Bien, puede ser que antes no haya resultado. También puede ser que casi se rompió la columna por haber caído con tal fuerza hacia atrás; ¡Pero eso no significaba que no era digno o que no podía levantar el maldito martillo!

Carraspeó un par de veces, acomodando su túnica y la cruz que colgaba de su cuello, quedando en el centro del reactor que le permitía seguir viviendo. En una de sus manos, la Biblia descansaba, estando abierta en una página al azar. Mientras que, en la mano que tenía disponible, llevaba una pequeña botella con agua bendita.

Y como no faltaba, Mjolnir se encontraba frente a él. Allí, sobre la mesa, como si estuviera burlándose de su inteligencia.

—Stark, no creo que... —Steve intentó hablar, una gran gotita bajando por su sien ante lo que sus ojos presenciaban.

—¡Shhh! —calló Tony— Verás como funciona, estos son simples trucos. Seguro a la barbie la bautizaron o algo así —se encogió de hombros, comenzando a leer los párrafos del sagrado libro—. Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia intelige-... ¡¿Qué es esto?! ¡Dah! —lanzó la Biblia sin querer a la cabeza de Steve, el cual debido a su distracción lo recibió de lleno. Soltó un quejido, sobando su sien con el ceño fruncido, ¡Le había dolido!— Lo siento, ya sabes, cosas del Señor —se burló el millonario.

Se acercó al martillo maldito, rociándolo con agua bendita una y otra vez. Los párrafos no servían, ¿Cómo no apoyarse en su inteligencia? Jamás entendería a los Dioses, seguro había otra manera.

—¡Perfecto! —exclamó cual niño, volviendo a tomar el mango de Mjolnir para intentar levantarla. E hizo fuerza como la vez anterior, tanta que su rostro terminó del mismo color que las cerezas que Pepper rechazó.

Casi, casi, estaba seguro que un poco más y lo lograb-...

—¡AH! —fracaso. Terminó cayendo hacia atrás otra vez, solo que en esta ocasión Steve logró sostenerlo a tiempo. Una verdadera lástima que Tony hubiera empleado demasiada fuerza en su intento por levantar a Mjolnir, y terminara haciendo que ambos cayeran al suelo.

Un quejido de dolor retumbó en el salón, seguido de una exclamación de sorpresa...¿femenina?

—¿Desde cuando tu tono de voz cambió Capi-paleta? —preguntó Tony curioso, toqueteando el rostro del súper soldado.

—Yo no fui, Stark —gruñó Steve, intentando quitarse de encima al demonio.

—Oh dios, ¡Lo lamento tanto!

Esta vez ambos hombres levantaron la mirada, encontrándose con una Wanda completamente roja, haciendo muecas graciosas ante su nerviosismo; sin embargo, no entendían qué demonios le sucedía.

No...enten...dían...

—¡Quítate viejo depravado!

—¡Tú eres el que está encima mío!