¡Hola! Es un gusto para mí poder saludarlos. Me alegra que les esté gustando esta historia.

Lamento de nuevo no actualizar tan seguido, estoy más familiarizada con la página de Amor Yaoi; donde por fin retomé esta historia y actualicé hace un par de semanas el capítulo 19. Quien guste pasar a leer mis trabajos por allé puede encontrarme bajo el mismo seudónimo.

Sin mas por el momento les envío un abrazo psicológico a todos los que me han seguido en esta historia.

Saludos!

JokerFunthom


La suave y delicada piel de Ciel era un deleite para Sebastián, quién acariciaba con dulzura la espalda del menor disfrutando como se estremecía ligeramente al contacto con sus finos dedos.

-Oye…- murmuró el pelinegro con gentileza en su oído acercándose un poco para besar sus labios entreabiertos.- te amo…

Aquellas dos palabras sorprendieron a Ciel con demasía, por lo que no pudo evitar arquear un poco las cejas y endurecer sus facciones buscando alguna clase de sarcasmo en la expresión del mayor. Sebastián esbozó una tierna sonrisa y lo besó nuevamente; acariciando sus cabellos grises con una mano y con la otra recostándolo nuevamente en la cama.

-Ciel, te amo.- volvió a gemir de nuevo con dulzura cuando el beso se tornaba más demandante El oji-azul se detuvo mecánicamente e intentó esconder su rostro entre los hombros del mayor, pero sus manos se lo impidieron aprisionando sus mejillas con cierta desesperación obligándolo a mirarlo a los ojos. -¿Qué sucede?- inquirió sorprendido notando la incomodidad en sus ojos.- ¿He dicho algo malo?

Ciel se apoyó con ambas manos en la cama para lograr sentarse en esta y quitarse a Sebastián de encima intentando deshacerse de aquellas palabras y salir corriendo cuando recordó que mientras Emma estuviera entre ellos él no podía ser enteramente suyo; pero el cuerpo no quería reaccionar a aquellos absurdos impulsos y cuando no pudo contenerse más echó ambos brazos alrededor del cuello del mayor para pegarse más a su cuerpo.- No, Sebastián… yo también te amo… pero…- clamó incapaz de continuar con el resto presa de un nuevo beso.

-Ciel…- susurraba Sebastián deslizando las manos hacia la entrepierna del peli-gris que jadeante besaba provocadoramente su cuello.- Ciel…

-Sebastián… ¿estás escuchándome?- reclamó Mía con los brazos cruzados lanzándole una mirada inquisitiva desde el umbral de la puerta de su recámara.- ¡son más de las diez! Debes llevarme y recogerme al trabajo si quieres quedarte hoy con el auto.- alegaba furibunda y salió haciendo una mueca de disgusto al ver que su hermano salía de las sábanas perezosamente, dispuesto a seguirla.

Sebastián ni siquiera había advertido antes la presencia de Mía, pero su aire de ausente tranquilidad se vio obligado a desaparecer tras los gritos y taconazos que propinaba su hermana.

Cogió con lentitud una playera púrpura y un pantalón de mezclilla; topándose a su paso con el lindo par de medias que Ciel había utilizado la noche anterior. Las tomó devotamente con ambas manos y aspiró lentamente el dulce aroma que desprendían, el olor tan embriagante y adictivo que emanaba la piel del oji-azul aún seguía en ellas. Mía no perdía un solo detalle; miraba con preocupación la acción de su hermano desde la puerta que continuaba entreabierta. No sabía exactamente qué pensar después de lo que había escuchado esa noche.


-Ciel… quiero estar contigo…- inquirió a manera de súplica haciéndolo estremecerse entre sus brazos. A decir verdad, no encontraba una manera apropiada de declarársele. El menor por su parte, emocionado por el hecho de saber que sus sentimientos eran correspondidos se aferró a él con dulzura besándole los labios a manera de respuesta, realmente deseaba estar con él.

El oji-escarlata se puso de pie después de besarle y se dirigió a la cocina por un poco de agua. Ciel por su parte se sentó en la cama y al mirar al derredor algo le llamó la atención sobre la mesita de noche de Sebastián. Estiró un poco la mano y se encontró con un pequeño bonche de fotografías, las miró rápidamente de una en una y se detuvo admirando una en especial que era, curiosamente, la que más le gustaba a Sebastián. Aquellas eran las fotografías de la cena donde se conocieron y esa fotografía que sostenía en sus manos era donde sólo aparecían ellos dos, sonriendo verdaderamente felices después de mucho tiempo.

-Ciel…- llamó el mayor desde la puerta. El peligris encontró deliciosa la figura desnuda de Sebastián recargada en el umbral de la puerta sin nada más que una copa con vino en la mano izquierda.- ¿gustas?- Se acercó de nuevo a la cama y pasó la copa al menor, quién bebió con delicadeza sin quitarle la mirada de encima.- ¿Sabes? Creo que ya no importa.

-¿Qué cosa?- arqueó una ceja con expresión temerosa.- ¿Qué no importa, Sebastián?

-Ya no importa nada, solo tú.- tomó la copa de regreso y bebió un poco, dejando sus labios ligeramente húmedos con el vino para acercarse a besarlo y recostarlo en la cama.- Se lo diré a Mía, a Barker e incluso a tu madre… y a Emma… no importa si alguien se opone, igual sabrá que te amo…

El corazoncito de Ciel pareció salirse en ese instante de su pecho. Las palabras que profería Sebastián golpeaban suavemente sus oídos.

-¡Ciel!- gritó Elizabeth sacudiéndolo un poco.- ¿te sientes bien?

-Ah… Sí…- dijo volviendo en sí luego de aquel dulce recuerdo, pero no notó que aquello le había provocado un notorio sonrose en sus mejillas.- estoy bien.- afirmó de nuevo con una sonrisa. Eso no era nada propio de su persona.

-¿Seguro que estás bien?- comentó nuevamente la rubia, deteniéndose esta vez para que Ciel la mirara a los ojos. El menor sólo esquivo el contacto.

-Elizabeth…

-¿Si…?

-Me parece que debemos hablar… es algo importante…


*Mientras tanto*

-¿Qué es lo que haces ahí dentro?- reprochaba una voz masculina del otro lado de la puerta.- Llevas más de treinta minutos, ¿estás bien?

Siguió parado otros cinco minutos antes de que la puerta se abriera. Observó con cierta preocupación que Emma estaba ligeramente más pálida.

-Claude…- sollozó al borde de las lágrimas.- …tengo un retraso…

El oji- miel tardó unos segundos en asimilar sus palabras pensando que quizá estaba haciéndole una broma de mal gusto, lo cual descartó en el instante en que la chica estrujaba su falda con cierta desesperación.

-Emma, esto no es gracioso…

-¡Por supuesto que no lo es!- gritó furiosa dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas.- ¿Qué le diré a Sebastián?

-La verdad, está claro.- murmuró mientras caminaba de nuevo hacia el cuarto para tumbarse en la cama.

-¿Quieres que le diga… que me estuve acostando contigo?- susurró con molestia caminando detrás de él.

-Quiero que le digas que esperas un hijo suyo, lo más seguro es que así sea.- soltó con desprecio restándole importancia al asunto.

-Pero… no estoy segura…

-¿Y yo cómo puedo estar segura de que es mío…?- se levantó de la cama fastidiado acercándose a ella con actitud sombría y retadora; más sin embargo un ardor agudo en la mejilla lo hizo detenerse.

-¡Eres de lo peor!- gritó con Emma con violencia amenazándolo con propinarle otra bofetada, pero la mano fuerte de Claude aprisionó su muñeca.

-Te recuerdo que fuiste tú quién engañó a Sebastián porque no habías podido olvidarme, ¿quién es peor, querida?

Emma indignada no supo qué responderle. Automáticamente dio un paso hacia atrás y tomó su bolso y su abrigo del sillón y salió sollozando por la entrada principal. Claude quedó pensativo unos segundos; reflexionaba un poco lo que le había dicho. Pero justo cuando pensó en ir tras ella y remediarlo decidió que lo mejor por el momento era tirarse a fumar otro cigarro.

¿Qué debía hacer ahora? Sebastián había dado todo por ella y se arrepentía ahora de lo que había hecho. No estaba segura de quién era padre del pequeño que estaba esperando y no le convenía que Sebastián supiera lo que había pasado con Claude porque entonces realmente quedaría sola. Reflexionó unos segundos: podía esperar al menos hasta que naciera para pensar en alguna buena idea; pero primero lo primero; debía darle al oji-escarlata la noticia de que serían padres…

Cogió el teléfono y tecleó su número mientras secaba sus lágrimas y aclaraba la garganta, luego esperó unos segundos…


El trayecto en el auto había sido tranquilo los primeros minutos, pero ambos sabían que la incomodidad era mayor que la calma. Mía estiró la mano para bajar el volumen de la música, lo que hizo que Sebastián se estremeciera ligeramente; uno de los dos debía romper el hielo.

-Seb… ¿hay algo que te inquiete?- murmuró sin volverse a verle.

-Quizá…- dijo volteando hacia la ventana mientras reunía el valor necesario para encararla.- quizá es mejor decírtelo ahora.

-Seb…escuché… lo de anoche…- soltó de pronto y notó que Sebastián se estremeció ligeramente.- ¿Hay algo que debas decirme?

-Lo quiero…- soltó en un suspiro y volteó a verla con una sonrisa.- Mía… yo de verdad lo quiero… no me importa que sea… un chico…

El semáforo marcó el alto, lo cual le dio tiempo a Mía para poner una mano sobre el hombro de su hermano.

-Y yo te quiero tal como eres, Sebastián. Debiste decírmelo antes.

-Lo lamento.- dijo con un bufido sarcástico.- no sabía cómo… explicarlo…

- Me alegra saber que por fin saldrá esa zorra de tu vida.

-¿Emma? ¡Ja! No, no. No pienses mal de ella… ella ha sido… una persona realmente encantadora…- dudó un momento al responderle, pero lo intentó hacer de manera adecuada. El resto del camino hicieron planes para cenar los tres juntos.


-Entiendo, Ciel.- terminaba de decir la rubia luego de secarse las lagrimillas.

-Elizabeth… por favor no llores.- suplicaba el peligris intentando abrazarla.- sabes que te quiero… Liz… mucho, en verdad…

-¡No es nada de eso!- chilló intentando poner una sonrisa.- sé no pude hacerte feliz, pero… realmente me alegra que él pueda hacerlo.

La rubia apretó con ternura el delgado cuerpo de Ciel, quién respondió con gentileza.

-¡Descuida! Si quieres que continúe fingiendo que somos novios para que Barker no se entere, lo haré.- lo dijo con la mejor cara que pudo.

-Gracias Elizabeth.

-Dime Lizzy.- dijo poniéndose de puntillas para besarle la mejilla.- Tengo trabajo, nos vemos luego.

Ciel se limitó a mirarla de espaldas mientras se alejaba. Segundos después él también se giró para seguir su camino.

Bajó un par de pisos sin necesidad de tomar el ascensor; sentía que había tenido un día demasiado bueno como para querer que acabara pronto, quería disfrutar de cada momento a partir de ahora.

Por la mañana había despertado en la cama de Sebastián; éste le había confesado sus sentimientos. Esa tarde había hablado con Elizabeth y había dejado las cosas en claro, lo más seguro era que Sebastián también habría hecho lo mismo con Mía o con Emma. Más tarde tenía una sesión de fotos con él. Saldrían e irían a cenar a algún lado, después harían el amor de nuevo. Se sentía contento y feliz.

Siguió bajando y por fin en el piso deseado divisó a Sebastián saliendo de la oficina de Barker. Sintió un poco de incomodidad por lo mismo, pero no le importó en lo absoluto. El mayor levantó la vista y sonrió al verlo del otro lado del pasillo, estaban solo a unos cuantos metros.

Era algo casi soñado, ambos comenzaron a avanzar con paso lento; más sin embargo un fuerte sonido los interrumpió. El teléfono de Sebastián comenzó a sonar dentro de su bolsillo y lo hizo detenerse para echar una ojeada; era Mía. Le hizo una seña a Ciel para indicarle que contestaría, a lo que el menor asintió mientras continuaba caminando hacia donde se encontraba, pero la sonrisa de su rostro se disipó en cuestión de segundos. Ciel pudo notar en su expresión que algo grave había pasado, pero no tenía idea de qué. Después de haber escuchado unas cuantas palabras de su hermana Sebastián se tambaleó un poco y perdió el equilibrio cayendo al suelo.

-¡Sebastián…!- la voz alarmada de Ciel fue lo último que escuchó antes de quedar inconsciente por el impacto de la noticia.