"…Earth angel... wil you be mine? my darling dear, love you all the time… i´m just a fool a fool inlove with you…"

(Angel terrenal… ¿serías mío? Mi querido amor, te amo todo el tiempo… Soy solo un tonto, tonto enamorado de ti…)

Earth Angel

-Te has tardado- refutó molesta la chica de ojos violeta con los brazos cruzados a la altura del pecho.

No esperaba menos, con cuarenta y ocho minutos de retraso sabía que no recibiría un saludo bonito.

El peli-gris obedeció sin chistar cada orden del mayor. Sebastian se puso de pie y lo miró un par de segundos, su posición era insinuante y su expresión tan confiada… hasta que notó que su respiración no cuadraba con su rostro relajado, su pecho subía y bajaba cada vez más deprisa. Apoyó una mano el cojín al lado de la cabecilla del menor, quién no abrió los ojos, su cuerpo quedó sobre el del más pequeño y acercó su rostro a escasos centímetros, sentía su aliento rozar sus belfos. Tomó valor y cogió aire; cerró los ojos y se hundió en sus labios…

La puerta se abrió sin previo aviso y golpeó escandalosamente contra la pared; ambos se vieron obligados a interrumpir el deseado beso que tanto habían esperado. Un chico de cabellos rubios entró danzando y dando brinquitos mientras agitaba un papel en el aire.

-¡Mira Ciel! Lo que encontré en mis viejas cosas; que nostálgico, ¿no?- apuntó lanzando una mirada lasciva hacía en par de sujetos abochornados que seguían apoyados en el sillón.

-Seb…bastian…- susurró Ciel muy quedo para que solo él lo escuchara. El mayor captó al momento la advertencia y se puso de pie de inmediato, la posición en la que se encontraban delataba que había pasado algo.

El rubio analizó de arriba abajo la figura erguida de Sebastian, quién por un momento decidió darle la espalda mientras bajaba el rubor de sus mejillas. Ciel notó la expresión perdida del rostro de Alois contemplando al peli-negro y no pudo evitar sentir cierta molestia.

-¿Qué es lo que quieres?- soltó finalmente empujándolo sin cuidado hacia la puerta. El mayor se giró al escuchar la fricción de los zapatos contra el suelo.- Sebastian, espera aquí.- ordenó saliendo junto al oji-azul cerrando la puerta tras ellos.

-No me gusta repetir las cosas, ¿qué diablos quieres?- El rubio dibujó en sus labios una amplia sonrisa que se hizo más amplia al ver la cara furibunda del peli-gris. El menor soltó un bufido y arrancó con brusquedad el papel de la mano del chico mayor.- Está… en blanco.- articuló confuso volviendo la vista hacia Alois.

-¡Ja,ja,ja!- soltó una estruendosa carcajada recargándose en la pared para no perder el equilibrio.- bien Ciel… conseguiste a un tío muy mono… y de cerca se ve mejor…- agregó con voz sensual e insinuante mordiéndose el labio.

Ciel ahogó las injurias que quería gritarle en ese momento, no creía posible que hubiera interrumpido aquel momento con Sebastian solo para verle.

-Tsk… cállate…

-Ah… ¡Ciel!... tu carita es tan adorable cuando estás molesto.- agudizó su voz y pellizcó dulcemente la mejilla del peli-gris.

-¡Cállate!- bramó furioso quitando la mano de Alois.- No quiero que te metas con él…

-¿Yo? Ciel… deberías agradecerme que sea yo y no Barker… ¿te imaginas lo que habría pasado si él hubiera visto…?

-¡Eso es algo que ni a ti ni a él les incumbe!

-Yo pienso que sí Ciel, habría muchos problemas si existiera una relación más allá de la laboral entre ustedes; no sería bueno para la empresa.

-Nadie dijo que… tenemos… una relación…- agregó pronunciando con lentitud las últimas palabras, no era por desagrado, sino porque se escuchaban mejor de lo que pensaba.

-Ni la tendrán. Le eché el ojo desde el día de la cena, no habrá problema puesto que no estamos en la misma área… y claro…- agregó danzando por el pasillo hasta la puerta de su estudio.- mientras Barker no sepa de lo mío no diré nada de lo tuyo.- guiñó el ojo y azotó la puerta.

El peli-gris soltó un gran suspiro y se recargó en la puerta de su estudio.

Pensó… ¿y si surgía algo entre ellos y terminaba mal? Indudablemente sería pesado el tener que verse todos los días en el trabajo e incluso dirigirse la palabra sería algo innecesario. Lo mejor era permanecer así, como estaba todo.

La puerta se abrió y el menor cayó de espaldas, pero el golpe en el suelo fue evitado por el oji-escarlata.

-¿Estás bien?- preguntó alarmado observando con detenimiento que Ciel apretaba con fuerza los párpados.- ¿…Ciel…?

-Sebastian…- susurró despacio sin abrir los ojos. El mayor enderezó el cuerpo del más pequeño hasta verificar que pudiera sostenerse en pie y poso ambas manos en sus hombros. Sintió deseos de reanudar el beso, quería que aquel contacto se profundizara. Sin embargo, aquello no sucedió.

-¿Ciel…?- El menor se alejó de su contacto e ingresó en el estudio azotando cada paso.

-¡Ya déjate de juegos! Tenemos cosas que hacer.- Gritó sin voltear a mirarlo, las lágrimas querían escaparse de sus ojos.

-Estás nervioso… Sebastian. ¿Ocurre algo?- preguntó por fin cuando ya se hubiera calmado, se salía de sus cabales cada que algo lo inquietaba y se reprochaba su mal comportamiento. No habían hablado después de aquella orden suya.

-Me preguntaba solo… si podría dejarme salir un momento.

-¿A dónde?- su rostro se tensó por un instante, pensó que quizá no aguantaba su compañía. El mayor soltó un suspiro incómodo.

-A la estación de trenes.

-¿Irás a algún lado?- dirigió una mirada hacia en mayor y ladeó la cabecilla.- ¿tan pronto quieres alejarte de mí?- sonrió con expresión triste, pero divertida.

Aquello hizo reír al mayor.

-Iré a recoger a… Emma…

-¿Emma?- soltó un bufido.- ¿quién es Emma?- cuestionó sin quitar la sonrisa. El mayor creyó conveniente que no debía mencionar su relación con ella como era realmente, pero el bombardeó de preguntas del más pequeño pedía a gritos que saciara su curiosidad.

-Es… mi novia…- El peli-gris borró la sonrisa de sus labios. Sebastian tomó la siguiente foto y por el lente de la cámara captó el semblante desairado de Ciel.

No quiso tocar otra vez el tema, Emma podía esperar un poco, su prioridad ahora se centraba en el trabajo… mejor dicho; en Ciel.

-Sebastian…

-¿Si, joven amo?

-Te dejaré salir por esta ocasión… si…- suspiró resignado, pensó en que el tiempo que había pasado sería suficiente como para hacerlo enojar.

-¿…Si…?- invitó a que terminara la frase.

-Solo si esta noche regresas a terminar el trabajo- el colorete carmesí intenso tiñó sus mejillas.- llevamos tiempo de retraso en esto… así que avísame cuando hayas tenido suficiente.

-Ya veo…- intervino el mayor estudiando su rostro, con aquella muestra de doble sentido en sus palabras se limitó a asentir y sonreír sin cuestionárselo.- está bien, Ciel.

El mayor quitó la correa de la cámara de su cuello y la dejó en la mesa de escritorio, avanzando hasta donde el menor se encontraba pensativo y con aire juguetón rodeó sus hombros.

-¿Qué piensa, joven amo?- el menor sintió su corazón acelerado golpeando fuertemente en su pecho. Se giró un poco para verlo y de nuevo sitió su cuerpo congelarse con la mirada escarlata suplicante del mayor.

-Nada…

-¿Por qué tardaste tanto?- volvió a cuestionar la chica con expresión furibunda. Sebastián no respondió, intentó abrazarla y ella lo evito.- ¿y bien?

-Tenía trabajo.

-Ah. Al menos pudiste haberme avisado…

No quería pelear con ella después de no verla por tanto tiempo, lo mejor era bajar la cabeza y dejarla alegar hasta que se cansara, así habían sido los últimos tres meses.

Pasaron al supermercado a comprar la despensa. Llegando al apartamento Sebastián dejó las bolsas del mandado en la mesita del comedor y se instaló rápidamente en la cocina. Emma no sabía ni siquiera cocinar un huevo, pero el talento culinario de Sebastián era algo que no se discutía.

Preparó de entrada una crema de almendras, de plato fuerte pasta italiana con champiñones, de postre un pastel de vainilla y moras y lo acompañó con vino dulce. El aroma en la casa era exquisito, digno de los más exigentes paladares.

Decoró la mesa con un mantel rojo y un cubre mesa color uva, los colores favoritos de Emma, sacó la cristalería favorita de Mía y los platos de porcelana que tanto le gustaban; era una suerte que su hermana no estuviera en casa o de lo contrario habría hecho una rabieta por servirle la comida a su novia en la vajilla que era de uso exclusivo para ellos.

-Está listo amor.- anunció admirando su magnífica obra improvisada; un detalle característico de los Michaelis era que siempre acostumbraban ser excelentes anfitriones.

-¿Emma?- llamó por segunda vez. La chica continuaba sentada en el sillón con una vieja revista entre manos. El peli-negro se acercó y echó una ojeada sobre la página en que la mantenía abierta, en ella estaba Ciel de medio cuerpo con una mano en la sien modelando unos elegantes sombreros de Channel en su colección de invierno. Sonrió.

-Qué bonito, ¿no crees?- sugirió la chica señalando la imagen con la mirada.

"No tienes idea de cuánto…" se dijo él para sus adentros.

-Las boinas de Channel son bellísimas.

-Ah… eso también…- soltó una risita.

-¿qué?

-¿Sabes, amor? Es este chico con quién estoy trabajando.

La chica abrió los ojos lo más que sus párpados le permitieron.

-¿Enserio estás trabajando con un modelo?- por alguna razón no lo creía; Sebastián no era la clase de persona que le gustara relacionarse con gente tan arrogante y narcisista, tampoco era un aficionado de las cosas de moda.

-Sí. Trabajo en Earl Gray como fotógrafo, exclusivamente con él…- añadió con orgullo, el peli-azul ya empezaba a tomar relevancia en sus conversaciones.

Cambió de tema mientras servía los platos. Emma le habló sus padres y de sus nuevas adquisiciones en sus recientes vacaciones. Reían mientras degustaban el primer platillo de la comida, Emma elogió lo buen chef que era.

Así pasaron un buen rato, pero después de que el móvil de Emma sonara un par de veces el ambiente cambió muy drásticamente. Sebastián se había levantado y dirigido hacia la cocina por el plato fuerte para su novia, mientras tanto, ella tomó el aparato del bolsillo de sus jeans después de haberlo sentido vibrar un par de veces. "La cama está fría. ¿Debería buscar quién la caliente?_ Claude" eso decía el mensaje que recién había recibido. No sabía si era su manera de decirle que la extrañaba o si eso era algún "me iré de putas esta noche". Daba igual lo que fuera, imaginarlo de nuevo con otra chica la llenaba de rabia.

Sebastián llegó de nuevo con un plato en cada mano. Emma no quiso verlo a la cara. Se sentó al otro extremo de la mesa y comenzó a degustar el segundo plato, la chica en cambio comenzó a picotearlo de mala gana.

-¿Ocurre algo?- inquirió alzando una ceja interrogante.

-Nada.

-Casi no has probado tu comi…

-No tengo hambre Seb.- respondió cortante y de mal modo la chica, ni siquiera lo dejó terminar. Apoyo las manos sobre la mesa y se levantó con brusquedad.- estoy algo cansada.- la excusa más vieja que pudo habérsele ocurrido.

-De acuerdo.- suspiró resignado mientras la veía alejarse en dirección a su cuarto.

Se puso de pie dispuesto a levantar todo de la mesa. Recogió y limpió en cuestión de minutos. Cuando terminó de lavar los platos miró el pastel de moras colocado en una charola metálica y cubierto con una tapa de vidrio pulido, un exquisito desperdicio. Se sentía castrado, Emma cada vez se alejaba más de él sin un motivo aparente; el motivo que en realidad él ignoraba.

Cogió el móvil de su bolsillo para ver la hora, pero ni siquiera puso atención en eso. Mecánicamente fijo la vista en la pantalla unos segundos, tras reaccionar entró en los contactos y buscó el número de Ciel. Timbró un par de veces.

-¿Sebastián?

-Ciel…- sonrió ampliamente.- ¿dónde estás?

-¿qué importa donde esté?- le regañó el menor con tono burlesco.- ¿ya estás desocupado?

-Mi prioridad es usted, amo.- declaró sin quitar aquella sonrisa.- iré al estudio ahora mismo, ¿paso por usted?

-¡Vaya! ¡Cuánta formalidad! Se nota que me extrañas…-sonrió el menor al otro lado de la línea, en realidad, él deseaba que así fuera.- No es necesario, Sebastián, ya voy en camino. Te espero allá.- colgó.

Sebastián devolvió el móvil a su bolsillo y sonrió satisfecho. Se giró y se dirigió a su recámara, donde Emma se encontraba acostada en la cama, aparentemente se había quedado dormida. El peli-negro se dirigió al guardarropa y sacó una camisa negra y una chamarra blanca, sentía necesario el mostrarse siempre presentable ante el pequeño peli-gris. Dudó unos segundos antes de salir de la habitación, pensó dejarle una nota a Emma para no perturbar su sueño, pero decidió que daba lo mismo si lo hacía o no, su genio sería el mismo.

Salió y cogió el primer taxi que le pasó por enfrente.

No le tomó más de quince minutos el traslado hacia el edificio donde el oji-azul debía de estarle esperando. La mayoría de las luces estaban apagadas y en la recepción apenas se percibía a la graciosa Paula acomodando sus papeles antes de retirarse. "¿Tan tarde es?" se preguntó a sí mismo buscando a Ciel con la mirada, quizá había escogido un mal momento para proseguir con el trabajo. Dudoso entró sin que la chica lo notara y se dirigió al séptimo piso, donde aguardaba Ciel.

-Mi madre quiere que vengas a su cena de cumpleaños Ciel, hace mucho que no vienes.- gimoteaba la rubia por el móvil.

-Elizabeth, de verdad me gustaría… pero aún tengo trabajo.

-Anda Ciel, será la siguiente semana.- dudó si proseguir o no, igual sabía que no lo haría cambiar de opinión. Dio un estruendoso suspiro- prométeme que al menos lo intentarás.

Un ligero chirrido de la puerta lo hizo exaltarse al momento, sabía que era el peli-negro.

-Lo… lo prometo.- susurró en voz baja y sin más colgó.

-Que gusto verlo de nuevo.- saludó el mayor mientras dejaba su chamarra en una silla.

-Ho… hola…- respondió Ciel metiendo torpemente el móvil en su bolsillo.- Bien, acabemos con esto.

-¿No te parece suficiente lo que estoy haciendo?- se quejaba la chica en medio de lágrimas.- Claude, por favor… prometiste que lo intentarías.

-Y lo hago.- agregó con fingida tristeza.- ¿pero qué quieres que haga si ahora no estás aquí? No puedo quedarme quieto en casa. Tranquila, iré solo con Timm y Jeff un rato a beber.

-¡Y quién sabe con quién más vayas!- reprochó de nuevo exaltándose.

-No estás en posición de exigirme nada. Te recuerdo que tú aún estás con Michaelis…

-Si tú quisieras…- lo dudó un momento.- si tú quisieras…

-¿Qué? ¿Lo dejarías si te lo pidiera? No cariño, no deberías estar conmigo.

Emma en silencio reflexionó aquellas palabras, ¿realmente dejaría al chico adorable que le ofreció todo cuando el otro lo único que hizo fue romper su corazón? Quizá… no lo sabía, aquel hueco que Claude había dejado Sebastián jamás pudo llenarlo, tanto como el amigo que él le ofreció fue lo que Faustos jamás podría ser. No podía dejarlos, ambos eran parte de ella. Colgó bruscamente el auricular y lloró en voz baja. Sebastián ya se había tardado, no sabía exactamente cuánto tiempo estuvo dormida pero quizá desde hacía horas él ya no estaba en casa. Cogió nuevamente el teléfono, en ocasiones como esa siempre le brindó su compañía.

Después de un par de horas de la sesión por fin se dignaron a dirigirse la palabra. Aquel lugar parecía más bien un entierro.

-¿Cómo te ha ido con Emma?- inquirió sin titubeos y bastante seguro el menor.

-Si no te molesta- contestó amablemente con una sonrisa triste.- no quisiera hablar de eso.

-Ah. Entiendo; no es asunto mío… disculpa…- susurró quedo.

-¿Por qué pones esa cara?- objetó burlesco al mirar su pequeño puchero.- No es eso, es solo que las cosas no van bien.- sonrió de nuevo con tristeza. El menor lo miró a los ojos, había en ellos había algo extraño.

Quedaron en silencio mirándose… hablándose sin decir nada…

El mayor se inclinó un poco para quedar a su altura, despacio, muy despacio… el más pequeño se acercó un poco para quedar a escasos centímetros de su rostro…

El móvil del Sebastián comenzó a sonar en el bolsillo de su chamarra, ambos desviaron la mirada y la fijaron en la silla donde estaba esta. Caminó con rapidez para sacarlo; "Llamada entrante: Emma" fue lo que leyó en la pantalla.

-Ya deberías irte…- comentó el oji-azul con molestia poniéndose de pie.- no creo que quieras hacerla esperar…- se giró y le dio la espalda al peli-negro. Se sentía decepcionado, no creía posible que hubiera gente con tanto amor a su disposición que lo rechazara como si fuera algo tan fácil de conseguir; él habría dado todo por estar en el lugar de Emma y poder corresponder a los sentimientos de Sebastián. La maldecía internamente.

-Ciel…- susurró mientras lo veía avanzar hacia el armario a recoger su abrigo azul.

-Nos veremos luego… Sebastián…- se despidió girándose a la puerta.

Sebastián se puso de pie tan pronto como pudo y soltó el móvil que continuaba sonando. Avanzó rápidamente cuándo Ciel estaba a punto de salir y de un golpe le imposibilitó el abrir la puerta, aprisionándolo contra esta.

-Sebas...

-Shhh... no digas nada...- posó un dedo con dulzura en sus labios.-…por favor…