"Fallo"
Cuando alzaba las manos al cielo y se sentía incapaz de alcanzarlo, lo que siempre venía a su cabeza era un sentimiento de impotencia y estupidez. Un pequeño puchero se formó en sus labios y entonces la sonrisa tan radiante de aquel joven junto a unos brazos cálidos que lo abrazaban, lo acomodaban en su regazo y le explicaba que los "humanos" no estaban hechos para volar y él no era la excepción de la regla.
¿Cierto? Él no podía volar, él era un humano común y corriente… Un niño normal. Un humano que no destacaba en lo absoluto de cabellos castaños y ojos cafés. Un niño que era completamente diferente al muchacho que cuidaba de él, quien era poseedor de unos hermosos cabellos plateados y unos ojos dorados como el mismo sol. Vivos, diferentes, atrayentes y compasivos, eran preciosos como dos pequeñas joyas que deberían ser resguardadas en la bóveda con la mayor seguridad de ese mundo.
Nunca entendió por qué solo salían de noche, mucho menos por que usaba una peluca de color castaña cuando salían a comprar la despensa de la semana, solo sabía con certeza que esos ojos que el poseía eran tan hermosos que debían ser escondidos. Lo único que nunca cuestionó fue el uso de sus lentillas.
Los años pasaron y Oikawa entre más crecía menos entendía y más se preguntaba sobre las verdades de ese mundo; tras el paso del tiempo y realizar su propia investigación solo comprendía –o creía hacerlo- que Sugawara era privilegiado, tanto que debía esconderse. Tan único que sus padres lo habían dejado a su cargo desde hacía más de cinco años.
Mentiras piadosas tal vez. Verdades ocultas que eran mejor mantenerlas ahí, escondidas en lo más profundo del mar para que nunca pudiesen ser encontradas, para no desatar la caja de pandora. ¿Cómo decirle a un niño de cinco años que sus padres habían sido asesinados? ¿Cómo educarlo? ¿Cómo cuidarlo? ¿Cómo alimentarlo? Sugawara era un Dragón. El de cabello platinado no debía ser parte de esa sociedad y mucho menos criar a un niño huérfano con normalidad, pero durante más de cinco años había logrado hacerlo con éxito. ¿Cómo? Ni él se lo explicaba. Su inteligencia le había servido para conseguir el dinero necesario para vivir el día a día, para que nunca les faltase un techo, mucho menos comida y no lo malinterpreten, no es que fuese un bobo o buen samaritano que se encargaba de tomar a niños huérfanos y criarlos arriesgando su propia seguridad. Sugawara sabía con certeza que en un mal movimiento no solo él, si no ese niño perdería la vida por la misma razón que sus padres lo habían hecho. Era una telaraña de secretos que aún no debía ser revelada.
Lo más difícil tal vez fue controlar todas y cada una de las preguntas de un joven Oikawa con trece años de edad. Muchas veces una sonrisa y cambiar el tema eran suficientes para desviar la conversación y evadir sus preguntas, otras más debía hacerse el desentendido o reñirlo por alguna mala calificación en la escuela. No era tiempo, no aún…
El tiempo pasaba volando y aunque los únicos cambios visibles eran en el castaño, Sugawara sentía el tiempo caer sobre sus hombros como plomo: un año, seis meses, una semana… Un día. Justo cuando el calendario marcaba el cumpleaños número quince de ese castaño Koushi debería revelarle la verdad, una verdad que le dolería y que cambiaría para siempre la visión que tenia de ese mundo de flores y felicidad donde él lo había criado.
Fue una mañana donde el olor a café inundaba la humilde casa donde vivían, como siempre Sugawara se encontraba sentado en la mesa, esperando que el castaño bajara para desayunar juntos antes de que el menor se retirara a la secundaria. Un suspiró, un "buenos días" y seria hora de la verdad.
—"Tus padres fueron asesinados Oikawa…"
Tal vez no fue la manera más indicada para empezar, si no era acaso la más errónea. Sugawara clavó la mirada en el café, suspiró. Tras todo lo esperado, lo único con lo que se encontró al levantar la vista fue con el semblante triste de Tooru, sus manos convertidas en puños y su garganta emitiendo pequeños sollozos.
— "Todo este tiempo pensé que me abandonaron"
Su corazón se comprimió y lo abrazó con fuerza, besó su frente y se mantuvo a su lado durante todo el tiempo que lloró, que se permitió sufrir por la muerte de sus padres, por aquellos que pensó lo habían dejado desde chico porque era un estorbo. Porque era un humano común… Un chico sin valor.
Koushi pensó que debió hacérselo saber antes, más si lo hacía estaba seguro que el corazón de ese chico se teñiría de oscuridad, que crecería con rencor y nunca hubiese logrado ser ese joven tan apuesto, inteligente y alegre como lo que era. Él debía apostar que había sido la decisión correcta y por ahora todo parecía marcar que así lo era.
Una parte de esa telaraña estaba revelada y esperaba que todo siguiera en paz como aquel entonces.
El mundo gira y gira sin tener condescendencia o piedad con alguien, sin darse por enterado de las muertes o de los cambios y las traiciones… De las revoluciones. Solo está ahí, marcando el paso del tiempo como si nada importase, sin detenerse por corazones rotos, abandonos, corrupción. Solo ahí siendo testigo de la evolución, de la maldad y de la luz que marca el propio ser humano.
¿Cómo es que el alma pura de un niño noble de quince años puede quebrarse? Son cosas que luego de tantos años Sugawara nunca entendería.
¿Qué había hecho mal?
Sin embargo, gracias a él… Una llama de la revolución había despertado.
Años después se daría cuenta que contra la naturaleza no se puede luchar.
Salón de subastas, Territorio Neutral.
Sus ojos destellaron con incredulidad, el sonido se aislaba y su cabeza apenas cavilaba lo que había pasado en menos de un minuto. La sonrisa de Sugawara, la pérdida de Hinata, la sonrisa de Tobio y la mitad de su plan echado abajo por un simple error, por un simple desliz. Una punzada se hizo presente en su nuca y de forma rápida sin titubear se levantó de su lugar. Sus orbes chocolate se cruzaron con el azabache intenso de un pelinegro quien para disgusto de Oikawa, él conocía perfectamente.
La impotencia lo invadió y luego de tantos años, la persona más importante de su vida se encontraba al lado del Rey del territorio amarillo cuando él lo creyó capturado o muerto y eso simplemente lo sacó de sus casillas, sin embargo el disimular era una virtud que como Rey debía desarrollar.
¿Acaso nunca pudo en todo ese tiempo comunicarse con él?
"Te creí muerto"
Fue lo que sus ojos expresaban al encontrarse frente a frente de Sugawara. Miradas que decían tanto sin necesidad de palabras, esas que contenían recuerdos y tantos sentimientos encontrados para abrumar a cualquier ser humano. Estaba claro que Sugawara había tomado su bando.
Oikawa chasqueó los dientes, dio una última vista y como si no hubiese presenciado nada se dio la vuelta, siendo seguido por un serio Iwaizumi que había observado todo en silencio.
El mejor que nadie sabía todo el tiempo y trabajo de Oikawa invertido en esos años en la búsqueda del paradero de Sugawara y de Hinata y ahora tenía a ambos a metros de distancia y sin ninguna posibilidad de retenerlos, de tenerlos a su lado y menos de compartir todo lo que venía por el "bien" de la humanidad. Todo, todo fue frustrado en menos de diez minutos.
Sugawara agachó el rostro y suspiró. Una cálida mano se posó en su hombro, Daichi le reafirmaba que no había nada que temer. Que él estaba a su lado y que lograrían sin la necesidad de enfrentarse a Tooru; parar todo lo que se estaba maquilando en el territorio rojo… Incluso ahora luego de tanto, el Rey del territorio amarillo seguiría apoyando a Sugawara incluso desde las sombras.
Porque el amor que le profesaba a ese Dragón era incluso más grande que el amor hacia su propio reino y egoístamente, deseaba ver la sonrisa de Koushi, esa que alguna vez le regaló en su primer encuentro. No obstante para lograr eso, Oikawa marcaba una parte fundamental para Sawamura.
—Todo estará bien…— Susurró con voz cálida, caminando a la salida del lugar seguido por Koushi quien en su interior pedía al cielo que esas palabras fueran reales. El no planeaba dejarse ver por Oikawa todavía, pero el destino es caprichoso y no es amante de complacer a las personas.
El humano establece y el destino dispone: justo como ahora donde Kuroo se encontraba en una de las "batallas" más fieras de su vida en una subasta.
No sólo por el hecho de que el mismo Yamaguchi estaba subastando de igual manera contra él, sino porque nunca se esperó que el "objeto" que había robado su atención por completo fuera la principal pieza a la venta.
Un hybrido modificado genéticamente para dar origen a los dragones artificiales, uno de los pocos que había tenido éxito y por lo mismo la pieza más codiciada y "especial" esa noche.
Una a una las cifras iban llegado, incluso superando lo recaudado por los "salvajes" y es que no todas las subastas se tenía acceso a ese tipo de ejemplar, era uno entre miles, no como un codiciado Dragón de agua -los cuales eran escasos-, pero sí atractivo para los coleccionistas.
—El de cabello blanco no cede… —Comentó Kageyama con algo de resignación, se había quedado por petición de Yamaguchi más que nada por si necesitaba que le prestaran dinero para comprar a los dos Dragones restantes que Tsukishima le había pedido y para rendirle una explicación del por qué había tratado de adquirir a Hinata.
—Ese bastardo es un coleccionista también, uno excéntrico, solo miren ese color de cabello. —Indicó con acidez Kuroo, alzando la mano para emitir una nueva oferta. Conocía perfectamente bien al joven de esa cabellera blanca, alguien proveniente del territorio azul que comprendía parte de Rusia. Lev, mitad japonés y mitad ruso que en algún momento había requerido sus servicios como profesional y que ahora bajo todo pronóstico peleaba con él por ese Dragón y estaba claro que Kuroo ni el pensaban ceder. ¿No se trataban de eso las subastas?
Por su lado Yamaguchi seguía ofertando por el último Dragón de la lista, había perdido a dos y si acaso perdiera a ese tercero no podría darle la cara a Tsukki por haberle fallado de nuevo, por decepcionarlo y arrancarle a lo que él llamó "familia". Una palabra cálida, una que le gustaría que el rubio empleara con él, pero Tsukishima solo lo veía como el causante de su peor dolor y su enemigo.
Triste realidad que le pegaría como dagas en el pecho si no obtenía al menos a ese Dragón.
¿Podría lidiar nuevamente con esa mirada de desprecio?
Aunque lo que más se preguntaba era como alguien con el carácter de Tsukishima había llegado considerar a esas tres personas su familia, era raro y era una de las cosas que le hubiese preguntado si el rubio no lo odiase tanto. Y ahí estaba, comprando un Dragón del elemento aire con habilidades sutilmente desarrolladas usando incluso el último peso de su cartera.
Alzó la mano, la cifra pasaba ya los quinientos mil millones y eso era incluso un exceso para la realeza, pasó saliva y se dispuso a entonar una nueva cifra luego de que Kuroo ofreció quinientos un mil millones.
—…Ya no más—Mencionó Kageyama en un susurro. El capital de ambos se había acabado, no era posible ofrecer más, no estaba en sus posibilidades. Sin embargo para Kuroo parecía una historia muy diferente. Solo quedaban dos en esa contienda. Yamaguchi cerró los ojos retenido las lágrimas, le había fallado de nuevo… Kei no lo perdonaría. —Al menos podrá ver a Hinata cuando lo dispongas. —Indicó, buscaba un consuelo para el menor pero parecía que todo era en vano, entendía (o al menos intentaba) ponerse en los zapatos de Yamaguchi y de verdad sólo de imaginarlo dolía.
¿Qué hubiese hecho el si hubiese perdido a Hinata?
Yamaguchi apretó los puños y desvió la mirada.
Kuroo había comprado finalmente al Dragón.
— "Lo siento Tsukki"… —Pensó el de ojos grises con frustración. La subasta había terminado y a partir de ese momento estaba a punto de desatarse una tormenta.
Sus sentidos estaban atrofiados, su respiración era irregular y sus párpados pesaban más que el plomo en el mar. Nuevamente había sido drogado y luego de ser espectador de risas, rostros desfigurados entre otras atrocidades había sido encerrado en un cuarto oscuro, donde cayó de lleno en el piso sin fuerza con las manos atadas y cansado… Quería dormir.
El sonido de cadenas le hicieron entreabrir los ojos, su mano se estiró en busca de alcanzar aquella figura "fantasmal" del de gafas ¿Tan mal estaba que alucinaba? Tsukishima… Su Tsukishima.
—Kei…—Abrió sus labios, dejando escapar su nombre con apenas un suspiro, incluso en esas condiciones seguía añorando al rubio. Era una bonita escena creada por su imaginación.
El frio que sentía pegar en su mejilla fue remplazado por la calidez de un cuerpo, por una mano que acariciaba sus cabellos y un aliento que pegaba en su mejilla, todo era tranquilo, menos frío, menos doloroso.
—Estaremos juntos de nuevo, descansa Shouyou. —Musitó Tsukishima. El semblante de Hinata en ese estado era el de un ángel pero le molestaba pensar en cómo lo habían drogado, aunque al mismo tiempo suponía que era obvio debido a la rebeldía y la cantidad de problemas que les había dado el menor, a diferencia de él que conocía perfectamente el protocolo. Besó su mejilla, su frente y suspiró. Si Yamaguchi había cumplido su promesa no tendría que separarse de ese chico, se sentía incapaz de hacerlo.
Tanto vivido, tanto compartido… Chasqueó los dientes al sentir una nueva punzada en su espalda, odiaba las heridas tan profundas que sus alas habían dejado, era tortuoso el proceso en que sanaba y lo peor de todo es que eso dificultaba cualquier posible opción de escape en caso de requerirse –tampoco es que tuviesen mucha oportunidad de escapar- Realmente no quería separarse de Hinata. Un tenue beso en los labios, una sonrisa, un cojín acomodado debajo de su cabeza y finalmente una sonrisa de Tsukishima… Todo estaría bien, todo…
Tsukishima lo había dicho y era lo que Hinata aun en su inconsciente había grabado a fuego.
—Recuerda que a pesar de todo, eres libre.
La puerta se cerró tras de sí, nuevamente eran separados. Debían ser preparados para arribar con sus nuevos dueños y así comenzar una nueva forma de vida, pero no era tan malo para Tsukishima regresar a ese odioso lugar siempre y cuando pudiesen estar los cuatro juntos.
++Joyas Encadenadas++
Continuara…
Notas de la beta:
Ni crean que el retraso se debió a que el Beta se durmió todo el fin de semana, nooo (?)
DUDE me dieron unos feels enormes en el reencuentro de Oikawa y Sugawara, jodida Rei. Tenía que decirlo, eso aquí y en China dolería.
Yamaguchi ;A; deja de escribir tanto angst.
Well, mejor ya le llego, espero que hayan disfrutado este capítulo como yo al editarlo y más su autora al escribirlo. A ella la que le encanta ver arder el mundo.
Lucas. BR
Notas del autor: Pues primero que nada lamento mucho la espera en que los sometí, pero con esto se cierra en si la "introducción" a este mundo y se revelo un poco de por qué Oikawa es como es. Tsukki piensa que estará con Hinata, Kenma y los demás, pero como soy malvada no será así, todos están separados muajajajaja y bueno, nadie ha podido averiguar el empleo de Kuroo (¿?) Pues se los sigo dejando de tarea. ¡Otra cosa! Al fin alguien pregunto la época en que se desarrollaba y bueno, explicare mi punto de esto ¿Se imaginan la hermosa arquitectura del pasado con la tecnología del futuro? Bueno, es algo así y claro, las joyas, el cristal (más que nada eso) abunda en este lugar o3o esto se desarrolla en un futuro luego de varias guerras.
Chan chan chan Las preguntas del capítulo ¿Cómo creen que reaccione Tsukishima? ¿Qué relación tenia Hinata con el? ¿Quieren que revele el pasado de Tsukki y Yama? ¿EN QUE TRABAJA KUROO QUE TIENE TANTO DINERO? Como extra, les dejo preguntar cualquier duda que tengan del capi, les contestare por Mp por cualquier duda adicional aquí esta mi ask
ask . fm / violetaotakugirl
Solo unan los espacios, Bueno me despido, las quiere Shinobu Rei 3
