¡ Hola!
Lamento mi demora, disculpen mi tardanza, estaba atareada con otras cosas pero ya traje el otro cap. Bueno en realidad serán tres, así que espero no demorarme tanto para el tercero.
Disculpen si hay cosas fuera del manga, más deseaba adaptarlas un poco al fic.
Camino a Bluegard.
Todo el trayecto lo habían hecho en completo silencio, sin embargo el mutismo de Dégel desapareció al llegar al sitio donde entrenó. Por su parte Kardia detestaba ese lugar tan frío del que no encontró nada divertido a su parecer.
Vino el ataque de los encapuchados a los cuales ella despachó sin miramiento. Más allá les aparece un hombre a caballo que resultó ser el amigo de infancia de Dégel el cual los condujo en tanto ella fastidiada les gritaba que era una misión.
—disculpala—fue lo que atinó a decir el francés al ruso en voz baja mientras se hallaban en el pasillo.
Unity asintió en silencio mientras seguía en camino para mostarles el lugar donde se hallaba el sello que resguardaba a Poseidón, pero pasando antes por la inmensa biblioteca de Bluegard que a palabras de Dégel contenía todo el conocimiento del planeta. Avanzaron y Unity retiró el sello de Athena que se hallaba en una pequeña puerta entre dos estantes; dentro de ese cuarto había el sello del dios de los mares y detrás del mismo el Legado de Poseidón...
Luego de que una enceguecedora luz los envolvió dejándolos en Atlantis. Dégel agradeció de todo corazón a su amigo el cual ya se retiraba cuando sucedió lo inesperado...
Todo pasó tan rápido, Radamanthys, Pandora, la muerte de Unity y la furia de Dégel la cual nubló su siempre sensata mente ocasionando que atacara al Kyoto y a la heraldo.
—¡ vete!—le ordenó interponiéndose entre Radamanthys y él—yo me encargo de este—dijo con desprecio.
Ni aunque la mismísima Athena le ordenase lo que Kardia le solicitaba, él jamás la dejaría a merced de las fuerzas de ningún dios.
—es un suicidio...
—es mi oportunidad, Dégel—vio el pánico en sus orbes—tú sabías que algún día quemaría mi vida al máximo con mi técnica.
—no te dejaré sola—trató de hacerla entender, pero la mujer estaba empecinada en su objetivo.
Radamanthys estaba harto de su palabrería inútil, para él unos simples caballeros de Athena no serían obstáculos para lograr la ansiada victoria para su señor Hades.
—Kardia—su voz sonaba hueca—no seas egoísta.
—es una misión, vete a buscar el Orichalco—ordenó.
A regañadientes, Dégel la dejó para ir en pos de Pandora pero antes le hizo prometer que no moriría, con un gesto descuidado le dio a entender que si.
" No mueras"
Un gran choque de cosmos fue lo que percibió, negó con la cabeza y prosiguió su andar presintiendo que sería la última vez que la vería...
Los dioses le permitieron que enfrentase su rival sin miramiento y palabras rebuscadas, para ella el juez era un bruto, un perro al servicio de la ambición de Pandora.
El enfrentamiento fue encarnizado, Kardia con sus agujas perforaba y el efecto de las mismas quemaban terriblemente a Radamanthys que no podía creer que un ser humano hiciera aquello.
—¡ esto es imposible!—su cuerpo quemaba—tú, una simple guerrera, no puede vencerme.
—¡ tonterías!—lo miró burlona mientras preparaba su máximo ataque—te haré pedazos así me cueste la vida.
Otro ataque más. Maltrecha activó el Katakeo. Era la última oportunidad, que iba a salirle caro.
En un movimiento veloz el juez detuvo el ataque, pensó que la había vencido, pero no contaba que ella tenía un haz bajo la manga...
Sus ojos casi se salen de sus órbitas al darse cuenta que le había asestado las quince agujas escarlatas por lo tanto estaba perdido; ella estaba agonizante, el katakeo fue su sentencia de muerte.
Cuando su cosmo se apagó, Dégel sintió un dolor que no supo definir, era indescriptible.
—¿ Por qué no me hiciste caso?
Gruesas lágrimas caían en señal de luto por la amiga y por la mujer que quiso y amaba cuya alma partía en dirección al reino de los muertos.
—¡ adios amor!—dijo mirando al vacío.
Prosiguió su camino, se llevó una gran sorpresa al tropezarse con Pandora fuera de combate, le pareció extraño por que no había nadie más a excepción de él.
—¿ Qué pasó aquí?
Pero no podía quedarse analizando lo que ahí pasó, tenía que llegar y tomar el legado del dios de los mares entregárselo a Athena. Sin embargo se llevaría una desagradable sorpresa al comprobar quién era el recipiente de Poseidón.
Serafina...
La joven que admiraba como una hermana mayor, encerrada en una esfera, no iba a permitir que las luchas mezquinas entre dioses terminara cobrando más vidas, Kardia y Unity eran prueba de esas pérdidas que le pesaban en su alma.
¿ Quién sería capaz de dañar a aquella alma que para Bluegard era un rayo de luz?
Tétrico. Aterrador. Vil. Insano.
La iba a liberar de esa prisión, cuando su brazo fue apresado por algo que lo limitó. Una súbita sorpresa se apoderó de él al ver a uno de los Generales de Poseidón atacarlo con uno de sus corales. Furioso concentró todo su poder dándole un poderoso puño derribándole el casco...
—Unity...
—nos volvemos a ver amigo mío.
Las sorpresas no cesaban por ese día.
Continuará...
