"Acceso"

Sus ojos azules se encontraron con los ojos castaños que lo miraban con diversión, como si solo quisiera hacer notar lo pequeño y tímido que era a su lado lo cual, por desgracia, funcionaba. Desde que tenía memoria caía en todas y cada una de las provocaciones de Oikawa.

Ya desde que era más pequeño su padre siempre mantuvo lazos con el Rey rojo de su territorio, un Rey que en su tiempo terminaría monopolizado la atención de un pequeño pelinegro por completo. Su porte, su manera de caminar y su andar… Esa sonrisa encantadora y esa facilidad para tomar decisiones sin dudarlo un segundo, todo en el… ¡Absolutamente todo! Era perfecto para el pequeño Kageyama de doce años que admiraba escondido detrás de su padre a ese joven que apenas hace tres años había sido nombrado Rey. Mismo que trajo prosperidad a una tierra infértil y olvidada por los demás reinos, después de todo era el territorio donde los estragos de las guerras pasadas más habían repercudido.

Oikawa, en su primer año, trajo consigo nuevos tratos y convenios con los demás territorios mediante estrategias emergentes en las cuales según las palabras de su padre "era un experto". ¿Por qué lo decía? Eran cosas que Kageyama no podía comprender, pero si de algo estaba seguro es que quería llegar a ser como aquel castaño, seguir su ejemplo y convertirse en un futuro candidato a Rey.

Demasiado soñador, demasiado inocente… En aquel entonces no podía ver todo lo que se escondía detrás de aquella radiante sonrisa.

Ni siquiera vio venir como después de tres años se encontraba en la habitación de Oikawa besándolo con frenesí.

La inocencia había quedado atrás y de una simple admiración había nacido un extraño gusto por observar al Rey, una necesidad… Las hormonas a los quince años pueden ser realmente traicioneras, y el vivo ejemplo de eso fue cuando el castaño se le acercó de forma insinuante a pedirle un simple beso.

Para Oikawa estar con cualquier hombre o mujer era algo tan natural como respirar. Siendo un Rey ¿…no era eso lo más normal? Tomar lo que quisiera, coleccionar corazones y sentimientos de simples humanos que se perdían (enloquecían) ante su encanto. Y el próximo en caer en su trampa era ese pequeño y bien parecido joven que buscaba cualquier pretexto para visitarlo ¿En serio lo creía tan idiota? Sentía su mirada, veía su anhelo, su deseo… Esa sed que despierta en un adolecente al cruzar la línea de la niñez la cual era fácil de identificar para Tooru como un barco en medio del mar. Por lo que, si se presentaba la oportunidad… ¿Por qué no aprovecharla?

Una noche larga, vino de la mejor calidad (traído por Kageyama a petición de Oikawa) y claro, al mismo repartidor de tal bebida para saciar otro tipo de sed.

Lo acorraló contra la pared de su cuarto, pegando su frente a la contraria mientras esa suave sonrisa que Kageyama tanto adoraba se hacía presente. Dulces palabras y confesiones entre cuatro paredes que terminaron en un beso húmedo, carente de vergüenza, con una entrega total por parte de Tobio.

¿Soñar? Era un término muy corto para lo que sucedía, tal vez una proyección astral de su deseo más oculto, tal vez una utopía, otro universo… Para Kageyama era sin duda lo que más deseaba en su vida, por lo menos en aquel momento.

Oikawa fue desabrochando cada uno de los botones de la camisa del más bajo para besar su cuello, dejando marcas sobre aquella piel tersa, disfrutándolo con deleite. Kageyama sabía a gloria, no era solo por ser virgen si no también por su timidez y el verle temblar de aquella forma mientras le besaba sin recato. Ante sus ojos era el más suculento manjar que había tenido la oportunidad de probar, uno que se encontraba a su total merced. El carmín en sus mejillas… su respiración errática… esa mirada azulina llena de deseo ante los primeros toques en su entrepierna. Gemidos que se perdían en el aire y jadeos de molestia ante cada mordida que el Rey le regalaba.

Tooru golpeó la espalda del ojiazul contra la pared. Enredando sus largos dedos en las hebras negras como la noche del menor, aferrándose sin piedad. Todo para lograr afianzar un beso que subía de nivel tan rápido como la lluvia toca el piso en una tormenta.

Rojo… Para Kageyama Oikawa era rojo, un tifón rojo que lo estaba volviendo loco, que hacía a su cordura perderse en el ojo del huracán.

En ese entonces, ninguno de los dos se esperaba que terminarían rendidos ante un simple capricho y que lo que puede ser fácilmente confundido con amor se convertiría en la rivalidad más grande de todas…


Salón de subastas, Territorio Neutral.

—Oye Tadashi, ¿Estás bien?—Preguntó Kageyama al observar el rostro impregnado de tristeza y un poco de preocupación del menor. Lo más raro del asunto es que debería estar sonriendo debido a que le habían permitido hablar con Tsukishima—. ¿Pasó algo? ¿…Tsukishima te reconoció? —Tras la pregunta el de pecas negó, suspirando al mismo tiempo que dejaba caer sus hombros con decepción.

—Te lo devolverán ¿cierto? El negociador me dijo que lo tendrás, pero debes comprarlo en la subasta para no levantar sospechas. Le he dado el adelanto, está todo arreglado así que ¡Quita esa cara! —Indicó el mayor de los tres con una sonrisa traviesa, dejando caer su mano en la espalda del de ojos grises que debido a la fuerza empleada lo hizo tambalear.

En efecto, Se había encontrado con Tsukishima gracias a que Kuroo hablo con el negociador. Inclusive le habían dado un momento a solas con el dragón pero las pocas palabras que intercambiaron y la sentencia que le dio fue tal vez lo que le tenía triste además de nervioso. Sabía que si Kageyama se enteraba de la petición del Dragón rubio, explotaría. ¿Qué debía hacer?

Después de todo el y Kuroo le habían ayudado a encontrarlo, a mantener la esperanza de reencontrase con su querido amigo de infancia y si el cumplía su condición para volver a su lado... Estaba seguro que crearía una guerra campal la cual el iniciaría y el de ojos azules continuaría.

¿…Qué hacer?...

Hace quince minutos.

—Si quieres que vuelva contigo, no lo hare…Te lo advierto de una vez, Tadashi—Las palabras del rubio perforaron sus oídos, apretó los labios y simplemente bajó el rostro, suspirando derrotado. El sonido de las cadenas en sus tobillos, el darse cuenta como el rubio se encontraba desubicado debido a la poca luz de la habitación y finalmente escuchar los ligeros quejidos que Tsukki dejaba escapar debido a las cicatrices frescas en su espalda. ¿Por qué estaba tan lastimado?... ¿Por qué no quería volver con él? No lo entendia, todo ser humano coherente preferiría una vida a su lado que ese tipo de maltratos o un destino incierto.

Alguien m…más te comprara, por favor Tsukki, regresa…—Trató de persuadirlo el menor, Tsukishima resopló divertido ¿creía que era tan fácil? Ingenuo, idiota… Yamaguchi siempre fue lo que más odiaba.

Yamaguchi ¿Por qué crees que escape…? ¡Prefiero estar mil veces con un viejo asqueroso que regresar a tu lado!— Escupió cada palabra con molestia, con ira, con dolor. Yamaguchi se abrazó a sí mismo, temía que el día que escuchara esas palabras no lo resistiría y se pondría a llorar como el frágil niño que siempre había sido. Sin embargo, el mismo se sorprendió de permanecer firme. Traería de regreso a Tsukishima así el rubio no lo quisiera—. Pero si quieres que vuelva contigo te doy una condición…—Musitó el rubio con simpleza, alzando los hombros. Yamaguchi alzó la mirada, esperando atento la oportunidad que Kei le daría para regresar por las buenas a su lado—. Compra a Hinata, a Kenma y a Yaku en la subasta y yo me iré contigo… asegúrame que esta vez no me alejaras de mi familia.

Tras la última frase el cuerpo de Tadashi tembló, esa última palabra tenía un peso tan grande en ambas vidas que sentía seria aplastado por ella. ¿Aún lo odiaba? Estaba de más preguntar, su mirada y acciones lo decían todo.

No puedo prometer eso Tsukki, lo siento.

Entonces olvídate de mí— Y tras esas palabras sin esperar la contestación del de pecas, Tsukishima se retiró del lugar, siendo tomado con fuerza por el guardia que se encontraba fuera de la habitación. Un grillete fue puesto en su cuello y fue arrodillado de nueva cuenta para ser inyectado y al mismo tiempo mantenerlo bajo control. Yamaguchi se preguntó en ese momento hasta donde podía llegar el odio del rubio como para preferir ese tipo de trato en lugar de estar a su lado.

Y lo peor del caso es que debía enfrentar al mismo Tobio para comprar a Hinata.

¿Amistad? Esta terminaría si Yamaguchi ponía las manos en lo que Tobio deseaba con la misma o tal vez más fuerza que él. Tomó su máscara y la colocó con tranquilidad, era hora de tomar decisiones importantes, pero el pesimismo y la perdida estaban escritas en cada una de ellas.

Aun así ¿Podría dejar de ser el cobarde que siempre había sido?

—Ya es hora, apresúrate a entrar al palco pequeño Tobio—. Musito Kuroo. Ambos pelinegros tomaron asiento justo en la parte más alta del salón; donde se encontraban los palcos privados para las personas más ricas y poderosas que esa noche buscaban una nueva adquisición. Kageyama acomodó su saco, sentándose con las piernas cruzadas en la espera del "gran" evento de la noche. Compraría a Hinata y se iría sin más del lugar. Estaba seguro que sus amigos entenderían la situación (especialmente Yamaguchi) quien tomó asiento en medio de ambos pelinegros, cerrando los ojos a la espera del anfitrión.

—¡Bienvenidos seas todos y cada uno de ustedes a la subasta! Como cada seis meses nuestros cazadores se han esforzado por traerles lo mejor de lo mejor de los codiciados "Dragones" esta noche. ¡Tenemos varios ejemplares que de seguro más de uno aquí presente querrá tener como trofeo, mascota o sirviente !—. Anunció un joven de contextura media, vestido con un pulcro traje blanco mientras su rostro permanecía en incognito gracias a un antifaz color rosa con fina pedrería. Kuroo rodó los ojos ante sus palabras, cada vez se hacían más payasos en las subastas.

—Los primeros en salir son los marcados, atento Tadashi—. Comentó el de ojos negros. Yamaguchi se acomodó en su asiento, enderezó la espalda y miró atento al escenario. Esperaba escuchar los nombres que Tsukki le había mencionado. Sin embargo al pasar los minutos, y al menos cinco dragones, no había señales de alguno de ellos.

—¡El siguiente espécimen es un Dragón del tipo Alfa! ¡Su elementó es el viento y perteneció a una de las familias más importantes del territorio amarillo!—Anunciaron en voz alta. Rápidamente los murmullos comenzaron a inundar la sala. Sin perder un solo segundo Tadashi se puso alerta observando la entrada de Tsukishima al lugar: ojos vendados, cadenas en pies, manos y cuello mientras era arrodillado frente a todos. El chico en el micrófono tiró de su cabello, mostrándoles a todos la curiosa marca que se encontraba en su frente—.Como pueden ver… Es un Dragón bien entrenado, ha liberado sus alas alrededor de tres veces en su vida, pero no es nada fuera de lo común, su valor radica en que le perteneció a los Yamaguchi y la fuerza que posee al ser un Alfa. – Explicó al público con una sonrisa frívola-. ¡La oferta empieza con tres millones!

Rápidamente las ofertas no se hicieron esperar, llegando hasta los diez millones en un abrir y cerrar de ojos. Tadashi guardó silencio y tragó saliva, la cuenta iba en dos, uno más y Kei no estaría más a su lado.

—¡Veinte millones y medio !—Ofreció en voz alta, ocasionando que el silencio se hiciese presente en el gran salón. El chico de traje sonrió complacido, dando por terminada la subasta con esa cantidad.

Claro, él no se imaginaba que ese dinero no era nada comparado a la necesidad de Yamaguchi de tenerlo a su lado. Finalmente estarían juntos y ahora lo único que debía hacer era comprar a los tres dragones restantes.

—¡Ha sido vendido al joven de mascara plateada con una luna incrustada en ella!—Anunció con alegría, no se imaginaba que alguien pudiese dar tanto por un simple dragón ya marcado—. A continuación ¡…tenemos un Dragón del tipo Gamma!

Tadashi se dejó caer en la silla, tratando de calmar su respiración. El negociador había cumplido su parte del trato y cuando el dio su oferta no tardaron ni dos segundos en consolidar la compra. Podía descansar en paz por ahora.

Y así pasaron tres minutos en calma, Dragones iban y venían, incluso unos que eran vendidos por la mínima cantidad de un millón, nada de interés para ninguno de los tres. Un desfile tranquilo donde viejos pervertidos compraban dragones Gamma, mujeres desesperadas y lujuriosas adquirían a los Alfas, mientras personas sin ningún interés en particular se hacían de los Betas…

—Es el…—Musitó Kageyama, mientras se alzaba repentinamente de la silla para clavar sus ojos en el pequeño de cabellos naranjas que llevaban casi a rastras al escenario. Tobio pudo notar con facilidad el estado en que se encontraba… Esos malditos lo tenían tan ausente de sus sentidos gracias a las drogas que le suministraron que Hinata apenas y podía ponerse de pie. Yamaguchi alzó la ceja y se puso alerta de igual forma, ese era uno de los dragones que Tsukishima le había pedido…

—Esta pequeña fiera ha sido adelantado en el programa —.Indicó el presentador, el público rio ante el doble sentido que se podía obtener de la frase. Todos, excepto Kageyama quien gruñó molesto—. Lo hemos sacado antes para tenerlos entretenidos e interesados en esta subasta. Como pueden ver tenemos un Dragón del tipo Gamma de nuevo, aunque creo que eso es más que obvio, es un salvaje…-Ante la mención de esa categoría el público contuvo el aliento… La verdadera guerra por las joyas empezaba ahora —¡Nunca ha revelado las alas, es un Dragón del elemento fuego y su piel es tersa…! Y lo que a muchos les interesa, ¡Es virgen por completo! ¿Pueden imaginarse la satisfacción de domarlo y poseerlo? ¡Empecemos la subasta con veinte millones!

—¡Treinta millones!—fue la primera oferta, proveniente de un chico alto, de cabellos blancos que llamaba la atención de la mayoría de los presentes. Kageyama por su lado apretó los puños, debía esperar un poco más.

—Cincuenta millones y medio.

—¡Sesenta!

—¡Ochenta!

—¡Ciento treinta millones! —Gritó finalmente Kageyama. La cuenta empezó, estaba seguro que nadie ofertaría más de esa cantidad… Hinata pronto estaría a su lado.

El destino es impredecible y la vida te puede dar sorpresas tanto agradables como desagradables, siendo estas segundas las más comunes en la vida diaria. Y justo ahora… al ver a Tadashi de pie, tomando aire para ofertar fue el mejor ejemplo de lo antes mencionado para Kageyama Tobio ¿era en serio?

—Ciento cincuenta y dos millones…— Pronunció al fin— Lo siento Kageyama…

—¡Tadashi! —Vociferó molesto el de ojos azules, tomando del cuello al de pecas en un rápido movimiento—. Retira la oferta…—Amenazó.

—No puedo…

—¡Ciento sesenta! — Gritó una tercera voz la cual los alerto. Kageyama abrió sus ojos de par en par al observar al mismo tipo del antifaz rojo ofertar en voz alta. ¿De verdad? ¡¿El mundo conspiraba en su contra?! Retomó su posición de inmediato. Nadie le arrebataría a Hinata de nuevo. No ahora.

—¡Doscientos millones! —Gritó a todo pulmón, Tadashi se quedó boquiabierto, por más que lo intentase el no llevaba más dinero para ofertar más ¿dos de tres? Eso parecía ahora lo más razonable, mas al ver en los ojos de Kageyama la decisión que quemaba tan intensamente que por un minuto pensó ver sus pupilas tornarse de rojo.

—¡Doscientos cincuenta! — Oikawa sonrió desde su palco, sabía de antemano que el joven de ojos azules no podía gastar más dinero sin recibir un severo castigo de su padre. Todo estaba decidido… Hinata volvería con él, uniría una pieza más a su rompecabezas. El conteo dio comienzo y su sonrisa se ensanchó más.

—Es Sugawara…—Comentó Iwaizumi con tranquilidad, agachándose a susurrar al oído del Rey rojo, quien dilató sus pupilas ante ese nombre… ¿Hace cuantos años…? Volteó, cruzando las miradas con dos personas que pasaban a su espalda: uno de cabellos negros, alto y fornido; el segundo de cabellos plateados, con una sonrisa tan hermosa como la de los mismos ángeles… Era el, era su preciado Sugawara.

Fue solo un pequeño instante, solo unos segundos donde Oikawa se dio el lujo de perderse nuevamente en ese andar tan tranquilo, en esa sonrisa tan apacible como el agua… Solo unos segundos, algo que no le harían daño a nadie ¿cierto?

El sonido del martillo a la distancia lo sacó de su ensoñación. Abrió los ojos de golpe.

—¡El Dragón ha sido vendido al joven de ojos azules y traje negro por doscientos un millones!- Anuncio el presentador de la subasta.

Oikawa había perdido ante Kageyama Tobio.

Irónicamente, era la primera vez en la vida que eso sucedía.

Y es que incluso un segundo puede costarte caro, en este caso…

Tu propósito de vida.

++Joyas encadenadas++

Continuara


¡Hola! Se de antemano que estoy retrasada por tres días o más, pero gracias a un poco de tiempo libre pude traerles este nuevo capítulo que espero sea de su agrado, se que digo que varias dudas se resolverán en el siguiente capítulo y no es mentira, esta vez acabamos de ver a Sugawara en escena y que si bien no explico el motivo de su presencia se hará mas adelante. Sobre Yamaguchi y Tsukishima poco a poco se ira desarrollando la historia del pasado que tanto le dolió a Kei como para odiarlo. Le dedico este capítulo a mis niñas, Hanatsu y Kasumi que sé que leen el fic y de cierta forma eso me alegra porque me impulsa seguirlo y no es mentira cuando digo que es el primer fic que actualizo por tercera semana consecutiva sin muchos contratiempos.

Las preguntas de la semana dun dun dun ¿Quién es el tipo de cabello blanco entre el público? Bien, le dará muchos dolores de cabeza a Kuroo en el próximo capítulo. ¿Qué tienen que ver exactamente Kageyama y Oikawa? ¿Sugara y Oikawa? ¿El empleo de Kuroo? (esta ultima sigo insistiendo porque es un misterio que le falta por ser revelado XD ¿Creen que Hinata esta feliz con tobio? ¿Qué cosas les gustaría ver mas adelante? Sin mas nos leemos luego

Las quiere Shinobu Rei.

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