Lo que pasa en la arena, se queda en la arena.

Parte 2

Disclaimer: THG no nos pertenece. Lukas, Morgan y Lis son obra de .Silence. Mella, Nick y Hog son obra de Sorcieres de la Neige.

Este fic participa en el "minireto de febrero" para el "Torneo entre distritos en la arena" para el foro "Hasta el final de la pradera"

Alianza: D4 – D9

Al volver de Foor Beach con Mella, a Nick le esperaba un folleto sobre su pequeña mesa. Lo acompañaba una nota de la mismísima presidenta que rezaba "un regalo por vuestro empeño".

–¡Mella! ¡No te vayas! ¿Te has ido ya?

Esperó a que el silencio se moviera. Oyó el ruido de la cadena y sonrió al recordar su broma de unos meses atrás.

–Tranquilo, te avisaría. ¿Qué pasa?

–Han abierto un museo de Memoria Histórica y quieren llevarnos, de prueba, a una de las antiguas arenas de los Juegos del Hambre.

La cara de Mella se había iluminado con una enorme sonrisa.

–Espero que no sea la de Katniss...

Salieron en aerodeslizador. Durante el viaje, el acompañante, Hog, les contó lo que les había costado penetrar en las arenas. Ellos iban hacia la más segura, verificada dos días atrás. Estaba en medio de la nada, y tuvieron que entrar por los ascensores para tributos. Mella no paraba quieta. ¡Estaba viviendo un momento único! Sin embargo, sólo era un paisaje normal. No podría ponerle nombre a todos los árboles pero nada era excepcional.

–Esta arena era para paisajes. Una vez se envenenó todo lo que se podía comer, murieron muchos.

Hog parloteaba, Nick asentía, grave, y Mella buscaba algo insólito. Lo insólito la encontró mientras andaba lejos de los chicos, aprovechando la amabilidad de Nick: un chico y una chica, tranquilos, aunque con mala cara. No reaccionó mal, pero cuando la chica le envolvió el cuello con un brazo, obligándola a echar la cabeza hacia atrás y puso un cuchillo en su garganta se dijo que debería haber gritado.

–¿De qué Distrito vienes y cuales son tus intenciones? –Mella no entendió nada. Decir "distrito" era demasiado anticuado.

–Para, Morgan –el chico parecía menos agresivo–, esto es muy raro, no me suena de nada. Ella no entró el primer día aquí dentro. O han metido recambios o no es tributo.

Claramente eran muy anticuados. La tal Morgan se enfadó.

–No puedes dar a todo el mundo el beneficio de la duda. Durarás medio telediario aquí dentro.

–Sí que puedo –afirmó el chico, arrebatador– suéltala y deja que se explique.

Mientras, Nick miraba la zona por la que había desaparecido Mella. Intentó cortar a Hog varias veces pero estaba muy metido en su papel de describir truculencias casi llorando. Empezó a hacerle gestos. No funcionó. Gestos más obvios con tosecita. Tampoco. Y entonces, cuando ya no sabía qué hacer...

–¡Nick!

Por suerte, Mella gritó cuando Hog cogía aire. Los dos hombres se miraron y corrieron hacia el grito. Lo último que esperaban encontrar era una discusión pacífica (dos de los tres integrantes, desconocidos).

–Desde luego Lukas –decía una chica–, si caes más bajo te pondrás los zapatos de pendientes. Sólo porque una chica guapa te diga que algo es así, no significa...

Pero Morgan había visto a Nick y se calló. Las vistas mejoraban. Mella se giró.

–¡Nick! Tú que eres un adulto responsable, convénceles de que estamos en un museo.

–Bueno, aún no es un museo oficial pero es el propósito.

Morgan asintió interesada. Mella se indignó porque a ella no le había creído. Lukas se rió de esa pequeña alborotadora. Nick decidió aceptar el surrealismo de la escena y explicó más cosas, dejando las preguntas para después y para Hog, que no había sido entrenado para esta situación y que cortó de cuajo la interesante conversación.

–¡Alto! ¡Hay que informar de esto! ¡Todos conmigo!

Y el grupo pintoresco anadeó hasta la salida charlando alegremente.