Gringotts está por encima de la ley Ministerial en muchos asuntos. Eso incluye el uso de sistemas Flu internacionales.
Con suficiente influencia y dinero, Harry se dio cuenta de que realmente no había mucho de lo que no pudieses librarte, como era evidente por el hecho de que Narcissa fuese capaz de sacarles de forma ilegal del país sin que el Ministerio Francés se enterase.
—¿Quién irá primero? —preguntó el duende, sus uñas afiladas golpeando ligeramente el cuenco de polvo Flu.
—Harry —, dijo Narcissa sin más preámbulos, y Harry se encontró acorralado por los brillantes ojos de Ragnold.
El duende ofreció al chico los polvos Flu, que Harry cogió titubeante antes de avanzar hacia la chimenea.
—¿A dónde voy? —preguntó a Narcissa.
—Esta chimenea conecta directamente con cualquier sucursal de Gringotts. Simplemente di Callejón Diagon y después Gran Bretaña —, respondió el duende antes de que Narcissa pudiese hacerlo.
Asintiendo para indicar que lo comprendía, sintiendo una cacofonía de excitación en él al estar tan cerca de casa, del Señor Oscuro, Harry encorvó sus hombros y entró en el bajo espacio del hogar de la chimenea.
—¡Callejón Diagon, Gran Bretaña! —pronunció cuidadosamente y de forma clara, tirando al suelo el polvo Flu y siendo arrastrado lejos.
El Señor Oscuro estaba esperando con Lucius Malfoy a su lado en el vestíbulo de la sucursal de Gringotts en el Callejón Diagon. Nagini le había estado manteniendo informado de los movimientos de Harry, y cuando Narcissa le había contactado con su plan para recuperar a Harry, él le había dado su permiso para proceder.
Había planeado que el rescate de Harry coincidiese con sus negociaciones en Francia, pero las cosas nunca parecían resultar como debían cuando Harry Potter estaba implicado.
Sin embargo el Señor Oscuro estaba contento por que su amante volviese a casa.
El vestíbulo había sido despejado de clientes para recibir a los fugitivos, dejando permanecer sólo a los duendes ocupándose de sus asuntos.
De repente la chimenea construida en un hueco en la esquina de la entrada, donde Lucius y su Señor estaban esperando, volvió a la vida con un resplandor.
Harry Potter salió de ella, tropezando mientras intentaba recuperarse de su mareo tras pasar a través de la red Flu. Odiaba esa forma de viajar.
Un fuerte par de brazos le cogieron y Harry se quedó sin aliento al darse cuenta de quién estaba frente a él, presionándole ahora contra su pecho.
—Harry —, murmuró la dolorosamente familiar voz sedosa, y el muchacho de pelo negro respondió rodeando con sus brazos audazmente el cuello del Señor Oscuro y besando sus labios.
El beso fue correspondido con hambrienta pasión, los dos perdidos en su propio mundo mientras su vínculo vibraba con brillante alegría al estar cerca el uno del otro una vez más. Para Lord Voldemort, fue como si el dolor y la fatiga de la semana anterior simplemente se desvaneciesen mientras los labios de Harry le ayudaban a olvidar.
Los dos percibieron vagamente las posteriores llegadas a través de la red Flu, la reunión de Narcissa y Lucius por el rabillo de sus ojos, una tierna comprensión surgiendo en el rostro de Hermione Granger al ver a su hermano adoptivo completo al fin.
Apartándose para tomar aire Harry se puso de puntillas para poder presionar su frente contra la de Lord Voldemort y decir—, no quiero volver a pasar por esto de nuevo.
—Nunca lo harás. Te lo prometo, nunca volverás a pasar por el dolor de ser separado de mí otra vez—. Las palabras estaban cargadas de promesas y sinceridad, la ardiente furia tras el juramento dominada ahora que Harry estaba en sus brazos de nuevo.
Había mucho más que la pareja deseaba decirse el uno al otro, cosas que Harry estaba ansiando discutir, cosas que habían quedado sin ser expresadas entre ambos. Pero no podían hablar hasta que estuviesen en la privacidad de su habitación, donde las máscaras podrían caer y los deseos podrían ser sacados a la luz sin miedo a las repercusiones.
Sintiendo la mano del Señor Oscuro descansando contra su mejilla, los fuertes contornos del pecho presionado contra el suyo, los brazos a su alrededor ofreciéndole un refugio, Harry Potter estaba finalmente feliz.
Más tarde, después de que Hermione hubiese sido instalada en una habitación de la Ciudadela y el Círculo Interno informado, tuvieron los dos amantes una oportunidad para encontrar la soledad el uno con el otro.
En las habitaciones privadas del Señor Oscuro fue como si el tiempo se hubiese detenido, dejando a los dos hombres sobre la cama en un pequeño espacio sólo para ellos, construido de nada más que calor y fricción y piel. Hubo desesperados y aferrantes dedos que trazaron líneas de fuego a través del cuerpo de cada uno, mientras volvían a familiarizarse con lo que habían perdido.
Era difícil decir dónde terminaba Harry Potter y dónde comenzaba el Señor Oscuro y viceversa. Ambos estaban dejando que sus instintos que les guiasen, convirtiéndose en un solo ser en una intrincada epifanía de carne. Su mundo se redujo a la presencia del otro, sintiéndose llenos y completos como parte de algo increíble.
—Te quiero —, admitió Harry tras descender de su momento más álgido, enroscado en el círculo de los brazos de su amante. Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad de la habitación.
—Lo sé —, murmuró el Señor Oscuro.
Harry se recostó de manera más confortable en los brazos de su amante, no esperando nada como respuesta. Nunca lo haría.
—Eres lo más importante en el mundo para mí —, dijo Lord Voldemort, pasando una mano por el suave pelo de Harry.
Satisfecho con esa respuesta, Harry sonrió a su amante y permitió que sus ojos se cerrasen felices.
—Te quiero.
Los ojos de Harry se abrieron de repente y miró sin comprender a su amante, el cual acababa de admitir algo sorprendente, algo supuestamente imposible. Sinceros ojos carmesí le devolvieron la mirada con una emoción todavía tan nueva arremolinándose en sus profundidades.
El Señor Oscuro había aprendido a amar.
—Quiero convertirte en mi Consorte, Harry. ¿Aceptas?
Era tanto, tan rápido, que Harry tuvo que forzarse a contenerse para no aceptar ciegamente en el calor de la pasión del momento.
—No tienes por qué darme una respuesta inmediatamente —, le aseguró el Señor Oscuro.
—Acepto con una condición —, anunció Harry repentinamente.
Fue el turno de Lord Voldemort para sorprenderse, ante la categórica decisión de Harry de convertirse en su Consorte, su igual en estatus e influencia.
—¿Cuál será esa condición? —preguntó el Señor Oscuro, a pesar de que sabía qué era lo que iba a emerger de los labios de Harry.
—Que derogues la casta servil. Esa es mi petición si voy a aceptar convertirme en tu Consorte.
El silencio se extendió entre ambos.
Harry sabía que su condición podía ser rechazada categóricamente, o al menos se sugeriría un punto intermedio, pero tenía que poner en práctica su deseo y era el momento de ver si el Señor Oscuro realmente tenía la capacidad de crecer y cambiar.
—Acepto tu condición.
Harry sintió como si su corazón fuese a saltar fuera de su pecho.
—El cambio será lento. Pero como mi futuro Consorte espero que tú estés en cabeza, liderando ese cambio.
Una sutil transformación pareció ocurrir en Harry. La determinación creció en sus ojos esmeralda, su barbilla se alzó ligeramente y miró a su amante, ahora su igual, a los ojos.
—Emprenderé esa misión, y tendré éxito —. Aquellos ojos duros se suavizaron y Harry se inclinó para plantar un delicado beso en la boca del Señor Oscuro—. Pero vas a tener que ayudarme a lograrlo.
—Juntos entonces —, respondió Lord Voldemort, entrelazando sus dedos con los de Harry.
Ahí fuera, más allá de la puerta de su habitación, había un mundo de conflicto, dolor, preguntas difíciles y terribles incertidumbres.
Pero allí, en brazos uno del otro, había paz.
Continuará...
¡Ya sólo nos queda el epílogo!
¿Qué os ha parecido el capítulo de esta semana? Nagini ha cumplido los deseos que teníamos muchas de que mordiese a Ojoloco, (aunque admito que hubiese disfrutado más si se lo hubiese comido de un bocado XD)
Me ha encantado volver a ver a Demetrius, pobre hombre, al final el Lord cumplió con su amenaza de mandarlo fuera del país...
¡Y por fin se han reunido! Aaah me ha encantado cuando Voldemort ha reconocido que siente algo por Harry (y yo que pensaba que el hombre nos haría esperar hasta la segunda parte... ^^)
¡Muchísimas gracias por vuestros comentarios y apoyo!
Nos vemos la semana que viene con el epílogo (os recuerdo que nuestra oferta de aceptar solicitudes de traducción sigue en pie ^_~)
Un saludo
Traducciones. A ver qué sale.
