could it be? should my eyes belive what they see? if you would always be aware i might never mind…

( ¿podría ser? ¿deben mis ojos creer lo que ven? Si eres quién creo que eres podría perder la mente…)

The Lover

Narración. Ciel.

Era inevitable, mi padre en algún momento debía hacer algún comentario respecto al trabajo. Lizzy seguramente sabe que quiero estar solo un rato, les hará buena compañía. Probablemente fue estúpido de mi parte querer tomar aire fresco en la terraza medio vacía; no noté la presencia de Barker, que ahora está llamándome. Esto es un asco, el vértigo se hace presente nuevamente.

Narrador omnisciente.

-¡Ciel! Ven aquí un momento…- habló en claro tono alegre y autoritario al oji-azul levantando la mano, agitándola juguetonamente por el aire atrayendo su atención.

El menor dirigió la vista hacia la mesa de la esquina, donde cuatro pares de ojos lo miraban claramente intrigados. Con pereza, poniendo su mejor cara y la sonrisa más falsa que podía fingir se dirigió en su dirección.

Barker se levantó cuando éste se encontraba a escasos pasos de la mesa, rodeando sus hombros con su largo brazo y pegándolo a su cuerpo con la confianza tan característica que mostraba hasta con cualquier desconocido, acción que incomodó al pequeño, quién hizo ademán de querer estirar los brazos, pero le fue imposible zafarse.

-Muchachos, les presento al gran Ciel Phantomhive, el rostro más hermoso que esta agencia ha tenido...- habló dejando relucir su blanca sonrisa, Ciel se limitó a hacer un gesto de saludo con la mano, realmente no tenía ánimo de seguir hablando del agobiante trabajo, lo único que quería era un descanso alejado de todos. Paseó la mirada entre los nuevos rostros, incluyendo el de Barker, quedando petrificado al detener la vista con los últimos dos individuos. Ciertamente los conocía; la hermosa chica de vestido de encajes en color uva era la mesera del café de la mañana y el chico con el frac negro de ojos escarlata quién se había sentado un par de mesas frente a él. No pudo evitar hacer una mueca de leve molestia, si volvían a hacerle presenciar otra escenita de mimos o caricias no se lo pensaría dos veces antes de lanzarles cualquier objeto que tuviera enfrente, claramente, celoso de la felicidad ajena que él no poseía.-…puesto que son novatos, los dejaré a la entera disposición suya, harán las cosas como él las desee y ordene; serán algo así como sus sirvientes…- continuó hablando el jefe dándole un tono sarcástico al asunto.

-Entonces, es un placer conocerlo… joven amo…- comentó sonriente y juguetón el oji-escarlata viendo la expresión seria del pequeño peli-gris, quién al escuchar el comentario no pudo ocultar una media sonrisa. Ese era un buen comienzo, una buena primera impresión.- soy Sebastian… Sebastian Michaelis…- anunció tendiéndole la mano mientras se ponía de pie. Las mejillas del chico desprendieron un notable tono rosado al estrechar su mano. Acto seguido, el peli negro extendió la otra mano para que la chica la tomara.-…ella es mi hermana, Mía.

"Menos mal…" atinó a pensar aliviado el menor, extrañamente, el escuchar esa aclaración lo hizo sentir menos tenso y más confiado. "¿Qué diablos te pasa Ciel?" se reprochaba internamente.

-Es un placer.- interrumpió su lucha interna la simpática peli-negra tendiéndole la mano.

-El placer es mío…- comentó esbozando una sonrisa más natural, aceptando su saludo tomó galantemente su mano y encorvó ligeramente su espalda para depositar un casto ósculo sobre ésta, mirando de reojo al hermano mayor, quién atento vigilaba cada movimiento suyo. La chica se sonrojó y sonrió aún con mayor fuerza.

-Soy Matilda Simons…- comentó la tercer figurilla de ojos verdes al sentirse ignorada por la joven celebridad.

-Mucho gusto.- hizo caso omiso de la muchacha, repitiendo el gesto que había utilizado con Mía, aunque no tan galante.

-Sebastian será tu fotógrafo personal y Matilda tu maquillista. Ambos son tu nuevo equipo...- comentó rápidamente Barker poniéndose de pie.- si me disculpan, debo ir a recibir a los recién llegados.- caminó de nuevo dentro del salón dirigiéndose a la entrada principal.

Matilda se acercó a Mía, ambas chicas cotorreaban en voz baja mirando al apuesto oji-azul, elogiando lo bien que lucía con ese atuendo tan informal para la ocasión, pero la buena combinación de prendas que había seleccionado en esa noche.

-¿Así que eres el más joven de la compañía?- preguntó curioso el oji-escarlata al sentir cierta incomodidad ante el silencio invasor.

-Así es.- respondió el aludido sacudiendo nerviosamente la cabeza, por un momento creyó haber bajado la mirada hasta el bulto bien pronunciado situado en su entrepierna.-creo que no hay necesidad de dar más explicaciones de mí, seguramente has leído algo en cualquier periódico o revista de chismes…

-En realidad…- comentó apenado mirando el vaso con agua entre su mano.- jamás había escuchado hablar de ti, es una pena, no saber absolutamente nada de mi nuevo superior.

-¿Enserio?- "¡Vaya! Realmente es un completo idiota, ¿quién se cree?" Pensaba a gritos mentales el oji-azul, la confesión lo dejó pasmado de asombro, no había conocido a ninguna persona hasta ahora que no hubiera oído hablar de él.

-Vi hace meses un par de fotos tuyas en una revista que me mostró mi hermana, de hecho, me regaló para navidad el suéter guinda que estabas modelando en una de ellas, pero creo que fue todo. No sabía tu nombre hasta ahora, pero la verdad es que me pareció encantadora tu foto en aquella ocasión.

El menor frunció el ceño y miró hacia otro lado, le avergonzaba la simpatía que sentía hacia ese nuevo conocido. Llevaba años de conocer a Elizabeth y su presencia jamás le había inmutado en lo más mínimo como lo hacía Sebastian.

-Ah… Bien…- tartamudeó cobrando la postura seria nuevamente.- sería bueno conocernos mejor… lo digo sólo porque trabajaremos juntos un buen tiempo y sería de ayuda que nos llevemos bien… ¿no crees?- sugirió temiendo una respuesta negativa.

-Parece buena idea.- sonrió contento el peli-negro.- bien, realmente no tengo idea de cuando empezaremos a trabajar.

-Yo me encargo de hacértelo saber, tu trabajo es estar siempre disponible cuando yo lo requiera.- espetó con aire de superioridad.

-Está bien.- contestó el mayor sin quitar la sonrisa.- entonces, será bueno que tengas mi número.

Sacó una pluma de tinta negra del bolso plateado de Mia y apuntó su nombre en la servilleta de tela beige cuidadosamente doblada sobre el plato ancho en la mesa sin importarle mucho que luego le hiciera falta a la mantelería, seguido de diez dígitos bajo la excepcional caligrafía inicial. El peli-gris la tomó fingiendo no darle importancia y la guardó en la bolsa izquierda de su chaqueta, estrujándola dulcemente como un signo de victoria después de aquella acción que no tenía contemplada.

09:32 a.m.

Despertó malhumorado de nuevo con los molestos rayos de la mañana acariciando sus parpados. Sentía un leve mareo azotando en su cabeza. La velada había terminado después de la media noche y las tres copas de champagne que había tomado fueron suficientes para darle la impresión de haberse bebido una botella entera él solo.

¿Cómo había llegado a su apartamento? No lo recordaba, quizá era probable que ni sus padres estuvieran; pero daba igual, no le importaba en lo absoluto. No había disfrutado tanto de la compañía de nadie como la noche anterior, en la que bebieron y hablaron cosas sin importancia, concordaron perfectamente burlándose de una y otra tontería que se les había escapado estando medio ebrios.

Sin embargo, se sentía inquieto por alguna razón, había algo que le faltaba.

Echó una Ojeda rápida alrededor de la habitación. "Bingo…" se dijo al divisar el montón de ropa sobre la silla del escritorio, la misma que se había puesto para la cena. Se acercó temeroso, ¿había soñado todo? Así le parecía. Rebuscó en el contenido de las bolsas del pantalón; vacías. Después tomó la chaqueta e hizo lo mismo; dejó escapar un pronunciado suspiro cuando sacó el trozo de tela beige de una de las bolsas y lo desdobló para comprobarlo. Efectivamente. Su nombre y número estaban escritos en ella.

Sintió que su pequeño corazón daba brinquitos de alegría. Se sentía diferente los días pasados, se sentía contento.

Narración. Sebastian.

Que molestia es una llamada telefónica estando a mitad de un buen sueño.

-¿Diga?- contesté medio dormido.

-Sebastian.- me saludó la voz afeminada del pelirrojo gritón.- buen día dormilón.

-¿cómo rayos has conseguido mi número?

-Que malo eres.- chilló al otro lado de la línea.- Barker me lo ha dado. Me pidió que te mostrara el edificio y que te diera tus instrumentos de trabajo. Así que si no te molesta, tengo una tarde bastante ocupada; así que sería de ayuda que vinieras en treinta minutos. No me tomará más de una hora terminar el encargo.

-¿Treinta minutos?- diablos, tardo más de veinte metido en la regadera.- bien, trataré de estar puntual.

-Hasta entonces…- colgó.

Bueno, no recuerdo ni qué hacía antes de la llamada. ¿Estaba pensando algo? Perece que así era… ¿Qué cosa?... ¿Eh?... ¿Qué?... Ciertamente todo está dándome vueltas, después de mirar las fotografías de la cámara digital de Mia que tomó anoche parece que mi mente se fue hacia otro lado. Hay una en especial, luce hermosa esta fotografía… el paisaje nocturno es bastante oscuro, pero ese hermoso azul de sus ojos parece brillar en medio de la penumbra…