Hola! Espero que se encuentren muy bien.

Aprovecho para mandarles un saludo a todos lo que se dan el tiempo para leer mi historia, especialmente a Ninoska, Shamtal y Ryoma Echizen n.n

Espero que el capítulo les guste C: nos estamos leyendo n.n

JokerFunthom

"…si nos dejan busquemos un rincón cerca del cielo…"

-Te amo.- susurró con dulzura antes de darle un beso en los labios. Sebastián enredó los brazos alrededor de su cintura y correspondió al gesto. La quería realmente, pero en esos momentos sus sentimientos estaban puestos a prueba… porque quizá entonces ya era rival para ella el cariño que le tenía a Ciel, el cual con el pasar de los días parecía ir en aumento.

- Te veré pronto.- apuntó secamente separándola de su cuerpo para que pudiera subir al tren a tiempo. La chica de muy mala gana por no haber oído algo similar de su parte intentó vanamente provocarlo lamiendo el lóbulo de su oído, sin conseguir más que un cortés rechazo de parte del peli-negro.- Se te hace tarde, linda. Te veré pronto.- dijo de nuevo poniendo su mejor sonrisa, algo tan característico de él.

La chica se giró en sus pasos y caminó hacia las escalerillas. "Quizá deba entenderlo" pensó con semblante triste, después de todo era ella quién había buscado su actitud cortante. Detestaba la forma en que Faustus podía alterarla con gran facilidad; si no quería que Sebastián supiera de su amorío con Claude debía aprender a fingir mejor las cosas. Volvió la mirada hacía el apuesto joven de ojos carmín y le dedicó un adiós con la mano, éste a su vez devolvió el gesto sonriente y después se dio la vuelta para empezar a caminar.

Caminó con paso lento con la mente en otro sitio. Salió de la estación de trenes y se dirigió al centro comercial que se encontraba a unas cuadras de ahí. Ya que tenía tiempo y dinero suficiente, creyó que un rato de compras lo haría despejarse y olvidar momentáneamente aquellos bochornosos sentimientos encontrados.

Las vitrinas exhibían hermosos objetos de moda, los maniquíes llamativas y modernas camisas y los aparadores bonitos cachivaches; un lugar perfecto para pensar solo en gastar el dinero.

Buscó por un rato prendas de su talla. Últimamente se había acostumbrado a que Emma lo acompañara y eligiera por él la ropa, pero ahora no parecía estar buscando nada de acuerdo a los gustos de su novia, sino algo que le encajara perfectamente a su cuerpo estando al lado del refinado Ciel Phantimhive.

"¿Qué diablos te pasa Sebastián?" se dijo una vez que tomó conciencia y miró lo que tenían los ganchos que colgaban de su mano. La mayoría de las prendas era de colores fríos, nada comparados a la ropa que tanto le gustaba a Emma que exhibiera su novio, con ese toque tan femenino que la caracterizaba. Camisas, pantalones y playeras… todas con colores parecidos a las que Ciel solía usar que, a pesar de ser apenas un adolescente, le daban cierto aire de superioridad y lo hacían sentir más adulto de lo que aparentaba,

Se recargó un segundo apoyando una mano en un espejo para evitar caer al suelo y echando la mirada al suelo meditó unos minutos.

-¿Buscas algo de tu talla?- objetó una voz conocida haciendo mirar al espejo. Detrás de él se encontraba un chico de cabellos grisáceos sonriéndole.- Creo que el negro te sienta muy bien.

El aludido se giró sin afán de querer disimular la sorpresa tan grata que era encontrárselo cuando justamente pensaba en él.

-Ciel… Que gusto verte. ¿Qué te trae por aquí?- comentó de manera cordial acercándose unos pasos hacia el menor.- ¿Es que acaso me está siguiendo, joven amo?

El colorete se disparó en las mejillas del menor haciéndole evitar el contacto visual con el de mirada escarlata -Tsk… idiota…- murmuró quedamente.

El peli-negro rio sonoramente complacido por la expresión del más pequeño.- ¿es que acaso me equivoco?

-Yo… tenía que comprar algunas cosas…- respondió sin mirarlo aún.

-Ya veo.- miró la bolsa que Ciel sostenía en su mano izquierda, done había una cajita pequeña.- ¿Es un regalo para tu madre… o para tu novia… quizá?- alzó una ceja con actitud sarcástica.

-Es… para la madre de mi… novia…- apuntó con tono angustioso.

-Ah…- "¡mierda!" fue lo que realmente quería decir Sebastián ante el comentario inesperado.

-¿Dónde está Emma?- se apresuró a decir finalmente el menor por el ambiente que comenzaba a tensarse, aunque lo hizo con cierta indiferencia.

-Ah… Se fue hace un rato en el tren de las dos.

-O sea que… ¿ahora estás solo?

-Pareces estar un poco ansioso, Ciel.- sonrió alzando una ceja.

El menor frunció los labios a manera de puchero llevando ambos brazos a la altura del pecho.- Idiota…

Sebastián esbozó una sonrisa pícara complacido y añadió.-Gracias por el cumplido.- le guiñó un ojo.- ¿Te gustaría hacer algo? Si es que tú también vienes sin compañía, claro.

Sebastián dejó de nuevo las prendas en su sitio antes de salir acompañado de Ciel a buscar algo de diversión; ya tendría tiempo para regresar por ellas más tarde. Ambos jóvenes recorrieron aquel centro comercial charlando de cosas ajenas a ellos, como el clima o cosas de ese estilo, intentaban buscar un sitio que fuera del agrado de ambos.

-¿No es hermoso?- sugirió ansioso el mayor al pasar frente a las salas de cine.- Me parece que en cartelera hay una nueva película de Burton.

-¿Tim Burton?

-El mismo, adoro sus películas.

-Me disculpo, Sebastián, pero… la verdad no conozco mucho sobre él.- bajó la mirada como si aquello hubiese sido una blasfemia.

-Es algo que no puedo perdonarte.- inquirió el mayor alzando una ceja con una mueca severa, haciendo que el menor estremeciera como si le hubiera pisado la cola al diablo. Tomó con dulzura a Ciel por el codo y se acercó a la taquilla cambiando su seriedad a una amplia sonrisa dirigiéndose al empleado de la taquilla.- Dos boletos para la función de las cinco de Sweeny Todd.

-Seb…- objetó el chico mirando con algo de confusión al oji-escarlata.

-Estamos a tiempo para ir por palomitas, ¿te apetece algo más?- cogió los boletos de la ventanilla y caminó mirándolo con expresión alegre. Ciel se sentía algo inseguro por el repentino cambio de actitud del mayor, pero divertido decidió seguirle el juego al adivinar que a él le encantaba molestarlo.

-Parece que olvidas que odio esas cosas.- comentó arqueando una ceja.- no me gusta nada salado o picante.

-Tienes razón. Lo siento…- tosió ligeramente y continuaron caminando.- es solo que es la primera vez que te traigo al cine.

-No digas esas cosas…- el menor caminó unos cuántos pasos más aprisa.- lo dices como… como si fuera una cita…

-¿Y no lo es?- se incorporó nuevamente y lo alcanzó justo a tiempo para abrir la puerta de la sala. El menor lo miraba con expresión enternecedora, como si esas palabras fueran lo que esperaba escuchar.- después de usted, joven amo.

Esa tarde la sala estaba medio llena, pero los mejores lugares aún no habían sido ocupados. Optaron por sentarse en la tercera hilera de la fila derecha (donde, por hilera hay cuatro butacas). Había público adulto mayoritariamente: algunas parejas, grupos de amigos… todos dispersos por la sala, evitando sentarse cerca un grupo de los otros. Los anuncios y los cortometrajes pasaron rápidamente y ambos chicos comentaron la posibilidad de regresar, en un futuro, a ver alguna de las películas ahí anunciadas cuando de pronto, se apagó la luz.

El brillo de la pantalla era lo único que mantenía atentos a todos los espectadores y, puesto que Burton no suele usar escenografía demasiado iluminada el ambiente parecía ser perfecto para cualquier pareja de amantes.

Ciel miraba atento a la pantalla, el talento y la personificación de Jonhy Depp parecía haberle fascinado en demasía, sin duda Sebastián tenía buen gusto en lo que a cine se refería. La excitación iba en aumento cuando en la escena el juez engañaba a la linda Lucy en un baile de máscaras que, cuando quiso cerciorarse de que el mayor estaba disfrutando tanto de la función como él se giró para encontrarse con que aquellos ojos escarlata no estaban clavados en la pantalla, sino en él. Tenía un brazo extendido hasta su asiento, como si tuviera la plena intención de abrazarlo.

La sonrisa de Ciel se disipó al momento y tragó saliva ruidosamente. El mayor lo seguía mirando con expresión aliviada; disfrutaba mucho estando en su compañía.

-¿Te está gustado?

-Es… realmente buena.- sugirió el mayor curveando sus labios ligeramente.

-Ni siquiera la estás viendo.- se burló el menor mordiendo su labio inferior sutilmente.

-Ah… tienes razón.- se acomodó nuevamente para poder hundirse cómodamente en la butaca.- me… distraje un poco.

-Entonces…- el peli-gris se acercó peligrosamente a pocos centímetros de su rostro.-… tendré que contártela… más tarde.- El mayor le miró extrañado, pero complacido por la evidente intención del oji-azul decidió acortar la poca distancia que había entre ellos. Sus labios se unieron en un cálido beso, lento y devoto que poco a poco se tornó acalorado y demandante. Era una suerte que no hubiera niños cerca.

Sebastián pasó una mano por la cintura de Ciel y lo acercó para que ambos cuerpos se pegaran más mientras que los dedos de la otra se dedicaban a enredarse entre el cabello del joven. Ciel acomodando mejor su cuerpo recorrió con un brazo el cuello del oji-escarlata y para mantenerse firme apoyó la otra mano en su vientre, deslizándola sin querer un poco más abajo… lo que provocó un ligero gemido por parte del mayor.

-No… deberías… tocar eso…- habló pausadamente mientras interrumpía el beso con ojos suplicantes, encontraba deliciosas las manos de Ciel aún por sobre la mezclilla del pantalón.

-pero… te gusta…- canturreó acercándose a su oído.- mira… lo duro que se ha puesto…- Sebastián se derretía con cada apretón que Ciel le dedicaba, su respiración se aceleraba a medida que el menor continuaba acariciando su entrepierna.- no puedo… dejarlo así… ¿cierto?- y con esto dicho el menor separó un poco las piernas del mayor e intentando desatar su cinturón con una mano dejó que la otra se encargara de la bragueta.

-Eres un diablillo, pequeño Ciel.- murmuró arqueando la espalda cuando su imponente miembro fue liberado de la prisión que suponían en aquel momento los pantalones de éste.

El chico no distinguía muy bien nada con la poca luz, pero se sorprendió de que haber podido ser capaz de mantener esas dimensiones en su interior. No perdió mucho tiempo, miró a Sebastián mientras sus manos jugueteaban con la masculinidad de éste y besó sus labios apasionadamente, supliendo con ellos luego el lugar que ocupaban las manos.

Sebastián se mordía el labio inferior intentando contener los gemidos que delataban el placer que la lengua de Ciel le proporcionaba, luchando por poder contenerse por más tiempo. La lengua del menor subía y bajaba por toda la extensión que había podido liberar; chupaba juguetón la punta y después lo introducía completamente en su boca, succionando y saboreando la esencia de Sebastián. Luego de algunos minutos, llegado a su máximo punto dejó escapar un largo suspiro y culminó en la cavidad bucal del más pequeño, quién después de haber saciado su sed se acercó a los labios del peli-negro, aún con un delgado hilillo blanquecino corriendo por su barbilla. El oji-escarlata lo lamió con dulzura y finalmente unieron sus labios de nuevo.

-Gracias por la película.- pronunció al salir de la sala con una sonrisa de oreja a oreja.

-Gracias a ti.- El mayor con una sonrisa cómplice le guiñó un ojo.-¿Sabes? Creo que aún no cierran la tienda donde nos encontramos, ¿qué te parece si me compañas por mis cosas?

-Claro, solo debo regresar antes de las nueve, mi madre estará esperándome.

-De acuerdo.

Deambulaban por los pasillos en busca de las prendas que a Sebastián le habían gustado sin notar que el tiempo corría con rapidez.

-¿Es todo?- preguntó Ciel parado frente a los probadores. Lo que le dio a Sebastián una idea.

-Casi todo. ¿Qué tal si vamos al vestidor?

-Bien.- sonrió mientras de seguía dentro de la pequeña sala, donde había seis cubículos que contaban con cortinas corredizas de un color rojo llameante frente a los cuales había dos sillones y un gran espejo. El mayor se sentó en uno de ellos y el oji-azul le miró confuso.

-Ahora, ¿qué te parece si modelas para mí?-Ciel tragó saliva y se disponía a alegar porque hacerlo solo frente a él le daba un poco de vergüenza.

-Nada de esto me va a quedar.

-Pero seguramente se te verá demasiado bien.- susurró con voz felina, lo que erizó la piel del menor. No esperó una invitación dos veces; así que entró dispuesto a mostrarle una playera azul zafiro que él le había escogido. Pensó de igual manera, juguetear un poco con él. Se deshizo de su chamarra, playera y pantalón; entreabriendo ligeramente la cortina para mostrarle al mayor una de sus delgadas piernas, lo que lo hizo impacientarse al momento. Después de un poco se dejo ver por completo portando solo la playera que le llegaba a medio muslo.

-¿Te gusta este color?- inquirió con voz inocente haciendo que Sebastián se derritiera en su asiento incapaz de decir nada. Se dio una vuelta con sonrisa satisfecha corriendo la cortina dispuesto a continuar con el resto de las prendas, cunado sin aviso unos brazos se enredaron a su cintura; Sebastián había entrado en el vestidor con él.

-Exactamente me adivinaste el pensamiento.- susurró aspirando el aroma de su cuello.- Así mismo te quería sorprender.

-Seb… Sebastián…- gimió Ciel- ¿Qué… qué haces?

-Hueles tan bien… Ciel…- procedió a lamer el cuello del menor aprisionándolo en una esquina mientras bajaba las manos hacia su entrepierna, intentando bajar los boxer's que le cubría muy apenas la playera azul.

-…alguien… alguien… pue… puede venir…- jadeaba levemente preocupado sin ánimos de detenerlo, deshaciendo con rapidez del cinturón de Sebastián, desabotonando nuevamente su pantalón que no hacía más que estorbar en ese momento.

-Mientras no grites demasiado fuerte estará bien.- aclaró girando al menor para hacerle apoyarse contra la pared mientras lamía sensualmente su dedo índice para meterlo en la entrada del oji-azul, quién al sentir la invasión estiró in poco los brazos para sentirlo penetrar más. El oji-escarlata complacido con los jadeos reprimidos que comenzaban a excitarle decidió meter un segundo, simulando ligeras embestidas y después abriendo y cerrando como si fuesen tijeras. Ciel arqueó la espalda con su respirar ya dificultoso, deseoso de tener más que solo eso dentro.

-Se ha portado muy cariñoso hoy, joven amo.- dijo con voz felina besando su cuello.- debo recompensarlo, ¿no lo cree?- separó un poco las piernas del peli-gris, que temblaban impacientes.- aquí la tiene, mi dulce amo.- y se introdujo de una estocada en el cuerpo del menor, moviéndose lento; entrando y saliendo de su cuerpo con dulzura.

El encargado del departamento de caballeros se disponía a echar un vistazo para cerciorarse de que todo estuviera en orden en su área cuando al pasar por los vestidores llamó su atención una ligera sacudida que dio la cortina cerrada. Caminó contento dispuesto a preguntar si se le ofrecería alguna cosa a quien fuera que estuviera dentro, pero sin querer al estar próximo por el espejo distinguió los pies de un joven que calzaba botines negros y los delgados pies descalzos de (quién supuso) sería una dama. "¡Los jóvenes de ahora!" se dijo mentalmente alejándose de ahí en silencio para no interrumpirlos, sin imaginarse quiénes estaban realmente adentro.