Pasó una semana y Wanda todavía no dejaba de sonrojarse cuando lo veía cerca de Steve. Maldición, ella era bruja, ¿qué no podía borrarse la memoria o algo así? Al menos que le ahorrara el momento de vergüenza —sí, vergüenza. Porque a él no le gustaba que creyeran que estaba con el Capitán, para nada— y dejara de verle de esa manera.

Thor fue a asaltar la cocina —una vez más— y dejó su martillo sobre la mesa. Era la oportunidad perfecta para poner en marcha su nuevo plan y salir victorioso.

—Tony, te he dicho qu-... ¿Qué estás haciendo? —Pepper frenó su regaño ante la imagen frente a ella. Y es que no todos los días veías a Tony Stark sobre la mesa, agachado y con ambas manos sobre Mjolnir para intentar levantarla. Realmente se veía...

Chiquito.

—Eh, no es lo que parece —lo primero que soltó, a veces su súper mente no funcionaba como él quería.

—Oh sí, sí es lo que parece. ¿No fuiste a la reunión por intentar levantar otra vez esa chatarra? —cuestionó más que molesta; sin embargo, y como siempre, el castaño no le prestó atención. Parecía que se le había ocurrido algo nuevo, y para mala suerte de Pepper ella estaba presente.

—Pep, eres como mi madre, ¿cierto? —preguntó con ese tono que decía, claramente, quiero pedirte algo y lo harás.

—Soy tu asistente —respondió con firmeza, frunciendo el ceño.

—Sí, eso, como una madre —movió su diestra, restándole importancia a la contestación de Potts—. ¿Me levantas el martillo?

—... —tal vez el lo harás no aplicaba con la rubia.

Un portazo se escuchó, seguido del sonido de unos tacones alejándose con rapidez. Tony formó un puchero, al menos lo intentó.

Ah, y se salvó del regaño.