"…taste your vanity and its sweet bitterness as you hide behind your veil of my stolen hopes and lost dreams…"

(…prueba tu vanidad y tu dulce amargura oculto detrás de tu velo de mis esperanzas robadas y sueños perdidos…)

Congratulations, i hate you

Desganado y adolorido, sentado en la cama, en medio de lágrimas de rabia desabotonaba el suéter azul marino que llevaba perfectamente ceñido a su cuerpo. Se puso de pie con pereza y se dirigió al cuarto de baño antes de desnudarse por completo. Acto seguido, se posó frente al espejo y contempló con evidente lástima la figura medio muerta mostrada a través de aquel objeto que no pensaba que podía ser suya; la piel nívea se adhería en su silueta dejando expuestos y bien remarcados sus delgados huesos, sus labios descoloridos se perdían en su rostro marmóreo que se mostraba inexpresivo y sus ojos desprendían un color azul opaco. Evidentemente, no era él quién se mostraba expuesto en la imagen, sino lo que de él habían hecho.

Se acercó a cerrar la llave de la bañera y se hundió en ella. El hervor del agua no parecía incomodarle en lo más mínimo, disfrutaba del calor de ésta mientras abrazaba su cuerpo. Se recargó en un extremo de la bañera apretando sus piernas contra su pecho, cerrando sus ojos, meditando tranquilo.

-¿Cómo te fue?- preguntó la delgada muchacha de cabellos azabaches dibujando una sonrisa cuando apenas se había escuchado el chirrido del cerrojo de la puerta.

-Bastante bien.- comentó el oji-escarlata corriendo a abrazarla y girarla en el aire.- son buenas noticias.

La chica se colgó de su cuello alejándose lo suficiente para mirarlo a los ojos.

-Me dieron el trabajo.- comentó orgulloso y Mia estrujándolo con fuerza lo besó con dulzura en la mejilla.

- ¡Me alegro tanto! Apenas llegas y parece que la suerte vino contigo.

-Así parece. Bien, es algo que hay que celebrar.- dijo soltando el agarre y tomándola de la mano la condujo a la cocina.- me dieron mi primer pago por adelantado; arréglate, iremos a comprarte un vestido bonito.- sacó dos copas.- esa noche conoceré a mis compañeros de trabajo.

Brindaron.

-¿Hola?- contestó una melodiosa voz del otro lado de la línea.

-Hola cariño.- respondió el peli-negro esbozando una sonrisa al escuchar la voz de su querida novia.

-¿Sebby? Hola amor, ¿cómo te va?- comentó alegre la voz de la muchacha.

-Bastante bien, ya conseguí empleo. Ojalá podamos vernos pronto, ya te extraño.- dijo en un susurro acurrucándose en el sillón cerrando los ojos y ladeando la cabeza, imaginando la dulce silueta de la joven recostada a su lado.

-Yo también te extraño. Podríamos pasar el fin de semana juntos, ¿qué te parece? Iré a verte el sábado, tengo el día libre.

-¿Conducirás?- dijo en tono preocupado.- No deberías hacerlo, podemos posponerlo para otro día, no me han dado mi horario todavía así que no puedo darme el lujo aun de organizar mis demás actividades.

-No es para tanto, tomaré el tren de las once. Ve a recogerme a la estación a las tres.- respondió con tono agrio y autoritario, dejando en claro que no tenía más opción que obedecerla.

Dio un ligero suspiro, realmente la extrañaba.- Bien cariño.- volvió a suspirar.- ¿pasarás la noche conmigo?- comentó, más bien a manera de súplica.

-No creo que a tu hermana le parezca la idea.- replicó con molestia.

-Mia te aprecia mucho, Ema, no creo que se niegue si se lo pido…

-¡Ya estoy lista!- anunció con un grito la peli-negra abotonando su saco blanco de lana.

-Debo irme, tenemos una cena de la agencia.- comentó en voz baja.- te llamaré más tarde.

-Bien. No me diste nada de detalles, más vale que me cuentes todo después. Adiós cariño.- dijo secamente las últimas dos palabras y no esperó la despedida de Sebastian, simplemente se limitó a colgar.

No podía evitar sentirse desanimado ante las actitudes cortantes que tenía su querida novia hacia su persona desde los últimos tres meses, cuando entre una plática durante la cena en casa de los padres de Ema anunció que se mudaría con su hermana mientras conseguía un buen trabajo y dinero suficiente para pedir formalmente su mano; cosa que a esas alturas comenzaba a dudar, ¿a dónde se había ido la chica alegre y cariñosa de la que se había enamorado un año y medio atrás? Quizá daba al fin a relucir su verdadera cara, pero no le importaba, tenía la esperanza ciega en que las cosas mejorarían.

Colgó el auricular del teléfono y se puso de pie acomodando su camisa, tomó las llaves de la mesa y se dirigió a la puerta donde Mia lo esperaba.

-Buenas noches Sutcliff.- saludó educadamente el peli-gris en la entrada de la recepción del hotel, dirigiéndose a uno de los pocos compañero con los que congeniaba en un nivel aceptable, una figura alta y delgada vestida con traje ceñido de color rojo en su totalidad exceptuando los zapatos negros de charol, con facciones exageradamente hermosas, finas y bien definidas, rasgos bastante propios de una chica.

-¡Ah…! Comenzaba a creer que no vendrías, no es de buena educación que el anfitrión llegue retrasado, la cena es en honor tuyo después de todo.- contestó al saludo con un breve regaño, pero el oji-azul no estaba de humor para escuchar sermones.

-Lo sé. ¿Dónde está Barker?- preguntó irritado, lo que menos quería era verle la cara.

-Adentro, quizá esperándote en la terraza, quería hablar contigo hace unos minutos.

-¿Qué haces aquí?- cambió bruscamente su tono de voz bombardeándolo con otra pregunta, si se refería a "hablar" como en la reciente mañana era mejor tener su cepillo de dientes en mano.- ¿por qué no estás con los demás?

-Will se ha retrasado, lo estoy esperando. Iré en cuanto llegue.- comentó guiñándole el ojo con gesto cómplice. El menor se limitó a poner los ojos en blanco, detestaba imaginarse cualquier escena que los involucrara a ambos, sería bastante perturbador el intentar borrársela luego de la mente.- a propósito…- comentó de nuevo sujetándolo por el hombro cuando éste ya se dirigía al ascensor.- deberías correr a conocer a tu posible remplazo, al parecer Barker quiso que la maldita araña nos hiciera compañía.

-¿Remplazo? ¡Por favor!- comentó con sarcasmo esbozando una sonrisa burlona.- Soy Ciel Phamtomhive, mientras siga aquí tendré bien controlada a esa molesta plaga.- concluyó con ese tono arrogante tan característico de su persona mientras las puertas del ascensor se cerraban.

-¡Cieeeeel!- gritó sonoramente la alegre rubia al distinguir a la menuda figurilla de cabellos grisáceos cuando intentaba ingresar al gran salón sin que se notara su presencia.

-Liz… Lizzy…- comentó con voz ahogada sujetando los brazos que rodeaban su cuello.- me estás asfixiando.

-¡Ciel! Creí que no vendrías, he estado llamándote por horas.- dijo haciendo un leve puchero.

-Dejé el móvil en casa, no quería cargar hoy con nada.

-Ya veo…- comentó examinándolo de pies a cabeza, lucía realmente apuesto con el pantalón entallado color blanco, playera azul cielo de manga larga y su chamarra negra con remaches.- mmm.- dio una ojeada rápida centrándose el cara inexpresiva de su lindo novio, haciendo un gesto de desaprobación hurgando al momento entre las cosas de su bolso de mano.- déjame ayudarte un poco.

Sacó un lápiz corrector que posó bajo los párpados del oji-azul dejando una ligera y apenas visible mancha color canela que rápido disolvió con movimientos delicados de sus delgados dedos, queriendo disipar las ojeras negruzcas se habían formado a causa de sus noches de insomnio. El chico no opuso resistencia, más valía que le vieran con buena cara y en perfectas condiciones para dejar fuera los escándalos de la odiosa prensa.

- Qué lástima que sea esta tu cena de despedida.- comentó la chica deshaciendo el silencio. -¿Ya empezaste a pensar qué harás ahora?- decía mientras enredaba su brazo bajo el del chico.

-Ah, cierto. Creo que no te la había dicho- susurró desganado sin sostenerle la mirada.

-¿Qué cosa?- Elizabeth sonreía con alegría mirándolo con sus lindos ojos esmeralda.

"Lizzy… no te he dicho que por ti tuve que revolcarme esta mañana con el cabrón del jefe…" pensaba deseoso de gritarlo para que todos lo escucharan, pero no, fue algo que había hecho con intención de ayudarla y por decisión propia; de modo que no se lo reprocharía nunca a su querida rubia.

-Que…- se vio interrumpido por la figura escandalosa que lo haló bruscamente del brazo haciendo que la rubia le soltara.

-¡Aquí estás!- gritó el hombre de ojos color chocolate conduciéndolo a la terraza.- ¿Qué tal? ¿Adolorido?- preguntó soltando una risilla de burla hacia el menor.

-Tsk… idiota.- soltó en voz baja para que no lo escuchara.

-¡Adivina quién será tu compañero este año!- alzó la voz empujándolo hacia una mesa de fierro en color verde oscuro con dos sillas a los lados, y en una de ellas se encontraba dándole la espalda una simpática figura de ojos color azul celeste.

-… Trancy…- habló mientras tomaba asiento en el lugar vacío.

-¿Me recuerdas Ciel?- surcó sus labios una media sonrisa lasciva e incitante mientas se mordía el labio mirándolo atento.- me da gusto verte de nuevo, he escuchado que trabajarás aquí otro buen tiempo.

"Ojalá el idiota de Barker no haya mencionado nada" dijo para sus adentros tratando de relajarse.

-En efecto, así será.- dijo haciendo una seña al mesero ordenando un vaso con agua.- ¿Qué quiere Barker esta vez?- soltó queriendo dejar fuera los rodeos y las pláticas innecesarias.

-Al parecer seremos los modelos principales en una pasarela de la línea de otoño de Scarlet Greenhill, con algo de suerte alguno de los dos encabezará la portada del catálogo de este año.- ladeó la cabeza con mirada soñadora.- ¿recuerdas? Tu primer año aquí y los problemas que pasamos para hacer nuestras primeras apariciones en las revistas…

-¡Cállate!- ordenó con evidente molestia.- Acordamos no volver a mencionarlo.

-¿Te avergüenza?

-Me da asco.

En efecto, el recuerdo de su desagradable primera vez no era lo que él había esperado. Aquella vez en que Alois fue también partícipe junto con Lucrecia Gates, dueña de la revista de moda más famosa del momento y también mejor amiga de su madre, a quién erróneamente vio por años como una segunda figura materna. Que ingenuo. Era también un recordatorio de su resentimiento hacia el género femenino, su temor de enamorarse de Elizabeth era que en un futuro se convirtiera en una mujer similar a aquella que lo había corrompido.

-Tengo el gusto de contar con su honorable presencia esta noche. Les agradezco profundamente.- habló una voz a través del micrófono, ambos chicos haciendo caso omiso de ésta se pusieron de pie e ingresaron nuevamente al salón.- Me complace anunciarles que esta temporada tendremos trabajando con nosotros a Alois Trancy, una de las figuras adolescentes más famosas de América.

Un estruendo de aplausos se hizo presente y las miradas del salón se centraron en el rubio sonriente y engreído, quién alzó la mano saludando a los presentes.

-También me complace anunciar que nuestro más joven integrante continuará con nosotros durante un periodo largo, como bien lo esperábamos todos.- dijo Arnold con el micrófono en mano sobre el escenario, lanzando una mirada cómplice que incomodó al oji-azul. Los aplausos se hicieron presentes de nuevo.- Gracias. Disfruten la velada.-concluyó saltando del escenario, cediendo el lugar a una mujer robusta y un hombre mayor, un dueto de una cantante de soprano y un pianista que contrató para amenizar la fiesta.

Buscó a Elizabeth con la mirada, sabía lo mucho que le irritaba a Alois la manera escandalosa en que cacareaba la dulce rubia, un perfecto escudo para zafarse de otra mención incómoda de los sucesos del pasado. No fue necesario buscarla, su delgada mano volvió a enredarse entre la suya.

-Ciel.- susurró en su oído.- tus padres ya están aquí.

"Mis padres…" pensó sonriente volviéndole el alma al cuerpo, tenía meses sin ver a su padre, pues viajaba constantemente desde que había sido transferido a Seattle como supervisor de una fábrica juguetera.

Llevándolo de la mano, Lizzy y Ciel cruzaron hacia el otro extremo del salón deteniéndose a escasos centímetros de una mesa decorada con manteles blancos, un centro de mesa lleno de flores coloridas y la más fina cristalería que había apreciado hasta entonces; donde se apreciaba claramente una pareja de aspecto joven, bastante podría decirse considerando sus años de matrimonio y el hijo adolescente que tenían.

El mayor se puso de pie al instante y corrió a abrazarlo.

-¡Ciel!

-Padre.- correspondió al abrazo intentando no llorar, había tantas cosas que quería decirle y tanto que quería soltar en esos momentos, volver a su infancia y decirle simplemente que lo cargara en brazos, nunca había necesitado más cariño como del que carecía a esas alturas.

-Oh Ciel, te vi en la portada del New York Times; ¡Estás en todos lados! El señor Arnold también me ha dicho que llegaron a un acuerdo y renovaron el contrato…- aquel instante se fue al carajo en cuanto volvió el tema del trabajo, quería llorar nuevamente, pero ahora solo por coraje.

-Ah… si…

-Señor Phantomhive…- intervino Lizzy notando la evidente incomodidad en el rostro de Ciel.

-¡Elizabeth! Que hermosa te ves.- saludó a la chica invitándola a sentarse a la mesa al lado de su esposa.

-Señora Rachel.

-Lizzy, que gusto verte.- saludó la rubia mayor abrazándola cariñosamente, ya era considerada parte de la familia.

-Barker me llama, disculpen.- soltó Ciel alejándose a toda prisa de la mesa.

-Sé bienvenido.- le trajo Barker hacia la terraza al joven oji-escarlata sujetando a su hermana por el brazo.-aquí podemos conversar más tranquilos.

-Gracias señor.- retiró una silla como buen caballero para que Mia tomara asiento.

-Bien Sebastian, antes que otra cosa, es un gusto que trabajes con nosotros.- sonrió lascivamente.- cuando terminé de ver tu expediente universitario me sorprendieron tus buenas notas, debes estar muy agradecido, teniendo una carta de recomendación de esta agencia tendrás trabajo asegurado en cualquier parte.

-Es un placer señor.- comentó sonriente con orgullo, su vida escolar nunca fue buena y a pesar de ello siempre había sido el primero en su clase.

-Pero desafortunadamente hay un inconveniente.

-¿Qué cosa señor?- deshizo su sonrisa con intriga.

-Que trabajarás con la persona más difícil de este lugar…-se detuvo en el momento que vio a Ciel salir por la puerta en dirección al barandal de cantera perdiendo la vista en el horizonte, a escasos metros de la mesa.-… a quién te presentaré ahora mismo.