... En el rostro de mi madre se reflejaba una felicidad impresionante, ella me miraba con los ojos cristalizados dandome a entender que era fantástico para ella el que yo estuviera segura.
- Bueno, no siendo más, ¿quieren venir y tomar algo? - pregunto mi madre haciendo un gesto hacia l cocina.
- No, muchas gracias Sra. Higurashi. Nosotros tenemos que irnos - respondió el oficial Takemaru haciendo una reverencia - Con su permiso - murmuro y se fue tan rápido como había llegado.
- Bueno ¿y ustedes? ¿Quieren tomar algo? - pregunto nuevamente ella refiriéndose esta vez a los No Taisho.
- Lo siento, nosotros no nos podemos quedar - aseguro Inu e hizo una pausa - Pero tal vez... ¿Sessomaru te quedas? - preguntó él dándole con el codo a su hermano menor y soltando una risa picara con Yasha.
- ¿No es verdad, hermanito? No debes preocuparte, nosotros llevaremos a Ayame a casa - termino Yasha entre risas.
- Ustedes sí qué no cambian ¿he? - gruño Ayame dándoles una dura palmada a cada uno con el ceño fruncido - No tienes que quedarte, Sess, solo si quieres - le dijo a su hermano, que tenia los ojos cerrados y apretaba tanto los puños que tenia los nudillos blancos.
- No quiero molestar - contesto él mirándome de una manera que hizo que mis rodillas de repente estuvieran liquidas, por lo que me tambalee un poco.
- No es molestia. Mientras tú y yo hablaremos - sentencio mi madre con tono severo.
- ¡Mamá! - exclame entre dientes y frunciendole el ceño.
- No hay problema, Sra. Higurashi. Lo que necesite cuente conmigo - ofreció Sessomaru cortésmente.
- Bueno, no siendo mas... - hablo Inu.
- Nosotros nos retiramos. Fue un gusto conocerlas. Esperamos... - siguió Yasha.
- Verlas pronto. Que tengan una buena noche. - termino Ayame.
Los tres hermanos No Taisho salieron por la puerta, cada uno sonriendo a su manera.
- Sessomaru, por aquí. Tenemos mucho de que hablar. - afirmo mi madre, haciendo que me pusiera roja de vergüenza, mientras lo cogía del brazo para arrastrarlo hasta la cocina.
Seguí con la mirada a Sessomaru hasta que desaparecieron de mi vista. Su voz y su mirada hacían que mi corazón saltara en respuesta, buscándolo a él, solo a él. El fuerte timbre de mi teléfono me saco de mis fantasías bruscamente. Frunciendo el ceño lo saqué de mi bolsillo y conteste.
- ¿Diga?
- Cariño, hola ¿como has estado? - la voz era inconfundible. Era su tío Kawaramaru. O como yo le decía para abreviar, tío Aru.
- Tío Aru. Bien ¿y tú?
- Bien. Cariño, ¿esta tu madre contigo?
- Sí, aquí esta. Bueno, esta en la cocina... pero ya entiendes.
- Sí, entiendo. No sé si tu madre te lo dijo, pero llamaba para confirmar que sí puede venir. Al final resulto que no voy a viajar.
- No, no me dijo nada.
- Oh, no es nada. No le digas que yo te dije ¿ok? Yo la llamare mas tarde y le diré todo. ¿Y tu? ¿Todo bien?
- Todo bien, tío Aru... en lo que cabe... ¿Te lo dijo ella?
- Sí. No te apures, amorsito, todo va a estar bien ¿ok? Te lo prometo.
- Muchas gracias, tío. Te creo.
- Te quiero, picola, lo sabes ¿verdad?
- Lo se. Yo igual...
- No estés triste, cariño, ella solo hace lo que es mejor para ti. Ya debo colgar, amor. Te quiero. Adiós.
- Yo igual. Adiós.
Colgué y fruncí el ceño nueva mente. ¿Para que iba a ir ella hasta París? ¿Que era lo que le quería decir al tío? Ella no hablaba ni se veía con el tío desde que mi padre murió. El tío Aru era casi idéntico a mi padre por lo que mi mamá había decidido cortar comunicaciones con él. Era demasiado doloroso. Hasta la voz era idéntica...
Con el corazón hundido mire hacia el suelo. Lo extrañaba...
-¡Kagome, hija, ven aquí! - grito mi madre haciéndome reaccionar.
- Ya voy mamá - grite de vuelta y camine sin prisas hacia allí.
Al llegar me recibió un cuadro de lo mas inquietante. Mi madre estaba riendo sin control por algo que había dicho Sessomaru. Casi esperaba que mi madre sacara los álbumes de fotos y se los mostrara a él. Pero era imposible, ella no los miraba siquiera desde la muerte de su marido. Ellos parecían llevarse bien. ¿Eso era bueno o malo?
- Hija, ¿pero en que piensas? ven aquí. - llamó mamá al ver que no me movía del umbral de la puerta.
- Hola Sessomaru, ¿como estas? - salude sentándome en la silla que estaba en medio de mi madre y él.
- Bien ahora que mis hermanos se fueron. Hay veces en que molestan demasiado. - respondió él girando en la silla para quedar de frente a mi.
- Oh, pero Ayame es muy agradable.
- Sí, ella es la excepción a la regla.
- Es muy bonita, y se ve que te quiere mucho.
- Sí, somos bastante unidos desde siempre. Su personalidad es igual a la de nuestra madre.
- Oh, y ¿donde esta ella? Eh oído mucho de tu padre pero nada de tu madre.
- Es obvio ella murió en el parto de Ayame. Mi padre trata, en lo posible, de no hablar sobre eso.
- Ah... Lo... Lo siento... No tenia ni idea.
- No te preocupes, creo que estamos a mano.
Me limite a asentir. La mirada de mi madre decía claramente que se esforzaba mucho por no correr a buscar a un obispo y un vestido de novia para casarnos hay mismo donde estábamos sentados. Le encantaba hacerla de casamentera.
- Así que se llevan bien ¿eh? - pregunto ella mirándonos concienzudamente.
- Eso me gusta pensar, señora - respondió Sessomaru con una media sonrisa dirijida a mi.
- Harían una gran pareja, ¿no creen?
De un momento para otro mi garganta se cerro logrando que me atragantara con el jugo que le había robado a mi madre. No podía creer que hubiera dicho eso.
- ¿Eso cree, Sra. Higurashi? - pregunto Sessomaru en lo que me daba pequeñas y suaves palmaditas en la espalda hasta que mi tos se calmo. Él no paresia en lo mas mínimo afectado. De hecho la única emoción que le había visto había visto era el rencor hacia sus hermanos, un rato antes.
- Sí, lo creo. Bueno, el tiempo lo dirá. - predijo mi madre.
Yo seguía atónita por las palabras de mi madre, hasta que sentí una enorme y cálida mano en mi hombro.
- Tranquila, así son las madres. Respira, no debes avergonzarte. - musitó Sessomaru en ese tono sereno que me transmitía paz.
- Lo siento tanto, no se que tiene esa mujer en la cabeza - susurré con la voz ahogada.
- Solo quiere lo mejor para ti. Y piensa que conmigo estarás segura, y si es así pero yo no te presionare también.
- Gracias por no hacerlo.
- No tienes que agradecerme. Es un placer para mi ayudarte.
- Sigues salvandome... Eres mi héroe Sessomaru.
- Es bueno escuchar eso - hizo una pausa - Me gusta escucharte decir eso.
